Serie de historias cortas Helsa y Kristanna, intercaladas y basadas en los prompts de la Tabla Ilusoria de la comunidad 30 vicios.
Disclaimer: Ni Frozen ni sus respectivos personajes me pertenecen, pero mientras a Mickey no le importe que se los tome prestados para hacer de las mías, me seguirán viendo en esta y otras de mis locuras. :P
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Ser un locutor famoso en una de las emisoras más populares de la ciudad, podría aparentar ser el trabajo ideal para cualquiera. A menos que una loca te llame en plena transmisión para insultarte frente a miles de radioescuchas…
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Historia II
Prompt: En la radio
Género: Romance/Comedia
Palabras: 5,542
Rating: T
En la radio
—Al aire en 3, 2, 1…
Una luz se encendió en el reducido habitáculo, dejando escuchar una animada canción de Avicii, la cual fue desvaneciéndose antes de ser reemplazada por la melódica voz de una muchacha pelirroja tras el micrófono.
—¡Buenos días, gente bonita! Es un placer estar con ustedes una vez más en Stereo 98.1 FM. Mi nombre es Ariel y estaré acompañándolos durante el próximo bloque musical…
Tras el cristal que separaba la cabina de grabación de la sala de controles, Kristoff dio otro sorbo a su capuchino mientras contemplaba a su colega. A veces Ariel era demasiado efusiva para su gusto, pero tampoco podía negar que la chica sabía como conectar con los radioescuchas.
No por nada, la suya era la estación más escuchada de la ciudad.
—No me puedo creer que hayas conseguido la entrevista con Elsa Snow.
—Créelo, viejo. Me costó creerlo también cuando la disquera envió a su manager para hablar conmigo. El tipo quería algo más que sintonizar unas cuantas canciones. Nuestras redes sociales están al tope desde que anunciamos a la cantante del momento. Y tú amigo mío, vas a tener una interesante charla con ella en tu programa vespertino.
—Tú eres definitivamente el mejor de los bastardos, Eugene Fitzherbert.
—¿Elsa Snow? ¿No es esa la princesita del pop a la que fotografiaron la semana pasada, atacando a un paparazzi? —Gogo Tomago, encargada de las cuestiones técnicas de cabina, intervino con sarcasmo en la conversación.
—La misma, sí.
—Escuché que recayó en sus problemas de alcoholismo —Maui, otro de los locutores, se hizo presente al lado de una chica pelirroja y otra morena.
—Yo escuché que podría estar embarazada. Dicen que el padre es Naveen Kaddour —comentó Jasmine, quien se encargaba de elaborar los comerciales radiofónicos.
—¿El rapero?
—Ajá, ya saben que se los ve muy juntos desde que están planeando su colaboración musical…
—¡Para nada! Él está casado con esa chef de la televisión —afirmó Merida sin despegar la vista de su teléfono, fiel a su función como Social Manager de la estación—. No, no, no, si Elsa Snow está embarazada de alguien, es de su manager, todo el mundo sabe que se acuesta con él.
—No la culpo, ¿lo has visto en sus fotos? ¿Cómo era su nombre? ¿Weston? ¿Westerfeld?
—Westergaard. Hans Westergaard —Eugene se prendió un cigarrillo de manera distraída—. Es plausible. El tipo parece más un psicópata posesivo que un manager. Me tocó tener esta interesante conversación con él acerca de la entrevista y estaba como, "no pueden mirar a mi clienta a los ojos, ni preguntarle sobre su vida personal, idiotas". Y yo estaba como, "tranquilo, viejo…"
—No puede ser para tanto—Kristoff apuró el último trago de café que le quedaba.
—¿No? Espera y verás, vienen esta tarde. Pero lo importante es sacar adelante esta entrevista. Nuestros radioescuchas no quieren escuchar un montón de chismes baratos, ellos solo quieren oír algo de buena música.
—Ni tú te has creído eso, Eugene.
Rumbo a las cinco de la tarde, antes del último bloque musical del día, el locutor estrella se sentó en cabina para repasar las preguntas que le haría a su invitada.
—¿Por qué no me eligieron para llevar la entrevista con Elsa? Soy más simpática que tú —dijo Ariel detrás de él, poniendo una cara de cachorro herido.
El rubio rodó los ojos y se volvió a la puerta al escuchar llegar a alguien. Tras el cristal de cabina, su jefe hablaba con un sujeto alto, pelirrojo y de prominentes patillas, que usaba un traje costoso y un par de gafas oscuras. A su lado, una muchacha rubia y pálida cruzó su mirada con él y le sonrió.
Kristoff se puso de pie nerviosamente en cuanto notó que se acercaba.
—Hola, soy Elsa Snow. Me encanta tu programa de radio. Es un placer conocerte.
—¿Estás bromeando? El placer es todo mío. He seguido tu carrera musical desde que te presentaste en ese concurso televisivo del 2013. Tengo que decir que tu nuevo álbum me parece fascinante.
—Es la primera vez que alguien usa esa palabra para describir mi música —la albina lo miró con una sonrisa de lado—. Seguramente escuchas esto muy a menudo, pero debo decírtelo en persona: tienes una voz muy sexy.
—Je, bueno, yo…
—¿A qué hora empieza la dichosa entrevista? Tenemos una sesión fotográfica con Vogue en dos horas —Hans Westergaard los interrumpió cortantemente—. No jodas esto, Elsa. Me cuesta mucho dinero arreglar tus tonterías.
La joven dirigió a su manager una mirada llena de frialdad antes de sentarse al lado del locutor, quien solo atinó a fruncir el ceño y observar de reojo tras el ventanal de cabina. Eugene le hizo una mueca como diciéndole "te lo dije" y acto seguido se preparó para la transmisión.
—Al aire en 3, 2, 1…
La cortinilla de introducción del programa arrancó con un fragmento del hit más popular de la intérprete, "Let it go", en su versión electrónica.
—¡Buenas tardes, amigos míos! Esto es La Hora Congelada y yo soy su locutor favorito, Kristoff Bjorgman. El día de hoy tengo el placer de compartir nuestra emisión con una artista a la que todos amamos. Démosle la bienvenida a la única y encantadora, Elsa Snow.
Durante la siguiente media hora, la entrevista transcurrió en medio de risas, preguntas inofensivas e incluso algo de flirteo entre ambos. La blonda no tuvo reparo en deleitar a la audiencia con una estrofa a capella de su más reciente canción.
—Pues bien, luego de esa adorable demostración amigos míos, ha llegado el momento que todos esperábamos. En este momento, uno de nuestros afortunados radioescuchas ganará dos entradas para el concierto y backstage de nuestra estrella. Veamos quien se encuentra en la línea. ¿Hola?
Un grito agudo y prolongado sobresaltó a todos los presentes.
—Parece que encontramos a una fanática entusiasta, ¿eh? ¿Cuál es tu nombre, cariño?
—¡Soy Anna! ¡Anna Dahl! ¡Me encanta la música de Elsa Snow! Tengo todos sus discos, le di like a todos sus videoclips... me... me descargué sus stories de Instagram e hice un grupo en Facebook...
—Wow Elsa, esta chica de verdad está loca por ti.
—Je je, muchas gracias, Anna. Me encanta saber que cuento con fans tan fieles como tú.
—¡TE AMO, ELSAAAAAA! ¡ERES MI ÍDOLA!
La aludida sonrió nerviosamente y miró a Kristoff abochornada.
—De acuerdo, Anna, estamos casi al final del programa, así que, ¿qué dices si te damos acceso al mejor concierto del verano de una vez por todas? Solamente necesito que me contestes una sencilla pregunta. ¿Estás lista, Anna?
—¡Maldición, sí! ¡Hagámoslo!
—Muy bien, aquí vamos. ¿Cómo se llama el primer EP que grabó Elsa Snow?
—Oh, eso es fácil —afirmó la jovencita con presunción—, ¡estás hablando de Life´s too short! ¡El primer sencillo que Elsa grabó en su estudio musical casero! Luego se hizo viral en MySpace, es decir, cuando todos teníamos MySpace, ¿quién iba a decir que duraría tan poco? Como sea, fue justamente ese sencillo el que hizo que la convocaran para Super Talent Teenagers y después…
—Lo siento, parece que hay una confusión —Kristoff cortó el incesante parloteo de la chica con su voz grave, tras comprobar con el ceño fruncido los datos escritos en su guión radiofónico—, el EP del que estaba hablando es "Let it go", vamos, el que lanzó a Elsa al estrellato tras su paso por el concurso de talentos. Lo pasamos al principio del programa. Así que… lo lamento, suerte para la próxima, supongo.
Un tenso silencio se dejó escuchar al otro lado de la línea, dejando a los oyentes del programa en sus suspenso por varios segundos.
—¿Eres estúpido?
—¿Disculpa?
—Eso, ¿eres estúpido? Porque estoy segura de haber dicho la respuesta correcta.
—Yo…
—¡Elsa Snow grabó su primer EP a los dieciséis años! Justo antes de presentarse en el programa, claro que si fueras tan fan suyo como dices, lo sabrías tan bien como yo.
—No hace falta ser tan infantil, Anna, debo recordarte que estamos al aire.
—¡Elsa! ¡Dile que tengo razón! —gritó la aludida con fuerza.
—Bien, suficiente. Creo que podemos pasar a la siguiente llam…
—De hecho, técnicamente la respuesta de Anna es correcta. Es verdad que grabé esa canción… aunque no sé si puede considerarse un EP —afirmó Elsa pensativamente—, realmente nunca ha sido incluido en ningún álbum oficial.
—¡Ja! ¡Te lo dije!
—Bueno, es obvio que estamos hablando de canciones oficiales —comentó Kristoff con un tono forzadamente amistoso.
—Bueno, es obvio que esos boletos me pertenecen, cara de pito.
Tras la cabina, los colegas del rubio contuvieron la risa.
—Oye mocosa, ¡háblame bien o voy a colgarte!
—¡QUIERO MIS BOLETOS!
Kristoff inspiró y exhaló profundamente, sintiendo que perdía la paciencia. Nunca antes se había topado con una radioescucha tan irritante.
—Muy bien, ¿podemos pasar a la siguiente llamada, por favor?
—¡No te atrevas a colgarme, cara de vagina!
—Decídete, ¿tengo cara de pito o de vagina?
—Tienes cara de alguien a quien se la voy a romper, si no me entregas los boletos que gané legítimamente.
—Eso me gustaría verlo, niña.
—Ponme a prueba, pelmazo.
Aquella bochornosa conversación se convirtió en otra racha de reclamos e insultos infantiles, ante los ojos anonadados de la cantante invitada.
—Perdón, ¿se supone que esto debería estar pasando? —inquirió Hans con desagrado, al contemplar la absurda discusión del locutor en tanto los demás reían en voz baja.
—Descuide señor Westergaard, la parte cómica es parte de la esencia de La Hora Congelada —lo atajó Jasmine.
—Es importante que la audiencia se divierta —añadió Mérida.
—¡Nada es más importante que Elsa Snow! Que les quede claro.
En cabina, la albina ya se reía sin disimulo ante la acalorada conversación entre Anna y el locutor.
—Voy a mandar a comerciales —dijo Gogo haciendo amago de efectuar una pausa.
—¡Espera! —Eugene la detuvo— Quiero ver adonde nos lleva esto.
—Pongamos esto en claro, ¿crees que puedes hablar a mi programa, responder mal una pregunta, insultarme al aire y pensar que aún así te voy a dar los boletos?
—Eh, ¡¿claro?!
—No. Siguiente llamada.
—Sé donde trabajas, idiota.
—Siguiente llamada, por favor.
—¡Hey! ¡No te atrevas a colgarme, pedazo de…!
—Bueeeeeno, esa chica sí que estaba de mal humor —comentó el rubio con ironía, volviendo a su habitual papel despreocupado—. Conversemos con un fan que de verdad se quiera ganar esos boletos. ¿Estás bien con eso, Elsa?
—Eh, sí, supongo.
—Hola, ¿con quién tengo el gusto?
Cinco minutos después y tras haberse entregado el ansiado premio a un oyente distinto, la radio emitía una cortinilla de despedida y Elsa Snow se ponía de pie para despedirse de su anfitrión.
—Fue un placer estar en tu programa, Kristoff. En serio me lo pasé muy bien, ojalá no sea la última vez.
—El placer fue mío —el joven se llevó una mano a la nuca y la miró, dubitativo—. Oye, ¿tienes algo que hacer esta noche o…?
—Sí, sí tiene —quien respondió fue su odioso manager, cuyos ojos verdes lo taladraron apenas entró en la cabina—. Elsa cuenta con una agenda muy ocupada, no tiene tiempo para nada más que no sea su carrera musical. Así que vámonos, ya va a comenzar tu sesión fotográfica.
La albina se volvió hacia Kristoff y esbozó una sonrisa pícarona.
—Discúlpalo, pero es verdad. ¿Por qué no tratas de contactarte con Anna? Querrá una explicación por sus boletos y bueno, nunca se sabe…
—¿Qué? —el blondo la miró como si acabara de decir algo descabellado.
—Se escuchaba como una chica divertida —rió la cantante, antes de guiñarle un ojo.
—Dije vámonos —espetó Hans.
La intérprete se dirigió a su lado y salieron juntos del lugar, ante la mirada atónita del locutor. Fue la carcajada de sus compañeros lo que lo devolvió a su menos emocionante realidad.
—Amigo, ¿qué coño fue eso? Esa chica no paraba de insultarte —le dijo Eugene con sorna—, ¿no pudiste darle sus boletos y ya?
—No. Nadie me insulta en mi maldito programa —dijo él de mal humor.
—Pues fue un éxito, la gente en Twitter no para de preguntar por ella —Merida recorrió con su dedo índice la pantalla del teléfono—, ¡mira! El hashtag "cabeza de pito" ya es tendencia.
—¡Me cago en todo!
—¿Que dirían tus admiradores si te escucharan hablar así? —lo molestó Ariel— Vamos Kris, ¡admite que fue divertido!
Todos volvieron a reír ante su indignación, hasta que Eugene le puso una mano en el hombro.
—Velo por el lado amable, grandulón, el programa ha sido un éxito. Además, no creo que esa loquita vuelva a atreverse a llamar. Quiero decir, ¿te lo imaginas? ¿Qué clase de chica quiere exponerse de esa manera solo por unos boletos? —rió— Eso no pasa, mi amigo.
Pero se equivocaba. Anna no solo se atrevió a llamar de nuevo, sino que se estuvo comunicando con él los siguientes cuatro días. Cada maldito día de la semana.
—¡Hola! Estás al aire en La Hora Congelada, ¿cuál es tu nombre?
—Sí, soy la chica a la que le quitaste sus boletos. Solo llamaba para decirte que apestas y tienes cara de pito.
—Maldita sea.
—Estuve mirando fotos tuyas en tu página de Facebook y tengo una pregunta: ¿por qué alguien se pondría un suéter tan espantoso de renos como el que te vi? Digo, en serio, parece la clase de prenda horrible que alguien solo se pondría en Navidad.
—Era Navidad.
—¿Sí? Pues aun así das asco.
—¿Siempre eres así de inmadura o solo quieres llamar la atención?
—Quiero mis boletos, perra.
—Estuve pensando, podría demandarte por hacer promociones fraudulentas en tu programa, después de todo, tengo evidencias que llevar ante la corte. Ya me descargué el podcast del programa del lunes. Y ya empecé a buscar abogados en Internet, para que lo sepas.
—¿En serio no tienes nada mejor que hacer?
—Ah, no sé, quizá tú podrías recomendarme un pasatiempo, ¡como engañar a inocentes radioescuchas para que te dejen en ridículo y no darles el premio que les prometiste!
—Wow, tu vida en serio debe ser muy patética para gastarla en esto.
—¿Patética? ¡Tú eres el patético! Solo eres una perra que se pone a ladrar sobre… sobre cosas de actualidad como si fuera un maldito experto o que sé yo. ¿Sabes qué? ¡He visto tortugas con más personalidad que tú! Quiero decir, has visto a las tortugas, ¿no? Dios, siempre andan por ahí con esas caras de "me importa una mierda todo, viejo", pero… pero… ¡aun así son más simpáticas!
—¡No puedes decir malas palabras al aire!
—¿Y qué? Eres estúpido.
—Tú eres la estúpida.
—¡No, tú!
—¡Tú!
—¿Hola? ¿Operadora? ¿Me comunica con el sujeto estúpido de La Hora Congelada? ¡Por favor y gracias!
—Anna, ¡deja de llamar! ¡Esto no es un juego!
—Tú sabes lo que tienes que hacer para que se termine esto. Soy una persona paciente.
—Yo no, estás agotando mi paciencia. ¿Me oyes? Estás agotando mi maldita paciencia. No te conozco y ya tengo pesadillas con tu voz.
—Me alegro, así entrarás en razón sobre lo mal que está estafar a tu audiencia…
—¡Maldición, yo no te estafé!
—… pero mejor que sea pronto, porque el concierto es este fin de semana. Si no voy, me veré en la necesidad de romperte esa enorme nariz que tienes.
—¿Sabes qué? Creo que debo haber hecho algo muy malo en mi vida pasada y tú eres mi karma. No encuentro otra explicación de porque debería estar soportando a una persona ¡tan tarada y tan irritante como tú!
—¡Hey! ¡Tú eres el tarado! Y si tuviste una vida pasada, ¡seguramente también fuiste tan nefasto como lo eres en está! ¡Así que sí! ¡Soy tu karma! ¡¿Vas a darme mis boletos o qué?!
—Voy a colgarte.
—QUIERO… MIS… ¡BOLETOS!
—Adivina quién soy.
—Por favor, esto ya es ridículo.
—¡Tú eres ridículo!
—¡¿Por qué siguen pasándome llamadas de esta tipa?!
—El concierto es mañana, idiota. ¿Tendremos que seguir con este espectáculo o vamos a hacerlo de la manera fácil?
—No tengo nada para ti, ¡deja de llamar a mi programa!
—Bien, ¡pues nos vemos pronto para patearte el trasero! ¡Sé donde está la estación!
—Muy bien Anna, tú ganas —replico el rubio con cansancio—, irás al concierto.
—¡¿En serio?!
—No quería decírtelo porque era una sorpresa para el final del programa. En este momento tengo en mis manos un nuevo y reluciente boleto para ver a Elsa Snow.
Un pequeño grito de emoción se escuchó desde el teléfono.
—Un boleto que incluye pase para ingresar al backstage.
—Ajá…
—¿Sabes qué voy a hacer con este boleto, Anna?
—¡Dime qué vas a hacer!
—¡Voy a usarlo para ir yo al concierto porque obviamente nunca fue para ti! ¡Tú puedes quedarte en casa y meterte todos sus discos por el culo mientras yo paso la mejor noche de mi vida! ¿Te ha quedado claro, Anna?
—¡Imbécil!
—Ahora cállate y escucha, quiero que toda la audiencia me oiga. Puedes seguir chillando y amenazándome cuanto quieras, puedes seguir llamando cada maldito día del año si te place, diablos, ¡hasta podríamos convertir esto en una nueva sección del programa! "Charlando con una psicópata"; ¿qué te parece eso, Eugene? ¿Te gusta? A mi jefe le gusta, sí, en fin, te diré una cosa, fracasada —Kristoff entrecerró los ojos amenazadoramente, como si pudiera fulminarla con la mirada a distancia—. Nadie llama a mi programa para insultarme, ni me dice que hacer. Este es mi espacio. Tú eres una demente y si se te ocurre venir a tocarme un pelo, te denunciaré por violencia de género.
—¡Hey! Hey, un momento, señor de los renos…
—Nada. Yo gano. Adiós.
Si en los días anteriores sus redes sociales habían sido una locura, aquel viernes estuvieron a punto de estallar. Desde el incidente en la entrevista, un auténtico fenómeno se había desatado entre sus seguidores.
Algunos le daban la razón a la muchacha, alegando que había ganado sus boletos legítimamente, tildándolo de fraude, (los haters siempre aprovechaban cualquier tropiezo) y uniéndose a las protestas de Anna, ya fuera porque estaban realmente indignados, por molestar o porque la chica simplemente los hacía reír.
Otros por el contrario se ponían de su parte, atacando a la joven por Internet y mofándose de sus infantiles llamadas.
A él, ninguno de los bandos lo ayudaba realmente. Solo quería que llegara el sábado, olvidarse de todo aquello un rato y relajarse en el mejor concierto del año. Ser un locutor tan popular tenía sus ventajas.
—¿Sabes que Eugene está considerando seriamente tu idea? —Jasmine le habló sin apartar la mirada de su Instagram, durante un descanso.
—¿Qué?
—La de la sección con la psicópata, dijo que no era una mala idea. El rating ha subido bastante desde que se supo de sus peleas en la radio, inclusive hay alguien que creó un canal en YouTube con los podcasts.
—Tú me estás jodiendo.
—Es en serio, ustedes serían realmente un éxito si tuvieran su propio programa de radio.
—Es mi programa de radio. ¡Mío!
Aquello era el colmo. Compartir su sagrado espacio de trabajo con una chica que de seguro no estaba bien de sus facultades, la sola idea lo hacía estremecer…
¿Habría manera de que su vida se volviera todavía más absurda y fastidiosa?
Por desgracia, sí. Y le tocó descubrirlo aquel sábado por la tarde, cuando su auto dejó de funcionar de camino al concierto. El mismo se llevaría a cabo en el Domo Arendelle, un enorme foro que se encontraba en los límites de la ciudad.
A un lado de la carretera, Kristoff se apeó de su vehículo y le dio una patada.
—¡No, joder no! —elevó su mirada al cielo— ¡¿Por qué?!
Había tenido la suerte de quedar varado no muy lejos de una estación de gasolina, hacia la cual tuvo que empujar el coche. Mal momento para descubrir que se había dejado el móvil en casa y que, al parecer, el sitio se encontraba desierto. Cero posibilidades de llamar un Uber, o encontrar a alguien que le ayudara a revisar el motor.
Como se arrepentía de no haber prestado atención a su padre cuando quería darle lecciones de mecánica.
—Mierda.
Tendría que pedir prestado un teléfono.
Suspirando, entró en la pequeña tienda adjunta al establecimiento, en el cual un único cliente terminaba de pagar sus escasas compras frente al mostrador, atendido por una alegre jovencita de ojos verdosos y cabello pelirrojo, cogido en dos trenzas.
—¡Gracias por su compra! Tenga buena tarde, señor.
Esa voz.
Kristoff se quedó paralizado al escuchar a la colorada. El hombre que compraba pasó a su lado sin prestarle atención, pero la muchacha sí que lo hizo, a juzgar por la expresión de sorpresa que cruzó por su rostro infantil y que, al instante, se transformó en una profunda mirada de aversión y desdén.
Aquello sí que debía ser una broma pesada del karma.
—Bueno, bueno, miren quien está aquí —dijo Anna con sarcasmo—, ¿qué? ¿Rastreaste las llamadas o algo y decidiste salir de tu torpe cabina de radio para enfrentarme? ¿Cómo supiste que trabajaba aquí? ¿Acaso me estás espiando o algo?
—¿Qué? No, yo… ni siquiera sabía… mi auto se averío afuera y necesito ayuda.
—¿Ah? —la chica arqueó una ceja y se estiró para mirar tras él hacia la puerta de vidrio de la tienda, localizando de inmediato el ingrato vehículo a pocos metros de distancia— Entonces, ¿no estás aquí a propósito?
—Créeme, este era el último sitio en el que querría ir a parar. Especialmente después de… esto —Kristoff la señaló con una mano de arriba abajo, con fastidio—, de haber sabido que precisamente tú trabajabas aquí, habría empujado el coche hasta la siguiente estación de gasolina.
—Ja ja, no hay siguiente estación, gorila.
—Como sea, necesito usar tu teléfono. Olvidé mi móvil en casa.
—No me digas.
—Sí.
—Y supongo que se te está haciendo tarde para ir a algún lugar importante.
—¿Te refieres al concierto? Sí, es justo ahí donde me dirijo. Ya sabes, trato VIP, asiento en primera fila, pase a camerinos con Elsa. Pero en realidad no podrías saberlo, porque tú no estarás.
—Oh.
Una sonrisa maligna y socarrona se extendió por los labios de la cobriza, haciéndolo fruncir el ceño.
—Eso es una verdadera lástima.
—Estás disfrutando esto, ¿no?
—Bastante, sí.
—Bueno, ¿me vas a dejar usar el teléfono o no? —bufó Kristoff.
—El teléfono es solo para clientes.
—¡Es una emergencia, carajo!
—¡Solo para clientes! —chilló la pelirroja con esa vocecita aguda que le destrozaba los nervios.
El blondo masculló una palabrota, buscó rápidamente en el estante bajo el mostrador y tomó un paquete de mentas, que arrojó bruscamente ante la chica.
—¿Contenta?
—¿Esperas que te preste el teléfono solo por comprar eso? ¡Qué tacaño!
—¡Solo cóbralas y dame el maldito teléfono!
Anna puso los ojos en blanco y con una lentitud adrede, cogió el pequeño producto para buscar el código de barras, dandole vueltas y vueltas como si no pudiera hallarlo.
—Es para hoy, enana.
Ella fingió no oírlo y Kristoff suspiró enojado.
El karma, el destino o lo que fuera que los hubiera puesto en el mismo lugar ese día, era una mierda. Vista de cerca, la colorada no aparentaba ser el tipo de persona que se dedicara a importunar a los demás. De hecho tenía que admitir que era muy guapa.
Su rostro de facciones finas denotaba una piel cálida y surcada de pecas, aunque sin imperfecciones. Era de complexión menuda y delgada, aunque demasiado bajita.
Y su pelo, de un rojizo anaranjado muy poco usual, brillaba como el cobre a la luz artificial de las lámparas del establecimiento. Seguramente luciría mucho más si se lo arreglara de una forma distinta.
Además, solo ahora que se fijaba mejor se daba cuenta de que no tenía los ojos verdes, sino de una tonalidad turquesa en la que el jade y el azul se entremezclaban, brillando intensamente cuando estaba contenta (como al despedir al hombre que compraba minutos antes) o se enojaba, (como ahora, cuando tenía que atenderlo justo a él).
En definitiva, la pequeña psicópata era linda.
Lástima que fuera tan molesta.
Justo cuando estaba a punto de dar un golpe en el mostrador para apresurarla, la muchacha dio con el bendito código y lo registró lentamente en la computadora,
—Dos con cincuenta —anunció de mala gana, alzando la vista y cortando su escrutinio.
Sin ganas de discutir, Kristoff le extendió un billete y esperó a que ella le devolviera el cambio por esas estúpidas y costosas mentas, junto con su respectivo ticket de compra.
—¿El teléfono?
—Sí, claro, como mande el señor. Lo tengo justo aqu… ¡oh! —la chica se llevó las manos a las mejillas en una reacción exagerada de sorpresa, al darse la vuelta y fingir buscar algo.
—¿Oh, qué?
—¡Santo cielo, lo había olvidado! No tenemos teléfono aquí.
—¡Maldita sea, Anna! —golpeó el mostrador.
—¡Hey! ¡Hey! ¡Cuidado con eso!
—¡Ya está bien, ¿sí?! ¡Lamento que no ganaras esos estúpidos boletos, ¿pero qué quieres que haga?! ¡Lo único que quiero es irme! ¡¿Cómo demonios voy a salir de aquí?!
—Bueno, puedes esperar a que llegue mi jefe, él sabe algo de coches.
—¿Y cuándo mierda sería eso?
—No sé, unas dos o tres horas, iba a estar ocupado hoy.
—¡El concierto comienza en menos de una hora!
—Aww, que pena. ¡Entonces supongo que ninguno de dos estará ahí! —le dijo ella cortantemente, inclinándose hacia adelante sobre el mostrador para amenazarlo con los ojos.
—¿Por qué tienes que ser tan perra? —Kristoff imitó su gesto, acercándose de manera intimidante hasta que sus narices casi se rozaron— ¡El hecho de que no sepas afrontar una situación con madurez, no significa que los demás tengan que aguantarte como si fueras una niñita! Pero claro, ¿eso qué importa si le puedes hacer la vida imposible a alguien más? No eres más que una mocosa que se la pasa lloriqueando cuando no le dan lo que quiere. Al menos ahora obtuviste tu patética venganza. ¡Estarás muy contenta con eso!
—¡Pues no! ¡No lo estoy! ¿¡Crees que me gusta estar aquí toda la maldita semana, siendo amable con gente que ni siquiera me da las gracias y trabajando por horas para pagar mi maldita universidad?! ¡Casi nunca puedo salir por las exigencias de mi maldito jefe! —exclamó Anna con furia; sus mejillas tornándose tan rojas como su cabello— ¡No he tenido un solo día de descanso en todo el año, ¿sabes?! ¡Iba a pedir este sábado libre para ir a ver a mi cantante favorita con alguien que se suponía que era mi amiga! Pero ahora ni siquiera me habla desde que supo que perdí los boletos y… y he tenido una semana terrible en la escuela y esta mañana el señor Weselton me gritó y… ¡Y tenía tanta ilusión de asistir a ese maldito concierto!
Kristoff sintió que su propia ira decrecía al ver como los bonitos ojos de la pelirroja se aguaban.
—Tú no lo entenderías, eres un locutor famoso. Todos te quieren y te dan lo que deseas, te piden autógrafos por la calle y admiran lo que haces, ¡y llenan de corazones tus fotos en Instagram! Tienes el trabajo ideal, yo solo tengo este empleo de mierda —la joven se limpió las lágrimas con la manga, estresada—, ¿qué más da que no vayas al concierto? ¡Siempre te invitan a todos! A mí en cambio jamás me pasa nada emocionante. Y yo… yo… estoy harta…
Frente a él, Anna se quebró como una chiquilla, rompiendo a llorar desesperadamente y cubriéndose la cara con las manos, en un intento inútil de ocultar su vulnerabilidad. Eso lo desarmó.
—Oye… yo, lo siento… —comenzó a decir con un hilo de voz, nervioso y culpable.
No era bueno con las emociones de las personas. Y definitivamente no soportaba ver a una mujer llorando.
—¡Mi vida es patética!
—No, no, no, no, por favor, no llores. En verdad, perdóname… yo… no tenía idea…
—¡Déjame! ¡No te atrevas a compadecerme! —Anna se descubrió el rostro y lo miró con los ojos hinchados— ¿Sabes qué? ¡Solo márchate! ¡Déjame sola!
Antes de que pudiera decir nada más, la chica corrió a encerrarse en el baño de empleados. En shock, Kristoff regresó a su auto y se metió dentro como un autómata. Volvió a suspirar y dejó caer la cabeza contra el volante, sintiéndose como un completo estúpido.
Quizá la colorada era un fastidio andante, ¿pero quién no lo sería teniendo en cuenta su situación?
Tendría que haberle dado esos boletos.
Sin nada más que hacer que esperar, optó por encender la radio, sintonizando su emisora. Eugene y los demás ya estarían en el evento, preparándose para gozar el espectáculo.
Y él ahí, solo, sintiéndose como el mayor imbécil del planeta.
—Esto es, Stereo 98.1 FM, la mejor estación, ¡transmitiendo en vivo desde el Domo Arendelle!
El rubio frunció el ceño y miró hacia la tienda. Anna salía del baño, con la cara ruborizada y los ojos enrojecidos, tratando de recuperar la compostura.
Decidido, salió del coche.
La pecosa le lanzó una mirada asesina apenas volvió a entrar, ignorándola por completo y encaminándose hacia la sección de frigoríficos, de donde extrajo un cartón de cervezas que llevó al mostrador ante los ojos fulminantes de la chica.
—Cóbrame eso —le dijo secamente.
—Encerrada en la tienda de autoservicio un sábado por la noche, a punto de ver como un estúpido se embriaga en su auto —murmuró Anna en voz baja, pasando las cervezas por la caja registradora—. Ya toqué fondo.
Le cobró las bebidas, colocándolas en una bolsa y extendiéndoselas sin decir una palabra.
—Gracias. Ahora ven conmigo.
—¿Disculpa?
—A mi auto. Ven.
Anna volvió a enrojecer y le lanzó otra mirada hostil.
—¡No es lo que estás pensando! —Kristoff alzó una mano frente a él, en señal de paz— Mira, sé que he sido un imbécil esta semana contigo y tenías razón, te habías ganado esos boletos. Es que, odio que me corrijan y más cuando estoy al aire, así que eso me hace ser aun más imbécil. Pero estarán transmitiendo el concierto por la radio y ya que ninguno que los dos pudo ir… no sé, podríamos simplemente sentarnos a escuchar, tomar unas cervezas y aceptar que soy un pobre pelmazo que te debe una gran disculpa por todo este desastre, ¿no?
La muchacha se quedó mirándolo unos segundos, como si tratara de decidir si era digno de su confianza. Al final suspiró y se dirigió a su lado.
—Ya que. Supongo que podría ser peor.
Ambos entraron en el coche del blondo. Anna se acomodó en el asiento del copiloto y aceptó la cerveza que él le daba, al tiempo que subía el volumen de la radio. Ella abrió la lata y lo miró de reojo.
—Para que quede claro, no voy a embriagarme ni a dejar que abuses de mí.
—¿Qué demonios? ¡No quiero hacer eso!
—Mi jefe me matará si se aparece esta noche y descubre que he dejado mi puesto —prosiguió la muchacha, aunque realmente no parecía preocupada, sino resignada a cualquier cosa que ocurriera de ahí en adelante. Dio un largo sorbo a la cerveza y la tragó con pesadez—. Ya que. Quizá sí me embriague después de todo.
—No, nada de embriagarse, solo vamos a disfrutar de esto, ¿está bien? Tienes un trabajo muy duro y mereces ser recompensada —le dijo Kristoff comprensivamente, abriendo una cerveza para él.
—Demonios, sí. Nadie valora nunca lo que hago, es como si para todo el mundo solo fuera una cotorra de la que se quieren deshacer —Anna contuvo otro sollozo y se limpió los ojos—. Lo siento, es que también tengo mi período y… me pongo muy sensible —admitió con la voz quebrada.
—Anna, no deberías obligarte a soportar todo esto. Eres joven y simpática. Si tu empleo no te gusta, déjalo.
—¡Pffff! ¿Y qué se supone que haga? ¡Ni siquiera he terminado el primer año de la carrera!
—Shhh, está a punto de empezar…
El bullicioso sonido de la gente en el estadio abrió el concierto, seguido de la introducción en el piano de "Let it go". Anna gritó como si de verdad estuviera ahí, cantando con Elsa y con todos los fanáticos que llenaban el estadio.
Al principio, Kristoff se limitó a sonreír de modo incómodo, dejándola ser. Una hora más tarde y tres cervezas después, cantaba tan fuerte como ella.
Para el final de la noche, los dos se comportaban como si fueran buenos amigos, riendo bajo el influjo del alcohol. La estación de gasolina permaneció desierta a lo largo de las siguientes tres horas y para cuando los acordes de la canción final resonaron en la transmisión, el joven solo podía pensar en lo atractiva que se veía la pelirroja cuando sonreía sinceramente.
Recordó la semana de locura que habían tenido, sus conversaciones en el programa y la estúpida sugerencia que Eugene se había atrevido a tomar en serio, y que ahora no le parecía tan mala.
—Anna, ¿alguna vez has entrado a una cabina de radio?
Nota de autor:
Estoy súper contenta por el cálido recibimiento que ha tenido esta sección de nuevo. :D La verdad no me lo esperaba, con lo poco activo que ha andado el fandom últimamente, pero me alegra que disfruten tanto con estas historias.
Esta vez tocó Kristanna; me cuesta un poquito más esta pareja porque es medio sosita y no es que sea muy fan de Anna, pero he descubierto que me gusta hacerlos pelear porque eso como que le añade más sazón a su relación tan rosa. xD El prompt que tocaba no lo pude tomar más literal y admito que reí mucho escribiendo sus llamadas telefónicas. ¿A ustedes qué les pareció?
Por otra parte debo agradecerles no solo por comentar, sino por entender mi punto de vista sobre nuestro tema incómodo del momento. Realmente me molesta cuando las compañías se someten a lo políticamente correcto; pero eso no quiere decir que no me gustaría ver más presencia LGBT en Disney. Solo que siento que hacerlo con Elsa, bajo la presión de los quejosos, sería muy forzado e injusto. Creo que ella es de esos personajes ambiguos, que no sabes lo que son exactamente pero está bien, porque te lo puedes imaginar. 7u7
Supongo que sería mucho mejor que crearan otra princesa que si fuera gay desde el principio y construirle una historia más coherente. ¡O un príncipe gay! Se lo imaginan chiquillas, pienso que sería adorable, jojojo. ¡Viva el amor, pero jódanse, gente P.C. que se queja por todo! ò.ó
Guest 1: Ay criatura, Dios te oiga, nada me haría más feliz que ver a mi pelirrojo pasando al lado del bien. ¡Gracias por comentar!
Guest 2: A thousand thanks for comment, you know I love doing crossovers with other characters, hahaha. And yes, of course our dear Hans will win the confidence of the blonde, he is the only one who understands her and with everything and his obsession, he really loves her.
Guest 3: Pues sí chiquilla (o chiquillo xD), es lo que yo digo justamente. D: Osea, Elsa tiene demasiados problemas de por sí sin tener pareja y ya le quieren andar cargando novia, así nomás, porque hay que ser políticamente correctos. Caray, tan bien que está ahora, con más confianza en sí misma y comenzando a explorar el mundo del que por mucho tiempo se aisló. Y como sé que es mucho pedir que haya Helsa, pues yo como tú, la prefiero solita pero muy independiente y fuerte.
Voodoo Happy: ¡Hola, panquecita del amor! Siempre es genial leer tus reviews. :3 Me gusta cuando logro sorprenderlos, jajaja y sí, ya sé que la narración no es a lo que están acostumbrados. Quise usar un estilo diferente porque sentí que le iba mejor a la historia, con lo obsesivo que es Hans. 7u7 "Hans Junior", jajajaja, ¡te pasas, criatura! Ya sé, falta un buen para saber que será del destino de nuestro príncipe, ¿irán a incluirlo o tendremos que resignarnos a no saber qué fue de él? Eso me angustia. D: La verdad si se pasaron con Will Smith; me cae muy bien el actor pero confieso que no sé que pensar después de verlo azul. Al menos nos ha dado buenos memes. xD Y sí pequeña, tendría que darme una vuelta por Tumblr para relajarme, ojalá que tengan razón con sus teorías porque yo sí quiero ver a Hans de nuevo, es demasiado suculento para que lo dejen de lado. ¡Ojalá tengas razón! Admito que algunos reviews me han dado esperanzas. Pero en verdad, muy aparte del Helsa, yo sí pienso sinceramente que a Elsa no le haría mal estar sola; aunque bueno, si de casualidad llegaran a poner Helsa pues, ¡bienvenido sea, demonios! x3 Recortes de ellos besándose, pues sí, tan siquiera que salga 5 minutos para consolarnos con eso. ¡Sácate el Photoshop, mamuh! Que vamos a hacer una actividad bien padre. Clase de recortes Helsa con la tía Frozen, jajajaja. Primero tendría que aprender a usarlo yo también, para expandirme al mundo de los fanarts. :v Muchas gracias por comentar y subirme la moral, lo necesitaba mucho, querida. ;)
Guest 4: Pues tal vez no haya Helsa, pero según algunos comentarios puede ser que después de todo sí aparezca Hans. Esperemos que sí y que si lo hace, sea con dignidad (y soltero como Elsa, porque si no están juntos, ¡entonces no los quiero con nadie más! Jum 7n7). La verdad sería muy lindo que tratase de enamorarla, ya sea porque de verdad cambio o porque quiere vengarse pero al final se termina enamorando él. xD Digo, sería más realista a que le pusieran una novia a ella, después de todo ya conocemos al personaje y tenemos cierto trasfondo de él. Pero en fin, pase lo que pase aquí mantendremos vivo el ship. No podrás matar nuestros sueños, Mickey. e.e
Anielha: Te respondo por aquí, querida, porque no sé si ya hayas recuperado tu cuenta. Primero que nada, ¡qué gusto saber de ti! ¿Cómo va todo? ¿Qué has hecho? :D Espero que todo esté bien y que te sientas mejor, no sé que haya pasado pero si en algo pueden estas pequeñas historias levantarte el ánimo, yo encantada por eso, chiquilla, que para eso estamos. Definitivamente Elsa nos ha dado una grata sorpresa al aparecer en el tráiler como la reina que siempre ha sido. Ahora bien, tengo que agradecerte por reavivar mis esperanzas, aunque todavía tengo mis reservas, (la tía Frozen teme que ese ratón astuto vuelva a jugar con sus emociones). Efectivamente busqué el cast de la secuela en Google ¡y aparece Santino Fontana! :O Espero de verdad que no sea un error ni nada para despistarnos, aunque con lo que comentas de Josh todo se vuelve más verídico. A menos que él sea tan malo como Mickey y le guste torturarnos. T-T Piensa positivo tía Frozen, piensa positivo. En fin, ¡es genial verte por aquí de nuevo, Ani! Se te extraña un montón, tanto con tus historias como en los reviews, pero espero de verdad que todo te esté yendo muy bien.
Después de esta larguísima nota debo marchar, que ya es súper tarde. La próxima vez toca Helsa y será una historia igual de divertida, espero. Que tengan una semana muy especial, amiguitas. ¡Comenten que les pareció el OS, please! ;)
