N/A:
XoxxoX
-Cicuta-
Había pasado una semana desde que se había encontrado con Seiya, y desde entonces no salía de su apartamento. Se mantenía editando los nuevos capítulos que uno de los escritores con los que estaba trabajando le había enviado, como si buscara que l mentira que le había dicho al castaño el domingo en el parque se volviera realidad.
Se estiró en su escritorio, desesperezándose. Volteó a ver hacia el reloj de pared, queriendo saber la hora al sentir la necesidad de comer. Al ver que marcaba la medianoche, se puso de pie y salió del cuarto que había amueblado como su oficina.
Una vez en la cocina tomó un trozó de pizza de pepperoni que seguía en la caja y, sin calentarlo, se lo llevó a la boca. Mientras comía caminaba hacia su habitación para traer su teléfono celular y revisar si alguien le había llamado o escrito algo, aunque lo dudaba. Las únicas personas con las que había mantenido contacto durante esos días habían sido su compañero de trabajo y Shun, y con este último habló muy poco, pues solo le avisó que no podría cenar con él esa noche por el trabajo. Sin embargo, cuando cogió el celular de su mesa de noche se encontró con una llamada perdida de Hyoga, que había sido apenas un minuto atrás.
Se sentó en la orilla de su cama, dispuesto a revisar si le había mandado algún mensaje para saber dónde estaba, o para irle a buscar. Pero al no encontrar nada que le comprometiera, se dispuso a dejar las cosas como estaban, decidiendo no tener ni una sola interrupción hasta terminar la última parte de lo que estaba editando.
Pero entonces la habitación se llenó con el sonido de una guitarra acústica, por lo que gruñó. Sabía que era Hyoga, y pensó en ignorarle, no solo a él, sino lo que esa llamada representaba: su borrachera, el irle a traer hasta algún hotel dónde tendría que pagar los tragos del rubio o lo que había destrozado, soportarle en su casa un día más.
Pensó no responderle, mas contestó, tratando de autoconvencerse que lo hacía para evitar que le siguiera llamando, no porque le interesara.
Le extrañó no escuchar música fuerte de fondo, ni risas, ni gritos, como la mayoría de veces ocurría, aunque también agradeció no escuchar sonidos no aptos para menores de edad, que aunque sólo había pasado un par de veces, ya había ocurrido. Pero igual, era raro escuchar un silencio casi sepulcral, esa especie de tranquilidad, como si se encontrara en el jardín de la mansión, como si se hubiera quedado allí en la noche. Pero lo más extraño de todo era su interlocutor, que se mantuvo callado, hasta que él habló.
-¿Hyoga? ¿Para qué me llamas?
-¿Ahora sí eres Ikki?- la voz del otro no trastabillaba por el alcohol, como habría esperado.
-¿Cómo que si ahora sí soy Ikki?- suspiró molesto.
-Es que antes no eras Ikki…Alguien más me contestó el teléfono.
-¿Cómo que te contesté?
-Te digo que no eras tú- Hyoga suspiró del otro lado de la línea-. Alguien me respondió, pero no eras tú, era alguien más. Tenía tu voz, pero no eras tú.
-Hyoga… ¿estás drogado? –Ikki dejó en altavoz la llamada, salió de la cama y se puso a buscar los zapatos debajo de la cama, pensando en que ahora tenía que irlo a buscar para evitar que la policía se lo llevara y que su hermano pasara otro mal rato.
-No, no estoy drogado- Ikki comenzó a decir algo que tenía que ver con que decía lo mismo cuando estaba borracho, pero Hyoga lo detuvo-. Cállate y escúchame. Y deja de buscar los zapatos, que no me tienes que venir a buscar.
-Quiero que lo que me digas tenga sentido, ¿entendiste? Si no, voy a colgar.
-Si lo pones así, obviamente vas a colgar… Además, creo que deberíamos hablar de esto cara a cara…
-No pienso salir de mi casa solo por ti.
-Pues sí vas a hacerlo, porque esto tiene que ver también contigo. Algo está queriendo actuar como tú, Ikki,
Eso fue lo único que Hyoga tuvo que decir para convencerlo, pues entendió que, probablemente, aquello era lo que había contestado.
-Mañana vamos a vernos donde siempre, a la hora de siempre. Y tienes que contarme con todo detalle qué pasó.
(…)
-¿Vas a seguir viendo el menú o vas a comenzar a contarme qué pasó?
-Dejame ver qué voy a comer primero, que sin algo en el estómago no puedo recordar bien.
Ikki suspiró, sopesando cuánto el otro se tardaría en escoger. Tomó más de su taza de café, haciendo lo posible para verse al menos decente. Había pasado el resto de la madrugada despierto, primero intentando concentrarse en su trabajo, pero al fallar, se quedó pensando en cómo aquello habría comenzado a interactuar con Hyoga, haciendo y destruyendo teorías de lo que habría pasado. Debido a esto no había dormido nada, ni se había quitado la barba que había comenzado a salirle por el descuido de la semana, ni se había vestido decentemente. Prácticamente parecía que el rubio, con su traje y corbata, estuviera invitando a un vagabundo a desayunar, y éste, por vergüenza, sólo comía un sándwich de jamón con café, mientras el gran empresario pedía… lo mismo que él.
-¿Te tardaste casi quince minutos para pedir lo mismo de siempre?
-Quería ver si cambiaba lo que desayuno aquí… pero al final decidí que no.
-Ahora que ya sabes qué vas a comer, ¿me puedes decir qué demonios pasó?
-Supongo que sí, el problema es que me creas. Pero bueno, ¿desde dónde debería comenzar a contarte?- Ikki intentó interrumpirle, pero Hyoga le señaló, deteniéndole-. Y antes que me sueltes un comentario sarcástico, quiero que sepas que no sé bien cuál es el inicio de todo esto.
-¿No fue anoche?- buscó en el bolsillo del pantalón su celular, lo sacó y le mostró a su acompañante el registro de llamadas, demostrándole que no le había contestado el teléfono la primera vez-. Dices que alguien con mi voz te respondió, pero que ese alguien no era yo.
-Sí, eso fue lo que pasó anoche, pero…- el rubio pasó las manos por su cabello, haciéndole entender a Ikki que ya se estaba desesperando-. Ayer no fue cuando comenzó todo, pero sí fue cuando me di cuenta que no eras tú con el que hablaba de esas cosas.
-¿De qué cosas?
Una de las camareras del pequeño restaurante les interrumpió, entregando el desayuno del rubio y ofreciéndoles más café. El de traje sonrió, agradeciéndole, y cuando la chica se fue, volvió a poner la mirada molesta que tenía desde hacía un rato.
-No estoy muy seguro de cuántas veces me he quedado en tu apartamento porque me has ido a traer a alguna fiesta…
-Si consideramos que te has quedado aproximadamente tres veces al mes por un poco más de ocho años…
-Como sea, el punto es que de vez en cuando hablaba contigo sobre cómo estaban las cosas en la mansión…
-Sí, las veces en que iba somnoliento cuando conducía te ponías a contarme cosas para que no me durmiera. Cosas graciosas que habían pasado los últimos días, algún que otro problema…
-No, Ikki, me refiero a las veces en que te conté sobre Shun.
-Nunca me contaste nada que tuviera que ver sólo con mi hermano…- el mayor soltó un gruñido al comprender qué había pasado-. Bien, aparentemente has entablado amistad con lo que acarrea ir por ti a tus malditas fiestas.
El silencio y la mirada del rubio le hicieron comprender que lo había confundido, y que ahora el que tenía que explicar las cosas desde el inicio era él, aunque tampoco las entendiera del todo.
-¿Tienes que ir a trabajar después?- el otro asintió-. Pues cancela la reunión a la que vas, porque tenemos que hablar seriamente de lo que está pasando aquí.
