¡Capitulo cuatro señoras y señores! Si y en realidad no dure tanto tiempo como el que pensé me iba a tomar escribiendo este capítulo, en especial si tomamos cuenta que tiene más de ¡tres mil palabras! Lo cual lo hace el más largo de esta historia hasta el momento. Pero bueno es que tenía que ser largo, muchas cosas pasan en este capítulo y muchos cabos se atan para Jennifer; aunque estoy muy segura de que ustedes ya sabían la mayoría por supuesto.
Bueno ya suficiente con mi monologo. ¡A leer, a leer!
Capitulo 4. Descubrimientos y reencuentros.
Habían pasado ya tres semanas desde que había vuelto al orfanato y aun así Jennifer no podía alejarse de ese sentimiento que le decía que algo no andaba del todo bien.
En realidad no era solo un sentimiento, estaba segura de ello. Y también estaba segura de que el muchacho misterioso tenía algo que ver con la situación.
Ni siquiera recordaba bien su nombre, era algo como Tony o Thomas, pero eso no era un dato importante. Lo importante era que Jennifer lo había encontrado escabulléndose justo la noche en que atraparon al culpable de los atentados. Y además de eso también encajaba casi perfectamente con la descripción del asesino de la Sra. Benson.
Desde el momento en que lo vio por primera vez, un instinto en ella le había alertado que se alejara, que era una persona peligrosa con la que estaba tratando; y sin embargo, ella tan tonta como siempre lo único que hizo fue insultarlo y como si fuera poco casi lo noquea con un libro. ¿Brillante idea no?
Era obvio que lo más sensato que podía hacer era alejarse completamente de todas las cosas extrañas que estaban sucediendo y que seguro estaban relacionadas con el. No sabía la razón pero hasta el simple pensamiento le parecía un acto imposible. Sentía una necesidad incontrolable por averiguar todo lo que estaba sucediendo.
El extraño muchacho estaba en su cabeza día y noche. Había pensado que quizás cuando dejara el castillo podría limpiar su cabeza de tales pensamientos, pero a pesar de todo el tiempo trascurrido, ni siquiera era capaz conciliar el sueño.
Y aunque le fuera posible contar las ovejas y caer dormida, era consciente de que hasta sus sueños estarían plagados con la esencia del joven.
Después de incontables vueltas y diferentes posiciones, Jenn finalmente termino rindiéndose. Era imposible misión imposible. Frotándose los ojos con las palmas se levanto de su cama. Un escalofrió recorrió su cuerpo cuando sus pies tocaron el frio piso de piedra. Alzo la mirada e intento distinguir las formas de los muebles en la oscuridad de su habitación. Lo último que quería era chocar contra algo.
Lentamente se dirigió hacia la ventana y corrió las cortinas dejando que los rayos plateados inundaran la pieza. Hoy había luna llena, o al menos eso parecia. La verdad era que Jenn nunca había sido muy buena en astronomía, a pesar de que su extraña fascinación con las estrellas.
Después de observar el cielo detenidamente, Jenn se dirigió a su escritorio y se sentó en la silla.
Encima de la mesa estaban su varita y varias cartas; algunas viejas y otras nuevas. Una en particular le llamo la atención. Era la carta que su padre le había enviado en la mañana de su regreso al orfanato. No tenía mucho que decir. Parecía ser la carta usual, preguntaba cómo estaba y cómo le había ido en Hogwarts. No fue hasta el final que había soltado la gran bomba. Al parecer estaba pensando en venderles el orfanato a unos inversionistas americanos. La noticia le había disgustado terriblemente ¿Qué pasaría con todos los niños?
En cierta forma, ella se sentía como uno de ellos. Una huérfana más. No recordaba muy bien a su madre, mucho menos a su vieja casa. Su padre viajaba desde que ella tenía memoria, por lo cual el orfanato por más que lo detestara, era su hogar. Claro eso sin contar Hogwarts. Al pasar de los años se había encariñado cada vez más con los niños y los jóvenes que eran como su familia.
Al rato de estar sentada pensando, se dio cuenta de que tenía sed y de que le dolía la espalda por estar tanto tiempo en la misma posición. Decidió levantarse y salir en busca de una vaso con agua; no era muy amiga de la leche.
El gran pasillo estaba tan oscuro que era imposible ver donde este empezaba y donde terminaba. Con mucho cuidado, Jennifer cerró la puerta de su cuarto y se dirigió hacia la cocina.
La vieja casa rechinaba cada vez que el viento chocaba contras sus paredes. Era el perfecto escenario para un crimen. Y en realidad ya lo había sido.
Al bajar a la cocina no pudo evitar mirar la puerta en la pared izquierda. Esta guiaba hacia el sótano… donde había muerto la Sra. Benson.
Intento imaginarse como había ocurrido. Quizá Amy se encontraba en la cocina en el momento en que vio a su atacante y había salido corriendo hacia el sótano intentando encerrarse y sin darse cuenta de que estaba sellando así su inevitable muerte.
O quizás se encontraba ya en el sótano cuando él apareció, tal vez ni siquiera se dio cuenta de lo que pasaba. Tal vez no sintió nada al ver la luz verde.
Su maldita curiosidad se llevo lo mejor de ella, como siempre, y pronto Jenn se encontró abriendo la puerta. Al hacerlo pudo entrever el vacio negro que se encontraba al bajar la escalera de madera.
¿Por qué ella? ¿Por qué la Sra. Benson? ¿Qué le había hecho ella a ese hombre para que la atacara de esa manera? Esas eran otras de las múltiples dudas que Jenn tenía sobre el tema.
De repente una idea se le ocurrió. La única forma de averiguar sus inquirías era investigar la escena del crimen. Sin querer perder ni un segundo más, corrió hacia su habitación, tomo su varita y regreso hasta la terrible puerta.
-Lumus,- susurro el encantamiento, pero no sin antes fijarse de que no hubiera nadie más cerca. La luz de su varita era un verdadero alivio para sus ojos que ya no tenían que esforzarse para ver entre las sombras.
Sin pensarlo mucho, empezó a bajar por las gradas de madera. Los escalones crujían fuertemente al ser pisados. Estando una vez abajo giro sobre su eje con lentitud para poder mirar a su alrededor en busca de pistas. Jenn nunca había estado en esa parte del orfanato.
Era un lugar amplio, pero la gran mayoría de su espacio estaba cubierto por viejos muebles y juguetes que parecían pertenecer a épocas pasadas. Habían varias telarañas haciendo obvio que nadie limpiaba ese lugar desde hacía varios años. Inmediatamente la horrible idea de una cucaracha subiéndosele encima cruzo su mente y con terror noto que no llevaba ningún tipo de calzado.
Intento ignorar sus miedos de niña tonta y recorrió el lugar con su varita, alumbrando cada rincón por si había algún bicho escondido. Pero aun así era difícil investigar bien en estas condiciones. Pensando bien la situación, decidió que lo mejor era volver en la mañana, cuando hubiera más luz… y menos cucarachas.
Justo cuando se estaba dando la vuelta para irse, la luz de su varita alumbro una pared que destelló cegándole la vista con el poderoso reflejo. Bajo su varita un poco y se acerco a la dicha pared. Parecía ser un mural de algún tipo y estaba adornado con pedazos de vidrio y joyas de fantasía de todos los colores. Al acercarse más noto varios dibujos típicos de niños pequeños, y al lado de cada uno había un nombre diferente.
Ese debía ser uno de los viejos murales del orfanato con los nombres de sus antiguos habitantes. Cada cierto tiempo ponían uno nuevo en la pared del comedor.
Jenn lo examino inquisitivamente, hasta que su vista se encontró con un dibujo en particular. El niño se había dibujado al lado de sus padres, nada raro puesto que era el típico deseo de cualquier huérfano. Lo que le llamo la atención del dibujo era que tanto el niño como sus padres parecían estar levitando y en la mano del niño había un objeto que lucía como una varita. Inmediatamente ilumino mejor el dibujo, pero se dio cuenta de que estaba equivocada. No era una varita… era una serpiente.
Se fijo en el nombre que había a la par y sintió como su corazón casi se detiene. Tom Riddle, estaba escrito ahí en una perfecta caligrafía, lo cual era demasiado anormal tomando la posible edad del niño.
Jenn tenía el presentimiento de haber oído ese nombre antes, tal vez en un libro de historia o algo. Sentía un escalofrió al pensar en ello. Pero lo que más le asustó del nombre fue el recuerdo que le trajo a su mente.
-Me llamo Tom.
-¿Tom simplemente? ¿Así a lo seco?- dijo sonriendo.
-Sí, Tom a lo seco.- la impaciencia en su vos era tan clara como el agua.
Ese era el nombre del chico misterioso y al parecer también era el nombre de este niño ¿Acaso podría también ser el nombre del asesino de Elizabeth Benson?
Lo más curioso de todo es que en ese momento el pensamiento de que los tres eran la misma persona surgió en su cabeza. No solo era una locura, sino que también era completamente imposible. El niño del dibujo había nacido alrededor de los años veinte o treinta probablemente, y el joven de la otra noche no podía ser mayor de veinte.
Era tan ridícula la idea que sabía que jamás podría contársela a nadie, por miedo a que la tomaran por loquita.
Pero a pesar de todo lo que la razón y la lógica le decían, Jennifer jamás había estado tan segura de algo en su vida como lo estaba de esto.
XXXX
-Recuérdame porque estoy haciendo esto de nuevo, si no es mucha molestia. - Rafe lo miro frunciendo el ceño. Era la undécima vez que lo hacía. Desde que Tom lo había convencido de ayudarlo con su plan este solo había pasado quejándose. Por supuesto que había considerado en matarlo en más de una ocasión, pero la realidad era que necesitaba de su ayuda demasiado como para disponer de él.
-Porque si lo haces, te ganaras mi confianza y llegado el momento te recompensare plenamente. Jamás tendrás que volver a preocuparte por tus hermanos. - le respondió con tono cansino.
Ambos se encontraban en cierto baño público de Londres, el cual resultaba ser una de las entradas al famoso ministerio de magia. Eran la una de la mañana por lo cual el establecimiento se encontraba vacío. -¿Estás seguro que conoces la clave de tu padre?
-¡Que si! - El chico le respondió con voz exasperada como siempre lo hacía. Tom ya estaba empezando a resignarse a que él no era la persona más respetosa del mundo, por más que le tortura o le amenazara Rafe simplemente parecía no entender el problema. - Además la vieja oficina de mi padre se encuentra en un sector abandonado, nadie notara si tenemos que forzar la entrada.
-¿Y qué hay de la llave? ¿Estás seguro que él tenía una copia guardada? Porque si no Lestrange, te aseguro que mi gran paciencia llegara a su límite…
Rafe lo volvió a ver y a pesar de que intento disimularlo, Tom noto el miedo que se escondía entre sus ojos grises. Hasta el momento Lestrange era la única persona en la que Tom había confiando su identidad, después de todo eso era esencial para su plan. Tomo un poco de tiempo y varias tácticas especiales para convencerlo de que estaba diciendo la verdad. Y aun sabiendo quien era él y que podía hacer, Tomo no había podido eliminar la actitud arrogante y rebelde de su más nuevo seguidor.
-Si bueno…- dijo mirando el suelo y Tom comenzó a preocuparse.- Mira sé que mi padre tenía esa llave, de eso estoy seguro. Y creo que la había dejado escondida en alguna parte su oficina, pero bueno, puede… puede que me equivoque.
Tom suspiro intentado calmar su temperamento. Iba a ser una noche larga, pero eso no importaba, solo sabía que de una u otra forma él iba que recuperar su varita. Por desgracia suya, lo estúpido aurores la habían escondida en la cámara de seguridad privada del ministerio. Lo único que lo había calmado al enterarse de esto era que el padre de Lestrange había tenido una llave de dicha cámara.
Sin oscilar mucho, ambos se subieron a los respectivos inodoros y tiraron de la cadena. Era una de las sensaciones más horribles que Tom había sentido en su vida. Era irritante pensar que los imbéciles del ministerio, con todo su poderío, no habían podido idear una forma menos grotesca de entrada.
El ministerio, tal como lo esperaban, estaba más silencioso que una catatumba y más oscuro que el fondo del mar.
Ambos prendieron sus varitas, Tom andaba una que le había robado a un viejo en el caldero chorreante y ya estaba comenzando a molestarle como esta no le obedecía por completo.
Los dos siguieron su camino. Al llegar Tom noto que Rafe no había mentido acerca del estado del sector donde estaba la oficina. El lugar se encontraba completamente abandonado. Viejos papeles adornaban el suelo con alfombra y en los marcos de las puertas habían grandes telarañas.
Los muchachos caminaron por el estrecho pasillo hasta que se toparon con una puerta que tenia escrito en letras doradasE. R. Lestrange.
La oficina estaba todavía en peores condiciones que el vestíbulo, pero Tom no pudo evitar encontrarse fascinado por todo lo que había en la allí. Era como si hubiera viajado de vuelta a su época. Cierta fotografía mágica le llamo la atención, esta estaba encima del escritorio.
En la fotografía había ocho muchachos sonrientes en túnicas de Hogwarts. Tom reconoció su propia cara. Era una foto de lord Voldemort con sus primeros seguidores. Los Caballeros de Walpurgis se habían llamado al principio. Los siete caballeros. El numero perfecto. Lestrange, Avery, Nott, Rosier, Mulciber, Malfoy y Macnair sonreían como si fueran los dueños del mundo.
No deseaba ni contar cuantos años habían pasado desde ese momento. Le dolía ver la confianza y arrogancia en los ojos de todos ellos, y el especial en los de él mismo. Había pensado que tenía el universo bajo sus pies en ese momento.
Tan cruel que era la realidad, que hasta ahora entendía lo idiota que había sido. Había cometido un error terrible y juraba por su alma demacrada que este no se repetiría.
-¡La encontré! - Rafe lo saco de sus pensamientos con su tono alegre. En su mano había una llave de bronce con una forma muy particular que resemblaba una especie de varita antigua.
Tom sonrió, mientras saboreaba el triunfo que estaba ya casi a sus pies. Esta vez iba a lograrlo. Nada ni nadie lo iba a detener.
XXXX
-Kate, tú has trabajado aquí hace bastante tiempo ¿no?- Jenn se encontraba en el jardín sentada en una mesa junto Katherine, una de las ayudantes. Ambas sonreían mientras vigilaban a los más chicos jugar bajo el sol.
Kate la volvió a ver de forma despreocupada.- Si, hace casi treinta años en realidad. Todavía recuerdo bien el día en que tú y tu hermano llegaron aquí, eran solo unos chiquillos traviesos….
Jenn le sonrió con felicidad al recordar el pasado, pero prosiguió con su pregunta. -Sí lo recuerdo también, pero en realidad te pregunto por qué quisiera saber si me podrías ayudar con él nombre de un huérfano. Uno que estuvo aquí mucho antes de que mi padre comprara el orfanato.
-Claro, dime.
-Creo que se llamaba Tom Riddle…
La mirada desconcertada de Kate le respondió su pregunta antes que sus palabras. - Lo lamento Jenny pero no me suena el nombre. ¿Hace cuanto dices que estuvo él en el orfanato?
-Ese es el problema- dijo Jenn suspirando.- En realidad no lo sé, pero creo que fue hace bastante.
-¿Y por qué quieres averiguarlo?- le pregunto Kate ahora con intriga en su mirada.
-No, es solo curiosidad; creo que el pudo haber ido mi escuela.- le respondió intentando no revelar mucho.
Kate la miro sorprendida. -¿De verdad? ¿Ese internado extraño del que tu ni Gabriel hablan nunca?- su voz era una mezcla de curiosidad y sarcasmo. - Bueno mira si de verdad quieres saber, tal vez deberías hablar con la Sra. Cole. Ella lleva más de cincuenta años trabajando en este lugar. Si ella no recuerda ese nombre dudo que haya alguna persona viva que lo haga.
Jenn miro a su alrededor mientras pensaba. La Sra. Cole. O la anciana Cole como muchos le llamaban era la matriarca del orfanato desde… ¿el principio de los tiempos? No tenia familia viva, por lo cual seguía viviendo en el orfanato aunque en realidad ya no trabajara. Muchos decían que estaba perdiendo que le faltaba un tornillo. Siempre hablaba de cosas extrañas, y a veces no sabía ni en qué época se encontraba. Jenn no la conocía muy bien, puesto que siempre había estado intimidada y un poco asustada por su reputación.
Pero Kate tenía razón. Si había alguien que podría ayudarla con su pequeña investigacion definitivamente era ella.
-Debe estar en su cuarto por si quieres ir a verla…- continuo la mujer leyendole el pensamiento.
-¿Crees que le importaría?- dijo Jenn se levantandose de su silla. Ya había tomado la decisión.
-Lo dudo…
Recogió su tasa con te de la mesa, y dirigiéndose hacia la cocina Jenn se preparo para lo que seguía. ¿Y si la Sra. Cole no recordaba? El hecho de que a veces ella pensara que todavía eran los cuarenta no significaba que se fuera a acordar de todos los nombres de los niños que habitaron en alrededor de esa época.
Pero sin darle mucha importancia a sus reflexiones, coloco la taza en el fregadero y subió las gradas de madera. El cuarto de la Sra. Cole estaba en el cuarto piso. Lo único que lo superaba en altura era la azotea a la cual nadie iba nunca.
Al llegar a la puerta tomo un gran respiro y toco tres veces. Nadie respondió.
-¿Sra. Cole?- volvió a tocar. Esta vez oyó el movimiento de una silla dentro de la pieza. Y luego una débil voz indicándole que pasara.
Jennifer abrió la puerta para encontrarse con una mujer bastante mayor. Esta la miro expectante y con su mano esquelética le señalo que se aproximara.
Jenn se acerco hasta la gran silla donde ella yacía reclinada frente a la ventana. Su cara estaba cubierta de arrugas y su pelo blanco le llegaba hasta los hombros. Este estaba recogido en el mismo estilo de los años veinte desde que Jenn podía recordar. Pero lo más impresionante de la mujer eran sus ojos azules, que obviamente habían visto tanto.
-¿Sra. Cole? Quería preguntarle algo.- inquirió con delicadeza, mientras se posicionaba en frente de ella.
-Lo sé.- respondió con su voz quebrada.- Sabes querida, siempre supe desde el momento en que te vi, que eras igual a él. La misma curiosidad por las cosas, la misma ambición, y el mismo talento. Pero tu mi niña, no tienes esa oscuridad impregnada en ti. Si, en eso difieren.- continuo hablando más para ella que para Jennifer.
-¿De quién está hablando Sr Cole?
-De Tom mi niña. Del pequeño Tom…
Jenn se quedo estupefacta. No tenía la mas mínima idea de cómo la señora sabía exactamente de lo que le pretendía preguntar. Y a la misma vez se sentía aliviada de que sus dudas finalmente tendrían respuestas.
-Sí, quisiera saber un poco de él. ¿Podría usted contarme lo que recuerda?
La Sra. Cole le sonrió mientras que su mirada viajaba tiempo atrás, recordando todo como si solo hubiera sido ayer.
-Todo empezó el último día del año de 1926, justo en este mismo orfanato. Yo acaba de empezar a trabajar aquí cuando ella llego, embarazada como todas. Pobre criatura, jamás llego a vivir para ver a su hijo que sin duda se parecía tanto a su padre como ella había deseado. Tom Marvolo Riddle lo llamo.- la señora Cole sonrió.- ¿Un nombre extraño no te parece? ¡Supiera yo en ese entonces que ese era solo el comienzo de una serie de extraños acontecimientos! Tom como ya sabrás no era un niño igual a los demás. Tenía una habilidad para causarle problemas a los demás sin siquiera tocarles. Yo sentía mucha maldad en el, mi niña. Pero al fin y al cabo tan solo era un niño asustado que quería a sus padres como todos los demás.
Jenn la miraba consumida en la historia que tanto había buscado.
-El tiempo paso y con los años sus habilidades aumentaron. Un día poco después de que Tom cumpliera los once años, un hombre extraño pero amable se apareció en nuestra puerta, traía una oferta para Tom que nadie podía creer. A mí nunca me engañaron por completo, mi niña. Siempre supe que ese colegio era solo para gente como él…gente como tú. Todos me tomaron de loca por supuesto.
Y a eso se debía la supuesta locura de la Sra. Cole, pensó Jennifer quien ahora veía todo con claridad. La pobre mujer había sido demasiado astuta para su mundo muggle.
-Cuando Tom termino sus años en el colegio, finalmente decidió irse. Nunca supe realmente que le sucedió después de eso, aunque sabía que en su triste destino no habría nada bueno.
Jenn le miro simpáticamente. La señora le había dado mucho en que meditar.
Suponiendo que la historia ya había acabado, Jenn se levanto de su improvisado asiento en el piso y se estiro los pliegues de su enagua.
-Espera mi niña.- le dijo la señora, deteniéndole de su partida.- Creo que deberias saber que el cuarto en el que tú ahora duermes una vez perteneció al joven Riddle.- La respiración de la pelinegra se detuvo repentinamente. -Busca en el armario de madera. En el fondo de este, debajo de los tablones… creo que hay algo escondido ahí que podría serte útil en tu investigación. ¡Pero ten cuidado! Ese algo era lo que el joven Riddle estaba buscando la noche en que asesino a la pobre de Amy. Yo lo vi…
Sin siquiera darle las gracias Jennifer se retiro casi corriendo hasta llegar a su habitación. Estaba asustada. Demasiado asustado.
¡Había estaba en lo correcto! El Tom del castillo, el niño Tom del orfanato, y el asesino de Benson eran la misma persona. Era una locura y sabía que no estaba cerca de comprender como era posible, pero lo importante es que era cierto. Además tenía la ligera sospecha de que él también estaba relacionado de alguna forma con los ataques en el colegio.
Así que la pregunta ahora era ¿Qué debía hacer con todo lo que había averiguado?
De seguro lo más sensato sería explicárselo a Dumbledore ¿Pero le creería acaso? No podía arriesgarse todavía. Debía tener pruebas concretas de todo lo que estaba sucediendo.
Recordando de repente lo que la Sra. Cole había dicho. Se dirigió a su armario y tirando a un lado todos sus zapatos, examino las tablas. Había una que estaba más suelta que las demás, tiro de esta hasta arrancarla y tomando su varita se acerco con cuidado para ver que había dentro.
Era una caja de madera. Una de esas viejas cajas que los señores de antes que limpiaban zapatos tenían. Encima en la tapa tenia gravado en letras plateadas el nombre Tom Riddle. Intento abrir la caja pero estaba sellada y al parecer por medios mágicos.
Jennifer se encontraba tan concentrada en abrir la caja, que no vio la sombra negra escabullirse por su ventana, ni tampoco oyó el susurro de una capa detrás de ella.
-Sabes niña, estas resultando ser un mayor dolor de cabeza del que creía posible. - dijo una voz aterciopelada detrás de ella. Una voz bastante familiar, y sin siquiera tener que voltearse Jenn ya sabía quién estaba detrás de ella.
Ahora sí que se encontraba en serios problemas.
¡No se olviden de comentar por favor! vean, que soy "buena" y les estoy dejando un adelanto del próximo capítulo y todo jaja.
Él se acerco como un jaguar que acechaba a su presa, pero Jenn no tenía a donde correr. Con un rápido movimiento su atacante la atrapo entre su pecho y la pared.
Sintió como le olía el cuello, como con sus manos sujetaba fuertemente sus muñecas y con horror también noto como su boca se acercaba peligrosamente a la de ella.
No había escapatoria.
