El sol brillaba con fuerza mientras la tarde caía y todos se preparaban para el baile, por una noche los soldados teniendo el permiso de olvidar el caos y la pérdida. Olvidar la masacre detrás de las puertas que los mantenían encerrados, las que les daban la falsa ilusión de estar a salvo.
Sin embargo habían personas que no podían olvidar, no cuando los crueles recuerdos eran imposibles de borrar de su corazón, y del dolor de sus ojos.
-Esto es una tontería.-Soltó bruscamente el castaño al terminar de abotonar su camisa, los ojos azules del otro lado de la habitacion alzandose un momento hasta el.
-Es una estrategia, si los miembros importantes de las murallas deciden dejar de financiar al cuerpo de exploración, todo habrá terminado. El comandante debe convencerlos.-Suavemente murmuró el muchacho de ojos azules.
-Sigo sin entender de que serviría un baile para que sigan ayudándonos.-Respondió dándose la vuelta, caminando hasta su compañero mientras tomaba su chaqueta.
-Ellos quieren una mentira, necesitan una para sentirse a salvo, y es un baile lo que les dará la falsa ilusión de calma.
-Pero no estamos a salvo, y deberíamos estar en las afueras del muro combatiendo, no perdiendo el tiempo.-Replicó molesto con toda la situación a la que estaba sujeto, y de la que no podría escapar, sin poder pensar en una manera en que podría soportar tal tortura.
-Sólo es una noche, Eren. Terminará rápido, y estás obligado, lo sabes.-Le recordó, ya que el capitán Levi no le permitiría romper las órdenes, y con un suspiro lleno de resignación, el castaño asintió antes de preguntar.
-¿Has sabido algo de Mikasa hoy?. No la he visto desde la mañana.
-No he sabido nada desde que me contó que Jean le pidió que bailaran esta noche.
-¿Que Jean hizo que?.-Preguntó, está vez la furia apareciendo en su voz, sin creer que Jean había tenido la valentía de pedirle algo así a Mikasa.
-Que no te sorprenda, a el le gusta desde el primer momento en que la vio, y Mikasa es muy linda.-Musito devolviendo su vista a las páginas del libro entre sus dedos.
-Si, ya lo se.-Farfullo en voz baja Eren, odiando el pensamiento de que alguien más mirara a la que era su mejor amiga, su familia, sin embargo sabía que Armin tenía razón, y que Mikasa era bastante linda con sus ojos grises, y el cabello oscuro, que no podía evitar que los otros también lo notaran, incluso cuando deseaba que lo hicieran.
El su deseo egoísta el quería ser el único que pudiera mirarla, que nadie más pudiera tener un vistazo de lo bella que era por fuera, que nadie se acercará lo suficiente para ver la belleza que también conservaba en su corazón, esa que ni siquiera los titanes habían podido arrebatarle, y que sin embargo permanecía oculta bajo sus ojos fríos.
Pronto, el momento de partir llegó y tuvieron que ir al lugar en que el baile sería, yendo hasta el interior del muro Sina. Las lujosas paredes del lugar y la suave melodía recibiendolos al entrar, las personas moviéndose tranquilamente hasta el salón donde el baile iniciaria.
-¿Haz visto a Mikasa?.-Preguntó a Historia al verla junto a Ymir, y la rubia le sonrió levemente.
-Escondiéndose en el balcón del segundo piso. Por favor traela, pronto esto empezará.-Le informó, y con un asentimiento los pasos del castaño avanzaron entre los invitados de las diferentes ramas militares hasta el segundo puso, de pronto deteniendose al encontrar su mirada grisácea.
Sus ojos esmeralda la examinaron, desde el intrincado peinado que hacía caer su cabello oscuro en cascada por su hombro derecho, ese que había crecido mucho en el último tiempo y que le recordaba el pasado antes de haber perdido su vida y su familia, entonces sus ojos bajando hasta el vestido del color de las rosas rojas que abrazaba su cintura y rozaba el suelo delicadamente.
-Te ves...-Comenzó a decir, sin encontrar la palabra correcta, su intento de hablar aferrandose a su garganta, frunciendo el ceño, manteniendo una seria expresión para ocultar su corazón acelerado antes de continuar.-...Deberíamos bajar. El baile está por comenzar.
-Pero no se bailar.-Replicó la muchacha bajando unos escalones, y una fugaz sonrisa apareció en la boca de Eren al estirar su mano en su dirección, la que suavemente Mikasa tomó para bajar los últimos escalones que le quedaban para llegar a su lado.
-Yo tampoco.
-Entonces podemos no bailar juntos.-Murmuró la muchacha al mirarlo.
-Juntos como siempre.-Asintió el, por que esa era la única manera en que seguían adelante, juntos, bajando la mirada hasta el primer piso repleto de personas, la muchacha descendiendo las escaleras con el, acompañandolo.
Eren notó las miradas que se detenían en ella, las que sabía no sólo eran por sus excepcionales habilidades de soldado, sino que era también por la manera en que lucía en el vestido que llevaba, lo hermosa que se veía incluso cuando ninguna sonrisa adornaba sus labios.
El muchacho trató de ignorar la presión en su pecho, el angustiante peso de los celos mientras bajaba con la pelinegra hasta encontrarse con sus compañeros, los que pronto se unieron en la pista y a la música, sólo Eren y Mikasa quedándose atrás.
Durante el transcurso de la noche se separaron, los cadetes del cuerpo de exploración moviéndose en diferentes lugares.
Eren tuvo que soportar la furia de ver a Jean junto a Mikasa, sin poder hacer nada mientras el no tenía otra opción que permanecer junto a los benefactores del cuerpo de exploración, y la razón por la que estaban ahí, por que ellos querían conocer en persona al soldado que podía volverse titán, ver con sus propios ojos a la esperanza de la humanidad.
Conocer lo que su dinero estaba apoyando y financiando en las misiones fuera de los muros.
-Y, ¿Como es la vida militar del cuerpo de exploración, Eren?.-Preguntó uno de ellos, dando un trago a la champaña en la copa que sostenia.-Ya sabes a pesar de las muertes y eso.
-¿Que como es?, bueno, no es tan maravilloso como aquí.-Respondió con una sonrisa fría, la furia escondiéndose detrás de su miradas.-Mientras ustedes comen deliciosas comidas, nosotros apenas probamos la bocado. Mientras ustedes se divierten, nosotros entrenamos desde el alba.
-Eren.-Advirtió Mikasa al acercarse segundos después, dándose cuenta del enojo y el rencor en su voz al oirlo, y Eren hizo caso omiso, las palabras sin poder quedarse en su boca más tiempo.
-Mientras ustedes tienen una vida fácil, con quejas sin sentido, nosotros morimos bajo la fuerza de los titanes, de maneras tan horribles que ustedes no podrían ni imaginar.-Eren pronunció ante las miradas indiferentes.
-Bueno, para eso entran al cuerpo de exploración, ¿No?.-Preguntó una mujer con una sonrisa casi burlona dibujándose en sus labios.-No se den tanta importancia, ese su deber. La razón por la que se unieron al cuerpo de exploración.
Eren sonrió por la educación que debía tener, en un gesto de fría cortesía sin poder evitar apretar sus manos en puños en su espalda, con la furia hirviendo en su interior, quemando su garganta.
-Con permiso.-Se disculpó la muchacha consciente de que no podían hablar de más, que no podían arruinar esa noche al dejar a la furia que ella también sentía apoderarse de ellos, mirando entonces a Eren, tomando su brazo con firmeza, halando de el hasta estar fuera del lugar.
-Son unos bastardos.-Soltó mientras Mikasa la hacia caminar por los pasillos, hasta los bellos jardines del lugar, esos sólo iluminados por la luz de la luna, rodeados por la fria brisa, ese que los acariciaba con el aroma de las rosas que florecian a su alrededor.
-Eren...-Comenzó a decir la pelinegra, siendo interrumpida por el muchacho de furiosa expresión.
-No puedo olvidar los cuerpos, no puedo olvidar la sangre. Y a ellos no les importa en lo más mínimo.-Soltó rápidamente.
-Ellos jamás han visto la crueldad de este mundo, y no pueden ver más allá de sus propios intereses, yo se que tu no eres así de egoísta. Pero sólo es una noche.-Lo tranquilizó la muchacha, su expresión sin cambiar a pesar de lo que Eren veía en sus ojos, un reflejo justo de su furia, una qus pesaba demasiado sobre sus hombros.
-Quizás lo soy, por que sólo en la guerra soy capaz de dar todo. Por que cuando se trata de ti, no es igual, Mikasa.-Suspiró al decir, bajo la confundida mirada de ojos grises.
-¿A que te refieres?.
-Puedo dar mi vida frente a los titanes, dar todo de mi para ganar, para vengar todo lo que ellos nos arrebataron, y moriría por nuestra libertad, pero no soy capaz de verte cerca de otra persona, Mikasa.-Pronunció finalmente, las palabras siendo incapaz de quedarse en su boca un minuto más de esa vida que se les escapaba demasiado rápido, diciendo de una vez los que no se había atrevido a decir antes.-Así de egoísta soy.
-¿Qué?.
-No puedo soporta cuando te miran, apenas logró soportar que alguien respire el mismo aire que tu, y definitivamente no puedo verte bailar con nadie más.-Los ojos de la muchacha se llenaron de sorpresa al oirlo, sin poder evitar sentir su corazón agitarse.
-Entonces tu deberías bailar conmigo.-Le dijo seriamente.
-¿Que hay de Jean?.
-El sabe que no podría elegirlo, el sabe que sólo eres tu, Eren.-Murmuró en voz baja, apenas audible, torpemente al bajar la mirada, entonces el muchacho acercándose y tendiendo su mano en su dirección.
-¿Bailaria conmigo, señorita Ackerman?.-Preguntó el castaño un tanto burlón, y con una tenue y fugaz sonrisa ella tomó su mano.
-Con gusto.-Aceptó, entonces sintiendo su brazo rodearle la cintura, moviéndose al compás que ser escuchaba en la lejanía, imitando lo que había visto y no conocía.
-Tal vez, esto no era tan malo después de todo.-Musito Eren suavemente, y una pequeña risa escapó de los labios de Mikasa, una que el había creído pérdida para siempre.
-Sólo no me dejes caer.-Pidió cerrando los ojos un momento.
-Nunca.-Prometió el, y Mikasa sabía que no lo haría, por que desde el primer momento en que se vieron, el nunca la dejo caer, nunca le permitió derrumbarse.
Se movieron entonces entre errores, y pasos torpes, por una noche siendo sólo niños jugando al amor, olvidando su futuro tan incierto como aterrador mientras intentaban bailar entre los jardines de bellas flores, entre miradas y silenciosas sonrisas, moviéndose entre la furia y el dolor, de momento olvidados, y la paz, encontrando un destello de la infancia y la felicidad que la muerte les había arrebatado.
Encontrando una pequeña luz en la oscuridad, un instante de hermosa calma en el caos, encontrando su esperanza, juntos.
Saludos y besos para todos.
Gracias por leer
