Capítulo 1.
Era como ver nacer una mariposa, sus pequeñas alas que se abrían despacio, así era James, mi pequeño hijo una mariposa que comenzaba a emprender el vuelo, sus ojos brillantes como los de su madre, mi forma de ser se había pasado a él sin embargo era tan distinto único, especial y no solo por qué fuera mi hijo y de la mujer que amaba sino por ser lo que él mismo era, desde que llegó a casa fue dulce, un niño que parecía comprender las circunstancias en las que llegó aquel día de lluvia, casi no lloraba y si lo hacía se calmaba con sostenerlo entre mis brazos, me miraba fijamente y dejaba de sollozar, tomaba mi pulgar con su diminuta manecita y la llevaba hasta él y después parecía que sonreía apacible, tierno.
Lo nombre James como mi padre, Sirius como mi padrino al que había querido tanto, hombres buenos que habían dejado una huella en mi pasado, ahora solo veía el futuro en los ojos de mi hijo, en su crecer día a día, aunque sin duda en mi mente siempre estuvo el nombre de Hermione, y el de la hija que jamás conocí, no podía volver al castillo la sola idea de perder a James me aterraba ahora me concentraba en el sin dejar en el olvido la familia que me faltaba.
Aberforth no pregunto demasiado cuando despertó aquella noche por el llanto del bebé recién nacido, como si supiera quién era lo levanto y lo acunó despacio, lo dejo dormir a su lado, lo protegió de todo, era silencioso con los asuntos en los que no quería entrometerse, pero de alguna manera yo sabía lo que él pensaba y hasta lo que sentía, el dolor que seguía mostrando cuando levantaba aquel viejo pergamino.
- Todos murieron - dijo una noche mientras alimentaba a James - sé que no te atreves a preguntar de nuevo Potter, pero creo que ya es tiempo de decirte algunas cosas y de que tú me digas otras tantas - miro al niño al decir aquello y prosiguió - todos murieron, mi madre, mi padre, mis hermanos, mi bella hermana Ariana era tan joven, tan bondadosa - suspiro y guardó silencio un par de segundos hasta que James le tiro de los cabellos - y mi hermano...él también está muerto.
- Su hermano como se llamaba -pregunté discreto
- No importa ya su nombre lo que importa es que se fue para siempre y la vida ya no volverá a ser como algún día lo fue - se levanto de su silla y dio unos pasos hasta la tetera de la que sirvió con sumo cuidado el licor que preparaba. - ahora dime Potter, de donde fue que salió este niño, que vaya si se parece a ti aunque también noto en el cierto parecido a...- miro a James con detenimiento - olvídalo es imposible, bien dímelo ahora te escucho.
Respiré profundo y comencé a relatarle los sucesos esta vez sin mentirle, de que me serviría, le diría toda la verdad aunque sonará a locura, a veces así me lo parecía a mí también, imaginar a aquella bella mujer entre mis brazos, sintiendo el calor de su cuerpo, necesitando de mi y de mi amor, parecía una total locura, necesitar de mi un simple viajero, un sencillo mozo de cuadra teniendo a cuanto duque, Conde o príncipe pudiera elegir, de entre ellos me tomo a mí y después que sucedió, me sentía tan culpable por haberla dejado sola, en medio de aquel dolor y si recordaba a James, qué pasaría si lo buscara y si le mienten, si le causan más dolor del necesario que ocurriría entonces, que podría hacer.
Todo eso se lo conté, mis dudas, mis miedos con respecto a el futuro de Hermione, de la niña que había dejado en manos de Albus, de Severus de aquel hombre que la criaría como suya sin serlo, y si Malfoy sabe que aquella criatura no es de él y si la rechaza, que clase de vida llevaría mi hija en un palacio lleno de serpientes.
Pero Aberforth no me dio la razón, miro a un lado y contemplo a mi hijo, después simplemente me dijo que debíamos criarlo como mejor nos convenía, pero no mencionó a su madre, ni el lugar del que provenía, me sentí más solo con los pensamientos que me giraban en la cabeza.
- Deberías estar contento muchacho, lo veras crecer, estará contigo, piensa en que pudo a ver sido peor, pudo haberse quedado en ese castillo y tú solo sin saber de su existencia, agradece que está aquí ese pedazo de tu historia y cuida de él, ámalo y deja que lo demás tome su curso, no hay nada que hacer, Albus sabe bien lo que hace y defenderá a su nieta y a esa otra niña que tuvo, si no quieres perderlo todo cuida de James y agradece que este contigo.
Después de ese día no volvió a mencionarse el tema, nadie ni siquiera Ron lo hacía él me visitaba a menudo, también había dejado el castillo y era mi compañero en el callejón, otras veces me visitaba Ginny quien me ayudó con James los primeros días, me consiguió una buena nodriza quien lo alimento como se debía, aprendí a cambiar sus pañales y a cuidar de él. Lo veía tan pequeño y tan indefenso que sentía que se rompería entre mis manos, pero ella lo arrullaba con facilidad, lo cuidaba y besaba y el niño disfrutaba al igual que yo de su compañía. Pero no podía verla más que como una amiga ella lo sabía y debes en cuando sufría por aquello, pero no me abandonaba, siempre estaba al pendiente de mi.
Los meses pasaron, tan rápido como el caudal del río y cuando menos lo espere había transcurrido un año desde que James había llegado a mi vida. Aquella tarde todo comenzó a ser un alboroto, las calles se llenaron de flores y cintas color violeta y blanco, los puestos ambulantes recogieron temprano para ayudar con la fiesta que se llevaría acabo en la plaza principal de Hogsmeade, la razón de dicha celebración, el primer aniversario de vida de la nieta del rey Albus, mi hija, podría ver a mi hija aunque fuera de lejos.
Aliste a James con un trajecito azul de pantaloncillos cortos y corbatín satinado que la madre de Ron había hecho para él justamente para ese día, nosotros también preparábamos una celebración para mi hijo, los Weasley siempre estuvieron conmigo así que los deje preparar la celebración, una tarta horneada en casa, zumo recién preparado, algunos obsequios y la presencia de las personas que me dieron su apoyo incondicional sin pedir explicaciones, pero yo tenía que verla, tenía que conocer a mi hija como fuera.
Deje a James con los Weasley y me decidí, el tumulto ya se hallaba en la plaza, la gente levantaba pequeños banderines violeta, otros gritaban el nombre de Lily Rose casi como un himno, cuando llegue al frente del gentío y la vi, su perfecto rostro, el escote en la espalda dejándome ver parte de aquel cuerpo que conocía tan bien, era ella Hermione, a su lado su marido sonreía con orgullo, el sombrero de copa era tan alto como su ego y en el medio de ambos la niña, una hermosa pequeña de ojos tan parecidos a los míos, trataba de esconderse detrás de las enaguas de su madre la que intentaba hacerla salir ofreciéndole una chupeta que rechazaba ignorándola.
Camine hasta quedar detrás de ellos, con la cabeza agachada para no ser reconocido por alguno de los presentes, buscaba acercarme lo más que pudiera solo quería verlas más de cerca. Comenzaron los fuegos artificiales y después el sonido de voces gritando despavoridas, algo estaba ocurriendo, mire a Hermione que buscaba de forma desesperada a la niña, Draco hacia lo mismo a su lado pero nadie la veía, hasta que note el vestidito rosado pasar se movía con torpeza, aunque rápidamente fui tras de ella, sus ojos me vieron y por un momento creí que me reconocería pero solo me miró con curiosidad.
- Lily - dije de forma suave para darle confianza y poder acercarme pero cuando lo iba hacer Hermione apareció y la levanto en brazos, trate de ocultarme.
- La ha encontrado -me dijo sin percatarse de quién era yo - gracias señor
- No fue nada -respondí antes de que pasara a mi lado.
Me miró el rostro, sus ojos se abrieron. - Harry...eres tú...
Di un paso a ella de nuevo pero su marido llego en ese momento y la apartó, Hermione volvió el rostro hacia mí y después siguió caminando con la pequeña en los brazos.
Capítulo 2.
Volví por James a casa de Ron, las piernas me temblaban, la boca estaba seca, en el rostro sentía el llanto que derrame camino de regreso por el dolor de no poder hacer nada, la frustración me invadió, el pánico por querer volver a tenerla cerca, esa necesidad imperiosa que se apoderaba de mí cuando la veía, los sentimientos que creí desaparecidos simplemente volvieron a despertar y me tomaron con más fuerza y la niña, mi pequeña hija sus facciones delicadas, sus labios rosados y aquel rostro lleno de vida y un ligero aire de egocentrismo que seguramente su padre o el que ella cree que lo es le ha enseñado.
Pero debía dejar que se fueran nuevamente, que no supieran más de mi, Lily jamás me conocería, jamás sabría que realmente no es hija de él, y Hermione, seguramente ya me había superado y ahora solo amaba a su marido, ese frívolo hombre que parecía que no la quería.
Me refugié en James, esa noche no me despegue de él ni un solo segundo, mis hijos eran hermosos, los niños más maravillosos, ángeles inocentes y tiernos con vidas tan distintas, pensé en la vida de James si viviera junto a ellas no podía imaginarlo lejos de mí ahora mi vida dependía enteramente de la de él solo de él no podía vivir por nadie más.
Al menos las había visto, a las dos, estaban bien, no pedía ya nada más. Las cosas fueron tomando un mejor ritmo aunque comencé a cuestionarme acerca de mi vida y sobre todo de la vida de James, lo veía, a veces todo sucio de tierra de los cultivos, otras los zapatos que comenzaban a quedarle chicos , crecía demasiado rápido y yo no podía seguir educándolo de esa manera, el se merecía algo más, se merecía lo mejor después de todo era un príncipe aunque nadie lo supiera jamás incluso él, pero yo lo sabia, no podía criarlo como un mozo cuando no lo era. Necesitaba tomar medidas extremas incluso para mí mismo.
Un mes después tomaba el tren de vuelta a Privet Drive, aunque esta vez iba por mí cuenta no volvería a ver a mi desagradable familia, ahora tenía una nueva, Aberforth se había negado en un principio a seguirnos pero la sonrisa de James lo termino de convencer, como poder negarse a tan delicado ser.
Comencé a estudiar en la academia para entrar al ministerio y con eso hacerme cargo de todos los gastos, no fue nada sencillo me llevo tiempo ganar la confianza de algunas personas que al verme dudaban de mi capacidad pero al fin de un año lo había logrado, ahora vestía como caballero, James tomaba clases de modales aún siendo tan pequeño, aunque por desgracia el buen Aberforth era quien comenzó a padecer los estragos de la ciudad grande, cayó enfermo de los pulmones, a veces le era demasiado difícil respirar, solía tener ataques en los que la tos le sofocaba casi hasta el desmayo, el doctor nos había dado la mala noticia, no había mucho que hacer, podría irse en cualquier momento, viajamos de regreso a Hogsmeade no quería que muriera lejos del lugar que echaba tanto de menos.
Compre la vieja casa cerca del callejón, la amplia aunque mal tratada, la que llamaban la casa de los gritos, por qué aseguraban que sucesos extraños habían ocurrido, jamás creí nada de aquello y la remodele por completo, con pisos y tapices traídos desde Londres, los baños ahora tenían un hermoso acabado de mármol y amplios jardines repletos de flores en donde James podía correr.
Ron fue el primero en recibirnos, los Weasley prepararon un banquete que no pude resistir, ahí mismo se encontraba Ginny quien no había cambiado, se acercó a mí y me besó en los labios, le correspondí por qué en el fondo sentía que también yo la había extrañado.
Esa noche al volver a casa pasamos frente al castillo, la luz del cuarto que le pertenecía estaba aún encendida, podía notar su sombra pasar a través de esa cortina de Gaza, pero el carruaje continuó el camino y la vi desaparecer. Mi corazón latió con fuerza de nuevo.
Con todos los estudios a los que me dedique, comencé mis propios negocios, ahora me relacionaba con las altas esferas del país, era considerado un ministro e inclusive se pensaba otorgarme el título de Conde en algún momento, estaba dispuesto a recibir aquella consigna por el honor de mi hijo y también el de Aberforth pues le debía tanto, pero no por mi, yo estaba tranquilo de ser quien era, jamás quise nada para mí a excepción de lo que jamás podría tener, a Hermione.
- El señor Malfoy se hará cargo de los asuntos relacionados con Hogsmeade si le interesa puede visitarle en el palacio o directamente en el castillo de Hogwarts que es en donde se encuentra residiendo. - me comentaba el conde Lupin en cuanto me presenté a mis labores como ministro de Hacienda.
- No pienso que sea conveniente visitarlo en su hogar, preferiría hacerlo en cualquier otro lado.
- Le diré en cuanto tenga la posibilidad de verle, pero la invitación de la princesa a tomar el té con ella ese no podría rechazarlo.
Medite aquellas palabras, la princesa, mi princesa me pedía una visita para tomar el té, un nudo en el estómago no me dejaba pensar con claridad, quería realmente verla, pero qué pasaría, para que necesitaba ella mi presencia.
- Sabe usted de que asunto se trata, dudo mucho de que la princesa sepa de este negocio - dije tratando de guardar la compostura.
- Se equivoca señor Potter la señora Granger sabe muy bien de que se trata su abuelo se a encargado de enseñarle todo en cuanto a negocios, créame que es la mujer más inteligente a parte de bella y fina que podrá conocer.
- Dijo usted Granger acaso no cambió su apellido al casarse.
- Al parecer no - sonrío ampliamente - es una libertina esa mujer hace de su marido lo que quiere y el pobre hombre que la ama demasiado.
- Escríbale, dígale que la visitare esta misma tarde.
Mande a traer el mejor de los trajes que tenía aún sin usar quería lucir lo más presentable posible, sonreía con emoción al pensar en volver a verla aunque esta vez fuera solo para tratar asuntos relacionados al campo y cosas tan triviales como los negocios, pero estaría frente a ella, tomaría su mano para saludarla, me temblaban las piernas, me sudaban las manos, me sentí como un adolescente, como cuando la vi pasar por el jardín con aquel vestido color menta ceñido a su cuerpo.
La emoción fue más grande cuando baje del carruaje cinco minutos antes de la hora acordada, la servidumbre esta vez me abría las puertas, me llamaban Conde y me trataban con respeto, incluso Snape quien lucía más demacrado abrió los ojos al notarme.
— Albus sabrá que estás aquí y se enfadara
— Estoy dispuesto a hablar con él y aclararle que ha sido su nieta quien a pedido una audiencia conmigo y que mi intensión no es más que la de hablar con ella de negocios.
— Más te vale que no menciones al niño Potter, ella no sabe nada y si te dice algo de la pequeña me encargaré de que algo te suceda.
— Como te lo he dicho, vengo a hablar de negocios y me has retrasado yo que venía con el tiempo justo ahora llegaré tarde un par de minutos.
— Seguro que nuestra princesa lo entenderá Conde Potter. — enfatizó sus palabras con el riguroso sarcasmo de siempre.
— Seguro que si — me despedí levantando el sombrero — con su permiso, mayordomo.
Llegue hasta donde estaba el salón del te, se escuchaba el suave murmullo de voces femeninas y risas sinceras, como si una charla amena se estuviera llevando a cabo ahí dentro. Respiré profundo y gire la perilla, el salón quedo en silencio al momento en que di el primer paso, las dos amigas de Hermione me miraron sorprendidas y faltas de aliento como si les hubiera caído un fuerte torrencial, caras casi desencajadas y gestos de dudas.
Pase la mirada rápidamente por el salón buscando a la princesa que sin duda no se encontraba ahí, di un paso más, la duquesa se acercó a mí de inmediato y con un cambio repentino en su rostro me sonrió de forma amable, la princesa Chang esperaba a sus espaldas mientras se abanicaba quizá para hacer desaparecer el rojizo tono de su rostro.
— Señor Potter a llegado tan a tiempo — dijo la rubiecita sonriendo y tomándome del brazo con entera confianza. — permítame ser yo quien le conduzca hasta donde la princesa le espera.
Dimos los primeros pasos, Cho me miró con un hilo de desprecio al pasar a su lado pero no deje que me afectara en nada y continúe del brazo de Lovegood, a lo lejos las notas del piano comenzaron a escucharse, pero no eran tan melódicas como solían ser cuando Hermione tocaba, alguien más se encargaba de aquel intento de música, cuando abrió la puerta del salón siguiente la escena que presencié me llenó el corazón de ternura, era mi pequeña quien intentaba seguir las notas que su madre le mostraba, la niña con la pesadez en las regordetas manos tocaba una y otra vez las teclas de forma equivocada, lo que causaba en Hermione una carcajada suelta una y otra vez, no se había percatado de nuestra presencia y por unos segundos rogué que no lo hiciera, pues las podía ver tal y como eran, felices y risueñas, la madre hacia cosquillas en el vientre de la niña que parecía convulsionar de gozo entre los brazos de su madre, las ame tanto en ese instante que solo pensé en correr y tomarlas en mis brazos, pero tuve que controlar la sensación antes cuando ella me miró, dejó de sonreír al menos como lo hacía, apenas de formaba una ligera curva en sus labios rosados que tanto anhelaba besar.
— Luna llevas a Lily a su alcoba. — tomo a la niña en sus brazos
Quien de inmediato empezó a levantar su fina voz pidiendo que fuera al jardín a donde quería que fuera llevada.
— De acuerdo si Luna no se opone puedes ir un rato al jardín, te alcanzaré en seguida cariño — le beso las mejillas y sentí que me derretía de amor.
Lily me miró fijamente al pasar, esos ojos, era como mirarlos en el espejo, el gesto que yo veía a diario ahora lo notaba en ella.
— Buena tarde señor — dijo con aquella vocesilla de niña que tenía — lindo día.
— El mejor Lily — me acerqué a ella y bese su mano que apenas era una cuarta parte de la mía, incluso quizá más pequeña que la de James, pero igual de delicada.
La vi salir en los brazos de la duquesa quien comenzó a tararear una melodía extraña.
Ahora estábamos a solas, la vi de nuevo sentada en el banquillo, no tocaba solo parecía que acariciaba las teclas con esa suavidad con la que tantas noches me acarició a mi, di un paso más hasta ella, pero sin atreverme a hablar.
— Mi marido me contó, que un nuevo ministro acababa de llegar — hablo sin dejar de mirar el teclado — fue una vaga descripción de un hombrecillo cuya fortuna comenzaba a ascender, estaba tan sorprendido de aquella noticia cuando Lupin lo mencionó, un hombre de campo jamás llegará a ser un conde escuche que le decía Malfoy pero yo no pensaba de esa manera, las personas de los más bajos estándares a veces nos sorprenden, solo necesitas tener algo de fe en ellos — al decir eso me miró — yo lo sabia, tú no te quedarías siendo un mozo cualquiera — volvió al piano — aunque sigas revolcándote con las mujeres del burdel.
— Yo no hago eso...y en todo caso no tendrías tú que reprocharme nada, acaso yo te dije algo cuando supe que te casarías.
— No — volteo molesta — no hiciste nada — relajo su gesto y me acerqué más.
— Que podía hacer Hermione, tú me rechazaste no creas que no te busque, que no te necesitaba, por dios eras lo que más amaba y verte entregándote a otro, sabes que me partiste el corazón.
— Justo como tú lo has hecho — me recriminaba con los ojos llorosos — o no es así niégame que tienes un hijo, un hijo con esa prostituta y que por eso te fuiste.
No sabía que responder a aquello, decir la verdad sobre James quizá lo pondría en riesgo, tal vez querrían arrebatarlo de mis brazos, por otra parte, como mentirle a esa mujer que lloraba de forma desesperada por qué creía que yo había sido el culpable de aquello.
— Lo siento tanto Hermione...
La veía, pasado el pañuelo por su rostro, restregándolo queriendo borrar las huellas de un doloroso pasado que nos perseguía.
— Porque me mandaste llamar, que quieres ahora que ya no podemos estar juntos.
Corrió a mis brazos y la rodee enseguida con ellos, ese calor que tanto echaba de menos estaba ahí, dentro de ella, gritando con fuerza por salir, le limpie el rostro con las manos que me sujetó y beso delicadamente, la necesitaba, quería hacerlo, con un golpe de frenesí nuestro labios se unieron, reviviendo como llamarada nuestros sentimientos y deseos ocultos ahí por tanto tiempo, un beso tras otro buscando siempre más, repase sus gestos, su rostro, su cuerpo, lo reconocía por completo era mía de nuevo, más que antes, más que nunca, la ame con intensidad mientras rogaba al cielo que no fuera aquel el último momento a su lado o que de ser así, prefería la muerte antes de dejarla de nuevo.
Capítulo 3.
El viento me golpeó con fuerza al salir del castillo, no tome el carruaje, solo deseaba caminar para poder así conservar en mi el recuerdo de lo vivido por mucho más tiempo, conservar las caricias y besos en la piel, sonreía cual tonto al pasar por los locales del callejón, había estado con ella, había vuelto a besarme con tanta dulzura y amor que eran tan inolvidables y la niña, que hermosa era la tierna Lily quien sin saber llevaba el mismo nombre de mi madre, la alegría se me escapaba por los poros, era tan feliz que no me hubiese importado morir.
Al llegar a casa el paisaje cambio, Ginny me esperaba con James en los brazos y un gesto desencajado, sospeche que algo andaba mal cuando al pasar por la ventana vi a la señora Weasley subir aprisa la escalera con un balde de agua y varios paños en las manos, Ron apareció detrás de mí movía la cabeza negativamente, con eso lo supe, era Aberforth.
Subí corriendo las escaleras, Fred y George se encontraban con su madre quien colocaba paños húmedos en la frente del viejo que no dejaba de toser, las mangas de su pijama estaban cubiertas de sangre al igual que sus labios secos y partidos, estaba más pálido que el mármol y recitaba una y otra vez mi nombre y el de Albus como si necesitara su presencia, me acerqué estaba en sus últimos momentos pude notarlo.
— Albus...— dijo con dificultad — Potter...
— Aquí estoy, ya todo acabara — pedí que me dejaran a solas para despedirlo. — no vas a sufrir más Aberforth trata sólo de dormir.
— Debo decirte la verdad Potter — intentaba hilar las palabras. — el pergamino Potter, debes leerlo, te he nombrado mi heredero, el título, los bienes, pero debes ir, debes reclamarlo todo, por mí y por ella, mi hermana, Ariadna que tanto sufrió, ahí está escrito todo Harry, la verdad de quién es Albus Peverell.
— Pero que dice solo...yo me encargaré de todo, solo ya no sufras más. — le tome la mano que comenzaba a enfriarse y la frote tratando de hacer que le regresará el calor.
— Gracias por quedarte conmigo Harry, gracias por este par de años y lo que hiciste por mí te lo compensaré a ti y a James y prométeme que también cuidaras de ellas, Hermione y la niña, ellas te necesitan, no las dejes solas.
— No lo haré señor.
En cuanto dije aquello la fuerza de su mano desapareció, sus ojos se habían cerrado para siempre, su pecho ya no subía con dificultad simplemente todo estaba en paz ahora, Aberforth se había ido tranquilo.
No espere para los funerales, de forma organizada gaste varios centavos en una lujosa caja de color Oxford con acabados plateados, los Weasley se hicieron cargo de la recepción para los invitados que en su mayoría era la gente del pueblo de Hogsmeade quienes recordaban con cariño a un viejo amigo, yo lo echaba de menos mientras contemplaba la caja que contenía su cuerpo a lo lejos, James permanecía en mis brazos descansando ahora solo me quedaba él, nos teníamos solo el uno al otro.
— Quieres que me haga cargo de él un rato — sentí la mano de Ginny tocándome el hombro.
— No, déjalo aquí lo necesito conmigo.
— Debes descansar Harry tu hijo te necesita, los negocios no se detienen escuche al conde Lupin decir que la entrega de las cosechas están por entregarse, no querrás perder tu parte, has invertido en ese negocio casi todo tu capital, se que amabas Aberforth pero la vida continua Harry, no debes olvidarlo.
— No lo olvido Ginny, lo tengo presente y confió en que todo estará bien, nadie me robara lo invertido, no perderé más que la tranquilidad de la espera eso es todo.
Los siguientes meses hubieran sido de lo más dolorosos de no ser por mis visitas frecuentes al castillo de Hogwarts en donde mis ratos en el salón del té se reducían a los ratos más apasionados de mi vida, me perdía entre las piernas de Hermione, quien tocaba para mí con la espalda descubierta y el bello cabello cayendo sobre sus delicados y delgados hombros, el estatus de Conde me permitió también el verla en los eventos más importantes, la encontraba en el teatro muy a menudo, en donde nos perdíamos a ratos en el balcón más alejado, me llenaba de su amor y yo de besos acalorados por toda su silueta mientras escuchábamos la opera como fondo.
Frecuentábamos los mismos bailes, en donde su marido jamás bailaba pero ella siempre paseaba por las pistas feliz y orgullosa de mi mano.
Lily también buscaba mi compañía cuando se le permitía pasar un rato con su madre, comía galletas de jengibre y canela y tomaba el té como una señorita. Me gane su aprecio, el de casi todos, pues Albus aún me miraba con enfado y ni qué decir de Severus y Malfoy quien fruncía el entre cejo cada que me veía salir del salón acomodando la solapa de mi levita. De forma sarcástica le sonreía y levantaba mi sombrero como símbolo de respeto, algo que no existía pero que mi educación me permitía disimular bastante bien.
La noche después de encontrarme por última vez con Draco, fue la noche donde Ron llego corriendo agitado y tembloroso, los empleados de la mansión corrían con batas puestas y calzados de noche, algunos derramaban lágrimas de frustración y otros de cólera.
Había sido un encapuchado, decían, las llamas no se podían controlar llegarían al bosque si no se controlaban pronto, los cultivos ardían, la caballeriza se prendió dejando escapar a los caballos que corrían desbocados por el pueblo y los alrededores, el gallinero estaba en cenizas al igual que parte de los establos.
James lloraba mientras tomaba de mi mano horrorizado por lo que estábamos presenciando, Ginny llegó en el momento preciso para hacerse cargo de él mientras yo luchaba por conseguir que el fuego se extinguiera del todo hombro a hombro con los gemelos Weasley, Ron y su hermano mayor Bill perseguían a los caballos, algunos miembros de la taberna y el burdel ayudaban con baldes de agua que no era suficiente, lo estaba perdiendo todo. En un intento por qué el fuego no llegará a la mansión Fred se abalanzó con dos baldes de agua sobre las llamas que de inmediato se prendieron a su cuerpo, el joven chillaba del dolor mientras su hermano intentaba retirar las prendas encendidas sin lograr nada tome una manta húmeda y me tire sobre el gemelo el calor llegaba a mi rostro, los gemidos del hombre cada vez se apagaban más como el calor del fuego que logre apagar unos segundos antes de que George llegara, la piel se le había chamuscado y desprendía un fuerte olor a carne quemada, los ojos buscaron los de su gemelo quien no se atrevía a sujetarlo y mantenía un rostro de susto que desapareció cuando notó que su hermano dejaba de respirar, se arrodilló a su lado y lo vio morir mientras derramaba lágrimas de sangre.
Estaba furioso de ver tal escena, de una muerte que no debía ser, me remangue la camisa y tire agua a chorros, hasta no ver una llama más.
Logramos controlar el fuego justo al amanecer, cuando pude observar perfectamente bien los daños, las pérdidas menos importantes y las más significantes, Fred y uno de los campesinos de la aldea vecina.
Sus familias ahora envueltas en llanto y mi hijo asustado, el culpable tendría que pagar por aquello.
Les dejo estas dos lindas ediciones con imágenes de una querida lectora Eydren , gracias por compartirlas conmigo hermosa.
Un beso grande. ;)
