Capítulo 4: Adiós a la magia

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Tictac, tictac, tictac.

Hermione volvió a mirar el reloj de pulsera que llevaba en la muñeca: las seis menos diez. Ya llevaba dos horas acostada en aquella cama, dos horas pensando en el porqué de la reacción de Ron, pensando si quizá no habría podido ella hacer la vista gorda, perdonarle. Poco a poco se le fueron cerrando los ojos hasta quedarse dormida.

Hermione estaba en una sala tan blanca que hería la vista, vio que estaba de parto, pero no sentía dolor. Sin embargo notó como cuando la niña nacía su cuerpo perdía toda fuerza y moría. Pero aún muerta veía lo que pasaba. En la sala entro una pareja, el pelo rojo de él hizo que los reconociese a primera vista.: Ron y Lavender. El medimago se acercó a Ron para hablarle.

— Lo siento, la señorita Granger ha fallecido debido a los esfuerzos del parto.

— ¡Ah! Bueno ¿Y mi hija? ¿Cuándo podremos llevárnosla a casa?

— En un par de días podrán llevársela. Antes de morir la señorita Granger nos dijo que quería que la niña se llamara Rose, Rose Weasley—Granger.

— ¡Ay, no!, Ron. No me gusta el nombre de Rose, preferiría que la llamásemos Violet, también es una flor como Rose, pero es un nombre más moderno.

— Sí, me gusta más Violet. Violet Weasley-Granger.

— ¿Granger? Granger está muerta, si nos vamos a casar, Ro-ro, ¿no sería mejor que constara como mi hija? Si los niños saben que no soy su madre se sentirá diferente. Además, es pelirroja, es evidente que es hija tuya y nadie tiene que poner en duda que yo soy su madre.

— ¿Y cuándo le llegue la carta de Hogwarts?

— Te digo que conste cómo mi hija, en la carta pondrá Violet Weasley.

— Me parece bien. ¿Sabes, La-la, que te quiero sobre todo en el mundo?

— ¿Y qué hay de Granger?

— Cuando me dijo que estaba embarazada comprendí que eras tú la primera y la última en mi corazón. Cuando se fue, no me importó, lo único que entonces quería de ella era a mi niñita y sabía que la tonta de ella me dejaría verla, aunque así es mejor: seremos una familia. Te adoro, y a vosotros también os adoraré pequeños— Dijo agachándose y hablando a la barriga de Lavender.

— Aquí tiene a la niña— Dijo el médico entregándole la niña a Lavender.

— Hola, Violet, ven con mami.— Dijo haciéndole carantoñas a la niña.

— NO, ROSIE. DEVUELVEME A MI HIJA. ROSIE.

Hermione notó cómo una mano le zarandeaba.

— Herms, Hermy, despierta.

Cuando abrió sólo vio el rostro preocupado de su amigo unos segundos antes de que la abrazara.

— Sólo ha sido un sueño, Mione. Nadie te quitará a Rose, yo no lo permitiré. ¿Quieres contarme la pesadilla?— Hermione negó con la cabeza.— ¿Y que hay de esa superstición tuya? ¡Con la de veces que me despertaste a las tantas de la mañana para contarme una pesadilla! Decías que si no la contabas se cumpliría.

— Draco, he crecido. Ya va siendo hora de dejar esas cosas infantiles atrás y madurar. Voy a ser madre.

— Y yo también voy a ser padre, en un mes. ¿He madurado? Sí, pero tú ya eras así de madura a los diecisiete.

— ¿De verdad no te importa que te lo cuente?— El rubio levantó una ceja— Fue horrible— La chica le contó qué había soñado.

— ¿Crees que pasará?

— No, lo que pasa es que tengo miedo. Miedo de que Ron forme una familia con Lavender, que no tenga miedo a la paternidad, que simplemente no quiera estar conmigo. Y miedo a morir.

— Ahora te tomarás una poción para dormir sin soñar, la necesitas.— Meditó unos segundos— ¿Violet?

— Cuando iba a la escuela, muggle, una niña llamada Violet cambió mis respuestas de un examen de mates perfecto al corregírmelo para que tuviéramos la misma nota. Si la veo por la calle le echo un hechizo.

— No conocía esa característica tuya. Muy Slytherin. Me gusta.— Dijo sonriendo— Ahora, bébete la poción.— Ella se la tomó de un trago poniendo mala cara al sabor demasiado dulzón de la poción.— Mañana por la tarde iremos a ver a tu madre y le dirás que estás embarazada.— Le dio un beso en la frente.— Y ahora duerme.

A la mañana siguiente cuando despertó Hermione se sentía muy nerviosa ante la perspectiva de decirle a su madre que estaba embarazada. No entendía por qué pero sentía que cuando se lo dijera las cosas se pondrían peor. ¿Peor? Sí, porque las cosas realmente no estaban tan mal. Era bastante exagerada.

Cuando bajó a desayunar se encontró a Ainé y a una elfina domestica discutiendo.

— No, señora, ese es mi trabajo.

— ¡Pero quiero cocinar! Hoy tengo una invitada y quiero hacer algo especial.

— No, Ainé, por mí no hace falta que te molestes.

— No es molestia alguna, me gusta cocinar.— Se giró hacia la elfina domestica— Y lo haré.

— No, señora. Está embarazada, de ocho meses.

— Sí, estoy embarazada, no inútil. Te voy a mandar clarear una piel de oveja negra. Mira— dijo serenándose—, te dejaré ayudarme, pero no pienso ceder más.

— Pero no estará mucho tiempo de pie.

— De acuerdo. Ahora ve a comprar lo de la lista, por favor.

— Ahora mismo, señora.— Y se desapareció con un plin.

— ¿Y qué tendremos de comer?— Preguntó Hermione.

— Paella, creo recordar que te encantó cuando viniste a España.

— Sí, me encantó.

— La verdad es que tengo antojo de paella, pero Serezade no la hace tan buena como la mía. Los veranos trabajando en Valencia valieron para que aprendiera a hacerla. ¡Ay1, se me olvidaba, Draco me ha dicho que iréis a ver a tu madre después de comer— La castaña suspiró— Ahora desayuna.

— No, gracias, si veo unos huevos lo echaré todo.

— Mejor, porque ya he acostumbrado a Draco a desayunar cosas más normales: Zumo, café, tostadas, cereales. Y nada de huevos o pescado, soy incapaz de verlos antes de desayunar, me da un asco...

— Te entiendo tengo unas nauseas...

— Sí, pero las mías empezaron antes de quedarme embarazada. En la mesa tienes bollería, tostadas y cereales. Si quieres mantequilla y mermelada están en la nevera. Subo a cambiarme y bajo.

Hermione se dirigió a la nevera, la abrió y cogió un tarro de mermelada de mora. Cerró la puerta y encendió la televisión que había en la puerta y se fue a sentar en la banqueta para desayunar pero se sintió mareada y se le cayó el tarro al suelo mientras ella se sujetaba a la encimera y andaba cortos pasos hasta llegar al taburete.

Principios de Octubre de 1998, Apartamento de Draco Malfoy, Paris.

Pasaban las diez de la noche cuando en aquel apartamento generalmente tranquilo sonaron los gritos de una muchacha enfurecida.

— ¡MALFOY! ¿NO PUEDES TOMARTE NADA EN SERIO? TENEMOS QUE ENTREGAR EL TRABAJO MAÑANA, Y, O ME AYUDAS DE UNA VEZ, O PIENSO DECIR QUE LO HICE YO SOLA. ME IRÉ A LA RESIDENCIA Y ALLÍ TERMINARÉ MI TRABAJO.— Dijo la castaña resaltando la palabra mi hasta límites anteriormente insospechados.

— PUES VETE, NO TE NECESITO PARA HACER EL TRABAJO— dijo el chico ojos grises con quien discutía tirando un tintero al suelo.

— ¡PERO CÓMO SE PUEDE SER TAN PATOSO! YA ES LA TERCERA VEZ QUE TIRAS UN TINTERO EN QUINCE MINUTOS. ¡ESTÁS INTENTANDO BOICOTEAR EL TRABAJO! YO NECESITO SACAR BUENA NOTA, LLEVO ESFORZÁNDOME DESDE EL JARDÍN DE INFANCIA. NO PIENSO DEJAR QUE UN IMBÉCIL COMO TÚ ARRUINE MI CARRERA.

—YO TAMBIÉN TUVE QUE ESFORZARME PARA ESTAR AQUÍ.

— Ya, claro.— Dijo la chica que ya había recogido sus cosas para desaparecerse.

— Herms, espera.

— ¿Dijiste?— Preguntó ella asombrada por el nombre que había utilizado el chico.

— Espera.

— No, antes.

— Se lo tengo oído al cararrajada y a la comadreja.

— Malfoy, tú y yo no somos amigos. Harry y Ron, sí. Tú simplemente actúas como un Slytherin, te conviene llevarte bien conmigo, por lo menor de momento. A mí también me conviene, pero necesito todo el valor Gryffindor del que pueda hacer acopio para estar contigo a solas en tu apartamento.

— ¿Temes no poder resistirte a mí? Lo siento, mi biblioteca no es tan cómoda como la de Hogwarts, según tengo entendido. Porque es cómoda, ¿no, Granger?—Dijo el rubio levantando una ceja y poniendo una sonrisa de suficiencia en su cara que a Hermione le hubiese gustado borrar de un puñetazo, sin embargo durante unos segundos apenas perceptibles para una persona que no fuera tan observadora como Hermione cruzó la cara del chico antes de volver a su gesto de suficiente que a tantas chicas les hubiera parecido sexy y que a Hermione tanto asqueaba.— No te vayas, haremos el trabajo juntos, pero también tú debes ceder, no pienso hacer todo el trabajo a tu manera. Aunque lo creas, no lo sabes todo.

Fin del Flashback

— Hermione, ¿Estás bien?— Ainé ya había vuelto a la cocina.

— Sí, sólo ha sido un mareo. Siento lo de la mermelada.— Se disculpó la otra mujer.

— ¿No te habrás cortado?— Preguntó preocupada.

— No, no. En cuanto se me pase el mareo estaré perfectamente.

— ¿Has ido ya a ver a un medimago o médico?

— No todavía no he tenido tiempo para nada

— Podemos pedir cita para el mío, es muy bueno, a menos que conozcas a alguien.

En ese momento en la habitación entró un gran murciélago que se puso al lado de Hermione para que le quitara el pergamino que llevaba en una pata. Ainé, al ver al animalito, pegó un grito pero Hermione la tranquilizó.

— ¿Recuerdas que dijiste que Luna parecía tener unos gustos muy especiales? Pues, te presento a Sol.

Emilio, te echo de menos. — Dijo ella en su idioma materno en clara referencia a los email que utilizaban en la península tanto muggles como magos y no ensuciaban la cocina con sus heces Debería pensar en comprarse una lechuza para no asustar a la gente.— Se dirigió a Hermione, esta vez en la lengua de Shakespeare.

— No entiende que la gente se asuste de ellos. — Desenrolló el pergamino y lo leyó.

Querida Hermione:

Ayer Malfoy me envió una carta diciéndome que estabas en su casa. ¿No volveréis a estar juntos? Está casado y va a ser padre, y tú estás embarazada del hijo de Ron. Porque Ron es el padre, ¿no?

Quería haber estado contigo pero estaba en una reunión y mi jefe no me dejaba irme, decía que cómo iba a escribir una crónica de ella sin estar presente. ¡Cómo si no pudiera!

Espero que vengas a cenar a casa, cocino yo, y diles a Malfoy y su mujer que vengan también. Va a venir Neville para celebrar que dará clase en Hogwarts. Bueno, respóndeme.

Luna

P.D.: Dile a Malfoy que tiene buen gusto con las lechuzas.

— Ainé, toma, lee.

Ainé leyó la carta con cara de sorpresa.

— La chica es directa, tienes suerte que no te lo pregunta en la cena, y que yo confíe en Draco, otra que hubiera visto la carta te echaba de casa.

— Te la he enseñado porque si la encontraras podías pensar que es cierto. Además Draco es un buen amigo, estuvimos juntos, lo conociste estando conmigo, y se preocupa mucho por mí.

— ¡Pero Draco es así!

— Sí, pero durante el colegio era egoísta, a veces me pregunto cómo pude creer que había cambiado después de todo lo que hizo. Los demás no han terminado de aceptarlo, bueno Luna sí, pero Luna es Luna. Ya lo entenderás. Quiero comer con ellos pero si cocina Luna...

— ¿Qué pasa si cocina ella?

— ¿Has probado la infusión de gurdirraíz?

— No.

— Pues yo sí, la hace cada vez que voy a su casa, sabe peor que la poción multijugos con un pelo de gato. Lleva cierto tiempo insistiéndome en que tengo que probar la sopa de Plimpies.

— No puede ser tan malo.

— Ya me lo dirás esta noche.

Ainé se fue unos minutos y volvió con un pergamino.

— Le diremos que vengan ellos.— Tras discutir el que poner en la carta, Hermione la leyó satisfecha.

Querida amiga:

Gracias por la invitación y por haberme dejado quedarme en tu casa. Sé que Draco ya te explicó por qué vine a su casa. A Ainé, la mujer de Draco, le ha hecho mucha ilusión la invitación y tiene ganas de conocerte. Me ha pedido que os pida que vengáis vosotros, está con antojos y no quiere molestarte con ellos. Yo tengo que ir a ver a mi madre esta tarde, así que también os lo agradecería. Venid a las ocho y media por la red flu. La dirección es Nº 24 de Salem Alley, en Hogsmeade. Espero que no os importe el cambio de lugar.

Hermione.

Tras enviar la carta a Luna, no sin cierta dificultad pues el murciélago se había encariñado con Hermione y no quería irse, Hermione cogió su varita para reparar todo el estropicio que había causado.

—Reparo— Los trozos ni siquiera se movieron del sitio— Reparo, fregotego.— Seguía sin pasar nada.— Reparo— Dijo una octava más aguda de lo normal debido al nerviosismo.— ¿Qué está pasando?

—Tranquila. El bebé no te deja hacer magia, eso suele significar que no será Squib. Y créeme, que en mi familia eso lo sabemos muy bien, casi todos los hombres lo son.

—¿Y eso?

—¡Quién sabe! Tradicionalmente, había más mujeres con magia. De ahí que los aquelarres estén formados sólo por mujeres.

—¿Qué es un "aquelare"?

—Perdón, es una palabra vasca. La lengua de una de las tradiciones de magia. Viene a ser una reunión de brujas para practicar magia en grupo, o para cotillear.

—¿Qué es una tradición de magia?

—¿Qué tal si te explico otro día cómo se vive realmente la magia en España? Es que si seguimos así, ya me veo yendo al McDonald's a por unas hamburguesas para comer.— Dijo riendo.— Por cierto, en cuanto a tu magia perdida: no te preocupes, sólo ocurre en el primer trimestre. Eso sí, viaja por la red Flu, Un día acabe apareciéndome en España cuando tan sólo iba a ver a Draco al ministerio, estuve mes y medio sin poder utilizar magia.

—Se me va a hacer muy extraño no poder utilizar magia. Creo que para ser hija de muggles, dependo demasiado de ella. No me vendrá mal tener que apañarme una temporada sin ella.