VIOLACIÓN

3er Capitulo: Nada es lo que parece.

—¡Esperen Ino, Hinata! —exclamó el hombre de largo cabello rubio mientras seguía a las dos niñas que corrían de manera rápida, unos metros por delante de él— ¡No puedo perseguirlas por todo Central Park!

Ambas se tomaron de las manos y ladearon la cabeza para ver al jadeante hombre de coleta.

—¡Eres muy lento, otuo-san!

—¡Tiene que ser más rápido, Inoichi-san!

Las dos cerraron los ojos al reír traviesas y siguieron su carrera hacia el Conservatory Garden.

Fue entonces que en una curva, tropezaron con la raíz de un árbol que sobresalía en el camino y cayeron rodando por una pequeña pendiente hasta que las detuvieron unos espesos rosales.

Emitieron el último grito de la caída y algunos quejidos por las espinas que les rasguñaban las piernas.

—Auch… ¿Es-estás bien, Ino-chan? —se quejó la de ojos perla, sosteniéndose sobre sus rodillas y mirando como su amiga se quitaba unos pétalos enredados en su cabello.

—Si, Hinata-chan… ¡tonto árbol! —exclamó, ayudando a su compañera a ponerse de pie.

—¡Niñas! ¿Se lastimaron mucho? —gritó preocupado el padre de la rubia.

—¡No oto-san! ¡Solo tenemos algunos rasguños!

—¡Bien! ¡No se muevan, iré enseguida! —las chicas observaron como el hombre bajaba la pendiente de manera rápida y ágil.

—Bueno —suspiró resignada, viendo como el cielo se despejaba y el sol se volvía a asomar— esto nos ha retrasado, ya no nos dará tiempo de ver esa nueva planta rara. Tendrá que ser hasta mañana. ¿Ne, Hinata-chan?

—Si, yo también te-tenía muchas ganas de… —detuvo sus palabras cuando un brillo la cegó. Cuidando sus ojos con las manos, buscó lo que producía el resplandor.

Medio enterrado entre las raíces podridas de un viejo árbol, un dije de cristal en forma de flor atrapó la atención de la peliazul.

Inconscientemente, se acercó a dicho collar, ignorando las preguntas de la rubia.

Se arrodilló en la tierra y tomó la fina flor entre sus dedos, ahora estando segura de haberla visto antes.

—¿Hinata-chan, que haces? —preguntó la ojiazul, confundida y enojada por haber sido ignorada.

—Sakura… —susurró.

—¿Eh? ¿Qué pasa con Sakura-chan? —cuestionó de nuevo sin entender nada.

—¡Mira! —exclamó, mostrándole su hallazgo— ¡Este es el obsequio que le dio Shizune-san a Sakura cuando cumplió 4 años!

Sus ojos azules observaron al objeto, reconociéndolo.

—Sakura nunca se lo quita —miro sus alrededores— ¿Cómo llegó esto aquí?

Su mirada se topó de nuevo con el viejo árbol. Juntó a este, había un par de arbustos de hojas secas. Pero eso no fue lo que llamó la atención de la chiquilla, si no que de uno de los extremos de la planta, parecía asomarse lo que era…

Sus ojos se abrieron al máximo, sintiendo como su corazón se aceleraba un poco y un escalofrío le recorría la espalda.

—¿Hinata-chan?... ¡¿Qué sucede? —asustada por el repentino cambio, la rubia zarandeaba a su amiga en un intento de despertarla. Pero lo único que logró fue que la pequeña levantara su brazo lentamente y señalara el lugar en el que su mirada se hallaba fija.

Los ojos azules miraron el lugar.

Y la sorpresa la dejó igual que su compañera.

Ambas se tomaron de las manos y juntaron sus cuerpos en un abrazo, sin quitar la vista de ese lugar.

Sin separarse se acercaron, viendo mejor pero no por completo lo que había tras los arbustos.

El hombre de coleta por fin las alcanzó, parando detrás de ellas a unos cuantos metros.

—¿Niñas, están bien? —preguntó jadeando pero siendo ignorado— ¿Chicas?... ¿qué están viendo?

—Eso, oto-san… —logró decir su hija, señalando lo que las tenia paralizadas.

El aludido miró dicho lugar, encontrando lo que sobresalía por uno de los extremos: una mano, con un extraño símbolo de una nube roja (echo con sangre, al parecer) gravado en el dorso.

Se acercó con rapidez a los arbustos, estando seguro de que esa mano podría venir de una persona herida a la que podría auxiliar. Se arrodilló en la sucia tierra y movió las ramas para ver por completo a la persona. Pero se quedó completamente paralizado ante la horrible imagen frente a él.

—Oto-san… ¿Qué pasa? —cuestionó la rubia, mas asustada de lo que ya estaba.

—Niñas, quédense atrás —murmuró el hombre, agradeciendo que su cuerpo no permitiera que las chicas se dieran cuenta de la presente y traumática situación.

—¿Por qué?... ¿qué es lo que ve, Inoichi-san?

Ambas avanzaron unos pasos.

—¡Niñas, obedezcan y quédense atrás! —exclamó, perdiendo la paciencia y haciendo que las aludidas retrocedieran espantadas.

Sin dejar de mirar a la persona, sacó su celular y marcó un número. Escuchó la voz de la mujer contestarle.

—911 ¿Cuál es su emergencia?

Se tomó unos segundos antes de responder.

—Encontré el cadáver de una persona que la policía había reportado como desaparecida.

—¿Puede decirme su ubicación y el nombre de la víctima, por favor?

—Central Park, a unos minutos del Conservatory Garden… y la victima es…

Sin dejar de verse reflejado en esa oscura mirada vacía que se encontraba fija en el, pero que sin embargo no veían nada, contestó.

—Mizuki Tachibana.

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Rodó los ojos cuando sintió como la cama se hundía ligeramente a su lado. Miró molesto hacia su derecha, encontrando de inmediato a esa niñita torpe y tímida, quien se había subido a la cama y ahora miraba con curiosidad su brazo enyesado.

—¿Por qué te hicieron eso en el brazo como si fueras nomia? —preguntó, llevándose un dedito a los labios.

Al moreno bien pudo haberle caído una gotita al estilo anime.

—Me fracture el hueso al salir de la escuela. Y no se dice nomia, sino momia.

—Ah —murmuró la pequeña, sin poner realmente atención a la corrección.

—Tsk… —ladeó sus labios en una sonrisa burlona— niña ¿es que acaso no vas a la escuela?

—¡Claro que sí! Y para tu información niño, ya empecé la primaria hace unos días. —asintió varias veces con la cabeza, cruzándose de brazos.

—Sí, que gran logro —murmuró sarcástico.

La ojiverde ya no le hizo caso y en cambio enfocó su atención en el yeso. Inconscientemente, se fue acercando mas al joven con la intención de observar mejor aquello que le daba curiosidad. Las mejillas del azabache adquirieron un tierno tono rosado cuando la pelirosa terminó, prácticamente, encima de él.

—Niña…

La pequeña alzó la vista, mostrando en su rostro un adorable puchero.

—Mi nombre es Sakura, niño… —el pelinegro se mostró sorprendido, ya que su visitante no se daba cuenta de que estaba sobre él— ¿Y el tuyo?

—Sasuke —respondió ecuánime. Fue entonces que se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto— ¿Por qué estas en el hospital?

Notó de inmediato que ante su pregunta, la luz de esos ojos verdes se esfumaba y su brillante sonrisa desaparecía. La menor se movió lentamente hasta terminar sentada en una esquina de la cama, abrazando sus rodillas.

El mayor, sorprendido por el repentino cambio de humor en la pequeña, dejó el libro en la almohada y se aproximó a su compañera hasta quedar arrodillado a su lado.

—Sakura, ¿estás…?

—Él… me lastimó… y quiere lastimarlos a ellos también. —susurró tan bajo, que el moreno tuvo que hacer un gran esfuerzo por oírla.

—¿De qué hablas? ¿Quién te lastimó? —estaba totalmente confundido, no entendía de que hablaba la pelirosa.

La niña levantó el rostro hasta mostrarle al azabache sus ojos verdes cristalinos por las lágrimas.

—No puedo decirlo… nos matará. —sin decir ni una sola palabra más se abrazó con fuerza al chico, teniendo cuidado de no tocar el yeso de Sasuke, quien no pudo escuchar lo último que dijo la menor y ahora estaba sorprendido por el abrazo de ésta.

Y sin saber realmente por qué, se sonrojó ligeramente y correspondió la acción de la niña, permaneciendo así un par de minutos.

Hasta que el sonido de alguien abriendo la puerta interrumpió el tierno momento.

Ambos se separaron de inmediato y miraron hacia la dirección de dónde provino el ruido, encontrando en la entrada de la habitación al hermano mayor de Sasuke quien venía tomado de la mano de una joven de ojos castaños y cabello azul, el cual estaba adornado por una flor de papel.

—Vaya otouto, vinimos porque creímos que tal vez te sentirías algo solo, pero veo que estas muy bien acompañado. —comentó sutilmente, centrando su atención en la linda desconocida.

Su comentario provocó una mirada molesta del moreno y una curiosa por parte de la pequeña pelirosa.

Decidió dejar su enojo de lado y saludó cortésmente a la novia de su hermano.

—¿Qué tal, Konan?

—Hola Sasuke. ¿Cómo te sientes? —se acercó, aun con su mano entrelazada con la del joven.

—Mejor que cuando desperté. —aseguró, recostándose de nuevo en la cama.

—Y… —sus ojos se encontraron con la niña de la habitación. — ¿Quién eres tú, amiga?

La aludida se bajó de la cama de un saltó y contestó, mostrando su brillante sonrisa.

—¡Haruno Sakura!

Konan, sin poder resistirse ante tanto encanto natural, soltó a su novio y fue directo hacia la pequeña, la tomó en brazos y la estrujó en su pecho como si fuera un peluche.

—¡Eres tan linda!

—Incluso de verdad parece una cereza —agregó Itachi, acariciando los suaves cabellos rosas de la niña.

—¡Ahh, que tiernas son, fan girls! —exclamó un sarcástico Sasuke— Pero suéltala Konan, no la dejas respirar.

De inmediato, la aludida dejó a la menor en el suelo, quien ya se estaba poniendo morada.

—Lo siento Sakura-chan, a veces soy demasiado afectuosa. —compuso una sonrisa avergonzada— Por cierto, soy Konan y el galán que ves a mi lado es mi novio, Itachi.

—También hermano mayor del baka que ves en la cama. —el menor Uchiha le dirigió otra mirada molesta.

Los tres rieron, ignorando por completo a un muy enojado Sasuke.

—¿Y qué te trae por aquí, Sakura-chan? —cuestionó el azabache, agachándose a la misma altura de la pequeña.

—De hecho, yo me preguntaba lo mismo, niña.

La pelirosa le enseñó la lengua y luego contestó.

—Es que… yo estaba esperando en el cuarto a Shizune-neechan, pero olí unas fresas y seguí a una señora que las tenía porque me dio hambre. Pero esa señora desapareció y como la puerta del Niño era la única abierta… entre, y sin querer… rompí una taza. —habló lo último en voz muy queda, señalando donde yacían los restos de dicho objeto.

—¡Oh, no te preocupes por esa taza, Sakura-chan! —volvió a abrazar a la niña, teniendo cuidado de no ahogarla esta vez.

—Pero de lo que si deberías preocuparte Sakura-chan, es de tus padres. Deben de estar buscándote.

—Itachi tiene razón, Sakura-chan. ¿Quieres que te acompañe a tu habitación?

La pelirosa asintió varias veces con la cabeza y comenzó a despedirse.

—¡Sayonara, Itachi-san!

—Adiós Sakura-chan. Y no me digas Itachi-san, aunque no parezca solo tengo 16 años.

Se dieron un apretón de manos. Luego, la ojiverde fue hacia la cama y, sorprendiendo una vez más a Sasuke, le beso tiernamente en la mejilla y lo abrazó con cariño.

Se separó, mostrándole de nuevo su bella sonrisa.

—Nos vemos, Sasuke. —murmuró, mostrando un encantador sonrojo en su rostro.

Se alejó del azabache y tomó la mano de Konan, quien la esperaba en la puerta. Antes de salir, la ojiverde volteó y se despidió con la mano una última vez.

Ya en la recepción del hospital, ambas chicas se encontraron con una muy angustiada Shizune, quien al ver a su sobrina por fin aparecer, no pudo reprimir la alegría y estalló en lágrimas.

—¡Por Kami-sama, Sakura! —exclamó, abrazando con desesperación a la niña y alejándola de Konan— ¿En dónde te habías metido?

—Me dio hambre cuando te esperaba, Shizune-neechan, seguí a una señora que tenia fresas, pero me perdí y termine en el cuarto de un niño, y Konan-san me iba a llevar contigo otra vez.

La mujer dirigió su vista hacia donde la pequeña apuntaba, encontrando a una muchacha de unos 15 años que le sonreía con entendimiento.

—Lamento que la ausencia de su hija la haya alarmado Shizune-san, no nos dimos cuenta del tiempo que la entretuvimos. Espero disculpe las molestias. —realizó una cortes reverencia.

—No se preocupe joven, y gracias por acompañar a Sakura. —la aludida asintió.

—Adiós Sakura-chan —le acarició el cabello— Con su permiso, Shizune-san.

Después de eso, la peliazul regresó por donde vino y se perdió por el pasillo.

La azabache tomó a su bebé en brazos y la llevó de nuevo a su habitación.

—Sakura… ¿Cómo te atreviste a desaparecer de esa forma? Kakashi y yo estábamos muy preocupados por ti y estuvimos a punto de llamar a la policía… prométeme que no volverás a hacerlo. —la miró fijamente a los ojos.

—¡Lo prometo, Neechan!

La mujer le sonrió y le besó la frente con cariño, perdonando lo sucedido y olvidando su enojo.

—Bueno… dijiste que tenías hambre ¿verdad? —recibió un efusivo asentimiento como respuesta— me lo imagine… y por eso te trajimos… —dejó la frase en el aire para sonreír de manera traviesa y mirar la puerta a la expectativa.

Se abrió la puerta, revelando a un hombre de cabello blanco. En sus manos portaba un gran tazón.

—Adivina que tengo aquí, Sakura —preguntó de forma juguetona.

La pequeña solo tuvo que olisquear ligeramente el aire para saber cuál era el misterioso platillo.

—¡Fresas! —se acercó corriendo al adulto y le arrebató el cuenco, teniendo cuidado de no tirarlo.

—¡Que niña tan maleducada! —exclamó con fingida molestia. La pequeña no le prestó atención y en cambio se subió de un brinco a la cama y comenzó a devorar su tan venerada fruta, bajo las divertidas miradas de sus tíos.

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—¿Sabes quién es la victima? —cuestionó, terminando de bajar la pequeña pendiente hacia el hombre de cabello rubio y ojos violetas, quien los esperaba a él y a su compañera, al lado de unos arbustos secos.

El aludido asintió.

—Mizuki Tachibana… ustedes lo estuvieron buscando. —continuó, mas como una afirmación que como una pregunta.

—Ayer íbamos a arrestarlo para interrogarlo, pero no lo encontramos en su departamento ni en sus demás trabajos. Pensamos que había huido de Nueva York. —comentó la mujer.

—¿Quién lo encontró? —cuando hizo la pregunta, el ojiazul se puso en cuclillas para examinar mejor el cuerpo.

—Dos niñas, tropezaron con la raíz de un árbol y cayeron hasta esos rosales. Solo vieron la mano del cadáver, el padre descubrió el resto. —el joven le enseñó a los detectives dicha extremidad y el dibujo en ella— Está hecho con su propia sangre.

—Es el símbolo de Akatsuki —murmuró con sorpresa la rubia.

—¿Causa de muerte?

—Podría ser asfixia… ¿ven las marcas del cuello? —ambos asintieron— las tiene también en las manos y los tobillos. Sus extremidades fueron extendidas hasta que sacaron los huesos de las articulaciones. Además, tiene roto el cuello. Aunque no estoy seguro de si esto sucedió después del asesinato.

—Se aseguraron de hacerlo sufrir… pero entonces, ¿por qué dices que tal vez sea asfixia?

—Veras Yugito, también tiene fuertes traumas en el cráneo y múltiples heridas profundas en el pecho. Hasta que no haga la autopsia no sabré la causa de muerte exacta.

El pelinegro miró sus alrededores, notando a varias personas que buscaban en la zona más evidencias.

Tal escena, le trajo un recuerdo a la mente.

—De casualidad… ¿cuándo hallaron al cadáver, no encontraron también un dije de cristal en forma de flor?

El joven de ojos violetas pareció sorprendido.

—Si, lo encontramos… ¿cómo lo supiste?

—Creímos que Mizuki se lo había llevado como trofeo de una víctima de violación(1) —respondió la mujer— ¿Podrías enseñárnoslo, Yagura(2)?

El aludido asintió, para luego separarse del cadáver y buscar dicho objeto.

—¿Tu qué piensas, Yugito?

—Venganza, obviamente. Aunque no me imagino que problema tendrían los Akatsuki con Mizuki.

—Como yo lo veo, ambos tenían el mismo interés por Sakura-san. Y cuando esos Yakuzas se enteraron de que Mizuki había jugado con lo que les pertenecía, decidieron darle una lección. —el ojiazul se cruzó de brazos.

—Si, supongo que tienes razón… pero ¿como se enteraron los Akatsuki de la existencia de Sakura-san?

El azabache abrió la boca para contestar, pero la cerró de inmediato cuando el joven rubio se acercó a ellos, en su semblante se podía ver la incredulidad y el temor.

—¿Qué sucede Yagura? — preguntó la mujer, teniendo un mal presentimiento.

—El dije… desapareció.

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A/A:1.- Trofeo de víctima: Es cuando el agresor se roba un objeto personal de su víctima que tiene algún valor sentimental para este. Lo hacen con el propósito de recordar mejor el acto delictivo que cometieron. Bastante enfermo ¿verdad?

2.- Yagura: En el manga y anime, él es el cuarto Mizukage de la Aldea de la Niebla y el ultimo Jinchuuriki del Sanbi.

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Hello girls!... and boys?

Lo cierto es que en esta tarde ando con un poco de prisa. Pero aproveche el intento de ligue de una amiga (XD jajaja) para escaparme a un Cybercafe y actualizar. Lo bueno es que me traje por accidente la USB cuando salí a la calle ;D

En fin!

Agradecimientos a: MikoChanXxX, Envy, MGGSS, Piffle Priincess, setsuna17, Dipi-chan, ViliViry, mokona18, Oh Rissa, nigixi, , Eiko23, Florciita, MiisakiiKis, mitsuki96 y evisa por sus reviews!

Reviews, please?

Ja ne!