People… de verdad que vuelvo a lamentarlo, desde hoy, mis vacaciones se han acabado y me concentraré más en el Puzzle. I´m so Sorry. Bueno, como sea… muchas gracias a los que me leen, y aún más, a los que se molestan en dejar un post.
Y las respuestas a esos posts…
Javoss18: (con las manos arriba) me tienes, me tienes, pero por favor no lo digas, jajajaja. Y el costo… jaja, te advierto que será grande. En sí traté de formar a Cass con la idea de que la gente se apiadara y se compadeciera por él y le agradara más de la cuenta. Y gracias por lo de historia adictiva, eso es un gran cumplido para mí. Jejeje. Gracias por leerme, nos vemos :D
Ariam: Vamos a ver qué idea tienes en mente sobre Cassie, pero eso se verá más adelante. Jejee. Gracias por leerme y nos vemos el próximo jueves (esta vez juro que actualizaré un jueves ToT)
Jeje. Bueno, ahora actualizo. Es el 4to capitulo del Puzzle9, espero les guste mucho y dejaré pendiente una pequeña advertencia. En este capitulo las cositas se ponen un poquito calurosas. Cuidado a los pudorosos :D XD. Bueno… gracias por postear y nos vemos el próximo jueves :)
IV: After the Hard Storm.
Dean de verdad necesitaba su tiempo para pensar. A pesar de que ya estaba con Castiel, y que se había aclarado de todo lo que bloqueaba su mente, se había olvidado que Sam también estaba presente en su vida, muerto o no muerto. De todas formas creaba un caos total en su mente; algo que no le permitía seguir adelante. Al menos, no de forma natural.
Llevó nuevamente su Impala hasta el cementerio Stull. Si tenía un problema, suponía que su hermano podía ayudarle.
¿Pero qué pasa cuando era tu hermano el problema?
De todos modos, volviendo a casa, iba pensando. Castiel de verdad había sido bastante perseverante en su esfuerzo, bastante paciente, incluso, en sus constantes rabietas en las que se desahogaba gritándole al ángel; todo por hacerle sonreír, o todo por gustarle. Se sentía culpable. Tanto esfuerzo que había hecho el ángel y él, por todo aquel tiempo, no se había dado cuenta.
Pero tenía que acabar con Sam para poder empezar con Castiel.
Y para poder acabar con Sam, debía conversarlo con Castiel.
Llegó a la casa, tratando de hacerlo con prisa y así poder discutir aquello con el ángel; pero aunque le buscó por toda la casa y le llamó, el ángel no estaba.
Se dejó caer sobre la cama, con un claro signo de frustración, cubriendo su rostro con sus manos. Se sentía exhausto. Su cuerpo le pedía descansar a gritos, por fin tenía un par de días libres. Pero su mente estaba totalmente estresada y no quería descansar.
Miró el reloj enrollado en su muñeca. Ya eran alrededor de las 03:00 de la madrugada. Estaba casi seguro de que el ángel no regresaría aquella noche, así que se desvistió y se metió a la cama;
—Cielos, Dean, ahora estás con un ángel complicado—se susurró.
Para cuando Castiel llegara, tenía planeado disculparse; explicarle todo y prometerle que desde allí en adelante estaría sólo para él. Pero el ángel no se quería aparecer. Por otro lado, Dean suponía que no aparecería en un buen rato. Podía estar en el Cielo… podría estar bebiendo… podría estar sólo evitándole. Sin darse cuenta, sus ojos se cerraban y él se sumía en un sueño casi reparador.
Castiel se apareció recién como a las tres o cuatro horas después; se le veía cansado. Apenas apareció bajo el dintel de la puerta, Dean despertó y le vio, comenzando a acomodarse en la cama.
—Cass—
Él sólo se había quedado allí, en la puerta; apoyado en el dintel, sujetando su brazo.
— ¿Te pasa algo? —
—Nada. Vuelve a la cama—susurró.
—Quería hablar con tigo antes—
—Ahora no, Dean—Rápidamente, dejó dos dedos sobre su frente y le hizo caer inconsciente. Alcanzó a sujetarle por la cintura, con bastante suavidad, y avanzó hasta dejarle en la cama. Le cubrió y cayó sentado en el suelo, mirándole.
Se volteó hasta apoyarse en la cama, con ambos brazos cruzados, y escondiendo la cabeza allí, suspirando y cerrando los ojos.
Prácticamente, Castiel había vivido toda su vida en el Cielo. Jamás había tenido contacto con aquellos "seudo seres" a los que los arcángeles llamaban "humanos". No hasta que le encargaron su primera misión, que fue sacar a un total desconocido del reino de la Muerte. No se preguntó porqué, sólo obedeció órdenes de sus superiores.
Pero encontrarse con Dean Winchester; sólo ver su rostro atormentado por el sufrimiento de aquel lugar, fue lo que hizo un movimiento decisivo en su mente. Rebelarse contra los suyos, ayudar a los humanos a quienes antes no encontraba dignos de aquella categorización. Pero no dejaba de pensar en aquel humano.
Claro, que en aquel momento, Castiel no tenía idea de lo que era llorar. Al menos, hasta ese momento.
Cuando Dean despertó "de vuelta", se vio rodeando la cintura del ángel con sus brazos; miró hacia arriba; éste dormía con la cabeza ladeada, sus brazos en la espalda del cazador, junto con su gabardina sobre la espalda del cazador.
Decidió cerrar los ojos y quedarse quieto; dejar que su ángel durmiera. Levantando la cabeza y la mirada de vez en cuando para poder ver su rostro. No podía saber si en verdad dormía o sólo fingía, quedándose quieto para evitar despertarle. Decidió acomodarse y quedarse quieto, esperando a que se despertara.
Recordó que a pesar de que dormía, Castiel tenía un sueño bastante frágil.
No supo cuánto tiempo se quedó esperando, abrazado al ángel, pensando en qué decir cuando despertara para disculparse por lo de la tarde anterior, y cómo, que era lo más difícil. Al sentir que se movía, sólo se movió un poco y movió la cabeza, mirándole.
—Parece que estabas cansado—susurró.
—Algo—sonrió—Tuve un problema allá arriba con algunos de mis hermanos y aún me duele un poco el brazo—Dean recordó cuando llegó; se tomaba el brazo izquierdo.
—Voy a prepararte algo, entonces. Pero antes quería hablar con tigo—
—Lo que quieras—sonrió el ángel.
—Lo de ayer. En la tarde, antes de irme. Lo que dije estuvo mal. Bastante mal. No sabes cuánto me arrepiento de eso. Y quiero que sepas… que de verdad no quiero que haya espacio para Sam aquí—apuntó su pecho—Eres sólo tú y nadie más— —Sólo tú eres mío—agregó el cazador en un susurro.
—Si es eso, ya me lo dijiste—
— ¿Cuándo? —se preguntó, buscando en su memoria el recuerdo, pero nada.
—Mientras dormías—se puso de pie, tomando su brazo—Sueles decir verdades mientras duermes. Espero que sean verdades—
Dean se levantó, sacudiendo la cabeza, algo extrañado. Pero no era la primera vez que escuchaba a otros decir que su inconsciente hablaba y confesaba sus verdades de noche mientras dormía.
—Como sea… ¿no estás molesto? —preguntó.
—No tengo porqué estarlo. Por otra parte, tienes razón. Es tu hermano, no puedo negar que sientas cosas por él—
—Pero yo no estoy con él, estoy con tigo. Y quiero que comprendas y que confíes en que no hay nadie más en mi vida que tú—
Castiel le sonrió y dejó que le abrazara.
—Te quiero, Cass, no quiero que olvides eso jamás—susurró, recibiendo una sonrisa encantada por respuesta.
—Yo también te quiero, Dean—
Sintió cómo le abrazaban con fuerza;
—Hay que ver ese brazo—
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—Cielos, ¿con quién te agarraste allá arriba? —preguntó Dean.
—Algunos arcángeles—suspiró, viendo cómo Dean veía con sorpresa una magulladura sangrante que rodeaba su brazo.
— ¿Y por…?—
—Cosas de ángeles. Problemas de allá arriba, tenía que defender lo que pensaba—
— ¿Y eso es…?—
—Secreto. Lo sabrás algún día. Pronto, lo prometo—Castiel volvió a quitarse el paño blanco que había impedido que saliera más sangre. Al sacarlo, pudo ver una mancha bastante grande.
—Hay que arreglarte eso—
—No es para tanto…—
— ¿Cómo que no? Mira tu brazo. En serio, ¿con quién te peleaste? —
—Alrededor de… ¿treees arcángeles? —
— ¿Tres? ¿Creíste que podrías golpearlos sin hacerte daño? —
—Algo así—murmuró, viendo con curiosidad cómo Dean buscaba algo frente a él. Unos pocos instantes después, sacó una botella de agua.
—No, el agua no sirve. Debo buscar otra cosa—
—No es agua—
Un gemido después y el ángel estaba metido en la bañera, alejándose del paño sumergido en alcohol.
—No puedo creerlo, eres un ángel ¡que le tiene miedo al ALCOHOL! —
—Esa cosa arde… no volverás a tocar mi piel herida con eso—se quejó Castiel.
Dean no entendía por qué; un ángel que era capaz de enfrentarse a Lucifer le tenía miedo al alcohol quirúrgico. Era verdad, ardía ¿Pero era para gritar tanto? De todos modos era entretenido verlo alejándose de la botella y del paño.
Torneó los ojos y se rió; comenzó a avanzar, alzando el paño; como el ángel no tenía adónde retroceder, no sería mucho problema.
—No seas infantil…—gritó, viendo que desaparecía y reaparecía en un lugar X de la casa— Aparécete y enfréntate al alcohol, ¡huuuuu! —ironizó, riendo.
Recibió un alargado "no" como respuesta desde un lugar no tan alejado de la casa. Dean suspiró en derrota y sacó otro frasco, saliendo del baño, dejando la puerta cerrada.
Le encontró tras el sofá, mirándolo fijamente.
—Bien, bien. No te voy a echar más alcohol, voy a echarte otra cosa, pero ven. No actúes como cobarde, ven—
Castiel de verdad le miraba serio;
—Jamás había visto a un ángel como tú, y he visto tantas cosas raras, Cass…—
Al ver que no quería creerle, le mostró la botellita. Más diminuta y de otro color. Suspiró y se acerco a él, tomando su brazo y esparciendo un líquido oscuro. Después, un pedazo de algodón y una venda rodeando su brazo.
— ¿Qué diría Gabriel si te viera así? —
—Se reiría, por supuesto—susurró.
Se acercó y tomó su rostro; se sonrieron y el ángel dejó sus labios sobre los del cazador, que rodeó la cintura del ángel con sus brazos, para luego subir por su pecho en una caricia y dejarlos tras su cuello. De a poco, se dejó empujar, quedando de espaldas sobre el sofá, aún sin soltarse de Castiel, que se aferraba más a su cintura y profundizaba el contacto de sus labios, dejando que ambos bailaran al contacto con el otro. Al separarlos, los rozó tiernamente y se acurrucó al lado de Dean, suspirando y rodeando su cintura, sintiendo el brazo del cazador cubrir su espalda y acariciarle tiernamente.
—Estaba pensando… ¿qué tal si "celebramos" lo que tenemos y vamos a comer algo? —
—Sabes que yo no como—
—Tenía pensando hamburguesas y cerveza—
—Vamos—
[… ]
Era uno de esos días malos para Dean en la construcción. En los que apenas llegaba a casa se dejaba caer sobre el sofá, exhausto y aburrido de su rutina, cerrando los ojos. Luego, se sentía tomar en brazos por Castiel, quien le llevaba a su cuarto. A veces, por las escaleras, otras veces, por el vuelo rápido. Le dejaba caer en su cama, entre las sábanas. Bastante adormilado, Dean sentía que le quitaban la ropa al mismo tiempo que le tocaban, aunque técnicamente, dormido como estaba, no le interesaba mucho aquel contacto. Luego le cubrían con la ropa de cama. Sólo para darse cuenta que le habían puesto un pantalón de polar gris.
— ¿Quieres comer algo o prefieres dormirte ahora?—preguntaba el ángel.
Las respuestas variaban según Dean. Si quería comer, Castiel le tenía ya algo preparado y en algunos segundos estaba sentado en la cama, con una mesita en su regazo y Castiel a su lado, con un plato de algo bastante comestible en sus manos, sobre un pañuelo. Que si bien Castiel no sabía cocinar, leía el instructivo al reverso del paquete. Y si bien, no quedaba necesariamente parecido al dibujo en el paquete, ¡estaba hecho por las manos de un ángel! De todos modos, a Dean —y a cualquiera que lo probara—le parecía un platillo delicioso.
Si elegía la opción 2, "dormir ahora", Castiel se recostaba a su lado, cubriéndole, acariciándole e incitándole al sueño, hasta que se dormía. Luego, se pone de pie y recorre la casa, echando sal en las entradas, activando la alarma, mirando por la ventana a ver su alrededor, y activando su "alarma personal angelical". Y tiene tres opciones. Dormirse de inmediato al lado de su humano preferido, sentarse o ubicarse cerca de él a admirar lo tierno que se ve cuando duerme, o no dormir y verlo toda la noche o hacer otra cosa.
Así que, habiendo sido un día pesado, Dean entró y se dejó caer sobre el sofá—Había día en los que no salía por un buen rato del Impala—, esperando que Castiel se acercara a él y le mimara como de costumbre, pero ésta vez, se arrodilló a su lado, haciendo trepar sus manos por su pecho, besándole tiernamente. Tampoco estaba taaan cansado como para negarse a una noche de sexo con un ángel (¡Dios!); había que aprovechar, y le gustaba cuando el ángel le consentía.
Por otro lado, quería ser él quien llevara, al menos por un tiempo, las riendas de la situación tan apasionada que comenzaba a vivir. No alcanzó a darse cuenta, pero el ángel le azotaba contra su cama, cayendo sobre él a horcajadas, controlando sus piernas con las suyas, sin dejar de besarle ni de acariciarle. Bastante confundido—pero emocionado, y ¿por qué no?, excitado—, Dean se dejó llevar. Al menos por algunos minutos, dejaría el cansancio y el estrés de su trabajo como constructor para entregarse por completo al ángel que le enloquecía en vida, y que seguramente lo haría sobre la cama. Quería de verdad estar atento a todo y recordarlo; después de todo, Castiel sería el primero y único hombre y ángel con el que se acostaría.
Y no sabía si su amante era "inocentemente sensual" o "sensual y travieso adrede".
Aunque se inclinaba mucho por la segunda opción.
— ¿De dónde sacaste esta idea? —
—Un día pensando, verte llegar cansado y sentir que fácilmente podría aprovecharme de ti…—sonrió el ángel.
Dean sólo se sonrió con el comentario y dejó que le besaran y le sedujeran con un arrebato y una apasionada violencia sólo provenientes de un ángel, que jugaba con su cuerpo y le hacía darse cuenta de quién llevaba la situación, por mucho que Dean quisiera negarse. Sentía cómo las manos de Castiel se aferraban a las suyas y comenzaban a quitarle la camisa despiadadamente, acariciando su pecho y subiendo su libido a medida que sus besos profundizaban en su boca, volviéndole loco de placer.
(Nota de la autora: Joder, me costó mucho escribir la siguiente parte ., de verdad, es más difícil de lo que creí que me sería)
Podía oír sus bajos gemidos, que le animaban. Con una sonrisa traviesa, Dean le detuvo, dejando que el ángel le mirara con extrañez.
—Dean, ¿qué…?—
Le empujó y le golpeó contra la cama, quedando a gatas sobre él, quitándole el blazer y desabotonando su camisa de un solo tirón, atrayéndole hasta él por la corbata y besándole, acariciando y revolviendo su cabello, dejándole con una apariencia desordenada y curiosamente excitante. Mordía su labio inferior con ternura; Dean quería hacerlo con ternura, algo especial, y por lo visto, Castiel quería algo salvaje y por eso sus manos se paseaban ávidas y lujuriosas por el pecho del cazador, acomodándole en su regazo, rozando sus labios y la lengua por su cuello, haciendo temblar su espina al sentir las manos del ángel recorriendo la línea en su espalda dejada por la columna. Le acercó a él, casi en un abrazo, y mientras le besaba y acariciaba, le cantaba incitantemente al oído, estremeciéndole. Sentía los besos que le daba, que comenzaba a bajar por su pecho, con una tierna, pero juguetona sonrisa.
—Si vas a querer controlar toda la situación, déjame complacerte un rato—le sonrió Dean. Le empujó levemente sobre la cama, desvistiéndole por completo y acariciándole con un deje de entrega. Comenzó con un afectivo beso en los labios, al mismo tiempo que tomaba su miembro entre sus manos y le masturbaba con tranquilidad. Pronto comenzó a descender, rozando y besando cada centímetro de su piel, guiándose por una línea imaginaria en el centro, hasta rozar con los labios, en un leve jadeo, el interior de sus muslos y recorrer con la lengua el erecto miembro del ángel que se apoyaba con ambos antebrazos en la cama, jadeando y sintiendo el placer expandirse por su cuerpo, gimiendo ante aquella "pecaminosa" sensación. Sus manos se aferraban al cubrecama, revuelto por sus movimientos, recogiéndolo con los cinco dedos. Separó la mano izquierda de la acción anterior y la desvió para acariciar y revolver el cabello del cazador, que le miraba seductoramente y, al mismo tiempo, le regalaba una imagen bastante excitante, enloquecedora y erótica al ángel de ojos azules, que se relamía de satisfacción. Ya bastante excitado por aquel contacto y por aquella imagen, detuvo a Dean y le tomó con violencia, en un arrebato de apasionada ira, y le golpeó contra la cama, dejándose caer sobre él y atrapando sus muñecas contra el colchón.
—Parece que te gustó—sonrió Dean.
—Bastante—jadeó Castiel, abriéndose paso entre sus piernas con las propias, sonriendo bastante triunfal—Pero apuesto a que podría gustarte más a ti—
Comenzó en un vaivén casi tortuoso para el cazador, que trataba de zafarse—sin éxito— y abrazarse al ángel, pero el movimiento se había vuelto en un apasionante roce entre suspiros y gemidos, simulando penetrarle. Para Dean las sensaciones eran más alucinantes, aunque se volvieron más interesantes al sentir al ángel penetrando en su cuerpo, provocando sus gemidos y el que se aferrara al cubrecama, intentando contener el cuerpo que parecía pensar por sí solo, pero aún intentando alcanzar al ángel y abrazarle, sólo para poder susurrar a su oído que lo hiciera más rápido o más rápido o más fuerte. Con la respiración bastante agitada, Castiel dejó que Dean se divirtiera un rato con él, aunque dejaba de embestirle cuando veía que ya lo empezaba a disfrutar. El rostro de súplica del cazador de aspecto duro era lo único que le convencía de volver a penetrarle y satisfacerle. Casi agotado y suficientemente excitado, ambos alcanzaron una sensación de éxtasis, en un gemido particularmente alto de parte del humano, sintiendo que le apresaban contra la cama. Sólo después de haber descargado en él, Castiel le abandonó para dejarle caer a su lado, respirando agitado.
—Bien… —jadeó Dean, mirándole fijamente— ¿Satisfecho? —
Castiel sólo se sonrió y le acurrucó entre sus brazos.
—Bastante—
…
Cuando Dean abrió los ojos a la mañana siguiente, vio a Castiel dándole la espalda, cubierto con su gabardina y con las colchas hasta la cintura. Sonrió, se acomodó un poco y se abrazó a su cintura, apoyándose en su espalda.
— ¿Cómo pasaste la noche, Cass? ¿Durmió bien mi angelito? —
—Bastantee… aunque sigo algo adolorido de anoche—
Ya su comportamiento le extrañó. Aquella desgraciada voz… aquella voz que le daba jaqueca de sólo escucharla. Cuando el ángel se volteó, no era su ángel. Era Gabriel.
—Aunque tu cama es bastante cómoda—
En un ataque de pánico… o algo así… Dean se sobresaltó y se alejó de la cama, quedando arrodillado en el suelo y mirando por sobre el colchón.
— ¿Tú qué haces aquí? ¿Dónde está Cass? ¿Y por qué estás usando su chaqueta? —
—Una… Castiel tenía algo que hacer y me pidió que viniera a cuidarte, porque te quiere mucho, mucho—se rió, burlón—Segundo… está en el Paraíso. Asuntos Celestiales, nunca entenderías. Y tercero… quería que te la entregara a ti. Ten—
Se la quitó y se la lanzó a Dean, quien cubrió su completa desnudez con ella.
— ¿Cuánto llevas en mi cama? —
Gabriel miró el reloj.
—Unas 6 horas. Tienes buen cuerpo, por cierto—
Dean tardó en procesar.
— ¡Sal de mi cama! —
Gabriel sólo se rió y desapareció de la cama; Dean sólo miró el lugar con molestia y se acercó a mirar por la ventana.
Jejjeejeje. Bueno, espero que les haya gustado mucho. Ésta es la primera de algunas entregas que tendrán cositas así, jajaja. Bueno… no se olviden de postear… no se olviden de leer… y sigan viendo Supernatural :D
