Hola!! Muchas gracias por los reviews a todas, de verdad. Este cap me quedó un poco largo, y el título no me acaba de convencer porque creo que no engloba todo lo que ocurre pero no sabía cómo llamar a la segunda parte si decidía ponerlo en dos capítulos. Espero que os guste, sé que puede arecer un poco largo y pesado pero quiero que comprendais cómo se siente Bella todas las implicaciones que vienen implícitas en el 21 de septiembre.

Espero que os guste, un saludo!!


Equinocio

- ¿Qué has dicho Edward?- ¿el 21 de septiembre? ¡Tendría ya 19 años! Imposible.- negué con la cabeza.

- Alice ha tenido una visión en la que nos veía casándonos ese día.

Se quedó callado un momento, pensando. De repente abrió los ojos como si hubiese caído en la cuenta de algo y murmuró para sí unas palabras: "equinocio de otoño". No lo comprendí ¿qué pintaba el equinocio de otoño en todo esto? No entendía nada en absoluto.

- Sólo será posponerlo unas semanas amor.

Me quedé callada, mirando a Edward. No entendía nada.

- Pero ¿por qué? ¿Por qué el 21 de septiembre? ¿No podría ser el 11 o 12 de agosto?- supliqué.- Edward, ¿por qué ese día? ¿qué tiene de especial? Alice- me giré para verla.- ¿qué has visto Alice?- rogué.- ¿es algo malo?

Alice dirigió a su hermano una mirada significativa pero él negó con la cabeza y dijo algo así como:

- No digas más que lo imprescindible.

- Verás Bella no te puedo decir mucho todavía porque aún no está todo claro pero sí te diré que os vi a Edward y a tí casándoos el 21 de septiembre.

- Pero Alice, ¿no podría ser algo errónea tu visión?- dije. Ella se quedó callada y sus ojos se oscurecieron. Había ido demasiado lejos.- Quiero decir, que ya sabes que tus visiones no son del todo exactas y no siempre se cumplen. ¿no podría ser esta vez igual? ¿No podría ser que nuestra boda pudiera ser cualquier otro día que no fuese el 10 de agosto; quizás- sugerí- antes de mi cumpleaños?

- No- negó con la cabeza.- Vuestra boda se tiene que celebrar el 21 de septiembre, eso lo vi claramente.

- Pero... - me negaba a aceptarlo.

- Bella.- Alice me interrumpió.- Si no os casais ese día es muy probable que todo lo demás que he visto no suceda.

Edward le lanzó una mirada que no me pasó desapercibida. Al parecer su hermana había ido mucho más lejos de lo que él desearía.

- ¿Qué cosas?- mi curiosidad, se había despertado. Iba a saber que era lo que Alice había visto, lo que había hecho que Edward estuviese dividido entre la alegría y el ¿miedo?- ¿Qué más has visto Alice?

- Nada, Bella cariño.- Edward adoptó un tono neutro, su cuerpo estaba tenso, alerta ¿qué era lo que me ocultaban?

- ¿Qué pasa Edward? No puede ser nada malo, ¿no?- le miré. ¿Era eso? ¿Había visto algo terrible en nuestro futuro? "No", negué con la cabeza, "porque entonces no habría estado de acuerdo con su hermana. ¿entonces?," sentí que la cabeza me daba vueltas. No entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando.

- Bella, aún no sabemos con exactitud qué es lo que Alice ha visto. Hay demasiadas cosas borrosas.- Edward me habló suavemente otra vez. Si lo que quería era desconcertarme lo estaba consiguiendo.- Quizá- se giró para ver a su hermana-, deberíamos hablar con Carlisle. Él debe saber qué significado tienen el eclipse y el equinocio en todo esto.

- ¿Qué? Edward, ¿de qué estás hablando?- otra vez el maldito equinocio, y ahora además aparecía un eclipse.- ¿qué tiene que ver el casarnos con el equinocio de otoño? ¡quiero una explicación!- exigí.- Alice,- la miré a los ojos, suplicante- por favor, dime ¿qué has visto?, ¿por qué tengo que casarme el 21 de septiembre?, ¿qué pintan el eclipse y el equinocio?

- No es nada Bella,- Edward intentó tranquilizarme pero era imposible. Ni Jasper hubiera podido calmar la rabia y la ira que estaban brotando de mi pecho.- Son solo pensamientos nuestros.

- ¿Pensamientos que tienen que ver conmigo? ¿pensamientos sobre el porqué del retraso de nuestra boda?- repliqué harta, quería respuestas y las quería ya.

- Bella, tranquilizate, no son cosas importantes, no es nada por lo que debas preocuparte amor.

- Pues yo creo que sí. Además si no es nada para preocuparme ¿porqué teneis que hablar con Carlisle?- repliqué.

- Bella, te estás poniendo muy pesada.- me dijo cansado.

- ¿Pesada?¿Pesada?- mi voz tenía un volumen demasiado elevado para ser normal-. ¡Edward me estás diciendo que tu hermana ha tenido una visión en la que estamos casándonos, que esa boda sucede después de mi cumpleaños y un equinocio y un eclipse muy extraños y yo soy la que se pone pesada por querer saber qué pasa!

- Entiéndelo Bella,- Edward me suplicaba. Intentaba hacerme razonar.- Confía en mí. Nos casaremos, no te preocupes. Sólo confía en mí.- Me pidió.

Confiar. El problema no era que yo no confiase en Edward, el problema era que sentía que Edward no confiaba en mí. ¿Por qué no quería decirme que era lo que Alice había visto? Si había una buena razón, una razón de peso estaba dispuesta a retrasar mi boda todo lo que ellos quisieran. Al fin y al cabo la primera visión de Alice me había hecho replantearme la necesidad de casarme tan urgentemente. Si Edward y yo no íbamos a poder estar juntos por casarnos cuando no debíamos no me casaría hasta que no fuera seguro para nuestro futuro. Miré al vampiro que tenía delante de mí, con sus ojos color oro líquido que conseguían que hiciera todo lo que él me pidiese, habíamos superado ya tantas cosas para poder estar juntos. No me parecía justo que el destino nos hiciese esto. Me senté en el sillón y me cogí las rodillas con los brazos. Necesitaba respirar, me faltaba el aire. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? Yo sólo quería estar con Edward. Él era todo lo que necesitaba y haría lo que él me dijese. ¿Por qué no me decía qué había visto Alice? Tenía que ser algo muy malo sino me lo quería decir. "No"me dije "si fuera algo malo Edward habría gritado, se habría enfadado con Alice, se habría negado a celebrar la boda ese día, confía en él Bella, sabes que no te dejará." Pero...

- Yo sólo quiero saber qué pasa-. Susurré, la voz apenas me salía.- ¿Porqué hay que retrasar la boda, porqué todo es tan difícil para nosotros?

Sentí como me caían las lágrimas. Intenté limpiármelas rápidamente para que Edward no lo supiese. Pero era demasiado tarde. Edward había visto mis lágrimas y su rostro se había descompuesto al verme llorar. Se acercó a mí y me abrazó. Intenté resistirme pero no pude. Puso su mano sobre mi cabellos, intentando protegerme.

- No llores. Por favor Bella no llores.- Me suplicó.- Todo se arreglará. No te preocupes.- Me acunó entre sus brazos.

Continué llorando un buen rato hasta que no me quedaron lágrimas. Al final ya no sabía por qué lloraba, sólo sentía que había una opresión en mi pecho como si fuese a pasar algo muy pronto y no sabía si sería bueno o malo. Quería quitarme ese peso y llorar era la única forma que tenía para desahogarme, sentía que al igual que las lágrimas mis problemas fluían y se iban de mi cuerpo, salían.

Edward seguía abrazándome, me había cogido en brazos y ahora estábamos los dos en el sillón No me había dado cuenta de que Alice se había ido, seguramente quería darnos algo de intimidad. Me puse roja, no quería que Alice me viese así, no quería que los Cullen pensasen que era como un bebé que lloraba por todo.

- ¿Qué tal estás?- me susurró mi vampiro favorito al oído.- ¿Te encuentras mejor?- su voz sonaba preocupada.

Me avergoncé aún más. Edward no tenía la culpa de lo que Alice había visto ni de lo que nos pasaba. Nadie tenía la culpa. Ése era nuestro sino, que nada nos saliera bien.

- Edward, siento haberme portado así- me disculpé.

Ahora veía las cosas más claras. Seguía sin comprender por qué teníamos que retrasar la boda pero al menos sabía que debía haber una razón que ni siquiera Alice y Edward comprendían del todo y que por eso no me lo habían dicho. Pero también sabía que no me iba a quedar sin saberlo, si ellos iban a hablar con Carlisle yo también quería estar presente, al fin y al cabo tenía todo el derecho a hacerlo. Me enderecé para mirarle mejor.

- Tengo algo que decirte.

Su rostro se tensó y sus ojos se oscurecieron.

- ¿Qué pasa amor?- lo dijo con una voz triste, como si se esperase lo peor.

- Edward, quiero ir con Alice y contigo a hablar con Carlisle.- dije.- Si tengo que retrasar mi boda y Carlisle puede ser la única persona que me de una razón lógica para hacerlo quiero hablar con él. Tengo derecho.- Agregué.

Al parecer Edward no se esperaba eso porque sus ojos volvieron a recuperar su tono dorado y su cara se relajó.

- Entonces- habló despacio,- ¿no vas a anular la boda? ¿no vas a dejarme?- No pude evitar sorprenderme, ¿cómo podía pensar que yo querría dejarle? ¡YO que había hecho miles de locuras en el pasado con tal de oír su voz! ¡Yo que había ido al corazón mismo de los infiernos a salvarle de hacer una locura! Quise reírme pero no lo hice, no era el momento de reírse.

- No, Edward no voy a anular la boda- dije con determinación pero con ternura también.- Quiero respuestas y cuando las tenga decidiré si la boda se celebra el 21 de septiembre o el 10 de agosto. ¿Entendido?- formulé esa pregunta, no como tal sino como una orden.

- Entendido.

- ¿Si?- pregunté temerosa, el que hubiera accedido tan rápido a complacerme me había dejado descolocada.- ¿De verdad podré saber qué ha visto Alice?

- Si- aseguró.- Tienes derecho a saber porqué tu boda se va a retrasar, y comprendo que necesitas saber ciertas cosas.

- Gracias- dije y luego agregue- ¿podemos ir ahora?- me puse de pié- ¿espera, qué hora es?- no sabía cuanto tiempo llevaba en casa de Edward ni si Charlie estaría ya en casa.

- Es casi la hora de que charlie regrese de la comisaría, estaría bien llegar antes que él a casa- Me dijo Edward, tenía razón, a pesar de que nos íbamos a casar Charlie aún seguía con el toque de queda que ahora se traducía en tener que estar en casa cuando él llegara.- Además Carlisle tiene turno en el hospital esta noche, ¿podrás esperar hasta mañana para hablar con él?- su tono de voz me indicó que iría a buscarle en seguida si yo se lo pidiese. Mi pobre Edward, se sentía culpable por algo de lo que no tenía la culpa.

- No, no es necesario molestarle- dije. No quería parecer ansiosa ni que Edward pensase que no confiaba en él, que necesitaba pruebas de su amor.- Ya vendré mañana. Ahora creo que es hora de que me lleves a casa.

- Como desees- Edward esbozó una tímida sonrisa, se levantó elegantemente del sillón, me cogió de la mano y abrió la puerta de su dormitorio.

Salimos al pasillo cogidos de la mano. Su fina y elegante mano apretaba la mía con fuerza peor con suavidad a la vez. Empezamos a caminar por el corredor cuando me detuve.

- ¡Espera!- le dije; estábamos a punto de bajar las escaleras.- ¡No me he despedido de Alice! - quería disculparme con ella por la forma en la me había comportado en el cuarto de Edward.

- No tienes por qué disculparte- Alice se materializó delante de mí. Sonreía-, aunque puedes hacerlo si quieres.- Agregó traviesa.

- ¡Alice!- exclamé. Me había asustado.- ¡Perdóname! Siento haberme comportado como lo hice. No fui justa, perdóname por favor.

- No pasa nada Bella, estás en todo tu derecho de querer saber porqué se va a retrasar tu boda.- dijo Alice.

- Pero no tenía que haberme comportado así- proseguí.- No tenía que haberme dejado llevar por mis emociones.

- Bella, eres humana- me recordó Alice tranquilamente, seguía sonriendo-, tus sentimientos te mueven y eso no es malo. No te preocupes. Por cierto- miró a Edward- deberíais daros prisa, va a llover en unos minutos.

- Ok, gracias Alice. Vamos Bella.- Edward tiró de mi brazo y empezamos a bajar las escaleras.

- ¡Adiós Alice!- grité cuando salimos. Me pareció que ella me respondía pero no pude oírla.

Llegamos a casa de Charlie cuando empezaba a llover. Mi padre aún no había llegado lo que era bueno, no me apetecía escuchar un sermón paterno-filial esta noche.

Edward abrió la puerta de la entrada y me siguió hasta la cocina. Permanecíamos en silencio, desde que habíamos salido de la casa de los Cullen ni Edward ni yo habíamos abierto la boca. Sentía que debía romper el hielo, no quería que Edward pensase que estaba enfadada, pero no se me ocurría qué podría decir. Sin poder evitarlo pensé en Emmet y en su facilidad para hacer bromas, seguro que él sabría como aflojar la tensión de una situación así. Como una autómata abrí el frigorífico y cogí los filetes que tenía preparado hacer para la cena. Edward ya había puesto la sartén al fuego.

Empecé a sazonar la carne cuando me dí cuenta de que Edward me estaba mirando. Lo que hizo que me detuviera no fue que me mirase, al fin y al cabo lo hacía todos los días; le hacia gracia verme preparar "tierra" como él llamaba a la comida. No, lo que me llamó la atención fue que sus ojos, siempre amables y tiernos se veían ahora tapados por un velo de culpabilidad, pesar. No pude evitar que mi corazón se encogiera. Un ángel no debería sentir tanta pena y tanto dolor. Mi cara debió delatarme porque Edward relajó su postura de una forma demasiado teatral e intentó sonreír. Se acercó a mí.

- Bella- me susurró.- ¿Algo va mal?

- Tus ojos- dije despacio.- están tapados, ¿por qué Edward?, ¿qué te pasa?

- Ha sido un día demasiado largo- fue lo único que salió de sus labios. Su voz acompañaba a sus ojos y no a la falsa sonrisa que había creado para no preocuparme. Si ha sido un día demasiado largo pensé, para todos.

- No voy a anular la boda- dije adivinando sus pensamientos y por extensión su pesar.- Nunca voy a dejarte.

- Sabes que lo entendería...- su voz me desgarró por dentro. ¡Era tan derrotista, tan pesimista!

- ¡Edward!- le abracé y levanté mi cabeza para mirar sus ojos, quería que supiera que estaba ahí, que no me iba a ir- Quiero ser tuya, ser tu esposa PARA SIEMPRE y nada podrá cambiar eso. Por favor- supliqué- no sigas con esos pensamientos tan tristes, no son buenos.

- Es solo que...- su voz parecía algo más esperanzada pero todavía era reacio a ilusionarse para que luego la decepción no fuese mayor- aún no acabó de creerme que no decidas un día despertarte de todo esta pesadilla y decidas huir de mí.

- Pues créelo porque NUNCA te dejaré, esto no es una pesadilla para mí y si lo es es la mejor pesadilla que he tenido en mi vida- sonreí-. Además ¿sobre qué apostarían Emmet y Jasper si te dejara?- intenté cambiar de tema para animarle, me parecía que por un día ya habíamos tenido bastante pesar.

Mis palabras surgieron efecto porque Edward se rió.

- La verdad es que sería algo interesante de ver, porque hace años que no veía a Emmet y Jasper tan entretenidos con algo durante más de dos semanas.- Sus ojos recuperaron su brillo natural. Acercó sus labios a los míos.- Te quiero.- me susurró.

- Yo también te quiero- respondí instantes antes de que nuestras bocas se fundieran en un beso.

Cerré los ojos cuando mi corazón se emocionó y empezó a saltar dentro de mi pecho, creo que nunca podría dejar que Edward me besase sin tener un paro cardiaco. Coloqué mis brazos sobre sus hombros y despacio seguí besándolo, no quería que el beso acabase nunca por eso no me dejaba llevar por los deseos que tenía. Edward puso una de sus manos en mis caderas mientras que la otra se situó en mi espalda. Sentirle provocó que mi cuerpo se electrificara. Entonces un desagradable olor llegó hasta mi nariz. ¡El aceite se estaba quemando!

- ¡Edward, Edward!- chillé y corrí hacia el fuego. El humo llegaba casi hasta el techo. - ¡Abre las ventanas, corre!

Edward corrió hacia las ventanas de la cocina a una velocidad demasiado elevada para un humano. El humo llenaba toda la estancia pero al menos no había fuego. Cogí un periódico y empecé a moverlo para disipar el humo. No quería que Charlie llegase y se encontrase una humareda en la casa que le impidiese verme.

Mi corazón seguía saltando en mi pecho pero ahora ya no por la atracción que Edward influía en mí, sino por el susto del aceite. Si me hubiese dado cuenta un segundo más tarde, sólo un segundo. No quise ni imaginarlo. Sin poder evitarlo me eché a reír. La risa me liberaba. Al reírme todo lo que había sucedido ese día se iba diluyendo.

Edward me miraba, estupefacto en un principio, temiendo que mi risa fuese a derivar el llanto de un momento a otro. Sin embargo pronto se unió a mi risa. Oírlo reír era como subir al cielo y escuchar un coro celestial. Sus ojos brillaban y estaban claros, transparentes, sin temores ni miedos.

- Adoro ese color en tu piel.- Dijo al cabo de un rato. Mi cara se había puesto roja de tanto reírme.

Se acercó a mí y pasó su dedo índice por mi rostro, rozó mis mejillas encendidas con su fino y frío dedo; bajó su mano hasta mi boca y apretó suavemente mis labios. Mi boca se abrió ligeramente, esperando reunirse con sus labios. El sonrió y acercó su rostro al mío. Podía sentir su embriagador aliento a escasos centímetros de mí. Abrí más la boca y cerré los ojos. Sentí cómo sus labios presionaban los míos y cómo mi corazón se volvía aún más loco. Levanté mi brazo derecho para rodear su cuello pero Edward se separó de mí.

- Charlie está llegando a casa.- susurró.- Puedo oírle.

Abrí los ojos decepcionada.

- Sólo un beso más- supliqué- ¡sólo uno!- Se rió.

- No quiero que se queme la casa por estar besándonos-, parecía divertido, como si se estuviese pensando seriamente el probar si sería capar de dejar que se quemara la casa por besarle.

Enfurruñada, como una niña pequeña a la que le quitan su caramelo, me puse a hacer la cena. Oí el coche de Charlie llegando a casa.

- Está aparcando el coche.- me susurró Edward y empezó a poner la mesa.

Instantes después oí la puerta de la entrada y la voz de Charlie.

- ¿Bella? ¿Qué ha pasado? ¡Huele a quemado!- su olfato de polícia le advirtió de que podría haber peligro.

- ¡No te preocupes papá! ¡Está todo bien!- le tranquilicé.

Charlie se acercó a la cocina con cara de preocupación.

- ¿Se ha quemado algo?- registró la cocina en busca de la fuente del problema.- Hola Edward- dijo cuanto se fijó en mi prometido.- Esto, ¿qué tal los recados?

- Hola jefe Swan- Edward fue tan cortés y caballeroso como siempre.

- Todo fue bien papá.- Le contesté.- Ya tenemos el menú de la boda. Siéntate- pedí-, la cena está lista.

- Estupendo porque esta noche hay partido.

La cena fue distendida, Charlie habló casi todo el tiempo, sobre todo con Edward que ultimamente parecía ser un experto en deporte americano. Sin duda era un buen modo para ganarse el favor de Charlie.

- Tan pronto como acabamos de cenar Charlie se fue a ver el partido y Edward se quedó para ayudarme a fregar los platos.

- Puedes ir a ver el partido si quieres.- Le dije socarronamente.

- Creo que hoy Charlie puede esperar un poco- contestó sonriendo.

Me dió un beso fugaz.

- ¡Edward! Ven a ver el partido- llamó Charlie desde el salón.

- Se requiere su presencia caballero.- Dije refiriéndome a Charlie.

- Ven pronto.-me susurró. Y luego elevó la voz.- ¡Ya voy jefe Swan!- se encaminó al salón.

Acabé de fregar y fui al salón. Charlie sólo tenía ojos para el partido que estaban retransmitiendo. De vez en cuando daba un grito e intercambiaba algunas frases con Edward que le respondía siempre lo que mi padre quería oír. Mi prometido tenía la vista fija en la pantalla del televisor pero sus pensamientos sin duda estaban muy alejados de lo que sucedía en el partido. Me senté en el sillón y me recosté en el sillón. Estaba lo suficientemente cerca de él pero a la vez manteníamos los modales delante de mi padre. Era una petición de Edward, no sobrepasar los límites que mi padre había impuesto cuando aceptó mi compromiso con Edward.

Cuando acabó el partido Edward se despidió de mi padre y me dió un beso de buenas noches en la entrada de la calle. Yo subí a cambiarme para reunirme con mi prometido en mi cuarto como todas las noches. Me puse un pijama corto que me había comprado recientemente. Era de algodón fijo, sin mangas y se ajustaba perfectamente a mi cuerpo. Cuando entré en mi dormitorio Edward ya estaba allí, tumbado en mi cama.

- Ven, recuéstate a mi lado- Me dijo sonriendo suavemente cuando entré.

Hice lo que me decía y me acomodé en su pecho. Edward me arropó con una manta para que no me cogiese frío. Sin poder evitarlo bostecé.

- Será mejor que te duermas amor, ha sido una noche muy larga y mañana va a ser un día duro.

Intenté quejarme pero lo cierto era que tenía razón. Notaba mi voz pastosa y pesada y todo el cansancio del día que luchaba conmigo. Al final no pude hacer otra cosa más que asentir. Cerré los ojos y me dejé llevar mientras me tarareaba mi nana al oído.