¡Perdón a todos por la demora! QAQ Las cosas de la universidad y un pequeño bloqueo creativo no me dejaron escribir este capítulo en paz. Pero aquí está ;w; tardío, pero bien salido del horno, esperando que les guste~ Gracias por tomarse su tiempo de leer, y también por los reviews, favs y follows, ¡Significan mucho para mí! ;w;~ En fin, disfruten de la lectura y las nuevas interrogantes de esta pequeña gran historia~ nvn7
Hetalia y sus personajes no me pertenecen. Toda la awesomeness es culpa de Hidekazu Himaruya.
El helicóptero estaba ahí, esperando, pero él, piloto de esa aeronave, estaba ahora mismo haciendo una llamada telefónica por el celular. De aspecto soñador, grandes ojos de color oliva, piel aceitunada y cabellos rizados y cobrizos se mantenía al lado del aparato en el que partiría a su misión, desde la base del Riksbank. Las palabras que intercambiaba entre risillas adorables y más cosas parecían ser una especie de amuleto de suerte que le animaba. Una vez cortada la comunicación —no sin antes dejar un sonoro beso por el auricular—, se detuvo a esperar por las órdenes de su capitán, que en cualquier momento subiría a la azotea en la que se encontraba. La identificación que llevaba en el bolsillo de la camisa rezaba el nombre de Antonio Fernández Carriedo, delatando su origen español.
—Fernández. —Dijo de pronto la voz que el muchacho esperaba escuchar y él, presto, hizo un gesto militar con la mano, pero no con la marcialidad que implicaría el caso, si no, con una sonrisa agradable— ¿Tienes todo listo?
—Sí, señor~ —Rió el muchacho, carente del aspecto serio y profesional de varios de sus compañeros, entre ellos aquella suiza que seguía en la escena del crimen probando armamento tanto propio como el de su escuadrón. No era que el capitán fuera el tipo más serio de Suecia, pero lucía más… heroico, de alguna forma. Él era más como una pieza colorida en medio de un ambiente oscuro y misterioso— Solo espero que me dé alguna indicación extra antes de partir y me retiraré cuánto antes.
—Sí, no son muchas. Entrégales el pedido a los delincuentes. Si es posible que te fijes en su apariencia, hazlo. Cualquier cosa, cualquier indicio, lo que sea. Vas a llevar una grabadora contigo para saber si tienen algún requerimiento más, pero sobre todo, para que podamos poner a Bonnefoy a trabajar en las investigaciones. Esa grabadora anda en una de las cajuelas de herramientas del helicóptero, ya sabes. Por el momento, notamos que han bloqueado varias cosas tecnológicas en el lugar que implican internet, telefonía, radares o bluetooth, pero el modelo de grabadora que usarás, será el de una antigua casetera. Dudo mucho que ellos puedan percibirla, es realmente un plan que nadie podría verse venir, pero necesitaba saber si es que tenías conocimiento de cómo…
El silbido de Antonio, antes de su pequeña carcajada, dejó perplejo y levemente irritado al estadounidense— Ah, capitán Jones~ ¿Cómo es que puede pasaros por la cabeza que no sé cómo usar una grabadora? De hecho, la he usado por mucho tiempo ya que mi familia era pobre y no podíamos conseguirnos un reproductor de CD~ —Incluso comunicándose en inglés con su interlocutor, las letras que denominaban al disco compacto las dijo en perfecto español, haciendo que Alfred forzara más su sonrisa.
—Como sea, Fernández, necesitamos información y tú vas a ser nuestros ojos. Sería arriesgado enviarte con una cámara también. Ciertamente desconozco algún modelo antiguo que sea fácil de ocultar, pero con la grabadora bastará. Puedes partir ahora mismo, si demoramos más, es probable que hagan alguna locura con los rehenes. No sabemos aún la identidad de todos ellos pero parece que por lo menos uno de ellos tiene que ver con el cuerpo policial, por alguna razón. Necesitamos ganar tiempo para que, sea quien sea el infiltrado, pueda comunicarse con nosotros.
—No os preocupéis, capitán. —Sonrió el joven, por primera vez de modo genuino a aquel hombre tan opuesto y tan idéntico a él que estaba al frente— Tengo todo bajo control~
Alfred asintió con la cabeza y notó como aquel muchacho trepaba el helicóptero y empezaba las acciones de rutina antes de despegar hacia la azotea de aquel banco. El viento le revolvió el cabello e hizo que su uniforme bailara a su torrentoso ritmo, pero eso no le inmutó. Solo miraba al horizonte, esperando que aquel joven aviador viniera con buenas noticias.
Pero el ruido de su móvil le hizo cortar aquel aire heroico y silencioso que tenía. El capitán Jones solo suspiró al ver de quién era aquel número y se apuró a responder, porque el hecho de que esa persona llamara, significaba que habían noticias, grandes noticias…
—¡Sacrebleu, capitaine!, ¿Por qué demora tanto en responder? —Aquella elegante y masculina voz al otro lado del auricular, parecía estresada.
—Bonnefoy, qué agradable sorpresa. ¿Te ha informado ya Kirkland sobre el caso que estamos llevando ahora? —Alfred no mudó mucho la expresión, pero sin querer esbozó una sonrisa. Uno de sus placeres de la vida era ver a ese muchacho en estado de histeria porque… sus maldiciones en francés eran algo que le provocaba demasiada gracia.
La pomposa e indignada voz desde el otro lado, volvió a responder— Me he enterado de este caso casi al mismo tiempo que ustedes en el cuerpo policial, y no de la mejor manera. –El acento francés en aquella pronunciación era evidente en la pequeña deficiencia que tenía para pronunciar las erres, pero aun así, hacerlas sonar elegantes.
—Y si sabías, ¿Por qué no te pusiste en contacto con nosotros, antes? —Cuestionó Alfred, aun mirando hacia el horizonte, en el que el atardecer empezaba a pintarse lentamente— No es típico de ti demorar tanto para dar información a la base. ¿Has tenido algún inconveniente?
—Los dos tenemos un inconveniente, capitaine. —Le dijo bruscamente aquella voz. Desde el otro lado, en un cuarto lleno de computadoras, una figura solitaria bebía un poco de vino mientras tecleaba rápidamente unos códigos en una pantalla. La fotografía de él al lado de una jovencita de aspecto no muy llamativo reposaba en un marco muy bonito al lado de la mesa— ¿Sabe quién está ahí dentro de ese banco?
—¿Ya te enteraste de cuál de los miembros del cuerpo policial está dentro? —Interrogó Alfred, con un tono de confusión en la voz. Lo primero que le vino a la mente era, por supuesto, que la única persona conocida de ellos en el banco sería un miembro del cuerpo policial infiltrado, cómo ya venían suponiendo los investigadores— Porque si es así…
—Dieu, non. Non. De nuevo has vuelto a olvidarla, ¿Verdad? —Alfred hizo un esfuerzo por entender a lo que el francés se refería, pero entonces, para cuando se dio cuenta y la sangre casi se le congeló, solo tuvo la capacidad de palidecer súbitamente, sudar frío y coger un poco más fuerte el teléfono.
—N-no me digas que…
—En efecto, capitaine. Mon cherie Madaleine está ahí dentro. Y me temo que probablemente más gente relacionada a nosotros haya tenido la misma misteriosa suerte. —El francés sonaba bastante decepcionado y enojado, pero se controlaba, claro.— Estoy investigando junto a mi escuadrón algunas cosas. Muy probablemente no sea solo casualidad. ¿Qué es lo que les estás mandando en ese helicóptero que maneja Antoine?
Alfred no preguntó cómo era que él sabía eso. Era uno de los mejores investigadores y detectives de la policía en ese momento, por eso, obviamente, no se le escaparían algunas cosas. Pero los temas de llamadas sí eran bastante controlados en ese lugar, mientras no se forzara su intervención— Graved Laks, agua mineral y chocolates.
—Es inusual, pero lo apuntaré. Supongo que es comida para los rehenes… Dudo que mate a alguien, pero el estado de Madeleine me preocupa. —El capitán asintió, mientras el detective seguía tecleando, acomodándose mejor los audífonos por los cuales realizaba la llamada— No me gustan las cosas complicadas, pero investigaré a las familias de varios miembros de la policía para poder hacer nuevas suposiciones.
—De acuerdo… —Y se frenó de llamarle por el apellido, por ese momento— François, cuento contigo. Contamos contigo. Investiga primero a la familia de Alice. Me da la impresión de que su familia australiana iba a venir de viaje…
—Bien capitaine Alfred, cambio y fuera.
En el banco de la plaza de Norrmalmstorg, por otro lado, la gente estaba desconcertada por la llegada repentina de aquel helicóptero. ¿Acaso sería la comida que pidieron los hampones? El lugar se había convertido en un hervidero de murmullos, mientras uno de los ladrones se había enmascarado. Berwald se veía mucho más amenazante con esa mascarilla negra cubriéndole el rostro. Lo único visible eran sus ojos azules, y en todo caso, enfundados por sus gafas, parecía una especie de maníaco. Mathias solo se mantenía sonriendo, mientras le daba palmaditas en el hombro a su hermano y miraba a la gente.
—No te preocupes Berwald~ Yo me encargo de ellos, tú solo ve a traer nuestro encargo y a pedirles el siguiente~
El joven más alto asintió mientras se dirigía a las escaleras para subir, ya que habían limitado mucho la energía del lugar y cualquier movimiento innecesario podría hacer explotar el edificio. Una vez arriba, luego de haber hecho el ejercicio de subir piso a piso a paso suave, pudo notar que el piloto del helicóptero no había bajado del mismo y entonces sintió cierta tensión. Avanzó tranquilamente, haciendo notorio aquel dispositivo en su pecho, una especie de bomba dormida a la que no había que desafiar con armas de fuego.
El piloto bajó entonces, con una sonrisa amigable, intentando ver lo más posible al ladrón, pero no podía percibir nada raro, más que unos ojos aparentemente amenazantes bajo aquella tela negra ceñida al rostro que funcionaba como máscara ninja. No podía ver ni sus facciones, ni su expresión.
—He traído lo que han pedido~ Soy Antonio Fernández. –Saludó el policía, bobamente— Mucho gusto~
No hubo respuesta del otro lado, solo un silencio tenso y seco, que parecía que se hubiera dejado al sol de Egipto por una semana entera. Cuando el hombre empezó a acercarse al raro piloto, le extendió un papel. Antonio lo leyó con toda la calma que podía, ya que por dentro sentía una tensión que rayaba en el miedo a esa persona —cosa extraña en él, que se caracterizaba por ser un chico bastante despistado y práctico—.
"Gracias por la puntualidad. La segunda cosa que pediremos es, que nos traigan los archivos originales del caso Inoa, a la hora del desayuno, junto a comida para veintiún personas."
—¿Caso Inoa? —Preguntó el español en voz alta, dirigiendo nuevamente la mirada hacia el muchacho, porque no entendía a lo que se refería.— No entiendo de qué viene… —Pero la intensa mirada tras esas gafas le hizo tragar saliva y asentir con la cabeza.—De acuerdo, de acuerdo. Caso Inoa. Veré como hablar ello con mis jefes. Puedo quedarme con el papelito, ¿No? —La figura negó con la cabeza, mientras estiraba la mano.
Estaba claro de que no querían dejar ni una sola pista de su identidad, tanto en su voz, como en su apariencia o sobre todo, algún objeto que haya estado en contacto con él o su cómplice. El piloto solo suspiró hondo, joder, todo era problemático, necesitaba pistas pero ellos parecen haber previsto cualquier movimiento de la policía.
—¿Me permites leerlo una vez más antes de dártelo? —El enmascarado ni asintió ni negó, y Antonio aprovechó para releer de nuevo esas palabras, intentando memorizarlas. Pero a mitad de su tercera repetición interna, la gran mano le arrebató el papel para arrugarlo y guardarlo en su bolsillo— B-bien, ahora te traeré lo que pediste.
El piloto se demoró un momento en ir hasta el helicóptero y bajar el trío de paquetes que contenían todo el pedido de aquellos inusuales ladrones. El primero, y más pesado, era el de las botellas de agua mineral. El segundo contenía las barras de chocolate y el tercero, el Graved Laks. Cuando le dio las cosas al sueco, quiso hacerle alguna pregunta, pero solo pudo observar cómo se alejaba y cómo aquella luz parpadeaba aún desde el collarín que iba conectado a algún dispositivo en su pecho. Alcanzó a ver en la lejanía que al lado de las escaleras había un dispositivo similar.
Mierda, la cosa era peor de lo que se imaginaba. Desconocía de su la unidad anti explosivos ya estaba enterada de que el edificio fácilmente podría ser destrozado con una acción kamikaze de cualquiera de los ladrones, o con el sacrificio de un rehén. Sobándose las sienes, se repitió de nuevo las palabras leídas, mientras subía hacia aquella aeronave.
¿Qué diablos era el caso Inoa y porqué querían esos ladrones esa información? De todos modos, le pareció haber oído antes eso, pero no sabía de dónde… aunque pronto lo descubriría.
Los murmullos en el primer piso del banco seguían presentes, mientras Mathias los observaba a todos, sin participar de ninguna conversación. A veces, solo le gustaba mirarlos a todos. Por un momento cruzó su mirada con la de Liv, que también estaba en silencio y solo oyendo, y a pesar de cómo era de agria esa muchacha, le pareció bonita. Se sonrojó y sonrió como un idiota mientras seguía viendo cómo los grupitos de gente se habían formado. Aino, por su parte, se había hecho muy amiga de Felicia, la chica italiana que había llegado ahí con su primo. También habían conocido a Madeleine, una joven canadiense que estaba por su noveno mes de embarazo y que estaba muy preocupada por la salud de su bebé y la reacción de su esposo cuando se enterase de que estaba ahí encerrada. A la conversación de ellas también se había unido una chica polaca llamada Felka, que le había regalado un pañuelito rosa de su bolso a la chica canadiense, diciéndole que esperaba que su bebe fuera una linda niña —por mucho que la chica de gafas se haya esforzado en decirle que esperaba un niño—. Una joven china, también hablaba con ellas de cuando en cuando, halagando los bonitos pañuelos de Felka y el buen gusto que tenían todas para vestirse y lo jóvenes que lucían de esa forma.
De otro extremo, una chica japonesa solo les miraba callada, sin decir muchas cosas. No se sabía si desconocía el idioma o simplemente prefería mantenerse callada para no meterse en problemas. En una situación similar, se encontraba una rubia de amenazante apariencia, que miraba su móvil apagado, intentando no perder la fe en que su hermano ya estaría haciendo algo para sacarla de ahí. Más allá de ella, un par de hombres rubios y fornidos intercambiaban palabras en alemán, uno que tenía un peinado muy bien cuidado, hacia atrás y otro, que tenía el cabello erizado hacia arriba. Parecían muy serios y estar enterados de lo que ocurría, aunque tenían un aire de querer proteger a los demás, pero sin caer en el nerviosismo. Parecían entrenados para situaciones de ese tipo.
El primo de Felicia, Gavino, andaba que intercambiaba palabras también con otros muchachos, entre ellos un lituano de aspecto nervioso, un surcoreano que parecía estúpidamente animado a pesar de lo mal que pintaba la situación y un estonio que estaba en medio de un horrible síndrome de abstinencia de tecnología. Un chico de cabello castaño estaba durmiendo, sin parecer importarle demasiadas cosas, al lado de un rumano que mantenía la calma, pero también cierto silencio, ya que el silencio era algo a lo que estaba acostumbrado, aunque el rumor de las voces femeninas tampoco era desagradable, mientras no discutieran. Y en una esquina, un joven alto y de principesca apariencia estaba cuidando de un par de púberes de cejas prominentes y de aire hiperactivo. Ambos ya estaban durmiendo, que ante el susto, él les dijo que mejor era dormir. Solo esperaba que su hermano mayor, un terrateniente australiano, no estuviera demasiado paranoico con el destino de ellos. Una cosa era vivir en un país donde podía vivir hasta la mascota de satanás, y otra muy distinta es estar en un banco a la merced de dos lunáticos con cerebro criminal de terrorista.
Los pasos de Berwald acercándose por las escaleras y el pasillo hicieron que los murmullos se detuvieran lentamente. Mathias, por su parte, sonrió, mientras se apuraba a ayudarle con la caja superior.
—Yay~ ¡Llegó la comida~! Estaba muriendo de hambre~ ¿Hay alguien que quiera ir al baño antes de comer~?
Madeleine levantó la mano y el chico asintió con la cabeza, mientras se acercaba a ella y tomaba despacio su mano- Ve con alguien para que te ayude~ Recuerden que si intentan hacer algo, explotarán en varios pedacitos y no queremos que tu bebecito explote antes de nacer, ¿Verdad? —La canadiense tembló lentamente, mientras Felka se ponía de pie para ir con ella.
—Como que, o sea, te acompaño~ —Madeleine solo sonrió levemente, mientras esperaba a la chica para ir, siguiendo las indicaciones de una puerta que indicaba donde estaban los servicios higiénicos para los trabajadores.
Aino dio un hondo suspiro, mirando como Berwald se deshacía de aquella máscara, volviendo a mostrar su rostro. Ah, ciertamente se veía bien, por mucho que le costase admitir aún. Se había sonrojado levemente, mirando como el joven se colocaba de nuevo las gafas e intentaba no marearse mucho por el cambio de medida en su visión. La mirada de él encontró a la suya, pero ese contacto no duró demasiado, ya que ella desvió los ojos en un acto de pura timidez.
—Entonces, ¿Alguien ha adivinado mi acertijo? ¿Alguien llegó a saber qué era eso que está en el pasado y que con su presencia y ausencia es capaz de herir un corazón?
—C-creo saber qué es… -Aino misma se sorprendió de oír su propia voz alzándose despacito entre las de los demás.
—Oh~ ¿Qué es, entonces? —Preguntó el danés, con una sonrisa que, de no ser por las circunstancias en las que estaban, se interpretaría como realmente amigable.
—Son… los recuerdos. —Dijo la chica, mirándose las manos, mientras todos la escuchaban, ya que como su timbre de voz había bajado progresivamente por la vergüenza, les costaba entender a los que estaban un poquito más lejos— L-los recuerdos, ya que tanto si faltan, como si están… a v-veces duelen.
Mathias miró a Berwald que aún sostenía las cajas de agua mineral y chocolates.
—Sí, en efecto. —Asintió el sueco, con una pequeñísima sonrisa dedicada hacia esa joven finesa— Son los recuerdos.
Terminado~~ Espero poder tenerles pronto el siguiente capi. Recuerden que aunque demore, eventualmente vendré, la uni anda dura, llevar nueve materias no está siendo fácil para mí, pero hago lo que puedo. ¡Un abrazo a todos! nvn/ Y Si pueden déjense un review para saber cómo lo estoy haciendo ;D
Pd: Jueguen un poco adivinando a los personajes de dudosa procedencia xD~~ Solo diré que todo anda muy cantado como para que sea un misterio~~.
Editando para añadir nuestro estúpido y sensual glosario nvn/
Sacrebleu [Francés]: Maldición.
Capitaine [Francés]: Obviamente, capitán.
Dieu [Francés]: Dios.
Non [Francés]: No.
Mon cherie [Francés]: Mi querida.
Antoine [Francés]: Variante francesa de Antonio.
