¡Ilusión de Ave Fénix!
Capítulo 3:
Inesperado
Shunrei se sentó a lado de Shiryu en la sala de espera, mientras lo miraba con ternura y le extendía un vaso de café que había ido a comprar a la cafetería. Lo cierto es que el pobre dragón, ante la desaparición de Seiya, la inconsciencia de Ikki, y al igual que el Pegaso, no tener idea de donde estaba Hyoga, tuvo que velar por sus amigos toda la noche y a la mañana siguiente estaba que se caía del sueño. El peli negro tenía un poco marcadas las ojeras por debajo de las órbitas de sus ojos.
- Sí quieres puedes dormir, yo cuidaré de los dem... – Ofreció Shunrei, y antes de que terminara de pronunciar la oración, el dragón ya había caído rendido al sueño. Ella sonrío con su dulzura característica y lo acomodó en unas cuantas bancas para que estuviera recostado por completo.
Suspiró y comenzó a recorrer por el pasillo, las habitaciones donde estaban sus amigos 'hospedados' por el momento, hasta que se recuperaran. Primero miró que en una habitación estaban Saga y Kanon durmiendo pacíficamente; por la anestesia, ya que al saberse que se iban a quedar juntos, a pesar de estar lastimados intentaron asesinarse. Y en la siguiente se hallaba Aioros despierto contando un cuento, mientras Aioria estaba recostado en su cama.
- Aioros ya no soy un bebé. – Reclamó el León.
- Aioria, ambos sabemos, tanto tú como yo, que lo estas disfrutando. Además no tienes nada más que hacer. – Ante esto el Arquero se levantó de la silla en la que estaba sentado, que se hallaba a un lado de la cama de Aioria; y le acomodó la almohada a su hermanito. El león sonrío pillo.
- De acuerdo… ¿Qué sucedió con el campesino que no aceptó casarse con la princesa?
Ante esto Aioros sonrío y se sentó de nuevo, a proseguir con la historia. La verdad Sagitario disfrutaba mucho esos momentos, momentos que en un pasado no tuvo oportunidad de vivir. Y en otra cama en esa misma habitación se hallaba Aldebarán, quién dormía plácidamente.
Shunrei siguió su camino, en la siguiente habitación se encontraban Afrodita, Shura y Máscara de Muerte.
- ¡Me hicieron un raspón en mi rostro!- Se quejó Afrodita, sentado en su cama, cruzando los brazos molesto. Aunque notando obviamente que tenía vendas en la cabeza, piernas y brazos.
- Relájate tonto, no se va a acabar el mundo por ello. – Respondió Máscara, mientras le lanzaba una de sus tantas almohadas y se acomodaba de lado, mientras se cobijaba con la sábana. – Ahora, déjame dormir.
- No puedo creerlo. –Suspiró Afrodita, mientras se soplaba un flequillo de la frente.
Mientras que Shura leía tranquilamente en libro del siglo de oro.
La chinita siguió su camino, y en la próxima habitación se encontraba Shaka, sedado en la camilla, y Mu durmiendo tranquilamente. Milo y Camus estaban en otras dos camas, quienes platicaban entretenidamente.
- Entonces llegué y no pudo resistirse ante mis pies. – Terminó Milo con su clásica sonrisa de galán.
- Claro "Anciano"- Ante esto, el hielito no pudo evitar carcajear y Milo se sonrosó a más no poder.
- ¡Hey bájale! No fue mi decisión – Se opuso.
- Pero interpretaste bien tu papel. Ten fe en eso. – Afirmó Camus, como si se tratara de un consejo sabio, y ante esto echo a reír de nuevo.
Shunrei sonrío al verlo así y recuperarse pronto. Estaba por irse, pero escucho un sonido intermitente del monitor que estaba conectado hacía Shaka. De inmediato se preocupó, pensado que este había tenido un paro cardiaco o algo por el estilo. Pero de pronto, lo escuchó musitar entre sueños.
- Maldito… eres un maldito… por tu culpa… ¡Por tu culpa sin vergüenza! Te mataré… lo juro por mi padre que no es Buda… me las pagarás… ¡Me las pagarás! – De pronto Shaka abre los ojos e inmediatamente gritó:- ¡Ikki malvado! ¡Invocación de Espíritus! – Y ante esto, una liberación de cosmos hizo que se le cayera el techo encima. Junto a un escritorio que estaba en el piso de arriba. Los médicos llegaron de inmediato, pensando que al santo de Virgo ya se le habían roto por lo menos las piernas, los brazos, la espalda, el coxis y un sin número de huesos, por el choque, pero este creó un campo de fuerza, inconscientemente, porque aún seguía dormido. O como él solía decir "meditando…"
- Traigan de nuevo 10 dosis de morfina. – Sentenció el médico, al notar para su desgracia que el santo de la Virgen se le estaban perdiendo los estribos nuevamente. Suspiró cansando, observando como los enfermeros le intentaban aplicar la primera dosis. Claro que para este trabajo, hasta Camus y Milo tuvieron que ayudar a pesar de estar lastimados aún. Shunrei observó la escena estupefacta.
- Dígame señorita. – Interrumpió el médico quien se dirigió a ella -. ¿Usted no sabe por qué los jóvenes caballeros llegaron en esta situación al hospital?
- La verdad es que no lo sé muy bien. – Afirmó ella, mientras caminaba a su lado por el pasillo.
- Es meramente extraño que jóvenes con un calibre como el de los caballeros hayan terminado en situación como esta. – Acotó el doctor.
- Lo sé, también para mí lo es. No estuve presente cuando sucedió. – Después terminaron en la habitación donde se hallaba Shun. Ahí, Seiya se encontraba junto a Kiki, quienes parecían estar absortos a una libreta.
- ¡Seiya! ¡Con que aquí estas! Shiryu te estuvo buscando toda la tarde de ayer. – Exclamó la chinita adentrándose a la habitación.
- ¿En donde se había metido jovencito? – interrogó el doctor, pero tanto como el Pegaso, con el aprendiz de Aries seguían absortos a esa página de la libreta.
- ¿Seiya? – Preguntó Shunrei.
- Cuatro más seis son diez, más cinco son quince. Siete y tres son diez más cinco son quince. Ocho y dos son diez más cuatro son catorce… ¡Oh, rayos! – Exclamó Seiya molesto.
- ¿Sucede algo? – Cuestionó al médico al verlo así.
- ¡No comprendo, no se puede! – Gritó Seiya.
- Y eso que apenas es el primer problema. – Suspiró Kiki mientras se llevaba los brazos por detrás de la nuca.
- ¿Qué están haciendo? – Consultó Shunrei, mientras Kiki le extendía la libreta.
- Estamos resolviendo la tarea que mi maestro Mu me dejó hace una semana. – Respondió el aprendiz de Aries -. Quiero que cuando despierte vea que soy un niño inteligente.
- O más bien, hacer menos severo el castigo que te dará. – Respondió Seiya sonriendo y Kiki lo miró molesto.
- ¿Y la señorita Saori? – Cuestionó el doctor.
- Pues, se fue al santuario. – Respondió Seiya como si nada.
- ¿Se siente bien?
- Claro. ¿Por qué no he de estarlo?
- Bueno, yo decía por la escena de la señorita Saori y usted…- Mencionó el doctor rascándose la nariz.
- ¡Ah! eso, ya lo arreglamos. - Contestó sin darle importancia -. Le dije que la perdonaba si me traía algunas cosas del santuario. Al ver que nos vamos a quedar aquí unos cuantos días más…
- Seiya, ya traje los videos que me pediste. – Dijo Saori quien venía entrando a la habitación.
- ¡Genial! - Exclamó Seiya. – Pon el que dice "Momentos estúpidos de Ikki" en la video por favor Saori.
- Claro.
- ¿Momentos estúpidos de Ikki? – Interrogó confundida Shunrei.
- Así es, como ayer me canse de contarles la historia, decidí mejor mostrárselas en video.
- ¡¿En video?!- preguntó el doctor hastiado -. ¡Ósea que todo el tiempo contaste con los hechos grabados, y me hiciste perder mí tiempo para nada!
- No, pero es que, le pedí de favor a Jabú que los editara y los juntara todos en uno mismo para no estar cambiando de disco a cada rato. – Respondió el santo de Pegaso con desdén.
- Ya lo puse.
- Bien, pásame el control remoto. – Cuando el pegaso obtiene dicho objeto entre sus manos le pone play al video, y comienza a adelantarle hasta que nota que ya se paso y le pone play.
La escena que se detuvo, comenzó a reproducirse y se nos muestra a un santo dorado de Virgo, con los hermosos ojos azul celeste, en lo que parecen ser… ¿Bóxers con el estampado de "Fénix"? Esbozando una boba sonrisa al notar a una chica semidesnuda en la estancia de Virgo. Mientras que Ikki persigue a Hyoga, y los sigue Shun intentando evitar una catástrofe. Después una ligera explosión que apenas es captada por la cámara, mientras una nube de tierra y fuego se levanta. La chica desconocida mira con miedo la escena, y de inmediato corre con Shaka, y se abraza a él, quien no hace más que sonreír como baboso.
El doctor al ver a la chica y al igual – o peor – que el santo de Virgo, comienza a sonreír y a babear ante dicha chica de buenas "atribuciones" como dijo. Ante esto, Shunrei le da una cachetada en el rostro.
- ¡Descarado sin vergüenza! – Exclama del completo indignada.
Y en la escena sigue Mu, quien llega al momento y abre los ojos con estupefacción ante tal escena.
- ¡Kiki, te dije que no hicieras eso! – Grita el santo de Aries, quien corre con el pequeño y sale de escena. La chica mira a Shaka, y este ni se inmutó.
- ¿No piensas ayudarlos? – Interrogó ella.
- Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad…- Responde apenas audible y con las mejillas un poco sonrosadas.
- ¿No harás nada? ¡¿Qué mal amigo eres?! – Exclama ella indignada -. Ninguna mujer se fijaría en alguien como tú.
- El odio no disminuye con el odio. El odio… disminuye con el amoor... – Responde Shaka, quien voltea a verla, su sonrisa se ensancha de oreja a oreja, cierra los ojos y cae al suelo inconsciente. La chica lo mira desconcertada. Pero entonces nota que este no esta inconsciente.
- ¡Vuelen mariposas! ¡Vueleeeen!
- ¿Cuáles mariposas? – Interroga ella, quien lo mira desconcertada. - ¿En qué rayos estas pensando o qué te pasa por esa cabeza?
- Los buenos pensamientos, producen buenos actos. ¡Amén! – Responde con la misma sonrisa.
- ¿Qué sucede aquí? Este lugar esta de locos…- Afirma por lo bajo la chica, volviendo la mirada a la parte del meollo.
- ¡Dudad de todo! ¡Encontrad tu propia luz! – Exclama Shaka, quien seguían en el suelo, mirando hacia arriba. -¡Qué bonito cielo! Y por cierto… ¿Dónde está el techo? ¡Oh, este paisaje es magistral! – Afirmó, como si el hecho de que no hubiera techo en su templo no le importara.
Y de pronto se escucha otra voz en el santuario gritar enormemente:
- ¡MIS DUUUULCEEEES!
- Ops, creo que me pase. – Exclama Seiya quien le atrasa a la escena.
- ¡Oiga! ¡¿Por qué le quita?! – Interroga el médico quien sale de su enajenamiento.
- ¿Pues que no quería saber qué pasó? Me adelante mucho.
Entonces detiene la escena en una donde está la casa de Leo. El Fénix entra al baño, cantando. Con una toalla secándose el cabello. La cámara no logra captar mucho desde el pasillo, pero graba claramente en el momento en el que Ikki grita: - ¡¿QUE RAYOS LE PASO A MI CABELLOOOO?!
Y ante eso, una explosión de cosmos que hace que se rompan unas tuberías en el baño, agua mezclada con fuego e Ikki saliendo con el rostro y cabello por completo chamuscado y unos ojos tan abiertos como platos.
Pause.
- ¿Por qué la detienes? – Pregunta Saori.
- Podría eh... ¿disculparme? Tengo que ir al baño.
- ¡Otra vez!- Exclama el médico que casi se arranca los cabellos.
- No tardaré, se lo juro en esta ocasión por aquella que es mi odiosa. ¡Digo! Mi diosa.
Continuará…
