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Rita Blair suspiró, frotándose los ojos, retirando los anteojos de marco dorado que los cubrían. Vamos a ver, repensó, estudiando el expediente.
Ningún Jaeger había sido, literalmente, disuelto por los kaiju, antes, en ningún ataque. En cambio, Otachi había terminado con Cherno Alpha y buena parte del downtown de Hong Kong se había tenido que bañar con un neutralizador especial, dado que no se trataba del mismo kaiju blue de siempre.
Es decir, se trataba de una fórmula que, extrañamente, se encontraba entre los arsenales primerizos de los mismos Jaeger, cuando el equipo de K-Science todavía no sabía bien a bien con qué armas atacarlos.
Hum.
Revisó el segundo folder; la espalda de Leatherback contenía un relevador eléctrico del tamaño de cuatro tanques de guerra, el que había disparado el PEM que desconectara a Striker Eureka y al LOCCENT…pero no a Hong Kong, lo que también implicaba dos cosas, limitación del área y desconocimiento de su alcance.
Y, casi con miedo, confirmó lo que sospechaba; también había un arma de PEM(bastante rudimentaria, por cierto. En los primeros días de la guerra, los humanos habrían hecho ésta a los kaiju con piedras, de haber sido necesario).
Ambas armas habían sido diseñadas en Anchorage, por el mismo equipo científico; Hermann Gottlieb y Newton Geiszler.
Rita ordenó cuidadosamente los papeles y dispuso la videollamada; las cosas ya no eran las mismas del tiempo de la guerra ni tampoco estaban férreamente controladas dentro de los ideales del Mariscal Pentecost.
El Mariscal Hansen no era menos honesto, pero sin una amenaza de guerra enfrente, no tenía el mismo poder y los viejos dueños del planeta, los amos del dinero, representados por el coronel Barlowe, Lars Gottlieb y sus esbirros, volvían a levantar cabeza de playa, una más siniestra que un kaiju de categoría 5.
Claro que una denuncia de traición sonaba risible, pero ella era abogada y fiscal y no le habría gustado estar en la defensa de aquel par.
Suponiendo, claro está, que pudiera acusarlos de algo. Ellos iban a alegar coincidencia y, sin embargo, Rita no podía dejar de pensar que se trataba de una demasiado desafortunada coincidencia. Newton había estado trabajando en el arma de amoníaco hacía tan sólo unas semanas antes de su Enlace con el cerebelo de Karloff y el bebé de Otachi.
Y Hermann había calculado el tamaño preciso de un relevador capaz de generar un pulso que detuviera a los kaiju, en caso de que el mecanismo que los movía fuera eléctrico.
Los dos habían hecho enlace mental con los aliens y con toda seguridad, queriendo o no, les habían dado los datos para destruír los jaegers, pero eso ¿Los convertía en asesinos de Cherno Alpha y los Kaidanovsky? ¿Los hacía culpables de la desconexión de Striker Eureka y del LOCCENT completo, en un momento crucial de la batalla?
Y, más interesante todavía, pensó la abogada, ahora resultaba que los héroes que habían salvado a la humanidad con su ciencia, se volvían sospechosos de ¿De qué? ¿Acaso estaban cooperando secretamente con el enemigo, creando una especie de paz falsa, para que la humanidad se confiase y fuera mucho más fácil de dominar, cuando tuviera la guardia baja?
Era un hecho conocido del público la separación entre Lars y su hijo, Hermann. Y más aún, todo el mundo sabía que Lars era uno de los principales accionistas del dichoso Muro; el fin de la guerra había dañado seriamente las fuentes de su riqueza personal.
De paso, había otro accionista (de los cuatro que pagaban su sueldo de fiscal) que le daba por lo menos escalofríos; Li Fang, quien se hacía pasar por CEO de la hotelería en Hong Kong, pero que en realidad, representaba la mano larga de Hannibal Chau.
Se estremeció, contra el frío del aire bostoniano; tendría que viajar todavía varias horas hasta Nueva York y las carreteras seguían en construcción. El mundo estaba libre de otro ataque kaiju, pero no de los problemas de siempre y el huracán Ruperto había sido una copia duplicada del Sandy de 2012 y se había llevado una buena parte de la costa norte, lo que obligaba a la abogada a dejar su auto y olvidarse de los aviones –aún acaparados por la milicia, en eso de transportar medicamentos y alimentos, el mundo se recuperaba paso a paso, como una anciana con artritis.
Eso parezco yo, pensó. Tecleó unos cuantos comandos y el rostro al frente le hizo perder parte de sus temores
—Mira nada más quien habla. Rita Galliano.
La fiscal sonrió frente al rostro moreno y de ojos azules.
—Creo que es Blair, desde que me casé hace un mes, Vanessa ¿Cómo te encuentras?
-0-
Hermann sintió la proximidad de su propio clímax, el latir en su próstata, excitada por los dedos de Vanessa y los labios íntimos de ella, frotándose contra la parte trasera de su muslo. Al frente, hundido el pene de Hermann entre sus nalgas, Newton gemía despacio, besándolo, lamiendo sus labios, intentando alcanzar la boca de ella por encima del hombro de Hermann, moviéndose frenéticamente entre los tres, intentando llegar a la cúspide del orgasmo y deteniéndose, prolongando la sensación y frenando el placer propio, en un enredo delicioso de cuerpos, sexos y saliva.
Vanessa añadió un dedo más y los curvó de la forma precisa, cubiertos de lubricante, haciéndolos entrar y salir por la abertura anal, tan suave y caliente; Hermann se giró a besarla y Newton aprovechó para morderle el cuello, mientras giraba la cadera, atrapando al matemático en cada giro; éste bajó una de sus manos y comenzó a masturbar al biólogo.
No fue simultáneo, pero sí secuencial; primero Hermann y luego, Vanessa y Newt.
Y luego, silencio entre los besos y la semioscuridad y el cansancio.
Los minutos pasaron largos hasta volverse la mitad de una hora y el frío los hizo moverse.
Un nudo incómodo, húmedo y caliente, que lograba completarlos; eso eran ahora sobre la enorme cama. Hermann se quedó inconsciente, mientras su esposa se deslizaba tras él y con la ayuda de un Newton no menos atarantado, lo acomodaron y limpiaron y cubrieron.
—Duerme, Newt…
El aludido asintió, sonriendo con los ojos cerrados, el rostro hundido en el pecho de Hermann, profundamente relajado y dormido. Vanessa se enderezó sobre la cama, se puso la gruesa bata de felpa, y acercándose a la ventana, encendió un Lucky Strike.
Inhaló el humo, despacio, soltándolo después, dejando que aclarase su mente ¿Para qué le había llamado Rita? Sí, eran amigas desde mucho antes que Vanessa subiera a las pasarelas o perdiera la pierna. Pero sus preguntas sobre su esposo y Newton… ¿A dónde estaba tratando de llegar? Miró sus notas de náhuatl sobre el escritorio.
Ciertamente, los muchachos podían comunicarse con una parte de la Mente Colmenaria pero ¿Por qué Ella los había buscado? ¿Era un residuo del Enlace Neural, del Drift mismo con los kaiju, con los Precursores? ¿Era un engaño? ¿Podía ser incluso un autoengaño?
Tanto Hermann como Newton se limitaban a concentrarse y caer en una especie de trance. Newton había dibujado la presencia y Vanessa reconocía la figura semihumana de un kaiju.
Pero ella no había hablado con La Presencia. Los muchachos se referían a la aparición como 'Ella' y ambos parecían sentirse sorprendidos y atraídos por el afecto que Ella les demostraba. Claro que Vanessa confiaba en el instinto científico de ambos pero al mismo tiempo, esa comunicación ¿No era una especie de traición? Las preguntas de Rita la retrotraían a esa conclusión.
Las manos en la cintura y el beso en su hombro la distrajeron y el cigarrillo, consumido y casi sin fumar, se le cayó al piso
—¿Qué te preocupa, Liebling?
Era Hermann, tan cariñoso como siempre. Ella sonrió, dejándose abrazar.
—¿Cómo está Newt?
—Roncando.
Ella se volvió hacia él; el beso fue suave y superficial, y el abrazo, completo. Hermann estaba enteramente desnudo y Vanessa, advirtiéndolo, abrió su bata y lo envolvió en ella.
—¿No tienes frío?
—Ya no. Pero dime, ¿Qué estabas pensando?
Ella negó con la cabeza, sonriendo. Hermann la besó de nuevo y le guiñó un ojo.
—Si puedes quedarte despierta, significa que no hemos hecho bien nuestro trabajo…
Vanessa rió, bajito y Hermann la volvió a besar.
—Vamos, preciosa. Dime qué te inquieta…
—¿Recuerdas a Rita?
Hermann negó con la cabeza.
—No es importante
—Debe serlo, si puede quitarte el sueño ¿Cuál Rita?
—Una antigua amiga. Sobrevivió a la guerra y se casó.
—¿Y en qué radica su importancia?
—Me llamó ayer, por la mañana. Me preguntó por ti y por Newt. Ella es abogada; al principio, pensé que quería una entrevista con ustedes o algo así. Pero luego cortó la comunicación, como si tuviera prisa y… no me laten las cosas.
Hermann miró a su esposa y elevó una ceja, al mismo tiempo que sonreía.
Los stalkers, mirones y morbosos tenían sus modos de acoso y a veces, llegaban de las formas más inesperadas. El hecho de que Newton se hubiera ido a vivir con el matrimonio Gottlieb daba lugar a muchos chismes malintencionados y no faltaba quien quisiera averiguar qué diablos pasaba tras las paredes de su casa y/o en la habitación principal de ésta.
—Eso no es algo nuevo, querida. Tampoco suele preocuparte la opinión ajena.
Ella le pellizcó el trasero y Hermann saltó.
—¡Por supuesto que no me importa! Fueron sus preguntas.
—¿Qué te dijo? ¿Qué pudo decirte para preocuparte tanto?
Vanessa soltó a Hermman y se curzó de brazos
—En principio, me preguntó por el ataque a Cherno Alpha. Y por tu documentación sobre el arma PEM, que nunca llegaron a utilizar.
—Eso está publicado en los Anales del PPDC.
—Fue lo que le dije. Le sugerí, de paso, que solicitara una entrevista contigo, vía Boston y su respuesta fue 'no me la darían, de todas formas'.
—¿Qué diablos?
—Precisamente. Si está interesada en tu trabajo teórico, ¿Por qué el decano habría de negarle una entrevista contigo o con Newton? Y ¿Qué caso hay en llamarme?
Hermann se despertó completamente. Tal vez no era paranoia de parte de su esposa.
—¿Cuál es el nombre completo de Rita?
—Galliano.
—Ese apellido no me dice nada.
—Bueno, lo cambió recientemente. Ahora es Blair. Tengo entendido que se casó.
Un recuerdo saltó en la mente de Hermann; el de su padre, rodeado el escritorio por varios hombres vestidos con trajes grisis, corbatas grises y camisas grises. Los abogados de Lars Gottlieb.
Hum.
Jim Blair, quien estaba a cargo de 'limpiar la arena del muro' o dicho más claramente, de borrar la firma de su padre de cada uno de los embarques de concreto armado que se habían utilizado para la creación del dichoso Muro. ¿Sería el mismo? Suspiró. De todas formas, las 2 de la madrugada no eran buena hora para averiguarlo.
—Ven a la cama, querida—besó el cuello de su esposa—hay que aprovechar que Newton está dormido y callado… ya pensaremos en lo de Rita después, si?
Y dejándose convencer, Vanessa terminó por perderse en vuenta en las mantas y el calor entre Newt y Hermann.
