+Los jóvenes Titanes no me pertenecen.

Aquí está el cuarto capítulo:

Cadenas.

Capitulo: IV.

El reflejo del atardecer es el reflejo del miedo y del dolor.

Raven caminaba tratando de mantener distancia del joven castaño, pero la multitud que caminaba aquel día en el centro de Jump City la empujaba hacia él. Quizás, si la suerte estaba de su lado, se encontraría con alguno de sus compañeros, y pediría ayuda. Nunca había gustado la ayuda de los demás, ni siquiera de gente que consideraba su familia, no le gustaba que la compadecieran, que la miraran con lastima, que la trataran como una damisela en peligro, ella podía sola, siempre ha podido sola. Ella era poderosa. Pero no había otra opción, sentirse claustrofóbica en un lugar tan amplio, tan solo por estar cerca de una persona, le hacía sentirse vulnerable, nunca había tenido tanto miedo de una persona que ni siquiera la miraba.

En otra situación ella sería la que lo hiciera temblar, solo con la mirada.

O quizás solo con ignorarlo.

Metió sus manos en los bolsillos del pantalón con estampado militar, le quedaban grandes, y abombados por haberlos metido dentro de unas botas que parecían ser tremendamente amplios para ella, porque, efectivamente, lo eran. Porque eran de él.

Entraron a una tienda, y Raven miro a su alrededor, todo estaba dividido en secciones. Había mucha gente en la de "Tecnología", justo en la que ellos entraron. La maga lo seguía cabizbaja y sumisa. Se sentía idiota. Vagaron por toda la tienda y Jasón término comprando un televisor mucho más grande que el que necesitaba. Luego de que un encargado de la tienda escribiera el modelo del aparato y la dirección a la que debía ser entregado cambiaron de sección. Ahora estaban en la de moda, más específico, en el de mujer. Él la miro fugazmente, eligió un par de vestidos y de zapatos al azar y camino hasta la caja registradora.

—¿Son para ella, señor?—pregunto el cajero, el joven solo se limitó a asentir—, muy buena elección, de seguro le quedaran bien. Déjeme decirle que tiene una muy hermosa novia.

Raven se sorprendió ante tal afirmación. ¿Acaso aquel tipo era idiota?, ¿Por qué mierda no la reconocía? ¿Veía gente con ojos y cabellos morados todos los días? Entonces giro sobre sus talones, observo con incredulidad el reflejo en el espejo. Una muchacha delgada y pálida, metida en ropajes amplios, con el cabello completamente negro, y ojos azules brillantes. Era su reflejo, aunque esos no eran sus colores. Pero de cierta forma si lo eran. Y se fijó en aquel mechón blanco a un lado de su rostro. Escucho la tarjeta de crédito pasar por la ranura, un amable "Gracias por su compra", y luego ser arrastrada de la manos nuevamente hacia la calle. Fue aplastada por la multitud y luego subida a un auto de lujo tal cual muñeca de trapo. Le vasto todo un recorrido para darse cuenta que también había un mechón blanco decorando el fleco del odiado joven.

Mientras estaba aprisionada en el auto el tiempo parecía ir lento, muy lento. El auto estaba quieto, la ciudad retrocedía, grandes ansias de arrojarse por la puerta le bajaron a la maga. Lo intento, pero el sonido del seguro del auto junto a un "No pienso ir arrastrando un cadáver", la detuvieron.

Jasón la miro de reojo. Le preocupaba las acciones suicidas que pudiera cometer la chica. Él sabía que la cadena que lo unía no se cortaría fácilmente, necesitaba tiempo para conocer su situación y encontrar una solución, tiempo para que el resto de los héroes de la ciudad, y del país en general, dieran como muerta a su compañera de labores, definitivamente. Le preocupaba que ella llamara demasiado la atención. Y no de los vecinos, su casa estaba en un sector alejado de la ciudad y de otras viviendas en general, el problema es que no podría salir a hacer sus trabajos durante un tiempo indefinido, y también al comprar víveres debería ser sumamente prevenido. Lo bueno es que el color de sus cabellos y ojos habian cambiado, no diría nada, que ella se diera cuenta sola.

El ladrón estaciono el auto, mientras la puerta del garaje bajaba automáticamente. Saco las bolsas con ropa, mientras tomaba a la maga de la mano y la llevaba a través de la casa.

Raven se quedó sentada en el espacio al borde de la ventana de la sala principal. Con el juego de vestidos y zapatos en el suelo. Abrazo sus piernas, y observo el paisaje. Estaban al pie de una montaña, ninguna casa en kilómetros a la redonda, aunque al final, en el horizonte, podía ver el azul del apacible mar de JumpCity confundirse con el azul del cielo. Tan diferente a la vista de la torre T.

Se escuchaban pasos por el apartamento. El agua de la ducha caer; el televisor encenderse, apagarse; el olor de frituras; el "Bip" del microondas. La Cadena aparecía, desaparecía. La lastimaba. Pero ella no se movía. De vez en cuando cerraba los ojos, aunque no dormía, debía estar alerta, él la podía lastimar.

En sus ojos, ahora azules, se reflejó el atardecer.

[…]

De una manera extraña, la torre T seguía igual. Fue una semana difícil, dolorosa.

Chico Bestia y Cyborg se entretenían con los videojuegos, Starfire cocinaba, y Robin navegaba por internet mientras veía disimuladamente a la extraterrestre. De una manera frívola todo seguía igual. El resto de los titanes ya sabían que el equipo principal se había reducido, hubo una junta en la que se anunció oficialmente que su compañera se había ido, se creó un pequeño altar, se prendieron un par de velas y se dejó el espejo de la maga en medio. La tristeza habitaba en el rostro de cada integrante.

—¡¿Amigos míos, que están haciendo?!—Había intervenido la pelirroja aquel día, alertando a los demás—¿Acaso no saben que nuestra amiga Raven detesta que toquen sus cosas?

Ella se puso de pie, tomo el espejo, y lo llevo a la habitación de su amiga. Causo una conmoción colectiva. Ninguno sabía qué hacer. Se les paso por la mente que la alienígena no comprendía la situación. E incluso Robin trato de explicarle.

—Star,…¿entiendes lo que le sucedió a Raven?—los labios del petirrojo temblaban, mientras el mitad robot y el mutante despedían a los demás.

—¿Lo que sucedió con Red X?...claro querido Robin—ella se puso de pie se acercó al líder del equipo, y beso suavemente su mejilla. Sin saber el porqué, los ojos del muchacho se humedecieron por debajo del antifaz—Hice un postre típico de mi planeta ¿deseas probarlo?

—Star…tu, no…no…—sin poder completar la frase, el líder de los titanes vio el reflejo del atardecer en los ojos de la chica que amaba.

Tan, tan, tan *redoble de tambores*

Pido disculpas por ausentarme tanto tiempo, pero tuve que enfocarme en las pruebas de fin de semestre (las cuales no pase muy bien, insisto en que los profesores no me comprenden). En este capítulo tampoco hubo mucho avance y creo que me enrede un poquito, bueno, para los próximos espero ser un poquito más puntual en todos los aspectos.

Vuelvo a repetir: si no entendieron algo me avisan por un review, y si no, también déjenme un review comentándome que les pareció.

Saludos.

Abrazos y besitos.