Capitulo 4. Las últimas lecciones.

Los demás santos regresaban, eso era seguro, el patriarca había ordenado que los demás santos dorados volvieran al santuario, las armaduras de sagitario y libra ya tenían un dueño y a pesar de que estos no estuvieran presentes, para la primera no había otro aspirante y para la segunda el dueño se negaba a volver al santuario. Acuario y escorpio aun faltaban, del aspirante de la onceava casa no recordaba casi nada, pero del de la octava sabía que su nombre era Milo y durante su infancia se había llevado muy bien con ese niño.

Rogaba a Athena que regresaran como fuertes caballeros dorados, pero más que nada que no lo juzgaran como lo había hecho todo el santuario a excepción de Marin, de ahí en más todos lo odiaban por ser el hermano menor de Aioros de sagitario.

-Hola Aioria – Le saludo la pelirroja sentándose a un lado de él.

-Hola ¿Qué haces aquí Marín? – El pequeño santo miro a la aprendiza de amazona, que se quedaba a un lado de él.

-Ya termine de entrenar y venia a atraerte noticias del caballero de Aries. – La amazona se hizo la desentendida cuando Aioria la miro sorprendido, como una niña como ella sabía informes sobre los caballeros dorados.

-¿Te refieres a Mu, Mu de Aries?-

-Ese mismo, me entere por mi maestra, que el caballero se niega a regresar al santuario. – Contesto la pelirroja ante la mirada insistente del pequeño león, que casi dejo caer su mandíbula al suelo. – Ha mandado una carta informando al patriarca, por lo que será también considerado un traidor por su ausencia junto al maestro de libra.

-Pero Mu. .. –Susurro Aioria sorprendido, pues no tenía idea de porque el pelilila no había regresado al santuario, si cuando se lo llevaron no quería irse de ahí, ¿Por qué ahora se negaba a volver? Solo una palabra cruzaba por su mente y era venganza, tal vez el santo de Aries se negaba regresar por el odio que había posiblemente también acumulado en estos años de ausencia contra Arles.

-Pero tu serás el santo de leo dentro de poco – La niña le miro fijamente y ladeo un poco su cabeza para ver mejor a Aioria.

-Pasado mañana. –

-No debes perder Aioria, estaré en las gradas apoyándote, confió en ti. –La niña se levanto dando un pequeño salto y corrió colina abajo hacia el campamento de las amazonas.

-Sabes que no ganaras. – Aioria se incorporo al escuchar la voz del español a sus espaldas, el santo de capricornio estaba recargado en una columna con los brazos cruzados y los ojos cerrados, tranquilamente. –No podrás ganar Aioria, Giles te dobla la estatura y tal vez en fuerza.

-Tú no sabes nada Shura – Rugió Aioria enfurecido y se acerco al español amenazadoramente. Shura abrió los ojos con tranquilidad justo a tiempo para detener con su mano el puño del castaño que se dirigía contra su rostro.

-Aun eres débil – Shura lo pateo en el estomago y lo arrogo contra unas columnas, las cuales se destruyeron al impacto contra el cuerpo del león, una nube de polvo se levanto, mientras las partículas se dispersaban, el peli verde miraba atento que el griego se levantara. - ¿Qué pasa Aioria, ni siquiera me dejaras probar excalibur en ti? Vamos Aioros solo tuvo con una, yo se que tu puedes con más, que el traidor de tu hermano.

Shura tuvo que esquivar una horda de rayos que se dirigían hacia él con furia, por lo que si no hubiera brincado el ataque de Aioria le hubiera dado de lleno. El castaño salió de la nube de polvo visiblemente molesto, Shura sabía que había hecho enojar Aioria al recordarle a su hermano, pero él tenía un propósito.

-Ya te lo dije – Aioria se limpio la sangre que corría por su labio. – En cuanto leo sea mía te voy a matar Shura.

-Tal vez la debilidad si viene de familia. – Shura miro como Aioria se lanzaba hacia él, primero volvió a detener el puño del león con su mano derecha, pero pronto Aioria le tiro una patada que tuvo que esquivar utilizando su otro brazo, lo empujo para separarse un poco de él, pero fue inútil el castaño volvió a lanzarle un puñetazo a la cara, del que logro librarse girando sobre su propio eje. Aioria ataco con su mano izquierda pero el peli verde volvió a detenerla, luego hizo uso de su otro brazo por lo que tuvo que detenerla con la mano que tenia libre, sosteniendo fuertemente al casi santo de leo por las manos. - ¿Y ahora Aioria? ¿Qué vas a hacer?

-Te golpeare, Shura. – Susurro enfurecido, sus ojos destilaban rabia, era como si fuera el mismísimo Hades quien estuviera frente a él, en lugar de Shura, por unos segundos el español pensó que si lo que estaba haciendo era correcto, pero una pequeña acumulación de energía en las manos del aprendiz lo hizo volver a la realidad.

-Veamos, si él peso corporal o la fuerza de tu oponente es mayor al tuyo ¿Qué harías Aioria? – Shura lo empujo con una patada de nuevo, alejándolo de él, pero para su sorpresa el castaño controlo su caída y esta vez evito impactarse contra el suelo, corrió de nueva hacia él, con el puño en alto, pero esta vez el peli verde solo se hizo a un lado, tomándolo de la muñeca y jalándolo para que golpeara directamente el suelo. –En ese caso Aioria, tienes que usar la fuerza de él, para favorecerte a ti, usas sus habilidades como si fueran tuyas.

-¿Qué diablos estás diciendo? – Bramo enfurecido incorporándose de un salto y esta vez evaluando al español, que estaba frente a él inmutable. - ¿Qué diablos quieres?

-Darte tu última lección. – Shura empuño su mano, por lo que Aioria se preparo para recibir de nueva cuenta el impacto de la fuerza del español, pero este solo lo observaba atentamente. – Pasado mañana Aioria tendrás que estudiar a tu adversario para conocerlo como te conoces a ti mismo.

-¿De qué me serviría eso? – Aioria se exaspero y volvió a correr contra el santo de la cabra que se agacho y golpeo su costado, sacándole todo el aire y arrogándolo por los cielos, estaba a punto de caer, cuando Shura se elevo unos metros y pateo su espalda, haciéndolo impactarse contra un muro el cual se destruyo.

-Tienes que estudiar a tu oponente, si conoces los lugares que descuida al atacar, podrás descubrir sus puntos débiles. –Shura se acerco un poco a él, solo para cerciorarse que estaba bien, porque sabía que a la ultima patada le había dado un poco mas de fuerza de lo normal y pensó que Aioria estaría lastimado. –Mantente calmado cuando pelees y no te distraigas por nada, solo son tu oponente y tu nadie más.

-¿Qué eres mi maestro? – Se burlo Aioria respirando agitadamente en el suelo. Pero lo que el castaño no sabía era que el español, lo estaba entrenando y dándole la última lección para enfrentar a Giles en el coliseo por la armadura de Leo.

-Pasado mañana vas a pelear por leo, espero que mínimo tengas presente lo que te he dicho. – Shura lo miro una vez más, pero fue tan lastimero, porque hacia unos años Aiorios estaba en su lugar y el estaba tirado al igual que Aioria, respirando entrecortadamente.

-Shura te he escuchado a la perfección. – Aioria sonrío con un mohín. – Por ello se que no debo distraerme al pelear, ni tu tampoco. –Shura se dio cuenta tarde de la verdadera intención del castaño, cuando este alzo las piernas y golpeo a las piernas del español, lo que lo hizo perder el equilibrio y caer de espaldas en el suelo frio de mármol. - ¿Por qué haces esto?

-Por Aioros. – Menciono suavemente el peli verde.

Se despertó aun temprano más de lo usual para entrenar, aunque los golpes de Shura le había dado comenzaban a cobrarle factura, conocía algo de las intenciones que había tenido el español para ayudarlo de aquella manera, eso no cambiaba nada entre ellos, el seguía firme en su decisión y sabia que Shura esperaba que entre los dos continuara ese tipo de enemistad, pero aun así le agradecía al peli verde aquel detalle. Al final Shura había dicho por Aioros, sin utilizar la palabra traidor en toda la oración y pudo distinguir que lo dijo como si el santo de sagitario se lo hubiera pedido, nunca había entendido como al español le costaba vanagloriarse por haber asesinado a su amigo y al mismo tiempo sentir como su alma sufría al recordar las emociones de aquella noche.

Corrió con todas sus fuerzas alrededor del santuario, el plazo estaba por llegar a su fin, era su única oportunidad si no lograba vencer a Giles jamás obtendría la armadura dorada de leo y ni siquiera quería pensar en que pasaría después de ello, se negaba a aspirar a otra armadura y jamás se quedaría como guardia en el santuario, no soportaría vivir a la sombra del santuario, quería resaltar, llenarse de orgullo y mirar a los dorados como sus iguales, a los santos de plata y bronce como subalternos, tenía que ganar, a como diera lugar, era la única forma en la que podría obtener su venganza y demostrarles a todos que equivocados estaban al haber dudado de él.

-Buenos días. – Le saludo un joven más alto que él, fácil le doblaba la estatura, robusto, era bronceado de la piel, llevaba el cabello castaño corto y tenía una ceja demasiado poblada, le palmeo la espalda amistosamente, pero le hizo perder todo el aire y casi caerse. -¿Aioria cierto?

-Sí, yo soy Aioria. – Respondió lleno de orgullo, irguiéndose con dificultad pues podría jurar que más de un hueso trono al erguirse completamente. - ¿Quién eres tú?

-¿No me reconoces? Y yo que me moleste por llegar hoy para poderte apoyar mañana, vamos continuemos corriendo. – El joven comenzó a correr, por lo que Aioria le siguió el paso con dificultad, pues sus pasos eran el doble que los que él daba, intento recordar quién diablos era pero por más que intento no pudo. – Soy Aldebaran de Tauro, me apresure a regresar de Brasil, al saber que mañana pelearías por tu armadura, tenía que apoyarte.

-Gracias. – Contesto sinceramente, mientras las imágenes de su infancia volvían lentamente a su mente, hasta que recordó al niño gordito que solía robarse la comida de la cocina con media horda de doncellas detrás de él, rio ante el recuerdo alegremente. - ¿Cómo te fue?

-¿Para qué? ¿Para conseguir la armadura dorada de tauro? – Aioria asistió, por lo que el santo de tauro continúo. – Pues me costó bastante, como a todos. – Soltó una carcajada que Aioria pensó que lo dejaría sordo, compartió su alegría, pues el pelearía mañana por la suya. – Me fue bastante bien.

-Me alegro de ello. - Contesto en un susurro.

- ¿Y cómo fue tu vida en el santuario? Fuiste el único que te quedaste aquí. – Aioria no pudo ocultar la penumbra que cubrió su mente y se vio reflejada en su rostro, el santo de tauro dejo de reír y lo miro unos segundos analizándolo. – Aioria… yo lamento mucho la muerte de Aioros.

-El era un traidor. –

-Pero eso no quita que fuera tu hermano y sufrieras por ello. – Aioria se sorprendió enormemente, él santo de la segunda casa había sido la primera persona después de tantos años de soledad y maltrato que le había dado el pésame por su hermano, Aioria lo miro agradecido, aquel comentario había liberado su alma de una cadena que llevaba años cargando y se convirtió en un objetivo más para llegar a ser el caballero dorado de leo, él deseaba llegar a estar con personas como Aldebarán a pesar de tener que aguantar a Mascara y Afrodita.

-Gracias. – Respondió palmeando el hombro del toro dorado que prorrumpió en una nueva carcajada, Aioria no dudaba que más de un santo o aspirante hubiera despertado, por la forma de reír del santo de tauro.

-¿Haz sabido algo de los demás? –

-Lo único que sé, es que Mu a pesar de ser el caballero dorado de Aries se niega a volver al santuario, respecto a Shura, Mascara y Afrodita han mejorado mucho sus técnicas, deberías de habértelos topado, ellos están aquí en el santuario. – Contesto deteniéndose pues a pesar de su buena condición el correr a todo lo que daba, mas el ir hablando había ocasionado que el aire en sus pulmones se acabara.

-Me tope con Afrodita y Mascara, pero ellos me pasaron de largo. – Respondió el santo tomándose la barbilla. – Y Shura se ha vuelto muy serio, casi no habla, además no recordaba lo pálido que era, haya en Brasil, mira si uno agarra color. – Rio estrepitosamente de nuevo, palmeando varias veces su espalda, como si fuera una piedra a la que estuviera golpeando. – Se que Shaka obtuvo su armadura a los 7 años, lo que mencionan de él es para temerse, se ha vuelto muy fuerte.

-He oído algo. – Menciono dejándose caer al suelo para descansar un poco, Aldebarán sonrio y le imito pero al dejarse caer, miro como el suelo se cuarteaba ante su peso. – Pobra casa de tauro – Murmuro, Aldebarán lo miro pero volvió a carcajearse.

-Creo que Milo o era él santo de acuario, no recuerdo bien, obtuvieron su armadura hace una o dos semanas, no podría vivir como él, ¿sabías que lo enviaron a Siberia a entrenar? – Aioria se paso una mano por los cabellos y elevo los hombros imaginándose el frio extremo por el que había tenido que pasar el santo de acuario o escorpión, para toparse a su regreso con el calor infernal de Grecia.

-Se va a derretir aquí. – Afirmo apuntando el sol con su dedo índice y para variar, el santo de tauro volvió a reír estrepitosamente, pero ambos se detuvieron al sentir un cosmos imponente, con una gran magnitud que despejaba tranquilidad, pero podía sentirse hostil , Aldebarán se levanto y saludo a un joven que venía con los ojos cerrados, de cabellos rubios largos y tez blanca hacia ellos, él rubio le contesto con una pequeña inclinación de cabeza.

-¿Aldebarán que haces aquí con Aioria? – Reprendió al otro santo, el cual solo alzo los hombros y esbozo una sonrisa. – Él, aun no es un santo dorado y no deja de ser el hermano de un traidor a la orden dorada, ¿Acaso el patriarca no te ha hablado de él?

-Otro más. – Menciono Aioria con fastidio, de los santos dorados presentes podía contar solo con Aldebarán, ese comentario le había dejado bien claro de que parte estaba Virgo, deseo por unos segundos que en lugar de las casas de Cáncer y Virgo estuviera Tauro para poder conversar con alguien que no se sintiera un dios. – Mañana te guste o no, seremos vecinos.

-Eso lo veremos. – Respondió Shaka continuando con su camino, Aldebarán lo miro apenado pues le incomodaba la escena, pero Aioria le resto importancia al fin, otro más que podría formarse en la larga fila de los que lo odiaban.

– Es todo un amor de persona ¿A que si? -

Y ambos santos rieron alegremente dirigiéndose hacia el santuario.

Escuchaba el ruido del coliseo que se sincronizaba perfectamente con los latidos de su corazón, podía oír los gritos de la audiencia llamando a Giles, hacia la arena y apoyándolo, él por su parte no ocupaba de nadie, se había entrenado solo y se convertiría en santo por sí mismo. Abrió los ojos lentamente, para encontrarse en uno de las salidas hacia el coliseo del santuario, rodeado en su mayoría por oscuridad, mientras unas tenues lámparas a lo lejos intentaban iluminar la habitación.

Escucho claramente al patriarca llamar a Giles mientras las tribunas se volvían locas, el por su parte comenzó a acumular odio y rencor, el primero que se las pagaría seria ese tal Giles, por intentar aspirar a la armadura de leo, la cual le pertenecía únicamente a él. Cuando las puertas se abrieron al mismo tiempo que lo llamaba el patriarca se hizo un sonido sepulcral, espero a que sus ojos se acostumbraran a la luz del sol, mientras sus pupilas se adaptaban, escucho la voz estridosa de Aldebarán gritando su nombre, desde el público.

Afrodita y Mascara estaban detrás del patriarca mirándolo despotamente, entendió sus miradas a la perfección, ambos esperaban que perdiera; un poco más lejos miro a Shura recargado contra el muro destruido del coliseo, con las manos sobre el pecho, giro su rostro solo para verlo una vez y la mirada del peli verde le reflejo todo lo que sentía, sabía que Aioros estaría orgulloso de él como Shura lo estaba en aquel momento, el español desvió su mirada hacia la cloth de leo y Aioria siguió los ojos del español hacia la armadura dorada, guardada en su caja de pandora estaba reluciente a un lado del patriarca; aquella era su última prueba, Aioria asistió y Shura volvió su mirada al horizonte y cerró los ojos tranquilamente.

-¡Vamos Aioria! – Miro a Marín de pie sobre las gradas animándolo como había prometido, la pequeña pelirroja tenía que brincar para alcanzar a ver adecuadamente la arena.

Miro el suelo de arena y movió un poco sus pies para adaptarse al terreno, fue cuando se permitió ver por primera vez a Giles, fácilmente estaba de la altura del santo de tauro, se veían unos hipertróficos músculos, era de tez blanca y de cabello pelirrojo, bien, él era su único objetivo, como Shura había dicho no debía haber absolutamente nada que lo distrajera, en ese momento solo estaba la armadura de leo, él y Giles. El patriarca asistió dando iniciada la pelea, comenzó a girar mientras el otro le imitaba.

-¿Los escuchas traidor, me aclaman? – Se burlo con una voz ronca, el otro aprendiz, tensando todo sus músculos, Aioria supo que lo estaba intentando provocarlo pero a pesar de todas las emociones que se agolparon al escuchar la palabra "traidor", llego a controlarse lo que lo sorprendió de sobremanera tanto a él como a su adversario. -¡Hoy voy a vencer al traidor! – El público, comenzó a gritarle groserías y entre ellos escuchaba como hacían comentarios despectivos contra él y Aiorios, el aprendiz se aproximo hasta él y lo golpeo directamente en el rostro, retrocedió unos pasos y estuvo a punto de caerse. - ¿Qué pasa Aioria, ya no puedes hablar?

-La gente del santuario, tiene la mala costumbre de aclamar a los perdedores. – Se burlo escupiendo sangre hacia el suelo, paso el dorso de su mano por sus labios, miro la sangre que se había juntado en la parte dorsal al mismo tiempo que una gota de agua cayó del cielo a su mano y antes de que Aioria levantara la vista una lluvia torrencial había comenzado a caer.

-¡Maldito! – Gruño Giles.

-Ahora es mi turno. – El castaño se abalanzo ágilmente hacia Giles y levanto su mano, el otro aprendiz se cubrió, pero Aioria se agacho oportunamente y golpeo el estomago del gigante con una patada, el pelirrojo retrocedió falto de aire y cayó al suelo. - ¿Qué pasa Giles, ya no puedes hablar?

-¡Eso Aioria! – Le felicito tauro desde las gradas, a pesar de ser el único que lo apoyaba, su voz siempre se hacía paso entre las cientos que aclamaban a su oponente.

Aioria miro el cielo, dándole oportunidad a Giles de recuperarse y agradeció a los dioses por aquella ayuda, el sonido que producían los espectadores le sacaban de sus casillas y lo hacían desconcentrarse ahora no había absolutamente nada que le impidiera distraerse de su objetivo. Estúdialo, eso había dicho Shura, así que espero que el pelirrojo se pusiera de pie.

-¿Eso fue todo? –

El griego se abalanzo contra él, descargando su furia en cada golpe que daba, Aioria se esforzaba por detener los golpes pero pronto se dio cuenta que la fuerza física del pelirrojo era mayor a la de él, Aioria se cubrió un golpe con su mano derecha que iba directo a su costado, sosteniendo la mano de Giles, pero otro golpe impacto en su rostro rompiendo su defensa, el castaño cayó al suelo y Giles fue sobre él, le propino una patada en las costillas que lo hizo rodar y llenarse de lodo, Aioria se apoyo con sus codos sobre el fango y sacudió su cabeza, para ordenar sus ideas.

Intento incorporarse pero una patada lo volvió a derribar y lo lanzo contra la pared de la arena, Aioria cerró los ojos ante el impacto y cuando volvió a abrirlos unos haces luminosos de color azul se dirigieron contra él, cayó al suelo de rodillas sosteniéndose con sus manos, para evitar golpearse la cara, respiraba trabajosamente, pero antes de poder pensar en algo, Giles estaba a su lado y volvió a descargar un puño de golpes contra él.

-¡Vamos Aioria! –

-¡Aioria! –

-¿Por qué te aclaman traidor? – Giles lo elevo por el brazo y golpeo a Aioria de nueva cuenta, esta vez el león se deslizo unos metros por el fango, se detuvo con sus manos antes de volver a impactar contra el muro.

-Ya te lo dije, te voy a ganar. – Contesto entre cortamente, irguiéndose trabajosamente, miro al otro griego tomar una posición, donde tenía las piernas ligeramente separadas, mientras una mano la posicionaba al lado de su oído y la otra a nivel de sus costillas, imitando con sus dedos como si fueran garras. No escucho el nombre del ataque cuando tuvo que brincar para esquivar los haces azules que se dirigieron hacia él.

-¿Ahora huyes? – Se burlo.

-Leo será mía. – Aioria toco el suelo solo para impulsarse y dirigirse contra Giles, le fingió un golpe al rostro solo para posicionarse atrás de él y lograr golpearlo en el costado con todas sus fuerzas, Aioria lo había visto Giles descuidaba su defensa cuando iba a atacar, dejando la parte de sus costados completamente desprotegidas, si lograba fracturar una costilla, lograría detener a su oponente.

Giles se cubrió el costado muy tarde, recibió el golpe de lleno, se giro sobre sus talones y se dispuso a golpear a Aioria pero este se dejo caer al suelo y giro sus piernas para tumbarlo al igual que lo había hecho con Shura, cuando cayó al suelo, lo pateo de la misma forma que se lo había hecho a él, el publico guardo silencio y por unos segundos solo se escucho la lluvia; de repente los haces azules se dirigieron de nueva cuenta contra él, brinco para alejarse de ellos. Y vio su oportunidad.

-¡Plasma relámpago! –

Todo fue tan rápido, vio como múltiples rayos salían de su puño, mientras todo se iluminaba a su alrededor, los rayos que danzaban en el suelo se vieron potenciados por la tormenta que había, y al tocar el suelo mojado aumentaron aun mas su fuerza, dirigiéndose directamente contra su oponente que alcanzo a esquivar los dos primeros rayos, pero pronto la docena que venía impacto directamente en Giles, que prorrumpió un terrible grito y luego cayó al suelo.

El coliseo se congelo, cuando toco el suelo de nuevo, nadie se movía, nadie decía absolutamente nada, Aioria miro a Giles en el suelo respirando trabajosamente, sabía que la pelea se había acabado, se preocupo por el pelirrojo y se aproximo hasta él, lo miro con varias quemaduras que había ocasionado sus rayos de las cuales brotaban copiosa sangre, pero antes de sentirse feliz porque leo fuera suya y les había mostrado a todos lo que podía hacer, se sintió mal por la salud de su oponente.

-Giles – Le llamo, pero el aprendiz solo emitió un sonido gutural, se acerco hasta él, se pasó una mano por detrás de sus hombros y se dispuso a llevarlo a la enfermería. Comenzó a caminar hacia la entrada del coliseo pero la voz de Arles le detuvo.

-¿Aioria a dónde vas? – Se detuvo en seco y giro solo el rostro para mirarlo de reojo. – Tienes que recibir a leo, ahora te pertenece.

-Patriarca, leo siempre ha sido mía. – Respondió secamente. – Y si me disculpa tengo que llevar a Giles a la enfermería.

-No, el es un perdedor. – Sentencio fríamente el patriarca.

-El ocupa atención. –

-Y tú debes venir por leo. –

Vio como un joven de cabello azul oscuro, brinco las gradas hacia la arena y se dirigía hacia él, tenía una mirada arrogante y su tez era de color morena, tenía unos ojos azules oscuros que lo miraban insistentemente como si no pudiera creer lo que acababa de pasar.

-Yo me encargo, tu ve a por leo. – Aioria se lo paso y el otro lo levanto con facilidad a pesar de que le doblaba al igual que a él, el tamaño, por unos segundos miro en su cara una sonrisa sádica y burlona, que le recordó al aspirante de escorpio.

-¿Milo? –

-El mismo. – Le sonrió ampliamente lleno de orgullo y le estrecho la mano, ahora el también pertenecía a la elite dorada.

….

Continuara…

Gracias a los que me siguen o me han puesto de autor favorito se los agradezco de verdad, también a aquellos que se toman la molestia de dejarme comentarios. Ahora para aclarar…

Si shura tenía una buena relación con Aiorios era más que obvio que en algún punto ayudara a Aioria por ser el hermano menor de su mejor amigo.

Deje a Shaka obtener a la armadura a los 7 porque si lo estaban los demás obteniendo a los 10, pues shaka la obtuvo antes que todos ellos.