¡Hola de nuevo! Al fin pude terminar este capítulo, se me hizo algo difícil por las escenas de emotividad que aquí se muestran. Pero bueno, espero que les guste y me disculpen las tardanzas.

Muchísimas gracias a los comentarios de: Nefertari Queen y Espartano.

Ker Tenebrae: No me ofende, por el contrario, me alegra que te guste mucho la historia y te tomes la molestia de darme consejos. Lo de las comas lo tendré muy en cuenta, a veces tengo esa manía... ya me ha regañado mi profesora de español. Lo de los guiones sí lo he pensado, pero realmente me gusta más las comillas, no lo sé, lo considero algo así como "mi marca" aunque quizá en otros fics futuros pueda usarlos, por la estética que mencionas. Ah, y no tienes impresiones apresuradas, de hecho era eso mismo sobre Estoico lo que quería dar a entender. Muchas gracias :)


Capitulo 4.

El Ataque.

Después de que Val se fue, Estoico se sentó en una roca a pensar. Había visto los verdes ojos de la mujer completamente posados en él, con una expresión fiera digna de una diosa. Los cabellos castaños que enmarcaban su cara le dieron un toque especial, único, y su firme voz llena de seguridad cuando le habló…

¡Oh, por los dioses! Estoico dejó esos pensamientos y siguió entrenando con su hacha. Los enormes brazos volviéndose más fuertes conforme más veces la lanzaba. Cuando el sol alcanzó el mediodía, decidió que un descanso no le vendría mal. Y lo primero sería tomar un baño.

Cerca estaba un río a donde inmediatamente caminó. Le gustaba la paz del bosque, era bueno ir de vez en cuando, sobre todo cuando tu malhumor amenaza con arruinar el día de los demás. Estoico llegó al río, se desvistió y hundió en las frescas aguas, no profundas. Mientras frotaba su cuerpo con las manos, no pudo evitar pensar nuevamente en Val.

Valhallarama era una de las mejores mujeres guerreras en toda la tribu de Berk y muchas veces compitió con ella en el ruedo de dragones. Desde que eran niños tuvieron ese cliché. Él tenía seis años, y ella cinco. Los dos, al mismo tiempo, quisieron agarrar una espada de juguete. Forcejaron por ella y pronto la niña le golpeó para poder quedarse con ella. Pero Estoico, aún de niño, era fuerte, y se resistió.

Ah, las cosas de la infancia. Mientras fueron creciendo pasó desapercibida para él. Val era muy marimacho para su gusto, le gustaban más mujeres como Helga, tiernas, femeninas, dulces, que si la situación ameritaba podían transformarse en fieras. Pero Val era cosa diferente, iba por la vida pensando en que todo era una batalla. Y debía de salir ganadora.

Estoico sencillamente no podía soportar la idea de que Valhallarama fuera capaz de ganarle.

Pasaron más horas. Estoico regresó a la tribu cuando estaba atardeciendo, todo seguía su curso natural. Las personas caminaban tranquilas; y él se encaminó a su casa.

Su madre estaba en la sala, tejiendo algo. Quizá un suéter.

"Hola madre" la saludó. Estoico siempre había sido muy respetuoso con su mamá, por que la quería mucho "¿Estás muy ocupada? ¿Dónde está mi hermano?"

"Spitelout con sus amigos" le respondió sonriendo "No en realidad. Hijo, necesito hablar contigo muy seriamente"

La señora Haddock dejó las telas de lado, poniéndose de pie y caminando hacia Estoico. Los dos se sentaron en el comedor, frente a frente. Ella le dio un pedazo de pan y bebida caliente, para animar la conversación.

"¿De qué quieres hablarme, madre?"

"Sobre la decisión de tu padre" dijo ella "La del compromiso"

Estoico resopló. Hasta ese momento, su madre se había mantenido al margen de los asuntos, pero era lógico que habría de intervenir en un momento o en otro. Frente a Bocón, Spitelout, Egarto y todo el demás pueblo, Estoico podía actuar como si no pasara nada. Frente a su madre, nunca.

Ferya Haddock sonrió maternalmente mientras veía que su hijo se dejaba caer en la mesa, apoyándose con los codos y esforzándose en no llorar. Después de todo, un vikingo puede mostrar desesperación, pero no la debilidad de llanto.

"No sé que hacer" admitió "No quiero casarme, pero es mi deber con mi gente"

"No Estoico" le dijo ella "Tú tienes deberes antes que con tu gente. Tienes tus propios deberes para contigo"

La miró confundido.

"¿Y eso que significa?"

"Que un Jefe infeliz difícilmente será un buen Jefe ¿No has pensado que ese matrimonio puede amargarte?

"Puede" replicó "Pero no es nada que no pueda soportar"

"Yo no estoy hablando de lo que puedes soportar" usó un tono de voz más severo "Estoy hablando de tu felicidad. Hijo, esa no se puede comprometer a nadie. Y tu padre ha hecho muy mal en esta ocasión"

"No hay mayor felicidad para un Jefe que la paz de su tribu ¿no? Eso me han dicho tú y papá"

"Si Estoico" ella agarró las manos de su hijo "Pero ser Jefe no es lo único que serás. También eres un hombre, y como hombre, debes ser feliz"

Estoico comprendía a medias las palabras de su madre. Pero recordaría el sentido de la conversación por el resto de su vida.

Un grito a lo lejos hizo que madre e hijo inmediatamente se pusieran de pie. La gente corría afuera de la casa. Asomándose por la ventana, Estoico pudo ver la silueta de un Nadder. Estaban bajo ataque.

Ferya podía ser una dulce ama de casa, pero también era una guerrera, cazaba únicamente durante las invasiones. Ella agarró un hacha grande y filosa, poniéndose el casco en su cabeza. Estoico, en cambio, cogió la espada que colgaba de la pared y un escudo; los dos se dieron las bendiciones y salieron cada quien por su lado.

El Nadder azul que Estoico había visto reposaba tranquilo en las calles, como si fuera de paseo. Había una cantidad de doce vikingos rodeándolo. Apenas vio a Estoico, el dragón se le abalanzó. El joven lo recibió con la espada y consiguió cortarle una pata. Pero el Nadder no estaba solo; pronto aparecieron dos Nadders más.

La pelea fue intensa. El vigor de la batalla causaba en Estoico una sensación increíblemente placentera, como pocas. Pronto vio a sus demás amigos peleando contra Gronckles y Cremallerus, uniéndoseles.

"¡Llegas tarde!" le dijo Bocón, que estaba batallando con un Cremallerus usando un hacha pequeña "Pensé que quizá había Pesadillas Monstruosas al otro lado del pueblo"

"No he visto ni uno" le respondió, propinándole el golpe de gracia al Gronckle.

"Entonces seguro será una noche tranquila"

Un ruido intenso y fuerte, como un chillido del viento, hizo que todos detuvieran sus peleas. Miraron al cielo buscando con desesperación algo que no encontraban. En la negruzca noche, un movimiento rápido de un ser oscuro que volaba a velocidades impresionantes los hizo encogerse.

"¡Furia nocturna!" gritó Spitelout "¡Al suelo!"

Inmediatamente todos se inclinaron colocando el escudo encima de ellos. Los Furia Nocturna, los dragones más temidos y odiados. Esos que nadie jamás había visto antes, y que conocían por el ruido que hacía al volar en el aire, y sus llamas azules.

El sonido de la explosión fue grande. Y le siguieron dos explosiones más. Una vez terminado el sonido Estoico se levantó, mirando alrededor con desesperación. Sentía que algo andaba mal, demasiado mal, y le urgía saber el qué. Sus presentimientos jamás fallaban.

Al darse la vuelta, vio un Pesadilla Monstruosa a punto de lanzarle fuego. Un martillo grande y potente hizo que se moviera. Val miró a Estoico con enfado.

"¡Reacciona!" le dijo "Estás demasiado distraído"

El dragón volvió y Val empezó a pelear contra él. Viéndola sin dificultades, Estoico se fue corriendo hacia la colina, donde los incendios crecían. Los tiros del Furia Nocturna dieron justo en las bodegas, afortunadamente vacías, pero hechas por completo de madera y estaban pasando el incendio a unas casas cercanas.

Egarto estaba comandando a unos hombres para que apagaran las llamas, y otros más evacuaban las casas que se incendiaban. En eso, vio que su madre, con nada en las manos más que una manta, entrababa a una casa completamente incendiada. El corazón la latió con fuerza, la preocupación le cerró la garganta, y la espantosa sensación de que algo saldría mal lo clavó en el suelo.

Corrió, como un poseso, corrió hacia la casa. Las llamas crecían hasta el cielo y solo la puerta con algunas ventanas estaban libres de ellas. Egarto, que no había visto a su esposa en toda la noche, le gritó a su hijo que se fuera. Pero Estoico se negó a hacerlo.

"¡Madre está allí dentro!" gritó, señalando la casa.

Y entonces, cuando Estoico estaba a dos pasos de la entrada, ocurrió.

La madera crujió con escándalo y las llamas devoraron su estructura. Los gritos de unos niños adentro de la casa hicieron que la escena se pusiera peor. El techo de paja completamente incendiada cayó, y los pilares también. En cuestión de segundos, la casa era un manojo de madera, metal y paja, amontonados y envueltos en llamas.

"¡Rápido, muévanse!"

Egarto, Estoico y otros hombres comenzaron a lanzar desesperadamente agua sobre las ruinas. Y pronto pudieron bajar el nivel de las llamas a un grado en que removieron los escombros. No estaban seguros de qué encontrar, y rezaban a todos los dioses que no fuera demasiado tarde.

Quitaron un pilar y hallaron al fin el cuerpo de Ferya. Tenía quemaduras muy serias y respiraba con dificultad, abrazaban con todas sus fuerzas una manta contra su pecho. La cobija mojada envolvía a un niño de cinco años, que salió ileso por la protección de Ferya.

Inmediatamente se la llevaron a la choza de los sanadores.

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La tensión era muy grande. Todo el pueblo estaba reunido en el centro, cerca de la choza de los sanadores, rezando y pidiendo por su buena Ferya.

Recostada en una cama, la buena señora Haddock tenía vendajes por todas partes, unos cuantos huesos rotos, quemaduras y sangraba al toser. Los sanadores hicieron lo mejor que pudieron, pero al final le dijeron a Egarto que no pasaría de la noche.

El Jefe, maldiciendo, se encerró en un despacho. Spitelout sostuvo con cariño la mano de su madre y le dio la bendición, salió tan afligido que apenas dio dos pasos y cayó a tierra, reprimiendo las lágrimas.

Solo Estoico se mantuvo al lado de ella, con la esperanza de ver sus ojos una vez más. Las horas fueron pasando, los sanadores seguían ahí, charlando y atendiendo a Ferya, Estoico seguía sin moverse. Estaba sentado en una incómoda silla al lado de la cama, atendiendo cualquier movimiento de su madre.

Era espantoso verla así.

De repente, Ferya se movió y abrió los ojos. Se quejó del dolor, por lo que Estoico agarró una de sus manos con cariño.

"Madre, tranquila" le dijo "Todo irá bien"

"No Estoico…" susurró, la voz ronca y apenas entendible "No…"

Iba a llorar, pero se contuvo. La voz de su madre, siempre dulce, siempre amable, era ahora tan débil y ronca. Podía sentirlo. La muerte deambulaba en esa habitación; y le dolía en el alma saberlo.

"Hijo mío… el mayor, mi querido…" Ferya pasó una de sus manos, con movimientos torpes, sobre la mejilla de Estoico. Él inmediatamente se estremeció ante la caricia, sin poder evitar el pensamiento de que quizá, fuera la última "Hazme una promesa…"

En su lecho de muerte, Ferya solo pensaba una cosa: la felicidad de su hijo mayor. No tenía miedo por Egarto; su marido era fuerte, aguerrido, y dudaba que se deprimiera por mucho tiempo ante su pérdida. Ferya recordaba su boda arreglada, y cómo debió desposarse con un hombre que no conocía. Con el tiempo, los dos se encariñaron mucho y pudieron formar un matrimonio bueno, estable, comprensivo. Pero ella hubiera querido algo mejor.

Spitelout estaba bien. Sabía que lo que él quisiera Egarto se lo concedería. Era el segundo, por lo tanto, no tenía muchas obligaciones y entre sus privilegios estaba que no podrían imponerle esposa. Y sabía, por su corazón de madre, que el corazón de su hijo ya tenía dueña.

Pero Estoico era necio en muchos sentidos. No quería que su joven hijo se aferrara a un deber que todavía no le correspondía y comprometiera su felicidad.

"¡La que quieras, madre!" respondió Estoico, agarrando ambas manos de Ferya y sosteniéndolas en alto. Si con ello podía darle paz, lo haría.

"Busca el amor mi vida" y esbozó una débil sonrisa con su poca energía "Búscala mi tesoro… y no te cases por deber. Quiero verte desde las alturas felizmente casado con la mujer de tus sueños…"

Tosió, la respiración se le dificultó y debió recostarse para descansar algo. Estoico pensaba seriamente lo que su madre le decía. Ella se moría, no podría vivir con su conciencia si la dejaba irse con angustias.

"Lo prometo, madre"

"Te amo hijo mío…"

Ferya conocía demasiado bien a su hijo. Él sería fiel a su palabra. Alivianada, sintiendo que ya no tenía pendientes en este mundo, fue cerrando sus ojos. Estoico aún sostenía sus manos, y fue sintiendo que sus dedos se relajaban, poniéndose fríos. El cuerpo yacía completamente suelto sobre las mantas. Su pecho ya no se alzaba.

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Ferya recibió los funerales que correspondían a los vikingos dignos. Egarto, Estoico y Spitelout vieron la barca funeraria andar entre las aguas mientras su madera iba ennegreciéndose por las llamas, hasta que no quedó nada visible. El pueblo estaba convencido de que ella descansaría en paz. Había sido una esposa fiel, buena madre, Jefa amable y gran guerrera. Los dioses ampararían su espíritu hasta el Ragnarook*

Terminada la ceremonia, todos se fueron a sus hogares. Berk estaba de luto por su Jefa fallecida. Egarto se encerró en su alcoba igual que Spitelout. Estoico se fue a los bosques, nadie le siguió.

No era un secreto que el primogénito de los Haddock siempre fue muy unido a su madre. Entre Ferya y Estoico había un vínculo envidiable; los dos se querían demasiado. El respeto que él le tenía a Ferya era tan grande, que siempre dedicaba sus victorias a ella, incluso antes que a su padre.

Egarto no se molestaba. Un hombre que podía llegar a amar tanto a una mujer reflejaba sentimientos nobles, necesarios para saber gobernar una Tribu Vikinga. Lo que le molestó a Egarto fue que su hijo demorara tanto tiempo en reponerse por la muerte de su esposa.

Estoico entrenaba mucho, de manera ardua, queriendo que su madre se sintiera orgullosa de él. Pensaba en todos esos momentos que pasaron juntos. Ella solía despertarlo en las mañanas con palabras afectuosas, le cocinaba raciones extras de pan dulce, le enseñó a usar las hachas, le enseñó muchas técnicas para pelear, y otras más para cortejar.

Su buena madre. Ella representó siempre el calor de hogar que mantuvo unidos a los Haddock. Sin ella, no había realmente una casa acogedora a la cual regresar. Spitelout era un hermano bueno que le daba su espacio cuando lo requería y siempre se llevaron muy bien. Pero su padre era otra cosa…

Estoico claro que le tenía aprecio y cariño a su padre. Pero no se llevaba nada con él. Mientras su madre vivía soportó todo eso para no causarle disgustos ni penas ¡Ferya podía ser tan sensible a veces! Pero ahora, sin ella, no había que lo contuviera.

Y eso le devolvió sus pensamientos a la última charla que mantuvo con su mamá. Esa promesa que le hizo.

¿Cómo cumplirla?


*Ragnarook: en las costumbres nórdicas se creía que al final de los tiempos los dioses se enfrentarían en una guerra intensa que destruiría la humanidad y la tierra. El Ragnarook podría considerarse como el fin del mundo, parecido al actual Apocalipsis.

Pues sí, Ferya murió, y le dejó a su hijo mayor una gran carga ¿O no? Personalmente fue para mí algo difícil escoger la forma en que Estoico se negaría a un compromiso que ya había prometido cumplir... la única forma de mantener su honor sería, entonces, por otra promesa igual o mayor. Y por eso se me ocurrió el juramento a su madre.

¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Tengo que mejorar algunas cosas? comentarios y críticas son bien recibidos (Reviews plis) :D