Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la trama es de mi autoría.

ETERNAMENTE UNIDOS

CAPÍTULO 3: DESCUBRIMIENTO

- Cálmate, chucho – masculló tía Rosalie, fastidiada.

- Si me permiten… – intervino mi abuelo en un intento por comenzar a hablar.

- ¿De qué trata todo esto? – pregunté con confusión, notando que Jake estaba enterado de algo que yo no.

- A eso voy, cielo – dijo dulcemente Carlisle.

Asentí y miré a mis padres. Mamá me devolvió la mirada junto a una de sus cálidas sonrisas, mientras que papá continuaba serio y tenso, como si estuviera escuchando pensamientos que no le agradaban. Me pregunté qué sería lo que lo incomodaba tanto.

- Prosigue – lo incitó Edward, apretando disimuladamente los puños.

- Bien, como anticipé, lo descubierto me llamó poderosamente la atención. Nunca había visto algo así en toda mi existencia – anunció mi abuelo.

Jacob carraspeó notoriamente, y le di un suave apretón en la mano.

- Comenzaré por explicarte, Nessie, de qué va todo esto. Verás, sabes que la consecuencia de tu bondadoso acto sería transformarte en vampiro, ya que la ponzoña ingresa en el organismo y congela tanto el corazón como la sangre. Naturalmente debería ocurrir eso, pero no daba la impresión de que haya sucedido. Así que, por la noche, mientras tú dormías, te he tenido que extraer un poco de tu sangre para analizarla y definir lo que acontecía.

Miré mi brazo izquierdo. Nada. Giré mi vista hacia el otro. Nada.

- No me ha quedado ninguna marca – formulé con extrañeza, pues, al ser mitad humana, las cicatrices me perduraban una semana, mínimamente, hasta por fin borrarse del todo.

Parecía que solo estuviéramos en esa habitación mi abuelo, Jake y yo. El resto de la familia permanecía en un silencio sepulcral. Tampoco se esforzaban por respirar. ¿Tanta era la preocupación que sentían? Por supuesto, mi padre sabía todo lo que pasaba y era por eso, quizás, el más tenso de la sala.

- Sucede que, luego de unas horas examinando la muestra y comparándola con otras anteriores, descubrí que no llevas la misma sangre de hace dos meses, sino que la actual es mucho más magnífica, resistente y poderosa.

- Hasta hace dos meses, tenía trece años. Lo que tú dices significa, entonces, que... ¿La madurez ha hecho cambiar mi sangre? – arriesgué torpemente.

Claro, esa podía ser una opción. Una descabellada y loca opción. No había sentido nada extraño hasta antes del incidente de Jake, y todo lo que eso conllevó, pero podía ser. Aunque por mi mente también rondaba otra posibilidad, más rara que aquella.

- No precisamente – musitó – más bien diría que ocurrió una transformación cuando la sangre de Jacob y la ponzoña entraron en tu cuerpo.

- Dilo ya, Carlisle, hazme el favor – pidió mi padre, entrecerrando un poco sus ojos con un gesto de dolor. Mamá lo abrazó de costado, por la cintura, sin dejar de mirarme.

- Tómalo con calma, Edward, no es tan grave como parece. Por el contrario, es una maravilla – le respondió mi abuelo con una sonrisa amigable y se giró hacia donde estábamos Jacob y yo – Nessie, tu sangre tiene la misma composición que la de Jacob, son idénticas por donde se las mire.

- Es imposible – dijo Jake, pasmado – de ser así, ella…

- Exacto – intervino mi padre después de leerle la mente.

Mis nervios iban en aumento, no era tiempo para incógnitas, secretos y silencios. Tenía derecho a saber lo que sucedía conmigo.

- ¿Yo qué? – manifesté para que alguien continúe con la explicación. Suponía la respuesta, pero quería asegurarla.

- Significa que eres como Jacob, un metamorfo – dijo Carlisle.

Mis ojos se abrieron como platos, sin poder creer lo que mis oídos habían escuchado. Me percaté de que el resto, menos mi abuelo y mi padre, seguían estupefactos. Comencé a sentirme un bicho raro. Carlisle lo había dicho, nunca en su existencia había visto algo como esto. No tenía explicación.

- Te equivocas – masculló mi padre, mirándome – hay una explicación.

- ¿Deseas oírla ahora o prefieres descansar, cariño? – susurró mi madre, con la voz angustiada.

- Quiero oírla – determiné con seguridad.

- Bueno, esta es una simple hipótesis, puesto que no contamos con lo cierto ya que no ha sucedido nada aún – se adelantó Carlisle –. Siempre supe que la sangre de Jacob era extremadamente poderosa, se requiere de algo como ello para poder transformarse cuando lo desea. Según mi teoría, su sangre hizo mutar la de tu cuerpo, añadiéndole sus propias características. Por eso creo que la ponzoña no ha logrado convertirte. La sangre de Jacob es más potente, tanto que ha podido regenerar tu ADN hasta igualarlo.

- Es decir que, ¿no tengo ponzoña?

- Sí, sí que la tienes. Pero en un menor grado. Si utilizáramos porcentajes, diríamos que sólo un treinta por ciento de tu sangre tiene ponzoña, de modo que el setenta por ciento restante está formado por la sangre mutada.

- ¿Qué seré? – inquirí con un hilo de voz y un gran nudo en mi garganta.

- Esa es la parte que aún no me ha sido posible definir. Supongo que tendremos que esperar a que ocurra para saberlo - su rostro se quedó pensativo y perdido en esa última incógnita planteada.

Sentía que mi cabeza podría explotar en poco, habían sido muchas cosas juntas, mucha información, y de la fuerte. No me disgustaban esos descubrimientos, en absoluto, pero siempre me había quejado incomodado crecer tan rápidamente y no tener tiempo de acostumbrarme a mi cuerpo. Cuando por fin creía que lo conseguiría, cuando había alcanzado la madurez y mi cuerpo se estancaría en esa apariencia de veinte años, ¡zas! Esto.

Eché una última y fugaz mirada a mi familia y me largué a correr como una bala hacia el bosque. Luego me sentiría una tonta, y debería disculparme con mi abuelo. Él no era el culpable de nada, ninguno en mi familia lo era. Él simplemente se había animado a contarme lo que sucedía en mi organismo. Debía estarle verdaderamente agradecida por eso y por tomarse el trabajo de averiguarlo. Siempre creí que es mejor saber las cosas en vez de que le tomen a uno por imprevisto. Claro que, existen excepciones en las que los imprevistos resultan de lo más agradables.

Disminuí la velocidad de mi carrera al visualizar el claro que tanto nos gustaba a Jake y a mí.

No era grande, sino más bien pequeño. Sin embargo, era hermoso y fantásticamente acogedor. Los últimos rayos del sol se colaban entre las ramas y hojas de los árboles, otorgándole una luz tenue y maravillosa al lugar.

Me acomodé sobre el césped, con mi espalda apoyada en un viejo tronco caído. Mi piel adoptó un leve brillo y resplandor – no tanto como la del resto de mi familia – cuando los ligeros destellos solares me alumbraron.

Tiré la cabeza hacia atrás, reposándola en el tronco y mirando al cielo. Lo que más deseaba en esos momentos era tener a Jake a mi lado, esconderme entre sus brazos y su pecho y olvidar, así, la pesadumbre inexplicable que rodeaba mi corazón.

Como si hubiera leído mi mente, apareció de entre los árboles mi enorme lobo de pelaje rojizo.

Su expresión tornó de la desesperación a la tranquilidad cuando me encontró. Caminó en sus cuatro patas hacia el centro del prado, se echó allí y me hizo un gesto con su cabeza para que me acercara. Sin pensarlo dos veces, fui hasta él y me acurruqué junto a su cuello. Jake ladeó la cabeza, acariciando con ella la mía. Luego me dio un lametón cariñoso en la mejilla.

Me encontraba tan a gusto allí, con él, que comenzaba a olvidar el motivo por el cual me había ido de la mansión. Jacob profirió un gruñido suave y me miró, esperando una respuesta. Lo conocía tanto que ya sabía lo que significaba aquello.

- Estoy bien – susurré sin desprenderme de su cuerpo.

- Te siento triste - oí en mi mente. Lo miré extrañada. Definitivamente era su voz, pero en forma lobuna no podía expresarse con palabras. Una vez más, sucedía lo mismo: ¿escuchaba pensamientos ajenos?

- No es tristeza. Soy un bicho raro, única en mi especie, y no sé lo que pueda pasar. Ni siquiera me he convertido aún – musité tras estar unos cuantos minutos sumida en mis propios pensamientos. Comencé a sollozar sin poder evitarlo.

Jake se levantó y se internó en el bosque, para después retornar en su forma humana y vestido únicamente con vaqueros azules cortos.

Se sentó donde antes, apoyando la espalda en el tronco y me acomodó sobre sus piernas, estrechándome fuertemente entre sus fornidos brazos.

- Es normal que te sientas así, Nessie. A todos los metamorfos nos pasó en algún momento. Míralo a Sam, él sí que tuvo un comienzo como el tuyo. Fue el primero de la manada en transformarse.

- Pero Sam tenía al Consejo de la tribu, ellos lo sabían todo – objeté enjugando las lágrimas con el dorso de mi mano.

- En tu caso también sabemos lo que sucede, Carlisle ha estado toda la noche analizando e investigando arduamente para llegar a la explicación que ha dado hace un rato. No estás sola – me dijo con dulzura, acariciando mi mejilla – tienes a tu familia, a la manada, y me tienes a mí, que jamás te abandonaré porque eres la luz de mis ojos – concluyó a la vez que clavaba su mirada en la mía.

Luego de un rato perdida en sus ojos, esbocé una sonrisa y lo abracé por el cuello con alegría.

Por esa misma razón es que deseaba estar a su lado siempre, Jacob era mi sostén, la persona que con una simple mirada o sonrisa podía alegrarme el día. Jake se había convertido en mi cable a tierra.

Muchas gracias a Alice V Greene Masen Cullen y Alice Mayo por leer mi fic y dejar sus comentarios. Y por supuesto, gracias a mi mejor amiga que siempre ha leído mis historias.

He activado la opción de Reviews anónimos, por si alguien que no tiene cuenta aquí lee la historia y quiere comentar.

Espero que disfruten mucho el cap! Dejen Reviews! Son la mejor paga y el mejor estímulo para continuar con la historia.

Un beso enorme.