Capítulo 3: Nuevas actitudes

Corría por la estación de King's Cross empujando su carrito con el gran baúl, como todos los años. Ni siquiera miró a los lados y atravesó a toda velocidad el andén 9 ¾ para aparecerse frente a la locomotora escarlata del expreso de Hogwarts. Sin tiempo a nada ingresó al tren y con fuerza ingreso su baúl a rastras.

Katherine Hampton llevaba el pelo mojado y le escurría agua por su espalda, mojando su remera blanca. Como cada vez que comenzaba su curso en Hogwarts llegaba con los segundos contados a la estación. A penas tenía tiempo para una ducha rápida y agarrar todas sus cosas para salir en el auto manejado por su chofer. Aunque su casa quedaba a veinte minutos caminando de la estación, jamás llegaría a tiempo, por eso iba en coche. Nunca se secaba el pelo ya que no podía emplear la magia y ahora que podía hacerlo parecía haber olvidado que ya tenía la mayoría de edad. Tanto tiempo viviendo como muggle le atrofiaba el cerebro.

Katherine era el tipo de chica que podía pasar desapercibida en medio de un grupo de chicas agraciadas. Sus ojos a simple vista parecían pardos, pero bajo ciertas luces y con la debida atención uno claramente podía comprobar que eran verdosos. No era muy alta, pero su delgadez le hacía parecerlo. Era armoniosa en su conjunto pero más allá de su escultura, su rostro tenía ciertos ángulos muy diferentes a un rostro común, olvidable. No poseía una de esas bellezas obvias o vulgares. Todo lo contrario. Una vez que se la descubría era imposible de olvidar. Ojos almendrados, largas pestañas, mandíbula marcada y labios generosos finamente contorneados. Una piel muy pálida que albergaba algún lunar perdido. Algo en ella parecía escapar de su propio domino y era esa propia indiferencia, ese halo de silencio y misterio era lo que la volvía interesante. Podía notarse cierto carácter intratable en sus maneras pese a sus intenciones de querer pasar desapercibida.

Katherine Hampton disfrutaba de lo simple del anonimato, una chica hija de muggles que no tenía nada extraordinario excepto su propia magia. Había jugado algún partido no oficial de Quidditch en el colegio pero no era algo que le había gustado mucho. En las clases, estaba lejos de ser una de esas que levantaban la mano para responder y opinar, prefería por mucho tomar apuntes en silencio y romperse el alma estudiando, la única opción que tenía para saber algo de ese mundo desconocido.

Podía ser muchas cosas, pero no destacaba en ninguna, le contentaba estar dentro del promedio. Cuanto más normal fuera, más se alegraba de serlo ya que para los ojos de las personas más importantes de su vida, no lo era. Algo en su interior luchaba por ser, no una chica normal, pero al menos una bruja como cualquier otra. Y pese a sus ganas de simpleza, distaba mucho de serlo. Sus ideas la mayor parte de las veces discrepaba con la media adolescente. Era lo que se podía llamar una chica difícil y complicada. De aquellas que usan la cabeza cuando deben usarla y perderla cuando ameritaba. Aunque era muy racional y cerebral, le gustaba la adrenalina. Hacer cosas que le hicieran sentir viva, pues la mayor parte de las veces se sentía tan ajena y con tan poco miedo, que ansiaba sentirlo sólo para vibrar por dentro. Pasional era su mejor palabra que usaba para describirse a sí misma, claro que jamás le hubiera confesado a nadie: yo soy pasional… que ridícula se escucharía. Sí, ella guardaba muchos secretos sin confesar incluso había cosas que no las admitía ni para con ella misma. Quizá Lily Evans supiera algunos. Pero no todos.

El expreso emitió un fuerte pitido y el vapor que emanaba de la locomotora se acrecentaba; estaba a un segundo de partir.

Katherine había entrado a un compartimento donde ya estaban sentadas sus amigas.

— ¡Kat! Otra vez tarde… y yo que pensaba que en el último año llegarías con tiempo — Mary Macdonald ya se había puesto de pie para saludarla con un abrazo.

— ¿Para qué romper las tradiciones? — Dijo Kat sonriendo alegremente y todas rieron, Joan Abbott por supuesto emitió una fuerte carcajada. Se saludaron con estruendosos abrazos y dieron pequeños grititos de excitación y alegría por estar juntas otra vez después de esas largas vacaciones de verano que las separaron.

— ¿Cómo estuvo tu cumpleaños Kat? — Preguntó Alice Smith

— De lo más aburrido.

— No te preocupes en cuanto lleguemos a nuestra habitación haremos una pequeña fiesta y te daremos nuestros obsequios. — Dijo Lily sonriendo mostrando su cariño a su gran amiga a la que tanto quería.

— Lily… ¡por Dios! Estás muy linda. — Dijo Katherine viendo a su amiga en un vestido verde que dejaba ver sus finas curvas y sus largas piernas. Lily sonrió encantada.

— Sí, ¿ya viste? Estábamos hablando de eso cuando llegaste — Dijo Alice

—Ya basta chicas si ustedes se sorprenden, ¿qué dirá el resto del colegio? Bueno me voy al compartimento de prefectos. Pórtense bien en mi ausencia, dejen las locuras para cuando pueda estar presente — Dijo Lily poniéndose la capa negra con el escudo de Hogwarts bordado y con la insignia de prefecta brillando en el lado izquierdo.

— ¿Para regañarnos? — Preguntó Joan que sabía que Lily era muy apegada a las normas.

—No… para reírme de sus bobadas — Dio media vuelta, cerró la puerta y salió al pasillo encaminada a su destino, dejando en el compartimento a un grupo de chicas sorprendidas ante esa nueva Evans.

¡Qué bien se sentía volver a clases! Aunque Lily tenía unos padres maravillosos que se enorgullecían de tener a una bruja en la familia, su hermana mayor Petunia la desaprobaba. Todos los veranos habían sido muy difíciles con la enemistad de su hermana, pero ya Lily se había acostumbrado. Y aunque en sus primeros años el lugar que siempre había ocupado Petunia había sido reemplazado por Severus Snape, Lily se sentía muy sola en los últimos veranos: pues ya no contaba con ninguno de los dos. Ese verano en particular había tenido que soportar el casamiento de Petunia con Vernon Dursley, un tipo corpulento al que Lily le desagradaba enormemente.

Aunque siempre se lamentaría que los lazos de amistad se hubieran rotos, estaba algo aliviada de que su hermana su hubiera ido a vivir al número 4 de Privet Drive, Little Whinging en Surrey, lejos de su casa.

Y por más que Severus vivía a diez cuadras de la casa de los Evans, sobre la calle de las Hilanderas ubicada cerca de la orilla del río, Lily hacía dos años que no lo veía por su barrio. Ella lo prefería así, pues ese niño que una vez le había caído tan bien y había sido su primer amigo mago, hoy en día había cambiado mucho y las amistades con las que se rodeaba eran peligrosas.

Como si lo hubiese llamado con la mente, Severus apareció en el pasillo. Lucía como siempre, su piel mortecina como si el sol de verano no hubiese salido en su cielo, su cabello grasoso estático que caía apenas rozando sus hombros. Sus labios finos, muy rectos y toda su expresión tensa y siempre alerta. Sus ojos oscuros y su nariz filosa. Se miraron unos instantes a los ojos, pero Severus bajó la mirada al ver el semblante de ella con tanta paz, sus ojos más verdes que de costumbre. Le hería en el alma verla, pues ella estaba más hermosa que nunca. Siempre le había parecido que ella era parte de la magia misma, de la naturaleza. Odiaba sentir esas cosas cursis respecto a Lily, pero más odiaba que ella fuera tan generosa, tan noble, que su sonrisa fuera tan transparente, que su mirada fuera tan profunda. Él merecía que ella le pegara, lo torturara, lo mandara a matar, a acribillar. Pero no, ella lo ignoraba y hasta a veces lo miraba con lástima. ¡Lástima! Se odiaba por tener que cargar con esas miradas que suplicaban que volviera a ser su amigo Severus, que dejara de lado sus ideas, sus pensamientos, esa magia, su vida entera. No, no soportaba tanto dolor, tanto amor y ese sería su suplicio. Por el resto de su vida aquellos ojos verdes iban a torturarlo y a seguirlo hasta el día de su muerte.

No se saludaron y cuando ella pasó por su lado, indiferente, no pudo dejar de recordar aquel día del año pasado en que él la había lastimado y su amistad había tocado fondo. Ese día a finales de su quinto curso, cuando el calor en Hogwarts llenaba de vacaciones el aire. Había rendido los exámenes más importantes, sus TIMOs, el principio de su carrera como bruja profesional.

—Lo siento, Lily. En serio

—No me importa y no me llames por mi nombre... si bien recuerdo prefieres llamarme sangre sucia

— No, jamás quise…

— Sí, si quisiste porque eso me llamaste. Ya basta, Sev... no me interesa.

Lily estaba con su pijama blanco y sobre éste una bata verde cubriéndolo. Estaba muy enojada, tenía la frente ceñida formándose algunas arrugas. Sus brazos cruzados estaban apretados debajo de su pecho. Estaba de pie en frente del retrato de la Dama Gorda, a la entrada de la torre de Gryffindor.

— Sólo salí porque Mary me dijo que amenazabas con dormir aquí.

— Iba a hacerlo. Lo hubiera hecho. Nunca quise llamarte sangre sucia, a ti no… sólo se me…

— ¡Se te escapó! Claro a mi no, pero al resto sí — La voz de Lily se oyó indiferente y doliente - Es demasiado tarde, he encontrado excusas para ti todos estos años. Ninguno de mis amigos aprueba que te hable. Tú y tus queridos mortífagos… ¡Ves, ni siquiera lo niegas! Ni siquiera niegas qué es lo que todos ustedes aspiran a ser. No puedes esperar para unirte a Ya Sabes Quien ¿verdad?

Snape abrió la boca, pero la cerró sin hablar, incapaz de articular palabra.

—No puedo seguir engañándome. Tú escogiste tu camino, y yo el mío.

— Tu camino… Prefieres a Potter y los idiotas de sus amiguitos merodeadores. ¿Verdad?

— ¿Qué tienen que ver ellos? además por muy tontos que me parezcan, ellos no hacen daño a la gente con magia negra o peligrosa como tú y Mulciber, Lestrange Black y esos… los merodeadores solo hacen travesuras inmaduras. Es muy diferente y además ellos no me llaman sangra sucia — Lily se había dado media vuelta para ingresar otra vez a la torre pero Severus la detuvo.

— No, escucha, no quería…

— ¿Llamarme sangre sucia? Pero así es como llamas a todos los de mi clase, Severus. ¿Por qué yo debería recibir un trato especial?

Snape luchó consigo mismo, a punto de decir algo, pero ella le echó una mirada de lástima y Lily se dio vuelta y atravesó el orificio del retrato.

Era uno de los recuerdos que más odiaba y por eso deseaba enviarlos al fondo de su memoria. Siempre preferiría verlo con otros ojos, los ojos del pasado y no los del presente que se reflejaban en una persona diferente.

Una nueva persona salía de un compartimento. Basta de desagradables encuentros. Pensó Lily deseando que no fuera ningún Slytherin o peor, Potter. Pero se equivocaba, era Remus Lupin que también se dirigía, como cada año desde que había sido nombrado prefecto, al mismo compartimento que ella.

Aquel merodeador rubio de ojos color miel y piel muy blanca, que siempre parecía algo enfermo o débil, les caía bien a todas sus amigas y a ella en particular. Siempre que conversaban de ellos salía el mismo tema de conversación. ¿Cómo era posible que Lupin fuera amigo de esos cerdos? Él era tan distinto a Potter, a Black y a Petigrew. Siempre se mostraba educado y atento con ellas y con el mundo. Era estudioso y al ser nombrado prefecto eso suponía para Lily que haberle entregado ese honor significaba que lo merecía. Era modesto y nunca lo habían oído alardear por ser un merodeador, no se creía un Dios todopoderoso como los otros tontos. Pero aun así, Remus estaba unido a ellos por razones que ellas desconocían. Y mal o bien, eso lo coinvertía a Remus en uno más del grupo indeseable.

—Hola Lily. ¿Cómo estás? — Preguntó Lupin sonriendo, su labio superior estaba cubierto de una delgada capa de un exquisito chocolate.

—Hola Lupin… otra vez comiendo chocolate ¿no? Tienes sucio… — Lily le indicó en su propia boca en donde era que estaba manchado su labio. Pero cuando Remus intentó limpiarse había dejado aún un poco de chocolate. Lily intervino y con su propia mano le limpió el resto de su rostro.

— Gracias — Dijo Remus aunque su tono de voz develaba que se había sentido confundido y hasta turbado por la reacción de Evans. Ese comportamiento no era propio de ella. Sin embargo ella estaba increíblemente alegre y de muy buen humor. No es que Lily sea malhumorada, pero siempre parecía distante a todo, nunca se comprometía con nada que no sea el estudio. En ese momento entraban al compartimento de prefectos donde, como cada año el jefe de su casa le explicaba las nuevas normas y daba recomendaciones sobre el trato con los alumnos de primero, entre otras cosas.

Mientras en el compartimento de las chicas de séptimo de Gryffindor las conversaciones fluían.

—Lily si que se llevará el premio de revelación del año. — Dijo Joan que siempre inventaba, al final de cada curso, los puestos de los premios de Hogwarts. El año pasado la revelación se la había llevado Alice por haber cambiado tanto al empezar a salir con Frank Longbottom.

—Me parece perfecto… era hora que muestre sus dotes femeninos. — Dijo Alice que no tenía prejuicios en hablar abiertamente de temas pudorosos, es que Frank sí que había cambiado a esa inocente niña.

— No le digamos nada o acabará arrepintiéndose. — Dijo Mary que estaba encantada en que Lily se mostrara tan radiante y feliz.

—Algo me dice que éste será el mejor año de todos — Dijo Joan sonriendo con malicia.

—Lástima que no está Frank… — Se lamentó Alice un poco triste. Desde que se habían hecho novios desde el curso anterior, nunca se habían separado.

— Ya tenías que nombrar a ese pesado…—Dijo Joan que no lo soportaba después de una pequeña pelea que habían tenido, en donde Frank le había insinuado que era una metida.

—Déjala Joan. No te preocupes Ali, seguro vendrá a verte en las salidas a Hogsmeade - Dijo Mary que aunque siempre se había mantenido imparcial entre sus amigas, Frank no era el caso.

—Sí, lo sé. Prometió que vendría a verme… pero estudiar para auror lo va a tener ocupado. Bueno, al menos el año que viene yo también me haré aurora — Alice se había animado pensando en el futuro.

—Así se habla Ali… a este mundo le hacen falta más brujas inteligentes haciendo cosas de hombres. Ya verán como los superamos en todo — Esta vez habló Katherine que había estado ocupada comiendo unas grageas de todos los sabores y ahora había escupido una - Hígado - Dijo con asco.

— Sí Ali, realmente te envidio… querer ser aurora… yo no podría — Dijo una tímida Mary.

—Pero tu Mary serás una grande escritora y eso es lo que también necesita el mundo. ¡Que las brujas tomen el control! Tus libros serán exitosos entre las brujas y cambiarás vidas — Dijo Katherine ofreciendo la bolsita de grageas a sus amigas.

— Y tú Kat ¿Qué harás luego del colegio? — Preguntó Alice comiendo una gragea de hierbas.

— Seguramente te meterás en el Ministerio para defender los derechos de las brujas, los elfos, duendes y todo bicho que se arrastre — Dijo Joan mofándose de ella que siempre defendía a los seres que sufrían maltratos.

— Pues no. Detesto la política y ya sabemos muy bien que el Ministerio nunca ha hecho grandes cambios. No. Prefiero ser la oposición. Creo que voy a unirme a la Orden.

— ¿La Orden esa clandestina?—Las otras tres se miraron extrañadas.

—Sí… ya saben… la sociedad secreta en contra de los mortífagos y de Ya Saben Quién. Creo que es una forma mucho más directa de erradicar la basura del mundo. Después de todo el Ministerio tiene mucha burocracia y sus métodos dejan mucho que desear.

—Eso es muy peligroso Kat además ni siquiera se sabe que exista… ¿Segura que no quieres ser medimaga como Lily? — Preguntó Mary desviando el tema de conversación. Nombrar al Innombrable no era algo que disfrutara nadie en ninguna conversación.

—Pues no lo sé… cuando ya no esté ese maldito tratando de conquistar al mundo mágico y someter a los muggles, supongo que tendré que dedicarme a algo… pero entonces prefiero algo tranquilo como la fotografía o la pintura por ejemplo. ¿Y tú Joan? — Dijo Katherine con su tono inmutable, aquella chica siempre hablaba con la voz serena, nada parecía afectarle. Ni siquiera parecía tener miedo en querer enfrentarse al Innombrable. Totalmente insensata.

—Yo sigo queriendo ser periodista y trabajar para la revista Corazón de Bruja.

Aquel trabajo era estupendo para Joan Abbott, pues le gustaban los chismes y siempre conseguía saber qué pasaba en los rincones de Hogwarts. Sus métodos eran desconocidos pero muy eficientes. Aquella chica era sin duda la que más desentonaba en el grupo, porque no era muy estudiosa, de hecho le encantaba la Adivinación (algo poco serio para el resto de sus amigas), y como si fuera poco siempre estaba vestida al último grito de la moda. En esos momentos llevaba un pañuelo violeta anudado en su cabeza, una pollera negra tiro alto y una blusa sin mangas blanca con flores lilas. Unos zapatos negros de punta. Siempre estaba maquillada como para ir a una fiesta. Su cabello era de un rubio platinado y le encantaba hacerle rulos y peinados estrafalarios. Su linaje pertenecía a las familias de sangre pura de la comunidad mágica y aunque Joan siempre quería sobresalir, nunca había usado su condición de la sangre para enaltecerse de ella. Vivía son sus padres y su hermano mayor en una hermosa casa en el Valle de Godric.

Mary era la chica buena con la que siempre se podía contar para todo, más que nada para un buen consejo. Poseía una ingenuidad y una excelente predisposición para todo, que la hacían ver más buena de lo normal. Llevaba su pelo castaño oscuro por arriba de los hombros y ese verano se había hecho un flequillo que la hacía lucir más adorable todavía. Era muy flaca y su piel muy blanca. No tenía mucho busto pero era muy bonita de cara, con mejillas sonrosadas y labios finos. Sus ojos era marrones jaspeados y su sonrisa era de aquellas que iluminaban. A veces daba la impresión de que era frágil pero sin embargo era una de las más fuertes del grupo, raramente lloraba por cosas graves y sólo lo hacía en casos en que los sentimientos la doblegaban. Poseía una madurez sobrenatural y eso se reflejaba en su forma de ser tan solitaria, acompañada casi siempre de un pergamino y una pluma que la definieran en tinta y palabras poéticas. Era una buena alumna pero siempre se internaba en algún libro de literatura y olvidaba las aburridas asignaturas que impartían en el colegio. Su materia favorita era Historia de la Magia y Herbología. Ella era una mestiza: de madre bruja y padre muggle, por eso vivía en un pueblito muggle muy pintoresco y al igual que Kat y Lily sabía muchas cosas del mundo no mágico.

Alice tenía el cabello de color negro y lo llevaba muy corto, como un varón. Los rasgos de su rostro resaltaban mucho más con ese corte de cabello, pues sus ojos eran grandes, su boca era generosa y tenía una piel perfecta. Tenía mucho busto y siempre regañaba de él. Era una chica de mente aguda, muy inteligente y bastante dura. En su familia no había ningún muggle, aunque sí tenía un primo squib. A veces era muy terca y su forma de ser tan avasalladora la llevaba a ser la de armas tomar del grupo. Nunca tenía problema en desenvainar la varita antes que otros. Es que era una excelente duelista y siempre le enseñaba a Katherine nuevas técnicas de combate, hechizos y encantamientos defensivos. Aquellas dos siempre compartieron ese placer: los duelos y el entrenamiento y por supuesto, sus asignaturas favoritas eran Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones y Encantamientos. Se esforzaban mucho, pues cursaban las materias más difíciles y pesadas.

Katherine, tenía apenas un tatarabuelo mago que había muerto hacía más de ochenta años y ni siquiera lo sabía. Era lo que las malas lenguas llaman: una sangre sucia. Ella siempre decía que los que la llamaban así tenían el alma más negra y sucia que su sangre.

Lily Evans también era una sangre sucia y para ir en contra de los que creían que no merecía ser bruja, ella era la mejor estudiante de magia y hechicería de todo el colegio. De hecho los profesores solían decirle que hacía tiempo que no había una bruja tan destacada en el castillo. Slughorn, el profesor de pociones, la tenía en un pedestal, ella era su alumna favorita y con ello se había ganado un puesto en el "Club de las Eminencias". Por supuesto, sus materias favoritas eran Pociones y Encantamientos, aunque era una excelente alumna en todas las materias, pues en sus MHB había sacado extraordinario en cada una de ellas y había podido elegir las que necesitaba para ingresar a San Mungo y estudiar el arte de la curación.

Estaban conversando sobre las vacaciones de Peter en Escocia cuando la señora que vendía dulces pasaba con el carrito de golosinas. Siempre pasaba por aquel compartimento alrededor de las tres de la tarde, pues como todos los años se ubicaban en el último compartimento del último vagón. Compraron unos zumos de calabazas, meigas fritas, ranas de chocolates, grageas de todos los sabores, varitas de regaliz y turrones. Pusieron dinero entre todos y le pagaron a la señora.

Remus apareció de la nada en el compartimento

— James ¿Por qué no nos contaste nada? — Dijo Lupin parado en la puerta.

— ¿Qué tienes que contar Bambi? — Dijo Sirius mirando a su amigo que estaba sentado frente a él y comía un trozo de turrón.

—Que es Premio Anual — Se apresuró Remus sentándose al lado de James para abrazarlo.

— ¿Que qué? — Preguntó Petigrew abriendo más sus pequeños ojos azules y atragantándose con su zumo de calabaza.

— Ustedes dos son la deshonra del grupo. Un prefecto y un Premio Anual. Y de este lado — Señalando a Colagusano y a él mismo — Los mejores revoltosos del colegio, dignos merodeadores. Pulgoso y roedor — Sirius sonreía ante sus dos amigos. Todos se rieron. Aquel Black estaba loco.

—Después de todo lo que hice el año pasado no sé cómo me eligieron.

—Lily también es Premio Anual. —Comentó Remus mirándolo de reojo

— Bueno, ahí tienes un punto a favor, Cornamenta. Así podrás demostrarle que eres tan bueno como ella — Dijo Peter que no soportaba ver como esa pelirroja le rechazaba siendo James el mejor en todo. Es que si esa chica le parecía que James tenía defectos estaba loca. Él era el sueño de todas: hermoso como un Dios griego, caballero, romántico, buen amigo, inteligente, con buen sentido del humor, carismático, rico, excelente jugador de Quidditch y duelista, y encima animago ilegal… bueno si quizás tenía mucho apego a no cumplir las reglas y querer traspasar todos los límites, y un ego que lo aplastaba. Pero obviando algunas cosas, era único en su especie.

— ¿Piensas seguir acosando a Evans? Después de todo, éste será como cualquier otro año.

—Pues veras querido Lunático te equivocas, James se ha propuesto que Evans será su novia cueste lo que cueste. — Habló Sirius mofándose de su amigo que el muy terco no baja los brazos en cuanto a aquella chica.

—Es que para que Evans te dirija la palabra, prácticamente tienes que dejar de ser Cornamenta. — Dijo Peter que no entendía como James estaba encaprichado con esa traga libros, teniendo a todas las más lindas del colegio a sus pies.

—No exageres, Colagusano. Yo conozco algo a Lily y sé que tampoco pide demasiado. Pero es que le enferma que seas tan egocéntrico y agrandado… creo que eso sí deberás tratar de evitar. — Dijo Remus que por alguna percepción lobuna le decía que James realmente quería algo serio con Evans y como él estimaba a ambos, claro mucho más a James, iba a hacer todo lo posible por ayudarle.

— Si, lo sé… odia que haga todo lo que las otras aman… No importa voy a hacer todo para tenerla. Pero no voy a ser el único.

— ¿Qué dices?

— Cállate Jimbo… nadie quiere oír tus estúpidas ideas — Apuntó Sirius acostándose en el asiento y disponiéndose a dormir una siesta.

— ¿Qué idea? — Preguntó Peter que nunca quería quedarse atrás en cuanto a planes se trataba.

—Bueno, todo surgió por Canuto que está muy insatisfecho con su cómoda vida… parece que nada lo llena

— Eso es algo nuevo… — Observó Remus que sabía que a Sirius pocas cosas le llamaban la atención y que ya había probado demasiadas cosas en su vida como para desear más.

— ¿Cómo puedes quejarte? Lo tienes todo. Si no lo quieres yo lo acepto sin problemas

— Ojala pudiera pequeño Peter, pero no puedo borrar esta cara bonita y bueno la fama que me hice la tengo bien merecida… no puedo andar desmintiendo lo que las chicas conocen tan bien… que beso mejor que todos, que soy un semental, excelente en la cama, bien dotado e irresistible y demás de mis encantos.... ya los conocen de memoria.

— Ok, prefiero el Sirius insatisfecho antes que el presumido — Dijo Remus

— Hey… yo solo digo la verdad… y tú no te quedas fuera de los planes del descerebrado de James que pretende no ser el único idiota tras Evans.

— Se callan así cuento y después nos dedicamos a planear la primera broma del año para Filch.

James contó su gran idea de ponerse todos de novios y la reacción fue la esperada: Remus se negó rotundamente, Peter estaba más asustado que cuando Canuto le hizo la broma pesada a Quejicus y James le salvó la vida. Después de discutir durante media hora más y de exponer que sería una gran idea para Sirius que le ayudaría en su "vacía vida" pero que para Remus sería muy peligroso e insensato y Peter no hablaba por miedo a que lo obligaran a buscar una novia que nunca conseguiría. Remus aprovechó para irse de aquella conversación con la excusa de que tenía que cumplir su papel de prefecto, al escuchar ruidos en el pasillo.

Avery, prefecto de la casa Slytherin, estaba molestando a unos niños de primero que estaban corriendo por los vagones llegando ya casi a los últimos.

Katherine salió de su compartimento para ir al baño, cuando tuvo el desagradable encuentro con aquella serpiente. Enseguida el Slytherin, amigo de Severus Snape, la interceptó para no dejarla pasar

—Hampton. ¿Al fin decidiste darme un beso? Ven aquí zorrita sangre sucia, yo voy a enseñarte lo que es bueno.

Avery ya estaba muy cerca de ella y Katherine no soportaba quedarse callada ante tanto atrevimiento, desde hacía dos años soportaba a ese gorila como prefecto y siempre lo veía abusar de su poder. No soportaba que molestara a otros y mucho menos que tratara de besarla a la fuerza. Entonces reaccionó sacando su varita y le echó un hechizo furnunculus a Avery, llenándolo de granos y ampollas. Avery le había lanzado un sectusempra y como Katherine se había agachado a tiempo, apenas el maleficio le rozó el brazo rasgando la manga de la remera y estrellándose contra el final del vagón con suerte.

Flipendo — Dijo Remus apuntando a Avery que salió débilmente expulsado hacia atrás y en cuanto se incorporó salió corriendo de allí al ver al resto de los merodeadores detrás de Lupin, pero antes gritó: — Ya te voy a agarra sola sangre sucia inmunda.

Katherine que estaba en el suelo, se inspeccionaba el brazo izquierdo con la mano derecha allí donde la maldición había rozado. No había pasado nada grave, su remera parecía chamuscada por aquella maldición pero su piel estaba intacta. La mano que se ofreció a ayudarla a levantarse, no fue aceptada por Katherine, que prefirió levantarse sola. Miró a Sirius con cara de "no te necesito, puedo sola"

— ¿Estás bien? — Preguntó Remus

— Sí, gracias

— No puedes dejar de meterte en problemas, ¿No, Hampton?—Sirius estaba molesto porque no había tomado su mano. Katherine no lo perdonaba y él haría que ella le pidiera perdón.

—Por favor Black ahórrate tus comentarios.

—Claro, no puedes dejar de presumirte delante del Slytherin ese. Te encanta provocarlo

— ¿Qué? Cállenlo o le cierro la boca de un golpe.

— Inténtalo

Los otros tres merodeadores se hicieron a un lado. Katherine se había abalanzado, sin pensarlo, contra Sirius y éste retrocedió unos pasos hasta chocar con el fondo del vagón. Entonces la inmovilizó agarrándola por las muñecas y girando su cuerpo quedó ella contra la pared del vagón y él enfrente a ella sin dejarla escapar.

— Suéltame Black o te hechizo. — Kat estaba luchando con su interior. Hacía mucho tiempo que no tenía a Sirius tan cerca. Él se aproximó hacia ella y el espacio que tenían entre sus cuerpo se redujo notablemente. Tenía sus ojos grises puestos en los suyos, su aliento cálido y conocido, el aire que respiraba él podía ser espirado por ella… y su perfume, él emanaba un aroma muy peculiar: una mezcla de colonia con hombría. ¿Dónde estaba su Dios para interceder en momentos como aquellos? Es que en cualquier minuto iba a caer en su hechizo embriagador.

Maldito Black… juega conmigo. No Kat no caigas en su red. Dijo una vocecilla en su cabeza

—Black hablo en serio si no me sueltas me obligas a tomar medidas más desesperadas

—Yo no te hago nada, simplemente me defiendo. Eras tú la que me atacabas, Kathita — La última palabra la dijo cerca de su oído en voz baja, casi en un susurro, para que sólo ella la escuchara. Pero en verdad la había dicho en un susurro para causar más impresión y usó esa voz seductora que hacía cometer locuras a más de una. Katherine tenía ganas de llorar, es que aquel individuo sabía cómo hacerle sufrir. Pero las lágrimas jamás aparecerían.

—Eres un estúpido… te odio— "Kat no llores, Kat no llores" se repetía para adentro. No podía permitirse bajar los brazos y demostrarle a ese ingrato que ella sufría por su causa.

— No, no me odias… solo quieres que yo te odie, para no quererme — Entonces Sirius se acercó más a ella, si es que esto era posible. Miraba fijamente a sus labios, parecía que iba a besarla. Katherine no supo qué hacer. Sabía que Sirius quería jugar con ella, pero ¿Besarla? Se quedó quieta, muy quieta, y hasta había aflojado la resistencia que oponía contra la fuerza de Canuto sin darse cuenta. Entonces cuando creyó que sus labios se unirían en un beso de esos que soñaban todas las chicas, él la soltó y se hizo a un lado para dejarla libre. Ella tardó una fracción de segundo en reaccionar y supo que Sirius se había dado cuenta de su cavilación. Él puso su mejor sonrisa de conquistador y le dijo: — ¿No querías que te suelte para que puedas irte?

Katherine se fue corriendo de allí. La muy tonta se había dejado llevar por aquella trampa. Pero ¿Por qué Sirius decidía hablarle? ¿Por qué justo ahora?

Había pasado todo el año anterior ignorándose completamente. Katherine suponía que con lo enojada que ella había estado y de la forma en que lo había tratado, Sirius Black jamás volvería hablarle o intentar cualquier otra cosa con ella. Pero se equivocaba y mucho.

Entró a su compartimento donde sus amigas, incluso Lily, la esperaban. Se mantuvo muy callada y todas se vistieron con el uniforme pues ya estaban casi llegando a la estación de Hogsmeade y la ceremonia del sombrero seleccionador y el delicioso banquete de bienvenida las esperaban.