CAPÍTULO 3: SIN RESPUESTA

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Se les veía nerviosos, pero era normal; sería como una misión real, la primera para ellos. Eran seis, cuatro chicos y dos chicas, los mejores de su curso, probablemente llegarían muy lejos. Pero primero había que quitarles ese nerviosismo que llevaban puesto.

Se habían reunido en la academia de shinigamis, que estaba en la zona oeste del Seireitei. Cuando llegaron, los seis estaban en fila, esperándoles completamente quietos, sin emitir ni un solo ruido. Después de presentarse, Rukia y Renji decidieron que ya era hora de marchar, y se llevaron a los aprendices con ellos. Tenían que ir al distrito 52 del Rukongai. Últimamente, había aparecido un hollow por esa zona, y sería perfecto para ellos. Era extraño que un hollow apareciese en la Sociedad de Almas, pero no imposible.

Durante todo el trayecto, el teniente se había encargado de hacer que los alumnos perdiesen la vergüenza de la mejor manera que sabía. Comenzó a hablar con ellos animadamente, contándoles alguna anécdota de las misiones que tuvo cuando era académico. Antes de llegar ya se podía oír cómo se reían y hacía bromas de todo tipo. Aquello, para Rukia, era poco menos que un insulto. Sabía que no tenía derecho a pensar así, que estaba siendo egoísta, pero no soportaba verlos reír felizmente. Ichigo también había sido un buen amigo para Renji. ¿Por qué él podía reír tan fácilmente? ¿Acaso se había olvidado de todos aquellos humanos que se convirtieron en sus amigos? ¡No lo entendía! Y sobre todo eso... Le dolía. Le dolía ser la única que todavía guardaba en su corazón aquellos recuerdos que la atormentaban.

Recordó aquella vez hacia ya bastante tiempo, cuando estaba comiendo con todas las chicas. Las risas, las palabras, entonces ya había asumido que se tendría que ir, pero entonces la situación era muy distinta. Desde entonces habían pasado demasiadas cosas como para tener que olvidarse de todo aquello. Quería volver a pertenecer a aquel mundo lleno de cosas que ella no entendía, quería volver a sentirse viva, aunque ya no lo estuviera. No soportaba la idea de no pertenecer a ese extraño mundo.

Todavía estaba inmersa en sus pensamientos cuando llegaron al lugar indicado. Era como cualquier lugar del Rukongai, tan solo que este estaba medio destruido. Las almas que vivían allí habían tenido que huir a causa del hollow, y cuando el asunto se volvió incontrolable, llamaron a los shinigamis para que los ayudasen. La mayoría de los habitantes de ese sector odiaban a muerte a los shinigami, y habían preferido estar en peligro a pedirles ayuda, aunque al final no tuvieron más remedio que hacerlo.

-Bien, se supone que aquí es donde aparece ese hollow. - el teniente se dirigió a los estudiantes algo nervioso. No se le daba muy bien el expresarse ante los demás, se ponía nervioso y muchas veces repetía cosas que ya había dicho. - Bien.- se aclaró la garganta varias veces. Antes estaba hablando con ellos de la más bien, pero ahora se suponía que tenía que demostrar cómo eran los altos rangos de la Sociedad de almas. Con la mirada pidió ayuda a su amiga, pero cuando la miró supo que ella no estaba por la labor. Miraba al suelo tristemente sin verlo, sus ojos no mostraban al más mínimo signo de vida ni de muerte. Simplemente estaban... Vacíos, y aquello le asustó. Tendría que hacer aquello él solo.- Ahora tenéis que rastrear por la zona en busca de algún rastro de su energía espiritual. Puede que todavía esté por la zona, así que si lo encontráis, lo primero que tenéis que hacer es informarnos a todos los demás, ¿entendido? - le respondieron asintiendo con la cabeza y se marcharon inmediatamente a cumplir con lo que se les había ordenado. Respiró tranquilo. Lo había hecho bien. Miró de nuevo a Rukia, y vio que estaba exactamente igual a como estaba hacía unos segundos. No se había movido ni un milímetro. - Rukia... - no obtuvo respuesta, aunque tampoco sabría qué decir si le hubiese respondido. Él simplemente quería volver a oír su voz, pero no aquella voz apagada y fúnebre, sino la voz que solía usar antes con sus amigos... En el mundo humano. Apartó su mirada de ella y se alejó para dejarle espacio. Era lo que estaba pidiendo con esa actitud antisocial.

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Había sido más difícil de lo que se lo había imaginado. Decirle a su padre que se marchaba en cuanto acabasen las clases le había costado, a pesar del poco afecto que le creía profesar. Ahora Kurosaki Isshin lo miraba sorprendido, pero sin decir palabra. Sabía que no podía hacer nada para que cambiase de opinión, su hijo era tan testarudo como lo había sido su madre, a la que nunca le había podido llevar la contraria.

-Sabes que será difícil...

-Lo sé de sobra, he estado pensándolo durante mucho.

-Mucho no son dos días... Mejor dicho, uno y medio.

-Pero sí suficientes.- aquello no llevaría a ninguna parte, tan solo haría las cosas más difíciles.

-¡Maldita sea! - se levantó y le propinó una buena patada a su hijo que en su extraña asociación de ideas querría decir "buena suerte". - A las niñas no les gustará.- miró a su hijo, que aún se quejaba del golpe recibido. - Ichigo...- el muchacho le miró, algo malhumorado, pero sin ganas de responder, y eso era mala señal.- No quiero que esto te hunda aún más. - el chico murmuró algo entre dientes, pero no quiso continuar con eso.

-Me voy a dormir.

-¿Cuándo se lo piensas decir a tus hermanas?

-Cuanto más tarde mejor.

-Así no tendrán tiempo de asimilarlo.

Ichigo no le respondió. Subió las escaleras y cuando llegó al segundo piso se metió directamente a su cuarto.

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Un grito aterrador les sacó de ese silencio que se había creado entre ellos. Era, sin duda alguna, el grito de un hollow. Pocos segundos después Renji recibió por el trasmisor la situación exacta del vacío. Uno de los shinigami académicos estaba cerca, demasiado cerca. Antes de que dijese anda, vio como la shinigami se ponía en marcha como una autómata. Su misión principal era la de vigilar a los chicos durante la misión, pero ella parecía que tener otra cosa en mente.

Apenas tardaron unos minutos en llegar al lugar en el que había aparecido el hollow. Era una bestia enorme, con cuatro extremidades alrededor de la cabeza y sin piernas. Tenía una extraña membrana en la espalda que le mantenía en el aire, como si fuesen alas. Acorralándolo habían cuatro de los estudiantes, y parecían tener problemas con el monstruo. Cada vez que intentaban alcanzarle con sus zampakutou, eran repelidos por un feroz viento creado por la membrana o golpeados por alguno de sus deformados brazos. Seguramente no podrían con él.

Kuchiki Rukia desenvainó su espada, aunque no era ella quien la manejaba. Estaba siendo presa de algún tipo de manipulación.

"Esto es lo que tienes ahora."

-Soy shinigami.-la voz de la muchacha salió de su boca diciendo esas simples palabras.

-¿A qué viene eso ahora?- el teniente la miraba extrañado. Él no le había dicho nada, en realidad prácticamente había hablado con ella más de lo necesario desde aquella forzada despedida. No sabía a qué venían aquellas palabras. Era shinigami, eso es lo único que había dicho.

"Pero no es lo que quieres."

-Sabes que no.

El pelirrojo ya se estaba asustando. A su amiga le había dado por hablar sola. ¡Lo que le faltaba! Oyó un gritó y se giró para prestar atención a la batalla que estaba transcurriendo a escasos metro de él. Si la situación no mejoraba, tendría que actuar.

"Entonces cámbialo. Este mundo me aburre. Y a ti también."

-No puedo... Soy shinigami.

"Dejaste de ser shinigami el día en el que yo aparecí."

-¿Y qué eres tú? ¡¿Por qué solo te puedo oír yo?!

-¡¡Rukia!!- aquello era realmente preocupante. Renji se olvidó por completo del hollow, de los estudiantes y de su misión. A Rukia le ocurrí algo realmente extraño. Quizá todavía era demasiado pronto para que volviese a hacer misiones. Le habían asignado esta justamente por su facilidad, teniendo en cuenta de que mientras trabajaba no podría pensar en otras cosas, pero no había funcionado.

-¡Responde!

-¡Maldita sea Rukia, ¿qué te pasa?!- la chica le miró sin comprender. ¿Qué le pasaba? A ella... Ni siquiera lo sabía. - Rukia...

-Responde... - esta vez lo dijo casi en un susurro, pero su amigo lo oyó a la perfección.

"¡Olvídate del hollow, de tu misión! Por una vez en tu vida, haz lo que de verdad quieres hacer. ¡Olvídate de la Sociedad de Almas!"

Renji ya no soportó más aquella situación. Se adelantó e intentó coger a Rukia para llevársela de allí, pero ella se lo impidió.

-¡No! - les gritó a ambos.

Asió con fuerza la empuñadura de su espada y la dirigió hacia aquel espíritu maligno. Ella quería irse, quería volver a su vida anterior, pero no quería olvidar esta. ¿Era demasiado egoísta? Supuso que sí. Para ella, su trabajo como shinigami era de vital importancia. Desde que aquel hollow asesinase a su anterior teniente, se prometió a si misma que no dejaría que aquello le volviese a suceder a alguien. No podía abandonar la Sociedad de almas. En el momento en que conoció a Ichigo, todo cambió. Se 'humanizó'. Conoció demasiadas cosas, 'vivió' demasiadas experiencias. No podía dejar el mundo humano. Ella quería una vida más allá de la muerte. Quería que la muerte le trajese la vida. Y aquella maldita voz la confundía. Por una parte, le decía aquello que quería escuchar, le daba fuerza. Por otra, sus palabras implicaban una liberación total de aquel mundo, y aquello tampoco era lo que quería. Allí estaba Renji, su hermano, el capitán Ukitake, y una infinidad de buenos recuerdos tan buenos como los que guardaba del mundo humano, el mundo real.

"¿Por qué? ¿No quieres volverle a ver? Deshazte de todas estar ataduras. Tu no las ves, pero aquí son cadenas ardientes que derriten el frío de la princesa, que agotan tu poder. Y a mí me asfixian..." (n/a: Esa penúltima frase se refiere a la espada de Rukia, que sería la princesa Shirayuki.)

-¿Y dónde es aquí?- de nuevo no había respuesta.

-¡Joder, Rukia! ¿Qué coño es lo que te pasa? - ya se estaba poniendo histérico. Esa situación le sobrepasaba. ¡Rukia se estaba volviendo loca!

-¡Quiero volver! Pero...- miró al hollow, al que en este momento le faltaba un brazo. - No puedo. No puedo tenerlo todo. - su voz se le quebró.

"¡Olvídate del maldito hollow!" la voz le volvió a insistir. Quería ser obedecida, pero no le resultaba fácil.

Rukia no iba a obedecer las extrañas órdenes de su locura. Ella era libre dentro de su mente, y allí podría rememorar todos aquellos momentos vividos. Sabía que no le quedaba opción.

Todavía con la espada en alto, se adelantó hacia el lugar donde la batalla aún se estaba gestando. Los muchachos - que en esos momentos ya estaban todos reunidos - estaban exhaustos. Les echaría una mano. Avanzó rápidamente, colocándose enfrente del monstruo, al que miró con desafío. Esquivó varias veces los temibles puños del hollow, y cuando el tercero estaba apenas a cinco centímetros de su cuerpo, la shinigami lo cortó en dos con su afilada katana. Dio un salto hasta colocarse a la altura de la máscara blanca y con otro mandoble la hizo añicos. Segundos después, no quedaba ni rastro de aquel ser. Seguramente su alma habría aparecido en algún lugar cercano, ya purificada, pero eso ya no era trabajo suyo.

Envainó su espada y se alejó de allí.

-No te voy a obedecer. Tampoco te voy a escuchar más.

Nadie le respondió, ni la voz de su delirio ni ninguno de los presentes.

Uno de los chicos se levantó, hizo una especie de inclinación y se disculpó por no haber podido hacer nada. Los demás le imitaron.

Segundos después, el teniente se acercó visiblemente preocupado.

-Estoy bien. - le dijo antes de que pudiese articular palabra

"Por ahora..."

La había vuelto a escuchar. Sonaba amenazante, a pesar de ser una voz dulce, femenina. Sabía que estaba furiosa. Sabía que no se conformaría con eso. Y también sabía que aquella voz, fuese lo que fuese, podía ponerla en peligro.