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4. La primera vez que tome tu mano

En Rusia el clima es demasiado frio durante gran parte del año, con el tiempo uno se acostumbra a ese tipo de vida; siempre llevando un montón de ropas pesadas encima y guantes de lana.

A Yuri no le gustaba mucho usarlas, entonces aprendido a acostumbrar su cuerpo al frio, el ruso no se enfermaba fácilmente. Cada vez que la temperatura bajaba, la calidez de su cuerpo también se iba, Georgi siempre pegaba un grito al cielo cada vez que tocaba su mano congelada, como si estuviera muerto.

Estaba conforme siendo así, solo hasta que conoció a Yuuri.

En algún momento tuvo que sostener las manos del japonés luego de estar tanto tiempo en una relación, aquellas extremidades; más grandes que las suyas, eran cálidas, quizá demasiado y sentía que el frio se iba de su cuerpo tan solo tocarlas.

Yuuri en un principio se había asustado, pero al agarrarlo fue sintiendo como poco a poco su calidez contrarrestaba el invierno congelado que eran las manos del ruso.

Yuri se sintió demasiado confundido.

Era la primera vez que algo así pasaba, como poco a poco el frio de su cuerpo pasaba a un calor que quemaba y a la vez se sentía demasiado bien.

Desde ese momento, siempre buscaba enredar y entrelazar sus dedos con los del japonés.

Pero odiaba que no pasara siempre, porque en Japón el clima era de extremo calor en verano, extremo frio en invierno, extremas lluvias en otoño y todo rosado en primavera por los arboles de cerezo, solo tenía tres meses para poner de excusa el clima y tomar sus manos con las suyas, mientras cuando hacía calor era muy incómodo porque ambos sudaban y de alguna forma se sentía raro y asqueroso; aunque jamás admitiría que también amaba sentir su mano resbalosa con la contraria.

Yuri creía que flotaba cada vez que rozaba sus dedos con los ajenos, palpando cada detalle, disfrutando cada pequeño momento, delineando y dibujando las líneas de la palma y contando los dedos cuando estaba aburrido, jugando con las uñas y mordiéndolas de vez en cuando, apretando o pellizcando la piel, sintiendo los nudillos y poniendo algo de fuerza en ellos para probar que tan duros eran.

Algunas veces midiendo su mano; que aún era pequeña en comparación a la otra; que era más grande, sonriendo mientras sus mejillas tomaban un color durazno pálido muy adorable, todo eso mientras se encontraban sentados frente a frente, aburridos y a la vez no, sin auricular ni una palabra, solo dirigiéndose miradas y algunos gestos.

Escuchando como la lluvia golpeaba el suelo del exterior con brusquedad y ellos dos buscaban refugio entre sus cuerpos, dedicándose sonrisas cargadas de complicidad.

Yuri pensaba que nunca se cansaría de tocar, tomar, entrelazar y delinear la mano del nipón, ya sea cada vez que se despertaran juntos, cada vez que caminaran por las desoladas calles o que no tuvieran nada más que hacer.

Y algunas otras veces ocultando sus manos fuertemente agarradas en el bolsillo del otro, como si ocultaran una travesura, como si estuvieran en su propio mundo.

"Porque tomar tu mano con la mía en cada momento, se siente como si fuera la primera vez".

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Notas Finales:

Siempre pienso en algo diferente y termino escribiendo otra cosa, espero les haya gustado y mil gracias por los favs, followos y bellos comentarios.