Hola! Gracias por todo los comentarios. Enserio que me motivan demasiado a seguir. Ya, con respecto al capitulo anterior, la segunda parte me base en la melodia de una cancion diferente a la del titulo :) Es de Linkin Park y se llama When They Come For Me (si, es nueva) especialmente en la ultima parte. Emm.. no.. un poco más de la mitad de la cancion. Sí, ahí si :) . Si quieren la escuchan para que se ambienten un poco en la situacion que me imaginaba yo. Tambien valido para este capitulo ja ja :)

Con respecto a este capitulo, tambien es medio dramatico.. y creo que un poco más largo. Tambien lo siento por algunas rimas que van a salir... pero me lavaron el cerebro con la escritura en proza (¿?) en el colegio y no me la he podido sacar! Realmente quería poner algo de humor entre medio pero realmente no había espacio!

Pero bueno.. tu dime que opinas.. acepto todo asi que VENGAN ZUATARAS POR MI... si se atreven..


-Aang esta muerto. – Repitió el Señor del fuego a viendo a su amigo caído y tieso, digiriendo cada segundo que vivió del aquel atentado horrendo. – Aang está muerto y fue mi culpa, el perdón no merezco.

La situación era confusa para todo aquel que había presenciado el ataque hacia el maestro de los cuatro elementos. Luego de que lo apuñalaran, cayó rodando desde las escaleras hasta el suelo, dejando una huella de sangre en el hielo. Civiles y guardias se amontonaron en el lugar, estos últimos persiguieron rápidamente al agresor que intentaba escapar con una sonrisa sin compasión entre la muchedumbre que esparramaba el lugar, los mismos que lo atraparon. Empezaron a golpear al delincuente sin control alguno, los guardias actuaron velozmente para intervenir, la multitud estaba confundida y con ira. Ira por su pobre Avatar, el que los protegía y cuidaba; ¿Como alguien tuvo el atrevimiento de matar a alguien tan puro, noble y bueno?

Esto mismo se estaba preguntando Katara, que desde un puente que cruzaba justo enzima de la escalera de Tui y La, presenció el acto del malhechor desgraciado. Con boquiabierta y los ojos grandes y vidriados vio como el Avatar caía salpicando sangre en su moribundo recorrido. Lo peor es que segundos antes había reconocido su rostro.

-Es el mismo chico. Conocí al Avatar horas antes de su muerte. – Se repetía en su mente, pasmada e inconsciente de la realidad que la rodeaba. – Él me habló. Vio como practicaba y me sonrió dulcemente. Esto es atroz, imposible. Imposible.-

Segundos ya habían pasado. Se escuchaban gritos de "¡El Avatar esta muerto! ¡Maten al maldito que le quito la vida!" y "¡Nos atacan!", corrían y sollozaban algunos. Un verdadero caos. Alguno que otro aprovechó la ocasión para robar algunos objetos de las pequeñas tiendas del festival.

Los curanderos, habilosos en su tarea, llegaron inmediatamente al lugar, llevándose así a Aang y al desconcertado Zuko, que aún no podía creer lo que veía.

-¡Katara! – Gritó el Maestro Pakku, su mentor, que iba tratando de calmar a la multitud que pasaba a su alrededor – ¡Katara, que rayos haces! ¡Ve rápidamente con los curanderos, ahora!

Sin vacilar, Katara corrió lo mas rápido que pudo a donde los curanderos recibiendo un millar de golpes y empujones producto de la gente que iba corriendo aterrada pensando que este atentado era un signo de que los estaban atacando.

Pasaron cuarenta y tres minutos y la muchedumbre fue calmada por completo gracias a la habilosa intervención de los guardias y soldados comandados por el magnifico jefe Hakoda y su hijo Sokka, mientras Katara estaba en una sesión de curación con diez curanderos más, todos alrededor del moribundo Avatar, el que estuvo apunto de fallecer sin su oportuna aparición.

-Nunca estuvo muerto. Nunca lo estuvo.- Se consolaba así misma en la mente.

El cuchillo estuvo a 2 cm de perforar el pulmón. Si lo hubiera perforado solo un milagro salvaría al pobre chico. Aunque aún estaba con vida, no significaba que no estaba en peligro de muerte, la herida era profunda y expulsaba choros de sangre sin cesar. El cuerpo estaba increíblemente blanco marcando y definiendo las flechas azules que lo decoraban. Katara le dolía con solo ver la cara de sufrimiento del pobre; sus ojos cerrados fuertemente con pequeñas gotas de lagrimas amargas suplicando por salir y sus dientes lo apretaba como si trataran de romperse así mismos.

Los curanderos estaban totalmente concentrados en su labor, todos dirigidos a la herida y en sus cercanías curando toda magulladura, golpe y moretón causado por la caída. Mientras, Zuko estaba en la habitación de al lado. Se fracturo el pie derecho y solo habían tres curanderos que curaban sin detenerse.

-Aang esta mucho peor gracias a mí. Él se puso entre mí y la desgraciada daga. Todo fue mi culpa. – Susurraba en voz inaudible – Soy un idiota, un imbécil.

Luego miró a los curanderos concentrados en su pierna y les dijo:

-Aang esta mucho peor que yo. Cúrenlo a él, luego a mí, cuando lo vea en pie. Si no lo veo en pie, es mejor dejar mi pierna así como esta. – Dijo francamente. Los curanderos lo miraban sin saber qué responder.

Zuko se sentía tremendamente culpable. Su mejor amigo, su amigo de la infancia estaba justo en la habitación de al lado agonizando. Buenos recuerdos de cómo lo conoció invadieron su mente causándole aún más culpabilidad.

-Cálmese Señor del Fuego Zuko. El Avatar Aang esta muy bien atendido. Además dicen que muchas manos pueden estropear toda la sesión. – Le dijo Hakoda luego de entrar a la habitación. – Deseo también aclararle que esto no fue su culpa si es lo que piensa.

-Si no es mía ¡De quien rayos es! El tipo se dirigía a mí, no a él. Si yo me hubiera percatado antes lo hubiera hecho cenizas antes de que Aang anduviera el primer paso para empujarme.

-La culpa fue del delincuente, obviamente. Aparte, lo hemos interrogado. Dijo un montón de desfachateces raras. Cosas verdaderamente tontas. Me encantaría que usted fuera a supervisar cuando se recupere de su pierna. Yo estaré a cargo de los desordenes que se están generando en la ciudad.

-Entiendo. Gracias.

-Hakoda se retiró de la pieza y se dirigió a la de al lado, donde estaba su hija curando al Avatar.

La pieza estaba a oscuras, lo único que brillaba era las aguas curativas sobre la espalda del Avatar.

Hakoda solo se quedó a observar, no tenia la intención de molestar la sesión.

Katara estaba teniendo un particular empeño por esta ocasión. Se sentía tan responsable de la recuperación de su espectador (y el Avatar) que no tenia tiempo ni para pestañar.

-Recupérate – Susurraba – Por favor, recupérate.

Pasaron algunas horas antes de que la herida dejara de sangrar y al fin empezar a cerrarse. Cuando eso ocurrió los curanderos se miraron agradecidos y orgullosos de ellos mismo, especialmente Katara.

Aang, por el momento, estaba fuera de peligro.

-Que afortunado – Sonrió la maestra agua.

Y así pasaron 2 semanas. Aang abría sus hostigados ojos lentamente. Un pequeño gruñido acompañó la acción, sin entender que había pasado. Una punzada de inmediato invadió su espalda recordándole el su atentado.

-Zuko va a tener que ser mi esclavo de por vida. – Se río adolorido.

Ya que estaba boqui abajo trato de levantarse elevando su cuerpo con las manos, lo que falló por que su brazo izquierdo no reacciono con la fuerza que él requería. Razonó que estuvo mucho mas grave de lo que él pensaba así que cuidadosamente rodó por su cama hasta estar boqui arriba y con cuidado se sentó.

Justo al frente de su cama había alguien durmiendo sobre el borde de su cama. Era la misma chica que vio practicar, que especuló que fue hace algún tiempo, Katara. Estaba adormecida con los brazos abrazando do cabeza, un hilito de saliva salía de su boca lo que Aang le encontró gracia y le sonrió silenciosamente.

-Que linda sorpresa – Se dijo – Soy un afortunado imbatible.


Mira que lindo botón el de allá abajo!