Four;
—¡Donnie! ¿Crees que puedes apagarlo? —grita Leo, peleando contra uno de los Kraangdroides.
Donnie mira la computadora frente a él y asiente.
—¡Lo que se sabe no se pregunta! —Exclama con una sonrisa mientras mandaba a volar una cabeza Kraangdroide lejos gracias a la fuerza con la que impactó su Bō—. ¡Cúbranme, chicos!
Rapha comienza a correr a la dirección dónde estaba Donatello y así comenzar a destrozar a todos aquellos robots con sus Sais, impidiendo que llegaran a su hermano.
Cuándo los chicos habían decidido entrar a aquella chatarrería, notaron que ésta había sido convertida en lo que parecía ser una base secreta del Kraang, dónde éste tenía, según Donatello, un enorme portal que seguramente tendría la capacidad de traer a la tierra, cualquier tipo de criatura de la Dimensión X y que podrían destruir no sólo la ciudad, sino también el mundo.
Era un peligro potencial que literalmente, ya estaba activo.
Así que, el plan era apagar el portal y destruirlo. Sólo que las cosas cada vez se iban poniendo más complicadas gracias a que el Kraang había abierto otros mini portales de dónde salieron muchos más Kraangdroides y habían comenzado a atacar a los chicos sin piedad.
—¡Chicos, hay un problema! —grita Donatello, tecleando rápidamente y pasando sus ojos por todas las pantallas que habían allí.
—¡Donnie, cuidado! —grita Mikey, haciendo que el aludido volteara a ver qué sucedía pero un Kraang sólo le dispara en el pecho y le hace caer.
—¡Donnie! —gritan los dos mayores e intentan correr hacia dónde su hermano herido, quién había comenzado a sangrar de manera preocupante.
—E-estoy bien —dice, haciendo presión como puede en su herida y volteándose de nuevo hacia las computadoras del Kraang.
—¿Y cuál es… —Raphael comienza a pelear contra otro Kraangdroide que les estaba disparando. Con una patada logra derribarlo, y con sus Sais, le atraviesa la cabeza. Dejándolo fuera de la batalla—… el problema?
—No puedo cerrar el portal, si lo hiciera, el acelerador de partículas se sobrecalentaría por toda la potencia que se cierra de golpe; el portal explotaría y… —Donnie deja de hablar, suspirando profundamente en el proceso.
—Nos mataría a todos aquí —concluye Leo, sintiendo una opresión en su pecho. Donatello asiente con la cabeza, dándole la razón.
—Alguien debe quedarse y-
—No —interrumpe Raphael a su hermano inteligente—. Nadie se quedará aquí y nadie va a morir —los chicos continúan peleando con los Kraangdroides que, cada vez salían más de los portales que estaban esparcidos por todo el lugar.
—Los Kraang piensan destruir la luna y llenar todo el lugar con algo que ellos llaman… mutágeno —explica Donnie, leyendo los archivos que iban apareciendo en las pantallas—. Y si hacen eso, el campo gravitacional de la tierra se vería afectado.
Todos los chicos dejan de pelear y se miran entre sí, asustados.
—Y todos morirían —concluye Mikey.
Donatello asiente con la cabeza.
—Váyanse —dice Leo, parándose frente a los chicos—. Yo me haré cargo.
—¿Qué? —Exclaman todos, a la vez—. ¿Estás loco acaso? ¡No te dejaremos para que mueras aquí! —Raphael comienza a tornarse histérico, negándose rotundamente a aquella idea.
—Y no lo haremos —dice Mikey, corriendo hacia uno de los portales que estaban en el suelo y disparándole con un arma Kraang que había en el suelo, lo cierra por fin—. Tengo una idea, pero tendrían que confiar en mí —Mikey vuelve dónde sus hermanos y los observa con detenimiento, justo a los ojos. Éstos se ven desconfiados y confundidos; pero el menor les regala una amplia sonrisa—. ¿Confían en mí?
Donnie suspira, mirando con miedo la computadora y luego, volviendo a mirar a su hermanito.
—No hay mucho tiempo, cualquier cosa es bien recibida —dice, al fin, devolviéndole la sonrisa al rubio. Los demás asienten de acuerdo, aunque no muy confiados.
—Bien, vamos afuera —dice, de repente, comenzando a correr hacia la salida, esquivando a los Kraang que se interponían en su camino. Los demás se quedan allí, luchando y confundidos; aunque al final, terminan siguiéndolo.
—¿Y bien? ¿Cuál es el plan? —pregunta Leo una vez que están afuera. Mikey sonríe levemente y suspira, observándolos detenidamente.
—Lo siento, chicos. No tengo ninguno —y sin esperar a que éstos le respondieran, dispara a la cadena que sostenía la enorme puerta de hierro y logra hacer que ésta comience a cerrarse. Mikey, aprovechando que él es el más veloz de todos, comienza a correr y se desliza hasta lograr quedar dentro justo antes de que la puerta cayera con fuerza al suelo, impidiéndoles los pasos a sus hermanos mayores.
—¡Mikey, no! ¡Espera! —grita Leo con desesperación, intentando levantar la pesada puerta de hierro en vano.
—¡Miguel Ángel que ni se te ocurra hacer algo estúpido! —grita Raphael, también ayudando a Leo a intentar levantar la pesada puerta.
Los ojos de todos se habían comenzado a humedecer y Donatello, desesperado, estaba intentado buscar cualquier otra entrada para así poder detener a su hermano.
Sin embargo, no había ninguna.
—¡Mikey! ¡Regresa aquí ahora mismo o…!-
La onda expansiva de la explosión los había logrado alcanzar y los había enviado lejos por el aire, haciéndolos estrellarse con fuerza en una pared y luego caer al suelo. En los oídos de todos se podía escuchar un irritante pitido gracias a la explosión y todo a su alrededor parecía haber comenzado a transcurrir en cámara lenta.
El calor del fuego los abrazaba y las sirenas de la policía y los bomberos se comenzó a escuchar a la distancia.
Miguel Ángel se había sacrificado.
Y no había dudado en hacerlo. Por ellos, por el mundo.
Él había muerto.
Me hago una idea de lo que dirán, lo sé¿? Pero no, no es apresurado. Justo así debe pasar.
Ésta vez sólo tardé un día, espero y lo hayan notado.
¡Hasta la próxima!
