Disclaimer: AStephenie Meyer le pertenece crepúsculo. La creación original de esta historia, incluyendo, pero siendo limitada a personajes, lugar, y trama, son copyright para mí. (Bronzehairedgirl620; autora original de la historia). Yo simplemente traduzco. (:
Capítulo tres
Bella
Incapaz de dormir por más tiempo, me obligué a mí misma a salir de la cama a las seis, al no querer molestar a Alice con mis vueltas. Después de tallarme los ojos para sacudirme el sueño, me vestí con ropas al azar, que estaban tiradas en el suelo, y caminé hacia afuera, queriendo un poco de aire fresco. Agradecida por la fresa temperatura, caminé perezosamente bajo la calle, encontrándome rápidamente en la cafetería.
Las campanas sonaron mientras entraba, el empleado con expresión cansada detrás del mostrador me miró momentáneamente antes de desplomarse de nuevo contra la barra.
"Hola," dije tímidamente. Había hablado con Jasper algunas veces, pero la conversación nunca pasaba de preguntarnos mutuamente como nos iba en el día.
"¿Qué te doy?" Preguntó, reprimiendo un bostezo mientras se estiraba para tomar un vaso de papel. Ordené lo primero que se me ocurrió, ahogándome en el incómodo silencio mientras llenaba la orden.
"Así que, eres amiga de Alice, ¿cierto?" Preguntó para hacer conversación. "¿Alice Cullen?"
Me mordí el labio para no sonreír. "Si," murmuré, mirando al piso. "Somos compañeras de cuarto."
"Genial," contestó. El silencio llenó la habitación una vez más, mientras se apagaba. Se ocupó poniéndole la tapa, para luego alargármelo y aconsejarme que no fuera a quemarme.
"Gracias," dije, y antes de debatirme entre si debía o no preguntarle por ella, me la ganó.
"Así que, ¿qué con ella?"
Fruncí el ceño. "¿Uh?"
Jasper sofocó un bostezo. "No sé mucho sobre ella, además de que quiere ser fotógrafa."
Me mordí el labio para no sonreír enormemente. "¿Hablan mucho, ustedes dos?"
Sacudió su cabeza. "No," respondió, aunque sentí como si hubiera algo más que quería añadir.
"No sé," dije, sabiendo lo que quería comenzar. "Deberías llamarla y llegar a conocerla."
"No sé si eso le gustaría," murmuró, pero el tinte rojo de su rostro lo delató.
Casi me reí, pero me las arreglé para mantenerme serena. "Creo que le gustaría," razoné. "Ella habla sobre ti."
Alice me mataría si supiera que tácticas estaba usando, pero, a pesar del hecho de que todo lo que hacía era agravarme hablándome sobre él, quería ayudarla. Se lo merecía.
"¿En serio?" Respondió un poco demasiado rápido. Solté unas risitas, encogiéndome de hombros mientras tomaba un trago del café que se encontraba situado frente a mí.
"Sí," dije. "Y de su clase."
Su expresión cayó. "Oh. Es una muy buena fotógrafa."
"Lo es," coincidí. "Eh escuchado que tú también lo eres."
Su brillante sonrisa volvió. "¿Ella dijo eso?"
Reí ante lo mucho que significaba para él, y no pude hacer más que asentir. "Sí, dijo que eres muy talentoso."
"Tenemos un proyecto en esa clase," dijo. "Es mi compañera."
Sonreí. "También sé eso."
Inhaló, su fachada, aunque era completamente calmada, parecía de alguna manera nerviosa. "¿Está emocionada sobre el proyecto?"
Pensé en la mirada soñadora que no había dejado la cara de Alice desde que la contactó por primera vez, y asentí. "No puede esperar."
"¿En serio?" Sonaba contento. "¿Le gustó la idea que sacamos?"
Pensé por una respuesta. "No me dio detalles específicos, pero sé que no puede esperar."
Asintió, comenzando a verse más despierto mientras comenzaba a hablar sobre sus requerimientos. "Las tomas tienen que estar en formato apaisado, pero además de eso podemos hacer lo que queramos. Un total de tres."
Traté de ganar alguna información que le fuera útil a Alice sutilmente. "¿Por qué la elegiste para trabajar contigo?"
Si sentía pánico o nervios, no lo demostró. De hecho, se veía completamente calmado, aunque había un rastro de incertidumbre en sus ojos.
"Quiero conocerla," respondió suavemente.
Satisfecha con su respuesta, pero sabiendo que había algo más que estaba dejando afuera, me puse de pie y me aseguré de que la taza de Alice seguía caliente antes de sonreírle.
"Quisiera poder quedarme un poco más, pero tengo que volver con Alice." Dije, asiendo un gesto hacia el café. Él asintió, sonriendo ampliamente mientras caminaba hacia la puerta.
"Te veo después." Dije, gimiendo mientras las gordas gotas de lluvia me golpeaban el rostro. Me subí la cremallera de la chaqueta, caminando tan rápido como podía hacia el lugar de Emmett y Rosalie.
"¿Dónde has estado?"
Ese fue el saludo que recibí después de volver a la habitación de invitados de puntillas. Le alargué la taza de café como un signo de paz, sonriendo perezosamente.
"Traje cafeína," sonreí ampliamente, abriendo las cortinas. "Vamos, es un día perfectamente espantoso. ¿Qué quieres hacer?"
Me arrojó su almohada. "Dormir," gruñó.
Me reí, dejando la taza en la mesita de noche y retirándome hacia los seguros límites de la cocina donde se encontraban sentados Rosalie y Emmett.
"Ey," dije, inhalando profundamente. "¿Qué están haciendo?"
Rosalie rodó los ojos, apuntando a su novio con el pulgar. "Martha Stewart, aquí presente, ha decidido que quiere preparar el desayuno."
"¿Enserio?" Respondí, tomando asiento en el taburete de la barra y apoyando los codos en el mostrador. "¿Cuándo estará listo?"
Sacudió su cabeza. "Nunca, a este paso. Insiste en criticar cada uno de los pasos de la receta."
Divertida, me giré para mirar a Emmett, quien, efectivamente estaba marcando los pasos con una pluma. Me paré tras de él, poniéndole una mano sobre su amplio hombro. "¿Qué pasa, Em?"
Cerró el libro, reemplazándolo en el estante antes de enchufar la tostadora de waffles. "Estúpidos escritores de recetas," murmuró, rompiendo dos huevos y mezclándolos con la harina. "Se creen tan geniales."
Bufé, ignorando su despotrico. "Emmett, estoy bastante segura de que saben lo que hacen."
Sacudió su cabeza. "Por favor- no sabrían lo que hacen aunque estuvieran batiéndolos con un palo de 3 metros."
Rosalie soltó unas risitas, dejando su periódico. "¿Quieres ayuda?" Murmuró, corriendo una mano por su pecho. Emmett tragó saliva, asintiendo ligeramente aturdido. Ella rió, estirándose para alcanzar la nevera para sacar los ingredientes requeridos.
"Qué quieres, Bells: chispas de chocolate, bananas, nueces…bananas y nueces…" Enlistó, escaneando los contenidos del refrigerador. "Veamos…arándanos, fresas…"
"Simple está bien." Dije, sabiendo muy bien que Emmett les echaría lo que quisiera. Clamaba tener una licencia creativa cuando se trataba de cocinar.
Alice se levó sin prisas media hora después gracias al olor de waffles viniendo de la tostadora.
"Se ven bien." Elogió, besando la mejilla de su hermano. Tomé un plato, riendo ante el extraño surtido de comida y me senté con los demás.
"¿Planes para hoy?" Preguntó, cortando un pedazo de waffle. Me mordí el labio, después de tragar mi jugo.
"No tengo idea. Supongo que podemos ir a preguntarle al señor Brandon cuando podemos sacar nuestras cosas del departamento."
Emmett sonrió ampliamente. "Creo que saldré y pasaré tiempo con los chicos hoy. Algunos tienen el día libre, así que iremos a casa de Mike a ver futbol. Me iré en media hora."
Alice y yo ayudamos a Rosalie con los platos, y esperamos a que se fuera antes de volver a nuestra habitación a cambiarnos. Alice acababa de meterse a la regadera cuando el timbre sonó. Saqué mi cabeza al pasillo, para llamar a Emmett. "¡Em! ¡Puerta!"
"¿Puedes abrir? Estoy vistiéndome."
Gruñí, corriendo una mano por mi arrugada blusa y mi pantalonera. Una rápida mirada al espejo de camino al vestíbulo me dejó ver que no tenía esperanzas, así que lo acomodé en una coleta con una liga justo antes de inclinarme para girar el pomo.
Abriendo la puerta, estuve a segundos de desmayarme. Mis pulmones se contrajeron, mis conductos de aire cerrándose mientras miraba al dios frente a mí.
Edward estaba apoyado contra el marco de la puerta en toda su gloria, su cabello broncíneo se encontraba perfectamente despeinado. Sus ojos verdes denotaban sorpresa, pero lo ocultó rápidamente. "Ey," dijo calmadamente. "¿Está Emmett?"
Sólo pude asentir, abriendo la puerta un poco más para que pudiera entrar. Rió ante mi silencio y se adentró en la habitación.
Era la primera vez que lo veía en algo que no fuera su uniforme. Sus jeans oscuros se pegaban perfectamente a sus musculosas piernas y su camiseta negra abrazaba su torneado pecho. Vestía un par de simples tennis, y una chaqueta de cuero le cubría el brazo.
"¿Emmett?" Dijo de repente. Arqueé una ceja pero me giré, prácticamente chocando contra Emmett mientras dejaba su habitación.
"¿Todo bien, Bells?" Preguntó, preocupado. Asentí, pero, después de asegurarse de que estaba estable, me soltó antes de que pudiera esperar por cualquier respuesta verbal de su parte y saludó a Edward sacudiendo su mano.
"Es bueno verte, hombre. Déjame tomar mis cosas y volveré en un segundo."
Miré su espalda en silencio mientras dejaba la habitación, girándome de nuevo a Edward nerviosamente. Moví mi pie de adelante hacia atrás, de repente interesada en el diseño de la alfombra.
"¿Cómo te sientes?" Preguntó, su aterciopelada voz era suave y preocupada. Mi cabeza se impulsó hacia arriba y me encontré a mí misma mirando dentro de sus profundos ojos verdes.
"Estoy bien." Respondí automáticamente, pero deseaba haber podido pensar en algo más creativo. Sus ojos estaban arrepentidos, cosa que me sorprendió. Nos quedamos ahí parados, incómodos, y había muchas cosas que quería decirle. No podía encontrar mi voz.
"Gracias." Me las arreglé para decir, aunque estrangulada mente. Arqueó una ceja.
"¿Por qué?"
No estaba segura de si estaba jugando conmigo o de verdad tenía curiosidad. Decidí responderle, sólo porque me daba la oportunidad de hablar con él.
"Por salvarme la vida."
Formó una 'o' con su boca. "No fue nada. Sólo mi trabajo."
Sentí como mi expresión caía, pero él siguió hablando, como si sintiera la necesidad de llenar el incómodo silencio.
"Así que…Emmet es un muy buen chico."
Me encogí de hombros. "Puede ser odioso a veces, pero es un buen chico." Repetí, preguntándome porque estábamos hablando sobre Emmett, y no de cualquier otra cosa.
Edward escaneó la habitación, mirando las fotos de Alice, Emmett y yo cuando él había decidido manejar a Forks para visitarnos en la preparatoria.
"¿Desde hace cuanto se conocen?" Preguntó.
"Alrededor de dos años. Alice se mudó a mi ciudad natal en su último año, mientras Emmett iba a la Universidad Estatal de Portland (PSU)."
"¿No es un poco grande para ti?" Preguntó sospechosamente. Mis ojos se abrieron ampliamente, confundida por el doble significado en su voz.
"No sé a qué te refieres." Admití. "Sólo estoy viviendo con él mientras mi apartamento está listo o encontremos otro lugar en el cual vivir."
"¿Y tú vives con su hermana, Alice?"
Asentí. "Probablemente la escuchaste gritar hace unas noches."
Estaba sorprendida de ver un profundo rojo en sus mejillas. "Esa fue una de las razones por las cuáles quería encontrarte tan rápidamente. Estaba tan molesta, justo como otras personas en el pasto. No podía soportar el decepcionarla diciéndole que tú…bueno, ya sabes."
Me estremecí. "De verdad lo aprecio."
Una vez más, sacudió mi agradecimiento. "No hay problema."
Pero sus ojos se volvieron severos de nuevo cuando me miró, y caminó hacia atrás un par de centímetros, hasta que se encontró presionado contra la puerta. Cruzó los brazos, mirando su reloj.
Emmett se nos unió unos minutos después, rompiendo el incómodo silencio.
"¿Listo para irnos?" Preguntó Edward. Emmett asintió, tomando su gorra de beisbol del PSU, antes de pasarme un brazo por encima.
"No incendies la casa," bromeó. "Todos los buenos bomberos están fuera de turno."
Me quedé ahí, boquiabierta mientras se metían dentro de un Volvo plateado y se iban por la calle sin mirar atrás.
No podía entenderlo. No aceptaba mis agradecimientos, pero quería hablar sobre Emmett y lo muy en contra que estaba conmigo quedándome aquí. "¿Qué más quería que hiciera?"
Decidí que no importaba. Me había salvado la vida y eso era todo. Cómo él dijo, fue meramente profesional. No había sentimientos personales o conexiones, y decidí parar de tratar de crearlas.
Volví al cuarto de huéspedes, para encontrarme con Alice revolviendo el closet.
"¿Quién estaba en la puerta?" Preguntó con voz ahogada.
"Nadie." Murmuré, enredándome con las cintas de mis tennis.
"¿Ya se fue Emmett?" Preguntó, negándose a dejar el tema. Murmuré algo que pudo interpretarse como un 'sí,' dependiendo de qué tan concentrada me escuchaba.
Su cabeza se asomó por la puerta del closet. "¿Edward vino por él?"
Me ruboricé, delatándome. Alice sonrió a sabiendas, y volvió a meterse dentro del closet, dejándome.
"¿Hablaste con él?" Preguntó de nuevo, haciendo conversación, aunque podía detectar su enorme curiosidad.
"Sí," dije, siguiéndole el juego. "Abrí la puerta y le dije que Emmett saldría en un segundo."
"¿No dijiste nada más?" preguntó escépticamente, lista para sacármelo.
"Le agradecí por haberme salvado la vida," dije sarcásticamente, rodando los ojos. "Creí que sería apropiado."
"Lo es," coincidió Alice. "¿Y qué respondió?"
"Dijo que no había problema," dije, deseando que Alice dejara el tema. Era totalmente profesional. Nada más.
"¿No dijo nada acerca de su inmortal amor por ti?"
Levanté un zapato y lo arrojé hacia el closet, golpeando la puerta con él. Ella rió, aunque yo sabía que no estaba bromeando.
"Hablando de vidas amorosas, ¿adivina quién estaba en la cafetería esta mañana?" Dije, parte cambiando el tema, parte queriendo saber cuál sería su reacción.
"¿Qué?" Dijo, sorprendida. "El no tiene ese turno."
"Alice, ¿no crees que es extraño que hayas memorizado su horario de trabajo?" Pregunté, tratando de incitarla, pero se negó a responder.
"¿Sobre qué hablaron?"
"Parece que tengo todas las respuestas hoy, ¿cierto?" Murmuré, pero rápidamente volví a los significativos detalles de esta mañana.
"Y dijo que quería llegar a conocerte," terminé. Alice salió del closet con una enorme sonrisa en el rostro.
"Es un comienzo," dijo, muy apenas conteniendo su emoción.
Se puso de pie, tomando su media llena taza de café y su bolsa. "Mejor vamos a reunirnos con nuestro agente de seguros antes de que no cancele y de verdad perdamos todo."
Gemí, dejándome caer en la cama. "¿Tenemos qué?"
"Para alguien que pudo haber muerto por esto, estás actuando bastante despreocupadamente."
Solté unas risitas. "Alguien tiene que mantenerse en calma."
Tomó mi mano poniéndome de pie, y me sacó de la habitación.
:-:-:
"Eso no fue terrible," dijo, poniéndose sus lentes de sol mientras salíamos de la oficina.
Me encogí de hombros. "No sé si fue terrible o no. Eso de los seguros no es lo mío."
"Desglosaré lo importante para ti," dijo, sonriendo engreídamente. "Nuestro apartamento se quemó. Necesitamos nuevos muebles."
Gemí, pateando una roca suelta en la banqueta. "Alice, necesitamos un lugar donde vivir antes de comprar nuevos muebles."
"Preguntaste por lo importante. Tendremos que hacer eso eventualmente."
"¿Deberíamos buscar otro apartamento?" Pregunté. "No podemos vivir con Emmett y Rose por siempre."
Alice hizo una cara. "Definitivamente no," dijo. "Tenemos que ver si podemos echar un vistazo adentro, o que alguien lo haga por nosotras."
Decidiendo pasar por ahí, manejamos lentamente bajo la calle, estacionándonos fuera del edificio. Las paredes exteriores de los cuartos estaban dañadas y carbonizadas, el ladrillo se veía negro, lo qué me hizo tener pocas esperanzas de poder rescatar nuestro apartamento.
Caminando hacia la oficina principal, toqué dudosamente la puerta del Sr. Brandon. En segundos, el hombre la abrió ampliamente y nos sonrió.
"¿En qué puedo ayudarlas?" Inquirió, yendo directamente al punto, aunque parecía tembloroso. Inhalé profundamente, apuntando a Alice.
"Nos preguntábamos cuando podríamos ver el daño en nuestro apartamento y recuperar nuestras pertenencias." Respondí. Asintió, indicándonos con un gesto que lo siguiéramos adentro.
"¿Cuál era el número de la habitación?"
Se lo dije rápidamente, esperando impacientemente mientras volcaba un portapapeles que contenía muchos documentos.
"Ah, ¿Mary Alice Cullen e Isabella Swan?"
Asentí, conteniendo el aliento mientras seguía escaneando la hoja, con una inestable mirada cubriendo su rostro.
"Desafortunadamente, su habitación sufrió el mayor daño. El departamento de bomberos anotó que ya pueden mirar dentro, pero necesitan que un bombero esté presente cuando recolecten sus pertenencias."
Miré a Alice. "¿Queremos ir a ver, o esperar a que Emmett venga con nosotras?"
Miró su reloj. "No tiene caso ir a mirar en este momento. Podemos traer a Emmett después."
Miré al Sr. Brandon. "Volveremos con alguien más tarde."
Con esa declaración y un par de palabras más de parte del Sr. Brandon, Alice me sacó de la oficina y me arrastró de vuelta al auto. Forcejeé para ponerme el cinturón de seguridad mientras pisaba con fuerza el acelerador en dirección opuesta a la casa de Emmett. Estiró la mano detrás de su asiento, sacando su bolso y poniéndolo en mi regazo.
"Encuentra mi teléfono y llama a Emmett. Quiero ir por él para que podamos resolver todo eso de los daños."
Hice la llamada rápidamente, casi sintiéndome mal por interrumpirlo en su día libre.
"¿Hola?" Respondió, pero sonó ahogado. Lo escuché tragar saliva, tomar un trago de algo, y volver a poner su boca en el teléfono. "¿Hola?"
"¿Emmett? Es Bella."
Rió. "¡Bells! Mi persona favorita. ¿A qué le debo el placer de esta llamada?"
Ignoré su sarcasmo. "Necesitamos ir por ti para que puedas venir al apartamento. Es algo sobre necesitar un bombero para entrar, no sé exactamente de qué va…" Lo escuché gruñir en comprensión, así que continué. "¿Dónde estás?"
Lo escuché gritar algo a otro de los chicos antes de pasarme la dirección.
"¡No quiero que vengan por mí!" Gimoteó, sonando increíblemente como un niño de tres años. "¡Estamos viendo el juego!"
Solté unas risitas. "Lo siento. Necesitamos tu ayuda."
Desconecté la llamada, devolviendo el celular de Alice a su bolsa, después de decirle la dirección.
"De verdad no me quiero ir. ¡Es un juego muy reñido!" Fue nuestro saludo de parte de Emmett mientras abría la puerta sólo un par de centímetros, como si tuviera miedo de que la abriéramos y lo arrastráramos fuera de ahí. Cómo si pudiéramos.
"Em, necesitamos tu ayuda. ¡Eres el mejor bombero aquí!" Cité lo que nos había dicho antes.
"¿Qué está pasando?" La voz de Edward preguntó, al tiempo que su hermoso físico aparecía junto al de Emmett. Sostenía una lata de cerveza, mirándonos a mí y a Alice antes de estallar en risas.
"Se ven tan desesperadas," explicó, forcejeando para componer su rostro, pero fallando miserablemente. "¿Qué necesitan?"
Alice explicó nuestro predicamento, y, sorprendentemente, asintió en compresión. Pude haber contribuido a la conversación, pero estaba tan preocupada por mantener mis emociones a raya que no estoy segura de que tan bien hubiera podido hacerlo.
"Emmett, si quieres quedarte y mirar el juego, yo puedo ir con ellas." Ofreció, dejando su lata en una mesa de vidrio frente al pasillo frontal. Sentí como mi mandíbula caía en shock, pero volvió a su lugar antes de que lo notara.
"¿Enserio? Gracias, viejo." Dijo Emmett, volviendo la mirada ausentemente a la televisión. Edward asintió.
"Sí, está bien. No soy un gran fan del futbol, de todos modos. El beisbol es más bien mi deporte." Sonrió ampliamente.
¿Cierto, Bells?" Dijo Alice, sacándome de mí sueño. La miré, confundida.
"¿Qué?"
"Dije que sólo necesitamos ir ahí y ver qué podemos sacar." Repitió.
"Cierto." Coincidí en voz baja, aún mirando su fuerte rostro. El se giró, tomando una chaqueta del colgador, y sacando un par de llaves de su bolsillo.
"Puedo manejar yo, si quieren." Ofreció, y Alice decidió por las dos rápidamente, protestando ligeramente mientras se aseguraba de que fuera yo quien se sentara en el asiento del copiloto de su hermoso Volvo plateado.
Edward me abrió la puerta del copiloto, sonriendo ligeramente mientras me golpeaba en la cabeza con el techo mientras trataba de entrar al auto sin percances y mirarlo. Con el rostro ahora rojo, desvíe la mirada y me senté en el suave cuero negro. En una mitad de segundo estaba junto a mí, poniendo el auto en marcha y manejando lentamente hasta llegar a la calle.
"La dirección es—"
"Me la sé," interrumpió a Alice, mirándome de reojo. Me volví rosada por segunda vez en los últimos minutos, con los ojos asegurados en mi regazo hasta que alcanzamos los alrededores de nuestro apartamento quemado.
Para evitar el avergonzarme de nuevo, pude abrir la puerta del carro rápidamente antes de que Edward pudiera llegar, apresurando el pasto y adelantándome un par de yardas. No podía tenerlo tentándome, incluso aunque no lo supiera.
"Tengo que actuar profesional en esto, así que esto es lo que haremos." Dijo detrás de mí. Maldije mentalmente, girándome para encararlo. "Dejaré que entren, pero tenemos que caminar por el apartamento juntos. Hasta dónde yo sé, este apartamento sufrió los peores daños. Así que, por favor no se separen para que no haya ningún accidente que podamos evitar."
Cualquier esperanza de que Edward hubiera venido con nosotras para estar conmigo fue echada fuera de la ventana con su declaración. El tono de su voz era meramente profesional, y lucía como si quisiera salir de ahí lo más rápido posible.
Subiendo por las escaleras hasta el tercer piso, Alice metió las llaves en la cerradura antes de girarla dudosamente. Esperé conteniendo la respiración, recordando como ambas entradas habían estado bloqueadas por los escombros. Afortunadamente se abrió con facilidad, revelando un perfectamente claro camino hacia el centro de la habitación.
"Lo limpiaron para que no fuera un peligro." Explicó Edward, respondiendo a mi pregunta mental.
"Oh, Dios…" Trazó Alice, entrando. Cerré los ojos momentáneamente antes de seguirla, girando mi cuello alrededor para ver el alcance completo.
"Mío." Terminé por ella, mientras mi boca colgaba abierta. La sala entera parecía el interior de una fogata- todo estaba negro y podrido. Podía ver por dónde había entrado Edward, los pedazos de vidrio cubrían el área debajo de la ventana. Automáticamente me pasé una mano por mi venda, y seguí caminando hacia la cocina.
Los recuerdos me bombardearon. Mis lloriqueos por ayuda. Las lágrimas. Los gritos. La impotencia.
Si creía que la sala estaba mal, lucía inmaculada en comparación a la cocina. No había quedado nada. Todo se había desmenuzado en el piso, y el árbol seguía en la pequeña ventana sobre el fregadero. Giré mi cabeza, tomando un par de respiraciones profundas antes de caminar hacia los dormitorios.
La habitación que Alice y yo ocupábamos estaba relativamente limpia. Además de un ligero daño de agua por la manguera, todo lucía como si pudiera ser llevado del apartamento al auto. Alice inmediatamente tomó dos maletas de un estante del closet, poniendo ahí cualquier cosa que estuviera lo suficientemente seca como para llevarse.
Suspiré, sin siquiera molestarme con eso. Tomando una robusta maleta vacía del closet, comencé a meter cosas dentro de ella, sin importarme lo que fueran. Edward se mantuvo contra el marco de la puerta, checando el tiempo de vez en cuando. Para cuando hubimos terminado, los rayos del sol habían desaparecido, y el ahora negro cielo estaba espolvoreado con muchas estrellas, a pesar de las brillantes luces de Portland.
"Gracias de nuevo, Edward." Dijo Alice, metiendo la última bolsa del departamento en la cajuela del Volvo. "Eres un salvavidas."
"Literalmente." Añadí, queriendo escuchar su hermosa voz una vez más. "Me salvaste de tener que comprar numerosas cosas que no necesitamos, con este pequeño demonio." Prácticamente le escupí a Alice entre dientes. Ella se limitó a sonreír ampliamente, dejando que me sentara junto a Edward una vez más.
Deslizándome dentro del auto, sentí su cálido cuerpo junto al mío, y al dulce olor de su colonia aplastándome. Nubló todo pensamiento que tenía y tuve que contenerme físicamente para no estirarme y tocarlo. Rápidamente, gracias a su rápida manera de conducir, nos estacionamos frente a la casa de Mike. El Porsche amarillo de Alice seguía descansando en su lugar de aparcamiento, justo donde lo había dejado.
Corrí hacia la puerta, para pedirles a Emmett y otro chico cuyo nombre no podía recordar, que nos ayudaran a descargar las bolsas del carro de Edward y ponerlas en el de Alice. El proceso estuvo terminado en diez minutos, y Alice estaba dándole a su hermano un abrazo de despedida.
"¿Estás seguro de que no quieres que te lleve?" Preguntó por quinta vez. El rió, sacudiendo su cabeza.
"Nope. Rosie pasará por mí de camino a casa."
Las cejas de Edward se juntaron. "¿Quién es ella?" Preguntó, perplejo.
"Rosalie Hale es la novia formal de Emmett," explicó Alice.
Miré, sorprendida, como diez emociones diferentes pasaron por su rostro, cambiando de emoción a alivio, y luego a algo que pudo haber sido descrito como ira. Me hice para atrás, casi saliendo volando cuando di un paso en falso, causando que Edward se inclinara y me agarrara. Mientras sus dedos se envolvían alrededor de mi muñeca, y su piel hacía contacto con la mía, sentí casi una corriente eléctrica golpearme. Afianzando mi balance, tiré de mi mano, corriendo mi pulgar por donde su piel había tocado la mía.
"Lo siento," murmuró, sonando tan sorprendido como yo me sentía.
"¿Novia?" Preguntó Edward, forcejeando para componerse mientras miraba a Emmett.
"Han estado juntos por años." Repicó Alice, golpeando el brazo de Emmett ligeramente. "Sólo estamos esperando a que Emmett aquí deje salir la pregunta. No debe faltar mucho tiempo, ahora…"
Juro que vi como sus mejillas se tornaban de un sutil tono de rosado ante el enunciado de Alice. La expresión de Edward siguió de pierda mientras Emmett continuaba enlistando todas las cualidades de Rosalie, y su voz se volvía más y más dulce con cada cumplido. No podía evitar el derretirme al escuchar la forma en la que hablaba de ella, pero el dolor en mi corazón volvía cada vez que miraba a Edward.
Enfadada con la manera en la que estaba actuando alrededor de un chico que no había conocido hacía apenas unos días, me giré hacia Alice, tomando su mano.
"¿Podemos irnos?" Susurré, sutilmente lanzando la mirada hacia Edward. Captó el mensaje, asintiendo cortamente antes de despedirse de los demás. Murmuré mis agradecimientos, tomándome el tiempo para bajar los escalones prudentemente y volver al auto en la oscuridad. Estaba a medio camino cuando escuché mi nombre venir de esa sexy y áspera voz.
Oh, mierda.
"Bella," repitió, su voz se volvió más fuerte. Podía escuchar sus pisadas tras de mí mientras trotaba en el pasto mojado, parando justo frente a mí. "Ey."
Me mordí el labio, metiéndome las manos a los bolsillos traseros. "Hola." Respondí, mi voz no sonó tan fuerte como debería de ser.
Miré cuidadosamente, mientras parecía estar debatiéndose con algo.
"Gracias por la ayuda hoy. Ya son dos veces." Comencé, esperando que eso lo animara en la dirección correcta a decir lo que tenía en mente.
"En realidad no fue ningún problema." Dijo, su respuesta fue forzada. Se pasó una mano por su revuelto cabello, dejándola en la parte trasera de su cuello. "Bella…"
En aliento se me atoró en la garganta mientras me miraba. "¿Sí?" Fue todo lo que pude decir. Se acercó a mí media pulgada, cerrando la distancia entre los dos ligeramente.
"Yo…Yo quería saber si tú…" Paró. La tensión era casi suficiente para matarme. "¿Quisieras ir a…comer?"
Solté el aliento que había estado conteniendo. "¿Qué si quiero ir a comer?" Repetí con una risita. Levantó la vista al cielo brevemente.
"Quiero decir, que sí querrías…tal vez…¿Me das tu número?" Repitió, casi avergonzado. "Ya sé que no es profesional, y no debería pedírtelo, pero yo–"
Lo interrumpí alargándole mi mano. "¿Puedo ver tu teléfono?" Pregunté, mientras mi voz se volvía más fuerte.
Buscó en los bolsillos de sus jeans, alargándome el pequeño objeto plateado. Lo abrí, admirando la fotografía de fondo antes de poner mi nombre y número en su lista de contactos.
"Gracias," murmuró, devolviendo el teléfono a su bolsillo antes de mirar al claro cielo una vez más.
Seguimos ahí parados en el mojado césped en silencio, hasta que los chicos se fueron gritando y peleando por el juego. Edward se pellizcó el puente de la nariz, mientras sus dedos volvían a su bolsillo. Podía escuchar el sonido de las llaves traquetear mientras las sacaba, girándolas alrededor de su dedo índice.
"¿Puedo llamarte alguna vez?" Casi susurró. Sentí mi cuerpo inclinarse hacia él, y me enderecé antes de que lo notara.
"Sí." Respondí igual de bajo. Me sentía como si estuviera en secundaria de nuevo, y fuera mi primer enamoramiento. Pero no podía evitar la emocionada sonrisa que me cubría el rostro mientras usaba una pálida mano para levantar mi barbilla y que mis ojos miraran dentro de los suyos.
"Buenas noches, Bella." Dijo, su voz era tan dulce como la miel. Con un pequeño movimiento, sus dedos trazaron la línea de mis pómulos y acomodaron un mechón de cabello detrás de mi oído antes de agachar su cabeza y volver a su auto.
Miré como se iba, preguntándome que había causa en dramático cambio en su actitud. Había estado actuando fríamente, distantemente, y profesionalmente la tarde completa, pero una vez que el sol se había ocultado y la atención se había disipado se convirtió en una persona tranquila y afectuosa, a la que quería conocer más de cerca.
Me quedé en el césped hasta que Alice me arrastró al carro, demandando por todos los detalles, pero estaba tan atontada para si quiera concentrarme en todas las preguntas que estaba haciéndome. Todo lo que podía recordar era la manera en la que me había mirado, sus brillantes ojos taladrando los míos, la manera en la que sus dedos acariciaron mi piel ligeramente, haciendo que mi corazón se disparara y el sentimiento de mi cuerpo tan cerca del suyo, y aún así tan lejos de dónde yo quería estar.
Pero tenía mi número. Había esperanza.
Todo lo que tenía que hacer era esperar.
N/T: Pfff han sido unos días un poco locos. Lol. Exámenes de recuperación, enfermedades, y de más. En fin, eh aquí otro capítulo más. Esperen una pronta actualización de 'Luchando contra la tentación' y el último capi de 'Cigarette Burns' también. Y dejen un review si les ha gustado(: Disfruten sus vacaciones, chicas que las tienen. Un beso.
