Bueno, aquí un nuevo capítulo. Siento que sean tan cortos.
Espero que este capítulo cumpla vuestras expectativas, y que sepais que en el próximo hay LEMON. Pero bueno, eso ya lo veréis al final del capítulo.
Gracias a aquellos que me han comentado y perdón por no haberlo comentado antes.
¡Disfrutad n_n!
- blablabla - (Diálogos)
"blablabla" (Pensamientos)
Descargo de responsavilidad: Estos personajes no son míos, ni los utilizo con intención de lucro. Estos personajes (la mayoría de ellos) son de The Legend Of Zelda, de Nintendo.
CAP 2…
Se levantó velozmente y entró dentro del bar, mirando hacia todos los lados. Entró en la cocina por la puerta de al fondo del recinto y algunas personas le dijeron que se fuera pero estaba más atenta de otra cosa.
Inspeccionó todo el bar y sus alrededores.
Pero el chico ya no estaba.
CAP 3
¿Secuestrado por una bella señorita?
Apoyado en la puerta de entrada de la casa de su cómplice, respiraba profundamente para poder recuperar el aliento.
Había venido corriendo como desde la puerta de atrás del local cuando tuvo ocasión.
Volvió a aporrear con insistencia segundos antes de que la puerta se abriera y Ayier le indicara con ademanes discretos que pasara. Entró en la casa pobremente decorada, las paredes estaban pintadas de simple blanco y solo tenía un piso, donde se distribuía todo de mala manera. Aguantó el impulso de mover una perna hacia delante con brusquedad cuando la perra de Ayier, Tilka, se restregó contra su pierna. "¡Esto ya lo hace por maldad!", suspiró con una mirada de desaprobación hacia la perra.
De repente le entraron cales fríos por todo el cuerpo. Mal presentimiento para personas como él, ladrones experimentados, que percibían los mayores mínimos cambios que la gente solía pasar por alto.
Pero Link sabía de sobras que el más mínimo cambio en un plan, puede ser el que te lleve a la mayor victoria todos los tiempos o al más completo y ridículo fracaso.
Y le dio la impresión de que Ayier no era el mismo y se escondía algo de gran valor.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Ayier cuando se hubo sentado en su sofá azul. - ¿No deberías estar trabajando?
- Alguien ha venido a matarme. – Dijo súbitamente.
Ayier lo miró un tanto sorprendido, pero pronto lo disimuló con un aire asustado que, a ojos de Link, era más que fingido.
- ¿Estás bien? ¿Traes la piedra contigo?
Aquella última pregunta pareció importarle más que la primera, como si la primera fuera por educación, no por preocupación.
- Estoy bien, y sí, traigo aquí la gema. – Abrió su bolsillo trasero del pantalón sin sacar la gema. – No me había fijado en que blandita era.
- ¿Blandita?
- Sí. Sé que las gemas no son blanditas pero… esta sí. – Se dejó caer en una de las sillas de madera que se encontraban justo en el centro de la estancia, delante de una mesa. – Y ahora, ¡dale de comer a este pobre estomaguito indefenso!
Link escuchó como Ayier suspiraba y se dirigía a la cocina, pero su instinto de ladrón le seguía diciendo que algo no iba bien, que algo estaba fallando.
Sin que Ayier o su maldita perra Tilka se diesen cuenta, se levantó con un sigilo renovado a investigar el por qué de la sensación. Se dirigió a los cajones de enfrente de él donde se aguantaba la televisión, pero no había nada fuera de lugar.
Desde el comedor, oía a Ayier tararear desafinadamente una canción de los años ochenta.
Se acercó al teléfono sin dejar de mirar siempre en todas direcciones, sus ojos se enfocaban en cada objeto que veía. Más tiempo en los brillantes, claro estaba.
Investigando, llegó hasta el teléfono móvil y removió un poco los objetos y papeles que se encontraban por encima de la mesa. Uno en especial le llamó la atención: 100.000 millones, ponía. Una cifra bastante alta de lo que fueran esos millones.
Un montón de '¿Y si…?' le vinieron a la cabeza, pero solo uno podía ser vigente. 100.000 millones por una información que solo ellos sabían.
- ¿Qué buscas? – Escuchó una voz lenta y acompasada a su espalda.
- Eres un traidor… - Susurró. Se dio la vuelta y lo miró con odio. - ¡Eres un traidor!
Salió de la casa y se fue corriendo, conteniendo las lágrimas.
Ayier era el socio de su abuelo, lo fue de su padre el tiempo que estuvo vivo, lo había visto crecer a él mismo y… era el que les había dado la información para matarle.
OoOoOoOoOoOoO
Ya era la hora del día favorita de la Encantadora… la hora en que todos se iban a dormir. Era más fácil matar cuando estaban dormidos.
Aunque para la victima que seguía ahora no tenía esos planes. Iba a matarle, sí, pero antes iba a dar uso a la única utilidad de los hombres.
Con unos telescopios había estado por horas esperando a que el muchacho se dignase a aparecer por allí. Cosa que parecía dar fruto, al fin y al cabo.
Salió del coche, sigilosa y veloz como pantera, con un pañuelo empapado en cloroformo. Bañado en cloroformo.
Saltó sin inconvenientes los arbustos que rodeaban la casa, verdaderamente suspiró cuando vio que se trataba de una casa solitaria, en medio del bosque. No era que le hubiese costado, en absoluto, pero era un alivio ahorrarse un par de balas por culpa de los husmeantes vecinos.
Cabizbajo, el chico se acercó a la puerta de su casita de dos plantas para abrirla. Había algo diferente en los alrededores del chico, algo que lo entristecía.
"Tranquilo, chico", pensó, "pronto estarás muerto".
Y con ese pensamiento, se acercó a él rápida y sigilosamente. Pero cuando ya estaba a un paso del chico…
- Te he oído. – Susurró el muchacho. – Has dado cinco pasos desde entonces. – Se dio la vuelta y se enfrentó a ella. Vio el pañuelo en cloroformo y continuó. - Oh. Mira, tú y yo no somos tan diferentes.
- ¿Ah, no? – Dijo incorporándose. – Y… ¿Qué te hace pensar eso?
- Ambos trabajamos en las sombras y robamos.
- Yo no robo nada. Yo solo mato.
- Ahí lo tienes. ¿Matar no es robar la vida?
- No.
Y le puso el pañuelo en la cara antes de que pudiera hacer nada al respecto.
OoOoOoOoOoOoO
Cuando se despertó, el dolor de cabeza era un tanto incesante.
Intentó presionarse las sienes con las manos, pero no podía moverlas. Bueno, podía, pero en un diámetro muy limitado por culpa de algo que le hacía demasiada presión sobre las muñecas y que era un tanto afilado.
Debía tener cuidado si no quería cortarse con lo que fuera que… ¿le ataba?
Cuando se le enfocó un poco más la vista, enfocó que estaba sobre algo blando y ancho, miró hacia los lados. Era una cama.
Intentó mover las piernas, pero tampoco podía. También se encontraban con presión de algo afilado.
Queriendo saber que era, levantó la cabeza y vio atados sus tobillos a las esquinas inferiores, sus rodillas flexionadas, y ambas manos por encima de su cabeza. Aun no podía ver bien.
Presionó un poco desde todas sus extremidades a la vez pero, con solo un poco de fuerza, lo que fuera que le sujetara estaba haciendo un gran trabajo haciendo una pequeña herida en la parte interior de la muñeca y un poco en los tobillos. Realmente podría cortarse las venas de las muñecas si hacía demasiada fuerza.
De la ventana, entró una pequeña ráfaga de viento invernal que le heló hasta los huesos. Normalmente, a Link no le afectaban ni el frío ni el calor, pero… ¿estaba realmente desnudo? ¿Atado sobre una cama? "Uy, uy, uy… tengo alguna admiradora secreta", pensó.
- No intentes gritar, nadie va a escucharte. No te esfuerces sobre las esposas, no podrás abrirlas y te cortarán lo suficiente profundo como para matarte, ¿has entendido? – Escucho una voz lenta y acompasada al lado suyo.
Cuando giró la cabeza, vio a la chica, la asesina, sentada sobre una silla, con las piernas cruzadas mirándole. Totalmente vestida, para su desgracia.
Tenía una pose agraciada, y desde el ángulo que tenía, Link podía ver algunas cosillas… como que le estaba mirando de arriba abajo a través de las gafas, por ejemplo.
- Oye, - Comenzó Link. – siéntete libre de tocar, ¿eh?
- ¿Perdona? – Sobre las gafas negras se alzó una fina ceja rubia.
- Nada, nada. Estaba aquí, amarrado a una cama, desnudo y aislado, sin nada que hacer…
La mujer cogió una navaja de encima de la mesilla de noche y le presionó con la punta el cuello. Tragó al saber que pasaría si hiciera un poquito más de presión. Cerró los ojos cuando noto una pequeña gotita caliente emanar de la punta de la navaja.
Volvió a abrirlos cuando notó una mano en su abdomen, fina y suave, pero dura y severa al mismo tiempo, y pudo volver a respirar cuando la navaja se alejó, solo para volver a retener el aliento cuando se fijó con el filo en el cuello.
- Quizá lo haga… - Dijo mientras le acariciaba su delgado estómago. – pero… - subió y se posicionó la nariz contra la suya. – no te muevas, - presionó un poco el filo y prosiguió. - o lo lamentarás. ¿De acuerdo?
Link asintió lentamente, no queriendo moverse mucho y no encontrando su voz.
Aunque tenía a una mujer, sentada en una silla y acariciándole todo lo que sería pecho, abdomen y brazos, estaba un poco… asustado.
"Por qué, a ver, ¿qué persona en su sano juicio no lo estaría? Estoy atado a una cama, denudo, y una mujer preciosa me está tocando y eso, hasta ahí va bien, lo que no me gusta tanto… ¡Es mi postura, las malditas esposas y la maldita navaja!"
Soltó la respiración de golpe cuando la mano pareció posarse de golpe sobre el interior de su muslo, encima de su rodilla, para ir subiendo más poco a poco. "Vale, de acuerdo, está tía va por faena", pensó cerrando los ojos.
Quería dejarse llevar, pero... "no es que me vaya mucho el royo sadomaso. No, no realmente."
Ya era hora de detenerse.
- Oye, - Comenzó lentamente, tragando. – creo que… deberías parar. O eso o quitarme las esposas.
- ¿Por qué debería hacerlo? – Dijo mirando donde tocaba y ladeando la cabeza.
- Bueno, tú eres una señorita, ¿no? No deberías hacer esto.
- ¿Hacer el qué?
- Es... ¡Ah! – Exclamó al momento en que notó una leve caricia sobre su hombría. - Eso mismo.
- Ahá. – Dijo mientras lo volvía a acariciar en toda su longitud una vez.
Link gimió y levantó un poco la cabeza, pero la navaja lo detuvo.
No era la primera vez que lo hacía con una chica, pero… nunca lo había hecho así. "Y, personalmente, no sé por qué sé está levantando mi amigo".
No tenía libertad de movimientos, no podía ni mover la cabeza, ni los brazos, ni las piernas sin un corte.
"La situación apesta, así que… ¿por qué no sacarle mayor provecho del que sacaría cualquiera?", pensó resignado.
No había nada que hacer, sino esperar a ver que pasaba.
CONTINUARÁ…
Hasta aquí, mis queridos seguidores XD. ¡Espero que os haya gustado y dejad reviews! ¡Y gracias de nuevo a aquellos que ya los han dejado!
