¡Hola!
Bien, por fin he terminado el capitulo 3. Ha sido una labor titánica porque cada vez los capitulos me salen más largos. Supongo que es porque no los corto según la acción como antes, sino cuando acabo todo lo que tenía que contar de ese personaje. Espero que no se os haga muy pesado, sobre todo porque hay un par de partes con mucha explicación. No me enrollo más, que ya hay suficiente con el capitulo. Muchas gracias por las reviews a las que han sido tan amables de dedicarme un momento para mandarlas (al resto os estoy mirando mal, por vagas ;)
Por cierto, Petula, preguntabas si Waltorana pinta algo... pues aquí lo tienes. Su primera aparición (que no la última).
Capitulo 3: Shouma
Sábado, 18 de abril del año 4029. Media mañana.
"Yo no debería estar aquí" Ese era el único pensamiento que ocupaba la cabeza de Shibuya Shouma: "Yo no debería estar aquí". Era todo en lo que Wólfram había insistido antes de marcharse con Yuuri y dejarlos camino a la venta. Lo había repetido una y otra vez, con mucha seriedad: "Quedaos en la posada y esperarnos. No os mováis de allí, y sobre todo, pase lo que pase, no empieces las negociaciones antes de que volvamos". A Shouma le había quedado claro. Y realmente había querido cumplirlo, debido a lo notoriamente importante que era el asunto. Sin embargo, una cosa es esperar un poco antes de continuar un viaje y otra muy distinta rechazar a tu anfitrión cuando ha venido expresamente a buscarte él mismo, con el mejor de sus carruajes y toda una escolta.
Perdida la primera batalla, Shouma, había intentado, al menos, mantenerse firme en la segunda... O mejor dicho, evadirla; pero fue inútil. Waltorana era un hombre grave y directo que no tenía lugar para la sutileza, así que, en cuanto se pusieron a cenar, estableció una hora y un lugar para discutir el tema a la mañana siguiente. En aquel instante, el japonés se había sentido tentado de contar la verdad a Waltorana, de confesarle que debido a la diferencia de costumbres estaba más perdido con todo aquello que un pulpo en un garaje; sin embargo, la fortuna parecía haberse decidido a actuar en su contra, y tomando ahora la forma de su encantadora, pero (en ocasiones) alocada esposa, le cortó la salida, haciendo que la buena mujer, completamente perdida en la emoción de todo lo que estaba ocurriendo, aceptase antes de que él siquiera hubiese abierto la boca. Lo único que le quedaba al pobre hombre ya, fue quejarse de su mala suerte al llegar al elegante dormitorio que les habían asignado a ambos. Sin embargo, incluso eso le fue arrebatado, porque en el momento en que le oyó, Miko respondió a las quejas de su marido sacando la ropa que había traído especialmente para la ocasión y descartando con sus miedos con un gesto de la mano mientras decía:
- Vamos, vamos Uma-chan, no protestes, dudo que pueda ser más difícil que cualquiera de las negociaciones que haces a diario en el banco.
Shibuya Shouma tuvo que admitir que aquello le calmó un poco. Pero no demasiado. Y es que Wólfram no habría dado tanta importancia a que prepararan el encuentro con antelación si no fuera a ser difícil. Así pues, en aquel momento, en que se encontraba pulcramente vestido con su kimono, los dobleces del hakama clavándosele incómodamente en los muslos al verse aprisionado por los apoyabrazos de la silla estilo Luis XVI (como todo el resto del mobiliario del palacio) de la salita de estar de su anfitrión y taza de té en la mano, su mente no pudo evitar volverse a ver dominada por las dudas haciendo que prácticamente el único pensamiento coherente que era poder hilvanar fuera que no debía hallarse allí.
- Que le parece si empezamos por la dote – dijo repentinamente Waltorana interrumpiendo sus pensamientos.
Shouma, respiró un poco. La dote era el único punto del acuerdo matrimonial sobre el cual sabía qué debía decir. Había escuchado el día anterior a Wólfram explicárselo a su hijo. El viento le había estado trayendo retazos de su conversación a lo largo del camino hasta que se separaron. ¿Qué era lo que había dicho? Que tenía que rechazarla. La dote sólo se usaba en matrimonios por compromiso "Y el nuestro no lo es, ¿verdad henakoko?" Había sentenciado el rubio con tono amenazante. Sus voces se volvieron a perder después de eso. La verdad es que había sido una rabia que el mal estado del camino a causa de las recientes lluvias les hubiese impedido ir a todos juntos en el carro como había querido Wólfram. Hubiesen aprovechado bien ese tiempo para aclarar el resto de los puntos del contrato. Pero había sido imposible, por poco no se quedan atascados en el barro yendo montados sólo él y Miko.
- ¿Qué tal le parecen...? – dijo una cantidad que al shoukoku le pareció bastante grande.
Aunque no lo podía decir con seguridad.
- Bueno, Waltorana, desgraciadamente no estoy familiarizado aún con la moneda de Shin Makoku, así que no puedo hacerme una idea de la auténtica valía de su oferta. Sin embargo – se paró un segundo dudando "Aunque tenga que decirle que no, al menos tendré que ser educado, ¿no? ¿Cómo lo hago...?" – Verá, me estaba preguntando, ¿cuál es la necesidad de la dote? – siguió a continuación – Los chicos no requieren buscarse una vivienda ni tienen que costearse ninguna otra cosa para poder casarse, ¿no es cierto? Bueno, está la fiesta, claro, pero debido a que se trata un asunto de estado, tengo entendido que la cubre el Tesoro Real, ¿me equivoco?
Waltorana le escrutó momentáneamente y luego asintió.
- No, no se equivoca – hizo una pausa - ¿Y usted y su mujer... ?
Shouma rió alegremente y negó moviendo tanto las manos como la cabeza.
- En absoluto, el dinero ni nos sirve en nuestro mundo, ni nos hace falta, ni nos interesa. Yuuri está feliz. Eso es lo que cuenta.
- Así, pues, nada de dote – quiso asegurarse su interlocutor.
El japonés volvió a negar con la cabeza.
- No, nada de dote.
El hombre rubio pareció satisfecho. Aunque era difícil saberlo con su impasible semblante. Shouma empezó a respirar. Tal vez aquello no fuera a ser tan difícil después de todo, se dijo.
- Entonces, ¿qué le parece si pasamos al siguiente punto? – preguntó ahora el noble.
Mismo día. En torno a la misma hora.
- ¡Vamos, henakoko! ¡No te retrases! – gritó Wólfram volviendo la cabeza con enfado.
- Ya va, ya va – respondió el joven rey tras de él.
Ambos iban a caballo, medio trotando medio galopando por los caminos, parte de la guardia personal del rubio como escolta.
- ¡Ocho años y aún no eres aún capaz de aguantar una galopada! – protestó el noble mazoku.
- Claro que puedo – se defendió su acompañante – Sólo que no veo la necesidad de forzar tanto a los caballos. Ni a nosotros. Nos hemos pasado la noche ayudando con las labores de rescate. Un par de horas de sueño nos hubieran venido muy bien y no habrían hecho gran diferencia.
- ¡Un par de horas de sueño pueden significar la anulación de la boda! ¡Henakoko! – le rebatió el otro furibundo.
- Vamos, vamos, Wolf, no puede ser para tanto ¿no? – trató de calmarle el shoukoku.
- ¡Tus padres llevan allí desde ayer!
- Lo sé, pero eso no significa que tengan que haber empezado ya. Le dejaste a mi padre claro que no debía abordar el tema sin nosotros.
- ¿Te tengo que recordar como es mi tío? – le indicó Wólfram mirándole acusadoramente.
Yuuri suspiró.
- Vale, vale – aceptó – puede que si que hayan hablado del tema, pero eso no tiene porqué significar que se haya ido todo al garete – le señaló con su habitual optimismo.
- Te vuelvo a preguntar: ¿Te tengo que recordar como es mi tío? El más mínimo desliz por parte de tu padre y cancelará todas las negociaciones completamente ofendido.
El Maou se alarmó ante ello. Espoleó un poco su caballo para ponerse a la par del otro.
- Vamos, Wólfram, no llegará a tanto, ¿no? Al fin y al cabo tiene que entender que mi padre es un completo extranjero – dijo con tono preocupado.
- Sí tu padre mete la pata, lo identificará como una falta de interés por tu parte que no le has enseñado adecuadamente y se ofenderá igualmente – sentenció categórico el otro.
- Geez, que quisquilloso y retorcido es tu tío a veces – se quejó el shoukoku.
- Yuuri – le recriminó su marido con voz amenazante.
Podía ser cierto, pero seguía siendo su tío, y no le gustaba que dijesen cosas como esas sobre él. El interpelado dejó escapar un profundo suspiro.
- Deberías haberte quedado con ellos y haber ido yo solo a la zona afectada por las inundaciones – dijo a continuación.
El soldado se puso tenso.
- ¿Estás queriendo dejarme atrás como a una delicada esposa, Yuuri? – dijo ahora con tono aún más peligroso y enfurecido, mientras le lanzaba una terrible mirada asesina.
- ¡Waa! No, Wólfram no es eso – negó con rapidez el rey mientras no podía evitar pensar que ambos eran igual de retorcidos y quisquillosos – Sólo que tú eres el que sabe más sobre las costumbres mazokus y yo soy el que puede manipular el agua. Tu ayuda servía de poco en las inundaciones y yo no puedo explicar prácticamente nada a mi padre cuando, gracias a Günter – añadió con un gruñido – estoy casi tan perdido como él. Era una simple repartición del trabajo – concluyó – Para aumentar la eficiencia – añadió al notar que el rubio no parecía muy convencido.
El joven noble terminó cediendo. Aunque aún le resultaba un poco dificultoso leer el aura de Yuuri cuando no estaban en distancias cortas o el otro no se veía embargado por emociones muy fuertes, en aquellos pocos días que habían transcurrido desde que habían establecido el Vínculo, había aprendido a reconocer con claridad las señales que diferenciaban las respuestas sinceras de las justificaciones por miedo. No es que antes no hubiese sabido distinguirlas, pero al menos ahora tenía menos dudas al respecto.
- Bueno, pues que ni se te pase por la cabeza hacerlo, henakoko – dijo de todas formas por precaución, aunque visiblemente más relajado – Las cosas no van a cambiar porque estemos casados.
- No tenía intención, Wólfram – le aseguró el asiático.
Hizo una pausa, dudando.
- De hecho – siguió a continuación – Quería proponerte una cosa.
- ¿El qué? – preguntó su acompañante con evidente curiosidad.
El joven japonés tomo aire y luego soltó de golpe.
- Que aceptes ser coronado Príncipe Consorte.
Wólfram se quedó tan perplejo por las palabras del Maou que abrió la boca de par en par y se quedó mirándole sin parpadear, la sorpresa claramente reflejada en sus profundos ojos verdes. Después de un par de segundos así, volvió a cerrar la boca, tragó saliva y trató de decir algo, pero fue incapaz.
- Sé que es algo muy poco frecuente, Wólfram – empezó a exponer Yuuri al ver que su interlocutor no conseguía articular palabra – que prácticamente ninguno de mis predecesores lo ha otorgado esa categoría a su marido, o el puesto de reina en el caso de las mujeres, pero, que me voy del tema, realmente quiero que aceptes. Nosotros... – bajó un poco la voz para asegurarse de que su escolta no lo oyera – nosotros somos uno. Y quiero que nos portemos como tal. Quiero que nuestra boda oficial sea un reflejo de la íntima, no su perversión. Así pues, si nos casamos es para estar en igualdad de condiciones, no para que yo sea tu superior.
- Siempre serías mi superior – le corrigió el soldado recuperando por fin la voz – aún aunque fuese coronado. El Maou es el Maou, nadie está por encima de él. Tan sólo Shinou, y en tu caso, ni siquiera eso está muy claro.
- Lo sé, lo sé – admitió el shoukoku – Pero aún así, no sería lo mismo. Estarías sólo a un paso por debajo de mí, encima incluso de Murata. Y sólo sería para cuestiones de estado, nada más. Mientras sigas siendo sólo un soldado, aunque estemos casados, mi autoridad sobre ti es tal que puedo decidir cualquier cosa sobre tu vida. Incluso... cómo te tienes que vestir.
- ¡No te atreverías a hacer eso! – le cortó el rubio con incredulidad.
- Claro que no, pero tengo el poder para hacerlo. Y eso no me hace sentirme a gusto. El título de Príncipe Consorte no te iguala a mí por completo, pero es lo más cerca que nunca podrás estar de manera legal. Y ese tipo de autoridad desaparecería.
El noble reflexionó sobre el asunto un segundo y luego negó con la cabeza.
- Yuuri, estás siendo un henakoko como de costumbre – replicó con gravedad – El título de Príncipe Consorte es una cosa muy seria. Que afecta a todo el reino. No puedes hacerlo meramente por cuestiones personales.
El rey frunció el ceño.
- Si no confiase en ti como gobernante ni se me ocurriría hacerlo. Sé que estás a la altura del cargo. Y no soy el único que lo piensa. Te recuerdo que te eligieron como mi sustituto cuando creíais que no podría volver a Shin Makoku.
El mazoku le escrutó con la mirada.
- Tú lo estás haciendo para que te libre de parte del papeleo, ¿no? – le acusó.
Su marido se puso colorado.
- Bueno, reconozco que es un buen aliciente.
- ¡Yuuri! – gritó el rubio enfadado.
- Pero no es el único motivo – se apresuró a calmarlo – Hablo en serio cuando digo que quiero que tengamos la misma categoría, y también cuando digo que sé que lo harías muy bien. El que puedas ayudarme y eso me permita tener más tiempo libre para nosotros – añadió con voz tentadora – es la guinda del pastel.
Las mejillas del rubio se tiñeron de rosa al pensar en qué querría el otro ocupar su tiempo juntos. Con una sacudida de cabeza aclaró sus ideas e hizo una nueva pregunta.
- ¿Y mis tropas?
- Eso lo dejo en tus manos. Como digo, no quiero imponerte mi autoridad. Si quieres seguir ocupándote de ellas, yo no me voy a oponer.
- ¿Pero no sería mucho trabajo? – cuestionó.
- Realmente, convertirte en Consorte no tiene porque aumentar tus ocupaciones mucho más de lo que tú quieras. Actualmente yo sólo puedo encargarme de las cuestiones de estado con la ayuda que Gwendall y Günter me prestan.
Wólfram no dijo nada más. Era evidente que estaba inseguro.
- Es tu elección, Wolf – le dijo el Maou – Tú sólo piénsatelo.
El rubio asintió.
- Lo haré.
Mismo día. Algo después de la hora de la comida.
Wólfram irrumpió en el dormitorio visiblemente enfadado. Cerró la puerta de golpe y a continuación apoyó la espalda contra ella soltando un bufido.
- ¿Y bien? – inquirió Yuuri acercándose un poco.
Llevaba todo el rato dando vueltas por la habitación de puro nerviosismo. Su padre contaba con su mismo estado de ánimo, aunque en lugar de pasear se había dedicado a contemplarle sentado en el borde inferior de la cama, haciendo fallidos intentos de calmarle. Al oír el ruido de la puerta, había reaccionado finalmente y se había levantado expectante, aunque había sido incapaz de moverse del sitio. Su madre, en cambio, con toda la calma del mundo, se había limitado a levantar la mirada de la revista de bodas que estaba ojeando, sin moverse de su mecedora junto a la ventana.
- Se niega en rotundo a seguir hablando del tema – le contestó el rubio con voz ronca y los puños apretados, incapaz de mirarle a los ojos – Está furioso y hace oídos sordos ante cualquier intento de razonar con él. No para de repetir que esta boda es una ofensa terrible para la familia y que bajo ningún concepto puede permitir que nuestro honor se mancille de esta manera – hizo una pausa y levantó la vista para escrutar ahora a su suegro - ¿Qué ha ocurrido exactamente? – le preguntó intentando no resultar brusco.
Puede que el hombre hubiese sido quien había metido la pata, pero seguía siendo el padre de Yuuri y el noble mazoku respetaba mucho esas cosas. Shouma pegó un ligero respingo al ver la atención de ambos muchachos centrada en él. Luego, puso un gesto muy parecido al que adoptaba el menor de sus hijos cuando estaba incómodo. "Sólo le falta rascarse la nuca" pensó Wólfram al verlo.
- Bueno, ve... verás – dijo con un medio tartamudeo – Todo empezó bien. Hablamos de la dote, la rechacé – se apresuró a asegurar – y él parecía contento. Entonces pasamos a hablar del tema de los apellidos, quién debía asumir el de quien y eso. Estaba claro que Yuuri, como el Maou no podía perder el suyo, con lo que planteamos el caso contrario...
- ¿Y? – le cuestionó su hijo al ver que se paraba.
- Bueno, me dijo que Wólfram hacía una labor muy importante como embajador de la familia y capitán de sus tropas y que prefería que no se cambiase el apellido para que pudiera seguir ejerciendo como tal – explicó el mayor de los shoukokus.
- Y aceptó – sentenció el rubio con voz ahogada comprendiendo lo ocurrido.
- ¡Me pareció una petición razonable! – se justificó el hombre.
- Tsch – fue lo único que el rubio contestó, apartando de nuevo la mirada y apretando los dientes y los puños en enfado e impotencia.
- Y aún sigo sin comprender porque es una ofensa tan terrible – dijo su interlocutor a continuación volviéndose a sentar con gesto compungido.
Wólfram se limitó a mirarle con tristeza. Yuuri se acercó más a él y tendiéndole la mano le dijo:
- Ven, vamos a sentarnos y nos lo explicas, ¿te parece?
Ambos cruzaron sus miradas durante un par de segundos en un gesto que en sólo una semana se había convertido una recurrente forma de ponerse de acuerdo o mostrarse su apoyo entre ellos. Finalmente, el soldado asintió y, dejando escapar un suspiro, agarró la mano de su secreto marido y la usó para auparse y separarse de la puerta. Se dirigieron a unas butaquitas que había junto a la pared, enfrente de la cama y de la posición que Shouma ocupaba y se sentaron allí. Wólfram medio caído en el asiento, con gesto derrotado y Yuuri echado hacía delante, para estar más cerca de él y sujetarle la mano alentadoramente.
- En Shin Makoku no existe una forma legal única de contrato de matrimonio, como hay allí en Japón – explicó – No al menos para la nobleza. En las uniones de los nobles se negocia un acuerdo entre las familias en el que se indican los derechos y deberes de cada uno de los contrayentes. Según cual sea el fin del matrimonio hay una serie de condiciones. Cuando se busca una alianza estratégica, se otorga una dote reducida normalmente consistente en una propiedad para la pareja y ambos conservan los apellidos familiares. Cuando es una boda por motivos económicos, la parte que pone la dote, cuantiosa en este caso, asume el apellido del otro contrayente. Esto suele hacerse cuando una familia noble necesita dinero y acepta a alguno de los hijos de un comerciante a cambio del apoyo económico. En casamientos por amor, se rechaza la dote, como muestra de que no se trata de un enlace por interés y la parte pretendida asume el apellido del otro.
Llegado a este punto se paró.
- Sí es algo establecido, ¿por qué me pidió que no lo hiciésemos? – preguntó entonces Shouma confundido.
Wólfram volvió a suspirar.
- Es parte del juego. Aunque el contenido del contrato se sepa de antemano, hay que hacer la negociación, ofrecer, pedir, regatear... Mediante esa conversación ambas familias pueden valorar el nivel real del interés de otro implicado y así decidir si le dan su aprobación a la relación. El representante del pretendido tiene que tentar al del pretendiente con la dote y el otro tiene que rechazarla con contundencia y elegancia. Luego el paso es el contrario, se cierra tratando de mantener a su pupilo en su familia alegando motivos para que no cambie de apellido y el otro ha de negarse con vehemencia a renunciar a ese derecho, como señal de que ansían fervientemente incluir a esa persona en su familia. Es todo un baile preestablecido en el que hay que seguir los pasos cuidadosamente, o de lo contrario el otro puede decidir anular la boda.
Se hizo un pequeño silencio.
- De todas formas, eso no explica por qué tu tío se ha ofendido tanto – reflexionó Yuuri – Podía haberse enfadado, pero que mi padre ignorase alguno de los pasos no debería suponer un insulto tan grave para el honor familiar.
Wólfram negó con la cabeza.
- No lo entiendes Yuuri, prácticamente cada acción en la negociación tiene un significado.
- ¿Qué quieres decir?
- Al rechazar la dote pero aceptar que yo conservase mi apellido, lo que tu padre ha dicho implícitamente es que no buscáis nuestro dinero, pero tampoco me queréis para formar parte de la familia. Sólo una cosa queda en ese caso que podáis pretender: mi cuerpo.
El Maou dejó escapar una pequeña exclamación de comprensión a la vez que su cara reflejaba su disgusto. El rubio, sin embargo no se detuvo.
- En otras palabras, ha ofrecido que me convierta en tu calientacamas – completó.
- ¿Cómo si fueras una concubina? – inquirió Shouma preocupado, queriendo asegurarse de haber entendido bien.
- Peor, chichiue, peor – contestó el rubio – Una concubina podría darle hijos, lo que implicaría una unión entre las familias, establecería unos lazos de sangre. Sin embargo, al ser los dos hombres mi único fin sería el de convertirme en... – se puso completamente colorado – su juguete sexual – completó casi en un susurro.
El ruido de la revista de Miko al caerse al suelo les sorprendió a todos.
- ¡Oh! Wolf-chan – dijo la mujer llevándose una mano a la mejilla – eso suena terrible – realmente parecía consternada – ¡Uma-chan! – soltó a continuación volviéndose hacía su marido - ¡Tienes que aclarar este malentendido! Nosotros queremos mucho a Wolf-chan. ¡No puedes consentir que su tío piense que le vemos de esa manera!
- Desde luego, cielito – se apresuró a calmarla el hombre – Me encargaré de ello – Se volvió ahora hacía los chicos – No os preocupéis, ¿de acuerdo? Hablaré con él y lo solucionaré – tenía un gesto serio y decidido.
A pesar de ello, Wólfram no parecía muy convencido.
- Chichiue, yo... yo no sé si es muy buena idea – le dijo – Mi tío no quiere saber nada de vosotros en este momento. Si intenta hablar con él...
- Pero he sido yo quien ha creado esta situación, es mi deber arreglarlo – le rebatió su suegro.
- En el fondo no ha sido culpa suya – murmuró el muchacho.
- Pero como el cabeza de familia sigue siendo mi responsabilidad – insistió el japonés.
El soldado de los ojos verdes negó con la cabeza.
- Realmente creo que no serviría de nada.
- ¡Wólfram! – le recriminó Yuuri – No debes hablar así, como si todo estuviera perdido. ¿Desde cuando eres así de pesimista? Mi prometido nunca se rinde ante nada – le animó con una sonrisa.
El rubio se la devolvió, alegre por la ternura que el shoukoku le demostraba, pero rápidamente la cambió por un gesto de frustración.
- Pero es que no veo salida alguna – dijo con enfado – ¡Mientras se niegue a hablar no hay forma alguna de intentar convencerle de nada!
El joven rey meditó durante un par de segundos.
- Y si le contamos...
Sus miradas se cruzaron. Wólfram entendió a qué se refería.
- Funcionaría. Pero preferiría dejarlo como el último recurso – contestó.
- ¿Por?
- Porque eso realmente no le haría cambiar de opinión, sólo le forzaría a aceptar lo que digamos. Y con lo orgulloso que es no le gustaría. Eso sin contar con que seguro que se enfada al enterarse de que hemos dado ciertos pasos antes de pasar por el altar. Ya sabes lo tradicionalista que es – suspiró – Ya tengo suficiente con un hermano al que he tenido que chantajear para que dé su visto bueno. Me gustaría que mi tío lo hiciese de buen ánimo.
- Entiendo – aceptó Yuuri, comprensivo – Pero como tú mismo has dicho, eso nos deja sin muchas alternativas. Debemos volver a la tierra mañana. No es que tengamos mucho tiempo para que se le pase el enfado.
- ¿Y si lo intentamos más adelante? – sugirió Shouma.
Ambos muchachos negaron con la cabeza.
- Si te marchas, lo tomaría como un signo de falta de interés – le explicó su hijo – Lo único para lo que serviría sería para empeorar las cosas.
- Bueno, entonces no tenéis más remedio que dejar a Uma-chan que lo intente – intervino nuevamente Miko – Sé que la primera vez no lo ha hecho muy bien – su marido no puedo evitar dejar escapar una sonrisa culpable al oírla – Pero eso sólo es porque ha tratado hacer las cosas al modo de Shin Makoku sin saber cuál era. Estoy segura de que si le dejáis libertad para que lo haga a su manera, sabrá como convencer a Waltorana-san de que reabra las negociaciones. Al fin y al cabo, no tiene su alto cargo en el banco, por nada, ¿verdad Uma-chan?
- ¡Cielito! – protestó el hombre avergonzado.
Wólfram no parecía muy convencido, pero la mujer no le dejó muchas opciones.
- Muy bien, pues entonces todo queda decidido, Uma-chan va a hablar con Waltorana-san para arreglar todo y mientras tanto nosotros nos vamos a dar un paseo y tomar un picnic en el lago ese del que siempre nos habla Wolf-chan, ¿de acuerdo? Así les dejamos solitos para que se las apañen.
Mismo día. Media hora después.
Shouma se encontraba en los jardines del palacio. Su mujer, con su acostumbrada energía, había arrastrado a los dos jóvenes con ella al picnic, dejándole solo en el castillo con Waltorana. Sin embargo, el japonés no sabía muy bien que hacer. Tenía claro que debía hablar con el noble y aclarar el malentendido, pero, como muy bien había apuntado Wólfram, no podía hacerlo si el otro hombre se negaba a escucharle. Paseando con calma de un lado a otro trataba de encontrar una salida, el criado que les habían asignado como su asistente, trotando detrás de él.
Hizo una recolección de ideas. Tal y como había dicho su mujer, tal vez lo que necesitaba hacer era enfocar el asunto como lo haría tratándose de cualquier otra negociación del banco. Aunque ambos mundos fueran distintos y tuvieran distintas costumbres habían cosas que seguían los mismos principios. Las manzanas caían del árbol al suelo allí igual que en la Tierra, no salían flotando hacía el cielo. Aunque fuesen moradas. Entonces, a empezar por el principio. Se sentó en uno de los bancos mientras ordenaba sus ideas. La primera regla de los negocios en el banco era simple: Conoce al cliente. Bien, aquello era un problema, porque no tenía tiempo para ello. Y, además, Waltorana no estaba muy dispuesto a confraternizar actualmente. Necesitaba algún informador. Pero a ver de dónde lo sacaba. Un ligero ruido a junto a él reclamó su atención. El criado. Wólfram les había contado que era su valet personal y que le atendía desde niño siempre que estaba en las tierras de los Von Bielfeld. Shouma se sonrió. Era exactamente la persona que necesitaba. ¿Cómo se llamaba...?
- Klaus.
- ¿Sí, Excelencia? – contestó el hombre.
Era un señor mayor. Si estuvieran en su mundo, Shouma habría dicho que rondaba los setenta. Aquí... seguramente había pasado los trescientos. Tenía el pelo cano, el rostro curtido y ojos claros y vivos; inteligentes.
- Klaus, usted lleva muchos años trabajando para la familia, ¿no es cierto? – le preguntó, tratando de romper el hielo.
- Desde niño, Excelencia. Mi familia lleva años al servicio de los Von Bielfeld.
El shoukoku asintió con la cabeza.
- Y según tengo entendido, se ha ocupado de Wólfram desde niño, ¿no es cierto?
- Fui el valet de su padre, Excelencia, y después de su muerte, pasé al servicio del joven Señor – confirmó el hombre.
- Entonces, Klaus, si tuviera que elegir, ¿a quién otorgaría su lealtad? ¿A Su Excelencia Waltorana o a Wólfram? – le planteó ahora el asiático.
Su interlocutor le miró suspicaz.
- ¿Y por qué habría de elegir?
Shouma optó ahora por un acercamiento directo.
- Wólfram quiere casarse con mi hijo, y Waltorana se opone. Si yo le pido ayuda para convencerle de que se lo permita, ¿usted que haría?
El anciano meditó un poco la respuesta.
- Supongo que dependería de lo que me pidiese que hiciera, Excelencia, pero en principio se la otorgaría. No he visto al joven Amo más feliz que cuando se encuentra junto a Su Majestad. Y el Maou es un gran hombre – había respeto en su voz.
El shoukoku no pudo evitar sentirse orgulloso al oír como se referían a su hijo.
- En realidad no necesito gran cosa, Klaus, sólo que me ayude a conocer un poco mejor a Waltorana. Necesito saber bien que clase de persona es. Si tiene algún punto débil.
La respuesta en esta caso fue más rápida.
- La única debilidad real que le conozco al Señor es su sobrino, Excelencia.
- ¿Wólfram? – preguntó Shouma sorprendido.
El criado asintió.
- Es su único pariente cercano vivo, Excelencia, y además se siente responsable de él, debido a que el joven Señor perdió a su padre. Y se siente muy orgulloso también. El joven Señor podía haber tratado de vivir sólo de su linaje y su belleza, sin embargo lleva años esforzándose para ser un soldado fuerte y valioso para Shin Makoku.
- Entiendo – dijo el otro meditando la información.
Después de un par de minutos suspiró.
- Desgraciadamente – comentó entonces – no creo que eso me sirva para mucho. ¿Qué voy a hacer? ¿Secuestrar a Wólfram para forzarle a aceptar el matrimonio?
- No sería la primera vez, Excelencia – replicó su interlocutor con seriedad.
Shouma le miró sorprendido.
- ¿Eh? – inquirió.
- No sé como será en su mundo, Excelencia, pero aquí, los mazokus hemos sido siempre un pueblo guerrero – se explicó el anciano – Sobre todo en la antigüedad. Antes de que Su Alteza Real El Rey Original, fundara Shin Makoku, nuestra tribu vivía organizada en clanes en los que todos eran una pieza clave a la hora de cuidar del grupo. Por eso, cuando alguien quería que otra persona abandonase a sus padres y hermanos, o incluso, a su clan, para apoyar al suyo, tenía que ganarse el derecho por la fuerza. Venciéndole en un combate directo, demostraba que era lo suficientemente fuerte como para poder cuidar de él, y que era merecedor de que el otro renunciase a los suyos y a su libertad para convertirse en su apoyo y compañero. Y al secuéstralo y sacarlo de su casa, todo su clan se obtenía el derecho de otorgarle su nombre y considerarlo parte de su colectivo, a la vez que mostraban a sus parientes que su grupo era lo suficientemente poderoso como para garantizar que con ellos estaría seguro. Es por eso, que cuando dos jóvenes se querían, era siempre aquel de los dos que era más poderoso el que lanzaba la petición, independientemente del sexo, para así asegurarse que su matrimonio saldría adelante - suspiró – Todo esto cambió cuando la tribu mazoku se unió en un reino. Después de tantos años en guerra contra Shoushu, nuestro pueblo quería empezar una nueva era de paz y el Rey Original, aconsejó abandonar esa practicas, entre otras, por ser demasiado agresivas. Las Diez Familias, para dar ejemplo al pueblo, buscaron unas nuevas costumbres para sustituirlas. Cambiaron el enfrentamiento entre familias por la negociación del acuerdo matrimonial y el combate por la bofetada en la mejilla. Aún así las viejas maneras tardaron tiempo en abandonarse por completo. Y todavía hay ocasiones en las que a una proposición, le sigue un duelo. O que dos pretendientes se enfrentan para decidir quien tiene el derecho al cortejo. Sin ir más lejos, fue así como se selló el compromiso entre Su Majestad y el joven Señor, como sabrá.
Shouma asintió. Aunque había tardado años en conocer la historia completa, estaba al corriente de cómo se habían comprometido su hijo y el rubio noble.
- Aún así, Klaus, no me parece opción viable. El Rey Original tenía razón al decir que era una costumbre bárbara.
- No se lo estaba diciendo por eso, Excelencia. Sólo pretendía que comprendiera el verdadero carácter de la negociación del acuerdo y la petición de mano. En realidad no son un acto social, sino la representación verbal del enfrentamiento contra las familias. Un enfrentamiento dónde los postulantes tienen que demostrar qué serían capaces de hacer para defender sus intereses y añadir a su familia a ese nuevo miembro.
El shoukoku le miró con seriedad, meditando y asumiendo aquellas palabras hasta su más mínimo significado.
- Muchas gracias, Klaus, eso ha sido un auténtico consejo.
Se hizo un pequeño silencio, durante el cual Shouma empezó a considerar sus distintas opciones. El ruido de unos pasos en la gravilla le sacó de sus cavilaciones. El banquero japonés levantó la cabeza. Era Waltorana. El otro mazoku se detuvo a una distancia prudencial de él, con el ceño fruncido, gesto de enfado y sin mirarle.
- ¡Klaus! – llamó.
- ¿Sí, Excelencia? – respondió el criado solicito.
- ¿Dónde está mi sobrino? – demandó el noble.
Una idea asaltó en aquel momento la mente de Shouma.
- En veinte minutos en el prado de allí atrás – contestó interrumpiendo la respuesta del asistente e improvisando sus pasos sobre la marcha.
El anciano se vio sorprendido, pero se cuidó mucho de demostrarlo. Waltorana, por su parte, frunció aún más el ceño y escrutó a su invitado. Luego, sin decir tan siquiera gracias se dio media vuelta y se marchó otra vez de allí, con paso tan firme y rápido como con el que había llegado.
- Si no es indiscreción preguntarle, Excelencia, creo que tiene un plan, ¿no es cierto? – preguntó ahora el valet.
- Efectivamente, Klaus. Y voy a necesitar de su ayuda – admitió Shouma.
- ¿Qué necesita, Excelencia?
- Que se haga con una azada, vamos a jugar un partido de golf.
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Y esto ha sido todo, que no ha sido poco. Comentarios, el nombre de Klaus lo he escogido porque es alemán (como el de muchos de los personajes del anime) y porque es el primero que se me ha venido a la cabeza. Luego me he dado cuenta que sonaba a Santa Claus y que seguro que se me había ocurrido tan rápido por las fechas, pero me ha dado pereza cambiarlo.
Del vocabulario.
valet: Es la versión masculina de una doncella. Estan a medio camino entre el criado y el secretario personal.
chichiue: Me parece que es la primera vez que lo uso. Significa padre en un modo muy formal. Es el equivalente en categoría al hahaue para madre.
kimono: Al contrario de la creencia popular (y la mía hasta hace poco) el kimono no es el vestido tradicional de las mujeres japonesas. Su significado real es algo así como "cosa que se lleva" con lo que la traducción más exacta sería traje. Se usa tanto para trajes de hombres como de mujeres y actualmente casi siempre se utiliza para referirse a la ropa de estilo tradicional (en Japón).
hakama: Es una de las prendas que puede (o no) componer un kimono. La descripción básica es pantalon, pero algunas de sus versiones (por lo que sé hay tres disitintas), no tiene las piernas separadas y se parece más a una falda. Se caracteriza por tener muchos pliegues. Es una prenda mayoritariamente de uso másculino, pero las artistas marciales y similiares lo usan también.
Creo que no me he dejado nada. Si hay alguna otra cosa, decirlo para que lo incluya.
En el próximo update: Capitulo 3: Waltorana. ¿Qué es lo que realmente piensa Waltorana de todo el asunto? ¿Para qué quería ver a Wólfram? ¿Y qué se le habrá ocurrido a Shouma? ¿Conseguirá calmar y convencer al enfadado noble? En el siguiente capitulo veremos el final de esta segunda minitrama. Si sois de las que habéis sufrido con la longitud de este, os aseguro que será más corto, palabra.
Ya sólo me queda desearos unas
¡FELICES Y GRANDIOSAS FIESTAS!
Y pediros que me regaléis muchas reviews por Navidad. Salut!
