¡Hola de nuevo! Estoy trabajando en nuevos proyectos, así que probablemente me tome mi tiempo con esto. Hay cosas que me van costando arreglar, y son capítulos muy extensos. Planeo borrar los capítulos e ir agregando los nuevos, pero eso me llevará tiempo. Algún día lograré hacer encajar todo y dejarlo bello.
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¡Disfruten!
Le costó conciliar el sueño. Estuvo indagando en su mente, en las posibilidades, en las acciones a tomar, en todo. Y cuando sintió que al fin descansaba, fue despertada por la pelirroja. El sonido de la lavadora, del agua correr, de los platos.
Se levantó a regañadientes. No estaba de ánimo. Sus ojeras podían decir exactamente lo mismo. Quería tomarse el día y seguir durmiendo hasta recuperar las energías que perdía a cada segundo viviendo con esa chica. Caminó hasta la sala de estar. Anna estaba apretando los botones de la lavadora. Tenía una cola de caballo decorada con un pañuelo. Se veía como una ama de casa versión pequeña.
"¿Qué se supone que haces?"
Sintió su propia voz sonar más malhumorada de lo que hubiese permitido. La chica volteó para mirarla. Lucía radiante. Como si la fiebre del día anterior fuese sido una mala broma. Su labio seguía hinchado, y probablemente el dolor de su brazo debía ser insoportable, pero al parecer a ella no le importaba demasiado.
"¿No ves que estoy haciendo la limpieza?"
Se quedó unos segundos mirando alrededor, aun media dormida, hasta que sus ojos se enfocaron en el reloj. Ya era hora de ir a trabajar. Se iba a dar media vuelta para ir a ducharse, pero unas gotas de agua la sorprendieron. Se sobresaltó como si se tratara de un gato. Se sintió avergonzada.
"¿Iras a trabajar?"
"Si."
"No creo que te sientas capaz de ir."
Frunció el ceño. No estaba de humor para su palabrería.
"¿Qué sabes tú de cómo me siento?"
La chica solo sonrió.
"Solo es intuición."
Anna siguió en lo suyo. Echando la ropa en la lavadora, separando las prendas, poniendo blanqueador. Se quedó ahí mirando cada uno de sus movimientos, sin la energía para irse, o para sentarse. Solo se quedó ahí, inmóvil.
Le molestaba que la chica tuviese razón, pero así era. No quería pisar aquel lugar. Antes era un santuario. Un lugar de paz y justicia. Ahora estaba sucio. Lleno de porquería y secretos.
Quiso desviar sus pensamientos. Miró la ropa colgada en el balcón. La pelirroja sabía bien cual ropa no debía ser sometida a la centrifugación. Vio la camiseta que la chica utilizó el día anterior. La mancha no salió por completo, a pesar de dejarla en remojo.
"Tendremos que teñirla."
"¿Qué?"
Dio un salto al ver a la chica tan cerca. Volvió su vista a la prenda para evitar la mirada inquisitiva.
"Tu camiseta, la mancha no salió."
"Podría romperla un poco, me gusta el estilo zombi."
Elsa se mordió el labio para no reír.
"No tengo tanta ropa, es una lástima."
"Por lo visto no trajiste ropa muy femenina."
La chica frunció el ceño y soltó una risa burlona. Luego hizo una pose muy sobreactuada.
"¿Acaso no me veo llena de gracia y elegancia con mi ropa usual?"
Con esos pantalones holgados de deporte y esa camiseta desteñida lo dudaba un montón.
Dio un respingo. La Anna de los videos lucía muy femenina. Vestidos. Flores. Encajes. Podría ser todo a causa de Hans, o a falta de él. Había muchas cosas que no entendía. Anna no se abría. Aunque tampoco esperaba que lo hiciera. Todo lo que diga puede ser usado en su contra en una corte de justicia. Ella lo tenía claro.
Necesitaba que ella confiara.
"Si no me dices lo que sabes, yo no puedo ayudarte."
La mirada turquesa se paralizó. Se mostraba indecisa. Ambas estaban del mismo lado, o al menos eso quería creer. Si ella era una asesina, entonces se merecía todo, pero si no era el caso, sus superiores se estaban aprovechando de la situación, tomando ventaja, lastimando a una inocente para satisfacer cuales fuesen sus razones.
"Yo…"
Iba a decir algo, pero el intercomunicador del departamento empezó a sonar. Normalmente no recibía visitas, menos a esta hora. Se acercó y contestó. Era el conserje.
"Señorita Storm, un hombre vino a verla, pero antes de llamarla subió corriendo al ascensor, ¿Quiere que llame a la policía?"
"No se preocupe, yo soy la policía."
Fue a buscar su pistola, la cargó y apuntó hacía la puerta. En ese mismo momento escuchó los golpeteos en la madera. Le hizo una señal a la pelirroja para que retrocediera. Anna apenas podía controlar su risa. Aunque la situación fuese tensa, la rubia seguía en pijama con su pelo hecho un caos. No era la imagen que tendría de alguien a segundos de descargar su cargador contra un atacante.
Se quedó en silencio, esperando que la persona solo aceptara que no había nadie en casa y se retirara, pero al parecer no se rendiría fácilmente. Seguía azotando la puerta. Debía ser una persona muy fuerte.
"¡ANNA SAL DE AHÍ!"
Ambas chicas se miraron con asombro. La pelirroja asiente con la cabeza, afirmando conocer al sujeto. Elsa escondió su arma dentro de su pantalón de dormir. Sacó el seguro de la puerta y la abrió. Afuera estaba un hombre de unos veintitrés años, fornido y rubio. Empujó la puerta al entrar su humanidad en la vivienda.
Corrió a abrazar a la pelirroja. La chica le devolvió el gesto.
"Por dios, Anna, creía que estabas muerta."
"Oh no, algo lastimada, pero ya me conoces."
El chico le da una mirada a la rubia. Su rostro cambia deprisa a una mueca de enojo. Pone todo su cuerpo entre las dos chicas. Protegiendo a su amiga. Elsa solo lo miró con sorpresa.
"¿¡Que le has hecho, perra!?"
Su sorpresa cambió a indignación. ¿Como era capaz de hablarle de esa forma en su propia casa y sin siquiera conocerla? Le hirvió la sangre. No podía lidiar con otro niñato más. Iba a decir, probablemente, un comentario muy desagradable hacía ese joven, pero la pelirroja le dio un golpe en las costillas. El chico se quejó sonoramente.
"¡No seas imbécil, Kristoff! ¡Ten más respeto! La comandante me ha cuidado mejor que nadie.
Le sorprendió aún más las palabras de la chica. Tan agradecida. Eso inmediatamente le subió el ánimo. El rubio frunció el ceño, sin estar muy convencido. Sus ojos mostraban desconfianza. ¿Él era el chico de la policía de Los Ángeles? Ahora el estatus que les tenía había bajado aún más.
"Es policía después de todo, no deberías confiar tanto en ella."
"Entiéndelo, ella no sabe nada."
"¿Qué? Todos lo saben."
"Pues ella no. Solo sabe lo básico, los jefes se lo han ocultado, quizás intuyen que ella hará la vista gorda."
La rubia se quedó estática mientras los chicos discutían acaloradamente miles de cosas que ella no entendía. No. No entendía nada de lo que hablaban. Por inercia cerró la puerta y caminó a su cuarto. A esa altura de la mañana, con su falta de sueño y su paciencia por el suelo, le importaba un rábano que el chico se raptara a la pelirroja, o que robaran su casa, o cualquier cosa que pudiesen hacer. Le daba igual. Solo quería darse una ducha y olvidarse de todo.
Se vistió con jeans y una camisa. Se tomaría el día libre. No se sentía muy bien para ir allá de nuevo, teniendo el revoltijo de ideas y suposiciones en su cabeza. Necesitaba un vaso de agua. Fue a la cocina, y vio a ambos chicos sentados en el sofá. Sus rostros mostraban cansancio. Ya habían discutido suficiente al parecer. Y no tenían fuerzas para iniciar una huida.
Se sentó en una silla frente a ellas mientras apoyaba uno de sus brazos en la mesa.
"¿Hay algo que quieran decirme?"
Anna soltó un pesado suspiro y le dio una mirada al chico.
"Al grano, Kristoff, ¿Qué querías decirme?"
El chico frunció el ceño. Se le veía consternado.
"Tu hermana escapó."
La pelirroja se levantó de un salto. Estaba impactada. La rubia solo podía poner cara de confusión. No había ninguna hermana en los archivos.
"¡Tenía que estar encerrada!"
"No te iba a hacer caso, es tan terca como tú."
"Esa chica está haciendo todo más difícil…"
Kristoff se levantó y se fue hacia otro lado del departamento. Tenía tanta curiosidad de lo que ocurría que no le importó en lo más mínimo que aquel desconocido vagara por su casa. Anna se sentó nuevamente en el sofá. Su mandíbula estaba apretada. Se notaba su genuina preocupación.
Se sentó a su lado, esperando obtener respuestas.
"No maté a Hans."
"Lo sé. Vi aquellos videos. Se veían enamorados."
Anna frunció el ceño. Movió el rostro de un lado a otro.
"Esa no era yo."
Elsa solo podía mirarla con duda. No entendía nada. Eran prácticamente la misma Anna Summers que tenía viviendo bajo su techo.
"Tengo una hermana gemela, Elsa."
¿Cuál era la probabilidad que algo así fuese posible?
"Andrea Summers se llama. Era la chica perfecta desde que éramos niñas. Podía tener todo lo que quisiera."
Jugaba con sus manos. Estaba nerviosa. Se notaba que se había callado tanto tiempo que ahora le costaba hablar de ello con libertad.
"Yo no era así. Siempre era la imprudente, la que no tenía ni gracia ni elegancia. Siempre me sentía menos al lado de ella, pero es mi hermana, y las hermanas se cuidan las espaldas. Yo debía protegerla y dejar que fuese feliz. Que al menos una de las dos fuese feliz."
Su voz se vuelve débil. Toma la mano de la chica con la suya. No lo pensó mucho. Solo lo hizo.
"No recuerdo mucho, pero estaba con ambos. Fue extraño. Él se acercó a mí. Él me besó. Me tomó por sorpresa. No iba a aceptar algo así. Era agobiante el no poder sacármelo de encima. Luego recuerdo a Andrea tras de él, apuñalándolo. Fue horrible."
Quiso abrazarla. Quiso quitarle ese peso de encima.
"Luego discutimos. Ella huyó y yo tomé el cuchillo entre mis manos. No lo sé. Ella debía ser feliz."
"Entonces, ¿Por qué no renuncias a tus derechos y les dices que lo mataste?"
"Quizás tu no lo sabes, pero estoy segura que más de alguien sabe que tengo una hermana. Si me encarcelan antes de que seamos mayores de edad, posiblemente la lleven a un orfanato. La idea era hacer tiempo. Que ella no pudiese testificar, que desapareciera del mapa. Pero ahora es tan incierto. Siento que hará todo lo contrario."
"Esto es tan extraño y confuso."
"Lo es, a veces siento que estoy soñando, que nada es real."
"Jamás creí que estaría del lado de una delincuente."
La pelirroja la miró con un puchero. Sus ojos seguían humedecidos.
"Te dije que no lo maté."
"Te he visto delinquir un par de veces. No me engañes."
Anna suelta una gran risotada. Su ánimo cambiando de una manera drástica. Se sentía más tranquila cuando la chica estaba así. Verla llorar y sufrir de esa forma no la hacía sentir cómoda. El chico se acerca nuevamente. Se le ve más animado al ver a la misma pelirroja más animada.
Anna suelta otra risita al mirar a ambos rubios.
"Bueno, Kristoff, ella es Elsa, comandante de policía y mi niñera, Elsa, él es Kristoff, policía en LA, amigo y vecino de la infancia, y en su familia aman las rocas."
Kristoff soltó un quejido mientras sus mejillas cobraban color.
"Deja de decirle eso a la gente, suena extraño."
"Aman las artesanías con piedras. Suena raro porque son muy raros."
Puso una de sus manos frente a sus labios. No pudo contener la risa. El chico estaba muy avergonzado por su familia. Sintió una conexión con el chico. Ambos sufrían por el comportamiento molesto de la pelirroja. Se levantó y se puso frente a él, extendiéndole una de sus manos.
"Soy Elsa Storm, comandante del departamento de policía de Nueva York. Y no te avergüences, acabas de ver a una celebridad de la ciudad en pijama."
El chico sonrió y le dio la mano.
"Kristoff Johnson, oficial de la policía de Los Ángeles. Gracias por cuidar de Anna.
"Supongo que soy buena manejando problemas."
"Hey, sigo aquí."
Suelta un bufido y les da un leve empujón a los rubios más altos que ella.
"Bueno, ya es hora de que me vaya."
"¿Tan pronto?"
"Claro, estoy de uniforme aún. Me infiltré en una charla para policías aquí en la ciudad y aproveché para buscarte. Si sucede algo intentaré avisarte o llamar a la señorita Storm. Cuídate y no le des más problemas."
La chica solo se cruzó de brazos. Elsa le dio un saludo formal con su mano en su sien. El chico le respondió de la misma forma.
"Está en buenas manos."
"Estoy seguro de eso."
Anna se veía con más animo con la visita de su amigo. Se notaba que le hacía falta ver a alguien conocido en una ciudad desconocida. No quería ver a esa chica de esa forma. No quería verla triste ni desolada. No se merecía eso.
Empezó a buscar entre sus cosas. Archivos. Casos. Todo lo que le pudiese ayudar a aclarar su mente. La pelirroja estaba sentada de piernas cruzadas en su cama, rodeada de papeles amarillentos. Se le veía divertida.
Se sentó al lado de ella, con otra pila de carpetas. Intentaba buscar una salida. Si Anna era inocente, la forma de solucionarlo era culpar a la hermana, aunque era evidente que la chica no permitiría eso. Por el momento era bueno no tener testigos. O al menos no tener datos de ellos. Aunque estaban prácticamente en el aire. No le pidieron que resolviera un caso de homicidio, le dijeron que le sacara una confesión a la chica. Nada más. Eso no tenía sentido.
Las pruebas y la evidencia estaban siendo retenida. No podría saber que ocurría a menos que estuviese entre los altos mandos de LA. O al menos que hubiera un par de personas honestas ahí dentro. Se quedó pensando en eso. La otra idea era hackear a la policía. Eso era muy arduo, y si no lo hacía correctamente podría meterse en problemas. Le pareció que debía intentarlo.
"Iré a la oficina. Te dejaré aquí, no planeo tardar."
"¿Que? ¿Por qué? ¿No te tomarías el día?"
"Quiero ver si puedo buscar los archivos originales de tu caso."
"Aunque lo sepas la única opción de salvarme es culpar a mi hermana."
"Sé que no quieres eso…, pero es la única forma."
"No permitiré eso, no lo entenderías."
"Claro que lo entiendo."
Su voz sonó más fuerte de lo usual. Se veía irritada. Sus ojos estaban más gélidos de lo usual. La pelirroja se quedó confundida y anonadada. Elsa Storm no solía reaccionar así.
"Lo entiendo, yo también tuve una hermana apegada a mi…"
"… ¿Qué le pasó?"
"Ella no murió, pero desapareció de mi vida, como si dejase de existir."
"Lo siento."
"No lo sientas. Fue lo mejor luego de lo insostenible de la relación. Si la quieres debo luchar para que no pierdas los lazos que tienen. Aun eres joven para pasar por cosas así."
"Oh vamos, tú no eres tan vieja."
Elsa hizo una mueca indescriptible. Fue tan graciosa que la pelirroja solo pudo estallar en risas. Sus pálidas mejillas empezaron a sonrojarse poco a poco. Sus miradas se juntaron luego de un rato.
"Eres una gran policía, Elsa. Ten cuidado, no te arriesgues demasiado. Si quieres te mantendré la cama caliente."
Mueve su rostro de un lado a otro, sin comprender como la chica podía cambiar tanto de tema.
Se pone una chaqueta y se arregla el cabello antes de empezar su camino hacía el departamento de policía.
No juzgaba a sus compañeros de trabajo que la miraron atónitos, verla en ropa casual era muy extraño. También se había dado el día libre, y lo primero que hacía era pasearse por los pasillos. Subió por el ascensor, no quería llamar la atención más de lo normal. Entró a su oficina. Se veía tal cual la había dejado, incluyendo las manchas de sangre en el suelo. Lo del pasillo había sido limpiado, y asumía que también lo de la bodega.
Metió alguna de sus cosas en su maletín. Quería salir de ahí pronto. Cuando va saliendo de la oficina ve a su jefe ahí parado. Se le veía preocupado.
"¿Qué es lo que ha pasado?"
"Unos delincuentes entraron al departamento, la chica y yo tuvimos que confrontarlos. Estoy herida, por eso me tomé el día libre. Vine a buscar los reportes para ficharlos en casa."
No estaba realmente herida, pero sonaba más creíble.
"Estas cuidando muy bien de la chica…"
El hombre tenía una máscara de orgullo sobre su cara de decepción. Él estaba ciertamente involucrado.
"Ella tiene que pagar por sus actos, por eso sería inaudito que muriese antes."
La frase dejó a su jefe completamente orgulloso. Sus pequeños ojos brillaban y su sonrisa se agrandaba.
"Alguien debe responder por aquello, ¿Cómo es siquiera posible que unos civiles se infiltren habiendo tantos ojos policiales aquí dentro? Veré que puedo hacer para resolver esto y asegurarme que no vuelva a ocurrir."
No supo que cara puso. Si estaba satisfecho o enojado. Estaba metiéndose en sus planes. Aunque él hombre la conocía. Esa era su forma de actuar. Así que estaba tomando bien el papel que ellos le habían dado.
Fue a la sala de informática. Algunos la saludaron entre la montaña de trabajo que tenían encima. Se dirigió a una pequeña sala al fondo del lugar. Dos hombres trabajando en sus computadoras con batas blancas bien pulcras. Ambos se levantaron para saludar a su invitada. Ella carraspeó. Uno de ellos miró con confusión hasta que el otro le pegó un codazo.
"Tomémonos un descanso, si necesita algo nos avisa, comandante."
Ambos chicos salieron de ahí. Conocía a aquel chico, que tomó la iniciativa, hace mucho tiempo. Había casos que estaban prácticamente censurados, por el tiempo o por alguna sucia razón. Ella iba ahí en esos casos. Sabía que hacer, como arreglarlo, como solucionarlo. El chico sabía que la mujer tenía buenas intenciones, así que la dejaba en paz. Ahí eran los pocos computadores cuya dirección IP no podía ser rastrada.
Hizo todo lo que pudo, pero fue muy difícil. Las cosas se estaban poniendo difíciles. Encontró documentos similares a los que le habían sido entregados. Quizás había pruebas físicas, pero nada estaba en la red. Absolutamente nada. Se quedó tecleando mientras su cabeza empezó a divagar. Si su jefe era consciente de lo que ocurrían con las pruebas, era porque quizás había la posibilidad que se supiera que Anna era inocente. Eso delataba de inmediato a la otra sospechosa, que era su hermana. Si ese era el caso, la policía quería meter presa a Anna, aunque no fuese la asesina, ¿Pero por qué? ¿Había alguna diferencia?
Quiso hablar con alguien, y ahora la única persona en la que podía confiar era en Kristoff. Él no le haría daño a Anna. Marcó el número que había añadido hace unas horas. Necesitaba sacarse eso de la cabeza.
"¿comandante?"
"¿Qué pasaría si los jefes saben de la existencia de Andrea y de la inocencia de Anna, pero aun así quieren meterla presa a toda costa?"
El chico se quedó en silencio un rato. Meditando.
"Creo que Andrea tiene que ver con esto."
"¿Qué?"
Escuchó pitido. Le había cortado. ¿Ella tiene que ver? ¿Quiere meter presa a su hermana por lo actos que no cometió? ¿Por qué haría eso? Es su hermana…
Sintió sus puños arder. No sabía cuánto los estaba apretando. Estaba enojada. Muy enojada. Intentó relajarse y respirar con tranquilidad.
Esto no tiene que ver contigo. No sientas. Se dijo a si misma.
Quería seguir buscando, pero a la vez le molestaba estarse involucrando tanto.
No debía cometer un error así.
Anna Summers estaba inquieta. Había recorrido cada lugar de la casa, ordenando, entrando la ropa, inclusive ordenó la pila de documentos que quedaron desperdigados por toda la habitación de la rubia. Cuando no supo que más hacer para mantenerse ocupada, se lanzó en la cama de esta y se abrazó a uno de los cojines. El aroma la hizo sentir tranquila.
Como en casa.
Se levantó deprisa, sintiendo sus mejillas arder. Movió su cabeza intentando quitarse esa sensación extraña del cuerpo. Miró alguno de los artículos de la rubia, y también le llamó la atención aquel cajón con llave. Intentó abrirlo, pero era imposible. No iba a hacerlo a la fuerza o la rubia se daría cuenta de inmediato que estuvo haciendo cosas que no debía.
Abrió el armario de la mayor. Vio su ropa ordenada y pulcra. Cada traje. Cada camisa. Nada tenía algún color llamativo o particular. Estaba segura que a esa mujer no le gustaba llamar la atención de nadie. Vio un cajoncito oculto, e imaginó que sería la lencería. Sonrió con maldad. Igual no tenía mucho sentido pensando que había lavado ropa ese mismo día, pero no era lo mismo.
Se sorprendió al ver el cajón lleno de armas. Cuchillos, navajas, pistolas, cartuchos, esposas, y cosas que no tenía idea que eran o que podrían llegar a hacer. No quiso tocar nada para no cortarse o matarse. Vio un pequeño brillo al final del cajón. Como un cristal. Parecía un marco. No parecía peligroso, y bueno, la curiosidad fue muy fuerte.
"¿Qué estas sacando?"
Sintió la voz de la rubia muy cerca. Se tiró hacía atrás, con miedo en sus venas, provocando que el cuadro que tenía en sus manos saliera volando con ella. Fue cosa de segundos. Anna se dio cuenta de que el objeto podría romperse y se dio un impulso, saltando tras el cuadro. Lo tomó entre sus brazos mientras chocaba toda su humanidad contra la punta de la cama y luego caía al suelo.
Se quedó inerte unos segundos, sin aire, y con su cuerpo ardiendo. Solo escuchaba la risa de la mayor. Debió verse graciosa, pero el dolor no la dejaba reír. Al menos el cuadro estaba a salvo. Se sentó en el suelo luego de un rato. Iba a dejar el cuadro a un lado, sin mirarlo, pero la rubia no parecía estar molesta por su curiosidad.
Era una Elsa pequeña. Unos ocho años. Sonrisa reservada. Su pelo en una trenza y una cinta azul en la parte superior de su cabeza. Tenía un vestido azulado. Había otra chica al lado. Un par de años mayor. La contrastaba. Tenía el pelo corto y negro, pero con los ojos del mismo color que la pequeña. Su rostro se veía más duro. Mas imponente.
"Ella era mi hermana."
Elsa se sienta a su lado, a los pies de la cama. No quiso decir nada, solo quería esperar a la que la rubia le contara más de su vida. Quiere saber más y la mayor pudo notarlo.
"Vivimos juntas aquí hasta que me convertí en policía. Esta foto es cuando vivíamos con nuestros padres en Värmland, en un pequeño lugar llamado Storfors."
Anna la miraba con asombro y duda. No eran nombres muy comunes para alguien que vive en Estados Unidos.
"Nací en Suecia. Región de Svealand, ¿No te suena?"
Sabía que la pelirroja vivía en un país vecino, pero tampoco estaba segura a que edad había dejado el país. Quizás ni ella misma lo sabía. La chica hizo memoria por unos segundos y giró su cabeza. Nada se le venía a la mente.
"¿Y porque viniste hacía acá siendo Europa tan bonito?"
"No tenía muy buena relación con mis padres. Ellos estaban allá, con su dinero, con su casa, mi hermana quería salir de ahí, venir a un país grande. La seguí. ¿Y tú?"
La chica se veía algo perdida en sus pensamientos.
"¿Y yo que?"
"Tú y Noruega."
"No recuerdo mucho. Recuerdo los fiordos y la nieve."
Cerró los ojos, presionando sus recuerdos.
"El olor a madera quemada, el aroma a medicamentos. Mis padres estaban enfermos, creo. Murieron de la misma enfermedad según recuerdo. Luego solo sé que llegamos acá gracias a unos parientes que nos prestaron su casa."
Quería acercarse más a la chica, pero se resistía.
"No sé porqué, pero que pronuncies aquellos nombres me trae buenas sensaciones con respecto a esa época. Como si me recordaras a alguien."
Elsa se quedó callada, mientras la pelirroja balbuceaba frases inentendibles. Estaba quedándose dormida y tenía su cabeza apoyada en su hombro.
Una cercanía que no imaginó ni esperó.
Pronto el calor de la pelirroja comenzó a extenderse, y luego se vio tan acalorada, que sus ojos también cedieron ante la calma.
No pudo seguir pensando en nada más.
Si, quedé conforme con los cambios. Me hace sentir tranquila el poder arreglar mis falencias de aquel tiempo. Aunque tarde en hacerlo, se que valdrá la pena.
¡Nos leemos pronto!
