Capitulo IV

– ¡Heg- mi- one!

Alguien la llamaba, una voz femenina que estaba muy lejos de ella pues a penas la escuchaba. Cambio de posición donde quiera que estuviera acostada y se llevo las manos a sus oídos, pretendiendo dejar de oír aquel desesperante llamado que hacia eco en su cabeza.

– ¡Hegmione! Vamos, el debeg llama – persistió la voz que parecía estar más cerca. ¿El deber llamaba? Pues ella dejaría que otra persona le contestara por que ella en esos momentos no se levantaría.

Ahora alguien pretendía arrebatarle la almohada que se había echado sobre en la cabeza.

– Hegmione contage hasta tges y si no te levantas quitage las cobijas– ¿Porque no dejaban de gritar? Fue lo primero que pensó al sentir el punzante dolor de cabeza cuando se despertó por completo. Dormir era todo lo que quería, no era mucho pedir verdad.

–Uno... – parecía que tenían un megáfono justo en su oído... tal vez si la ignoraba se alejaría.

– Dos... – ¿Porque no se largaban de una buena vez y le dejaban en paz?

– Tges... tú lo has quejido.

Antes de que pudiera siquiera rendirse o aferrarse a las mantas, estas fueron velozmente quitadas de la cama. Ahora si que era el colmo, quien quiera que fuera el incauto valiente que se atrevía a despertar a Hermione Jane Granger de aquella forma la iba a pagar y doble por la resaca que Hermione ignoraba de donde había llegado esa mañana.

– ¿¡QUE!? – Se sentó con enojo en la cama; al abrir los ojos tuvo que tallarlos por la repentina e incomoda intrusión de luz en sus pupilas.

– Dejen de gritar ¿quieren? – se escucho la voz de Luna entre las risas de Zoe al ver que Hermione casi se cae cuando le aventó de nuevo las mantas de la cama justo en el momento en el que la castaña se disponía a levantarse.

– Anda Hegmione, date una ducha y vamonos. – Zoe tomo a Hermione del brazo y la jaló a lo que la castaña supuso seria el cuarto de baño.

– ¡Oye! Espera... ¿irnos¿A donde? - Zoe soltó un suspiro de exasperación y la miro con cara de "No puede ser que se te haya olvidado algo así."

– A escojeg un vestido, clago. Que gapido aflogan los efectos que Haggy tiene en ti, pgimita... ¡HERMIONE! – Espeto cuando Hermione le cerró la puerta del baño en las narices.

– Al menos ya pronunciaste bien mi nombre– la afectada voz de Hermione se hizo oír desde el baño, seguidas después de las risas de Luna ante el indignado rostro francés de Zoe.

Hermione y Luna, no había manera amena de explicarlo, estaban pasando por la trasnochada más horrible que ninguna de las dos recordaba, gastando el poco buen humor que sentían en bromas verbales centradas en Zoe y agradeciéndole a Merlín que un elfo domestico les hubiera llevado pociones para el dolor de cabeza antes de salir de la Mansión Black.

Zoe, no había otra manera de explicarlo, estaba en su elemento. Caminaba sonriente, platicando animadamente sobre quienes serian los invitados, como decorarían la iglesia, que comida comprarían, el tipo ceremonia que organizarían, donde seria la fiesta, como decorarían el lugar donde seria la fiesta, en sencillas palabras: haciendo que Hermione y Luna se preguntaran porque habían aceptado a ayudarle en primer lugar mientras trataban de seguirle el paso.

Después de haber entrado a diez tiendas (nótese que eran diez de las doce con más variedad, calidad y prestigio en vestidos para ceremonias importantes de la ciudad) y luego de que Hermione y Luna hubieran comprado sus propios vestidos, al parecer Zoe no había encontraba el vestido que hiciera mágicamente "click" en su cabeza. Ahora se dirigían hacia la onceaba tienda donde un pendiente seguramente seria la siguiente victima de la "desesperante–insoportable–e–irracionable–indecision–Zoeana" como la habían bautizado Hermione y Luna antes de salir de la sexta tienda; en la cual Zoe por poco le grita a la chica que la atendía que un vestido con mangas hasta las muñecas, guantes, cuello de tortuga, y que con toda honestidad parecía más un vestido de funeral que de boda definitivamente no era lo que ella estaba buscando.

Luego de cerciorarse que Zoe estaba en perfecto estado de salud mental, Luna le planteo a Hermione la teoría de que talvez su prima había sido poseída por una Safracrula, un criatura que nacía con el mero propósito de buscar algo que haría su vida inmortal pero podía no encontrarlo en toda su vida. Hermione tan sólo había reído al pensar en como un vestido podía hacer a alguien inmortal, no se atrevió a decir a Luna que las Safracrulas se habían extinguido tras la muerte del último faraón de Egipto, siendo él el último de su especie.

– Llegamos–dijo Zoe con una voz dulce. – De aquí no salgo con las manos vacías. – Al entrar tras ella, Luna le aposto diez galeones a Hermione a que esta no seria la última vez que Zoe dijera esa frase, con esa ya eran nueve las veces que repetía lo mismo antes de entrar a ciertas tiendas.

Hora y media después Zoe llevaba en sus brazos una gran bolsa que contenía un caja con un vestido de novia, Luna un porcentaje menos de su dinero y Hermione los bolsillos ligeramente más pesados al ir caminando hacia un pequeño parque que habían visto al ir de la tercer tienda a la cuarta... ¿o era de la sexta a la séptima? Querían descansar, al menos Luna y Hermione querían descansar ahora que tenían mejor humor, Zoe iba flotando en una nube gracias al oportuno comentario de Hermione sobre si se vería con Richard esa tarde, evitando que la chica volviera a soltar la lengua y repetir todo lo que tendrían que hacer al siguiente día.

– Chicas, esperen. – Grito alguien detrás. Las tres se detuvieron y dieron media vuelta para ver que era Neville quien venia corriendo tras ellas, disculpándose cada vez que por poco choca con alguien que iba en dirección opuesta. – ¿donde han estado? Llevo horas buscándolas.

–Poniendo a prueba mi talento inexistente de la paciencia– respondió Luna.

– Haciendo negocios– dijo Hermione con una sonrisa.

– ¿Que dijiste? – Contesto distraída Zoe.

– Que mujeres tan ocupadas– río Neville. – Luna, tenemos que irnos, se ha presentado algo inesperado en Berlín y un comprador llamo a tu jefe diciendo que no se lleva muy bien con el cuadro de Agripa que le vendiste hace un mes.

– ¿No puede resorberlo Stefano? - Pregunto Luna, Hermione pensó que Stefano seria su jefe.

– Algo relacionado con los derechos de autor y parece que no puede el solo. Lo siento chicas, pero estaremos aquí en dos días, así que no me pongas esa cara Zoe. – La chica iba a comenzar a decir los "porque..." y los "Como es posible que..." antes de que Neville lanzara el comentario. En menos de dos minutos, Luna y Neville se habían ido y Hermione y Zoe se quedaron paradas a mitad de camino hacia el parque.

– ¿Que hoga es Hegmione?

– Cuarto para las cinco.

– Oh no, Richard debe de estar esperándome desde hace dos minutos.- Hermione tan sólo levanto ambas cejas antes de intentar reprimir una irreprimible risa. – ¿Vamos?

– No, gracias, pero no– ¿Enamorados que aún parecían no haber hallado ningún defecto en el otro¿Comidas románticas¿Ser la tercera en la mesa? No, muchas gracias.

– Anda, vamos. Conocege a un amigo del padge de Richagd que es casadog de acgomantulas, también vendga a la boda. – Ahora a los enamorados le añadimos un desconocido que seguramente estaría hablando toda la tarde sobre las prioridades del veneno de las acromantulas y obtenemos a... una Hermione saliendo en el próximo vuelo hacia Londres.

– Hegmione, vamos, ya dije que vendgias conmigo.

– ¿Que esperamos? - dijo Hermione con el tono de voz que significaba "Me planteare ir a esa comida cuando crezcan tulipanes en el sol."

(N/A: ya se lo que están pensando " después de ese beso en el último Capítulo se atreve a sacar a Harry de la escena!", pero en verdad necesito aclarar la situación del que antes fuera un matrimonio, así que no me maten. P–L–E–A–S–E!!!! Por cierto, nose cual sea la traducción en español de Acromantulas, pero son las arenas gigantes que había en el bosque prohibido)

Zoe la dirigió hacia un café muy bonito que casualmente estaba en la misma dirección que el parque( en donde ya no me podré acostar sobre el césped para relajarme). Hermione no tuvo que esperar mucho para que su prima comenzara a charlar, afortunadamente con un nuevo tema.

– Ya lo vegas, es muy apuesto. También es ingles.

– ¿Quien?

– El amigo que te voy a pgesentag.

– ¿Ahora también es amigo tuyo?

– Bueno, el amigo del padge de Richagd. Según sé es uno de los mejoges casadoges de cgeaturas mágicas, y una muy gespetable familia.

– ¿Tiene nombre?

– Si, cgeo que ega Rafael Wigseliny o algo así. Aunque nunca lo he conocido, pego espego que no sea snob.

Cinco minutos después ya estaban frente al café y entrando por la puerta. Zoe localizo a Richard y ambas se dirigieron hacia la mesa del aludido. Sentado en una silla que les daba la espalda estaba un hombre, portaba una túnica de viaje muy similar a la de Neville, pero esta era más elegante. Lo que destacaba más era su cabello, un cabello rojizo.

Hermione paro en seco cuando el hombre se levanto de la silla y se volvió con una sonrisa en los labios, pues Rafael Wigseliny, como Zoe creía que se llamaba, no era otro que...

– ...Ron...

::::::::::::::::: FLASHBACK:::::::::::::::::

— Ron...yo...en verdad yo no— tartamudeo Hermione entre sollozos. Ron, quien estaba sentado en un pupitre del aula vacía de Transformaciones en la que se encontraban, parecía estar meditando con la cabeza baja.

-¿No que, Hermione? No pensaste que yo fuera lo suficientemente bueno para ti, seguramente - respondió el pelirrojo con acides.

- ¡Ron! Por favor, sabes que eso no es cierto.- Cuando tuvieron que hacer la ronda de los pasillos juntos y después de que Ron le había dado a entender que quería hablar, ella estaba esperando un mar de reproches a gritos, sabía que se los merecía. Pero era peor ver como su amigo se lamentaba de si mismo; le reprochaba, sí, pero lo hacia de una manera tan lastimera que Hermione no sabia que decir ni como no soltarse en llanto ante un Ron deprimido y autocompasivo.-No fue mi intención lastimarte. Yo en verdad te quiero Ron, pero solo como amigos, te lo dije antes...

- ¿Antes?¿Te refieres a cuando me puse en ridículo al pedirte que fuéramos novios?- dijo Ron levantando la cabeza, los ojos llenos de furia hacia ella.- ¿Cuando dijiste que una relación arruinaría nuestra amistad? Que rápido cambiaste de opinión. . . Eres una hipócrita, Hermione. – Se levanto de la silla y camino hacia el frente del salón. Hermione podía ver el peligroso color rojo de sus orejas y la forma de caminar en sí delataba el enfado de Ron. Ahora venia lo más difícil; la autocompasión había terminado y luchar contra el sauce boxeador sin duda era más fácil que enfrentar a un Weasley enojado y herido.

- Eres una hipócrita- repitió el pelirrojo en voz baja, casi un susurro. – Todo lo que hiciste, todo lo que tu y Ha... el me hicieron; nadie se merece algo así, Hermione. ¡NADIE! Y tu ¡TU TIENES EL VALOR DE DECIRME QUE NO FUE TU INTENCIóN!... Que no quisiste lastimarme. – Lo último dicho en voz muy baja.

Hermione se levanto de su silla y camino acercándose poco a poco a el, era imposible calmarlo o al menos lo era si era ella quien se atreviera a intentarlo. Pero en esos momentos Hermione no pensaba en eso, tan sólo pensaba en como lograr que Ron la escuchara.

- No. Te. Acerques.

- Ron...- Sintió el fuerte nudo en al garganta y el estómago; quería decirle tantas cosas, pero todo lo que se le ocurría empeoraría más el estado de Ron. No quería herirlo más de lo que ya estaba, pero el solo hecho de pensar en decirle de nuevo que no había sido su intención lastimarlo parecía una burla.

Días antes de Navidad, Ron le había pedido que fuera su novia y con el nerviosismo lo único que Hermione le había dicho antes de huir lo más educadamente posible era que, obviamente, su relación de amigos podría afectarse. Ahora comprendía que eso debió de haber ilusionado a Ron, pues no afirmo, pero tampoco negó, sentir algo por el pelirrojo; tan sólo tartamudeo la mejor excusa que le había llegado a la mente. Por no haberle dicho enteramente la verdad en aquellos momentos poniendo en su mente la excusa de no lastimarlo, ahora, al aceptar salir con Harry, lo había lastimado aún más y lo peor de todo era que temía que esta vez podría no existir el perdón. Por primera vez la castaña pensó que debería de haber reglas escritas y explicitas para esas coacciones, así hubiera podido seguir la numero uno. 1° Por más que duela y lastimes a la otra persona, a veces tienes que ser sincera sobre tus sentimientos... a larga es mucho mejor. Si, sin duda eso habría ayudado un poco.

- Yo... nosotros no planeamos todo esto. Nunca planeamos herirte de cualquier forma. Por favor Ron, créeme.

- No. Tú y principalmente él sabían lo que yo sentía por ti¡lo sabían! Ya me imagino lo genial que debió ser reírse a mis espaldas. – Hermione escucho como la voz de Ron se quebraba y le ocultaba el rostro. Se acerco unos cuantos pasos y paro cuando estaba a un metro de el. – ¡LO SABIAN!- grito Ron, asustando a Hermione, quien restrosedio un par de pasos cuando Ron se volvió hacia ella con enfado.- Deja de soltar estupideces, Hermione. Me traicionaron y aún así pretenden hacerme creer que todo esta bien. – El azul en los ojos de Ron había oscurecido y cada palabra que decía era tan fría como la siguiente.- Son un par de traidores, Hermione.- el pelirrojo soltó un gruñido y una mueca se formó en su boca.- Pero claro, que más puede esperarse de dos sangre sucia. Son un par de traidores sangre su...

La bofetada había sido inevitable, pero le había dolido más a Hermione que a Ron. La chica de ojos avellana vio la marca roja que su mano había dejado en la mejilla de Ron, quien la miraba sorprendido mientras ella le devolvía la mirada, sus ojos llenos con una mezcla de dolor y desilusión. Dos simples palabras habían sido peor que una serie de cruciatus, y eso que Hermione nunca había recibido uno, pues veía como su querido Ron se alejaba cada vez más de su entorno y de la forma más dolorosa que existía: Sin poder existente que pudiera evitarlo. Si por un momento la castaña había albergado la pequeña esperanza de que todo entre ellos acabara medianamente bien, ahora aquella esperanza la había abandonado al escuchar a Ron. Y si bien las palabras del chico habían sido en parte creadas por el enojo que éste sentía, Hermione sabía que el pelirrojo tenía convicción en casi todo lo que decía. El semblante oscuro que el pelirrojo adoptaba siempre que veía que ella y Harry se acercaban, total indiferencia cuando tenían que estar en grupo para alguna clase, la forma de decir el nombre de Hermione, como si estuviera estrangulando cada letra: Hechos que, como siempre, hablaban más que mil palabras.

- Nadie se merece lo que acabas de decir Ron, nadie. Ni siquiera yo. – espeto Hermione, enfatizando el mensaje con una mascara de ofensa en la cara.

- Te amo, Hermione. – escucho que decía Ron, sintió como el chico se acercaba lentamente hacia ella. Hermione retrocedió unos pasos y Ron paro en seco. Un eco de pasos le indicaron que el pelirrojo se dirigía a la puerta con prisa. Al llegar a la puerta, Ron se detuvo. Hermione vio a Ron dándole la espalda con la mano fuertemente aferrada al picaporte.- Dicen que el primer paso para superar algo es admitiéndolo, espero que el siguiente no sea tan difícil.- La luz del pasillo ilumino a Hermione por un breve momento antes de que Ron cerrara la puerta con firmeza.

Hermione se quedo parada donde estaba por largo rato, luego, como una tormenta que llega sin amenaza previa, la repentina opresión en su pecho le hizo difícil quedarse en pie y tuvo que buscar una silla. Toco su pecho con su mano derecha, nada había cambiado, pero sentía una opresión muy fuerte ahí donde descansaba su mano. Observo el lugar en el que Ron había estado parado y en su mente se volvió a repetir todo aquello que jamás imagino escuchar de el, menos con tanta ira y despecho. Las lagrimas hacia mucho que la habían desertado y el fuerte nudo en la garganta apenas y lo sentía, tan sólo se daba cuenta de algo… y del doloroso significado que ese cruel "algo" conllevaba:

Al cerrase aquella puerta, al ver que era Ron quien la cerraba, Hermione se dio cuenta de que no solo había dejado de iluminarla la brillante luz del pasillo sino que el mágico resplandor de su amistad que durante tantos años había crecido se había apagado con la leve brisa que había creado Ron al salir. Y lo que más dolía, lo que causaba esa espantosa opresión en su pecho, era la inevitable perdida de tan hermosa amistad, perdida que no tenía remplazarte alguno. Momentos antes, Hermione hubiera intentado todo por no llorar, ahora se moría por soltar una inexistente lágrima y desahogarse, dejar de sentir el fuerte hundimiento en su pecho.

Aquella noche de Navidad, en el claro del bosque con Harry, todo parecía ser tan perfecto que nada más le importo, pues en esos escasos minutos todo había dejado de tener sentido. Ahora, Hermione se daba cuenta de que tan sólo había dado un paso al frente y dos atrás. Tenía al amor de su vida, pero había perdido a sus amigos más cercanos y el respeto de algunas de sus compañeras. Negó con la cabeza mientras golpeaba levemente su frente con su mano, era totalmente injusto e inútil pensar de esa forma. La decisión había sido tomada, las consecuencias... bueno, las consecuencias habían sido en parte desastrosas. A pesar de todo no se reprochaba haber elegido: era lo único que tenía para sostenerse.

La puerta volvió a abrirse y segundos después se cerró silenciosamente, al levantar la vista Hermione vio que al perecer seguía sola en el aula. Hundió su cara en sus manos, apretando fuertemente los ojos. Le sobresalto sentir un leve roce de tela en sus piernas y después el notable peso de una mano en su hombro. Esta vez, las lágrimas se compadecieron de la castaña.

Si alguien hubiera entrado en esos momentos al aula hubiera pensado que Hermione estaba loca o que, por ilógico que fuera, estaba practicando movimientos mímicos; inclinada levemente y aún sentada en la silla, lloraba y abrazaba fuertemente a una persona invisible que parecía estar arrodillada delante de ella.

::::::::::::::::: FIN DE FLASHBACK:::::::::::::::::

– Hola, disculpen la tardanza.

– No te preocupes, nosotros acabos de llaga también dijo Richard, extendiéndole a Zoe una silla y dándole un beso en la mejilla.

– Hegmione ¿vienes? – Zoe la miraba extrañada, mientras Hermione asentía vagamente con la cabeza al acercarse a ellos. Ron le extendió una silla a ella.

– Zoe, Hermione, el es Ronald Weasley, amigo de la familia.

– Mucho gusto– dijo Ron mientras le besaba educadamente la mano a Zoe.

– Ya nos conocemos. – respondió Hermione, Ron la miro sin ningún ademán de saludo.

– Vaya, sorprendentes respondió Richard. –Sabes Hermione, Ron me estaba diciendo que quería ir a un parque que esta muy cerca de aquí. ¿Porque no lo acompañas?

No, al parque no, después de todo ya le gustaba este lugar y una comida romántica no se veía tan mal ahora que lo consideraba, no era tan malo ser la tercera entre dos enamorados. De hecho en el parque había mucho ruido y...

– Si, recordar viejos tiempos suena como una buena idea. – Escucho que decía Ron y sin saber cuando o porque Hermione se levanto de la mesa y siguió Ron rumbo a la puerta.

Ninguno de los dos hablo de camino hacia el dichoso parque, como lo llamaba mentalmente Hermione, parecía que uno estaba esperando que el otro hablara, como si tuvieran todo el tiempo del universo.

Hermione, más que nada, estaba nerviosamente emocionada. Era inmenso el gusto que sentía de volver a ver a Ron, de saber que su vida iba tan bien como para lucir una sonrisa genuina que en aquellos días no se veía muy seguido. Pero sabia que el presente de ambos aún cargaba culpas y asperezas de un pasado interrumpido; un pasado que los había dañado a ambos y que había lanzado su amistad a un cruel destierro durante los últimos casi cinco años. Todo podía mejorar o empeorar en ese parque y Hermione lo único que hacia era recordar todas las noches que había rezado para saber algo que en esos momentos no estaba segura de querer descubrir.

Dirigió una mirada de soslayo a Ron y vio que el iba caminando casualmente, la vista fija en el frente, observando su alrededor con ojos curiosos, llenos de vida. Se pregunto como seria su vida, con quien se habría casado, si tendría hijos... era tan poco lo que sabia de el y aún así eso era lo que parecía no importar ahora. Si Ron había venido, sabiendo que se encontraría con Hermione, eso significaba que quería verla y conversar con ella, tal vez resolver mejor las cosas ahora que eran adultos maduros. Hermione siguió caminando a su lado, albergando la esperanza de que el pelirrojo le diera la oportunidad de seguir adelante con una amistad que hacia cinco años había dejado de serlo.

Se sentaron en una de las bancas vacías que en esos momentos había en el parque, pretendiendo observar el verdor a su alrededor. Un incomodo silencio se anticipo antes de uno de los dos dijera algo.

– ¿Porque tan nerviosa? – Pregunto Ron después de unos momentos.

– Nose¿y tu porque tan callado?

– Nose, supongo que creo que empezaras a gritarme, me lo merezco después de todo. – Murmuro mirando sus pies.

– No– Hermione lo miro y Ron pudo ver que una silenciosa lágrima se resbalaba por su mejilla.

– Hermione, yo en verdad lamento... – el abrazo inesperado de Hermione le interrumpió.

– Te he echado de menos Ronald. – Eso fue todo lo que necesito Ron para devolver el calido y amistoso abraso.

– Yo también 'Mionie.

–¿Sabes? Ese Traje azul no va con tu pelo – comento Hermione con una risita después de separarse.

– Gracias, que amable – respondió Ron falsamente ofendido – me asegurare de mencionárselo a Parvati, ella lo escogió.

–¿Parvati Patil?

– No, Parvati Weasley, desde hace un par de años.

– Wow, mis más tardías felicidades. – comento Hermione.

– Gracias.

Un mutismo extraño los envolvió nuevamente a los dos: un eco doloroso de la confianza perdida que antes había existido entre ellos. Hermione pensó que era muy chistoso que ahora parecían no saber que decirse el uno al otro cuando en antiguos años las discusiones solían ser innatas, tal vez era eso lo que hacia más extraña la situación o tal vez simplemente ahora ya no se conocían tan bien. (N/A: o tal vez la autora no sabe ni como seguir la conversación :P.)

Después de un rato de observar disimuladamente los vanos intentos de hablar que Ron mostraba (y de saber perfectamente lo que Ron quería decir), Hermione se hizo la valiente y hablo.

– Dispara.

– ¿Que? – Pregunto Ron confundido.

– aún te conozco un poco, Ron, dime ya lo que quieres decir. – el pelirrojo soltó una risa después de suspirar y rogó a quien fuera que se tomara el tiempo de escucharlo que no estuviera metiendo las narices en fuego.

– No... no entiendo que paso. – dejo de mirarse las manos y volvió la cara hacia Hermione. – Hermione no logro comprender por que tú y Harry se separaron tan... tan fácil. – Hermione agacho la cabeza, un gesto de no querer revelar demasiado de lo que su cabeza pudiera estar procesando. Ahora que afrontaba esta situación pensó que hubiera sido mejor haber cerrado la boca, peor no veía el beneficio que eso le traería.

– ¿Supiste del ataque que hubo a la joyería en la que yo trabajaba hace tres años?

– Si claro, fue uno de los últimos antes de la guerra, pero creo que nunca se supo el motivo del ataque.

– Pero si lo hubo. El motivo fui yo.

°°°°°FLASHBACK°°°°°

Hermione se encontraba en la sala de estar de su casa, sentada en un sillón frente a la enorme ventana que mostraba el jardín trasero. Al ver su reflejo en la ventana rectificó que estaba sonriendo como una estúpida, una estúpida alegre. Las ultimas dos semanas había estado muy preocupada por su salud; el Auror que se encargaba de entrenarla le había dado vacaciones por dos días pues después de cada entrenamiento, y algunas veces a mitad de estos, se sentía tan fatigada como para no poder levantar siquiera la varita. Le extrañaba ese cansancio, ella era fuerte, siempre entrenaba horas extras, pero aun así no le dio mucha importancia y pensó que sólo seria influenza y se recetó a si misma una sopa de pollo. Sin embargo, al la fatiga se le habían unido unos cuantos mareos matutinos y un Harry lleno de preocupación que la había mandado esa mañana a ver al medico.

El medí mago, después de escuchar el segundo síntoma, se levantó inmediatamente de la silla y le dijo que le haría un par de hechizos. Diez minutos después sus resultados estaban listos y la noticia se le fue dada a una preocupada Hermione que durante el proceso parecía esperar su sentencia de muerte. La sra. Potter (señorita Granger para el publico mágico y Muggles en general) salió de el consultorio medico observando lo hermoso que era el día, lo hermoso que era ver la sonrisa de un niño y esperando que los próximos ocho meses con una semana fueran los más felices y divertidos de su vida. Al menos hasta que repitiera la experiencia.

Ahora estaba esperando que Harry llegara a casa. Respiró profundamente, reteniendo el oxigeno por unos instantes y luego exhalando lentamente. Desde que había llegado estaba sentada ahí, observando el jardín, que ya sabia perfectamente el espacio entre cada arbusto y entre cada rosal y la distancia de la fuente hasta la puerta trasera; la longitud en segundos de una lado de la cerca al otro y el numero de espinas en el tallo que soportaba la rosa más roja. Escucho como se abría la conexión de la chimenea y el choque de zapatos contra el suelo le indico la llegada de su amado ojiverde. Se quedo sentada, aún observando el jardín y pronto sintió como unos brazos fuertes le abrazaban por detrás y como Harry se abría paso en el sillón para sentarse junto a ella.

- Te extrañe- dijo Harry besándole el cuello.- ¿que dijo John?

- Y yo a ti- dijo Hermione volteando un poco la cabeza para besar la frente de Harry.- John dijo que todo esta perfectamente normal, tan sólo me aconsejo descansar un poco...

- ¿Que?- la interrumpió el oji-verde- ¿descansar? Has descansado ya por dos días y sigues con los mareos por las mañanas, no hay que ser medico para saber que eso es algo más que fatiga o estrés.

- Lo se, Harry. John sabe que no es estrés, si no algo más... duradero.

Harry se separo un poco de ella y se movió de modo que ahora la miraba de frente, sus cuidadosos movimientos y su mirada impetuosa tan solo revelaban una cosa: el temor y preocupación de que algo pudiera estar afectándole gravemente a Hermione. La castaña se sintió tan alagada e igualmente conmovida por aquellos gestos de cariño que por más que quiso no pudo evitar una sonrisa traviesa atravesar su rostro de derecha a izquierda. Pero pronto se arrepintió pues vio que Harry ahora la miraba con más preocupación y, debe añadirse, con un toque de extrañeza que tan solo le había dirigido a cierto pelirrojo años atrás cuando su ex mejor amigo decía algo totalmente irracional y estúpido sin querer.(N/A:perdonen mi ignorancia, pero ¿Irracional y estúpido son las misma cosa?)

- Hermione... me estas asustando. Me dices que no es estrés y que es algo muy duradero, pero luego te ríes como una loca.- todo esto la había dicho lentamente, parecía que el mismo trataba de entender lo que decía y al mismo tiempo descifrar el enigma que se le presentaba en el rostro de su esposa. Hermione tan solo sonrió, seria divertido hacerlo sufrir un poco, cuando le diera la noticia estaría tan entusiasmado que ya ni pensaría en como vengarse de ella.

- Veras, no es nada grave, de hecho es algo extremadamente simple y sucede mucho en la comunidad mágica femenina- comenzó la castaña, como si estuviera hablando del clima con Cho, su mejor amiga.- El procedimiento tomara un periodo de tiempo no muy largo, de ocho a nueve meses, John me aseguro que después podría volver a mi vida normal si quisiera.

- ¿Me vas a decir que enfermedad es esa?- dijo Harry impacientemente.

- Bueno, en realidad no se clasifica como enfermedad, pero si tú la quieres llamar así. Tengo que esperar a que la "enfermedad" quiera salir de mi cuerpo, antes no podemos hacer nada. John ya me ha explicado todo, aunque la verdad los síntomas fueron algo obvios ahora que lo veo en otra perspectiva.

- Hermione... ¿cómo es que tienes que esperar a que "quiera" salir? – Harry: listo en practica, pero en teoría... era más lento que una tortuga en un maratón.

- Si, tiene que ser por voluntad propia de su parte, a menos que las cosas se compliquen. Se supone que tiene que tener un mínimo de independencia antes de salir al mundo. Claro que me dolerá un poco, pero estoy dispuesta al sacrificio.- terminó Hermione, aún sonriendo y esperando que Harry al fin hubiera comprendido. Aunque por su aspecto bien habría podido pasar un elefante, una cebra o el circo entero delante de su ventana y Harry aún seguiría meditando sobre lo dicho sin pestañear.

Después de un corto silencio, en el cual Hermione se pensó en tratar la técnica del circo antes de hablarle a Harry, él soltó las tres ultimas palabras que Hermione hubiera esperado y mucho más inesperado fue todo lo que paso después.

- ¡Por mil demonios!- dijo Harry con un casi inaudible suspiro.- Por mil demonios- repitió más fuerte.- ¡Estas embarazada!-Harry había agachado la cabeza y Hermione no pudo distinguir si estaba sonriendo, pero por el tono de voz que había empleado parecía estar haciendo lo contrario.- Estas embarazada.- repitió, sorprendido de lo que acababa de decir.

- Harry...

- ¿No tomaste la poción¿Se te olvido¿Cómo se te pudo haber olvidado? –. Todo esto lo había dicho tan secamente y con una velocidad acelerada que con lo confusa que se encontraba Hermione apenas pudo encontrarle sentido a sus palabras. Después de unos segundos comprendió que Harry estaba hablando de la poción anti-concepción.

- No lo sé...- dijo Hermione tratando de recordar- la tome hace un mes, recuérdalo.

- Lo recuerdo.

- Harry¿qué pasa¿Acaso no esta feliz? Vamos a ser padres, Harry –. La morena no podía negar que esta respuesta por parte de Harry no era totalmente sorpresiva para ella. Sabia perfectamente de las reservas que tenía el oji-verde con respecto al embarazo, pero Hermione había dado por hecho que cuando se lo contara él estaría vuelto loco de alegría e inclusive estaba dispuesta a aguantar las fase de sobre protección que le caería encima eventualmente, por más abrumante que fuera.

No podía enfocar con claridad el razonamiento de Harry, pero lo conocía bastante bien para tener una idea de por que evitaba tanto y por todos los medios que ella quedara embarazada. La idea más obvia, y en la que tenía más convicción, era que estaban en una guerra. El era el objetivo principal y para hacerle daño o llevarlo hacia su derrumbe tan sólo tendrían que arrancarle a uno de sus seres más queridos y convertirlo en rehén para que Harry apareciera en menos de lo que tardaba en atrapar una snitch.

Harry, muy profundamente, también deseaba tener hijos. La única diferencia era que no lo hacia con el mismo ímpetu que Hermione y esto creaba un gran abismo entre el corazón y la mente de Harry. Por más que lo intentara, en esos momentos el oji-verde veía de forma más clara las posibilidades de peligro que las posibilidades de ser padre; mientras que Hermione les daba su lugar tanto al prospecto de ser madre como a los peligros que esto traería, eso le permitía más aceptación de los dos.

Aun así su embarazo no había sido planeado, era tan sorprendente para ella como lo era para Harry. Que más hubiera dado ella por poder explicarle a su hijo que no podía nacer ahora por que su mundo aún era una jaula abierta por la que cualquier día podía entrar la serpiente, buscando ansiosamente a su presa. ¿Cómo le podías explicar a eso a una personita que, sin culpa alguna de lo que pasaba a su alrededor, tienes ahora dentro de ti, que habías comenzado a adorar tanto amorosa como instintivamente?

– Esto no debió de haber sucedido, pudimos haberlo evitado. – escuchó que decía Harry y al mirarlo vio que ya no estaba sentado frente a ella sino que se había levantado y ahora estaba del otro lado del sofá, paseando de un lado a otro frente a la ventana.

– ¿Y cómo? Si se puede saber. ¿Cómo pudimos haberlo evitado? – dijo Hermione resentida, sabia que no debía enfadarse en su estado, pero la negación de Harry era lo que menos había esperado... lo que más se había esforzado en negar que pasaría. Se preguntó si la negación de un padre haría que su hijo lo resintiera, pero con lo joven que era el feto que llevaba en el vientre, lo único que éste resentiría sería el despliegue de magia que ella hiciera. Según le había dicho John, el medimago, un despliegue mágico de gran tamaño con sus tres semanas de embarazo podrían acabar en muerte prematura del feto o en daños irreparables en la formación ya fuera física y/o mental del bebé. Trato de calmarse, de no dejarse dominar por la decepción que las palabras de Harry le causaban, pero fue tan exitosa como un navegante tratando de evitar que su barco se hundiera sacando el agua con una taza de té.

- Debimos de verificar que la poción no estaba caducada o tal vez usar más protección yo que sé, pero lo pudimos haber evitado. A menos que tú... o por Merlín en que estoy pensando.- dijo Harry meneando la cabeza en señal de negación.

- ¿Qué yo qué?- dijo Hermione. Sabia lo que Harry había más que insinuado.

- Que tu... olvídalo, Hermione, es absurdo.

- Que lo hubiera hecho a propósito¿eso es lo que piensas, Harry?- tan conmocionada estaba que no notó que su cuerpo ya no estaba recostado en el sofá si no parado firmemente contra el piso, pero después de haber permanecido tanto tiempo sentada, no tardo en marearse ligeramente y esperó hasta sentirse mejor para decir lo que quería con palabras correctas y civilizadas.- Anhelaba más que nada en el mundo poder tener un hijo, pero a la vez estaba completamente conciente de lo que le esperaba si eso sucediera. Me impacta esta concepción tanto como a ti y sé que el mundo se nos vendrá encima si alguien de sus aliados se entera, pero no por eso le negaré a este pequeño la posibilidad de tener mi amor, de tenerme y de tenerlo. Ni en un instante desde que me dieron los resultados me he preguntado que pude haber hecho para evitarlo por que aún que parezca egoísta de mi parte, quiero que este bebé nazca. Daría mi vida si eso significa salvarle la vida a el...- un nudo se le creo en la garganta y de pronto sintió lagrimas recorrer sus mejillas silenciosamente, sabía el efecto que sus ultimas palabras tendrían en Harry y no quería reproches de su parte.

- Hermione... yo.- dejó de hablar tan repentinamente como había dejado de caminar y se paso desesperadamente la mano izquierda por el cabello- Oh por Dios, no digas eso. Si crees que mi convicción por protegerte es ridícula, admito que lo es, pero te has puesto a pensar en los riesgos¿verdad? Y sabes perfectamente que no sólo me refiero a Voldemort si no a los peligros que un embarazo reflejaría en ti. Sino recuerdo mal hace unos meses me dijiste que si alguna vez concebías a un hijo tu tipo de sangre haría muy lioso el proceso y si es cierto lo que me contaste, fue por esa misma razón que eres hija única, pues tu madre y tu comparten el mismo tipo de sangre. Hay todo tipo de riesgos en esto Hermione, no trates de encuadrarlo sólo en mi... egoísmo de no arriesgarme a perderte- Harry había dicho todo eso tan rápido y con tanto énfasis que ni siquiera había parado para tomar aliento y cuando terminó respiraba como si hubiera estado bajo el agua por más de tres o cinco minutos.

- También recuerdo haberte dicho que ese problema se podía controlar con el tratamiento adecuado. Pero eso no es a lo que me refiero, tu lo estas interpretando mi embarazo como algún error fatal, una falta que hay que enmendar de la forma más rápida posible.- Hermione miraba a Harry directo a los ojos, dejando que el viera lo bueno que el destino le traía. Aunque, irónicamente, ella nunca había creído en el destino.

- No Hermione, lo único que trato de que veas es que este no es el momento ni las condiciones indicadas para tener un hijo; ni para ti y mucho menos para el bebe. Ya mucha gente sospecha de nosotros y ahora tú vas a dejar el entrenamiento. ¿Quién dirás que es el padre? En algunos meses comenzará a notarse tu vientre y en el mundo mágico sabes que una madre soltera no es muy aceptada y menos una que se supone esta fervientemente enamorada de su novio, por que verás la mentira que tendrás que inventar sobre mi paternidad.- dijo Harry (N/A: recuerden que en ese entonces muy pocos sabían que ellos estaban casados). Aunque su enfado era evidente, había algo más en sus ojos, algo que Hermione en ese momento no podía descifrar; en esos ojos verdes se podía ver el enfado y la preocupación, pero había tres componentes que hacían de los ojos de Harry un completo laberinto y el complemento numero tres parecía ser un callejón sin salida. Fue por esta razón que Hermione se calmó un poco. Por lo menos sabia que la reacción de Harry era algo más que ferviente indisposición, y cualquiera que fueran las otras razones de Harry, le tranquilizaba que no fueran específicamente las que ella había imaginado. Aliviada y sintiéndose más ligera, la morena habló dulcemente y con mucha calma.

- Cariño, ya te he dicho que de haber tenido opción hubiera decidido esperar, y ciertamente yo no planeé nada de esto.

- Lo sé- escuchó que susurraba Harry.

- Ahora que lo tengo tan sólo quiero disfrutarlo, tan sólo tendré nueve meses para hacerlo. Después no soportaré tus quejas al cambiar los pañales.- dijo con una vocecilla. Por primera vez vio que Harry sonreía, no como a ella le hubiera gustado, pero había curveado la esquina de su boca. Pero de repente Harry se volvió y le dio la espalda, levanto el brazo derecho y lo recargó en el alfeizar cerrado de la ventana dando un sonoro suspiro.

Unas semanas antes, mientras visitaba la joyería de la que ambos eran dueños, Hermione le había ayudado a un joven muggle a elegir un anillo de compromiso para su novia. El joven se mostró nervioso desde que había entrado a la joyería. Cuando al fin había elegido un anillo y estaba pagándolo, el hombre le dijo a Hermione la razón de su nerviosismo. Al parecer no estaba muy seguro de la contestación que su novia le daría al mostrarle el anillo y hacer la petición de matrimonio. Hermione le ánimo diciéndole que no se preocupara, si de verdad lo amaba no habría ningún problema; lo curioso fue que eso pareció poner más nervioso al comprador. Una semana después, el cartero muggle paró por primera vez en la joyería y le dio a Hermione una pequeña caja de cartón que no tenía remitente. Al abrirla encontró una nota y debajo de ella el anillo que el joven le había comprado una semana antes. La nota solo contenía una oración. Me ama, pero siempre hay peros.

Y al ver a Harry de esa manera, Hermione no podía evitar pensar en aquel joven, pero principalmente en su novia. La chica lo amaba, y aun así encontraba razones para no estar con él el resto de su vida. Harry quería ser padre, pero encontraba razones para negarse ese privilegio. Inadvertidamente una idea se planto en la mente de Hermione, era tan simple que no entendía como no lo había pensado antes. Harry nunca había tenido un padre o alguna figura paterna demasiado duradera para poder ejemplares, lo cual significaba que...

- Harry, no hay que negarse ante eso. Se como te sientes y quiero que sepas que serás un gran padre, lo se. Se que tu niñes no fue muy agradable, pero no significa que no podrás darle un hijo todo el amor necesario. Te aseguro que lo harás estupendamente.

No recibió contestación alguna, ni un movimiento de afirmación o negación rotunda, nada. Hermione había comenzado a rodear el sofá para acercársele pero se detuvo cuando vio que Harry daba un paso a un lado, alejándose de ella.

- No es eso.- dijo con una voz fría, muy diferente a la habitual.- Eso no tiene nada que ver aquí. Ya te explique por que actuó así... Escucha cariño, estoy muy cansado. Hoy hubo un ataque en Liverpool, nada sorprendente, pero todos los periodistas y eso me agotaron. Siento haber hablado de esa forma, pero no siento lo que dije.

Hermione bajo la mirada, no le quedaba más que hacer, pensó haber encontrado finalmente el As que Harry guardaba en la manga pero al parecer se había equivocado. Lo único que quedaba era esperar. Sintió los calidos brazos de Harry alrededor suyo y lo gratificantes que eran. Oyó que le murmuraba algo al oído pero ni siquiera intento poner atención. Un minuto después Harry subía las escaleras hacia las recamaras y ella se dejaba caer nuevamente en el sillón. Cerró los ojos por un momento y al abrirlos le sonrió tristemente a la joven de cabellos castaños que le devolvía la mirada llena de cristalinas lágrimas desde el reflejo de la ventana.

...Dos meses después...

Vincent Roséan, el Auror encargado de entrenar el grupo de Hermione, se había mostrado un poco contrariado cuando la castaña le había dado la noticia de que dejaría de estudiar por tiempo indefinido y dado que el motivo era totalmente extraño, Roséan no hizo más que mirar Hermione con sorpresa. Al parecer el director de el departamento de Aurores se había dado cuanta de que, lamentablemente, la calificación que Hermione Granger había obtuvido en su EXTACIS de Defensa Contra las Artes Oscuras era insuficiente para que la joven continuara con el entrenamiento ya que en primer lugar ni siquiera debería de haber sido admitida. (Un hecho totalmente falso que había sido manipulado a conveniencia del matrimonio Potter)

Sentada en la cocina de su casa, Hermione rió entre dientes al recordar la cara de su ex entrenador. Vincent tenía una extraña forma de mostrar sorpresa: apretaba los labios hasta que estos palidecían y parecían desaparecer de su cara bajo el espeso bigote castaño; los ojos se agrandaban a tal grado que parecía que se le saldrían del rostro y las cejas se le juntaban hasta parecer una sola. Todo eso se hacia más gracioso cuando, al tratar con él, te dabas cuenta de que era una de esas personas que podían ser buenos rivales contra la estricta Profesora McGonagall en un duelo de actitudes disciplinarias. Ahora, sentada en su cocina, Hermione negó con la cabeza; tenía que admitir que extrañaba todo aquello. Extrañaba todo aquel abrumante ajetreo que los entrenamientos, clases, etc., creaban. Pero había tenido que dejarlo para bien. Su medí-mago le había explicado que la causa de sus tempranos "síntomas" había sido la fatiga física que le creaba su rutina diaria y que debía de quedarse en casa a descansar. Eso había hecho desde entonces y desde ese entonces ya seria mes y medio que casi no salía de casa.

Aburrida, ese día había limpiado la casa(no que estuviera muy sucia, pero en algo se tenía que ocupar). Primero había limpiado la cocina, de ahí siguió con las demás habitaciones y por último su recamara, después había regresado a la cocina, pero estando ahí se encontró con un pequeño problema: se había olvidado de que la casa entera ya estaba limpia y que ya no le quedaba nada más que hacer. Después de permanecer un momento sentada frente a la mesa, nuevamente aburrida y pensando en nada en particular, suspiro con inconformidad. No estaba acostumbrada a no hacer nada, siempre era muy activa o al menos cuando no se le ponía un libro muy interesante enfrente. Decidió que era mejor ir a darle una vuelta a la joyería, hacia más de un mes que ni había pensado en ella siquiera, pero antes que nada necesitaba una relajante tina con agua caliente.

No recordaba cual era la últimas vez que se había metido en una "tina de vapor", como solía llamarlas su madre, ni el relajante efecto que el agua caliente tenía en su cuerpo. Los días anteriores los recordaba como los días con menor actividad física en su vida, pero su actividad mental no le dio descanso a ecepcion de las horas en que dormía.

Desde aquella discusión con Harry ella tenía una sensación muy incomoda de sentimientos encontrados. Iba a ser madre, estaba feliz. Pero aquel efusivo enfrentamiento con Harry había desatado una serie de periodos de tiempo en los que se sentía sola, aislada, perdida en un espacio que no parecía tener límites. El comportamiento de Harry, tenía que admitirlo, era mejor del que hubiera esperado; sobre protector de alguna manera, siempre dispuesto a escuchar sobre todo lo que necesitarían para el bebe con un humor excepcional.

Fue esa actitud por parte del oji-verde lo que inclino a Hermione a pensar que sus "tiempos de soledad" eran causados por sus hormonas, que en esos mementos estaban más alborotadas que en su tiempo de juventud. "Tampoco soy tan vieja," recordó que había dicho en voz alta al pensar en eso. Rió por lo bajo cuando se acordó que al decir eso en voz alta había estado hablando con Harry sobre un tema muy infantil e irrelevante: si a ella aún le gustaban los "Teletubbies". Harry la había mirado por unos instantes, soltándose en carcajadas después y ella, que no noto que había hablado en voz alta, tan sólo había ceñido el entre cejo; lo que Harry había entendido como enfado. El había dejado de reír y al acercarse a ella para abrasarle le había dicho "yo tampoco". Ahí fue cuando ella entendió y se soltó en carcajadas, seguida después por el oji-verde.

Pero a pesar de todo Hermione sabia que aún existían reservas, invisibles reservas que ella trataba de derrumbar día con día, impaciente de ver como reaccionaria Harry al ver a su hijo.

Recordó que aquella tarde Harry había dicho que tendrían que mentir con respecto a su paternidad lo cual era muy cierto era muy cierto, pero ahora, y aunque Harry no mencionara nada, se daba cuenta de que el paneaba algo más para no tener que hacer eso. El no quería que ella mintiera. Seguramente la escondería o algo por el estilo, eso era lo que a Hermione se había ocurrido hasta el momento, aunque hiciera las cosas aún más obvias.

Salio de la tina con la sensación de esta levitando a dos centímetros del piso junto al vapor del agua caliente. Media hora después salía de su casa hacia las calles del mes de marzo con una chaqueta delgada y unos vaqueros, el cabello recogido en una larga coleta de rizos castaños. No se sentía de ánimos como para ir en coche a la joyería así que prefirió utilizar un sistema más simple: caminar.

Al doblar una esquina entro a la angosta calle antigua en donde se encontraba la joyería. Era una de esas calles que parecen ser postales. Los negocios y cafés que ahí funcionaban aún seguían teniendo la fachada de sus tiempos inaugurales, con unas cuantas reparaciones de generaciones más modernas, pero al fin y al cabo se mantenían. Por eso le había gustado a Hermione, cuando caminaba por ahí siempre sentía poder viajar en el tiempo sin tener un artificio mágico. Se detuvo frente a un escaparate donde se veía una cuna de madera que coordinaba perfectamente con el cuarto que ella y Harry habían estado acondicionando para el bebe. Estuvo observándola por largo rato, hasta que algo reflejado en el cristal llamo su atención. Se volvió hacia el café que estaba en el lado opuesto de la calle, justo frente a ella.

En una de las mesas que había en la parte frontal del establecimiento que se encontraba al aire libre estaba Cho, acompañada por un apuesto joven de aspecto bohemio. Observando la forma en la que su amiga sonreía, Hermione pensó que tal vez era una de esas citas que Cho aceptaba por cortesía más que por cualquier otra cosa; Cho solía hacer eso de vez en cuando, para tener variedad según decía. Hermione estaba a punto de seguir su camino y dejar que su amiga hiciera gala de su arrogante histrionismo, cuando Cho levanto una mano y le hizo una seña para que se acercara. Hermione negó la cabeza mientras sonría un poco al pensar que Cho debería de estar desesperada por terminar esa cita.

– Hola cuando el chico se levanto de la silla para darle la mano, Hermione pudo ver que poseía unos hermosos ojos color miel ajenos de cualquier brillo, a pesar de que estaba sonriendo.

– El es un amigo, Jack Owen.- presento Cho.- Ella es Hermione Granger, mi mejor amiga.

– Mucho gusto, Hermione– Jack Owen le seguía sonriendo y Hermione se quedo sin habla por unos segundos ante la familiaridad de aquella sonrisa. La forma en la que se delineaban sus labios era en cierta forma estética, superficial y soberbia; demasiado familiar para Hermione. Pero no pudo ubicar de donde le era familiar, lo cual la incomodo aún más.

–... Igualmente respondió Hermione a penas audible, tratando de recordar si había conocido a Jack en algún otro lugar.- ¿Nos conocemos?

– No, no creo– respondió urgentemente Cho.- Jack vino de Escocia hace a penas unas semanas.

– Tienes muy buen acento ingles, Jack.- musito Hermione.

– Gracias, mis padres eran ingleses. ¿Nos acompañas?- señalo con la mano a la tercera silla en la mesa.

– Oh, no, pero gracias. En realidad iba hacia la joyería que esta aquí cerca. – Aquí volteo a mirar significativamente a Cho y sonrió como siempre lo hacia cuando bromeaban. – Iba a despedir a mi empleada por no atender el establecimiento.

– Muy graciosa... Le recuerdo que es la hora que usted dispuso para el descanso, Jefa.- Hermione rió, Jack solo negó sonrió negando con la cabeza. Parecía que Cho y el se conocía muy bien, lo cual se le hizo algo extraño por que Cho nunca había mencionado a ningún Jack, mucho menos a algún escoses, sin mencionar que la chica no veía muy cómoda en su presencia.

– Y lo seguirá siendo por los siguientes... – Hermione checo su reloj. – Tres minutos exactamente.

– Bueno entonces te acompaño, de todas maneras Jack ya se iba, tiene un trabajo muy urgente. – el joven se levanto, riendo por lo bajo, depositando un par de billetes en la mesa.

– Si, muy urgente. Te veré luego, Cho –. Extendió la mano en dirección de Cho para despedirse. Cuando la chica la tomo, el la acerco así y le susurro algo al oído, lo que fuera que le haya dicho pareció gustarle Cho pues le regalo un sonrisa muy insinuadora. Antes de alejarse, Jack le robo un apasionado beso que dejo boquiabierta a Hermione.

– gusto en conocerte, Hermione– con eso se volvió en dirección contraria y comenzó a caminar con elegancia hacia la avenida principal.

– Pero que personaje– dijo Hermione, sonriendo burlesca cuando comenzaron a caminar en dirección de la joyería.

– Oh, calla, lo acabo de conocer y mira que imbecil.

– Pensé que lo conocías de antes.

– Oh, no, no. Es el nuevo mensajero del proveedor de la joyería, ha venido a traer el collar que ordeno la señora Whitller¿la recuerdas? Aquella que parece que tiene una peluca hecha con el pelo de su perro.

– ¡Cho!

– ¿Que? No digo nada que no sea cierto. Bueno el caso es que el llego y me invito un café y como de todos modos iba a venir, acepte.

– Así que ya llego el dichoso collar, lo juro, un retraso de una semana no habla muy bien de nosotros. Pero supongo que valdrá la pena.

Si, el collar valía cada sickle que pagarían por el. Estaba hecho de diamantes y zafiros; aunque la forma en que había sido hecho resultaba algo exótica, era toda una obra de arte.

– ¿Porque no te lo pruebas? – propuso Cho cuando Hermione había sacado la costosa joya de la caja de terciopelo negro.

– Solo por uno segundos. ¿Me la ajustas? – su amiga asintió con la cabeza.

– Luces muy bien. – Frente al espejo que había en la parte posterior del establecimiento, las dos jóvenes apreciaban el reflejo de Hermione. – Aunque se ponga el pelo de su perro en la cabeza, debo admitir que la señora Whitller tiene buen gusto. – dijo Cho, haciendo reír a Hermione. Escucharon la puerta principal al abrirse y con ella el tintinear de la campanilla que anunciaba a un nuevo cliente.

– Yo iré, vengo en un momento para desabrocharte eso.

Hermione se volvió hacia el espejo. Si, se veía muy bien con el collar. Intento desabrochárselo por si acaso era la señora Whitller quien había entrado, pero el broche era más complicado de lo que parecía y decidió esperar a que su amiga regresara. No tardo en escuchar los pasos de Cho que se acercaba. Frente al espejo, que reflejaba la puerta, Hermione vio aparecer, no a Cho, si no a una figura que portaba túnicas negras y mascara blanca. Mortífago.

Se volvió rápidamente, sacando la varita con rapidez y apuntándola directamente hacia la figura parada frente a ella. Un grito se escucho desde la parte frontal y Hermione supo que ahora estaba sola, Cho había caído. Segundos más tarde cuatro mortífagos más aparecieron junto al otro y comenzaron a entrar.

Los cuatro sacaron sus varitas al acercarse. Hermione se pudo imaginar las sonrisas burlonas que estarían dibujadas en esos momentos bajo esas horribles mascaras. Hizo ademán de caminar hacia la derecha, dirijirse al sótano donde había un túnel secreto por donde podría escapar sin que la siguieran, pero con tan sólo un movimiento los mortífagos comenzaron a rodearla; amenazantes con varita en mano. Ahora los cuatro la rodeaban, sospechosamente sin lanzar algún hechizo. Tras mirar a cada uno de sus atacantes, Hermione se hecho al piso. Cuatro hechizos paralizantes zumbando por su cabeza sin llegar a golpearla.

Se abalanzo contra el mortífago más cercano, quitándole a contra voluntad el balance y pegando con su codo la boca del estómago del hombre que cayo semi-inconsciente al piso. Hermione cayo con el, arrebatándole la varita, y sin perder un segundo, ávidamente se volvió a encarar desde el piso a los tres mortífagos que aún seguían en pie, apuntándoles con una varita en cada mano. No que supiera usar dos varitas a la vez, pero en el punto de vista de Hermione tres contra uno no era una idea muy gratificante.

El farol debió de parecer amenazador pues dos de los mortífagos miraron nerviosos al tercero, que parecía ser el líder, aunque éste tan sólo se limito a apuntar su varita con más firmeza.

–¿Que buscan¡Muéstrense! – Demando Hermione, la respuesta fue muy grafica.

– ¡Protego! – Tres diferentes hechizos rebotaron contra su barrera, uno de ellos–un hechizo paralizante– pegando de lleno en el pecho de uno de los mortífagos que no había sido lo suficientemente rápido para protegerse. Dos abajo y dos aún en pie, bueno... técnicamente había tenido peores. Tenía que llegar al sótano rápido, pero tampoco podía dejar a Cho– muerta o no– para eso tenía que pasar sobre el que parecía ser el "fortachon–sin–cerebro" mortífago y su compañero "No tengo mucho músculo pero por algo soy el líder". Como para empeorar la situación, parecía que cada parpadeo le estuviera costando energía potencial, una de muchas pistas más que le recordaban que no era su propio pellejo el que tenía que sacar de ahí, ni el de Cho, sino también el de su hijo.

Sin dejar de apuntar a ambos con las varitas se dispuso a levantarse. Su dificultad le costo, pero cuando estaba a punto de erguirse por completo, dos fuertes brazos la jalaron hacia el suelo. Sus espalda se golpeo contra el piso dolorosamente, sobre su cabeza vio al mortífago que ella misma había tirado al piso momentos antes y se maldicio mentalmente por no haberlo dejado inconsciente del todo.

El mortífago la ato mágicamente y le quito las dos varitas que tenía, quedando ella sentada en cierta posición ridícula sobre el suelo desde donde miro como los caídos mortífagos se volvían a reunir con los restantes para formar de nuevo un circulo a su alrededor.

– Pero vaya, siempre con tanta valentía, sangre sucia – dijo uno de los mortífagos que estaba a su derecha, ese que destacaba como líder. – Muy Gryffindor –. Conoció esa voz inmediatamente, inclusive cuando la mascara la distorsionaba, había luchado contra el las veces suficientes como para identificarlo.

– ¿Que buscan, Malfoy?– Lord Draco Malfoy, el nuevo líder de la familia Malfoy, se quito su mascara par revelar un arrogante mueca sin perder elegancia en sus rasgos. Su cabello rubio, que caía hasta sus hombros, era idéntico al de su difunto padre. Chasqueo la lengua un par de veces antes de continuar.

– No buscamos nada que no puedas darnos, Granger, de hecho hemos venido a cobrar algo que nos debes.¿Recuerdas lo que le hiciste a nuestra querida Pansy?

Hermione recordó con amargura. Pansy y ella se habían batido durante uno de los tantos ataques que habían dado lugar en España, encontrandose por casualidad cuando Hermione y su grupo buscaban la manera de sorprender a los mortífagos y atacar en forma de emboscada. Parkinson los había descubierto y, tras un intercambio de fuertes palabras, había retado a Hermione a un duelo de magos de cuarta sangre. Este duelo en especial se caracteriza por que al final unos de los duelistas deberían morir en manos del otro. Hermione había aceptado y Parkinson murió enredado en su propia telaraña, sin siquiera tener la mínima satisfacción de que Hermione le mandara una imperdonable. La morena había evitado a toda costa mandar un avada kedabra, aunque el duelo de casi cinco horas debió aportar mucho a la fácil muerte de Pansy, aún así muchos de los testigos afirmaban que había sido unos de los mejores duelos que habían visto hasta entonces entre dos brujas.

– Creo que lo recuerdas ¿verdad? – Esta vez quien había hablado era un mago que estaba a la izquierda de Malfoy, el que había atado a Hermione. Los anchos hombros, que contribuyan básicamente a su fornido cuerpo, lo hacían lucir más ancho de lo que realmente era; esto ayudaba mucho en una batalla puesto que sus habilidades mágicas no eran muy sorprendentes. Vincent Crabbe se despojo de su mascara, revelando una cara llena de furia, remordimiento y frustración. – Pues ahora tú pagaras por ello.

Levanto el brazo derecho por completo, apuntando a Hermione con la varita. Antes de que la chica pudiera reaccionar un expleriarimus la empujo hacia atrás, golpeándose la cabeza fuertemente contra el frío sólido. Tuvo que menear la cabeza y parpadear algunas veces antes de volver a medio sentarse. Ahora que parecía que tenía mucho en su contra todo pareció tomar un matiz de ferviente urgencia. Tenía que salir de ahí, si no era por ella, por su hijo; la única pregunta era ¿como hacerlo sola? La voz de Malfoy llamo su atención.

– ¡No, Crabbe! – Malfoy, quien ahora estaba a un lado de su compañero, tenía una mano en el brazo de Vincent para intentar que bajara la varita. Malfoy no parecía ejercer mucha fuerza, pero poco a poco, el brazo de Crabbe cedió a contra voluntad. Crabe miraba a Hermione con ojos desorbitados de furia y rencor, y si las miradas tuvieran magia, Hermione estaba segura de que en esos momentos estaría quemándose viva. –¡He dicho que no!. Pansy ya ha muerto. No necesito que te reúnas con ella, por más que así lo desees.

La mirada de Crabbe ahora se dirigió hacia Malfoy con mayor intensidad, si aún era posible. Antes de que pudiera decir nada, golpes desesperados se escucharon desde la puerta principal. Los sensores, pensó Hermione. El establecimiento estaba rodeado de sensores contra trasladores, objetos oscuros, y magia oscura; cuando cualquiera de estos eran detectados, se alertaba a cada uno de los propietarios, en este caso Harry y la misma Hermione.

– ¡Maldición! Rápido, más vale que hayan aprendido sus líneas –. Hermione estuvo a apunto de reírse al pensar que los mortífagos aprendían líneas, como en un guión, al enfrentarse con Harry; porque lo gritos de hechizos y maldiciones que se escuchaban desde la parte frontal definitivamente eran de Harry y algunas personas mas tratando de entrar. Sin embargo Hermione descubrió que las "líneas" de los mortífagos no eran ni se fraternizaban en ningún sentido con un guión teatral.

Malfoy, de nuevo con mascara, estaba frente a ella, los restantes mortífagos haciendo un triangulo a su alrededor. Con la varitas apuntadas hacia Malfoy, el triangulo de mortífagos comenzó a recitar encantamientos ininterrumpidos en lo que Hermione identifico como latín. Draco Malfoy dirigió sus ojos hacia Hermione, y ella le devolvió una mirada llena de odio desde donde se encontraba sentada sin defensa alguna, y atada sin poder liberarse. Con movimiento lento, la mano de Malfoy se levanto hasta que su varita apuntaba a Hermione en un ángulo vertical de noventa grados. Los tres mortífagos seguían tarareando frases.

Hermione volvió la cabeza y vio a Malfoy directo a los ojos, simultáneamente el comenzó a hablar latín y Hermione no logro escuchar otra cosa más que su voz, sin poder apartar la vista por más que luchase. Cada palabra danzaba superficial a su alrededor, dominándole con burlones sentimientos obsoletos. Su pulso, antes acelerado con adrenalina, circulaba lenta y dolorosamente por sus venas. Todo lo demás era silencio, un horroroso silencio que le helaba los huesos, congelando cualquier agradable pensamiento. De la nada, las voces de los otros mortífagos se hicieron oír, mezclándose con la profunda voz de Malfoy.

Su mente se quedo en blanco, absorbida por la magia a la que era inducida. Su vida estaba dejando de existir, sus fuentes vitales se estaban agotando y ella podía sentirlo... podía verlo de un manera que parecía que no ella a quien le estuviera ocurriendo. Lo único que escuchaba eran las palabras de los mortífagos mientras que su propia magia sucumbía y se apagaba ante otra magia irreconocible pero irremediablemente oscura.

Lo único que podía hacer era observar y escuchar aunque fuera absurdo, porque sabia bien que no podía hacer nada. Porque ni siquiera sabia que era lo que le hacían, tan sólo sabia que Hermione Granger dejaba de ser, convirtiéndose en algo que no tenía muy claro aún. Tal vez tan sólo un cuerpo inerte y muerto en el piso de su propia joyería, si, porque no dejaría que la convirtieran en algo más; si su cuerpo no luchaba, su alma si lo haría.

Malfoy se convierto tan sólo una silueta negra ante sus ojos y los otros tres eran manchas inmóviles, asustándola pues su mente ya no captaba que era lo que sucedía exactamente. Si tan sólo lograba cerrar los ojos, tan sólo eso y todo aquel infierno acabaría. Las tres manchas a su alrededor comenzaron a moverse alarmadas, soltando rayos de colores en dirección de la puerta; Malfoy tardo unos segundos en reaccionar, pero después se volvió con violencia, rompiendo la conexión visual.

Los ojos de Hermione se cerraron, y de nuevo el sepulcral silencio la ataco. Se dejo llevar por la fuerza de gravedad; no le importaba si caía en el más inmenso de los vacíos. Se sintió caer sin detenerse, sin vértigo, tan sólo caía. Miraba la oscuridad mientras caía, por que era lo único que podía hacer, porque los cerebros no piensan cuando están apagados y el cerebro de Hermione se había descompuesto o al menos eso parecía. Nunca quiso mirar hacia abajo por miedo a confirmar que no habría nadie para atraparla. Y cayó, dejo de caer su cuerpo que ahora parecía una concha vacía y tirada en la playa sin valor aparente alguno al no contener una hermosa perla en su interior.

Abrió sus ojos y escucho a alguien decir su nombre para luego encontrarse frente a frente con unos ojos de un hermoso mar verde. Las palabras de los mortífagos eran ecos en su cabeza, memorias horrendas que esperaba algún día regresar al infierno del que habían venido. El contacto de un calido abrazo hizo que ella también abrasara a Harry.

No supo cuando comenzó a llorar.

–¿Cómo estas? – susurro Harry.

– Estoy bien, pero me siento extraña. ¿Qué sucedió¿Dónde esta Cho?

– Ella esta bien, la atacaron con un petrificus totalus y un desmaius simultáneos; siguen tratando de darle movilidad a su pie izquierdo. Malfoy, el maldito de Malfoy hizo un ritual. Mortus Adficio. Logre llegar a tiempo de salvarte, pero...

– No, Harry, por favor...

– El medimago dijo que ya habías gastado mucha energía, pero que el ritual había debilitado tu magia hasta casi agotarla. Tu vida se estaba apagando poco a poco, y... y el bebe no pudo...

– No– murmuro Hermione– no es cierto –. Sintió con más intensidad esa extraña sensación de vacío en su interior. – No, no es cierto, no. – Sollozaba con amargura, su voz quebrada. Sin saber porque, con toda la fuerza que tenía, golpeo el hombro de Harry. Llorando y rogándole que le dijera que todo era una mentira mientras Harry tan sólo la abrazaba con fuerza; porque prefería que todo fuera una extraña broma de mal gusto a la bacía realidad que era la muerte de su hijo.

°°°°°Fin de FLASHBACK°°°°°

– Oh, 'Mione, lo siento tanto.- susurro Ron con media voz. Abrazó a Hermione por unos momentos, para luego separarse. – Entiendo si no quieres continuar.

– No, si quiero. – Secando una de las pocas lagrimas que no había logrado reprimir, continuo. – Después de eso, el medimago nos aconsejo seguir con nuestras vidas normales, ya sabes, tal vez intentar tener otro hijo. Pero ninguna de las dos cosas sucedió. Harry se fue distanciando de mi, no te podría decir porque. Un día llego diciendo que tendría que ir en una misión, algo no muy relevante pero de igual manera requería su atención. Fue entonces que se enfrento contra Voldemort, en la que muchos siguen llamando absurdamente "la última batalla." – En este punto la voz de Hermione adquirió un tono bastante sombrío.

– Según se, Harry combatió contra Voldemort en un lugar aislado, Bellatrix Lestrange fue la única testigo pero Harry la mato después. Voldemort lo torturo, no con crusios ni nada por el estilo, sino con memorias o imágenes creadas de sus personas más queridas siendo torturadas o acecinadas. Fue la poderosa magia de Harry la que previno que se volviera loco ante tanta atrocidad en su mente, pero en el último instante pudo recobrar fuerzas y mato al que antes era innombrable. Yo le estaba esperando cuando regreso, pero el... el me trato como si yo siguiera siendo la amiga de siempre. Pregunto por ti, donde estabas. No recordaba nada de los años pasados, al parecer, desde la muerte de Sirius, tan sólo sabía que habían pasado.

– Espera¿me estas diciendo que alguien le borro la memoria¿Acaso fue la maldita de Lestrange?

Hermione negó con la cabeza, si tan sólo hubiera sido así.

– No Ron, Harry se hizo eso a si mismo.

TBC...


Esta idea de "tipos de duelos" es originalmente de otra autora quien muy amablemente me permitió usar en este fic. Se supone que cada vez que uno de los participantes logra que su contrincante toque suelo, el segundo de dicho participante grita "primer sangre" y así sucesivamente hasta la "cuarta sangre". La "cuarta sangre" seria la muerte de un desafortunado duelista. Claro esta que el segundo cumple sus funciones solo si su compañero muere en una de las tres primeras sangres y no logra llegar a la "cuarta sangre." ¿Comprenden? ;)

(Nota medianamente larga de la Autora:Al fin termine el Capítulo más largo, creo que mis manos ya tienen ampollas. Bueno¿que le pareció? Pues si, en el próximo sabrán todo sobre la memoria de nuestro querido Harry, no se desanimen que no todo es lo que parece... o lo que Hermione creé que es. En verdad espero que no haya una idea semejante, en verdad es muy difícil ser original en estos días.

Una pregunta importante¿Creen que ya son muchos flashbacks? Porque tengo como dos o tres en cada capi y creo que ya los fastidie con eso, den sus quejas al respecto si las tienen que no las tomare a mal.

Segunda pregunta importante¿Desean la escena donde Hermione se da cuenta de que Harry ha "olvidado" todo desde la muerte de Sirius?adjuntas vendrán las reacciones de Harry, etc.

Otra cosa, espero no haberlos desilusionado con la breve escena de accion–aventura. Nunca he sido buena para eso. Así que no esperen maravillas.

P.D.¿a alguno de ustedes le gustan los libros de Anne Rice?

E–e–e–e–e–e–eso es todo amigos!!!!!)