Hola conejitos IchiRukistas... Bueno, vengo con una explicación para ustedes que han esperado con ansias este cuarto capitulo.
Lamentablemente mi mente esta muy ocupada en muchas cosas y tengo trabajo, escuela y unos giros en mi vida muy importantes y se me va a ser mas difícil tener tiempo de escribir, la inspiración aquí esta lo complicado es eso: TIEMPO.
Espero poder darles capítulos de mis historias lo mas pronto que pueda pero no puedo asegurar que sera cada semana o cada dos.
Gracias por su molestia en leerme. Gracias por seguir apoyandome, por dejar comentarios y esperar las actualizaciones.
—* jailys-sama : Gracias y que lindo que te haya gustado.
—*Freya ir-san : Si te digo la respuesta creo que ya no tendria mucho chiste pero... ammm cof cof *estas cerca de adivinar* cof cof.
—* S. Saber Alter Kuchiki : Procurare actualizar lo mas pronto posible. Gracias por leerme :3
Iana Walker: DX Espero hacerlo muy pronto no me gusta dejarlos con la duda
**ACLARACIONES*
—1 La historia es de mi total autoria.
—2 Los personajes son propiedad de la mente maravillosa de Tite Troll Kubo
...
Enamorados por odio.
Capitulo 4.
...
Aun podía sentir en mis labios la marca que dejo sobre los míos. Palpitaban por la furia con la que habían sido tratados. Sus manos eran enormes y aun podía sentir la huella que dejo sobre mi barbilla y la rigidez con que tomo mi nuca, lo hizo como si fuera un beso de siempre.
Terminado nuestro beso y después de que embozo una media sonrisa nos miramos fijamente, algo había entre los dos, como un lazo de fuego que nos estaba reuniendo otra vez. ¡Tranquila Rukia! Me gritaba a mi misma pero era demasiada tensión, mi cabeza gritaba que me detuviera pero mis labios y mi cuerpo se estaban lanzando otra vez al hermoso hombre de ojos marrones en los que me caía y no podía liberarme.
—Felicidades.
Una voz que no reconocía nos arrastro a la realidad. Nuestros ojos buscaron el causante y el joven —comparado al hombre del mostacho— de cabello platinado sonrío. Sentí una serpiente enroscarse por mi cuello, me dio cierta ilusión a veneno su mirada azul pálido.
—Rukia —la voz de Ichigo parecía irreconocible, tímida— te presento a Aizen Ichimaru. Uno de los accionistas de mi industria automotriz de la cual teníamos problemas pero ya están bien.
¿Aizen? Su mirada me da desconfianza y pánico. Es una casualidad que se llame igual al que me chantajea dinero. Aunque, ya he cruzado palabras cara a cara con el Aizen de mi hermano los dos me infunden el mismo miedo.
Me levanto de la silla e Ichigo se pone a mi izquierda, junto al anillo que resplandece y pesa.
Aizen Ichimaru toma mi mano sin que le de permiso y besa mis nudillos.
—Es un placer conocerla señorita —soltó mi mano y sonrío perversamente—, disculpe —rectifico sonriendo y cerrando y abriendo lentamente sus pálidos ojos—. Señora Kurosaki. Es una pena que Ichigo no me haya dicho nada de usted hasta apenas ayer.
—Teníamos un amor en secreto —Ichigo entrelaza nuestras manos—. Y ha valido la pena.
—Eso concuerdo contigo, creo que cualquiera se podría enamorar de usted, señora Kurosaki.
Quería decir algo o no parecer tan idiota pero me sentía extraña por lo que acabo de aceptar, el beso apasionado de Ichigo y el miedo de estos dos hombres llamados Aizen.
—Es un placer señor Ichimaru.
El otro hombre alto de aspecto alemán se acerco y nos saludo estrechando la mano.
—La señora Kurosaki —sonrío—, es tal cual me imagine que seria una mujer para Ichigo. Fuerte, inteligente y amorosa.
—Juha.
Ichigo puso los ojos en blanco, no se veía nada contento y yo más bien parecía estar en un funeral y no en la conclusión de mi boda. ¿Y si este Aizen y el Aizen de mi hermano son la misma persona? Tienen algo en común mas no se bien que es. Veo a los tres hablar sobre algo que no comprendo y no me meto en la conversación. Mi mente observa a Aizen Ichimaru, su voz no fue la que me llamo ese día y mucho menos el que me ataco.
—¿Rukia?
Salgo de mis pensamientos y la mano de Ichigo no me ha soltado ni por error. Me observa pacientemente y sus amigos me miran como esperando algo.
—Que tengan una linda luna de miel.
Sonríe Aizen y se aleja, tras el Juha hace una caravana y se va con él.
En cuanto se van el amor de Ichigo también, suelta mi mano como con repulsión y su mirada deja de ser la de un bobo.
Observa al fondo y Hirako esta sentado frente a la mesa donde hace un instante me bese con Ichigo.
Recordar la escena me ruboriza.
—Vengan chicos —ordena Hirako.
Damos unos paso y ya estamos ora vez en la misma posición, yo sentada junto al bipolar y desgraciadamente guapísimo Ichigo Kurosaki.
—Este es como saben un matrimonio legal, los acuerdos prenupciales están aquí —saca un folder amarillo de su elegante portafolios—. Este es tuyo Rukia. Léelo, Ichigo escribió todo pensando mas en ti que en él, creo que tienes mas las de ganar en todo esto. Fírmalo después de leerlo cualquier duda —alargo su mano y me dio una tarjeta en blanco con su nombre impreso en negro— no dudes en llamarme. Ahora yo también seré tu abogado y sugiero que vallamos al fondo del asunto con tu hermano.
—No. Es demasiado.
—Rukia ahora eres mi esposa tengo que protegerte.
—Una esposa de pantalla —rectifique, sus ojos eran duros e inquisidores—. Puedo estar bien, no te preocupes más de lo que acordamos. Soy una mujer independiente.
—¡Es que no lo entiendes!
Su grito me sobre salto y giro su silla de ruedas, iba a la salida. No permitiría otra vez que me gritara.
Deje las hojas en la mesa y me olvide de Hirako. Camine a grandes zancadas hacia el gruñón pedante que era mi esposo desde hace unos minutos.
—¡Detente Ichigo! —camine furiosa y él no se detuvo, corrí un poquito y detuve la silla con mis manos, Ichigo no puso resistencia pero si las miradas fueran cuchillos…—. Creí que ya no me gritarías.
—Eres terca y necia.
—Igual que tu, mueve tu trasero de vuelta con Hirako.
—Tú no ordenas —movió la palanca de su silla pero puse mi zapatilla en una de las ruedas.
—"Tu me necesitas y yo te necesito" eso fue lo que dijiste ayer. Parece que ya no, que más bien yo soy la que te necesito.
—Rukia, no me hagas romper el contrato y divorciarme de ti.
—¡Hazlo! No te amo Ichigo, no somos nada.
Dije las palabras sin realmente sentirlas en mi boca, en el momento en que lo dije me arrepentí de decirlo. Ichigo me dijo que quería empezar a confiar en la gente y que siempre ha sido señalado por un monstruo. Estoy poniendo mierda en nuestra relación.
Cerró los ojos con rencor y cuando los abrí detuvieron mi corazón.
—Lárgate Rukia. ¡Vete!
Iba a quitar mi pie, soltar los brazos de su silla, dejarlo ir y yo irme a mi casa pero mi amado padre, Byakuya Kuchiki siempre decía que no hay que preocuparnos por los muertos y llorarles, hay que amarlos en vida y decirles cuando les queríamos para así en ese lapso de post muerte no sentir remordimiento.
Yo ya sentía remordimiento por lo que le dije a Ichigo. Me hinqué frente a él y estaba por debajo de su pecho, con mi cuerpo tembloroso abrace su cuerpo y recargue mi oído en su corazón, Ichigo no hizo nada, de hecho parecía como si no estuviera ahí, escuche su corazón latir despacio. Soy una bestia. No tengo corazón. Debo ser paciente con él, no perder mis estribos
Mordí mis labios e Ichigo estaba receloso como siempre, el aroma picante y sensualidad recorría su pecho de Dios pagano*.
—Lo siento. Ichigo estoy nerviosa y tengo dudas como tu. Somos iguales solo que yo trato de ser mas alegre. Déjame llevarte a la luz.
Su corazón estaba latiendo con fuerza, con decisión y sentí sus brazos estrecharme mas contra él. Parecía que sus brazos le dolían por no haber abrazado a nadie durante tanto tiempo. Me pregunte si es que acaso alguna vez había abrazado a alguien. Cuando estaba con su novia solo le tomaba la mano. Eso era todo.
Sus labios que ya eran familiares en mi besaron dulcemente mi cabello.
—Este yo durara unos segundos —aclaro su voz y en un murmullo dijo—. No soy quien crees. Deberías estar de acuerdo en que soy un monstruo.
—Ya no se si es por el dinero o por ayudarte Ichigo —me sincere— pero, no me iré sin resolver esto. Eres un enigma y quiero entenderte.
—Dame razones —repitió las palabras que había dicho y no sabia ni que decir.
—Quiero ser tu amiga. Uryuu me dijo que no confiabas en nadie. Confía en mí.
—Lo hare si confías en mi.
Levante mi rostro e Ichigo había suavizado su entrecejo, aunque aun parecía fruncido pero era por extrañes.
….
Al regresar al hotel después de haber comido en un restaurante muy lujoso y de haber visitado museos estaba aturdida.
Ichigo y su boca me distraían más de lo permitido. Ahora no sabia si fue por el no muy recatado beso o por su forma de hablar, en todos estos años que tengo de conocerlo han sido los días que mas hemos platicado, mirado y tocado. Siempre manteníamos una distancia como si fuéramos dos polos iguales.
Enseguida de volver al hotel regresamos a Japón, Karakura. Nuestra ciudad. Ichigo de nuevo puso la distancia entre nosotros y los demás pasajeros, era como si no quisiera a nadie cerca.
Desde que lo abrasé, Ichigo se ha vuelto muy callado e indiferente. En el vuelo leo todos los acuerdos y como dijo Hirako —quien por cierto lo veremos en Japón para ver mi diploma como doctora— cada uno de los puntos esta a mi favor. Estoy protegida por todo. Mientras finjo leer el acuerdo miro al don gruñón por el rabillo del ojo. Esta sentado sin hacer nada, tiene los ojos cerrados y con el dedo índice rozándole los labios, sus cejas están leve mente fruncidas. Descanso mi cuerpo en el asiento y más segura de que no me ve lo miro atentamente.
Mis ojos recorren sus fuertes brazos, su pecho que lleva el vaivén de su apacible respiración.
Me pregunto si de verdad se caso conmigo para la "supuesta" herencia. Una de las cláusulas dice que en caso de divorcio yo me quedare con la mitad de sus bienes. Algo no esta bien en todo esto.
…
—¿Lista?
Ichigo esta a mi lado, tomándome la mano donde se encuentra mi pesado anillo, suspiro y siento que me enfrentare a un juicio donde no tendré bases para defenderme.
Entro al vestíbulo de su mano y todos los empleados están esperándonos al pie del elevador. Todos están en fila y entre ellos veo a Renji y Orihime mirarse perplejos. Sin entender y querer encontrar respuestas a lo que sus ojos ven.
Una falda en tuvo negra, zapatillas caras, una blusa color hueso muy fina de lino y mi corto cabello bailando en el viento. Ah, y sin contar el enigmático anillo de diamante.
—Buenas noches a todos, como saben soy un hombre con prisas y ustedes tiene cosas que hacer así que iré al punto. Rukia ahora es mi esposa, se dirigirán a ella como "La señora Kurosaki" —le hecho una mirada y antes de que pueda decir algo me calla con una mirada asesina—. Respétenla como si fuera yo, ella ya no es ninguna empleada, es la ama de todo y su patrona o jefa, como quieran llamarle. Eso es todo. Retírense.
Todos los empleados se van alejando uno a uno con la boca llena de dudas y preguntas sin respuesta. Escucho los murmullos. Ya me imagino que pensaran.
Renji es quien parece cabreado, me observa detenidamente mientras Orihime le abraza para que se vallan a la cocina, parece dolida incluso siento que esta a punto de llorar.
Se alejan a regañadientes y la señora Unohana es la única que se queda frente a nosotros.
—Felicidades hijos —sonríe maternalmente y nos da un beso en la mejilla. Se que Ichigo le tiene mucho cariño a la señora Unohana pero jamás le ha dado ningún rastro de correspondencia a ese amor.
—Vamos a dormir —ordena Ichigo.
—Claro.
Subimos por el elevador y le acompaño hasta el cuarto, nuestras cosas ya están ahí otra vez, de seguro Renji las subió y no se fijo que había unas maletas muy femeninas.
Algunas veces entre al cuarto de Ichigo cuando era muy, muy necesario pero fueron contadas las veces. Su cuarto es amplio y limpio hasta la conciencia por sus paredes, techo, piso y cama blanca. Un pequeño sofá negro de piel esta al centro con una mesita de té frente a ella, un enorme librero negro con libros de múltiples colores es lo que le da vida al lugar.
Ichigo me dice que no es necesario que desempaque pues toda esa ropa se ira a la basura y comprara nueva. Le miro ceñuda mas no parece percatarse. Me gusta mi ropa, no necesito nueva. Bueno. Quizás solo para cuando tenga que salir con él.
No me siento ya tan intimidada por Ichigo o por su tono mandón. Me intimida como es que vamos a dormir.
Su cama no es alta, es pequeña, me llega por debajo de las rodillas, es mas como un futon pero dan ganas de lanzarse y descansar.
—Por hoy dormiremos juntos. Pediré mañana que traigan otra cama matrimonial.
—¿No pensaran que esto es arreglado?
—No estará muy lejos, las pondremos unidas para que piensen que necesitamos mucho espacio pero, al cerrar esa puerta —señala la puerta negra—, tú y yo seremos dos desconocidos.
Asiento y busco en mi maleta un pijama apropiada, en Roma no use nada por que me dormí con lo que llevaba puesto. Así que busco cual seria más optima. Elijo la más bonita y nueva. Un pantalón holgado con franjas en escala de grises y una camiseta gris ceniza. Mantuve todo en mi mano e iba a cambiarme en el baño pero Ichigo se acerco a su tocador color perla y comenzó a quitarse la corbata y su camisa. Mis mejillas se incendiaron al recordarlo medio desnudo y con el agua cayendo por su cabello.
En el baño me cambie, me cepille el cabello y los dientes y volví a la cama. Ichigo ya había apagado las luces y estaba acostado con una lamparita a su lado encendida. Un libro en sus manos distraía su mente y sus ojos.
Esa distracción me hizo sentir un poco segura. Camine hacia la cama y me metí en ella, las sabanas olían a lavanda y al perfume de Ichigo e instantáneamente me sumí en un sueño profundo.
Mientras soñaba sentí que algo ò alguien se encimaba a mi cuerpo, abrí los ojos de golpe y a pesar de que no había luz podía ver el rostro de Ichigo. Talle mis ojos pero no, era real.
—Ichigo. —dije su nombre en un susurro, apoye mis manos en su pecho que subía y bajaba con ocultad—. Lo prometiste…
—Que no te tocaría —afirmo—. Cumplo mi palabra.
—¿Entonces? —pregunto aun nerviosa.
Sus labios nuevamente se van acercando a los míos. Su mirada era la de un hombre viejo, cansado y amargado pero poco a poco el oro de su mirar se iba derritiendo, endulzando como la miel y en ese momento yo era algo así como una abeja, atraída por el aroma de su piel, el aliento de su boca.
Estoy cayendo rendida a los pies de un hombre con el corazón podrido.
