BELLA POV.

La vida había decidido ponerme a prueba una vez más.

Mi madre nos abandonó cuando tan sólo tenía diez años, a pesar del dolor no dejé que me afectara por completo, sin siquiera derramar una lágrima seguí con mi vida fingiendo que ella nunca había existido. Charlie siempre me habló sobre ser fuerte, enfrentar sin miedo las dificultades de la vida. Llorar no iba a hacer que esa mujer, que una vez se hizo llamar madre, volviera.

Pero la muerte de mi papá, me derribó por completo. Era lo único que tenía.

Había pasado una semana desde su fallecimiento, el señor Cullen se encargó de todo. Al ser sólo una adolescente de diecisiete años no sabía lo que había que hacer y para ser sincera, no tenía las fuerzas necesarias. Por esa razón no me opuse cuando ofreció ayudarme.

Estos siete días fueron eternos, Carlisle quiso dejarme en mi casa con la supervisión de un mayor, mientras él se ocupaba de los trámites para la adopción, (sí, era una decisión tomada y no objeté al respecto), pero la ley junto con los procedimientos a seguir, tenían que ser obedecidos al pie de la letra, así que fui trasladada a un orfanato en Seattle mientras terminaban con el papelerío para, al fin, ir a vivir con ellos.

La señora Cullen venía todos los días a visitarme con la intención de animarme un poco, me contaba cómo estaban yendo las cosas y aseguraba que cada vez faltaba menos para ir a mi nuevo hogar.

—Espero que te guste tu habitación, no estábamos seguros de lo que podrías llegar a querer, pero Alice ayudó mucho. ¿sabes?

Alice Cullen, uno de los hijos de Carlisle y Esme. Hasta donde sabía era la más entusiasmada por conocerme. Me comentó que tenían dos más, pero no recuerdo sus nombres. Aún así, no importaba mucho, el interés hacia lo que relataba fue nulo. Lo único que deseaba era estar con mi padre, aunque fuera imposible.

A pesar de todo, no me arrepentía de haber venido a Forks. Charlie quería que viviéramos en un lugar sereno, lleno de paz, este pueblo tenía eso. De cierta forma obtendría eso que él tanto deseó… y yo también.

El día había llegado, en el atardecer de un viernes Carlisle vino a recogerme del orfanato. Estaba sorprendida de que su esposa no hubiera venido, pero me informó que había preferido quedarse en la casa para preparar todo antes de que llegara.

—¿Lista? —musitó con una pequeña sonrisa.

Estaba asustada, lo admito. Completamente aterrada. No sabía con qué tendría que enfrentarme, todo sería muy distinto a mi antigua vida. De una forma completamente mágica e inesperada, acorde a su personalidad, Charlie me susurró en el oído con una sonrisa:

Se fuerte mi niña, no tengas miedo. Estoy a tu lado. La vida hay que vivirla sin temores, disfrutarla, porque sólo hay una.

Sonreí con los ojos acuosos, las dudas e incertidumbres desaparecieron. Exhalando profundo, evitando que las lágrimas cayeran le respondí:

—Sí, ahora estoy preparada para ir a casa.

Nuevamente estaba realizando esas tres horas de viaje desde Seattle a Forks, que por desgracia fueron completamente eternas. Los nervios no me dejaban en paz. Esme me había hablado de sus hijos, pero por culpa del estado zombie en el cual me sumergí no había puesto mucho interés a lo que decía. Sólo recuerdo a esa chica… la que estaba emocionada por conocerme…

—¡Perfecto! Ni siquiera recuerdas su nombre. —Mi subconsciente me regañó por no haber prestado atención antes.

Llegando a Forks las cosas que amé el primer día se hicieron presentes nuevamente. Era increíble, pero no sentía desprecio por el lugar. Cualquier persona pensaría que debería odiarlo por la situación en la que me encontraba, pero no lo hacía. Además, Charlie hubiera adorado esto.

La casa de los Cullen estaba imponente frente a nosotros, quedaba al otro lado del centro, a las afueras del pueblo, estaba rodeada de árboles y flores silvestres muy preciosas. Se podía escuchar correr el agua de un río cercano dándole mayor tranquilidad a todo. Era de dos pisos, pintada de un suave y desteñido banco, con grandes ventanales para dar más luminosidad al interior.

Al detenerse el auto los nervios que me acompañaron todo el trayecto se intensificaron, acelerando mi respiración.

—Tranquila Bella. Respira.—Traté de calmarme mentalmente—.Inhala, exhala… así.—Cerré los ojos y obedecí mis propias órdenes. Carlisle al notar el estado en el que me encontraba (al parecer era más evidente de lo que pensé) me acarició la mano y musitó:

—¿Estas lista? —Asentí frenéticamente con la cabeza debido a que la ansiedad continuaba aumentando—. Entiendo que estés nerviosa, pero todo va a salir bien. —Lo observé unos momentos respondiendo con una leve sonrisa—. Adelante, es hora de que conozcas al resto de la familia. —Descendió del automóvil y abrió mi puerta. Tomó las maletas dirigiéndonos hacia la entrada. La señora Cullen junto a dos adolescentes, nos esperaban.

Esme se acercó dándome un caluroso abrazo de bienvenida, me tomó de la mano dirigiéndome a la sala. Carlisle, en cambio, se dirigió a la planta alta con mi equipaje. Los dos nos siguieron y se ubicaron en dos sofás individuales frente a nosotras.

—Isabella, ellos son nuestros hijos —sentenció Esme señalándolos con la mano—. Él es Emmett. —Este me saludó haciendo un gesto con la cabeza mientras sonreía. Diablos, el chico sí que era grande. Su cuerpo se parecía al de Hércules, el rostro reflejaba amabilidad—. Alice —continuó. La misma se sentó a mi lado empezando a balbucear palabras sin sentido. Era increíble lo rápido que hablaba, ni siquiera se detuvo a respirar. Era una joven muy hermosa, se la notaba llena de energía y alegre. Estaba segura que seriamos grandes amigas.

—Ok Alice, vas a asustarla ya calmate—interrumpió Esme.- Chicos ella es...

—Isabella-interrumpo sonriendo.- pero prefiero que me llamen Bella —murmuré. Desvio la mirada de esos 2 pares de ojos que me observaban con mucha curiosidad y frunciendo mi ceño pregunto-¿ creí que habías dicho que tenias 3 hijos?

—oh, si. Eeeh- expresa Esme sonriendo- Edward. Si el... está de viaje con unos amigos. Pero volverá este fin de semana. Ya lo conocerás. Es un chico muy agradable y muy bueno. Estará feliz de conocerte.

-puff, quiero ver eso- murmuró Alice por lo bajo a su hermano ganándose un codazo en sus costillas y una mirada amenazante de su madre.

Okey... eso fue raro.

—Bueno Bella, ven, voy a mostrarte la casa —dijo Esme tomándome nuevamente de la mano y haciendo de cuenta que nada había pasado—. Eres dueña de hacer lo que quieras aquí, ahora también es tu hogar.

—Gracias señora Cullen —Contesté con una sonrisa.

—No tienes nada que agradecer. Y dime Esme, ¿de acuerdo?

—Esme —repetí. Era una mujer muy atenta, me hubiera gustado una madre así.

La casa era un sueño.

La cocina estaba completamente equipada, tenía una larga isla con varias banquetas. El refrigerador se hallaba en uno de los extremos junto a la estufa y al microondas. Lo más sorprendente era el televisor de pantalla plana frente al desayunador completando la decoración. En la pared trasera había una enorme puerta-ventana de vidrio, que brindaba una preciosa vista a un jardín cubierto de flores.

En el comedor una elegante mesa de madera destacaba, adornada por un jarrón con pequeños jazmines dentro, ésta junto con las sillas se notaban que eran antigüedades renovadas.

En la sala, ahora vacía, me señaló una puerta que se encontraba en un extremo alegando que era el estudio de Carlisle. Frente a la misma había una escalera caracol de madera.

Nos dirigimos al primer piso, dónde Esme señaló cuál era la habitación que compartía con su esposo, me indicó las de Emmett y Alice.

Continuamos el recorrido por la casa o mejor dicho mansión.

Llegamos al segundo donde se encontraba la que sería mi habitación, me sorprendió un poco no estar en el mismo piso que Alice, pero no lo mencioné. A la derecha, detrás de la primera puerta, había una amplia biblioteca que tenía un precioso piano de cola negro, un gran sofá color café y una mesa ratona, todo exquisitamente complementado por el paisaje de los bosques de Forks que se podía vislumbrar a través de los amplios ventanales.

Sonreí al ver el instrumento, hacía mucho tiempo que no tocaba, pero las cosas que a uno lo apasionan nunca se olvidan. Algún día haría que de él saliera música.

Salimos del cuarto mientras me prometía mentalmente volver, sin duda sería mi lugar favorito. Al frente se encontraba otra puerta—Esa es la habitación de Edward —sentenció Esme.

—Y esta... —Me miró con un brillo de emoción en la mirada—. Es tu habitación cariño. —Sonrió señalando la puerta que se encontraba justo a la otra habitación.Tragué en seco, tratando de disimular el asombro.

¡Cielos! ¡Era perfecta! Tenía paredes blancas y un ventanal al igual que las demás habitaciones. La vista era extremadamente pacífica: se lograba apreciar el río Sol Duc a través de la selva del Monte Olimpic. La cama tamaño king estaba cubierta por un edredón azul con almohadones blancos, a cada lado había sendas mesitas de noche, hermosos veladores antiguos, por último del otro lado, dos grandes espejos reflejaban todo el lugar.

—Aquí dentro está el vestidor Bella —comentó Esme al notar que los observaba atentamente—. Alice quiso regalarte algo de ropa como obsequio de bienvenida. Espero que no te moleste, estaba tan emocionada con la noticia de que vendrías a vivir aquí que... Bueno… Ella es así, ya lo verás. —La miré asombrada. ¿De verdad ese armario sería mío?

—¡Oh! ¡Muchas gracias! Fue muy amable de su parte —contesté con una enorme sonrisa. La curiosidad estaba matándome, pero la dueña de casa me llamó nuevamente guiándome hacia otra puerta.

—Aquí está el baño —aseguró. Entré y pude ver la bañera con regadera, una gran mesada con lavamanos acompañado de un espejo que cubría la pared completa. A unos pasos había otra puerta, la cual llamó mi atención.

—¿Esa puerta? ¿A dónde lleva? —pregunté con curiosidad.

—¡Oh! Bueno… —titubeó—. Esa es del cuarto de Edward.

¡Debes estar jodiéndome!

—Ya veo. ¿Compartiremos baño? —pregunté tratando de ocultar la sorpresa. Esme notó mi preocupación, acariciándome el cabello musitó:

—Sí, pero no te preocupes pequeña, él es todo un caballero y no entrará hasta asegurarse que está vacío.

Sonreí queriendo demostrar una sincera despreocupación.

Salimos del tocador, me senté en la cama observando la habitación más detenidamente.

Un mueble de roble con televisor de pantalla plana, rodeado de cds y dvds, junto con un equipo de música último modelo completaba el ambiente.

—De acuerdo —suspiró Esme juntando las manos—. Te dejaré tranquila para que puedas acomodarte —comentó mientras se dirigía a la puerta—. En unos momentos cenaremos. —Asentí en silencio sonriendo—. Descansa un poco, imagino que estarás cansada. —Antes de cerrar por completo la puerta me observó una vez más, con esa sonrisa amable a la cual me estaba acostumbrando, musitó—: Isabella, bienvenida a casa.

—Gracias Sra. Cu... Disculpa, Esme.

—No hay de qué pequeña —contestó saliendo, dejándome sola en la habitación.

Observo la habitación una vez más y largo un sonoro suspiro.

-esto es demasiado.

Me recuesto sobre la cama y tapo mi rostro con las manos.

-Descansa un poco...- las palabras de la señora cullen resonaban en mi cabeza.

Tiene razón, necesitaba dormir un poco hacía días que no podía descansar correctamente debido a las pesadillas frecuentes que se sucedieron luego de la muerte de Charlie. Sentía que mi cuerpo estaba pesado y sabía que en algún momento caería en los brazos de morfeo pero primero...- necesitas una ducha isabella- expreso dejando caer los brazos a mi costado. Resongo frustrada y me levanto.

Mi ducha relajante duro casi una hora,y si por mis ganas hubieran sido, me habría quedado más, pero me rugía el estómago reclamando algo para comer.

Al salir del tocador, me acerqué al enorme vestidor...

MI enorme vestidor.

. Suspiré con los ojos cerrados mientras abría las puertas.

—De acuerdo Bella, abre los ojos —susurré dándome ánimos.

Una vez dentro, nombres como Carolina Herrera, Louis Vuitton, Armani, Prada, Versace, Dior y Valentino, se dejaban ver entre las diferentes bolsas, zapatos, vestidos.

—¡Oh por Dios! —exclamé asombrada. Nunca había tenido tanta ropa y saber que era todo mío, hizo que una radiante sonrisa me cruzara el rostro. No era codiciosa, siempre viví con lo justo, agradecida por lo que tenía, pero esto era el paraíso de cualquier mujer, mentiría si dijera que no me emocionaba poder usar cosas tan hermosas.

Estaba todo perfectamente ordenado, no me animaba a tocar nada. Pude ver una gran cantidad de vestidos de fiesta y zapatos con tacones extremadamente altos. Era imposible que usara algo así todos los días. ¡Ni siquiera estaba acostumbrada a esta clase de vestimenta! Luego le pediría ayuda a Alice para que me orientara, porque no podía encontrar ropa normal, si es que había. Al fin en un rincón encontré mi bolso.

—¡Aja! Ahí estas —musité, lo tomé para dejarlo sobre la cama.

Volví a darle un último vistazo al vestidor y cerré las puertas negando con la cabeza mientras sonreía. Si Lauren estuviera aquí lloraría de felicidad.

Sentí algo de nostalgia al recordarla, extrañaba a mis amigas. Debería llamarlas para ponerlas al corriente de lo ocurrido. Se enojarían mucho por no haberlo hecho antes, pero no podía, sólo recuerdo el estado zombie en el que me encontraba, no tenía ánimos para nada.

Me dispuse a vestirme tratando de pensar en otra cosa, quería dejar atrás lo ocurrido hace unas semanas. Saqué del bolso unos jeans azules, la camiseta de Maroon 5 y mis adoradas Converse. Diablos, ¡amaba esa banda! Ver al sexy Adam Levine con los brazos llenos de tatuajes, me volvía loca. Me recogí el cabello aun húmedo en una coleta alta y contemple mi rostro en los grandes espejos.

Y hola enormes ojeras.

Las malditas bolsas negras bajo mis ojos ya se habían hecho costumbre que estuvieran ahí. largo un sonoro suspiro negando en silencio, me observo una vez más y me dispongo a bajar a cenar con los cullen.

La cena fue más que tranquila. Demasiado tranquila deberia de confesar.

Fue incómoda, seamos sinceras con nosotras misma.

se oía los ruidos de los cubiertos sobre los platos y de vez en cuando levantaba la vista de mi comida y me encontraba con 4 pares de ojos mirándome.

Carlisle hablaba sobre el día difícil que había tenido en la alcaldía y de vez en cuando me sonreía con amabilidad .

Esme cuando tenía oportunidad no hacía más que ofrecerme más comida, y el hijo grandote Emmett, cuando podia,agarraba las porciones de comida que yo rechazaba.

Estaba sentada en frente de Alice y Emmett y este último sonreía cada vez que lo miraba.

-y bien... que se sabe de Edward?-pregunto Carlisle a su mujer. Por primera vez en la noche presté atención de lo que decian.

Aún no conocía a ese tal Edward, y saber de él me daba mucha curiosidad.

-Sigue de parranda- expreso Emmett metiendo un enorme bocado en su boca.

-¡Emmett!- regaño Esme frunciendo su ceño.- no digas eso.

-¿¡que?! Acaso no es verdad?-

-No el...el...- expreso Esme largando un suspiro resignandose- solo necesita tiempo par pensar.

-¿Pensar?- pregunto Carlisle algo severo.- espero que eso que tanto necesita pensar sea que es lo que va a hacer de ahora en mas con su vida. Ya que desidio dejar la universidad así porque si.

-El no va a dejarla Cariño, solo necesita tiempo para...-

-¡Para que?- interrumpio carlisle elevando un poco su tono de vos.- ¿Para vivir de fiesta en fiesta?¿Para hacer que todo el mundo hable de esta familia por sus malos actos?

Okeey. Esto se está tornando incomodo

-Carlisle- trató de calmarlo Esme. -Creo que no es momento de discutir esto ahora. -me mira de reojo y Carlisle me observa.

Larga un sonoro suspiro y asiente en silencio-Tienes razón cariño. Discúlpame por gritarte- toma su mano y le deja un tierno beso en ella.- Y discúlpame Isabella por mi exabrupto.

Acomodo mi pelo detrás de la oreja sintiéndome algo incomoda y hago una pequeña sonrisa.- No tiene nada de que disculparse.

-No claro que si. Seguro te hice sentir incómoda y...- dejo la oración sin concluir y volvió a pedirme dsculpas-Lo siento.

-No pasa nada- respondo encogiéndome de hombros.

-Si... De todas maneras quien debería de disculparse es el idiota de mi hermano- expresa Emmett aún devorando su comida- El es el culpable de todo este desastre.

-Bueno creo que es suficiente- Esme mira a su hijo con seriedad y agrega- No me parece que sea correcto hablar de él si no se encuentra aquí para defenderse. No me parece que esté bien.

-¿Y donde está el ?- oh Dios mío, ¿acabo de preguntar eso en vos alta?

los 4 pares de ojos se posaron en mi, sorprendidos por lo que acabada de preguntar.

-Lo-lo siento. Quiero decir...- Me trabo con mis propias palabras buscando realmente explicar porque carajo había hecho esa pregunta.

No conocía a ese TAL Edward y ¿porque debería de importarme donde se encuentra ahora?

Alice me sonríe y contesta- El esta en Europa. Se fue de viaje con unos amigos hace un par de días. Pero este fin de semana tendrás el placer de conocerlo- Su sonrisa se ensanchó de oreja a oreja y respondí con una pequeña sonrisa.

-Si... verás el encanto de persona que es- expreso Emmett sonando algo sarcástico.

Esto último dicho por el enorme muchacho hizo que mi curiosidad por Edward cullen sea aún más grande y no esperaba la hora de que llegara el día de ver con que me encontraría.