Capítulo 3
Ya este tipo de problemas con el hanyu cada vez que se iba a su época era de lo más normal, pero esta vez se excedía, es decir, no tenía ni un día en su época y ya él venía a buscarla cuando le dijo que iba a quedarse tres.
Estaban en su habitación discutiendo obviamente, cuando la pelinegra se acercó a la ventana para tomar aire, la situación la estaba exasperando y si no tenía ese momento de armonía iba terminar gritando osuwaris hasta quedarse afónica, pero de repente lo vio, una figura imponente sobre el Goshinboku, digna de comparación con el medio hermano de Inuyasha, Sesshomaru, la cual a pesar de la oscuridad se podía notar que esos fríos ojos azules, tan azules como el cielo diurno, la estaban observando. Era una imagen tan escalofriante como embriagante; escalofriante porque se supone que en esa época los youkais ya habían dejado de existir y si estaba frente a su ventana sólo podía significar algo: "la perla de shikon", y embriagante porque no concebía la existencia de ese ser de tanta hermosura, la cual contrastaba con la luna llena presente en esa noche, la cual le daba un toque de misterio a la marca en forma de luna menguante, marca que al percatarse de ella cundió el terror.
Kagome ¿me estás escuchando? ¿Qué haces viendo tanto en la ventana? –preguntó furioso el hanyu-.
I-Inuyasha hay alguien en el Goshinboku –respondió con pánico-.
¿Qué?
El chico de cabello plateado y orejas de perro saltó rápidamente por la ventana, desenfundó a colmillo de acero y comenzó a olfatear el aire, en busca de alguien más que no fueran los habitantes de aquel templo, sin notar ningún olor –Kagome aquí no hay nadie- dijo.
Claro que si hay, está en la copa del árbol desde aquí lo veo –respondió mientras apuntaba con su dedo a la dirección en que estaba el otro ser de cabellos plateados-.
El youkai que estaba en la copa dibujó una sonrisa divertida en su rostro, sonrisa que le dio mucho más pavor a Kagome al ver que Inuyasha casi lo alcanzaba. El demonio, al ver al orejas de perro sólo se limitó a cambiar su semblante divertido a uno sarcástico, y al ser casi atravesado por la espada dio un simple salto quedando frente a frente con su objetivo, la sacerdotisa, se acercó a su oído susurrándole algo que para sorpresa de muchos el hanyu no pudo ni siquiera escuchar, y al sentir la presencia del medio demonio acercarse, le dio un casto beso en los labios, para luego definitivamente desaparecer.
Maldito sea, no puedo ni siquiera detectar su olor, Kagome, ¿te encuentras bien? –preguntó ingenuo el hanyu ya que no había podido ver aquel pequeño roce-.
Kagome no estaba en ese mundo, todavía rememoraba todo lo visto, se llevó uno de sus dedos inconscientemente a sus labios, rozándolos, y recordó las palabras susurradas al oído: "pronto vendré por ti mi pequeña sacerdotisa".
En la época del Sengoku, en un castillo situado al sur…
Mi lord, estamos bajo ataque, un monstruo alega que hemos invadido su territorio y por eso debemos morir –dijo después de inclinarse ante el Lord, el capitán de la guardia del castillo-.
Dile a la guardia que se retire, no quiero más muertes innecesarias, yo mismo me encargaré de hablar con ese demonio –se paró de sus aposentos dejando ver los rasgos de aquel Lord, indudablemente en aspecto muy joven para el cargo- puedes retirarte Yu.
Pero mi Lord –replicó angustiada una hermosa mujer que estaba a su lado sentada con un bebe de no más de cinco meses de edad en brazos.
No te preocupes por mí, Hana –replicó el Lord después de con su mano izquierda acariciarle dulcemente el rostro a la mujer, y luego al niño en brazos de esta- volveré a salvo.
No muy lejos de ahí se podía distinguir a lo que podía ser un ejercito, luchando o tratando de luchar con un demonio de ropaje blanco, cabello plateado y ojos ámbar, mejor conocido como el Lord de las tierras del Oeste, Sesshomaru, cuando repentinamente al escuchar una alarma todos se retiraron, pensaba ir tras ellos para demostrarle a esos humanos que con el Gran Sesshomaru nadie se metía, pero una sombra entre toda esa multitud, en sentido contrario, viniendo hacia el, le llamó la atención.
El actual lord de las tierras del sur era conocido como un humano, viejo, de gran sabiduría, el cual tenía muchas veces demonios poderosos bajo su mando, cosa que era muy rara ya que difícilmente un demonio de raza pura se doblegaba ante un humano, pero no era a ese anciano al que tenía al frente, y le desconcertaba el no poder ni percibir su aroma ni su presencia a pesar de tenerlo tan cerca, claro, nunca lo iba a demostrar.
La tranquilidad vino al Lord del Oeste al percibir débilmente el olor a un humano, y entre las sombras distinguir el rostro de aquel que osaba encararlo. Era un hombre joven, cómo máximo veinte años humanos, vestido con una armadura que fácilmente se podía decir que era extremadamente pesada, y debajo unos ropajes parecidos a los de él pero negros con algunos bordados de flores de cerezo rojo sangre, y en el cinto tenía una espada a cada lado, demostrando así que era ambidiestro y que probablemente luchaba con ambas a la vez. Su cabello era tan largo como el de Sesshomaru a diferencia de que este lo tenía agarrado con una coleta alta.
Te agradecería Lord de las tierras del Oeste que dejaras de atacar éstas tierras, nosotros nunca hemos invadido las tuyas –dijo el otro con una calma que le hizo hervir la sangre de ira al Lord-.
Un demonio osó invadir mis tierras y antes de arrancarle la cabeza confesó ser mandado por el sur –preparó sus dedos para lanzar el látigo, y así lo hizo, pero no contaba con que su contrincante iba a pararlo con su mano ignorando el veneno que este tenía-.
Un monstruo llamado Naraku desde hace algún tiempo quiere nuestro castillo para el refugiarse, búscalo a él, nosotros no somos tan tontos como para ser simples humanos meternos con el Lord mas poderoso de estas tierras, que es a diferencia de nosotros un Youkai –dijo para luego deshacer con una ligera descarga eléctrica el látigo de Sesshomaru, momento en el cual, el Inu-youkai notó un cambio de olor bastante rápido pero fácilmente perceptible, y también un rápido cambio de apariencia-.
Eres patético.
¿Disculpa?
Te haces pasar por humano cuando en realidad no lo eres –dijo en tono despectivo-.
Me parece raro que Ud. el gran lord, hable más de tres palabras con otra persona –dijo mientras se veía la piel ya restaurada de sus manos y se daba media vuelta- será mejor que vuelva, sus sirvientes deben estar impacientes por la llegada de su amo –dijo en tono burlón- y sí, no soy humano, soy un Inu-Youkai al igual que Ud., soy Aoi, el Lord de las tierras del sur, espero que la próxima no nos tengamos que ver en estas circunstancias. –hizo un ademán con su mano despidiéndose y antes de que Sesshomaru pudiera tomar alguna represalia contra él, desapareció, pero en su camino, se encontró a un personaje que tenía bastante tiempo que no veía- ¿qué haces tu aquí? –preguntó reteniendo el paso, desconcertado-.
Amo, creía que me iba a recibir alegremente ¿por qué esa cara de desconcierto? –preguntó burlonamente el chico de cabellos castaños oscuros muy cortos, piel tostada y ojos ámbar en los cuales comenzaban una extraña marca negra que comenzaba desde ellos hasta finalizar la cara, en forma de lágrimas (imagínense las lágrimas del sheetah así mismo), orejas puntiagudas con algunos aretes colgando de la izquierda, y no se podía ver el atuendo que tenía ya que estaba con una gran capa de color tierra, que le cubría todo a excepción de la cara y eso era porque no tenia la capucha puesta-.
Tsuchi, ¿cómo te liberaste del sello?
En otro lado, en la misma época se encontraba la taijiya curando a la liebre antes divisada fuera de la cabaña, mientras una atenta y quizás orgullosa kirara vigilaba sus movimientos, mientras fuera de la cabaña, se encontraba lo que en apariencia es un lobo gris, con la boca manchada de sangre, cuando repentinamente se ve un brillo, dejando ver a una sombra humana limpiándose los restos del rojo líquido de la boca mientras susurraba un "Bien hecho Kaze".
