John POV

Unas risitas llamaron mi atención. Y ahí pude divisar dos figuras.

—¿Hoy no nos invitan? —preguntó una voz masculina.

—¿Qué diablos…? —blasfemé molesto.

Ahí estaban: Rogue y Bobby.

—Casi nos matan de un maldito susto —susurró Tabitha molesta—. Apaguen la luz novatos, o nos descubrirán. —Bobby obedeció.

—¿Qué hacen aquí? —susurré, acercándome a ellos.

—Teníamos ganas de una aventura y sabíamos que planearías algo —me contestó Rogue, alumbrándose la cara con una pequeñísima linterna de bolsillo. Parecía estar a punto de contar una historia de terror.

—¿Cómo lo sabían?

—Porque esta tarde, cierto piromaníaco tocó mi piel.

Entonces, recordé esa tarde:

Flash back

Habíamos formado dos equipos para jugar al "fútbol desnudos" o algo así. Fue idea de Tabitha. Lo había aprendido de un libro que Rogue le prestó, creo que se llamaba "Ese chico". Odió el libro, pero se robó la idea del juego.

Las reglas eran un poco vagas. Aunque no sé si es porque Tabitha no se concentró en el libro o realmente eran así. Pero la idea era que si metes la pata en el juego, como perder un pase bien lanzado, te interceptan, sueltas la pelota o te pierdes un agarre importante, pierdes una prenda de vestir. Lo que constituye un problema, porque dependes mucho de la opinión subjetiva del resto. Pero luego de eso, el juego era genial. Hacía calor, por lo que quitarte la ropa no venía mal.

Tabitha y yo éramos los capitanes. Habíamos ganado en piedra, papel o tijera.

Bobby, Kitty, Peter y yo en un equipo. Tabitha, Jubilee, Samuel (un nuevo alumno, fortachón, con problemas de ira, que nos obligaban a integrar), Ángel y Nightcrawler (que solo había ido de visita y terminó atrapado en el juego) en el otro. Estábamos disparejos.

—Les falta el toque femenino —nos dijo Tabitha. Dedicando un movimiento de cabeza a Rogue, que observaba el juego sentada en una silla a lo lejos.

—¡Rogue! —Yo entendí en el acto. No tenía tiempo de discutir con Iceman de si molestaba o no a su novia— ¡Ven a jugar, nos falta una!

—No, John. —Negó con la cabeza.

Corrí hacia ella.

—Vamos, Rogue. Será divertido —la animé.

—John, no creo que sea buena idea. Además es peligroso.

A veces me molestaba la actitud temerosa de Rogue sobre sus poderes. Ya sé que yo no dejaba inconsciente a las personas con solo tocarlas, pero tampoco me parecía un motivo real para limitar tanto su vida.

—¡Deja de decir tonterías! —me enfadé—. Si llegamos demasiado lejos con la ropa puedes salir, te lo prometo —estaba usando un tono suave y sincero con ella. Realmente quería que jugara —. Además... —continué antes de que pudiera protestar—. No perderemos. —Sonreí sobrado de mi mismo, elevando una ceja.

—Ni siquiera sé jugar —argumentó.

—Eso se soluciona —tomé su mano para quitarle un guante. Pero ella me detuvo con la otra mano, con una expresión casi aterrada.

—¿Qué haces?

—Confía en mí. —La miré a los ojos.

Ella dudó antes de soltar mi mano. Yo me llevé el guante conmigo, cuando troté hacia Samuel.

El tipo era un idiota egocéntrico con problemas para controlar la ira, pero era competitivo y sabía jugar fútbol. Era perfecto para esto.

—¡Hey, Pyro! ¡Muévete! ¡No tenemos todo el día! —me gritó Tabitha.

—¡En un segundo, nena! —le respondí— ¡Oye Samuel! Ven, necesito que toques a Rogue un segundo.

—¿Acaso bromeas? No podré jugar inconsciente.

—Vamos, hombre. Nos falta uno y Rogue no sabe jugar.

—Ese no es mi problema —respondió arrogante.

Estaba enfadado por lo que dijo. El muy imbécil no entendía que podía ayudar a una chica con su temor a su propio poder. Pero, como incinerarlo no podía solucionar nada, opté por la segunda opción. Me acerqué para susurrarle cerca.

—Vamos, hombre. Nos falta uno. A ti no te afectará perder un poco de fuerza. Estarás más cerca de nuestro nivel y nos vendría bien tener alguien con tus habilidades en el equipo.

El idiota sonrió. Lo había creído.

—Bien, vamos.

Cuando estuvimos con Rogue, le expliqué mi idea, pero ella se negaba.

—Puedo hacerte daño —le explicaba a Samuel.

—Vamos, niña. Nada puede hacerme daño —le explicó soberbio.

Rogue me miró como diciendo "¿De veras?". Pero yo le guiñé el ojo tratando de animarla, hasta que aceptó.

Amé el estúpido intento de Samuel por parecer inmune al poder de Rogue, mientras sufría.

Solo se tocaron un momento. Lo suficiente para que ella pudiera jugar.

—Muévete, Allerdyce —me ordenó ella. El imbécil de Samuel me llamaba así en ese maldito tono prepotente. Al parecer había resultado.

Nos pusimos en posición para empezar a jugar.

Las expresiones de felicidad de Rogue y Bobby eran impagables. Ella jugaba sin temor.

Nightcrawler fue el primero en perder una prenda. Luego de regañarlo tres veces por usar su don, decidimos que debíamos castigarlo. Iba a pasar lo mismo con Kitty, pero ella era mucho más sutil al usar su don.

Todos jugábamos descalzos en el césped.

Pasaron los minutos: yo estaba sin camisa; Bobby se había quitado el suéter y las medias; Kitty perdió un pañuelo y una chaqueta al ser interceptada; Tabitha llevaba solo un top y pantalones, su camisa ya había volado; Rogue iba sin guantes y sobretodo, pero parecía despreocupada; mientras Samuel y los demás estaban totalmente vestidos.

Rogue dejó caer el balón en un lanzamiento, así que debió quitarse la camisa, llevaba la parte superior de un bikini negro. Jamás había visto tanta piel en ella. Era muy hermosa.

—Oye ¿no es peligroso eso? —susurró Kitty para que solo yo la escuchara.

Yo me encogí de hombros para responderle.

—Tómalo como una ventaja. Ahora no la tocarán —sonreí para tranquilizarla.

Seguimos el juego. Y como dije, los demás temían tocar a Rogue. Ella anotó para nuestro equipo.

—¡Maldición, Tabitha! ¡Marca a Rogue! —vociferó Samuel.

—¡Vete al diablo, Samuel! ¡Hazlo tu mismo! —Tabitha le respondió antes de que yo pudiera detenerlo por hablarle así a mi novia.

—Ni loco vuelvo a tocar a la chica de piel venenosa.

Todos nos quedamos en silencio ante lo que dijo. Pero no porque dijera la verdad, sino por el enojo que nos provocó.

—¿Qué diablos pasa contigo? —gritó Rogue, dando grandes zancadas hacia Samuel. Jamás la había escuchado hablar así. Siempre había sido una dama sureña con todas las de la ley. Quizás no fue buena idea que tocara a Samuel.

—Ya oíste, niña. Es injusto que juegues ¡Nadie quiere tocarte! —el idiota seguía gritando.

Rogue lo iba a golpear, estaba claro.

—Samuel tiene razón —farfulló Tabitha, de brazos cruzados.

Rogue se detuvo un segundo. Sus ojos llenos de lágrimas. No creo que esperara un comentario así de Tabitha, yo por lo menos no lo hacía. Cuando retomó su carrera, su objetivo había cambiado, ahora se dirigía a mi novia.

—¡Rogue, espera! —suplicó Bobby, tratando de interponerse en su camino, pero ella aún llevaba la esencia de Samuel, así que lo apartó de una embestida, haciéndolo caer a un lado.

No podía dejar que ellas peleen. No podía, porque eso significaba que saldrían heridas, y no solo físicamente. No podía, porque si pasaba sería mi culpa.

Corrí hacia Rogue desde atrás, rodeándola con mis brazos, atrapándola a pesar de que nuestras pieles se tocaran.

—¡Maldita sea, John, suéltame! —gritó fuera de sí.

Sentía cómo me debilitaba por su tacto. Pero no la solté, seguí sosteniéndola porque seguía forcejeando. No la dejaría ir hasta que se calmara, a pesar de sentirme más y más débil a cada segundo.

—¡Oh dios, John! —gritó Kitty horrorizada. Ahí fue cuando Rogue dejo de intentar zafarse de mi agarre y la solté, cayendo hacia atrás sentado, tratando de coger aire, mis piernas ya no sostenían mi peso.

—¡Diablos John, lo siento tanto! —gritó Rogue con voz temblorosa.

—No... —respondí entre jadeos—fue... mi... culpa.

Tabitha corrió, poniéndose de rodillas junto a mí.

—¿Cómo estás, chico malo? —preguntó preocupada.

—Genial... —jadeé sonriendo.

Sólo unas horas después las chicas se arreglaron, con una emboscada de Kitty y Jubilee de por medio. No podían estar peleadas, eran buenas amigas hace mucho, como para arruinar todo por un juego.

Fin flash back

Eso explicaba por qué quería una aventura. Ella era una amante de las reglas al igual que Bobby. Nunca estaba de acuerdo con mis travesuras, exceptuando algún cigarrillo de vez en cuando. Aunque, seguramente, eso era por tocar a Logan tantas veces.

En cuanto a Iceman, era un tonto que se dejaba engatusar por la sonrisita de su dama sureña muy fácilmente.

—Eso no explica nada. No tenía planeado esto. Acabo de decidirlo.

—Quizás, pero absorbí tu esencia. Estabas preocupado por algo esta tarde, y meditabas cosas... Aunque no tengo idea de qué era; tu cabeza es un desastre ¿sabías? —Arqueó las cejas.

—Y conversando, llegamos a la conclusión de que terminarían por aquí —explicó Iceman—. Los años soportándote y gracias a que Rogue te tocó, pudimos usar tu forma retorcida de pensar.

—Vete al diablo, Drake —lo insulté, sin poder ocultar mi sonrisa. En el fondo me parecía genial que esos dos aburridos bajaran al garaje a hurtadillas.

—Bien Johnny, hay cambio de planes —me advirtió Boom boom

—¿A qué te refieres?

—Somos 4 ahora. No entramos en una motocicleta.

—Permíteme —le pedí a Rogue, tomando la linterna de su mano enguantada.

Alumbré el garaje, pudiendo divisar la motocicleta de Wolverine en un extremo. Me lamentaba internamente no poder fastidiar al lobo.

¡Qué mal momento elegían los niños buenos para portarse mal! Pero...

Luego alumbré el reluciente auto descapotable de Scott. Y no pude evitar sonreír de costado. Caminé hacia él, abrí el baúl arrojando mi mochila dentro.

Tabitha caminó hacia el asiento del acompañante. Había entendido de inmediato que yo manejaría, no hizo falta que dijera nada.

—Muévanse —les ordenó a la parejita.

Rogue corrió a abrir la puerta para meterse.

—¿De verdad piensan hacer esto? —preguntó Bobby, temeroso, sin moverse de su lugar.

—No, solo vinimos hasta aquí para platicar en la oscuridad —respondí irónico, antes de meterme al auto.

—¿Vienes? —Tabitha había bajado la ventanilla para hablarle.

—Vamos, Bobby —le pidió Rogue, sacando su cabeza hacia adelante por entre los asientos.

—Drake, aunque no quieras, debes venir. No creo quieras dejar sola a tu novia con el pirómano y la chica explosiva —lo puncé arrogante.

Bobby dudó unos segundos. Y yo no lo iba a esperar. Encendí el motor, era casi mudo, necesitaba uno así algún día. Era una especie de cómplice perfecto.

Drake corrió para meterse cuando abrí la puerta del garaje, no tenía otra opción. Ya lo sabía.

Salí despacio por el camino de la mansión con las luces apagadas, hasta llegar a la calle, donde prendí los faros y aceleré a fondo. Eramos libres.

—¡Wooohooo! —gritó Tabita emocionada, a mi lado. Amaba a esta chica.


Nota: ¡Empieza la aventura!... ¿Alguien por ahí con ganas de opinar? Será bien recibido.

Be free, be happy.