Un rato en Hogsmade.
En la mesa Sly en el gran comedor Samantha revisaba unos apuntes de Herbología, estaba inmersa en aquella pródiga lectura, cuando sintió que alguien se sentaba a su lado, no le tomó mucha importancia, era alguien quien había ido a cenar más tarde de lo común, y aunque la mesa estuviera vacía había decidido sentarse allí, por alguna razón.
Exhaló con desgano tomando un libro que estaba debajo de un montón de papeles que tenía por título "La maldad en la palma de tu mano", era uno de sus libros usados en Durmstrang, lo abrió y allí había todo tipo de maldiciones de diversos niveles, escuchó una garganta carraspear, pero no le prestó atención, deslizaba su dedo leyendo los títulos de cada una de las maldiciones, estaba buscando cierto hechizo que había usado contra cierta maga.
Suspiró resignada al darse cuenta de que la página en la que estaba había sido arrancada, por ella misma mucho antes, quizá la habría dejado en su casa, o en la ropa que tenía ese día, maldijo por lo bajo al darse cuenta de lo descuidada que era, y levantó la vista del libro, justo a su lado fisgoneando un poco estaba Theodore Nott. Samantha debía admitir que ese chico se estaba comportando extraño, desayunos, almuerzos y cenas se sentaba al lado de ella, en la biblioteca se sentaba en una mesa en frente de la de ella.
El chico estaba siendo levemente aterrador, se sentía acosada por él, y ahora más que nunca que estaba en un comedor vacío, con él, lejos de cualquier sala común a las diez de la noche, que alentador, necesitaba preguntarle qué demonios se traía antes de que explotara y toda su fachada se fuese a la porquería.
—Otra vez a mi lado Nott… ¿A qué debo tu presencia?—.
Se estaba hartando, y muy pocas veces se hartaba con algo, instintivamente metió la mano en su túnica y apretó la varita con fuerza.
—¿No puedo cenar?—.
Samantha se fijó en el plato que estaba delante de él donde reposaba inmóvil un trozo de tarta.
—Ya, entiendo que cenes, pero la mesa es enorme, ¿Por qué precisamente a mi lado?—.
Él se encogió de hombros y sonrió.
—Lindo libro— rió el chico señalando el que estaba abierto en la mesa, Samantha bajó la mirada.
—Ah esto, fue mi libro de artes oscuras de primer año—.
La chica sonrió, mientras lo cerraba.
—Extraño mi antiguo colegio—.
—¿Prefieres Durmstrang? ¿No te gusta el castillo?— inquirió anonadado el castaño.
—No, claro que me gusta el castillo, es fantástico, no te niego que lo odio cuando me pierdo, Durmstrang es mas como una fortaleza, pero la educación era mejor que aquí, allá no existe defensa contra las artes oscuras, es Artes Oscuras a secas… Es mejor aprender a usarla, aunque también es bueno aprender a defenderse, pero cuando llega el momento de la verdad, en un combate real, mas se necesitan las maldiciones que los hechizos de defensa—.
La chica parloteaba sin parar, sobre las diferencias entre Durmstrang y Hogwarts, Theodore se reía debido a las anécdotas de ella.
—Hace dos años se celebró el torneo de los tres magos en Hogwarts, fue muy injusto porque dejaron venir únicamente a los mayores, y cuando nos enteramos que nuestro Viktor había perdido, todo el colegio reventó en disgusto, pero cuando él llegó explicó todo lo que había pasado, y como había sido hechizado—.
Llevaban al menos media hora charlando sobre trivialidades.
—Viktor ya se graduó pero no deja de ser mi casi mejor amigo, era el que mejor me trataba en todo Durmstrang, quizá porque es tan raro como yo, pero siempre estaba rodeado de sus "Chicas", sabes las fanáticas locas, pocas veces hablábamos y cuando lo hacíamos era en la biblioteca—.
—¿Fue tu novio?— preguntó Nott al notar la melancolía en la voz de la castaña.
—No, claro que no, fuimos sólo eso, amigos, nada del otro mundo— rió Sam.
Abrió el libro en la última página, aquella página que siempre estaba en blanco, estaba escrita por una tosca letra en búlgaro.
—Esto lo escribió él, en mi primer año…—.
—¿Podrías leerlo para mí?—.
Ella negó levemente con la cabeza.
—No puedo, es algo entre él y yo… Sólo me estaba dando y pidiendo un consejo—.
La joven acarició la letra con la yema de los dedos.
—Lo extraño mucho, quizá estas vacaciones de verano lo vaya a visitar—.
Theo sonrió levemente, se notaba que era una chica que apreciaba a sus amigos más que nada, y eso le pareció enteramente tierno.
—Deberías ir a dormir Samantha ya es tarde—.
Era la primera vez que ese chico le decía por su nombre, sin la formalidad de siempre; él tenía razón, era tarde, ella cogió todos sus libros, y se levantó de la mesa, y sin previo aviso se inclinó depositándole un beso en la mejilla a Nott.
—Eres más agradable de lo que aparentas— apuntó y sin más.
Salió del Gran comedor para salir hacia el viaducto corriendo debido a que había escuchado a la maldita gata de Filch.
—Te tardaste más de lo normal Theo— masculló Zabini adentrándose al Gran Comedor seguido de Malfoy y su séquito.
—Fueron sólo unos minutos, nada de qué preocuparse— dijo arrastrando las palabras, mientras se levantaba de la mesa, y los seguía hacia el séptimo piso.
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¿Dónde estaba el director y qué es lo que estaba haciendo? Harry no lo sabía pero estaba seguro de que Hermione estaba en lo cierto pensando en que este dejaba el colegio durante unos días.
Samantha pasó delante de ellos saludando mientras se dirigía a la mesa Sly, y en eso el ojiverde recordó que tampoco había visto a su prima y a veces faltaba al igual que el profesor, justo los mismos días, pero pensaba en que como estaba en otro año, tenía otro horario y mucho más trabajo, influía en que no la viera de vez en cuando, las dudas empezaron a llenar su cabeza, como era posible que si él era el que estaba recibiendo las clases sobre Voldemort y al que estaban encaminando en la búsqueda de… Algo, y en quien Dumbledore debía estar volcando toda su atención, salía en compañía de Valeria a investigar Merlín sabrá que cosa. En ese momento se sintió ligeramente abandonado, su prima y su querido profesor se iban en busca de aventuras dejándolo a él en el colegio de brazos cruzados.
De repente Vely apareció ante él con sus ojos apagados y bostezando, tenía un semblante cansado como si no había dormido en toda la noche, volteó a ver la mesa de los profesores pero nuevamente no vio a Dumbledore, pensó que era un idiota por estar pensando en todo lo anterior si Dumbledore estaba haciendo algo definitivamente no se había llevado a la ojimiel.
Después de unos días era una mañana tormentosa a mitad de octubre y ese domingo era el paseo a Hogsmade, todos los estudiantes salieron alegres de ver otra cosa que no fuera el castillo y sus alrededores, el colegio era maravilloso, sí, pero después de tanto tiempo se tornaba aburrido, por lo que Vely había salido como alma que lleva el diablo, fue una de las primeras, pues no quería tener que pasear por aquel pueblo con la muchedumbre de estudiantes corriendo de un lado a otro haciendo algarabía, a pesar del mal tiempo paseó por las tiendas y vio los aparadores, se compró uno que otro atuendo que como mujer no pudo evitar, uno que otro dulce, muchos chocolates y se fue a las Tres Escobas pues era hora de celebrar a solas, por su nueva familia, sus nuevos amigos, por su nuevo colegio, por una nueva vida sin su madre. A quien engañaba lo único que le había pasado de bueno ese año era tener cerca a Harry, sentía que en realidad era parte de ella y veía a Sirius en partes de él, de resto todo lo demás era una pesadilla de la cual quería despertar, se sentó en una mesa algo apartada, ya que el bar estaba casi vacío y podía escoger, pidió un café para sacar el frío que tenía hasta los huesos, aunque lo sentía más por estar sola, que por la gélida brisa, de algún modo se había acostumbrado a tener esos tres chicos fastidiosos a su alrededor, a Harry hablando sin parar de Malfoy cosas que la ponían colérica, Ron tratando de conquistarla y a Hermione tratando de componer a fuerza de consejos a sus dos amigos.
Terminó su café y se disponía a marcharse al castillo para terminar su solitario día.
—Espera un momento—.
Se quedó estática al escuchar esa voz gruesa que conocía muy bien, se preparaba para ignorar el comentario pero su curiosidad fue más fuerte, y se volvió en dirección a la voz, lo que vio fue un escena extraña. No se había fijado que Draco estaba sentado en una mesa después de la de ella con un semblante sombrío y los ojos ojerosos, meneando un vaso Whisky de fuego, vestía elegantemente como siempre, pero un aura extraña lo rodeaba y su mirada mostraba un raro nerviosismo, al igual como lo había visto unos meses atrás antes de borrar su memoria.
—No te vayas, siéntate conmigo unos segundos, por favor—.
El rubio pronunció con dificultad la última frase. Valeria se sintió endeble ante esas palabras, pero procuró controlarse y mantener la sangre fría.
–Siéntate y pide lo que quieras—.
Como hipnotizada por la orden se sentó en frente de este y pidió la misma bebida del ojigris, pues necesitaba algo fuerte que la ayudara a mantenerse a su lado sin mostrar debilidad.
Permaneció en silencio contemplando disimuladamente el semblante del rubio que no la miraba, lo sentía trémulo, angustiado, desconcertado, sabía que algo muy malo estaba por pasar, pues conocía muy bien las ordenes que tenía el chico, sólo esperaba, que Dumbledore fuera más listo.
Draco no sabía con exactitud porqué le había dicho a la ojimiel que se sentara a su lado, pero ese día más que cualquier otro necesitaba desesperadamente la compañía de esa extraña chica, no quería decirle nada, ni siquiera observarla, sólo necesitaba sentir su presencia, no sabía la razón pero cada vez que la tenía cerca se sentía fuerte, sereno, su mente se despejaba y se sentía relajado, aquella chica le brindaba una paz que no había sentido ni en sus mejores momentos.
Diez minutos después Draco alzó la vista y se quedó mirándola fijamente, clavó sus ojos en ella de una manera que la desconcertó totalmente, sintió ganas de llorar, quería rescatarlo de todo lo que estaba viviendo el rubio, se imaginada la confusión, la desesperación y la agonía que estaba viviendo por cumplir una tarea que le había sido encomendada para saldar una deuda que no era suya, maldiciendo mil veces a su abuelo Abraxas por andar de lame botas del Señor Oscuro en la antigüedad, ella sentía que si por ella fuera mataría de una vez por todas a Voldemort con sus propias manos y a sangre fría, por todo el mal que había hecho y por todas las personas que murieron por su causa.
Vely procuraba mantener la naturalidad ante aquella mirada que la hacia sentir triste e incomoda, de repente el rubio esbozó una media sonrisa, como si leyera sus pensamientos, esta no se la respondió, tenía ganas de decirle que no la mirara más, que debía irse, que se alejara de ella, pero su boca estaba sellada, Draco dirigió la mirada hacia el vaso de la ojimiel que ya estaba vacío al igual que el suyo.
—Si quieres, puedo invitarte otra copa—.
—No, gracias— contestó notando que el rubio cambiaba un poco su semblante, se le veía más tranquilo, y la miraba como si ella lo estuviera seduciendo.
—Por favor, otros dos vasos de Whisky— pidió sin dar importancia al comentario de la ojimiel.
—¿Por qué haces esto, por qué te acercas tanto a mí, sin razón?— inquirió Vely frunciendo el ceño.
De verdad no entendía porqué el rubio se acercaba tanto a ella si esta había borrado totalmente a ella de los recuerdos de su mente.
Malfoy la miró en silencio esa era la pregunta que no quería oír, la que se había hecho muchas veces antes, y era la única a la que no le tenía una respuesta concreta, podía decir que era simplemente que la chica le gustaba, pues era hermosa, sí, ella le gustaba, a pesar de ser tan seria era muy sexy, tenía un bonito cuerpo y bello rostro, y una mirada que le provocaba descubrir lo que ocultaba, al igual que le gustaría descubrir lo que oculta bajo su ropa. Pero, sin embargo, esa no era razón alguna para querer tenerla siempre cerca, era algo que iba mucho más allá de eso, no veía ese como el motivo de sentirse tan atraído, y por sobre todo no entendía porqué cerca de ella se sentía tan seguro, al punto de protegido, definitivamente sentía algo inexplicable.
Llegaron las bebidas y la conversación fue interrumpida, ambos permanecieron sin decir nada durante un rato, Vely pensó que ya era hora de irse y tal vez el rubio pensaba lo mismo, pero allí estaban aquellos dos vasos llenos y eso era un pretexto para seguir juntos, ella queriendo descubrir los pensamientos del rubio y el ojigris tratando de entender sus propias meditaciones.
Tres voces conocidas se escucharon cerca de ellos, lo que ayudó a Vely a salir de su ensimismamiento, se paró rápidamente dispuesta a marcharse pues no quería que estos la vieran con el rubio que ahora la observaba con recelo, los tres chicos al sentarse se dieron cuenta de lo que ocurría y le hicieron una seña despreocupada pues ya estaban acostumbrados a ver al rubio rondarla, la rizada se sentó con ellos disimulando lo que había pasado y comenzó una conversación amena con el trío sobre el nuevo novio de Ginny mientras tomaban cervezas de mantequilla.
Al rato Vely se paró y se fue al baño, cuando se acercaba a este vio salir a Katie Bell y más atrás a Rosmerta con el semblante ido, notando que unos metros a su derecha estaba Draco observando con cautela, pero se adentró al baño haciendo caso omiso de lo que había visto.
—Fue Draco estoy seguro— repitió Harry delante del retrato de la señora gorda.
—¿Ahora qué hizo según tú?— preguntó Vely tras el trío.
Traía a Samantha agarrada por un brazo mientras que con la mano que tenía libre le quitaba telas de araña de la cabeza.
—¿Qué, no te enteraste de lo que le acaba de pasar a Katie Bell?— preguntó Ron ahora entrando a la repleta sala común, ya que estaba llena de jóvenes mojados por la ventisca que hacía afuera.
—¡AUUCHS!— se quejó Sam mientras Vely le halaba en cabello tratando de quitarle otra tela de araña.
—Aguanta, esto te lo buscaste tú, ¿Qué le pasó a Katie?—.
Sin dejar hablar a Ron o Hermione Harry empezó rápidamente a narrar todo lo sucedido a Bell con respecto al collar, como supuestamente lo había obtenido dentro del baño de chicas en el bar que habían estado ratos antes, la reacción que tuvo al tocarlo y las sospechas que él tenía pues aparentemente ella debía dárselo a Dumbledore.
—¿Y en qué te basas para decir que fue culpa de Draco?— inquirió Vely alzando una ceja mientras se sentaban junto al fuego y se quitaban sus abrigos húmedos.
—En todo lo que pasó en Borgin & Burkes, ¿Acaso te parece poco? según tú, él estaba contemplando ese collar cuando estaba allá— exclamó en voz baja pero firme.
—Sí James tienes razón, según lo que yo creí, pero fui yo la que le insinuó eso en la tienda, tal vez las cosas no eran así y creí lo que quise creer— musitó Vely para que los chicos a su alrededor no escucharan su conversación.
—¡Y AHÍ VAS A DEFENDERLO OTRA VEZ!— replicó el pelinegro con rabia.
—No es eso James es sólo que…—.
Pero la ojimiel no pudo terminar de hablar porque fue interrumpida.
—Ella tiene razón Harry— sentenció Herms con firmeza. —Además nosotros no vimos salir a Malfoy de la tienda con ese collar—.
—Porque el dijo que no quería que lo vieran con eso en la calle— le recordó el ojiverde enfureciéndose cada vez más.
—Pero es que no entiendes, si hubiera comprado el collar, sería todo envuelto en un paquete absolutamente fácil de ocultar dentro de su capa, ¡¿Cuántas veces voy a repetírtelo?!— estalló Hermione.
Harry ya estaba haciendo que se saliera de sus casillas.
—¿Así que no es la primera vez que discuten sobre eso?—.
Sam no entendía nada de lo que pasaba a su alrededor.
—Pues no; acabo de decírselo mientras le contábamos lo sucedido a la profesora McGonagall—.
Mione se cruzó de brazos.
—¡Se pasan, tienen un trío amoroso y se lo ventilan a una profesora!— vociferó la ojiverde a los cuatro vientos.
Hermione se puso roja, Harry siguió enfurecido y Ron y Vely se carcajearon ante tal comentario.
—Ay Samantha cállate—.
Vely le dio un palmazo por la cabeza.
–Ni siquiera sabes de que estamos hablando—.
—¿Quién crees que le daría el collar a Katie?— le preguntó Ron a Vely.
—Ni idea, sólo ella lo sabe— contestó la rizada luchando con Sam para quitarle el abrigo mojado.
—Solamente que quienquiera que fuese ha salido bien parado, nadie habría podido abrir ese paquete sin tocar el collar— se lamentó Hermione.
—Samantha pero ¡¿Fue que te revolcaste en el polvo o qué? mira como has puesto la blusa!— exclamó Valeria sin importarle el comentario de Mione cuando logró quitarle la chaqueta a su hermana.
—¿Pero qué rayos, dónde estaba?—.
Ron tomó a la ojiverde por los hombros revisándola, Hermione la veía divertida y Harry tenía el ceño fruncido, no entendía cómo sus amigos perdían tan fácil la atención por lo que había sucedido.
—Pues he tenido que ir a buscarla a la casa de los gritos, no ha encontrado un mejor lugar para refugiarse del frío que ese, pero en realidad parece que usó su cuerpo de estropajo para limpiar la casa, no entiendo como puede llegar a… sólo a ella le… Samantha de verdad no entiendo como puedes llegar a ser tan…—.
Valeria no encontraba palabras para terminar sus oraciones mientras la veía desconcertada, porque en realidad no entendía como su hermana podía llegar ser tan… ¿Ella?. Por otra parte Samantha sólo los veía como si no entendía porqué la miraban de aquella manera.
—Oigan, oigan, no entienden que lo que pasó puede tener repercusiones para un montón de gente—.
Harry se paró del sillón y vio con seriedad al cuarteto que tenía delante.
—Harry—.
Samantha se paró delante de él y lo vio como si entendiera lo que ocurría pero después cambió su semblante.
–Cállate— instó.
Los tres restantes se vieron las caras aguantando las risas mientras se paraban y se marchaban hacia las habitaciones, Sam era arrastrada por Vely que la salvaba de que tal vez Harry la matara por sus ocurrencias.
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Era alrededor de las seis con treinta minutos de la tarde, los días de diciembre estaban encima de ellos y el clima frío casi congelaba, el suelo estaba cubierto de nieve, y una chica de rizos estaba sentada en una de las bancas del jardín vestida sólo un con vestido de tirantes, unas sandalias y su larga cabellera arropaba su espalda.
El rubio que se dirigía a paso rápido hacia su sala común, desvió el camino sintiendo un presentimiento, cogió por lo corredores que dan a los vergeles y allí vio a la chica que le venía turbando sus pensamientos desde el primer día que la vio, recordó que esta lo había visto cerca del baño el día que había sucedido lo de Katie Bell, no entendía porqué no lo había hecho a nadie ningún comentario al respecto.
Se dirigió hacia ella con paso seguro dispuesto a interrogarla, pero después de llegarle cerca sus piernas empezaron a temblar y no precisamente por el gélido aire, el olor de la chica invadió sus fosas nasales, cerró los ojos y lo aspiró, lo sentía tan familiar y conocido, su cuerpo se estremeció, el simple aroma hacía que la deseara cada vez más, que se interesara cada día más en ella, quería tenerla para sí, aunque no supiera de donde provenía, ni de que familia era, sin importarle que fuera una Gryffindor y que sus mejores amigos fueran el trío detestable.
—¿Pretendes congelarte Crawford?— preguntó mientras se acercaba un poco más para inspeccionar su rostro.
No entendía que hacía allí afuera con el frío amenazando con congelarla, la vio y no notó nada extraño, tenía su mirada inexpresiva igual que siempre, sólo que clavada en el cielo que se oscurecía cada vez más.
—No Malfoy, únicamente pretendo ver nacer las estrellas, y sentir como el aire puro inunda mi ser— contestó dirigiéndole la mirada, cuando en realidad lo que hacía allí era embriagándose para olvidar aunque fuera por un momento su sufrimiento por él. –¿Gustas?— preguntó alzando una botella de vino que reposaba a un lado de ella y sirviendo una copa que este no había divisado.
—Sólo un poco por favor—.
Vio como la chica vertía el líquido vino tinto en el cáliz.
–No sé si sabías pero esto es prohibido hacerlo— informó mientras tomaba la copa que le ofrecía la rizada.
—¿Y desde cuando acatas todas las reglas Malfoy?— inquirió con una mirada perspicaz.
El ojigris se tensó pero le devolvió la sonrisa.
–Siéntate, aguanta el frío y contempla las cosas bellas del mundo— instó la rizada con vehemencia.
Malfoy se sentó a su lado, tomó un sorbo de vino e intentó clavar la mirada en las estrellas que empezaban a nacer en el firmamento, pero se le estaba dificultando.
Draco Malfoy más bien miraba una mujer de cabellos negros, y ropa al igual que el cabello, sentada en la nieve en uno de los jardines, llena de deseos absurdos como querer contemplar el cielo y sentir el aire fresco en aquel frío congelante, sin entender la causa, sentía ganas de mirar aquella ropa escondida, podía ver el tamaño de sus senos, que no eran grandes, la suavidad de su piel, las curvas de sus caderas.
La mirada de ella no mostraba nada, ¿Qué estaba haciendo él allí? ¿Por qué él alimentaba ese interés peligroso, absurdo, sino no tenía ningún problema en conseguir otra mujer que le matara sus deseos? era rico, joven, de buena apariencia, había apreciado a mujeres con las que se había acostado, había sido amado, ahora más que nunca era respetado por la gente que lo rodeaba, su Lord le había encomendado una tarea muy importante, en fin era un chico que dadas las circunstancias debería decir "Yo Soy Feliz".
Pero no lo era, mientras la mayoría de sus amigos se mataban por ser tomados en cuenta por Voldemort, por tener buenas calificaciones, por sobre salir y ser los mejores, Draco Malfoy tenía todo eso, lo cual lo hacía más miserable, si tuviera que hacer un balance de su vida tal vez habrían dos o tres días en los que realmente fue feliz, aparte de esos pocos días el resto de su existencia se había gastado en, frustraciones, sueños no realizados, en ser lo que su padre dijera, ser un malvado con los más débiles y un completo hipócrita consigo mismo, no sabía exactamente quien era, pero sabía que hasta ahora había pasado su vida probando ser algo que no era.
Miraba aquella mujer hermosa discretamente vestida de negro, alguien que había conocido quizá por casualidad, aunque sentía que la había tenido en otros tiempos, la deseaba mucho más de lo que podía imaginar, pero no sólo era su cuerpo; era su compañía. Quería abrazarla, quedarse en silencio sintiendo como el olor a lavanda que desprendía su cuerpo inundaba sus fosas nasales, mirar el cielo bebiendo vino como lo hacía ella en ese momento, eso era suficiente.
Sin embargo él no le había explicado nada de lo que sentía, no sabía si entendería lo bueno que era estar a su lado y la paz que esta le daba, no entendía que hacía ahí dándose esperanzas él mismo, acercándose a ella cada vez que podía, taladrándola con la mirada en la distancia e invadiendo su espacio sin su permiso ¿Estaba haciendo algo erróneo, loco e insensato? Sí, y lo seguiría haciendo el tiempo que fuera necesario para poder conquistarla, hasta poder sentarse con ella a orillas del lago, hablarle de amor y oír lo mismo de ella… "¿Amor?" sí, se estaba enamorando irremediablemente, no entendía porqué su corazón de un momento a otro empezó a romper su coraza de metal con aquella chica de la cual no conocía nada, pero eso no le importaba, aún así prefirió no decir nada, no arriesgarse, no precipitar las cosas.
Nuevamente recordó el encomendado de su señor tenebroso, la fatal tarea que debía cumplir, la que daría paso a acabar no sólo con sus deseos sino con los de muchos, con la esperanza de un pueblo y la vida de un mundo, cada vez que recordaba ese simple hecho se sentía atemorizado, su corazón empezó acelerarse y sus manos empezaron a sudar, la presión, el terremoto, le aterraba pensar que ya no tenía salida y que los horribles momentos que estaban por venir no tenían vuelta atrás, su alma estaba perdida, miró aquella mujer, quería que lo tomara de la mano y le mostrara el camino de la vida, pero ya era tarde, agradeció que esa chica lo viera con su mirada vacía, que no sintiera el mismo interés y los mismos sentimientos que en este momento se formaban en su corazón, contradijo sus anteriores pensamientos de amor y supo que lo mejor era dejar todo como estaba, alejarse de ella lo más posible, y olvidarse de sus ojos, su sonrisa y su olor, sólo esperaba que su mente y su cuerpo se lo permitieran.
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Theodore caminaba meditabundo por las mazmorras pensando en la tarea que su amigo Malfoy debía cumplir, en los exámenes y en cierta castaña de ojos verdes, sin prestarle importancia a lo que sucedía a su alrededor, pero se fijó en cierta Slytherin que tenía todos los libros en el piso y peleaba al estilo Muggle con Blaise Zabini su otro mejor amigo. Sam estaba montada en su espalda golpeándole la cabeza con fuerza, la cara del moreno era un poema, la chiquilla estaba literalmente dándole una paliza, se bajó de su espalda y sacó la varita de su bolsillo, allí ya Theo supo que debía interceder, ella era capaz de lanzarle cualquier maleficio a su pedante amigo.
—¡SAMANTHA… NO!—.
Se colocó delante del moreno, que suspiró aliviado, la ojiverde respiraba con dificultad, su rostro tenía una imagen aterradora, parecía una maníaca, tenía los ojos desorbitados, y parecía un hambriento león a punto de atacar a su presa.
—Quítate Nott, le enseñaré a este grandísimo imbécil que conmigo no se puede estar metiendo… más loca será su madre "Expelliarmus"—.
El hechizo rozó el hombro de Theo para impactar en un Zabini que intentaba huir, el castaño se quedó estático, podría jurar haber visto el hechizo rozarle. Zabini había impactado contra la pared del fondo, y Sam quería rematarlo.
Iba en camino hacia él cuando sintió la mano de Theodore tomando la suya, la chica suspiró, ¿Qué tenía ese castaño que podía hacerla cambiar de parecer tan rápido? Sintió otro apretón y lo miró, este la veía casi suplicante, sus ojos verdes emanaban tranquilidad, y esta fue transmitida a los de ella.
Se soltó y tomó sus cosas del piso, miró a Theo nuevamente, este le sonrió mostrándole sus blancos dientes, ella le devolvió la sonrisa algo perdida por el gesto, pero el castaño la tomó de la mano nuevamente y la haló.
—Ven conmigo, tengo que enseñarte un lugar—.
Literalmente corrían por los pasillos, siendo víctimas de las miradas de la mayoría del alumnado, como dos niños huyendo del castigo que les esperaba.
—¿Qué pasa?— inquirió Sam, después de haber dejado en el suelo por las carreras uno de sus libros —¡NOTT!— gritó, este se detuvo, ella se encorvó un poco para recobrar el aliento. —¿Qu-qué de-demonios querías mostrarme?— preguntó con la voz entrecortada.
—Nada—.
Se acercándose a ella mirándola fijamente a los ojos.
–Sólo quería estar a solas contigo—.
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En el patio de transformaciones del colegio se encontraba el trío dorado sentado en una banca. Harry hablaba mientras que sus amigos lo miraban con un aire de fastidio. Vely se acercó y con cara de saber que pasaba saludó con un gesto y se sentó a su lado.
—¿Otra vez con lo mismo James? ¿No crees que ya está como repetitivo el tema?— soltó Valeria mirando las nubes.
—Sabes Vely, como Malfoy se te aparece hasta en la sopa deberías aprovechar para sacarle alguna información ¿No crees?— dijo Harry omitiendo el comentario de su prima.
—¿Qué, no te parece suficiente vigilarlo con el mapa, me vas a mandar a mi que quiero alejarme de él, a vigilarlo?—.
El pelirrojo y la desaliñada castaña la veían con un aire de aprobación a sus palabras, mientras Harry tenía cara de frustración, de repente entornó los ojos y la miró.
—¿Se puede saber Valeria por qué le borraste la memoria a Malfoy? si te causaba tanto sufrimiento separarte de él, porque lo amas y todo eso, ¿Por qué lo hiciste, acaso será por qué él es un mortífago y puede matarte siendo hija de quien eres?— inquirió Harry con sarcasmo viendo meticulosamente el rostro de la rizada para no perder ni un sólo detalle de sus expresiones.
El corazón de la ojimiel se paró en ese momento, pero su bien trabajada expresión para no demostrar sus sentimientos le sirvió, vio a Harry directamente a los ojos, definitivamente no podía decir la verdad, y que el temor no era que él la matara si no que él muriera en manos de Voldemort, pero…
…¿Cómo iba y les decía que Voldemort le exigió a Draco matar a Dumbledore, y que Draco supo que el profesor y ella andaban en busca de los Horcrux y que ya habían acabado con dos? ¿Cómo les decía que le borró la mente al rubio para que olvidara que andaba de caza recompensas con el anciano y que si Voldemort hurgaba su mente y descubría esto lo mataría por traición? No, definitivamente no podía decirles la verdad y dejar entrevisto el trabajo que estaban cumpliendo últimamente.
—En realidad James, Malfoy es el que corre peligro. Como sabrás su padre es un mortífago, y si Voldemort se entera que de fraternizan con la hija de uno de los que fue integrante de la orden y luchó hasta el cansancio en su contra podría irle muy mal— respondió Vely con voz tranquila disimulando perfectamente los nervios que sentía en su estómago. –Porque aún siendo mi madre una mortífaga, no olvides que lo traicionó acostándose con el enemigo, y, aunque ayudó a Peter Pettigrew a traicionar a tus padres, si no hubiera sido porque Lord desapareció el día en que te atacó, mi madre fuera muerto mucho antes; recuerda que Voldemort no tolera traiciones— concluyó.
Desvió la mirada y sacó uno de los libros de su mochila para empezar a leerlo, deseando que el trío creyera lo que le había dicho.
—Ella tiene razón Harry— apuntó Hermione que la había escuchado detenidamente.
No tenía idea de si esa era la verdadera razón o no, pero sabía muy bien que una mujer hacía lo que fuera por su ser amado aún si era un idiota como Draco Malfoy, viéndolo bien se dio cuenta de que últimamente se había convertido silenciosamente en su cómplice.
–Así que es mejor que ya te olvides del tema—.
Vely notó la complicidad en las palabras de la castaña y le regaló una sonrisa.
