CAPITULO IV- "Venganza"

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Ding-Dong

Atardecer. Montones de estudiantes se precipitan hasta un estrecho pero largo camino de graba, situado a un lado del edificio principal de la escuela.

La razón, o más bien razones de tanto alboroto tenían piel pálida, complexión atlética y ojos deslumbrantes.

Ahhh... la Clase Avanzada...

- ¡¡¡Son tan guapos!!!

- ¡¡¡Son tan listos!!!

- ¡¡¡Son... maravillosos!!!

Los gritos de pura emoción de colegialas y colegiales (los chicos también tenían ojos en la cara) llenaban todo el ambiente. Y en medio de toda esa presión, tres personitas intentaban contener la tormenta.

- ¡Quieta, no puedes pasar de ahí! - gritó Hikari Aizawa a una muchacha de primer grado.

De espaldas, la joven muchacha luchaba contra todos los enamorados de la Clase Diurna.

Y mientras tanto, Evangeline Turner y un agobiado Kaoru se unían a la misma causa.

Habían pasado tres semanas desde que Eva había llegado a la academia Touka (como abreviaban cariñosamente la mayoría de los alumnos) y la verdad es que se esteba adaptando muy bien a la clase diurna. Ya conseguía no dormirse en las clases (un gran logro para ella) y además se había hecho bastante amiga de aquella chica rubia que le había ayudado una vez, Ran. Total, el director Tozuoka estaba muy orgulloso de sus buenos resultados como guardiana, aunque por el momento nunca tuvo que realizar ninguna misión más allá de velar por la seguridad en los atardeceres.

Al mirarla allí, entre empujones y codazos para contener a la marea de gente, con el pelo revuelto y gritando para hacerse entender, cualquiera hubiera puesto la mano en el fuego por que ella era una alumna corriente, más guapa y elegante que las demás pero al fin y al cabo... humana.

Pero por supuesto, se habría quemado.

- ¡¡¿¿Dónde se ha metido ??!! - exclamó desesperada, al comprender que Derek Aizawa llegaba tarde por séptima vez... en una semana.

Kaoru intentó responder pero un chico le dio un golpe con la libreta de firmar autógrafos y por poco le deja sin sentido.

Por fin la Clase Avanzada se alejó y los tres respiraron tranquilos.

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Los tres Líderes de Comité de la academia Tozuoka miraron a Derek con recelo.

Uno era una mujer, conocida por todos como miss Azuka. Parecía excesivamente joven para ejercer su puesto, cosa que se atenuaba viendo la larga trenza en la que estaba atado su cabello negro.

Otro miembro era un señor maduro, de pelo y barba muy corta blanquecinos pero con una mirada tan penetrante que daba escalofríos. La gente le llamaba Líder Q, a pesar de que nadie sabía su verdadero nombre.

Por último, estaba también un joven algo extraño, con gafas y el pelo largo, fino y castaño recogido en una cola. Muchos aseguraban que sus ojos cambiaban de color casi cada día. Su nombre era Líder Raiden.

A Derek no le gustaba ninguno de ellos.

Hace ya muchos años, el director se había visto en serios problemas con la reciente inauguración de la "Clase Avanzada". Muchos vampiros nuevos se descontrolaban fácilmente, y a pesar de que en aquella época también había guardianes entre los alumnos, resultaron no ser suficiente. Por ello, el director Tozuoka decidió formar un comité de sabios para que le ayudaran en la administración de la escuela, tal y como si fueran "jefes de estudio" o algo así.

Eso sucedió hace tan solo cinco años.

Y desde entonces, coincidiendo con la llegada de la nueva generación de la Clase Avanzada, el propósito de conseguir la paz entre vampiros y humanos parecía cada vez más cercano.

- Buenas noches, Aizawa-kun – saludó muy amablemente el Líder Raiden, sonriendo como solía hacer siempre.

Derek no contestó, pero ninguno de los líderes hizo el menor gesto de molestia.

El director Tozuoka estaba sentado en su gran sillón, precedido por el escritorio de madera.

- Derek-kun, sientimos haber interrumpido tu trabajo como guardián, pero hemos recibido una alarma urgente – explicó el director juntando las manos – Al parecer un vampiro de la Clase Avanzada no ha acudido hoy a la primera asignatura de la noche.

- Creí que era obligatorio – dijo Derek.

- Exactamente, "guardián" Aizawa – murmuró miss Azuka – Ese es el problema.

Se hizo un silencio.

- Ya veo – contestó secamente Derek - ¿Lo sabe Ember?

- Por supuesto, seguro que mucho antes que nosotros. Después de todo, Marcus Ember es el amo del dormitorio de la Noche... es muy inteligente.

El hombre de mirada penetrante le entregó una brillante caja negra al joven castaño.

- Aquí tienes munición. Irás solo, Aizawa, así que ten cuatro ojos alerta. - dijo el Líder Q.

- ¿De verdad, coronel, cree que es necesario...? - empezó el director, mirando tenso la pistola que Derek guardaba en su chaqueta.

- Director, no es momento de sensiblerías. Le dije que ella nos traería problemas, dado su origen. Pero... - su tono se volvió enojado – usted tenía que abrirle las puertas con una sonrisa. Puede que a estas horas más de una persona lo haya pagado caro... con su vida.

No se habló más, el director suspiró con tristeza y Derek se dio la vuelta.

Por cierto, Aizawa-kun – dijo el Líder Raiden – La dirección dice que está "realmente" fuera de control, que ya está en Rango C... supongo que podrás aprovecharte de la situación.

Derek apretó los dientes y no replicó. Al cruzar la puerta del despacho para cumplir la misión, un millón de sentimientos se cruzaron por su mente. No era exactamente lo que buscaba... pero había esperado mucho tiempo.

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Como cada noche, Evangeline no podía dormir.

Era una criatura nocturna, y por lo tanto el trabajar durante el día le suponía un esfuerzo enorme, además de que aunque ella fuera "distinta" el sol también le desagradaba y le molestaba como a cualquier otro vampiro.

Hoy incluso estaba más inquieta de lo normal. No había visto a Derek en todo el día y ni siquiera Hikari sabía dónde podía estar su hermano.

Vamos,¿realmente me preocupa ese estúpido mortal?

...

Vale, sí, me preocupa... Últimamente estaba muy raro...

Eva no podía dejar de pensar esas cosas. En tres semanas se había creado un pequeño lazo entre ella y el guardián. No sabía si seria a causa del odio, del deber o del pasado que compartían juntos, pero debía admitir que no le haría ninguna gracia si le pasara algo malo.

Así pues, Eva salió al jardín para despejarse un poco. Y allí, para su sorpresa, encontró a Haru.

- ¡¡Eva!! - exclamó el joven vampiro lanzándose encima de ella y casi tumbándola al suelo del abrazo. Aunque parecía muy delgado, escondía una gran fuerza.

- Buenas noches, Haru... - le respondió ella, frunciendo el entrecejo al notar algo.

- ¡Oh! ¿Y esa cara de mal humor? ¿Soy el único aquí que sonríe de vez en cuando?

- ... ¿Qué te pasa a tí? Te veo nervioso.

Haru ladeó la cabeza y después apareció un gesto de entendimiento en su rostro.

- Es que... hay un problema esta noche...

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Las calles estaban frías, pero aún así, al no ser noche cerrada todavía, mucha gente daba el último paseo antes de llegar a casa.

Pero Derek sabía que estaba cerca. Lo sabía por el olor, el olor que nunca olvidó...

Torció por una calle a la derecha y llegó hasta una pequeña plazoleta sin salida, con una vieja fuente en el medio.

Aparentemente, no había nadie. Aparentemente.

Cassandra Rou no siempre había sido una vampiresa. Tras nacer, sus padres le buscaron un lugar para olvidarla y le dieron en adopción. Pero nadie quería a la extraña y solitaria niña de cabellos rubios. No era especialmente lista, ni habilidosa, ni agraciada. No sobresalía en nada.

- Es que es tan tímida... y no habla... - decían algunos adultos decepcionados.

Los años pasaron y a medida que Cassandra crecía, disminuían sus posibilidades de salir algún día de aquel horrendo orfanato. Hasta que al final se le acabó la esperanza. Hasta que dejó de suplicar a Dios la vida a la que tenía derecho.

Y cuando eso ocurrió, se intentó quitar la vida. Sin embargo, una mano le detuvo en el último instante. Una mano pálida... la mano de un vampiro.

Alguien que le vendió una segunda oportunidad de ser feliz.

- Sabía que me encontrarías... cazador – murmuró la voz rota entre las sombras – Siempre lo supe...

A sus pies se amontonaban tres cadáveres horriblemente heridos.

Derek hizo una mueca de asco.

- ¿Te sientes orgullosa de eso? - marcó cada palabra al hablar.

Una risotada grotesca surgió de las sombras.

- Por algún motivo, ahora mismo recuerdo el sabor exacto de la sangre de tus padres... Te querían mucho, ¿sabes?

Al instante siguiente la vampiresa estaba inmovilizada en el suelo, con la pistola demoníaca de Derek apuntando en su cabeza. La expresión de él era indescifrable.

Cassandra parecía de verdad un monstruo. Los colmillos le habían crecido muchísimo, y su bonita piel estaba ahora arrugada como un saco. Los ojos casi se le salían de las órbitas.

Una bestia acorralada. Un vampiro de Rango C.

- Eso es – dijo siseando – Mátame. ¿No es eso lo que tanto querías, Derek?

No contestó.

- Mírame... soy un animal... una sombra... en esto se convierten los vampiros de origen humano... ¿cómo era? ¿Rango D? ¿o era Rango F?

- Cállate. Has perdido tu conciencia. Solo te queda el instinto de los depredadores.

- Sí... soy lo peor,¿ no crees?

De pronto Cassandra agarró con firmeza a Derek por la muñeca y lo lanzó al suelo, cayendo la pistola lejos de su alcance. Él maldijo en voz baja mientras la ex-vampiro se abalanzaba sobre él con un rugido.

Agarró del suelo una barra metálica proviniente de una tubería cercana y la interpuso entre los dos. La baba de Cassandra le caía sobre la cara y él trataba de que no le mordiera. Al fin consiguió sacársela de encima con un golpe contundente en la cabeza, y se levantó muy deprisa para coger su arma instantes después.

Sin embargo, cuando se volvió, ya no había nadie.

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La sombra paró de huir al sentir una presencia tras ella.

- ¡Tú! - siseó aterrada - ¿Qué quieres?

El extraño la miró con repugnancia.

- No eres lo que esperaba, Cassandra.

- Déjame. Solo tengo sed ahora mismo.

Una risa macabra inundó el ambiente.

- ¿Sabes? No pensé que aguantarías tantos años antes de acabar en Rango C... Supongo que debiste sufrir mucho, "querida"...

El monstruo Cassandra no contestó. Aunque deseaba lanzarse sobre él y devorarlo, una parte de ella, la única que quedaba de la antigua vampira, la hacía tener un miedo terrible a aquella silueta oscura. Pero ¿por qué? Su nueva mente animal no podía razonarlo.

Pero tampoco le hubiera dado tiempo de intentarlo.

- Lo siento, "querida".... Ya no eres útil, tienes demasiada información... y ¿sabes? siempre he odiado ese tinte de pelo tuyo...

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Cuando Derek localizó al fin a la fugitiva presa, se quedó completamente paralizado.

En el medio del callejón, cubierto de sangre, se hallaba el cuerpo inerte de Cassandra.

- ¿Pero qué coño...? - murmuró, agarrando con fuerza la pistola en su mano derecha.

Se acercó con precaución.

- ¿Ca... cazador? - preguntó agonizante y con una voz casi inaudible ella.

Al verla de cerca Derek descubrió sorprendido que en los últimos instantes de vida, Cassandra había vuelto a su forma física anterior... y un brillo de lucidez en sus ojos cansados revelaba que también había recuperado su conciencia. Las heridas eran muy profundas... no se podía hacer nada.

Derek movió los labios como para formular una pregunta, pero ella le interrumpió.

- Escucha... mortal... Ha-hace unos seis o siete años... un vampiro... me dio la oportunidad de vivir... de convertirme... en uno de los suyos... a cambio... - Tosió sangre violentamente – a ca-cambio de convencer a los de mi grupo pa-para destruir una familia en par-particular... tu familia, Derek...

¿Acaso está delirando?

Derek sintió que le daba vueltas la cabeza. ¿Cassandra estaba intentando explicarle que alguien había querido asesinar a su familia?

- P-Por favor, no seas idiota... las cosas... las cosas en la academia... no son lo que parecen... nada lo es...

- ¿Por qué? ¿Por qué me cuentas esto ahora, vampiro? - musitó Derek muy tenso.

- Ah... su-supongo... que cuando algo acaba... pien-piensas en cómo empezó....

Derek la miró. No tenía palabras.

- Hazme un favor, mortal... acaba conmigo... no quiero sufrir... más...

Lentamente, como en trance, el castaño sacó el arma contra vampiros y apuntó a la frente de ella.

Unas lágrimas recorrieron el bello pero ensangrentado rostro de la mujer.

- Al menos... ya no tendré que matar... a nadie más...

Un disparo resonó en el aire de la noche.

En ese momento, unos ojos azul pálido llegaban a tiempo para ver a Derek Aizawa de pie, junto al cuerpo sin vida de una vampiresa.

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Espero que os haya gustado. Ya veis que las cosas se van poniendo interesantes... aunque las piezas del pasado de Derek aún tardaran en encajar...

¡Nos vemos en el próximo! ¡Dejad reviewss!