Disclaimer: YOI no me pertenece. Si me perteneciera tendría dinero para ir a Canadá(?)
Advertencia: este fic contiene BL y contendrá a futuro yaoi, violencia, angst y una que otra mala palabra junto con temas subidos de tono. Si te sientes incómodo/a o no te gusta la temática, eres libre de cerrar esta pestaña y buscar algo más acorde a tus gustos para leer! Rated M para el futuro aunque apenas vamos en la parte suave como algodón.
Sueños Infantiles
Durante la temporada de invierno en la escuela, los deportes que tenían que ver con el hielo tenían la posibilidad de brillar. Cuando se trataba de patinaje sobre hielo, solían hacer alguna competencia con las chicas que lo practicaban y una presentación final donde aparecía también el único integrante masculino del club. O eso había sido hasta que se unió a ellos el kazajo. El tener al menos dos chicos permitía que ellos también hicieran alguna competencia, o al menos de eso se encargó Leroy apenas tuvo la oportunidad.
Tenía que aceptar de que a pesar de que fueran amigos -lo cual era sin duda la mejor de las novedades en su vida- esto no significaba que no quisiese competir contra él y dado que los eventos oficiales no permitían el ingreso de un estudiante de intercambio, JJ se las había ingeniado para que fuera considerado como sano entretenimiento en la escuela el armar una competencia entre ellos dos. Su emoción los días previos había sido exagerada, pues él tendía a hacer todo a lo grande y cuando llegó el día tan esperado ambos salieron a la pista, vestidos como era apropiado y por turnos fueron presentándose.
El que tenía más carisma de los dos, parecía ser Leroy pero a pesar de que el rostro del kazajo no era precisamente un pozo de sentimientos, su cuerpo comenzaba a mostrar lentamente lo que llegaría a ser un día cuando completara su propia forma de demostrar lo que sentía cuando se encontraba sobre el hielo.
La competencia de ese día tuvo un claro ganador, aunque ambos habían logrado la ovación del público. Y apenas pudieron despedirse se dirigieron a los camarines para cambiarse de ropa y asearse. El canadiense parecía extrañamente callado en lo que llegaban a las duchas, preocupando ligeramente a su compañero que se atrevió a preguntarle qué era lo que ocurría, o al menos qué pasaba por su mente.
El mayor no se tardó mucho en responder cuando estuvieron al fin solos. Luego de ver que no hubiera nadie cerca, acorraló a su rival y su boca ansiosa y torpe en principio comenzó a besarlo. A diferencia de la primera vez que lo había hecho, y similar a como había ocurrido durante los últimos meses, pronto recibió la respuesta esperada. Altin se tardaba cada vez menos en comenzar a corresponderle.
Cuando se separaron por falta de aire, todavía les faltaba práctica, la sonrisa parecía nacer en Otabek y morir todavía más pronunciada y brillante en el rostro que tenía casi al frente.
–¿Por qué fue eso, Jean? –preguntó con su usual tono monótono el más bajo, aunque si se le miraba atentamente se podía atisbar el brillo diferente que cargaban sus ojos.
–Te estoy felicitando por casi ganarle al rey –el ego usual del chico hizo que se ganara un golpe y ambos terminaron riendo antes de ir a cambiarse.
Los besos que primero habían sido robados, se fueron convirtiendo poco a poco en besos compartidos. Cada vez que tenían la oportunidad, cuando estaban solos, incluso cuando sabían que pronto estarían cerca de la gente. El contacto se había vuelto adictivo para ambos. Nunca cruzaban más allá de esa línea, de momento todos eran besos castos, ansiosos pero inocentes, apenas estaban descubriendo el arte de unir sus labios.
Jean-Jacques guardaba como un feliz e importante momento, la primera vez que había logrado ser correspondido por Altin. Unas semanas después del cumpleaños a finales de Octubre, en el camino de regreso a casa y bajo la sombra de un árbol, fue capaz de pedir permiso para intentar de nuevo lo que ya había hecho. Esa vez fue más lento y pausado, la duración del contacto fue mayor, y por lo mismo pudo sentir como los labios igualmente inexpertos del otro chico se movían contra los suyos llenando su corazón de una dicha indescriptible. Desde ese momento ya no hubo marcha atrás, solo avances.
No estaba seguro de si tenían algo entre ellos, no era nada oficial pero definitivamente no eran simplemente amigos y se sentía bien. Más que bien. Dado que ahora se conocían mejor, no fue extraño que las visitas a su casa se volvieran seguidas y que sus padres se sintieran felices de tener al kazajo entre ellos como un miembro más de la familia. Jean se divertía con eso y aprovechaba las oportunidades usando a su madre de excusa para invitar al chico y que no pudiera negarse.
Ese día en especial, se encontraban en su casa. JJ se aseguró de hacer que Otabek llegara temprano a visitarlo por lo que tenían varias horas de ocio antes de que la comida estuviese preparada. Se encerraron ambos en el cuarto del mayor para hacer uso de los videojuegos que el canadiense tenía apilados aunque muy pocas veces los utilizaba. Al final se aburrieron rápido y terminaron viendo videos musicales mientras el que era ya un poco más alto intentaba copiar los pasos de baile.
Su acompañante no parecía muy animado para seguir la idea, aunque si sonreía a medias viéndolo moverse. Jean-Jacques entonces lo jaló de las manos para hacerlo moverse a su lado. Con dificultad logró tener al otro atrapado frente a él para moverse en conjunto. Exhalando pesado terminaron ambos por el esfuerzo y entonces el de ojos azules se dio cuenta de la poca distancia existente y buscó con sus labios el cuello ajeno para dejarle un beso en la parte de atrás.
Altin suspiró con el contacto, tratando de retener la respiración y toda demostración de que le gustaba la sensación, las manos contrarias se decidieron a tocarlo suavemente por las caderas y hacia arriba, pero el movimiento fue tan ligero, que el kazajo terminó soltando una ligera risa por lo que percibía en sus costados. JJ se detuvo entonces y se aseguró de mirarlo como las veces que se dedicaba a estudiarlo.
–¿Qué pasa? ¿Ahora te callas? –preguntó el menor mirándolo ligeramente nervioso.
–Mhm… creí que era mi imaginación, pero… ¿Es mi idea o eres cosquilloso?
Otabek dio un brinco en su posición para alejarse del chico y ponerse en guardia. Si había algo que tenía claro, era que su cuerpo ya no era del todo rival para el del mayor. Y por lo mismo no tendría modo de defenderse efectivamente en caso de un ataque.
–Uh… Tan lindo, espera, no tienes que temerme –intentó sonar confiable pero no tuvo caso pues la mirada de rechazo ya era evidente en el contrario.
JJ se acercó al otro patinador, con claras y malas intenciones, pero finalmente se encontró con su rostro siendo tomado por las manos ajenas en lo que le plantaba un beso que le robó el aliento, las ideas, y toda clase de propósitos incorrectos que tuviera.
–No te atrevas –advirtió el chico.
–Si me das más de esos no volveré a mencionar tu debilidad –comentó con descaro el rey y se llevó primero un golpe y después otro beso.
Era realmente difícil detenerse una vez comenzaban. Lo supieron una vez que pasaron de estar de pie deleitándose con los labios del otro hasta llegar contra la puerta de la habitación de Leroy donde se aseguró de tener sin mucho movimiento a su querido invitado. Sus manos fueron más inquietas esta vez y se metieron por debajo de la camiseta del kazajo quien le clavó los dedos en los hombros por el nerviosismo que le provocó ese contacto. Altin se apartó de la boca de Jean, pero solo para armar un camino de besos hasta el cuello de su compañero, algo que no habían hecho todavía y que definitivamente debería haber probado antes pues se sentía delicioso, más cuando escuchó los suspiros del contrario.
–¡JJ, Otabek, está lista la comida! –el grito de la señora Leroy les hizo separarse de golpe.
Se miraron, agitados, y terminaron con un ataque de risa en lo que intentaban recomponer la ropa que había quedado más desarmada de lo esperado. Casi trotando bajaron las escaleras para participar de la comida familiar. Todo fue tan ruidoso como siempre, hasta que los hermanos pequeños de Leroy decidieron que era momento de levantarse a jugar dejando solo a los mayores allí sentados.
–Bien, nosotros también nos disculpamos. Estaremos en mi habitación antes de ir a dejar a Otabek a su casa –explicó el mayor haciendo el intento de levantarse de la silla.
–JJ, espera, tenemos que hablar de un tema –dijo su padre.
Alain Leroy no solía dar charlas, pero en ese momento puso una cara que heló la sangre de su primogénito quien volvió a sentarse. No se atrevió a mirar a Altin, pues temía que tuviera que ver con él y con las cosas que hacían últimamente y que no eran una práctica común entre amigos. ¿Su padre los habría visto?
–Los dejaré hablar, te espero arriba, Jean –informó el menor que se sintió un poco fuera de lugar y que recibió una sonrisa y un asentimiento a modo de despedida de Alain.
–¿Qué es lo que pasa, papá? ¿No lo podemos hablar después? –preguntó el rey, había dejado ir con una expresión apenada a su invitado.
–Tiene que ser ahora, estoy preocupado por cierto rumor que escuché de tu colegio. ¿Todavía tienes contacto con el chico de los Gauthier?
–Pues sí, es nuestro compañero, ¿Qué pasa con él? –sin entender palabra, Jean se quedó esperando que su padre le dijera de una vez que era lo que pasaba.
–Me informaron durante esta tarde que decidió declarar que… ah, qué difícil. De la nada decidió decirle a sus padres que era homosexual y que tenía una pareja, un hombre horrible como cinco años mayor. Sinceramente no tengo nada contra esas personas, pero preferiría que tú como una figura pública no tengas relación con esos problemas, ¿Me explico? Ahora tienes al joven Altin, su amistad es buena para ti. No necesitas buscar a otras personas que puedan manchar la imagen que nos hemos esforzado por mantener como familia.
A medida que escuchaba, Jean-Jacques se sintió palidecer. De pronto quería vomitar todo lo que acababa de consumir. Lo único que logró hacer luego de quedar literalmente sin palabras fue asentir brevemente y disculparse para ir a buscar a Otabek.
Para su sorpresa su compañero se encontraba justo en la habitación de al lado ayudando a sus hermanos con un juego. Solo le bastó ver su cara para notar que había escuchado todo lo que su padre había dicho. En silencio subieron para ir a buscar las cosas y luego de despedirse de la familia, el canadiense acompañó a paso lento a su amigo en dirección a la casa donde vivía actualmente.
–Otabek… Sobre mi padre, pues… –intentó iniciar la conversación el mayor aunque realmente no sabía qué decir.
–No tienes que decir nada, es una opinión válida y aunque no la comparto, sé que se preocupa por ti –la voz demasiado firme que utilizó Altin le revolvió el estómago de nuevo.
–Mhm… Sé que se preocupa por mí, sobre todo desde que apareció la posibilidad de entrar a una banda pero… –se quedó finalmente callado al no saber cómo continuar.
El kazajo guardó silencio completo en esos momentos. Su cabeza también se encontraba terriblemente revuelta después de lo que había escuchado en la casa de los canadienses, se sentía agradecido por la buena opinión que tenían de él, pero comenzaba a sentir que era solo por lo que creían ver que existía entre ellos.
Finalmente llegaron a la puerta del chico quien se giró para despedirse como siempre lo hacían, ya estaba oscuro así que era normal que terminaran aunque fuera con un pequeño beso, con expresión tranquila esperó mientras el mayor llegaba a su lado. Lo que recibió fue un apretado abrazo que le cortó la respiración.
–¿Jean…? –preguntó sin entender.
–No es nada, solo… Nos vemos mañana –fue todo lo que dijo el canadiense.
Otabek se quedó allí de pie, mirándolo sin entender cuando ya comenzaba a caminar en la dirección opuesta. Suspiró con pesadez queriendo creer que no tenía que ver con lo ocurrido antes en la casa del otro patinador.
–¡Beka, espera! –la voz conocida le hizo girarse y se encontró con que el joven ya había cortado toda la distancia que había avanzado para alejarse.
El choque necesitado de sus bocas fue suficiente para hacer que el silencio llenara el lugar. En esos momentos el kazajo agradecía vivir solo, pues no tenía quien los interrumpiera. Sus manos se sostuvieron de la chaqueta del rey para que no huyera tan rápido y con expresión ceñuda lo miró. No entendía qué le pasaba.
–Todo va a estar bien, ¿Me escuchas?
No supo cómo fue capaz de decir eso pero sí tuvo claro que él mismo necesitaba escucharlo. Oírlo y de paso ser capaz de creerlo. Lo vio asentir y ya se despidieron del todo, el canadiense se perdió en el camino y él entró en el solitario lugar que habitaba. Se apoyó después en la puerta cuando la cerró y solo entonces pudo notar como temblaban sus propias manos. ¿Qué estaba pasando con él? ¿Qué pasaba con ellos? No quería llegar a conclusiones ni quería pensarlo antes de tiempo, pero la opresión en su pecho se sentía como si acabaran de clavarle una espina y en vez de lograr sacarla, esta amenazaba con introducirse todavía más profundo, calando con ello sus esperanzas.
El hilo del destino se había tornado del más hermoso color rojo, segundos antes de que una afilada tijera amenazara con hacerlo ceder a la presión.
Notas Finales:
Hola de nuevo! Gracias por leer si llegaste hasta aquí.
Como acabamos de ver, comienza el angst para nuestros queridos protagonistas, todo por una simple conversación familiar de los Leroy. Para explicar, según mi headcanon, Alain Leroy es una persona relativamente conservadora con lo respectivo a su familia, quiere nietos y todo, por lo que ver a su hijo como posible homosexual es algo que no se imagina ni de broma y esta conversación marca el punto de inicio del desastre.
En general, la conversación del final se produce tiempo después de que JJ cumpla los 16 años, pero antes del cumpleaños de Otabek, así que tienen 16 y 15 respectivamente. También resaltar que JJ está al borde de lanzarse a la fama en el lado musical de la vida (Por si se preguntaban acerca de ese tema).
Este capítulo fue beteado por Maiev-S, thank you very very much!
Muchas gracias por darse el tiempo de leer, y todavía más gracias si me dejan una galleta u opinión de la historia.
Saludos!
