Capítulo 4: Solo curiosidad
-Me… ¡me gustas mucho!-La chica de pelo rojizo cerró sus ojos fuertemente. Su cara roja demostraba que estaba muy nerviosa. Los puños apretados al costado de su cuerpo seguían temblando. Seguiría hablando.-Por eso… quisiera que salgamos juntos. ¡Yo te amo!
Fue solo entonces cuando Sherlock presto atención a lo que decía.
"Amar" no entendía muy bien ese verbo aplicado sobre una persona desconocida que no fuera un pariente. Nunca había querido a nadie. La curiosidad de saber que sensaciones producía ese sentimiento muchas veces le invadió la cabeza. Hace mucho lo descarto. Tal vez tenía una oportunidad para tener un conocimiento más exacto de ese extraño sentimiento. La pelirroja no alzó la mirada, parecía respirar algo agitada. Sherlock suspiro resignado, era obvio que en ese estado la chica no le respondería de una forma coherente. Decidió que lo mejor era preguntarle a John.
-Lo siento pero no me interesas.-la frase era casi trillada. Era una oración que usó muchas veces y era la mejor para deshacerse de ese tipo de situaciones.
La chica al fin lo miró de frente, con lágrimas en los ojos, y antes de que pudiera decir nada mas Sherlock estaba alejándose de ella. El moreno ni siquiera volteó cuando la chica lo llamo un par de veces. "Típico" pensó mientras regresaba al antiguo salón de música. Fue una pérdida de tiempo. Culpa de John, casi lo había obligado a ir a ver a la pelirroja, Sherlock sabía muy bien lo que esa niña quería pero a pesar de todo fue. John se lo pidió encarecidamente, bueno en realidad al principio no accedió pero el rubio estaba tan furioso que no quiso pelearse por una tontería.
Apenas abrió la puerta John salto de la mesa donde estaba sentado para acercase a su amigo.
-¿Y?-
-¿"Y" qué?
-¿Que paso con Marie?-John se acercó al moreno que siguió de largo para sentarse en una silla que daba al ventanal
-¿Quién es Marie?-Preguntó tranquilo, John rodo los ojos molesto-¡oh sí!, la chica pelirroja. Nada, la rechace obviamente.
-¿Ni siquiera sabias su nombre?, es una compañera de curso.-Espetó John, volvió a sentarse sobre una mesa cercana- ¿Y qué te dijo?
-No seas chusma.
-No lo soy…-dijo casi ofendido- es solo que en la mañana estaba como loca, dijo que yo era el único que podía convencerte ya que te había citado varias veces y nunca le habías respondido.
-Sera tonta, obviamente la estaba rechazando indirectamente.-Sherlock miró por la ventana. El paisaje estaba adornado por una parejita que se abrazaba mientras caminaba en el patio.
John decidió no preguntar nada más, esos eran los momentos en los que Sherlock se perdía en quién sabe dónde de su extraña y fascinante mente. El rubio aun recordaba lo que le había dicho Marie, cuando se negó a servir de puente entre ella y su amigo, "¡Entonces los rumores son ciertos! ¡Sedujiste a Sherlock y están saliendo juntos!" Si su compañera hubiera sido un hombre John le habría saltado enzima por decir una estupidez como esa. La chica se había puesto a lloriquear y no pudo más que acceder a su capricho. Ese tonto pedido le hizo reflexionar acerca de su amistad con el moreno ¿Desde cuándo estaban tan unidos?
Tres meses habían pasado desde el incidente con la campanilla de oro. El director no entendía cómo es que el objeto robado había vuelto a su lugar. John no le pregunto a Sherlock y tampoco quería saberlo. Le hacía gracia, aunque debía admitir que se le paro el corazón cuando vio saltar a Sherlock detrás de Marcus. Desde ese día se juntaban a charlar en la fuente. A John le gustaba estar con Sherlock y a Sherlock le gustaba estar con John, nunca establecieron una fecha para el inicio de su amistad, era como si siempre hubieran sido amigos.
No les importo lo que los demás dijeran, era estúpido ponerse a dar explicaciones. En una ocasión Sally quiso abrirle los ojos al rubio. Casi había obligado a John a ir detrás de uno de los edificios de la escuela y decirle lo malo que era estar con Sherlock Holmes. Por supuesto el moreno se dio cuenta y los siguió. Nunca se había sentido más feliz como esa vez. John no solamente la estaba poniendo en su lugar sino que también lo estaba defendiendo. Se dio cuenta que estaba sonriendo tontamente y se regañó mentalmente. Esas cosas no deberían hacerle sentir feliz, de todos modos John era fantástico.
Sherlock le enseño al rubio toda la escuela, el complejo era grande y tenía muchas canchas así como también patios y jardines con una gran variedad de flores. A John le encantaba esos lugares, era un romántico. Sherlock se burló en muchas ocasiones de eso, logrando que el rubio se molestara. Pero esos enojos nunca duraban, John siempre se sorprendía por algo que Sherlock dedujera y todo volvía a la normalidad. Sin embargo había un lugar especial que ambos adoraban, era el pequeño bosque donde se habían hablado por primera vez. Había arboles de todas la clases, abundando unos altos los cuales John no recordaba el nombre y siempre le preguntaba a Sherlock. El moreno cansado de recordárselo no quiso decírselo más.
El salón donde estaban en ese momento era el antiguo salón de música, que había sido abandonado por uno más grande y bonito. Quedaba casi en la punta más alejada del centro del colegio, tal vez por eso lo dejaron de usar. Lo único que había quedado era un piano grande y viejo y algunos instrumentos de cuerda. John los había visto todos, claro había sido Sherlock quien se los enseño. Al moreno le encantaba la música y había tocado varias veces el violín para John. Sherlock realmente era un chico prodigio. No solo era uno de los mejores alumnos de ese colegio sino que también una figura respetada por algunos profesores y odiado por otros, que eran la gran mayoría. Cada día sorprendía al rubio quien no se cansaba de decir que Sherlock Holmes era brillante, sin contar sus variados defectos. Pero eso no opacaba su genialidad.
-John ¿qué es el amor?-La pregunta del moreno tomo por sorpresa a su amigo que casi cae de la mesa donde estaba sentado.
-¿A qué viene esa pregunta?-dijo John mientras se recuperaba del impacto.
-Nada solo curiosidad… Además una persona tan propensa a emocionarse con simples flores debe saber más sobre el "amor" que yo.
-¿Esa es tu forma de decir que soy cursi?- John ya se lo veía venir, aquí estaba otra vez el Sherlock nuestro de cada día.
-Además, pero sobre todo porque la tal Marie me dijo que me amaba. Apenas sabía de sus existencia y la vida de ella parecía que girar en torno a la mía desde hace mucho.
-Déjalo Sherlock, no creo que entiendas algo como eso, tu cerebro se quemaría tratando de descifrar algo tan humano.-El rubio empezó a reír.
-¿Y esa es tu forma de decirme máquina…?
-Esa es mi forma de decir que lo dejes porque ya es hora de volver a clases.-John rio otra vez y tomo a su amigo del brazo para arrástralo a el salón.
- ¿Alguna vez amaste…?
John se detuvo súbitamente. No respondió nada y luego de un momento volvió a caminar.
-¿No responderás?
-No hace falta…camina o nos regañaran por llegar tarde- un deje de tristeza pareció asomarse en su rostro-…Ah sí, ya sé cómo voy a llamar a esos árboles del parque.
-¿Eh?
-Sí, los arboles del pequeño bosque. Ya no hace falta que me digas su nombre, para mí solo serán: "Arboles del cielo azul"
-Pero ese no es su nombre…además no respondiste….- El moreno no pudo continuar, habían llegado al salón.
Sherlock le preguntó acerca del amor a John una par de ocasiones más. Por lo general el rubio se mostraba renuente a responder si había amado a alguien aparte de su familia. El moreno se sentía molesto, ¿por qué su amigo se negaba a hablar de eso? Y lo más importante ¿por qué le molestaba eso a él?
-¡Hola John!-Un rubio alto y de ojos verdes apareció en la ventana del salón de Sherlock y John. El moreno suspiro resignado, Sebastián Moran no se resignaba. Estaba convencido de meter a John al club de Básquet.
Si bien John Watson era un chico más bajo que sus compañeros, aunque no el más bajo, recientemente había revelado que cuando niño jugaba al básquet y era un gran jugador. Muchos no le habían creído pero él no dudó en demostrarles a sus compañeros que lo bueno venía en paquete pequeño. Un día de esos se decidió a desafiar a uno de los jugadores del club de Básquet, que media treinta centímetros más que él. Con agilidad y destreza logró anotar sobrepasando al grandote. Sherlock no pudo evitar quedar boquiabierto. Para él John era perfecto. Era desafiante, valiente y no le gustaba perder. El rubio había demostrado que era capaz de todo. Desde ese día Sebastián no paró de invitarlo al club de básquet del cual obviamente era capitán.
En esta ocasión Sebastián estaba siendo más persistente. John parecía pensárselo.
-Hay muchos chicos hábiles en ese juego y muy altos- Interrumpió Sherlock- por qué no se lo pides a uno de ellos.
-Hola Sherlock ¿Cómo van las cosas?, oí que ya no tienes tantos problemas con tus compañeros. – Dijo Sebastián mirando al rubio- Parece que John te hizo bien.
John bajo la mirada apenado. Al ver la reacción de su amigo Sherlock se enfureció. Una sonrisa fingida apareció en su rostro.
-Sigo siendo el mismo Moran, no soy como cualquiera de ustedes- El moreno no midió sus palabras. Y tarde se dio cuenta, John lo miraba con algo de decepción. Sin querer lo había metido en esa bolsa de personas aburridas y faltos de inteligencia.
-No sucede nada Seb- John sonrió y volvió al tema de discusión-Sé que te parecerá raro pero de verdad no creo que pueda cumplir con la rutina del club de Básquet. Siento ser desagradecido por tu invitación pero no puedo entrar al club.
-Vamos amigo-Seb atrapo a John con un brazo. Sherlock sintió que la bilis le estaba rebasando- No te preocupes por el tiempo, con tal de que pertenezcas al equipo. Aquella vez nos dejaste con la boca abierta ¿no es cierto Sherlock?
Sherlock se mostró ofendido. Volteó la mirada.
-Bueno los dejo, tengo que atender algunos asuntos en dirección. John soy muy persistente. Así que piénsatelo ¿quieres?-Sebastián se fue con una gran sonrisa en su rostro dedicada solo a John quien suspiró cansado. El rubio volvió a su asiento y detrás de él estaba Sherlock, quien hizo lo mismo.
-¿Entraras al club de básquet?- Sherlock empezó a hablar ansioso por saber si John se había enojado por lo que había dicho.
-¿Eh?- el rubio se giró en dirección a su amigo-bueno me gusta el básquet pero no quiero agregar más cosas a mi rutina. En realidad solo quiero concentrarme en los estudios.
-Pero realmente te gusta.
John rio un poco. Como engañar a su amigo.
-Sí, es verdad. Tienes razón, pero es un sueño pasado. Cuando era niño el básquet era mi vida. Lo jugaba todo el tiempo, todos decían que por mi altura no jugaría bien pero les demostré lo contrario. Viste lo que paso la otra vez. Bueno esos es gracias a que siempre quise ser basquetbolista y entrenaba mucho.
-¿Y por qué dejaste de hacerlo si tanto te gustaba?-A pesar de su poder de deducción no podía negar que John siempre lo sorprendía.
-Cosas…-Su mirada se perdió en el vacío-mis prioridades cambiaron.
Sherlock decidió que no debía preguntar más de ese asunto. Quería que fuera John quien le contara cuando quisiera hacerlo. A pesar de ser jóvenes John parecía tener un pasado extenso y lleno de experiencia que nunca le conto. Tal vez pronto lo haría. O eso esperaba. Saber cosas de John era divertido, estar con él era divertido.
La biblioteca era un buen lugar para pensar. Lejos del asedio de su hermano y la servidumbre. Sherlock ojeo la primera página del libro de botánica para pasar a la segunda pero después de un rato volvió a la misma. Maldecía por dentro. No podía concentrarse, solo quería leer con tranquilidad pero sus propios pensamientos le estaban jugando en contra. Estaba molesto consigo mismo. A pesar de que quería disculparse con John por lo que había dicho su orgullo pudo más y dejo pasar la oportunidad. Aunque agradeció que el rubio no se enojara.
Había visto un poco del pasado de John con el relato sobre el básquet. Pero era una pequeña parte nada más. Decidió que no preguntaría más pero la curiosidad era demasiado fuerte. Durante esa semana se había visto tentado a ir hablar con su hermana. A diferencia de John era una chica muy ruidosa y casi molesta al hablar. Rodeada de un grupo grande de chicos y chicas, no parecía interesarle las clases en lo más mínimo. Lo único que tenían igual era la apariencia y el apellido.
Decidió volver a su habitación. Todo era tan aburrido. Incluso sus experimentos habían sido prohibidos por su madre. Los sirvientes se habían cansado de limpiar el salón principal, y no dudaron en quejarse con la señora Holmes. A Microft no le molestaba porque siempre estaba fuera en algún asunto del reino. Solo venía a almorzar o cenar cuando podía o simplemente para molestarlo.
Tomó su celular del escritorio y se tiró en su cama. John no le había respondió a su último mensaje. Volvió a enviarlo.
Me aburro. ¿Qué estás haciendo?
S.
¿Estas estudiando para el examen de mañana?
S.
Si no respondes empezare a llamar.
S.
Espero un momento más y como no hubo respuesta empezó a marcar pero antes de que terminara el celular timbró.
Sherlock, si sabes que estoy estudiando no deberías molestarme ¿No crees?
J.
Lo sé pero estoy aburrido, ese tema ya lo sé memoria.
S.
Pues yo no tengo tu inteligencia. Así que no molestes
J.
John dejo su celular sobre la repisa, teniendo la esperanza de que Sherlock lo dejara estudiar. Antes de que pudiera sentarse el teléfono volvió a sonar. A veces Sherlock se ponía muy pesado y ese no era el día para cumplir sus caprichos ya que debía estudiar para el examen de filosofía.
John, sigo aburrido.
S.
Miró el mensaje resignado. Sherlock no iba a dejarlo en paz. Pero se le ocurrió una idea. Como su madre le había enseñado una vez no había mal que por bien no venga.
Sherlock, ¿quieres venir a mi casa?
J.
La respuesta no se hizo esperar.
¿Lo dices en serio?
S.
Claro, si quieres. Podremos estudiar juntos y así me ayudas un poco.
J.
Por supuesto. Ahora mismo voy.
S.
John sonrió pícaro. Al menos se aprovecharía del talento de su amigo y entendería un poco mejor.
Agradeció que Harry se hubiera ido a la casa de una de sus amigas. Si Sherlock y ella se cruzaran se armaría un desastre ya que su melliza era muy temperamental. Era seguro que reaccionaría ante las deducciones de su amigo. Miró la hora, eran recién la cuatro, tendría tiempo para estudiar y hacer la cena. A arreglo un poco el desastre que Harry dejó en el living y preparo unos bocadillos. Sherlock no tardó en llegar a su casa. Una limusina grande y negra se paró frente a su casa. Sabía que su amigo tenía un buen pasar pero no pensó que tanto. Bajo a recibirlo. Mientras salía pudo ver que Sherlock discutía con alguien. La persona que seguía dentro del móvil parecía sonreír ante las réplicas del moreno que ya estaba fuera. Se detuvieron cuando John se acercó. El chico dentro del coche abrió la puerta para salir, al mismo tiempo que Sherlock trataba de impedirlo con algo de disimulo. Al ver que no tenía remedio lo dejo salir.
Un chico bien vestido y de un gran porte salió y se paró frente a John quien no entendía nada.
-Así que este es el famoso John Hamish Watson-El chico alto y de pelo rizados igual que su amigo extendió su mano para saludarlo- Microft Holmes un gusto conocerte.
-Hola…-John miró a su amigo, parecía realmente furioso- er…
-Soy el hermano de Sherlock
-¿Terminaste Microft?-Sherlock casi se puso en medio de su hermano y John-Si ya terminaste podrías irte ¿no crees?
Microft no le hizo caso y siguió con su presentación.
-Es bueno saber que mi hermanito tiene un amigo como tú, bueno solo quería saludarte John. Nos veremos pronto- Microft sonrío y volvió al coche mientras Sherlock lo mataba con los ojos.
El coche largo y negro se alejó rápidamente.
-Sherlock...
-No digas nada.
John se estaba partiendo de la risa. Sherlock le había empezado a contar sobre las trágicas historias de Microft Holmes y los pasteles. Las cosas no habían salido como el rubio esperaba. No solo no estaban estudiando, sino que estaban encima del techo de su casa comiendo palomitas de maíz. Ya estaba atardeciendo. John no recordaba cómo habían llegado ahí pero no le importaba porque se estaba divirtiendo de lo más lindo con las historias de Sherlock.
-¿En serio se comió una torta entera el solo?-John no podía evitar las lágrimas en sus ojos.
-Así como lo oyes, no pudo evitarlo era de chocolate.
Ambos chicos empezaron a reír a carcajadas. Eran felices, no había necesidad de nada más que estar juntos y las cosas eran perfectas. Así pensaba John y así esperaba que su amigo Sherlock pensara. Cuando terminaron de reír sus miradas se cruzaron, ya solo sonriendo y buscando algo en los ojos del otro.
-¿Qué hacen aquí?-La voz familiar para John y Sherlock aparecido detrás de ellos. Sacándolos de esa extraña pero reconfortante atmosfera. Una chica rubia y enojada los miraba esperando respuesta.
-¿Harry? ¿Cuándo llegaste…?-John brincó apresurado, como si lo hubieron encontrado haciendo una travesura.
-Eso me pregunto yo, ¿no deberías estar estudiando?-Harry no apartaba la mirada de Sherlock aunque hablara con John. Sus ojos eran acusadores. Sherlock decidió que no era de importancia, tal vez era una hermana celosa. Había escuchado que los gemelos y mellizos eran más apegados.
-No me hagas reír. Tú también tienes examen mañana, no deberías molestarme.
-Soy mayor que tú John-los hermanos empezaron a discutir mientras bajaban del techo.
-Por tres minutos, hasta cuando estarás con ese maldito complejo de hermana mayor. De todas formas, soy yo el que hace todos los deberes.
-Por eso mismo, eres el menor debes obedecer-la chica siguió directo a su cuarto, sin escuchar a John- que tal si preparas algo me estoy muriendo de hambre.
John no respondió. Discutir con Harry era una pérdida de tiempo. Miró a Sherlock que se pasó todo el tiempo observando la situación. Estaba a punto de decir algo pero John lo detuvo.
-No. No quiero saber que estaba haciendo en la casa de su amiga. Si es que estuvo en la casa de su amiga. Prefiero que te lo guardes.
-Ok.
Los tres chicos estaban en la cocina, John se dispuso a preparar algo rápido para merendar. Mientras Sherlock y Harry estaban esperando en la mesa. No se dirigieron la palabra en ningún momento. John podía sentir la tensión entre esos dos en la espalda. Una gran guerra de miradas en su espalda.
Sherlock estaba inmutable. Mientras analizaba a Harriet Watson de pies a cabeza. Ella tenía de nuevo esa mirada acusadora asesina que había puesto en el de que pudieran abrir la boca John dejo un jarro con jugo en la mesa.
-¡Listo! Harry ahí tienes el emparedado de jamón y queso, no te lo calentare así que hazlo tú quieres.
-John…- la chica volvió su mirada a su hermano con un tono dulce, casi suplicante- creo que esta era la última rebanada de queso, y sabes que a papa le gusta mucho. Olvide que dijo que compráramos más. Así que…
-¿Qué? Yo no iré, eres tú la que se lo está comiendo, tú debes ir.
Harry se encogió de hombros y empezó a comer su emparedado descaradamente. John suspiro cansado. Era obvio que su hermana tenía planeado hacerle la tarde imposible.
-Muy bien, iré a comprar más, ¿Sherlock me acompañas?
-Lo siento John, te espero aquí.
-¿Qué?, no, no, no, tu vendrás conmigo.
John tomó a Sherlock del brazo y lo arrastro hasta el living.
-Harry no está de buen humor hoy, además estoy seguro que empezaras con tus observaciones. Me prometiste que no harías eso aquí.
-Es algo que estoy cumpliendo. Ahora puedes ir tranquilo, no es como si empezáramos discutir por nada, ni siquiera hemos hablado.
-Los conozco muy bien, y sobre todo a mi hermana. Algo trama.
-John-Sherlock puso la voz más tranquila que el rubio pudo haber escuchado nunca-no pasa nada, te prometo que mantendré la boca cerrada.
El rubio no pudo más que aceptar. Confiaría en Sherlock. Tomó su llavero y salió corriendo. Sherlock lo vio alejarse por el ventanal. Acomodó su camisa y volvió a la cocina. Harry parecía esperarlo. No había tocado mucho más del emparedado que John preparó. Al ver entrar al moreno sorbió un poco de jugo mientras este se sentaba.
-Así que… ¿qué es lo que quieres decirme?-Sherlock fue directo, no iba a pretender que no entendió la jugada de Harry- Pediste queso porque sabias que solo había una rebanada, de esa forma podías enviar John a comprar más. Querías quedarte a solas conmigo ¿Me equivoco? Harry rodó los ojos molesta pero mostró una sonrisa forzada.
-Muy bien, parece que eres todo lo que en el colegio dicen-la chica se puso frente a frente con Sherlock, quien tenía una risa burlona en su rostro.
-Parece que no te caigo bien. Pero es algo a lo que estoy acostumbrado, así que no me molesta.
-Aléjate de John- las facciones de Harry se volvieron serias-No me importa si eres un maldito genio o si tienes mucho dinero. No quiero que John sufra otra vez.
-¿Qué?-Sherlock no esperaba esa respuesta
-Arriba en el techo…conozco esa mirada- la chica bajo el rostro como si buscara algo en sus recuerdos-es la misma mirada que ella tenía…
-¿Quién? ¿A qué te refieres?- Sherlock estaba confundido
-No te hagas al tonto. Estás enamorado de John.
Parecía que un balde de agua fría cayó sobre Sherlock Holmes. Trataba de asimilar lo que la hermana del rubio había dicho. "Enamorado" Su mente deambulaba en un espacio irrisorio donde todo parecía blanco y sin salida. Por qué no podía negar esa frase. La lógica decía que él debía refutar eso argumentando una amistad estrecha y nada más. Balbuceó algo inentendible.
No escucho cuando la chica tomo su plato con el emparedado que John le preparo, ni cuando tomo su bolso para salir de la cocina o cuando le repitió que se alejara de su hermano. En su mente solo retumbaba aquella palabra a la que no le encontraba significado. Tal vez inconscientemente había estado buscando respuesta para lo que sentía por su querido amigo John, aquello que había enterrado muy dentro de su cabeza, aquello a lo que él había titulado "solo curiosidad".
Notas del autor:
Holas a todo el mundo, ¡perdón! ¡Mil perdones! tarde en subir este capítulo mucho más de lo que esperaba, si les contara todo lo que me paso( más bien a mi compu) de todas formas gracias por seguir mi historia, gracias por aguantar mi ortografía y más mi cohesión gramatical, no soy buena con los tiempos. Espero que les guste este capítulo.
Respecto al capítulo ¿Qué onda los hermanos mayores? ¿Demasiado protectores no? Sherlock pícaro, tienes a todas las nenas muertas, aunque seas una patada en el trasero. Aunque sé que amas solo a John que ama a otra person…ejem quiero decir…er…Hagan como que no leyeron lo último que dije.
¡Y si! mi Young Microft tiene los pelos rizados igual que Sherlock, imagínenselo. (Babas, babas por todos lados). Bueno eso es todo, como siempre todos los reviews son bienvenidos. Muchísimas gracias, otra vez, por seguir este fic :)
