Wenas! anda que no me estoy dando prisa en actualizar de una historia a otra, eh? En mi perfil hay dos imágenes de este fic, con los protas.

Bueno, pues un poquito de tranquilidad antes de la tormenta! (en el proximo capitulo prometo acción y uan revelación referente a Allen)

Muchas gracias por los reviews a Cold-Sesshy, dagmw, Ory Alun, Riznao, Mandragorapurple, x Souseiseki x yyyyyy Lita-chan!!

DGM no me pertenece


- Que alguien me explique qué demonios se supone que estamos haciendo aquí.-

Ya llevaban más de medio día caminando entre la frondosidad del bosque tropical de aquella isla y no habían encontrado nada. En vez de dar la vuelta e intentar recorrer la isla por otro sendero, Lavi se había obcecado en seguir adelante, adentrándose cada vez más y más en la espesura del bosque. El sol ya estaba en lo alto (o al menos eso creían, pues las copas de los árboles les impedían ver el cielo por completo) y hacía un calor agobiante que, junto a la humedad del ambiente, estaba cansando a los hombres rápidamente.

Los ánimos de la expedición también sufrieron un gran bajón. Sobretodo desde que Lavi se empezó a guiar por su "olfato" en vez de seguir lo que indicaba la razón común.

- Capitán, reconozca de una vez que estamos perdidos!!- gritó alguien de los que estaba más retrasados.

- No digas bobadas. Sé muy bien que tenemos que andar por el buen camino. Mi olfato es infalible!!-

- Pues mira a ver si no estás acatarrado o algo por el estilo, porque por aquí ya hemos pasado.- le anunció Allen. Lavi se giró para quedar cara a cara con él y se horrorizó al comprobar que lo que decía este era verdad. Allen estaba señalizando con el dedo una marca en un tronco que habían empezado a dejar para que los más retrasados no se perdieran.

Toda la tripulación que les acompañaba se les quedó mirando, con gotitas de sudor en la cabeza. Lavi carraspeó y adoptó una pose que intentaba transmitir tranquilidad.

- Bueno, creo que este es el momento idóneo para hacer una paradita para descansar, de acuerdo?-

Los hombres no protestaron, pues estaban agotados, pero la extrema alegría con la que Lavi había dicho eso les confirmó que, efectivamente, estaban perdidos. Resignándose a su destino, todos se desplomaron en el suelo, aprovechando el descanso para comer, beber o dormir un poco.

Lavi, por el contrario, se alejó un poco e hizo unas señales con la mano a Allen para que se acercara.

- Que quieres?-

- Shhh, más bajo.- Lavi se sentó y Allen le imitó. De entre sus ropas, Lavi sacó lo que parecía un pequeño mapa hecho con mucha prisa.- Vale, este es un mapa del lugar según Doc. Nosotros deberíamos estar…. Por aquí.- Y señaló una parte del mapa, muy alejada del lugar de dónde habían salido.- El problema es por dónde seguir… Y bien?-

- Espera, me estás preguntando a mí?- se alarmó Allen. Para su horror, Lavi asintió. – Pero si yo no tengo ni idea de dónde estamos!-

- Al menos sabrás dónde está el norte, no?-

- Claro que no! Soy pésimo a la hora de encontrar direcciones!!- confesó Allen, con ligera vergüenza. Lavi se le quedó mirando, con la boca abierta. De repente le empezaron a brillar los ojos.

- Ehh!! Oíd todos!! He encontrado el talón de Aquiles de Allen!! No tiene ni la más pizca de sentido de la orientación!!- exclamó Lavi para el resto del grupo. La mayoría de ellos se empezaron a reír (no solo de la información, sino de la manera de decirlo y la importancia que le estaba dando Lavi al asunto) En cuanto vieron el aura de cabreo que rodeaba a Allen se callaron.

- Al menos yo no he sido el idiota que nos ha perdido- le espetó Allen, hablando muy despacio y con un tono gélido.

A Lavi le recorrió un escalofrío por la espalda, olvidándose momentáneamente del calor que hacía.

- V-Venga, cálmate, Moyashi, solo era una broma… Además, no estamos perdidos sino ligeramente desubicados.- informó Lavi. Si esperaba que con eso el joven se calmara no pudo confundirse más. Al ver como aumentaba el cabreo del chaval, muchos empezaron a temer por la vida de su capitán (y por la suya propia)

- Te he dicho mil veces que no me llames así, pedazo de imbécil!- dijo Allen, muy lentamente para que se le entendieran todas y cada una de las palabras que pronunciaba. Lamentablemente para Lavi, Allen había empezado a aferrar su daga con más fuerza.

Sin embargo, un ruido a la espalda de este hizo reaccionar a Lavi. Con una agilidad que nadie creía que tenía, agarró a Allen de la muñeca sana y tiró de él para sí. Al mismo tiempo, había sacado un pequeño cuchillo y lo había lanzado contra los árboles.

Nadie sabía muy bien que estaba pasando hasta que oyeron un grito agudo proveniente de la dirección en la que Lavi había lanzado el cuchillo. Con un par de señas, indicó a varios de sus hombres que fueran a investigar.

- Aquí!! – oyeron decir a uno de los que se habían ido.- Hemos encontrado algo!-

Cuando todos los hombres se reunieron en el punto que habían indicado, se quedaron con la boca abierta. Enfrente de ellos se hallaba una linda mujer de cabellos largos y cobrizos, ataviada con ropas exóticas (un vestido ligero de tela vaporosa, seguramente idóneo para combatir el calor) Lamentablemente, esta estaba enganchada contra el tronco de un árbol por… el cuchillo de Lavi…

- N-no me hagan daño, por favor!! Por favor, llevense lo que quieran, pero no me hagan daño!!- empezó a implorar la joven, que parecía tremendamente asustada.

Lavi se apresuró a liberarla.

- Perdón, perdón! Es que oí un ruido y pensé que podía ser algún animal o algo por el estilo. Lamento haberla asustado!!- empezó a disculparse, mientras ayudaba a la joven a incorporarse. Esta seguía temblando de pies a cabeza, mirando de hito en hito a la cantidad de gente (una docena de varones, más o menos) que le rodeaba.-Por mis hombres no te preocupen, no te harán daño.-

La chica asintió, no del todo convencida, pero dejó de estar tan nerviosa.

- Que hacéis aquí?- preguntó.

- Ah, bueno, verás, por extrañas circunstancias que no teníamos previstas…- empezó Lavi, yéndose por la tangente.

- Nos hemos perdido.- contestó Allen, provocando que Lavi lloriqueara por la franqueza y la facilidad para ponerle en ridículo del chico – Y tú?-

- Yo estaba recogiendo algunas plantas necesarias para hacer medicinas.- dijo mostrando algo parecido a una cesta que estaba llena de diferentes tipos de hojas y plantas.

- Vives por aquí cerca?-

- Si, en un poblado que hay más allá.- contestó, señalando una dirección. De pronto se sobresaltó, como si se acabara de dar cuenta de algo.- No debí de decir eso!! – la chica se puso a repasar las pintas que tenían la gente que le rodeaba y palideció.- No seréis… piratas… verdad?-

- Pues sí, estás en lo cierto, señorita!- exclamó Lavi, lleno de orgullo. Aquello provocó que la chica soltara otro grito y volviera a temblar. Todos le lanzaron una mirada de reproche a Lavi, por asustar más aquella joven. – P-pero no tenemos intención de atacar la aldea ni nada por el estilo!! En serio!!- la chica pareció volver a tranquilizarse, aunque no le duró mucho, pues Lavi volvió a hablar.- Por cierto, podrías indicarnos la manera de llegar hasta ella?-

La chica volvió a sentirse amenazada, por lo que se aferró fuertemente al cesto que llevaba encima y se dejó caer al suelo, de la tensión. Lavi, que no entendía el por qué de aquel comportamiento, se puso aún más nervioso. Un golpe en la cabeza le devolvió ligeramente sus sentidos.

Allen, que le había dado una colleja, soltó un suspiró y se arrodilló en frente de la chica, que parecía al borde de un ataque de histeria.

- Lo que aquí mi compañero ha querido decir es que si nos harías el favor de mostrarnos el lugar en donde se encuentra la aldea para que podamos descansar y reponer provisiones. Estamos cansados de tanta caminata y nos harías un gran favor.- dijo Allen, con un tono tan educado que casi no parecía ni la misma persona con la que solían tratar habitualmente.

La chica levantó la mirada y examinó al joven que tenía delante de ella. Podía ver como tenía unos vendajes en una muñeca y otro en la frente, ocultado por su pelo. Aquella chica alargó la mano y le apartó el pelo de la cara para ver mejor la herida. A Allen no le importó porque estaba de espaldas a los demás, por lo que solo la chica le estaba viendo bien.

A Lavi le pareció extraña la tranquilidad de Allen al ser tocado por aquella mujer. Acaso no le había apartado a él de un manotazo cuando quiso examinarle la herida? Por qué aquella desconocida sí que tenía permiso para tocarle? Y por qué esta se estaba poniendo colorada al observar al Moyashi?

Para sorpresa de todos, la chica, que parecía aceptar las palabras de Allen como ciertas, asintió. Dejó que Allen le ayudara a levantarse y empezó a guiarles hacia la aldea.

- No se te ocurrirá atacar la aldea, verdad?- oyó que le preguntaba Allen, que se le había acercado sigilosamente.

- Claro que no, por quién me tomas? Solo vamos a descansar y reponer provisiones, como tú muy bien has dicho.- le contestó Lavi. Allen asintió, aliviado.

Después de un rato caminando, pudieron ver como el bosque se abría para dejar a la vista multitud de claros y varios senderos.

- Por aquí- indicó la muchacha, que ya no cargaba con la cesta pues algunos hombres se habían ofrecido a ayudarla a llevarla.

- Me pregunto que tal le irá a Yuu.-

-Preocupado por él, capitán?-

- Nah. No más por él que por nosotros, al menos.-

- Y eso?-

- Bueno, esto bien podría ser una trampa, sabes? El llevarnos hasta su poblado donde los hombres de allí nos atacaran y nos hicieran rehenes o se nos comieran… No seríamos la primera ni la última tripulación a la que le pasara algo parecido.-

- Y sabiendo eso has aceptado a que nos guiara hasta la aldea?- le preguntó, incrédulo, Allen.

- Bueno, todos mis hombres están alertas por si algo así pasa.-

- Yo no, no tenía ni idea.- le reprochó el joven.

- Te lo estoy diciendo ahora no?- notando la mirada asesina de Allen, Lavi añadió.- Además, para alguien como tú, que está siempre tan alerta, tampoco es que esta información cambie mucho tu forma de actuar, no?-

En la cara de Lavi se dibujó una sonrisa maliciosa, mientras que Allen se limitó a mirar para otro lado, indignado. Lavi se estaba divirtiendo de lo lindo junto a este chico. Realmente se parecía a Kanda en el orgullo y la cabezonería pero, cuanto más tiempo pasaba con él, más se daba cuenta de las peculiaridades que tenía este que le diferenciaban de su segundo al mando.

- Ya hemos llegado!- anunció la joven. El resto de hombres se emocionaron y corrieron para ver el aspecto del poblado. Lavi y Allen también se acercaron pero, justo antes de que atravesaran el límite del poblado, Lavi oyó la frase más inesperada de su vida.

- Sea cual sea la situación, te cubriré las espaldas, capitán.-

Sorprendido, Lavi se giró para comprobar que realmente Allen había dicho aquello. No fue lo bastante rápido pues, cuando quiso darse cuenta, Allen ya le había sobrepasado. Sin embargo, Lavi sabía que no se lo había imaginado. No sabía muy bien por qué, pero aquellas palabras del joven le subieron la moral. Y mucho.

Con paso firme y mucho más confiado que antes, Lavi entró en el poblado. No pudo evitar soltar una exclamación al ver la maravilla de ciudad en la que se encontraban. Las casas, que se entremezclaban con la maleza y el terreno del bosque a la perfección, eran bajas, rústicamente construidas, pero de un color blanco puro que parecía brillar por sí solo.

- Seguidme, por favor- les rogó su guía.

Nadie se opuso, y empezaron a seguir a aquella joven, mientras admiraban la belleza de aquella ciudad, cuyas calles y paseos parecía estar diseñados en torno a algo de forma circular. Según pasaban podían notar las miradas de curiosidad de sus habitantes. Curiosamente, todas eran mujeres.

- Esperad aquí, por favor. He de informar a la Gran Hermana de vuestra llegada- la chica de cabellos cobrizos desapareció por entre las puertas de una gran mansión. La tripulación se había quedado fuera, en una pequeña plaza.

Apenas unos minutos después, apareció ante ellos una mujer como ninguna otra. Su hermosa y larga cabellera de color tierra parecía moverse a pesar de no haber viento. Sus ojos, oscuros y penetrantes, parecían hipnotizar a aquel que los mirara directamente. Sin duda alguna era una de las mujeres más bellas que jamás habían visto nunca.

- Bienvenidos a nuestra aldea, jóvenes viajeros. Yo soy la protectora de este lugar, Miena.- les informó. Estaba claro que era la líder de aquel lugar.

Como su semejante en el rango de poder, Lavi se adelantó e hizo una leve inclinación.

- Yo soy Lavi, el capitán del navío llamado "Bookman". Es un placer conocerla y mis hombres y yo le agradecemos de antemano su hospitalidad.- Allen no se quedó boquiabierto por educación. Al igual que él, Lavi había demostrado que sabía comportarse si la situación lo requería.

- La hermana Kaya nos ha informado de que venís buscando bienes para vuestro viaje, me equivoco?-

- No, está en lo cierto. Me temo que mis hombres y yo estamos cansados de tanto andar.-

- Y a que se debe vuestro viaje?-

Lavi dudó si en contestar o no. Quizá aquella gente estuviera relacionada con el tesoro que estaban buscando y no era la mejor idea dar a conocer sus intenciones. Sin embargo, algo en los ojos de aquella mujer le decía que no debía mentirle.

- Estamos buscando un tesoro que, según nuestras fuentes de información, podría encontrarse en esta isla.-

Ese comentario se ganó multitud de rumores y comentarios entre las aldeanas que estaban escuchando. Algunas parecían claramente consternadas y nerviosas. Miena se limitó a fruncir el ceño ligeramente.

- Comprendo. Si no ha más remedio.- Miena suspiró. – Por favor, os ruego que me sigáis.- y empezó a andar, seguida de un pequeño grupo de mujeres.

Los piratas, con Lavi y Allen a la cabeza, estaban sobrecogidos por el comportamiento de aquella gente. A donde se suponía que les llevaban? Y a que venían esas extrañas reacciones cuando oyeron de su búsqueda.

- Doña Miena- empezó Allen, mientras seguían a aquella misteriosa mujer por un sendero que se alejaba del pueblo.- Me permite hacerle una pregunta?-

La mujer se paró y empezó a examinar a Allen con la mirada.- Tú eres el chico que convenció a Kaya de que os trajera aquí, no?- Allen asintió- Adelante, pregunta.-

- Por lo que he podido ver, todos los aldeanos son mujeres. Donde están los hombres?-

Todas las miradas se centraron en el más joven del grupo, algunas de ellas con cierto temor por las consecuencias de aquellas palabras. Sin embargo, Miena se limitó a sonreír.

- Eres muy observador, joven. En efecto, nosotras vivimos alejadas de nuestros hombres. Es la tradición de nuestra cultura.- confirmó, tranquilamente.

- Pero, sin hombres, como habéis logrado sobrevivir?-

- Acaso crees que les necesitamos?- algo en el tono con el que hizo esa pregunta les alertó que aquel era un tema delicado.

- No mucho.- contestó Allen, ganándose miradas de incredulidad por parte de sus compañeros.- Pero son indispensables para la reproducción y el mantenimiento de la especie, no es así?-

Ahora hasta la mujer que tenían delante parecía sorprendida ante la franqueza del joven. Contra todo pronóstico, esta se empezó a reír.

- Tienes razón, muchacho!. No te preocupes, nuestros hombres viven en una aldea al otro lado de la isla. Cuando la ocasión lo requiere nos reunimos y "mantenemos la especie"- tras repetir las palabras de Allen siguió riéndose y les indicó que siguieran por aquel camino.

No obstante, esa información alarmó a Lavi. Si era verdad que había otra aldea llena de hombres existía la posibilidad de que Kanda se hubiese encontrado con ella, y de que estuvieran en problemas. Notó al mirada de Allen en su nunca y sus ojos le dijeron que él estaba pensando exactamente en lo mismo.

Había que darse prisa en salir de allí y comprobar el estado del resto.

- Hemos llegado. Este es nuestro templo sagrado- anunció Miena.

Los piratas aguantaron la respiración ante la visión que había ante ellos. Habían llegado a un claro, donde se alzaba un hermoso y elaborado altar en lo alto de un grupo de escaleras. Pero, lo que les llamó la atención de verdad, fue el busto que adornaba el alto de la construcción. Era el cuerpo desnudo de una mujer, de la que su hermosa cara brotaban dos brillantes que semejaban un par de lágrimas. En el centro del pecho estaba incrustada una joya como nunca habían visto. No era ni blanca, como un diamante, ni azul, como un zafiro. Sin embargo, por su brillo, estaba claro que era una piedra preciosa.

- He aquí el tesoro de nuestro pueblo, la Divinidad del Mar. Aunque algunos la conocen como las Lágrimas de Sirena.- Miena hizo una pausa y comprobó las reacciones de los piratas al oír aquel nombre. Por culpa del entusiasmo que algunos de los más patosos, enseguida le quedó claro que aquel era su objetivo.- Esta es la figura de nuestra diosa protectora. Según la leyenda, una sirena cometió uno de los crímenes más horribles de su pueblo: se enamoró de un humano. La sirena renunció a su familia, a sus amigos, a su origen incluso a su propia naturaleza, dejando atrás lo que le hacía ser una sirena. Y todo para ir en busca de su ser amado. No obstante, todo le pareció adecuado si con ello conseguía estar con el hombre que amaba. Vivieron juntos un apasionado romance mas uno nunca se puede oponer a su destino. Una sirena no podía existir sin el agua. Así pues, aún separados por las limitaciones de sus diferentes especies, el humano y la sirena se juraron amor eterno y decidieron reunirse todos los años en esta isla. El humano se marchó en busca de tierra firme y la sirena esperó pacientemente los regresos de su amado a la isla. Antes de morir, la sirena hizo un conjuro protector sobre la isla, para que su amado siempre tuviera un lugar donde regresar, y, ese conjuro, tomó la forma que veis tras de mí.-

Miena tomó aire, y miró seriamente a los hombres que tenía delante.

- Comprendo que, siendo vuestra naturaleza la de robar y saquear tesoros, os resulte difícil pero me gustaría que oyerais mi oferta. Podéis llevaros cuanto queráis de nuestra isla pero os ruego que no toméis el busto de nuestra protectora. Esa joya representa la resistencia del verdadero amor pese a las adversidades. Os ruego que no la robéis.- y, sorprendiendo a todos, les hizo una inclinación con la cabeza, a modo de súplica. Pronto al imitaron el resto de mujeres que les habían acompañado.

Los piratas se miraron entre sí, incómodos. Todos miraron a Lavi, buscando su aprobación. Este les lanzó una mirada y analizó sus gestos. Comprobando que todos estaban de acuerdo, sonrió.

- No se preocupe, doña Miena. No tenemos intención de llevarnos algo tan preciado para ustedes, ni tampoco ninguna de sus pertenencias- Miena levantó la cabeza, sorprendida de encontrarse con un sonriente.- Aunque no nos negaremos a un poco de su comida y su bebida.-

- Claro! Por supuesto, ser nuestros invitados! – con un gesto de la mano, ordenó a dos mujeres que se acercaran y les susurró algo al oído. Estas asintieron y desaparecieron por el sendero que llevaba al poblado. – Esta noche celebraremos una fiesta en vuestro honor.-

Los hombres lanzaron vítores de alegría, aunque no todos participaban en ella.

- Doña Miena?- se aventuró Allen.

- Dime, querido joven.-

- Está segura que no hay ningún problema con ello?- la mujer le miró extrañada.- Me refiero a que a mis amigos y a mí no nos gustaría que, en medio del festejo, apareciera alguno de sus hombres y les creáramos problemas.-

- Por eso no te preocupes.- empezó a reír suavemente la mujer.- Nuestros hombres no son celosos. Además, la violencia va en contra de nuestros principios y morales.-

Allen suspiró, aliviado. Lavi también pareció relajarse un poco. Al parecer ambos estaban pensando en lo mismo.

- Ahora que sabemos que Yuu estará bien podemos disfrutar de la fiesta, verdad?- le preguntó Lavi, con tono burlón.

- Supongo. Aunque no creo que le haga gracia enterarse de que, mientras él está buscando inútilmente, nosotros estamos disfrutando de una fiesta.-

- Pues mejor será entonces mantenerlo en secreto, no?- Allen se encogió de hombros. Ambos hombres se dispusieron a disfrutar del banquete que veían preparar a una docena de mujeres.

KYUKYUKYUKYU

Aquella fue una fiesta memorable, llena de exquisita bebida y deliciosos manjares. Todos reían y bromeaban, mientras que las mujeres les acompañaban en su diversión. Sin duda alguna Lavi era el que más atención femenina estaba recibiendo, pues desde que empezó la cena se encontró rodeado de seis mujeres como mínimo. Para su sorpresa, Allen también estaba recibiendo muchas atenciones. Todas las jóvenes se interesaban por el inusual color de pelo del chico.

Desconocido para ellos, en una tienda un tanto apartada del lugar de la fiesta, se habían reunido unas pocas de las anfitrionas.

- Realmente son un grupo interesante.- dijo una

- Sí, hacía años que no venían a parar a nuestra isla un grupo tan curioso como este. Y más raro aún que fuese precisamente ese su propósito.- dijo otra

- Es cierto que normalmente suelen acabar aquí por equivocación. Habrá que reconocerles el mérito.- dijo otra, provocando que el resto se riera.

- Pero hemos tenido suerte, verdad? Alguno de ellos es realmente atractivo. Habéis visto el porte del capitán?-

- A mí quien me interesa es el peliblanco. Creo que es una verdadera joya…-

- No os preocupéis, hermanas mías, habrá tiempo de interactuar con todos.- informó una voz nueva. Todas se giraron para saludar a la recién llegada.- Es hora de nuestro acto final.- informó, con una sonrisa de oreja a oreja.

KYUKYUKYUKYU

- Por favor, atendedme!- rogó una voz.

Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para centrarse en aquella persona. Miena se dirigía todos ellos desde lo alto de las escaleras que conducían al altar, con la joya reflejando el brillo de la noche a su espalda.

- Espero que nuestros invitados se lo estén pasando bien.- diversos gritos le informaron de que así era.- Me alegro, me alegro. Ahora, si fuerais tan amables de aguantar despiertos un poquito más nos gustaría ofreceros un poco de nuestra cultura. Es costumbre que nuestras mujeres más jóvenes bailen en los festejos. Así pues…-

Miena se hizo a un lado y un grupo de jóvenes apareció ante los piratas. Todas y cada una de ellas eran realmente hermosas, provocando la excitación de la mayoría de los hombres.

Lentamente, empezaron a bailar. Sus ropas se abrieran y cerraran al compás de sus lentos y estilizados movimientos. Sus caderas iban de un lado a otro sensualmente, recordando al movimiento de una serpiente. Parecía como si con sus brazos y sus ojos intentaran captar las miradas masculinas, hechizándolas.

Los hombres les seguían con los ojos y la cabeza como embobados, casi hipnotizados por el vaivén de sus caderas.

Sin previo aviso, todo se volvió oscuro.