Sí, vieron bien... nuevo capítulo.

Disfruten.

4.

-Me gustas – dijo el chico vestido de sándwich sin tapujos y con voz de ardilla – me gustas mucho Tomoyo Daidoji.

Daidoji suspiró recordando lo sucedido, la confesión de Frank-sándwich-voz-de-ardilla, el ligero nerviosismo que lo invadió de pronto y la simple frase que la había paralizado momentáneamente.

-o-

-Me gustas.

La sutil pausa que siguió a continuación fue evidentemente embarazosa e incómoda, Frank se balanceó sobre sí mismo moviendo los brazos hacia adelante y atrás sin saber qué otra cosa agregar ante la inexistente respuesta. Solo él, y nadie más que él sabía lo que estaba pensando… sufriendo o divirtiéndose, quien podría saber.

La amatista por su parte había quedado petrificada y muda intentando procesar la información... Un misterioso chico que no conocía pero había decidido convertir en su amigo se había confesado de una inesperada pero tierna manera y ella, ella solo murmuró una de las peores cosas que se pueden decir ante tal situación.

-Gracias – dijo titubeante comprendiendo inmediatamente lo tonto que sonaba.

Y tal vez él también lo pensó porque quedó inmóvil con los brazos hacia adelante por un par de segundos, seguidamente salió trotando con sus panfletos en alto como si nada hubiera pasado.

-o-

Y ahí estaba ella, reviviendo el momento y sintiéndose…

-Idiota – se dijo a sí misma – pero que tonta.

-mccm.

Un carrasqueo cercano la hizo volver a su realidad, al teatro de la escuela donde se había refugiado para pensar en soledad.

El recién llegado quedó en espera de alguna respuesta por parte de la chica ante su muda pero bien marcada interrogante. Ella por su parte y aunque un poco apenada no dio muestras de querer abandonar su lugar (sentada a orillas del escenario, no muy lejos del piano).

-Sakura y Syaoran están un poco melosos hoy – dijo y no era del todo mentira – si te molesta yo…

-Está bien – interrumpió Eriol negando con la cabeza.

La chica sonrió agradecida y volvió a su posición original para darle espacio al inglés. No podía dejar de pensar en Frank, hacía un par de semanas de su confesión y todo seguía como siempre, como si nunca hubiera existido tal revelación y las palabras "me gustas" nunca hubieran sido mencionadas. En parte la amatista se alegraba de esa reacción, pero la otra parte sabía que había herido al chico, sobre todo por su tonta y absurda respuesta (gracias).

-No traes obento – notó Eriol sacándola nuevamente de su estupor.

-Ehm yo – balbuceó ella – no tengo mucha hambre.

-¿Lo olvidaste? – preguntó Eriol más a modo de afirmación, Tomoyo se sonrojó levemente (y es que ese día en especial el recuerdo la invadió más profundamente).

El inglés se acercó a ella con una gran caja de almuerzo en las manos.

-En serio no tengo mucha hambre – intentó excusarse.

-Ayúdame, no puedo con todo esto – pidió él poniendo al frente un gran y apetecible almuerzo con una gran variedad de platillos japoneses – al parecer mi abuelo tiene el propósito de hacerme engordar.

-No tengo palillos – observó ella viendo sus manos, limpias pero igual imposible de tocar comida.

-Siempre cargo extras – dijo Eriol ofreciéndole un par ante la interrogativa mirada amatista – suelo romperlos.

-Los usas como baquetas.

-No puedo evitarlo – respondió apenado.

Si Hiraguisawa no hubiese desviado la mirada habría visto la sonrisa divertida en el rostro de la chica.

El chico comenzó a comer en silencio sin atreverse a desviar la mirada hacia su compañera. Ella por su parte se aventuró a tomar un poco de comida preguntándose aún si era correcto aceptarla.

-Wow, delicioso – dijo Tomoyo después de saborear. El inglés solo hizo un gesto afirmativo pero no dijo nada – Syaoran tenía razón, tu abuelo cocina muy bien.

-No se lo vayas a decir – dijo Eriol un poco alarmado – él es un poco… celoso – la chica frunció el cejo – con la comida.

-No lo diré – aseguró ofreciéndole una pequeña sonrisa.

Desde ese día, Daidoji visitaba el teatro con mucha más regularidad que en todo su tiempo en Seji. A Eriol no parecía molestarle, comían lo suficientemente juntos como para mantener una pequeña conversación y cuando terminaban cada uno tomaba el resto de su descanso para sí mismos. Tomoyo comenzaba a releer su colección de novelas de Jean Austin, Eriol por su parte se la pasaba escribiendo música en pentagramas, a veces soltaba un par de notas en el piano para confirmar y seguir escribiendo. La chica intentaba molestarlo lo menos posible (aunque moría de ganas por escuchar sus melodías) después de todo ya hacía bastante robándole la completa privacidad que el teatro le ofrecía, pero no podía evitarlo, era cómodo y agradable estar ahí.

-o-

-Quiero un helado – lloriqueaba Frank molesto.

-Tal vez el heladero enfermó – le dijo la chica intentando calmarlo.

-Quiero helado – gritó el chico llevando su berrinche al extremo, tirándose al piso para patalear y lanzar puñetazos contra el pavimento – quierooooo.

Su comportamiento pronto comenzó a llamar la atención de todos los presentes, los curiosos se detenían a ver la escena y los niños preguntaban a su adulto correspondiente que era lo que pasaba con el divertido Frank.

-Ehm sabes, si te quitas el disfraz te llevaré a la mejor heladería de la ciudad – le ofreció la amatista como quien negocia con un niño de cinco años.

El chico detuvo su berrinche para plantearse la propuesta.

-No, quiero helado ahora – rezongó Frank voz de ardilla.

La chica resopló, tomó su bolso de la banca que habían ocupado minutos antes y consultó su celular.

-Tengo que irme – le dijo a Frank acomodando su bolso al hombro – hoy cenaré con mi madre.

El chico comenzó a disminuir las pataleadas.

-Eso es injusto – poniéndose en pie – cenarás con tu madre pero no me darás mi helado.

-No quieres quitarte el disfraz, no puedo hacer más que eso – repuso ella – nos vemos.

Daidoji se alejó sin volver la vista atrás. Por su parte, Frank caminó por el rumbo contrario, cabizbajo, con calor, sin helado y con la chica que le gustaba alejándose de él.

-Realmente no crees que al quitarme el disfraz vas a odiarme – se dijo a sí mismo – y eso es algo que no podría volver a soportar.

-o-

-Desearía haber visto ese berrinche – comentó Sakura después de la narración de la amatista.

-Berrinches – corrigió la chica – el heladero lleva ausente más de una semana… y siempre hace berrinche.

- Frank es adorable – repuso la esmeralda con un gracioso puchero.

-Lo dices por que no te estaba haciendo el berrinche a ti – repuso ella recordando las distintas escenas que terminaban siempre con el chico sándwich pataleando en el piso como niño chiquito – le he propuesto llevarlo a una heladería, pero no quiere quitarse el disfraz.

-Me pregunto que intenta ocultar – comentó la esmeralda pensativa.

-Tal vez solo quiere jugar – dijo Tomoyo intentando restarle importancia.

-Tal vez es gordito – propuso Kinomoto – o tiene acné.

-Tal vez – coincidió Daidoji soltando un casi insonoro suspiro.

-Ahí está Syaoran – dijo Sakura apurando el paso, el castaño sonrió al ver llegar a su novia – espera a que Tommy te cuenta la nueva de su amigo – le dijo al instante.

-Sakura – dijo la susodicha a modo de reproche.

-Ah, hola Eriol, no te había visto – siguió Sakura como si no hubiera escuchado a su amiga.

-Hola – saludó el inglés inclinando ligeramente la cabeza.

La amatista supo enseguida que se sonrojó un poco, sus amigos siendo indiscretos con otros compañeros y su favorito siempre era Hiraguizawa.

-Cuéntanos Tommy – pidió el oji-ambar.

-No, olvídalo – negó la amatista.

-Bien – Syaoran parecía felizmente resignado – que les parece si al salir vamos por un sándwich – propuso – ¿nos acompañas Eriol?

El chico frunció el ceño mostrando confusión, Sakura sonrió y la amatista ganó un poco más de color en sus mejillas.

-Ustedes son horribles – repuso Tomoyo rodando los ojos y sonriendo débilmente – ambos, son terribles.

La amatista se alejó con paso decidido dejando al par de castaños con sendas sonrisas… el oji-azul no dijo nada.

-o-

Frank el sándwich caminaba cuidadosamente por el parque en su modo ninja ultra silencioso, ese día quería seguir a su amiga (la única que tenía con el disfraz) sin ser descubierto. La chica iba por delante de él a unos tres metros de distancia y parecía ir muy concentrada en sus pensamientos.

El chico (vestido de sándwich) usaba creativamente su entorno para camuflajearse (cual ninja), los árboles, las banquillas, los arbustos e incluso niños pequeños, todo sin perder de vista su objetivo: la chica de ojos amatista. En cuanto ella volteaba, él desaparecía como sombra al medio día.

Y no, no era un acosador, solo era algo que no podía evitar, el seguirla de esa manera, el verla a lo lejos e intentar pasar desapercibido, era algo a lo que ya estaba acostumbrado, perderse en el paisaje para que ella no notara su presencia y así poder apreciar sus movimientos al caminar, sus pequeñas manías y esas fugaces sonrisas que soltaba ante sus reflexiones desconocidas para todos excepto ella.

Porque le gustaba verla. Le gustaba sentirse cerca aun que estuviera fuera de su campo de visión, le gustaba pensar que era un acompañante indirecto en sus caminatas y si era rápido alcanzase a tocar la tibieza de sus pisadas.

Hacía calor y mucho, pero llevar el traje de Frank no le molestaba, porque así podía acercarse un poco más sin temor de ser descubierto y si lo descubrían, bueno, era su "amigo el sándwich". Era incómodo llevar la botarga, el clima dentro era horrible y le picaba los hombros y piernas pero con todo y eso, se sentía libre, más libre que sin ella, mucho más libre para acercarse a la chica y ni hablar de los helados.

Sí, los helados eran la mejor parte, ¡era casi como tener una cita con la amatista!

Su sueño de tanto tiempo hecho realidad.

La chica giró en la esquina del puente y él, lamentablemente tuvo que esperar un poco para continuar su silenciosa persecución (no acoso), en cuanto ella cruzó el puente y siguió unos tres metros, él pudo tomar carrera dejando una pequeña nube de polvo detrás y esconderse tras un árbol. Pasados unos segundos y creyendo estar a una distancia prudente, se atrevió a asomarse sigilosamente solo para darse cuenta de que la chica lo veía fijamente, asomándose justo como él al otro lado del tronco.

-Waah – exclamó el chico dando un pequeño saltito hacia atrás.

-¿Cuánto tiempo más pensabas seguirme? – preguntó ella fingiendo seriedad aun que internamente se divertía de lo lindo.

-¿Desde cuándo sabes que te sigo? – preguntó en su casi inentendible voz.

-Desde el inicio – respondió la amatista con sinceridad.

El chico suspiró con pesar y dejó caer los brazos hacia los costados.

-¿Cómo…

-Te vi reflejado en una máquina de refrescos – respondió la chica sin necesidad de que Frank terminara su pregunta – después vi que te ocultabas tras un pequeño niño y supuse lo que tramabas.

-Pudiste voltear antes – reclamó el chico – eres cruel.

-Y tú un acosador – repuso ella con maestría.

-No soy un acosador – se defendió.

-¿Qué eres entonces?

-Soy un… un… – intentó Frank bajando la voz poco a poco – soy un ninja.

-¿Ninja? – repitió la amatista – ¿cómo es que el seguirme te convierte en un ninja?

-Po…porque – tartamudeó – yo… practico mi camuflaje – dijo adoptando la pose clásica de Superman.

-No vas muy bien – concluyó ella, el chico fingió sordera.

-¿Hoy si tendré mi helado? – preguntó con ilusión.

-De hecho tengo que llegar temprano a casa – dijo Tomoyo con una mueca de disgusto.

-Solo es helado.

-En serio tengo que llegar temprano.

-¿Por qué? – cuestionó él rápidamente.

-Tengo muchas cosas que hacer – dijo e inconscientemente consultó su reloj de pulsera.

-Mientes.

-No miento – la chica frunció ligeramente el ceño ante el arrebato del chico – tengo tarea, prácticas, mi madre…

-¿Estás engañándome? – soltó en su chillona voz.

-¿Eh?

El chico se recargó en el árbol adoptando una pose dramática y llevó una de sus manos hacia su falsa boca.

-Ves a otro Sándwich ¿cierto? – dijo agregando un poco de distorsión de llanto a su voz, la chica no sabía si hablaba en serio o podía echarse a reír con total libertad – por favor dime que no es Subway.

-¿Engañarte con Subway? – no pudo evitar reírse – ¿por qué lo haría?

-Es bajo en calorías – admitió Frank apoyando su frente de pan en el tronco del árbol con una aflicción sonora y palpable – y las galletitas… las galletitas son ricas.

-Descuida, hace tiempo que no voy a Subway – dijo entre carcajadas – ¿por qué piensas eso?

-Porque te vas y me dejas solito – respondió abandonando el árbol y haciendo sobresaltar un poco a la chica – ya no quieres comer helado conmigo.

-El heladero sigue enfermo.

-Seguramente te vas con Subw a comer galletitas – dio un paso.

-Nop – dijo retrocediendo un paso.

-Y después toman refresco – siguió Frank en su delirio, dio un paso.

-Galletas y refresco – repitió ella, retrocedió un paso – suena interesante.

-Más que mi helado – aseguró dolido y dando su paso.

-Créeme, me gusta más el helado – repuso ella intentando dar su paso hacia atrás pero siendo interceptada por un árbol – pero el heladero no ha venido.

-El heladero conspira contra mi felicidad – dijo el chico vestido de sándwich acercándose un poco más a la chica de ojos amatistas, lo suficiente como para limitar su campo de visión a su falso pan.

-Debe de gustarte mucho el helado si esa es tu felicidad – dijo Tomoyo sin ápice de nerviosismo o titubeo.

-Mi felicidad es comer helado contigo – explicó Frank lentamente y acercándose poco a poco para que ella le escuchara y entendiera bien.

-Frank – llegados a ese punto, Daidoji comenzó a sentirse nerviosa, el chico seguía acercándose y ella temía por lo que planeaba hacer, el pan falso estaba ya a un palmo de su rostro.

-Me gustas Tommy – dijo en un susurro bajo pero claro, aún para su voz de ardilla.

Su disfraz rozaba ya la nariz de la chica.

-Frank, no creo que… – intentó ella sintiendo la corteza del árbol en su nuca y la delgada pero dura tela que el chico usaba para ver (ese cuadro oscuro que ocultaba su rostro) en sus labios, con una pequeña presión amorfa del otro lado.

Y Daidoji lo supo, estaba en problemas.

Fueron solo unos segundos, apenas una pequeña fracción de tiempo del infinito universo, pero para Frank el sándwich fue el momento que había esperado, porque sabía que cada pequeño instante de su existencia había sido vivido para esa fracción de segundo en el tiempo, para esa caricia indirecta.

-Creo… – intentó Tomoyo sintiendo una pequeño estrujo en el estómago, una mezcla de nerviosismo, remordimiento y ansías – me gusta alguien más – dijo porque era injusto que el chico se ilusionara falsamente con ella y porque creía, realmente sentía que comenzaba a desarrollar un sentimiento especial por otra persona.

Pero, lejos a lo que ella esperaba y como toda respuesta, el chico sándwich volvió a intentar un beso y esa vez, por un instante, la chica pudo sentir la definición de sus labios sobre los suyos.

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Sé que a sido larga la espera (I'm so sorry, I don't have acceptable excuses, please forgive me), pero espero que haya valido la pena.

Personalmente disfruté escribiendo las últimas andanzas de Frank-el-sándwich-ninja.

Realmente espero que lo hayan disfrutado y prometo no volver a tardar tanto en actualizar (palabra de Boggartt (lo sé, soy su peor pesadilla).