Disclaimer: Hetalia no me pertenece, blablablá.

Advertencia: Un español deprimido por el alcohol. Hipocresía navideña. Ojazos verdes.


-…¿Antonio?

Sí, era él. El borracho al que tenía colgado del brazo, gritando su nombre y el puñetero mote de Vin como si se acabara el mundo. Venía de un numeroso grupo de chicos que canturreaba con voz torpe, entre ellos los que siempre acompañaban al español en el autobús. Brian miró a Antonio con suma sorpresa, parpadeando.

-Vaya-murmuró.-No sabía que tenías amigos en España.

-¡No es mi amigo! Solo es un pesado del autobús.

-Claro, porque yo me sé los nombres de todos los tipos que aparecen en el autobús-murmuró, divertido. Mientras, Antonio seguía agarrándose con fuerza del neerlandés, quien pugnaba porque le soltara con una mueca de desagrado, balanceando el brazo como si de una campana se tratase.

-Vuelve con tus amigos-le ordenó varias veces, sin resultado. El otro siempre repetía lo mismo, arrastrando las sílabas de una forma desquiciante.

-¡Pero…Vin, ven tu también…! ¡Quiero que te diviertas!

-¡Te he dicho que no me llames Vin, por muy borracho que estés!

-¡P-Pero Vin es adorable!

Vincent no sabía si se refería al mote o a él, y prefirió pensar que lo primero para evitar que su hermano menor le viera avergonzado. Siguió peleando con el moreno por que se soltara, sin mucho resultado, mientras este le rogaba que fuera con él al botellón. Brian simplemente se reía de forma disimulada, encontrando graciosa la desesperación de su consanguíneo. Pocas veces le había visto tan enfadado, pero no daba exactamente miedo. Ambos parecían más bien un matrimonio.

Terminaron por seguir avanzando, arrastrando al moreno consigo. Vincent gruñó al poco rato, harto de tener a ese fardo encima.

-No pienso llevarlo a mi piso.

-¿Entonces qué hacemos, broer?

-Abandonémosle en un cajero.

El menor soltó una fuerte carcajada, poniendo aún más nervioso a Vincent.

-No podemos hacer eso, pobrecillo. Se ve que te tiene cariño…Y ni siquiera puede tenerse en pie él solo.

-No es un puñetero cachorro, puede valerse por sí mis…-un ruido cortó su frase, y es que Antonio había dejado de canturrear, chillar, o cual fuera que era el sonido que había salido de su garganta hasta entonces.-… ¿Qué te pasa?

El tono de voz de Vincent había sido ahogado, algo temeros. Antonio finalmente se soltó, tambaleándose hasta apoyarse en un banco cercano.

-¿Antonio?-articuló, antes de que el joven vomitara sobre el susodicho banco, encorvándose sobre sí mismo de forma tosca. Vincent frunció el ceño y le puso una mano en la espalda, esperando a que terminara.

Brian frunció los labios y apartó la mirada, intentando disimular lo asqueado que estaba por la escena, e ignorando las miradas ajenas de otros viandantes. A lo lejos, los compañeros de Antonio seguían canturreando, ajenos a la desaparición de su compañero, y en idiomas cada vez más diversos.

Vincent cogió con brusquedad al español del brazo, previendo que se caería tras la vomitona, y se contuvo para no darle una bofetada y que despertase. Solo hubiera servido para que pensaran que le estaba maltratando.

-Vincent…-murmuró el otro, dejándose agarrar y usando al neerlandés de apoyo. Brian se acercó y le tendió un pañuelo, con el que el íbero se limpió torpemente los restos de vómito que aún quedaban alrededor de su boca.

-No parece muy bien…Deberíamos llamar a sus amigos-murmuró Brian, ganando un asentimiento de su hermano mayor. No quería seguir aguantando a un borracho.

Sin embargo, para su sorpresa, Antonio se negó a volver con el grupo.

-N-No…No puedo volver…

-¿Qué dices ahora?-le espetó Vincent, de repentina mala leche. Bueno, peor de la que solía tener.

-¿Por qué no ibas a poder volver?-el joven ladeó la cabeza,extrañado.

-Porque…todos ellos ya están ocupados…-murmuró, arrastrando las sílabas incluso más que antes. Su tono era deprimente, ¿ese efecto tenía el alcohol sobre el siempre feliz Antonio?-No quiero…Molestarles…

-Eres su amigo, dudo que les vayas a molestar-gruñó Vincent, intentando soltarse. Miró otra vez al grupo.-Además, nosotros también estamos ocupados. Así que suéltame.

Antonio le miró unos instantes, con aquellos grandes ojos verdes que tanto le afectaban, y simplemente se separó, tambaleándose hacia los demás.

Vincent sintió un leve pinchazo en el pecho, y su expresión no pasó desapercibida para Brian.

-Anda, broer…-suspiró.- ¿Nos vamos a casa?


El ambiente seguía tenso entre ambos incluso en casa. Vincent había recibido con frialdad los regalos que Brian le había traído desde Ámsterdam, sin tan siquiera abrir los de sus padres. Al ver la mirada de su hermano menor, rodó los ojos.

-No necesito nada suyo.

-No he dicho nada-suspiró, pesaroso. Ya debía haber esperado aquella reacción.-Pero…

-El tuyo y el de Emma sí los abriré, por supuesto. Y los recibiré con gusto-siguió sin mirarle, y en cambió dirigió sus ojos fríos a la mesa. Deshecha, sucia, de la cena que había tenido lugar apenas unos minutos antes de aquella escueta entrega de regalos. La televisión mandaba mensajes de familiaridad, de felicidad, calor, y todas esas cosas que Vincent se sentía incapaz de volver a expresar.

Brian cogió el mando a distancia, y habló mientras hacía zapping. Con el pelo sin engominar, ese jersey rojo y unos pantalones de pana, era muy distinto al joven del aeropuerto. Parecía menor de lo que era.

-¿Sabes? Emma te echa mucho de menos, siempre me lo dice. Y que deberías dejar de ser tan distante.

-Lo intentaré-dijo, a modo de escapar de tan incómoda conversación, mientras le indicaba a Brian que se detuviera en un canal, donde echaban las noticias.-Déjalo ahí.

Brian no le contradijo, con un suspiro de cansancio.


Sin darse apenas cuenta, los días habían pasado, y el fin de año había llegado. Otro año que llegaba su fin.

Año nuevo, sueños nuevos, vida nueva, según algunos. Era la fecha ideal para volver a comenzar algo, para los lienzos en blanco, para promesas que tal vez cumplirían, y tal vez no.

Pero para Vincent, no significaba nada. No había casi nada que pintar en el lienzo, ni promesas que hacer. La rueda monocromática de su vida continuaba en su propio curso, ajena a las demás. No tenía sentido prometerse que dejaría de fumar-no lo haría nunca-, ni iría al gimnasio-no lo necesitaba-, ni cosas de esas.

Sin embargo, Brian y su juventud estaban mucho más emocionados que el desencantado neerlandés, y esperaban la fecha con ansia. Debido a más ruegos de Emma, Vincent se había visto obligado a hacer una trabajada-y cara-cena para ambos, con uvas sin pepitas incluidas.

Joder con el crío. Por mucho que fuera su hermano, en el momento que vio el precio de la reserva-SOLO LA RESERVA-tuvo ganas de ahorcarle.

Luego pensó en que el crimen de asesinato con agravante de familia no le daba muchas salidas para después, y se tranquilizó un tanto.

Cuando llegó al restaurante, hizo una mueca. Las sillas eran de lo que parecía terciopelo rojo, con bordes, patas y brazos dorados. El suelo era transparente, dando la impresión de que la alfombra roja que les recibía flotaba en la nada.

Vincent sintió el primer escalofrío de la noche. Lo único caro que tenía era su apartamento de dos pisos, y porque había sido un sueño infantil. Todo lo demás que le costara demasiado dinero le repudiaba.

Hizo un esfuerzo, y caminó hasta la mesa que tenían él y Brian reservadas. La silla era cómoda, a pesar de que a primera vista no lo pareciera, y se acomodó sobre ella con un deje molesto.

-Esta silla ha sido más cara que mi vida, Brian-masculló, causando una leve risa en su hermano menor.-No tiene gracia.

-Es que lo dices de una manera…Eres un exagerado, hermano.

"El mantel de la mesa es de mejor tela que mi traje de la primera comunión" quiso decirle, pero en ese momento el camarero llegó a su mesa, dejando con una leve reverencia los menús. Los ojos de Vincent le siguieron, para luego dirigirse a la minuta.

Todo caro. Debería haberlo esperado.

-Vincent, ya que estás aquí, coge algo por algún criterio que no sea su precio-rió suavemente.

-No pienso derrochar aún más. Y pensaba que tú harías lo mismo, sinceramente.

-Da igual…-el menor miró la carta, evitado seguir con la conversación. Sin embargo, no estaba leyendo, sino pensando. ¿Por qué todo con Vincent tenía que ser así? ¿Por qué acumular tanta tensión, tanto rencor? Había conocido un poco del Vincent preadolescente, el que había sido más alegre, y menos frío. Todos en la familia ya parecían haber asumido que aquella versión de Vincent no iba a volver.

¿Por qué?

Alguien chasqueó los dedos frente a sus ojos.

-¿E-Eh…?

-Brian, te has ausentado. Yo ya he elegido lo mío, date prisa.

-S-Sí, lo siento.

Intentó olvidar el tema, y centrarse en las comidas, exhibidas en elegantes fotos. La verdad es que todas parecían sublimes.

-Creo que me inclinaré por este-murmuró al camarero con una encantadora sonrisa, señalando una foto donde se podía apreciar, ante todo, un filete de salmón recubierto de algún aceite. Aunque para el primero, pidió un plato con legumbres.

-Sí, señores. ¿Desean algo más?

Por la cara de Vincent, se le veía ansioso por fumar. Pero un cartelito le dejaba claro que allí tampoco podía.

-¿Hay zona para fumadores?

-No, señor. Lo lamento.

El neerlandés reprimió una mueca de disgusto, mientras Brian le miraba con una sonrisa divertida.

-Hermano, fumas demasiado-el otro se encogió de hombros, dándole a entender que le era indiferente.-Solo me preocupo por tu salud, puedes acabar mal.

-Ya, pero yo quiero seguir fumando-hizo hincapié en la palabra "quiero".

-¿Y si te da cáncer de pulmón, qué?-Brian frunció levemente el ceño, cruzándose de brazos.

-Brian, no me hagas empezar otro año cabreado, por favor.

No le respondió, centrado en mirar cómo unos camareros les traían la comida, y un pequeño platito con veinticuatro uvas, doce para cada uno. Comenzaron a comer en silencio, mirándose durante un rato, hasta que el propio Vincent sacó conversación.

-¿Qué piensas estudiar cuando finalices el curso?

-No lo sé-se dio un tiempo para masticar.- Mmm, supongo que…Algo difícil-sonrió de medio lado al dar esa respuesta.-Que me resulte un desafío. Si no, sería todo demasiado fácil.

-Bueno, eres inteligente. Puedes permitirte hacer una carrera difícil.

-Gracias, Vin-rió al ver su expresión.-Vincent, quería decir.

El resto de la cena continuó fluidamente, ya al parecer olvidados los temas peliagudos en los que Brian pensaba. Sin embargo, hubo un momento en que el neerlandés ya no pudo soportar la necesidad de salir a fumar.

-¡Pero vuelve pronto, que falta poco para el año nuevo!

Vincent solo había asentido, apoyándose en una farola de la calle para fumar. A su lado, un indigente solitario se encogía en un banco, probablemente hundiéndose en su propia miseria. Suspiró, pero alzó una ceja al mirar a aquel bultito de nuevo.

No era ningún indigente. La luna se reflejaba a la perfección en sus ojos verdes.

-Tú.

Antonio se giró hacia él, mostrándose gratamente impresionado al ver al otro. Lo demostraba la sonrisa suave que se había formado en su rostro, y la forma en que se abrieron aún más sus ojos.

-¡Vin!

-Vincent.

-¡Da lo mismo, hombre!-rió. No parecía borracho, como el día de Navidad…Más bien como siempre.- ¿Qué haces aquí?

-Cenar-dudó un poco antes de añadir.-Con mi hermano pequeño.

-Vaya…Yo estaba cenando con mis padres en un restaurante de aquí cerca. Vamos a tomar las uvas dentro de poco…

Ambos suspiraron a la vez.

-¿Te has escapado de la cena, así por las buenas?

-Bueno, simplemente les dije que necesitaba pensar un poco. Y me han dejado un rato, pero… ya deben estar preocupados. ¿Qué hora es?

Vincent consultó el reloj de muñeca, frunciendo los labios. Faltaban apenas unos cuarenta minutos.

-Las once y veinte.

-¡Vaya! Pensé que sería más tarde. Entonces me quedaré un ratito… ¡Vamos, siéntate!-le sonrió, convenciéndole a regañadientes de sentarse a su lado.-Oye, Vincent…

-¿Qué pasa?

-Siento lo ocurrido…el otro día.

-¿El qué?-murmuró, justo al sentir un fogonazo de memoria.-…Ah. Pensaba que estabas suficientemente borracho como para no recordarlo.

-Sí lo estaba, aunque no lo recuerdo del todo-suspiró.-Si te causé algún problema, yo…

-Bah, tampoco fue para tanto. Solo eres bastante molesto.

El español miró a otro lado, pensativo y silencioso, y abrazándose a sus piernas. No había manera de imaginar sobre qué reflexionaba, pero parecía una persona totalmente distinta.

Vincent se terminó el cigarro y lo dejó caer al suelo, mirando otra vez el reloj. Se había pasado diez minutos solo mirando al chico del autobús, quien parecía embobado en sus propios pensamientos, sin intención de salir.

-…Debería irme-dijo el neerlandés, plegando los labios al verle reaccionar. Esperaba poder escapar con disimulo.

-Vaya. Que te lo pases bien con tu hermanito-sonrió con suavidad, mirándole fijamente. Aquellos malditos ojos otra vez, que parecían una explosión de color verde incluso en una noche tan cruda y oscura como aquel fin de año.

Dios, ¿en qué cosas estaba empezando a pensar por su culpa?

-Adiós-dijo, dándose la vuelta al levantarse. No quería seguir mirándole como un imbécil.

-Feliz año nuevo, Vin-susurró el español, viéndole irse. Por una vez no le discutió el maldito mote.

-Feliz año nuevo, Antonio.

Dio un par de pasos, antes de oír de nuevo la voz del moreno, que se había levantado rápidamente del banco. Una de sus manos agarraba su gruesa gabardina, causando una leve molestia en el mayor por el contacto físico.

-Espera. Solo una cosa más.

-¿Qué?

-Si quieres, puedes llamarme Toño-su tono era alegre y entusiasta.-Me parece más bonito.

¿Le estaba sugiriendo un mote cariñoso, señal de intimidad y amistad? Era gracioso y confuso a la vez. Vincent alzó una ceja, con incredulidad, y se volteó hacia él.

-Te llamas Antonio, y así te voy a llamar-evitó hacer una mueca al decir eso. No le estaba agradando del todo ser tajante.-No hay razón para acortarlo.

-Bueno, si lo ves así-Antonio seguía sonriendo, a pesar de la leve decepción. Una voz de mujer le llamó al final de la calle, atrayendo también la atención de su acompañante.- ¡Hasta pronto, Vincent!

El aludido alzó una mano, gruñendo algo en su idioma natal por lo bajo, y vio a Antonio llegar hasta una mujer mayor y hablarle, probablemente era su madre. Tenía el pelo marrón, como él, pero largo y recogido en un elegante moño, pero no pudo llegar a ver más.

Suspiró, y volvió dentro de su restaurante, justo en el instante que daban los cuartos.


ASDF me ha encantado escribir este capítulo. Tuve que poner muchísimos cambios por en medio, quitar cosas sobre todo, porque quedaban poco verosímiles por mucho que intentara ponerle sentido. De hecho ahora lo pienso y es...WTF, cómo iba a poner esa chorrada. En fin. xD

Uuuuuh.~Ned está hipnotizado por el jovencito español. Pero aún no se ha llegado a enamorar, nein,nein. Aún va a tardar un poco.

Chau chau!~

PD: Si hay alguna raya mal puesta, es que ff no me va muy bien en este momento. Siento las molestias.