Los personajes no me pertenecen.

Historia Original: Love Story- Erich Segal.


En el partido contra Cornell me cascaron.

La culpa fue mía, en realidad. En un momento de apasionamiento cometí el desdichado error de "calificar" al medio centro del equipo contrario de "Canadiense de mierda". Mi desliz consistió en olvidar que cuatro de los miembros del equipo contrario eran canadienses, y, según pude comprobar inmediatamente, los cuatro extremadamente patrióticos, atléticos y situados dentro del radio de audición de mis palabras. Para agregar el insulto a la ofensa, el castigo me lo impusieron a mí. Y no un castigo cualquiera, además: cinco minutos por pelearme. Había que oír a los hinchas los hinchas del Cornell cuando lo anunciaron por los altavoces. Los seguidores del Harvard que se habían tomado la molestia de trasladarse hasta Ithaca, New York, no eran muy numerosos, a pesar de que estaba en juego el título. ¡Cinco minutos! Mientras me dirigía a la zona de castigo pude ver a nuestro entrenador jalándose los cabellos.

Jackie Watson se acerco a mí como un rayo. Hasta entonces no me di cuenta de que tenía el lado derecho de la cara hinchado. "Santo Dios", iba repitiendo Jackie mientras manejaba el lápiz astringente. "Por Dios, Yamato."

Yo permanecía inmóvil, con los ojos perdidos en la nada. Me daba vergüenza mirar hacia la pista, donde no tardaron en verse realizadas mis peores aprensiones: El Cornell marcó. Los hinchas lloraban, rugían, rebuznaban. Estábamos empatados. El otro equipo podía perfectamente ganar el partido, y con él el título. Mierda… y apenas había transcurrido la mitad del tiempo de mi expulsión.

Al otro lado de la pista, el minúsculo contingente de los hinchas del Harvard permanecía melancólico y en silencio. A aquellas alturas los seguidores de los dos equipos ya me habían olvidado.

Solo un espectador seguía con los ojos fijos en mí. Sí, allí estaba, el hombre. "Si la conferencia termina a tiempo, procurare llegar a Cornell." Allí estaba, sentado entre los coreadores del Harvard –aunque sin corear, desde luego -; Allí estaba "El Gran Hiroaki Ishida".

Desde el otro lado del mar de hielo, el viejo de piedra observaba en un silencio inexpresivo cómo la última gota de sangre del rostro de su hijo mayor era secada con papeles adhesivos.

¿Qué podría estar pensando el hombre? ¿Lástima, lástima o algo por el estilo?

"Yamato, si tanto te gustan las peleas, ¿por qué no te unes en el equipo de boxeo?"

"No contamos con equipo de boxeo, Hiroaki"

"Bueno pensé que quizás podría hacerte cambiar de opinión respecto al hockey, al igual que lo hice con la música; de todos modos tal vez no debería acudir a presenciar tus partidos de hockey"

" ¿No iras a creer que peleo en beneficio tuyo, papá?"

"Bueno, yo no diría en beneficio.."

Aunque desde luego, ¿quién sabía qué estaría pensando? Hiroaki Ishida era un Mount Rushmore (montaña en la que aparecen tallados en roca los rostros de varios presidentes de los Estado Unidos) andante y a veces parlante.

Probablemente el viejo Ishida estaría tributándose un homenaje a sí mismo, como de costumbre: "Ve me a mí; esta tarde son contados los seguidores del Harvard que han acudido a presenciar el partido, y sin embargo yo soy uno de esos pocos. Yo, Hiroaki Ishida, un hombre extremadamente atareado, que dirige un montón de bancos y cosas por el estilo, me he tomado la molestia de venir hasta Cornell para presenciar un asqueroso partido de hockey. Ciertamente admirable." (¿Para quién?)

La multitud comenzó a rugir, como fieras, esta vez. Otro anota miento del Cornell. Estaban ganando. ¡Y a mí me quedaban todavía dos minutos de suspensión! Daniel Johnston pasó patinando, en dirección a nuestra puerta, furioso y rojo. Pasó por delante de mí sin lanzarme una sola ojeada. ¿Eran lagrimas lo que vi en sus ojos? Rayos, sí, bueno, el titulo estaba en juego, pero, Por Dios, ¡Lagrimas! Cierto que Johnston nuestro capitán, tenía un historial increíble, que lo justificaba: Siete años jugando, sin perder un solo partido, ni en la escuela superior ni en el colegio. Una especie de de leyenda viviente. Y era alumno del último curso. Y aquél era nuestro último partido en serio. Que perdimos, por 6 a 3.

Después del partido, una radiografía puso en claro que no había ningún hueso roto, tras de lo cual Selzer, doctor en medicina, me dio ocho puntos por arriba de la frente. Jackie no cesó parlotear por la enfermería, contándole al médico de Cornell que yo no seguía una dieta adecuada, y que nada de aquello hubiese ocurrido de haber ingerido yo la dosis necesaria de píldoras de sal. El médico hizo caso omiso de Jack, me advirtió severamente que había estado muy a punto de "lesionarme el suelo de mi órbita" (tal es el termino médico que empleó) y me dijo que la prudencia más elemental me aconsejaba no jugar en absoluto por lo menos durante una semana. Le di las gracias, y el médico se retiro, perseguido por Jackie, quien no cesaba de hablarle de regímenes nutritivos. Por mi parte, me alegre de quedarme solo.

Me duché despacio, procurando no mojarme la cara, que me dolía mucho. La novocaína empezaba a de ejercer su efecto, pero en cierto modo me alegraba sentir dolor. Al fin y al cabo, ¿no era lo cierto que yo lo había estropeado todo? Habíamos perdido el titulo, habíamos quebrado nuestra serie ininterrumpida de éxitos.

Tal vez la culpa no fuese totalmente mía, pero en aquel momento así me lo parecía a mí.

El vestuario estaba desierto. Estarían todos en el hotel ya. Supuse que nadie desearía verme ni dirigirme la palabra. Con ese terrible sabor amargo en la boca –casi podía paladearlo- agarre mi maleta y salí. No había muchos hinchas del Harvard esperando, en aquellos venteados desiertos de la zona norte del estado de Nueva York.

¿Qué tal esa frente, Ishida? – dijo Taichi apareciendo y mirándome de un modo preocupado.

Bien, no es nada, Tai.

Lo que necesitas ahora es un bistec –dijo otra voz familiar.

Así habló Hiroaki Ishida. Muy propio del él.

-Gracias, papá –dije- El médico ya se ha ocupado de eso.

Y señale el parche que cubría los ocho puntos.

-Quiero decir para tu estomago, hijo.

Durante la cena, sostuvimos una más de nuestra ininterrumpida serie de no-conversaciones que empiezan, todas, con: "¿Cómo te va?" y concluyen con: " ¿Puedo hacer algo por ti?"

-¿Cómo te va, hijo?

-Bien.

-¿Te duele la cara?

-Qué va…

Empezaba a dolerme como cien mil diablo.

-Me gustaría que nuestro médico te examinara el lunes.

-No es preciso, papá.

-Es un buen especialista y…

-El médico de Cornell no es precisamente un veterinario –dije, con la esperanza de echarle un jarro de agua fría al esnobismo de mi padre, que siente un gran entusiasmo por los especialistas, los expertos y demás "personajes importantes".

-Por desgracia- observó Hiroaki Ishida, en lo que yo interpreté inicialmente como un intento de humorismo- porque el corte ha sido ciertamente bestial.

-Si- dije.

Y de pronto se me ocurrió pensar si el jueguecito de palabras de mi padre no entrañaría una especie de reprimenda por mi manera de actuar en la pista.

-¿No querrás sugerir que esta tarde me he comportado como un animal?

Leí en su rostro el placer que le producía el hecho de que se lo hubiese preguntado. Pero se limito a contestar:

-Fuiste tú quien habló de veterinarios.

Al llegar a ese punto, decidí estudiar el menú. Mientras nos servían el plato fuerte, mi padre empezó a largarme otro de sus pequeños sermones simplistas, esta vez, si no recuerdo mal –y preferiría no recordarlo en absoluto- acerca de las victorias y derrotas. Formuló la observación de que habíamos perdido el título, pero, al fin y al cabo, en el deporte, lo importante no es ganar, sino participar.

-Tu hermano, formalizo su relación con Hikari, piensan casarse en unos años – dijo.

-Sí, me lo comento.

-¿Solo dirás eso?, te recuerdo que tu hermano tiene 18 años.

-Es su vida, y el siempre hace las cosas bien ¿verdad?

Recorrimos la habitual escala musical de nuestras conversaciones, que se centran alrededor del no-tema predilecto de mi padre: mis planes.

-Y bueno, ¿Qué hay de ti?

-¿Qué hay de mi?

-¿Algo formal?

-nada que deba preocuparte.

-ya acabas la universidad, ¿recibiste noticias sobre el empleo?

-En realidad, aún no estoy decidido por ese puesto.

-Yo sólo preguntaba sí ellos se han decidido por fin en cuanto a ti.

¿Se trataba de otra muestra de humorismo por parte de mi padre? ¿Se suponía que debía sonreír ante la amable retórica de mi progenitor?

-No, papá. No he tenido noticias.

-Si te parece, puedo llamar…

-¡No! –Solté, como en un reflejo instantáneo- No, papá.

-No quise decir para pedir influencia –dijo Hiroaki Ishida, virtuosamente- , Sólo para preguntar.

-Prefiero recibir la carta como todos, por favor.

-Bien, desde luego, como quieras.

-Gracias.

-Por otra parte, estoy seguro que te buscaran – agregó.

No sé por qué, pero Hiroaki siempre se las compone para rebajarme aun cuando me dedica frases laudatorias.

-Yo no estoy tan seguro – conesté- Al fin y al cabo, ahí no hay equipo de hockey.

No tengo idea de por qué me empeñaba en rebajarme a mí mismo. Acaso porque él adoptaba la actitud opuesta.

-Tienes otras cualidades- dijó, sin concretar. (Dudo mucho que hubiese podido hacerlo.)

El menú resulto tan poco ameno como la conversación, salvo que hubiera podido presidir que los panecillos estarían secos aun antes de que nos los trajeran, mientras que nunca he podido prever qué tema se dispondrá mi padre a plantearme.

-Además, siempre queda el Cuerpo de la Paz- agrego.

-¿Cómo? –pregunté, no muy seguro de si Hiroaki formulaba una observación o una pregunta.

-Yo creo que el Cuerpo de la Paz está muy bien, ¿no te parece?.

-Bueno- dije yo- desde luego siempre será mejor que el Cuerpo de la Guerra.

Estábamos empatados. Yo no sabía qué quería decir él, y viceversa. ¿Se habría acabado el tema? ¿Pasaríamos ahora a discutir otros asuntos del día o los programas del gobierno? No. Por un momento yo había olvidado que nuestro tema básico, fundamental, es siempre el de mis planes.

-Por mi parte, no pondría objeción alguna a que ingresaras en el cuerpo de la paz, Yamato.

-Lo mismo te digo, Papá – respondí.

Por lo demás, estoy seguro que Hiroaki jamás me escucha, de modo que no me extraño que no reaccionara ante mi pequeño sarcasmo.

-Y entre tus compañeros de clase-Prosiguió- ¿Qué actitud impera?

-¿Qué?

-¿Consideran que el Cuerpo de la Paz tiene un papel en sus vidas?

Supongo que mi padre necesita la frasecita como el pez necesita al agua: "Si papá."

Hasta el pastel de manzana estaba pasado.

Hacia las once y media lo acompañe hasta su coche.

-¿Puedo hacer algo por ti?

-No, buenas noches, papá.

El coche arrancó.

Si, desde luego hay una línea aérea entre Boston e Ithaca, Nueva York, pero Hiroaki Ishida prefiere conducir. No se vaya a creer que aquel montón de horas al volante deba ser interpretado como un rasgo de amor paterno. Lo que ocurre es que a mi padre le encanta conducir. A toda velocidad. Y a aquella hora de la noche, se puede correr como un rayo.

Estoy seguro que Hiroaki Ishida se disponía a batir su propia marca de velocidad Ithaca Boston, que habíamos establecido el año anterior, después de derrotar al Cornell y hacernos con el título. Lo sé, porque vi que consultaba el reloj.

Volví al hotel para llamar a Mimi.

Fue el unicó momento agradable de la velada. Le conté lo de a pelea, y me di cuenta que lo pasó en grande. Pocos de sus amigos del ramo de la solfa suelen liarse a puñetazos con la gente.

-Supongo que por lo menos golpeaste al tipo que te pegó, ¿no? –me preguntó.

-Desde luego. Lo masacre.

-¡Como me hubiese gustado verlo! Puede que en el próximo partido te cargues a alguno, ¿Verdad?

-Claro que sí.

Sonreí. ¡Como adoraba Mimi las cosas sencillas de la vida!


Aquí re portándome de nuevo!, Hola mis queridas lectoras ¿Cómo les va?, aunque dije que subiría el episodio mañana, decidí terminarlo hoy, ya que solo le faltaban algunos detalles y pude terminarlo rápido.

Quería disculparme, hoy fue otro capítulo que habla sobre hockey y se que es algo pesado y difícil de comprender, pero les prometo que este es el ultimo capitulo que hablara sobre hockey.

Y quiero agradecer por sus prontos review, gracias chicas las aprecio

Mimimatt26 gracias, eres mi primera lectora y me alegra que sigas atenta este fic, y Mimi no está siendo mala, solo un poquito jajajaja, igual cuídate un montón y que todo te vaya bien.

MimiDeIshida, disculpa, este capítulo también trata de hockey, lo siento, pero no volveré a escribir de hockey, Yamato, empezó a interesarse en Mimi?, pues ya lo verán. Cuídate.

Ofelia de Ishida, me sorprendió mucho que te gustara la parte de hockey, me alegra que no te pareciera pesado, trate en lo máximo hacerlo ligero, porque yo tengo el libro en ingles y es algo más complicado, y me reí mucho con tu punto de vista, la talla y medidas de Yama son perfectas xD, yo también quiero un chico así, bueno espero sea de tu agrado este capítulo, y cuídate un montón.

Johy Garcia, gracias por dejar review, y si ya pronto avanzaran en su relación. Cuídate un monton.

Awwwww muchas gracias, por su prontos review, me alegro muchísimo entrar y ver que me habían escrito, muchas gracias, cuídense un montón y abríguense hace mucho frio, o por lo menos aquí hace muchísimo frio.

By Min