Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Cingulomania

-Fuerte deseo de sostener a alguien entre sus brazos-

Las hermosas alas blancas desaparecen. Aún vuela en el aire lo que fue, son los trozos de una vida que existió por poco tiempo para él. Eran parte del ángel al que nunca le dio forma pero al que reconoció al verlo brillar en el cielo, más cintilante que nada. Vio las balas clavadas a su pecho, creyó que ahí residía toda su fuerza. La esperanza que no muere.

Angemon lo consoló, al niño que en ese entonces sólo tenía ocho años y hacía lo que tenía más cerca a su condición; llorar.

Los últimos vestigios rezagados de la batalla cayeron, formando una hojarasca de plumas blancas. De ellas se formó un huevo de rayas amarillas.

Takeru sintió un calambre que le bajó desde el hombro hasta la punta del dedo índice, un resorte que instantáneamente lo empujó a tener en sus brazos aquel huevo vibrante de vida.