Capítulo 4

Harry POV

Preparar comida digna de un Malfoy, tengo que preparar comida digna de un Malfoy. (Me pregunto por qué, si solo le invitado a un café.)

Bueno, gracias a Merlín, que Ginny se ha ido ya. Me mataría si viera todo este desastre. Voy a intentar acabar algo comestible (y si no encargaré una pizza) , porque creo que mis dones de cocina no van mucho más allá, y luego recogeré todo esto.

Y me vestiré, y prepararé el maldito café y... Me estoy estresando. Vale Harry, respira hondo y tranquilízate. ¿A qué viene tanto nerviosismo? La otra mitad de mi consciencia, me responde con un porque son las seis menos cuarto y aún no has hecho NADA. Vale, vale, pues dejemos el resto para luego, y ahora solo preocúpate por ponerte ropa limpia. Subo de dos en dos las escaleras que llevan al piso de arriba de nuestra pequeña casa y me dirijo al ¨baúl de la ropa elegante¨ Una camisa blanca y unos vaqueros negros (Debería replantearme el concepto de ropa elegante) Se me había olvidado algo que tenía que hacer. Recoger el salón. Ron y Hermione habían venido a visitarme (a cotillear sobre Draco, mejor dicho) y al final habíamos acabado viendo un partido de Quiddich. Por lo que mi querido y acogedor salón estaba lleno de palomitas, bufandas de los equipos y plumas de cojines, porque Ron no soporta que critique a su equipo favorito, y claro, le entra la vena violenta... y me pega con todo lo que encuentra. Suerte que esta vez solo había cerca cojines y mantas. La ultima vez me rompió la nariz con un bate de béisbol.

Las seis menos diez. No. NO. NO. ¿PORQUÉ HUELE A QUEMADO?

Arghh, vale, ahora pide comida Harry. Pizza, pizza, teléfono. Sí. Espero que a Draco le gusten las anchoas.

De repente me giro, y veo como un fuego verdoso brilla en la chimenea, trayendo con él a Malfoy. Parpadeo sorprendido. Las llamas ya se han extinguido, pero él parece seguir ardiendo en una nube plata y verde. Intento quitar mi expresión de perplejidad y sustituirla por una sonrisa amable.

-Vaya, Draco, llegas pronto.- Jodidamente pronto, más bien. No podías haberte retrasado un poco, don perfecto.

Draco se encoje de hombros y sale ágilmente de mi chimenea. Se sacude el polvo de su capa y me mira con sus ojos grises. Nunca me había fijado en lo profundos que son.

Nos quedamos ahí, de pie. Evaluándonos el uno al otro, sin decir nada. Quiero romper el hielo con alguna frase ingeniosa, con algún comentario, pero solo me quedó petrificado. Al parecer esto va a ser más difícil de lo que creía.

- Me alegro de verte, Harry. De verdad. - Al final había sido el rubio quien había empezado la conversación.

- Yo también Draco, y me alegra mucho que hayas aceptado.. mi invitación.

- No te tomes tantas libertades con mi nombre, Potter.

- ¡Pero sí eres tu quién me ha llamado por mi nombre de pila!

- Ventajas de la familia Malfoy... - Frunzo el ceño, intentando buscar una respuesta mordaz y elocuente, pero la sonrisa lobuna de Draco me desarma.

- Hay cosas que nunca cambian ¿no?

- Ojalá tu pelo no fuera una de ellas. Tan horrible como siempre.

- Eres un idiota ¿lo sabías?

- Y tu un cara rajada ¿no te lo había dicho nunca?

- Solo unas dos mil veces en ocho años... - Pongo los ojos en blanco.

- Vaya, creí contar tres mil.

Ambos nos miramos otra vez y nos reímos. Toda la tensión se esfuma y el ambiente se relaja. Me da la impresión que con dos minutos de conversación hemos conseguido hablar más que en los seis años que pasé en Hogwarts.

Draco mira alrededor con aprobación.

- Me alegra que alguien de tu familia tenga gusto al decorar.

- ¡Ey! La casa la decoramos entre los dos. - Aunque, la verdad es que Ginny se había encargado de la mayor parte. No es mi culpa si no se diferenciar entre un naranja caldero de un cobre normal y corriente. Además,¿desde cuando los calderos son naranjas?

- Ahora entiendo lo de esas cortinas. - Miro las cortinas, y si, fueron de mi elección. (Tienen dragoncitos, no me pude resistir)

Haciendo caso omiso, le indico con la mano un sillón, y con toda la parsimonia del mundo se ¿tumba?

- Malfoy ¿qué haces?

- Estoy muy cansado Potter. Y es por tú culpa, así que callate. Tienes más sillones.

- ¿Por qué por mi?- Pongo cara de jo-por-qué-tengo-siempre-la-culpa-de-todo, consiguiendo sacar una sonrisa al niño vago.

- Pues porque llevaba como dos horas intentando averiguar que ponerme.

- ¿Y eso cansa mucho cerebralmente?

- Más de lo que nunca podrás imaginar, hipopótamo sin gusto. - ¿Hipopótamo?

- Siento que hayas tenido que hacer trabajar tu magnífico cerebro por mí.

- Te perdonaré si me haces un buen té.

- Te traeré algo de café. - Me giro hacia la cocina ignorando los grititos de Malfoy.

- Odio el café, abrazafarolas. * - ¿Abraza qué? Me pregunto de dónde se sacará los insultos este tío...

- Será mejor que traiga unas cervezas. No sé si te aguantaré toda la tarde sin alcohol.

- Lo que yo decía...

Volví al salón con dos botellines de cerveza. Le pasé una a Malfoy, que por cierto se había quitado la capa y la había dejado dobladita a su lado. Miré los sofás, pero decidí sentarme en el suelo, apoyándome en el sillón donde se había tumbado Draco.

- Potter, me has hecho esperar tanto para esto...

Vuelvo la cabeza medio asustado, medio intrigado. Pregunto con un susurro.

- ¿Para qué?

- Para verte arrodillado a mis pies, qué sino Potter.

- Lo primero, cabeza de chorlito, estoy sentado, no arrodillado y...

Me callo al oír la melodiosa risa del rubio. No puedo evitar sonreír yo también. Lo que parecía que iba a ser una velada tensa se ha convertido en una tarde realmente agradable.

Draco se recuesta en MI sofá, se bebe su cerveza de un trago, y se vuelve a tumbar. Yo hago como si no le estuviera mirando, pero no soy nada bueno fingiendo.

- ¿Quieres otra? - Le pregunto. El asiente como respuesta, así que voy a por más. (Muchas más)

Tras unas cuentas cervezas (y whiskys de fuego...) y otras tantas miraditas de reojo a Draco (y pensamientos del tipo: que pelo tan brillante, que piel tan perfecta y pálida), se está empezando a formar un nudo en mi estómago.

Creo que estoy borracho.