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Nueva York. Quince años atrás.

Hacía bastante tiempo que Yoshi y Thag Shen llevaban viviendo en la Gran Manzana. Para Oroku Saki localizarlos no fue difícil; sin embargo esperó un tiempo prudencial antes de actuar. Primero que nada, hizo que varios espías del Clan del Pie les siguieran. Quería conocer todos y cada uno de los movimientos de la feliz pareja oriental.

Finalmente, se decidió a actuar. Lo hizo una noche en particular. Para ello, se preparó con todo hasta última hora. Después de entrenar con sus sirvientes y discípulos, Saki procedió a vestirse para el combate. En una ceremonia especial en el interior de los cuarteles generales del Pie en Manhattan, sus asistentes lo vistieron con los atuendos para la ocasión. Su traje consistía en una armadura de metal, a la cual se le habían adherido unos brazaletes y hombreras con filosas y curvadas cuchillas. Coronando la vestimenta de guerrero, estaban el casco y la mascara Samurai.

Saki desapareció, así entonces. Aquella noche, El Destructor se cobraría su venganza.


Yoshi llegó a su apartamento esa noche, luego de un arduo día de trabajo en su Dojo. A la entrada a la vivienda su mirada se detuvo en el dantesco cuadro de los muebles destrozados y en el cuerpo que yacía sin vida ferozmente magullado de su amada, en el centro de aquél caos.

-¿Shen? ¡NO!

-Hamato Yoshi – dijo alguien, entre las sombras cercanas. El Destructor avanzó hacia su encuentro.

-¿Quién…? ¿Quien eres tú?

Debajo de la mascara de metal, Oroku Saki sonrió. ¡Había esperado muchísimo tiempo por este momento!

-Soy Oroku Saki – dijo y su voz sonó dura y fría – Soy el hermano de Nagi, a quien cobardemente asesinaste hace años atrás. He venido a cobrarme lo que me debes – señaló al cuerpo sin vida de Shen – Ojo por ojo… diente por diente… vida por vida.

-¡Maldito asesino! ¡PAGARAS ESTO!

Yoshi se arrojó sobre él, intentando golpearlo, pero el Destructor lo esquivó y ágilmente, le profirió un único estocazo mortal en el pecho con las cuchillas del guante que llevaba en la mano derecha.

-Urgh… - Yoshi escupió sangre. El Destructor hundió aun más sus cuchillas en su pechó, alcanzando su corazón.

-Había considerado luchar un rato contigo y entretenerme matándote como lo hice con la zorra de tu esposa, pero no vales la pena. Eres insignificante. ¡Te mereces una muerte indigna!

Destructor retiró las cuchillas. Yoshi cayó al piso, llevándose una mano a la profunda herida de su pecho. La sangre se le escurría entre los dedos, manchando la alfombra.

-No mereces la muerte de un guerrero, sino la deshonrosa de un asno. Adiós, Hamato Yoshi.

Yoshi se desplomó sin vida, yaciendo sobre su propia sangre. El Destructor lo contemplo con frialdad durante unos instantes. Se disponía a marcharse, cuando sintió que unos dientes filosos y pequeños se le hundían en el talón…

-¡AAH! ¿Pero qué diablos…?

Miró hacia abajo. Una rata grande y marrón se le había prendido en el talón. De una patada, se la sacó de encima, pero increíblemente el roedor ya volvía a la carga.

-Bicho asqueroso – Destructor se agachó y la atrapó. La sostuvo de la larga cola mientras el animal chillaba, enfurecido – No sé de donde has salido, pero sé exactamente adonde vas – y diciendo esto arrojó a la rata por una ventana abierta.

Quiso el destino que aquella rata cayera sin hacerse daño dentro de un contenedor de basura de un callejón cercano… y que fuera la única testigo del asesinato de su dueño.

Era la misma rata que, años después y merced a una mutación genética, relataba aquella historia a sus cuatro discípulos…


Nueva York. Época actual.

Splinter enmudeció. Había finalizado su relato. Las tortugas se miraron entre sí, serias.

-Esa es la historia del mal que vais a combatir, hijos míos – dijo el Maestro – Por eso los he entrenado todos estos años duramente en las Artes Ninja. Para que cumplan con una tarea que yo no puedo llevar a cabo… una tarea que puede –y lo hará- poner sus vidas en peligro. Les pido que venguen la cruel muerte de mi maestro, Hamato Yoshi, y la de su esposa, Thag Shen. Les pido que reten a duelo y que maten al asesino Oroku Saki… ¡El Destructor!

Leonardo y sus hermanos se pusieron de pie. Cada uno tomó un arma e hizo una reverencia a su Sensei.

-Descuide, Maestro – dijo - ¡Nosotros haremos justicia! ¡Destruiremos al Destructor para siempre!

El Principio…