Boda en un nido de serpientes. Parte III

Cuando Avril salió del baño ninguno de los chicos había vuelto todavía. Entre lo tarde que se habían despertado y lo maliciosos que fueron al gastarle aquella broma no bajaron al desayuno, cosa que no le apenaba excepto por el hambre que sentía en esos momentos.

Un "crack" se escuchó dentro de la habitación y Avril se giró deprisa y alerta. Un pequeño elfo doméstico se apareció en una reverencia ante ella y pensó en que era la primera vez que veía a un elfo niño. Todos los que había conocido hasta la fecha eran adultos.

- Buenos días señorita. Han enviado a Dobby porque no han bajado a desayunar y Dobby debe preguntar si Dobby puede hacer algo por ustedes.

"Dobby"

El pequeño elfo doméstico alzó la vista al ver que nadie le respondía. Avril parpadeaba aceleradamente, pensando que aquello no podía ser cierto. Dobby tenía la mitad de su tamaño adulto, la cabeza más pequeña donde los ojos le ocupaban prácticamente toda la cara y sus grandes orejas de gato sobresalían de punta. Los elfos domésticos llegaban al punto de resultar monos cuando eran niños, pero definitivamente se estropeaban cuanto más crecían.

Como no lo había visto en toda la noche anterior, llegó a pensar que no había nacido, pero ahora entendía por qué lo habían relegado a otras tareas. Era tan pequeño que nadie se fiaría de dejar a su cargo el llevar bebidas o canapés de un lado a otro, incluso servir comidas. Seguramente lo habían enviado a su habitación precisamente porque eran ellos los invitados en esta.

- Eres… - Avril no supo cómo seguir con la frase y Dobby sacó sus propias conclusiones.

- Es comprensible si la señorita no quiere a Dobby – dijo atropelladamente pensando que no era digno de servirla -. Dobby puede pedir que venga otro elfo doméstico…

- ¡No, no, no, no! – negó rápidamente al ver que había estado a punto de desaparecer -. No, no te vayas. Estoy encantada de que seas tú, de verdad – dijo con una sonrisa esbozándose en sus labios.

Los ojos de Dobby brillaron de alegría. Le rompía el alma a Avril que siendo tan pequeño tuviera que pasar por aquello. Nunca se detuvo a pensar cómo había sido la infancia de Dobby, siempre lo consideró un elfo valiente con sus propios ideales, pero ahora viéndolo tan pequeño, descubrió que jamás tuvo alguien que cuidara de él.

- Dobby está dispuesto a hacer lo que la señorita le pida – volvió a hacer una reverencia -. Solo diga qué es lo que desea.

Pensó que si Dobby no tenía ninguna tarea tal vez se ofendería o castigaría, así que le pidió que le llevara alguna cosa simple. Antes de que se marchara, le especificó que quería una tostada con mermelada y un zumo, porque imaginó que dejarlo a su criterio sería lo mismo que traerle la cocina entera.

Cuando se marchó se apresuró a vestirse con unos pantalones de pata de elefante de tela fina y una camisa metida por dentro. Tenía una túnica para llevar por encima, pero estaba bastante segura de que los pantalones darían de qué hablar. No era común que en ese tiempo las familias sangre pura vistieran tan muggle y ahora era cuando los pantalones se estaban poniendo de moda en el mundo mágico, así que cuando lo vio en Madame Malkin no pudo resistirse a comprarlos.

La puerta del cuarto se abrió y entraron los chicos con la mano en la barriga y mirada apenada. Avril colocó las manos en la cintura y esperó a que ellos hablaran.

- Me niego a disculparme – dijo Sirius con un dedo alzado -. Solo fue una broma y ya te has vengado. Estamos en paz.

- Estoy de acuerdo. Mis padres se están riendo de mí todavía – Sirius asintió con energía al comentario de su amigo.

- ¿Cómo os habéis librado del hechizo? – debería haberles durado más de lo que lo hizo.

- Mi padre es pocionista – dijo James -. Y realmente bueno por cierto. Ha improvisado un poco.

James se tumbó sobre la cama exhalando un gran suspiro y Sirius terminó por imitarle. Una sonrisilla se dibujó en los labios de Avril quien se sentó en una de las butacas que tenía el cuarto y decidió hacerles un poco más el vacío.

- He pedido algo de desayunar – informó mirándose desinteresada la pintura de las uñas.

- Yo no tengo hambre ahora mismo – dijo Sirius.

- Yo tampoco.

- Es difícil de creer tratándose de vosotros, pero está bien porque no había pedido nada para ustedes.

No tuvieron tiempo de decir nada más, de nuevo un "crack" se escuchó en el cuarto y Dobby apareció con una bandeja de plata llena de comida, las tostadas que ella había pedido, cinco botes de mermeladas distintos y cuatro vasos de zumo.

- Dobby ha traído su desayuno señorita.

- Muchísimas gracias Dobby – la actitud indiferente de Avril cambió tan drásticamente que los dos magos alzaron la cabeza de inmediato -. Ponlo ahí, por favor.

Juraría que el pequeño elfo parecía ruborizado, pero hizo caso de inmediato.

- ¿Dobby tú has comido? – no se esperaba la pregunta para nada y por lo tanto no contestó en un principio -. ¿Has comido hoy Dobby? ¿Tienes hambre?

- Dobby no ha comido todavía señorita – respondió apresuradamente y retrocediendo desconfiado.

- En ese caso, ¿estaría bien que me acompañaras en el desayuno?

Tal y como temió en un principio, el elfo se echó a llorar creando un escándalo monumental. Avril quería sacarlo de aquella casa, quería hallar una forma de conseguir su libertad y ser su amiga. Dobby había sido un elfo maravilloso y no quería que los Malfoy lo siguieran torturando bajo la esclavitud a la que sometían a todos los elfos. Hermione se había implicado mucho con la defensa de sus derechos y Avril la medio ayudaba hasta que se aburría de tanta ley y tanta chapa. Pero Dobby no era cualquier elfo y como a todo a lo que tenía un cariño especial lo priorizaba.

...

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Junto con la ayuda de James y Sirius, quienes le echaron una mano para que Dobby dejara de llorar solo porque sus sollozos los molestaban, Dobby había accedido a sentarse a comer con ella. Ambos magos la miraban como si le fuera salido un cuerno de unicornio en la frente y lo peor es que Dobby también. Era obvio que nadie lo había tratado así nunca, además de que los chicos no entendían qué aíre le había dado a la bruja para que se comportara así con un elfo.

Acercándose la hora del almuerzo, Dobby desapareció para irse a trabajar en las cocinas. Por otro lado, James, Sirius y Avril bajaron al jardín donde se serviría la comida. Todos los invitados que pasaron la noche en la mansión Malfoy estaban allí.

En cuanto los vieron llegar, los Potter empezaron a desternillarse de risa y Euphemia hasta le besó la mejilla a Avril diciéndole el buen trabajo que había hecho. Alphard tenía que parar cada poco porque el esfuerzo de la risa se llevaba casi todas sus energías.

Sentados en mesas redondas con manteles blancos todo tipo de manjares fueron servidos. Los setos verdes adornados con todo tipo de flores en todo su esplendor, con alguna que otra hada rondando por ahí y farolillos flotando sobre sus cabezas eran la decoración principal. La mesa de los novios permanecía bajo una carpa, para que el sol no llegase a la delicada piel de Narcissa. Sirius se había burlado mucho de aquel hecho.

Como pasó toda la comida ignorando a los merodeadores que la habían despertado de tan mala manera, centró su atención en torcer el día de otra persona, del mismo modo que se le había torcido a ella el suyo.

Snape estaba en una mesa en diagonal a la suya. De vez en cuando se cruzaban sus miradas y Avril no podía evitar sacarle la lengua de vez en cuando. La cara de Severus Snape, con su túnica y traje negros, era un absoluto poema del desconcierto. Miraba a todos lados, preocupado porque alguien los viera y luego le miraba con el ceño fruncido para volver su atención al plato. Lo mejor era Regulus que estaba a su lado. Había notado los intercambios de miradas y la traviesa lengua de Avril que escapaba cada dos por tres para molestar a Snape. La chica supo que el muchacho hacía malabares mentales para no reír de la cara confundida y molesta del mestizo. Eso provocó que Avril guiñara un ojo al menor de los Black.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo? – preguntó Sirius a su lado.

- ¿Ves a tu hermano? Estoy a punto de hacerlo reír – respondió olvidando por un momento que estaba enfadada con él.

- Buena suerte con eso – bufó.

- Deberías ayudarme. Ya falta poco.

- Tus deseos son órdenes – la sonrisa pecaminosa de Sirius no prometía nada bueno.

Cuando Regulus desvió nuevamente la mirada, Avril arrugó el ceño al tiempo que sacaba nuevamente su lengua. Sirius sacó también la suya, como un perro impaciente lamió la mejilla de Avril desde la quijada hasta el pómulo y el rostro de la bruja se transformó a uno pasmado. Torció el cuello mirando al animago con espanto, siendo recibida por una sonrisa de oreja a oreja que prácticamente le partía la cara al desvergonzado.

Una enorme carcajada se escuchó desde una mesa en diagonal a la que ellos ocupaban.

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Unos toques en la puerta los distrajeron del juego en el que estaban. Nunca pudo imaginar lo increíblemente agotador que era pasar más de siete horas seguidas con el dúo principal de los merodeadores. Era un infierno. Incluso Bill y Charlie Weasley le daban menos problemas de los que aquellos dos le daban. La interrupción vino como agua caída del cielo en una temporada de sequía.

- ¡Yo abro! – gritó Avril levantándose de la butaca en la que la tenían sentada y se llevaba la mano al abdomen para…

- ¡No lo hagas! ¿Qué pretendes? ¿Abortar a nuestro hijo? – Sirius la volvió a sentar y la recolocó al completo -. Nosotros nos encargaremos de los trabajos pesados.

- Yo abriré la puerta.

- Sirius, por favor – le suplicó sujetándole de la manga -. Es suficiente. Sea quien sea, no quiero que me vea en estas pintas.

- No hay peligro, son Frank y Alice – dijo James dándoles paso.

- ¿Qué…? – Frank ni siquiera fue capaz de terminar la pregunta al ver el panorama.

El cuarto estaba en perfecto estado. Avril parecía ser la única que no cuadraba del todo.

- Frank, Alice, sacarme de aquí. Me han obligado a ponerme esto – se señaló su abultada barriga.

Su camisa ocultaba un cojín que casi tienen que meterle a la fuerza porque al infeliz de James se le había metido en la cabeza que estaba aburrido y quería jugar a algo. Cuando Sirius preguntó a qué, el chico de las gafas no tuvo otra cosa que decir más que "a las mamás y papás". Era necesario repetir, que ni siquiera con Bill y Charlie había tenido que jugar a aquello.

Mientras Alice se desternillaba de risa en el suelo, literalmente, Frank parecía más acostumbrado, pero se dio disimuladamente la vuelta para ocultar el temblor de su cuerpo.

- Por favor, por favor, deja que me lo quite de una vez – pidió de nuevo a Sirius, tirando de la punta del cojín para quitárselo.

- ¿Estás loca? Nuestro bebé no tiene forma todavía. Si lo tienes ahora será un feto mal parido.

- No permitiré que mi sobrino sea un feto mal parido – opinó James muy serio -. Mientras esperamos podemos pensar en un nombre.

Avril chilló frustrada a medida que las risas de Frank y Alice aumentaban. Se levantó de la butaca de nuevo, dispuesta a encerrarse en el baño y no volver a salir de allí hasta que la boda terminara.

- Esa no es una mala idea Cornamenta. Vamos Avril, no te estreses, estás en un estado muy delicado.

- ¡No me toques! ¡Llego a saber esto y no os perdono en la vida! ¡Por Merlín, Morgana y todo aquel con más cerebro que vosotros! ¡Ya no puedo soportaros más! ¿Cómo lo hace Remus?

James y Sirius la veían correr de un lado a otro de la habitación con una enorme sonrisa merodeadora en sus caras. Era tan divertido sacarla de quicio, y lo mejor de todo era que lo acababan de descubrir ahora. Siempre había sido tan tranquila y lógica cuando le gastaban una broma… pero en esos momentos descubrieron que era cuestión de ser continuos y lanzarle una detrás de otra.

- Avril, Avril – llamó con falsa tranquilidad James -. Relájate. Mira, Alice ha venido a visitarte.

Estuvo a punto de golpearle la cabeza si no fuera sido por Sirius que le sujetó la mano a tiempo. La volvió a guiar hasta la butaca y la sentó. El por qué continuaba con el cojín todavía bajo su camisa era un misterio para ella, pero tenía la sensación de que si lo sacaba ahora, los dos chicos comenzarían a esparcir por la cena de aquella noche cierto rumor de un aborto. Y el que ellos no tuvieran vergüenza, no quería decir que ella no la tuviera.

- Alice, tienes que ayudarme. Sácame de aquí – le pidió cuando la chica se sentó a su lado.

A Frank lo alejaron a la otra punta del cuarto con la excusa de que tenían que hablar cosas de hombres. Los muy imbéciles hasta sacaron la caja de puros que había en una de los cajones del escritorio.

- ¿Bromeas? Lo que tengo que hacer es tener cuidado. Conociéndolos son capaces de enredar a Frank para que les siga el juego.

- Frank jamás se dejaría enredar de ese modo. Y menos en un juego tan estúpido.

- Pues tú has acabado jugando – puntualizó sonriendo.

- Cállate.

Se quedaron mirando cómo los más jóvenes trataban de convencer al mayor de "embarazar" a su "esposa".

- Frank me ha dicho que vas a dar clases de defensa.

- ¿Qué? ¿Cuándo he dicho yo…? – entonces recordó -. Oooh. No espera. Solo dije a Andrew que le enseñaría algunas cosas, nun…

- Pues ya tienes a unos cuantos alumnos – Alice sonrió con amabilidad. Tenía una sonrisa preciosa -. Andrew no lo ha olvidado y Frank quiere que yo también vaya a practicar junto con él.

- No tenía pensado dar muchas clases. Algún que otro hechizo y poco más.

- Pues yo espero que no sea solo eso – Alice empezó a jugar con sus dedos pulgares -. Cuando salgamos de Hogwarts… Frank y yo hemos decidido unirnos a la Orden del Fénix.

Avril se tensó en el asiento sin decir nada. Sabía que tarde o temprano los padres de Neville se unirían y serían unos miembros muy importantes. Pero le dolía de igual modo que se pusieran en peligro.

- Dice que si voy a unirme, quiere que esté lo más preparada posible para defenderme yo misma. Y no sabemos cómo será el maestro de Defensa de este año.

- No me estáis poniendo las cosas fáciles – le murmuró -. Yo no soy profesora, no he dado una clase en mi vida – recordó a Harry diciéndoles unas palabras parecidas una vez.

- Eso no importa. Sabes más que muchos de nosotros y no me refiero a conocimientos que puedas tener, sino a tu experiencia. Es difícil no escuchar ciertos rumores sobre ti, Bertha Jorkins se encargó de esparcirlos muy bien.

- No soy lo que esperáis – gruñó de mal humor al recordar a la cotilla insoportable.

Lo cierto era que desde que Dumbledore intervino, no volvió a tener problemas con ella. Con una maliciosa sonrisa, James y Sirius se giraron a ver a las dos chicas. James se acercó frotándose las manos con entusiasmo.

- Bueno, bueno, bueno, Alice. Por lo visto todavía no estáis casados – señaló a Frank que se rascaba la nuca incómodo -. ¿A qué estamos esperando?

Ante la cara de espanto de Alice, Avril se levantó de un salto.

- ¡Me pido oficiar la boda! – gritó al tiempo que iba a sacarse el cojín, esperanzada en que de ese modo no tendría que llevarlo.

- Me parece muy bien cariño – Sirius le tomó la mano impidiéndole que se lo quitara -. Pero te estoy diciendo que todavía es pronto para que tengamos a nuestro hijo.

- Qué pesado eres de verdad – bufó -. Anda, busca una sábana de sobra ahí en el armario y pónsela a Alice como velo.

...

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La cena transcurrió como la noche pasada. Cada rato que pasaba con los Potter era mejor que el anterior. Además, tuvo una conversación de lo más interesante con Euphemia Potter en el baño que habían adecuado para las mujeres.

- Oye Avril, perdona que me incumba, pero… tú eres amiga de esa chica, Lily Evans, ¿verdad?

- Sí, es mi mejor amiga – contestó sonriendo.

Salieron sorteando la cola que se había formado y se dirigieron nuevamente a su mesa.

- Entiendo. Verás, estoy un poco preocupada – confesó -. Sé que a James le lleva gustando desde hace un buen tiempo, pero ella no hace más que rechazarlo. Comprendo que a ella pueda no gustarle… bueno, en realidad no lo entiendo, mi hijo es encantador, pero si a ella no le gusta me preocupa…

- ¿Quiere mi opinión? – preguntó sonriéndole, ella asintió con la cabeza y se detuvieron antes de llegar a su destino para que nadie las escuchara -. Desde mi punto de vista Lily es una chica madura e independiente, mientras que James resulta… infantil, arrogante… sin ahondar mucho en detalles – se apresuró a decir al ver la ceja alzada de la madre de James -. Como el agua y el aceite. Pero Lily tiene algo que la hace especial. Ella es capaz de ver la bondad dentro de las personas y las acepta tal y como son. Creo que James ha sido capaz de ver eso y de alguna forma quedó prendado de ella. Los celos de por qué prestaba más atención a Snape que a él también han influido, pero eso es caso aparte – desestimó con un movimiento de mano -. Lo que quiero decir es que… James puede comportarse de forma muy sensata cuando la situación lo necesita. No son tan diferentes después de todo y en mi opinión, solo hace falta que Lily termine de darse cuenta. Espere un poco más Euphemia. Lily hará a James el hombre más feliz del mundo mágico y de la Tierra.

- Alphard Black tenía razón. Eres más de lo que aparentas muchacha – dijo esbozando una sonrisa.

El sonrojo tiñó sus mejillas y apresuró a Euphemia para que se sentaran de una vez.

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- Sácame al jardín Sirius, me está empezando a agobiar tanta gente.

Con delicadeza, Sirius comenzó a guiarla fuera del salón de baile, donde habían permanecido las dos últimas horas. Lo vio alzar el brazo y hacer una señal y al poco rato de estar fuera, James ya había acudido a su vera.

Pasearon entre los setos bien cuidados y las flores que permanecían abiertas incluso en la noche. Los farolillos alumbraban con una luz suave el jardín pero todavía permanecía oscuro. Habían colocado algunos bancos aquí y allá para quienes quisieran salir a pasear por la propiedad. Los tres se sentaron en uno.

- No es por nada, pero ya estoy cansado de tanta boda y tanto baile. Deberíamos alegrar la fiesta de ahí dentro – comentó Sirius.

- ¿Y qué propones? – preguntó James mientras jugueteaba con su corbata.

- Es una pena que no esté aquí Lunático. Nos daría una idea estupenda. ¿A ti se te ocurre algo pequeño pájaro? – optó por no contestar -. ¡La tienes! ¡Tienes una idea!

- ¡Yo no he dicho nada!

- Ah, pero se te nota en la cara – le pinchó la mejilla con el dedo -. Vamos, compártelo.

- Canuto tiene razón. Venga Avril, prometemos no reírnos si resulta que no es una buena idea.

- ¡Oye! Mis ideas son fabulosas.

- Solo dinos.

No sabía exactamente por qué lo había echado. La razón por la cual llevaba aquello encima era un misterio, pero cuando lo vio en uno de los cajones del escritorio de su habitación en casa de Bathilda no pudo resistirse a echarlo "por si acaso". Abrió su bolso y empezó a rebuscar en él.

- Veréis, mis amigos Fred y George me regalaron esto – tenía en la mano un envoltorio -. Se llama turrón sangranarices… y más o menos hace lo que su nombre indica. Los crearon con la idea de saltarse las clases con la excusa de una hemorragia nasal.

- Debes estar bromeando – James le quitó el dulce de la mano -. ¡Esos chicos son unos genios!

- El problema es que solo tengo ese.

- ¿Qué tal si lo metemos en la fuente donde está el vino de sauco? – preguntó Sirius.

- No sé si sus propiedades cambiarán con la mezcla – respondió frunciendo el ceño.

- ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué algo explote? – inquirió James encogiéndose de hombros.

- ¿Y cómo pensáis meterlo ahí? Está lleno de gente, no pasaremos desapercibidos.

- De eso me encargo yo – dijo con seguridad recolocándose las gafas -. Subamos a por la capa.

- ¿La has traído?

- Siempre va conmigo, pequeña.

Conseguir la capa duró menos tiempo del esperado. Tener a Sirius Black debajo de esta y de camino a la gran fuente de vino de sauco con el turrón en sus manos, duró menos que lo que se tarda en decir "colacuerno húngaro". Cuando James y Avril vieron el cucharón del cual se servía el vino moverse solo, removiendo la mezcla, se golpearon con la palma de la mano en la frente.

- ¿Qué parte de ser discretos no ha entendido? – preguntó Avril.

- A estas alturas deberías saber que él no es discreto. Llama la atención a donde quiera que va. ¡Le gusta llamar la atención!

- Por supuesto que sí. El mundo necesita ser iluminado con mi presencia – respondió una voz cerca de ellos, pero el dueño de esta era invisible.

- Tu luminosa presencia no se ve ahora mismo – recordó Avril -. Salgamos de aquí para que puedas quitarte eso de encima.

- ¡Espera! Mira nuestra primera víctima – señaló James con una gran sonrisa.

Estaba claro que ese chico era gafe. Iba a comenzar a pensar que Snape se metía en más líos de los que le correspondían por su mala suerte más que otra cosa. Siempre el lugar y el momento equivocados. Llenó el cucharon y dejó caer su contenido sobre un vaso. Después de él unas cuantas personas más lo llenaron también, pero mientras que James y Sirius se reían por lo bajo, Avril fijó sus ojos azules en algo que llamó más su atención.

Al final de la sala, Bellatrix cuchicheaba algo con su hermana y el marido de esta. Parecía apurada y miraba a unos puntos en concreto. Siguió con la vista los lugares que tenía vigilados y comprobó que se trataban de los aurores que habían contratado para proteger la fiesta. Fabian y Gideon habían vuelto también aquella noche.

Cuando volvió a verlos, Bellatrix empujaba a la pareja de recién casados con prisa hacia una puerta que daba a un pasillo, procurando que nadie se percatara de su marcha. No le gustó ni un poquito.

Cogió a James de la manga y tanteó en el aire hasta que fue capaz de dar con Sirius. Los apremió para que la siguieran y tras un enorme jarrón Avril los apretujó a todos bajo la capa de invisibilidad.

- ¿De qué va todo esto? – preguntó James cuando empezaron a moverse a la par hacia la misma puerta por la que habían desaparecido.

- He visto a Bellatrix muy rara. Se ha llevado a Lucius y Narcissa por aquí.

- No sabía que te gustara meter las narices en los asuntos de los demás – dijo Sirius con una sonrisa exuberante.

- Solo cuando los asuntos son chungos. No me fío ni un pelo de ellos – pero entonces se detuvo a pensarlo.

Después de todo a lo mejor no era tan buena idea. Se trataba de tres mortífagos (incluyendo a Narcissa por estar desposada con uno), contra tres adolescentes. Si los pillaban estaban metidos en un buen lío y si la cosa era más grave de lo que parecía no quería meter a Sirius y James en problemas de los que no pudieran salir.

- Vaya, cualquiera diría que acabas de conocerlos.

No contestó al último comentario de Sirius. Si él supiera hasta qué punto los conocía…

- ¿Sabéis qué? Tenéis razón. Dejémoslo, esto no nos incumbe y…

- Ah, no – negó James -. Ya es tarde para echarse hacia atrás. Has alimentado al monstruo.

- Quítale los tacones James, repiquetean demasiado sobre el suelo – dijo Sirius mientras la sujetaba por la cintura para que mantuviese el equilibrio.

Aquella maniobra en un pasillo oscuro, bajo la capa, sin luces y desértico donde se escuchaba hasta la más suave respiración fue toda una aventura que Avril no quería repetir. Descalza y con dos testarudos a ambos lados llegaron hasta una puerta donde un pequeño elfo tocaba suavemente. Llevaba en una bandeja de plata cuatro copas y una jarra con algo dentro.

La puerta fue abierta por Bellatrix, a sus espaldas una suave luz de velas la enmarcaba y las sombras la hacían verse macabra. El perfil de Dobby se entrevió cuando le dio paso dentro de la estancia bajo la estricta mirada de la mujer y tanto James como Sirius vieron el momento de entrar pasando por su lado.

Aquello le daba cada vez más mala espina a Avril. Entraron sin ser descubiertos y se agazaparon en una esquina del estudio. Una enorme mesa de caoba estaba en el centro y las paredes recubiertas de libros. Dos velas encendidas eran la única iluminación junto con la luz de la luna que entraba por el ventanal cuando las nubes no la tapaban. Unas nubes que no habían estado en el cielo antes.

No le quitó la vista al pequeño elfo que servía las copas y las dejaba sobre la mesa para luego irse a una esquina a parecer invisible, hasta que notó a James y Sirius tensarse a su lado. La mano de este último le tapó la boca de repente y antes de que pudiera fulminarle con la mirada, reconoció la alta figura de negro que permanecía al lado del matrimonio.

Maldijo el momento en el que se le ocurrió seguirles.

- Su presencia aquí es un gran honor, mi señor – retomó Lucius la conversación que habían empezado antes de que el elfo llegara -. Le agradecemos desde lo más profundo que haya acudido.

- No podía perderme el enlace de uno de mis mejores sirvientes – su voz sonaba ronca, como si le costara a sus cuerdas vocales crear un sonido más alto que un siseo -. Por supuesto que debía venir a felicitaros.

- Nos alaga con sus palabras, mi señor – intervino educadamente Narcissa.

Avril percibió un leve temblor en la mano con la que se sujetaba al brazo de su marido. Voldemort avanzó un paso hasta ellos y alargó su mano. Rozó la barbilla de la bruja de modo que alzara su mirada y después deslizó esa pálida y esquelética mano hasta la de ella sujetándola levemente. El terror en los ojos de Narcissa era incalculable y ocultaba lo mejor que su noble educación le había enseñado el asco que sentía por su tacto frío y escurridizo.

- Es tal y como debe ser.

- ¡Mi señor! – muerta de celos, Bellatrix se acercó para imponer su presencia -. No sabe la felicidad que sentí cuando oí su llamado. Y nos habría encantado tenerlo en el banquete e incluso como invitado en nuestras habitaciones.

La mandíbula de Lucius se tensó, pero no corrigió a Bellatrix con respecto a quien pertenecía aquella casa como para ir ofreciéndola así como así.

- Sabes perfectamente por qué no he acudido. El mundo mágico me teme y así es como debe ser. Una vez tenga el Ministerio en mi poder por completo no habrá necesidad de andarse con tanto cuidado.

- Sí, mi señor. Lo comprendemos, mi señor – sonaba como la loca en la que se había convertido.

- Permítanos invitarlo a una copa – dijo Lucius señalando la mesa -. Sería todo un honor que brindara con nosotros.

- Por supuesto que sí, mi querido Lucius. Pero antes… – su mano se adentró en la túnica y sacó una pequeña encuadernación en negro, un diario – quisiera darte esto.

Nadie en el estudio pronunció una palabra. Notaba las miradas curiosas de James y Sirius, quienes permanecían curiosamente quietos y en guardia. Supo de qué se trataba. Le estaba entregando el diario, el diario de Tom Riddle, aquel que casi le cuesta la vida a Ginny y a Harry.

- Este es mi regalo por tu enlace, y también, una muestra de la confianza que deposito en ti. Has servido fielmente y mereces una recompensa. Custodia celosamente esto que te entrego – su voz caló pesadamente en todos -. Protégelo con tu vida, de ser necesario.

Se lo tendió a Lucius, quien al cogerlo entre sus manos parecía que le hubiesen colocado una losa a sus espaldas. Su rostro empalideció y una mueca de desagrado se esbozó en él. Avril sabía lo que estaba sintiendo. Sentimientos negativos y de odio rondándole, consumiéndole. La mano de Bellatrix se adhirió al brazo de Malfoy como si estuviera imantado.

- Espero que sepas el honor que esto supone – le espetó medio en susurro -. Más te vale estar a la medida de las expectativas.

- Lo estaré. Cumpliré con sus órdenes, mi señor – tanto él como Narcissa se inclinaron -. Nadie sabrá de esto y nadie más lo tendrá en su poder.

- No esperaba menos de ti, Lucius – una macabra sonrisa heló la sangre de los que todavía permanecían bajo la capa -. Y ahora, ¿brindamos?

Los cuatro cogieron una copa cada uno e hicieron un brindis. Voldemort se la llevó a los prácticamente inexistentes labios y le dio un trago antes que el resto.

Mientras que los otros tres abrían los ojos en sorpresa, Avril los cerraba sintiendo que aquello no podía ir peor. Un hilo de sangre empezó a escurrir de la demacrada nariz del mago tenebroso bajo la atenta mirada de todos. Sintió la mano de James cogerla de un brazo y la de Sirius de otro. Parecían preparados para salir corriendo de un momento a otro.

- ¿¡Qué diablos has hecho!? – encolerizó Bellatrix, gritando sin miramientos a Dobby. El pobre temblaba tanto que parecía estar saltando -. ¡Estúpido engendro de mierda! ¿¡Qué es lo que pretendías!?

- ¡Dobby no ha hecho nada! ¡Lo juro! – gritó asustado cuando Bellatrix le apuntó con la varita -. ¡Dobby solo llenó la jarra del vino de sauco de la fiesta como le ordenaron y lo trajo aquí!

Temerosos todos tenían su atención puesta en Voldemort, pensando que en cualquier momento mataría a todos allí con un avada. Sin embargo, tan solo sacó su varita y pronunció un "finite intantatem" que dejó a Avril sin palabras. El finite no funcionaba con los productos de Fred y George, sino que aumentaba sus efectos. Pero el hechizo de Voldemort detuvo su hemorragia al instante. Hasta ese punto llegaba el alcance de su poder y ella estaba deseando salir por patas de allí.

Se oyeron gritos provenientes del salón de baile, donde las narices de muchos sangraban como ríos y algunos magos y brujas terminaban desmayados. Bellatrix lanzó un "Crucio" a Dobby, el pobre elfo gritó, lloró y suplicó misericordia. Como la atención de la bruja estaba más centrada en complacer a su señor que en el pobre Dobby, pronto cesó su hechizo, pero el daño estaba hecho. Avril hubiera salido en ese preciso instante a detenerla de no ser por James y Sirius que la retuvieron. Gracias al jaleo de fuera, no escucharon el ruido que ellos hicieron.

- Olvídalo Bellatrix. Solo es una pequeña broma, por lo que veo – sus ojos inyectados en sangre traspasaron a Lucius -. Deberías tener más cuidado con la seguridad en tus fiestas. Cualquiera podría envenenarte.

Era una amenaza para el futuro que no pasó desapercibida. Suplicaron su perdón y misericordia. Voldemort simplemente se marchó.

- ¡Esto no quedará así! – gritó Bellatrix -. ¿¡Te das cuenta de la vergüenza que esto supone!?

- No lo entiendo, el vino estaba bien antes de que lo sirvieran. Siempre obligo a los elfos a probarlo – dijo Narcissa.

- ¡Estúpida! ¿En serio no te haces una mísera idea de quién ha podido ser? – le gruñó.

- ¿Estás hablando de tu primo? – preguntó Lucius siguiendo el hilo que Bellatrix había trazado.

- ¿Quién más si no? ¡Esa maldita escoria, traidor a la sangre y vergüenza de nuestra familia! ¡Está muerto en el mismo momento en que lo encuentre!

...

..

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Le resultaba imposible dormir. No hacía más que darle vueltas al asunto de que, de no haber estado ella allí, nada de aquello habría ocurrido. Sirius no habría ido a la boda, jamás habrían gastado la broma con el turrón sangranarices, no habrían visto a Voldemort entregándole el horrocrux a Lucius y por supuesto Sirius no se habría peleado con toda su familia después y se habrían tenido que marchar todos de la boda. Y ahora estaban durmiendo en la casa de los Potter, los tres de nuevo en el mismo cuarto por cabezonería de aquellos dos.

Se dio media vuelta, perdiendo de vista la espalda de James para encontrarse de frente con Sirius, despierto.

- ¿No puedes dormir?

- No. Lo siento, Sirius. Todo ha sido…

- Shhh. No lo digas. No es culpa tuya. Han sido dos días increíbles y todo habría sido mucho peor de no haber estado tú. Mira la parte positiva, hemos conseguido fastidiarle la boda a Narcissa.

- Creo que no te das cuenta del peligro que hemos corrido – le reprochó.

- Claro que me he dado cuenta. Jamás he pasado tanto miedo. Tenía miedo por James. Y por ti.

- Si nos hubieran visto…

- Pero no nos vieron – replicó.

- No debería haber propuesto ir desde un principio.

- Fuimos James y yo quienes terminamos por obligarte a ir – le recordó, cansado de que se echase toda la culpa -. Deja de mortificarte. Todo salió bien.

- Pero también ha sido culpa mía que te pelearas con tu familia – realmente era culpable de todo -. No debería haber sacado el turrón. Todo el mundo acabó con la ropa empapada de su propia sangre y tú…

- Yo me he librado finalmente de mi familia para siempre. ¿Crees que me importa si se han ensuciado de sangre o no? ¿Crees que me importa lo más mínimo que mi familia me dé la espalda? Llevan toda una vida, Avril, haciendo eso mismo – le sonrió mínimamente en la oscuridad del cuarto -. Ahora por fin puedo estar con quien verdaderamente quiero y en cuestión de unos meses podré olvidarme definitivamente de ellos.

Se refería a cumplir la mayoría de edad. En noviembre cumpliría los 17 y todas las amenazas que su madre le hizo a voz en grito se cumplirían. Lo había desheredado y juraba y perjuraba que no volvería a pisar la casa Black en lo que le quedaba de vida. En contra a lo esperado por todos, Sirius respondió con una palmada y un "por fin, ¿por qué has tardado tanto en hacer eso?"

Verdaderamente los odiaba. Era sorprendente que Sirius no guardara ni un mínimo de aprecio por la familia con la que se había criado. Solo unos pocos que podían contarse con los dedos de una mano se libraban.

- Me duele mucho la forma en la que te tratan – Sirius soltó una risita entre dientes, haciéndole ver que era absurdo que pensara eso -. Y es evidente que nada de esto habría pasado de no haber…

- Deja de darle vueltas al mismo tema una y otra vez – interrumpió -. Avril, yo mismo había desertado a principios de verano. Había escapado de mi casa para no volver jamás y habría acabado en el mismo punto en el que estoy ahora. La única razón de haber acudido a la boda, era saber que tú vendrías y que los Potter también estarían allí. Habría montado yo solo la más gorda de haber estado solo. Olvídalo, ¿vale?

- Vale, pero deja de interrumpirme. No dejas que me exprese.

Avril seguía con sus propias dudas, pero ya nada podía hacer. Sabía que su presencia allí cambiaría hechos y cosas. Sabía que el pasado estaba cambiando y el futuro ya no sería el mismo que ella vivió. Pero le costaba hacerse a la idea.

- Ahora que estamos solos… – James soltó un ronquido tras la espalda de Avril - hablemos de cosas más interesantes.

- Miedo me das cuando hablas así – contestó ella.

- ¿Recuerdas Hogsmeade?

- Como olvidarlo – fue un ataque cobarde donde algunos alumnos murieron y jamás perdonaría a los mortífagos ni a Voldemort por ello.

- ¿Y recuerdas lo que te dije?

Agradeció la oscuridad, porque su cara se había encendido como una antorcha. Nunca en su vida había reaccionado así frente a nadie. Si alguien se le confesaba, ella sentía vergüenza e incluso lástima por no poder corresponder, pero cuando Sirius le dijo que la quería, cuando la besó como si no hubiera mañana pero el prometía crear uno con sus propias manos, sintió felicidad.

- Cl-claro… sí, lo recuerdo – contestó trémula.

- Verás, resulta que pensaba que podrías olvidarlo – no podía verla con exactitud, pero sabía que la sonrisa de Sirius se extendía por su cara como la mantequilla sobre el pan caliente -. Así que me gustaría que lo retomáramos.

- ¿Retomar qué? – su voz salió más aguda de lo que pretendía, se estaba poniendo muy nerviosa y el corazón le iba a la velocidad de las alas de un colibrí.

Las manos de Sirius subieron entre ellos hasta acunar el rostro de Avril. Ella cubrió las de él con las suyas por inercia, sintiendo que le saldría humo por las orejas.

- Te lo diré de nuevo. Te quiero. Nada ha cambiado en estos meses. Sigo queriendo pasar cada minuto del día y de la noche contigo. Me siento un imbécil por depender tantísimo de ti.

Acercó su cara a la de ella y juntó sus frentes. Avril cerró sus ojos al sentir su contacto. Se sorprendió a si misma cuando notó que esperaba más, quería más de él, que la besara y no dejara esa pequeña separación entre ellos.

- Dime algo pequeño pájaro. Dime que me quieres o que no quieres verme otra vez la cara, pero dime algo.

Era justo que ella se sincerara con él, cuando Sirius le había dicho de nuevo todo lo que le rondaba. Pensó en cómo la había tratado últimamente, en toda la atención que ponía en ella y en su bienestar. Era como un perro guardián, siempre a su vera, ahuyentando los problemas y dándole fuerzas incluso sin que él lo supiera.

- ¿Por qué tienes que ser tan extremista? – dijo finalmente en susurros -. Definitivamente, sé que siento algo por ti – y su precipitado corazón era la prueba de ello. Cuando notó la inspiración de Sirius se precipitó a aclarar -. No estoy diciendo que esté enamorada de ti… pero definitivamente estás yendo por el buen camino para hacer que yo también te quiera. Tal vez… ¿tal vez ya estoy enamorada y no lo sé?

Con esas últimas palabras el chico prácticamente saltó en la cama. Por fin estaba consiguiendo de ella algo más de lo que le había mostrado.

- ¡Genial! Vamos a intentarlo entonces.

- Shhhh. Vas a despertar a James.

No quiso decirle que Cornamenta llevaba despierto todo el tiempo, incapaz de dormir como ellos. Al notar que Avril no respondía a su propuesta, se apresuró a dejar claras algunas cosas. Estaba deseando tener posesión sobre ella, quería poder besarla y acariciarla cuando quisiera, ladrarles de frente a los tíos que intentaran mirarla tan siquiera. Pero ante todo era un caballero y ella tenía que darle el permiso. Salir con ella implicaba todo eso, desde su punto de vista y todo un mundo más a su lado.

- Avril, te juro que jamás te haría daño. Si lo que temes es que pueda estar con otra chica, eso no va a pasar. Es decir, soy irresistible y mi fama me precede. No puedo evitar que otras se deleiten mirando, pero te juro que solo tú puedes tocar.

- El problema no es ese – se le había dibujado una sonrisa al escucharle hablar. Ella ya daba por hecho que él no estaría con otra, porque de ser así, lo mandaba a pasear solito. Pensó en el mejor modo de decirlo -. Sirius, sabes que mi vida aquí es una completa bola de secretos. Solo conoces una pequeña parte.

- ¿Me la contarás alguna vez?

- Sí, y si por mi fuera lo haría ahora mismo. Pero no es el momento.

- ¿Cuál es el problema entonces? No es como si lo fueras a mantener oculto para siempre.

- ¿Y si me odias cuando lo sepas? ¿Y si dejas de quererme por ocultarte algo tan gordo?

- ¿Tú lo harías? ¿Dejarías de quererme si fuera al contrario? – aclaró esperando su respuesta con algo de miedo.

Se lo pensó por un tiempo, pero supo al instante que realmente no dejaría de quererle. Podía sentirse decepcionada por habérselo ocultado durante tanto tiempo, pero seguiría amándole.

- No…

- ¿Lo ves? En ese caso yo tampoco. ¿Por qué tienes que ser tan difícil?

- Porque a las mujeres les gusta hacerse las difíciles – contestó James.

Avril se dio la vuelta en la cama para mirar la espalda de James. Él hizo lo mismo encarándolos con una sonrisa oculta en la oscuridad.

- ¿Desde cuándo estás despierto?

- Desde el principio. No he pegado ojo tampoco.

- Pero has roncado – recordó ella.

- Llevo la actuación en la sangre, pero vamos a lo que importa. ¿Vas a salir de una vez con Sirius?

- Eso no es asunto…

- ¡Oh, claro que lo es! Tienes que salir ya con él para que de ese modo podamos centrarnos todos de una buena vez en que Lily salga conmigo.

- Que Lily salga contigo implica que tú – hizo énfasis en el "tú" -, cambies de actitud.

- Es solo cuestión de tiempo que caiga en mis redes – dijo muy seguro de sí mismo.

- Te veo muy confiado Cornamenta – dijo su amigo.

- Yo siempre tengo la razón Canuto. Y de este año no pasa. Ahora bien, ¿qué vais a hacer vosotros dos? Me tenéis en vilo.

Avril volvió a enrojecer. No le gustaba ser el centro de atención y mucho menos tener público.

- Me lo pensaré, ¿vale? – murmurando dijo – Te contestaré cuando volvamos a Hogwarts.

...

..

.

- ¿Te acuerdas de mi amiga Molly? – preguntó mirando el techo de la habitación.

- Sí claro. ¿Qué pasa con ella? – Lily daba vueltas sobre su silla giratoria, esperando que le contara algo más interesante que lo que fuera ocurrido con Molly.

- Ya ha tenido al bebé. Se llama Percival, Percy Weasley. Le han puesto el nombre de un tío que murió poco después de las vacaciones de Navidad pasadas – entonces una sonrisa victoriosa asomó en sus labios -. Y yo he ganado seis monedas de oro apostando por el sexo del bebé – escuchó a Lily suspirar.

- Me has asustado tonta. Pensaba que te reías por la muerte de ese hombre.

- ¿¡Qué!? ¡No! ¡Lily, por favor! – ambas estallaron en carcajadas, pero la pelirroja pronto recuperó la seriedad.

- Tenemos que hablar. No puedes posponerlo más, me has evitado todo el verano – le dijo en reproche -. En el colegio no es que me explicaras mucho.

- No es algo de lo que pueda hablar así como así. Y por supuesto no pensaba decírtelo por carta, imagina que alguien interceptara el correo.

- Por eso te he invitado – Lily se levantó de la silla y se sentó en el borde de su cama para verla a los ojos -. No me enfadé contigo por ocultármelo, porque entiendo que no es algo que puedas contar. Pero ahora ya lo sé y sí que me enfadaré si no me lo explicas todo. Déjame hacerte las cosas más fáciles.

Sabía que no podía posponerlo más tiempo y tampoco era justo para ella. Era su mejor amiga, podía confiar en ella pero tenía miedo de que averiguara más cosas de las que debía. Enterarse de que en unos pocos años podía morir es algo que no sienta bien a nadie. Tampoco debía saber que acabaría casada con James Potter y teniendo un hijo en común, porque de ser así era capaz de tirarse por la ventana en ese preciso instante.

- Está bien, te lo explicaré todo. Pero hay cosas que no puedo decirte, cosas sobre tu futuro, por ejemplo.

Lily inspiró con fuerza, tratando de ocultar la emoción que la embargaba.

- ¿Me conoces en el futuro?

Por favor, que alguien le lanzara un avada. Acababa de meter la pata hasta lo más hondo.

- Más o menos. Pero te he dicho que no podemos hablar sobre eso – la reprendió y ya de paso, se reprendió mentalmente a ella misma. Si es que a veces era de tonta…

- Vale, dejaremos eso para otra ocasión – se frotó las manos con expectativas -. ¿Por dónde empezamos? ¿Quieres palomitas? Puedo hacer palomitas.

- Asegurémonos de que no hay nadie escuchando y después pensamos en palomitas – dijo con una sonrisa.

Lo cierto era que Lily le estaba contagiando su entusiasmo. Estaba bien poder hablar de eso con alguien más a parte de Dumbledore, quien por supuesto, no debía enterarse de que Lily ahora lo sabía... ¿o a lo mejor sí?

- Sí, sí, sí, sí, sí – se levantó de la cama de un salto y abrió la puerta con energía -. Voy a comprobar que Petunia se ha marchado ya con Vernon. Es una cotilla y siempre entra en mi cuarto para espiar mis cosas.

Se marchó a la velocidad de un huracán, dejando a Avril sola para que recordara el momento justo en el que la sorprendió descubriendo su secreto.

...

- Avril, tú en realidad… no eres de este tiempo, ¿me equivoco?

No contestó en un principio. Más bien esbozó una sonrisa de incredulidad e intentó hacer lo mismo de siempre, desviar la conversación.

- ¿Q-qué? ¿Pero qué estás diciendo Lily? – se llevó la mano libre del cabestrillo a la cara y suspiró con fuerza antes de continuar -. Lo siento, Lils, pero estoy muy cansada. De verdad que no tengo tiempo para esto.

- Pues yo creo que sí. ¿Sabes qué? – negó con la cabeza y se acercó hasta ella para quitarle la mano del rostro y sujetársela con fuerza -. Vas a escucharme. No tienes que decir nada, solo escucha y dame la razón.

Intentó decir algo pero Lily la cortó y la sentó en los escalones de la gran bañera del baño de los prefectos. No iba a librarse por mucho que lo quisiera.

- Me he dado cuenta de cosas – empezó -. Llevo tiempo notando cosas raras Avril. Cuando hablas de tus amigos… cuando cuentas las cosas que pasaste con ellos… no me cuadra.

- ¿El qué no te cuadra? – preguntó mareada de repente.

Ella negó con la cabeza.

- Son muchas cosas para hacer en solo tres años – Avril cruzó su mirada azul con la verde de Lily, debía concederle un punto por eso -. Las cosas que cuentas no cuadran con las fechas que dices. Que en tres años, teniendo en cuenta que tenías desde los once a los trece, hayas pasado por tantas cosas – volvió a negar con la cabeza -. Es que no es posible. Es muy poco tiempo Avril. ¡Y eras muy joven!

- ¿Y solo por eso sacas esa conclusión? A lo mejor he podido mentirte, ¿no es eso una posibilidad más acertada?

- No Avril – dijo con una sonrisa -. Sabes mentir, lo reconozco. Pero cuando cuentas ciertas cosas, cuando hablas de momentos específicos que pasaste con ese chico, Harry; o con Ron y Hermione… Deberías verte, tu cara se ilumina cuando recuerdas eso y después puedo ver la desolación que deja en ti el recuerdo. Descarté que pudieras estar mintiendo hace mucho.

Incapaz de mirarla, Avril bajó la mirada topándose con el desastre que estaba hecho su ropa. Cubierta de sangre, de vendas y magulladuras. Y ahora venía Lily a ponerla más sensible. Dejó que ella siguiera hablando, sin confirmar o desmentir nada.

- También he visto tus apuntes.

- ¿Mis apuntes? – la miró como si le fueran salido alas -. ¿Los de clase? – otros no tenía -. ¿Qué tienen que ver? – Lily sonrió amablemente.

- Te equivocas en las fechas Avril – aclaró -. Escribes años que todavía no han sido y luego lo tachas. Sabes cosas que todavía no hemos dado, como si te conocieras las asignaturas. Actúas como si supieras cosas que el resto no. También te he escuchado decir en algún momento algo sobre que no debería haber pasado tal cosa, como ha sido el caso de hoy.

La miró extrañada, sin saber a qué se refería.

- No te has dado cuenta, ¿verdad? – le dijo -. Decías tus pensamientos en voz alta Avril. Decías que no recordabas que te hubieran contado nada sobre esto. Que lo que ha ocurrido hoy no debería haber pasado, entre otras cosas. A veces lo haces, eso de decir tus pensamientos en voz alta. Es como si escuchando tu propia voz, no perdieras el hilo de tus pensamientos y lo hace real.

Le sorprendía que Lily la conociera tan bien, que la hubiera observado tanto.

- Lily yo…

- He estado investigando un poco, y el viaje en el tiempo es la conclusión más probable. Si no es eso, dime de una buena vez qué es lo que te pasa, porque ya no aguanto tanto secretismo.

- Suponiendo que estás en lo correcto – dijo después de meditarlo un rato -. ¿Qué harías?

- Bombardearte a preguntas – contestó sincera. Avril la miró con una expresión que rozaba el alivio -. Si crees que voy a dejarte de lado por esto, estás muy equivocada. Al principio me sentí mal porque no me lo hubieras dicho. Pero es cierto que si yo estuviera en tu lugar, sabiendo todo lo que sabes, también habría callado. Me gustaría que confiaras en mi Avril.

- Confío en ti, Lily. No tienes ni idea de lo feliz que soy de tenerte.

- ¿Eso quiere decir que estoy en lo cierto? ¿Vienes del futuro?

- De 1998 para ser exactas.

Lily contuvo el aliento de emoción antes de soltar toda una retahíla de preguntas.

- ¿Es tu primer viaje? ¿Puedes hacerlo de nuevo? ¿Por qué a este año? ¿Puedes volver? ¿Por qué quisiste viajar?

- Espera Lily – dijo con una sonrisa -. No puedo contestarte a todo a la vez. Hagamos algo. Te respondo esto y el resto de preguntas lo dejamos para otra ocasión – iba a refutarle pero Avril no la dejó -. Estoy cansada Lils. Y aún tengo que hacer muchas cosas, por favor.

- Y yo te digo que no. Puedes descansar después – se negó encabezonada -. Esta conversación me la debes y voy a seguir insistiendo hasta que hables conmigo.

Derrotada, Avril suspiró decidida a decírselo todo de una vez. Confiaba en que así la dejara en paz antes.

- Bien, pero vamos por partes. No te salgas de la tangente.

La puerta del baño se abrió de repente, haciendo que las dos brujas dieran un salto del susto. Era la Madame Pince, la bibliotecaria, que le habían pedido que reuniera a todos los alumnos y alumnas para comenzar con el traslado a sus casas. Le dijeron que bajarían en seguida, pero no pareció muy convencida porque prometió volver a pasarse en cinco minutos. Cuando se marchó, Avril miró a Lily con un encogimiento de hombros y una sonrisa resignada.

- Vale, pero que sepas que debes una conversación de las gordas. Aún así, tienes tiempo de contestar unas pocas. Empieza. ¿Es la primera vez que viajas?

- No, hice un viaje en el tiempo de unas horas antes que este – contestó rápidamente. Tenían prisa después de todo -. De no haber sido por ese viaje, yo no estaría aquí ahora.

- ¿Qué quieres dec…?

- Lily… no hay tiempo para divagar, ¿recuerdas? – Lily se disculpó y le recordó las otras preguntas, pero con un montón de dudas surcando su rostro -. No, no puedo repetir un viaje tan lejano en el tiempo, ya te lo explicaré mejor. Yo no decidí el año, resultó al azar. No, jamás podré volver a aquel tiempo y no es que quisiera hacer el viaje a posta, de hecho fue un contratiempo bastante desagradable.

...

La puerta del cuarto se abrió, mostrando a Lily con un cuenco de palomitas de maíz.

- Creo que se me han quemado – dijo mirándolas con el ceño fruncido.

- Eres igual de desastre que yo para la cocina – rió.

Toma, come lo que puedas. Tuney se ha ido con Vernon y mis padres no nos molestarán. Venga, desembucha. Quiero saberlo todo.

...

..

.


Chan chan chan chaaaaaaannnn...! Jajajajaja buenos días a todos! He vuelto de mis vacaciones, donde apenas he podido tomar el sol por lo que este año he vuelto igual de blanca a como me fui. En fin, hasta aquí el capítulo de hoy. Por cierto, como he vuelto hace unas horas, no he tenido tiempo de contestaros los comentarios, pero los he leído todos y cuando tenga un rato de lugar me pongo a contestar.

Ya sabéis cómo se desarrolló la conversación de Avril y Lily en Hogwarts y continuará en el próximo capítulo, donde espero que se solucionen más dudas de las que se creen. Además volverán a Hogwarts y... bueno, no voy a contar nada jajajajaja espero que lo que esperéis con muchas ganas.

Y? Qué os ha parecido? Dobby es un niño! A Voldemort le ha sangrado la nariz! Y Avril ha jugado a las mamás y los papás! Madre mía, tenía ganas de poner una escena absurda como esa y espero que os hayáis reído tanto como yo al escribirla. Momentos de felicidad son necesarios entre tanta miseria (decir miseria es un poco fuerte, digamos... yo que sé, insertad la palabra que queráis).

Bueno, en cuanto al siguiente capítulo... no lo tengo terminado todavía. Así que no sé cuando podré subirlo. De modo que os prometo que en cuanto lo tenga y mi hermana (la editora jajajajajaja) le de el visto bueno (que suele ser al instante de leerlo) yo lo subo. Pero claro, no se si será mañana, pasado dentro de una semana o dentro de tres. Sorry por eso.

Ya me despido.

Un kiss.

Debyom.