Me secó las pocas lágrimas que aún habitaban en mi cara, me tendió la mano y me condujo hasta su camioneta. Al llegar allí, como buen caballero me abrió la puerta del acompañante y me tendió la mano para que subiese. Arrancó el auto con facilidad, salimos del aparcamiento del instituto y entramos a la solitaria y mojada carretera de Forks. Lo único que mi mente podía pensar en ese momento era en un gran helado de chocolate para calmar mis penas, las cuales sabía que no se extinguirían por un simple helado de chocolate, pero al menos se apaciguarían.
Si algo había bueno en Jacob era que sabía levantarme el ánimo, y varios helados de por medio después estaba lo bastante animada como para ir a su casa a ver la película. De modo que volvimos a la camioneta y nos encaminamos hacia su casa. Mi amigo pretendía hacerme reír haciendo gestos tontos y demasiado graciosos, de modo que no pude evitar sonreír en varias oportunidades. Jacob era un amigo estupendo, tanto así que me convenció cantar una de esas canciones pegadizas y demasiado superfluas. Al finalizar el viaje, había logrado robarme varias sonrisas, más de las esperadas.
Al entrar a su pequeña y acogedora casa, me sentí totalmente en mi hogar. La casa de Jacob hacía tiempo que se había convertido en eso, no me podía enorgullecer de llamar de esa forma al lugar donde vivía. Desafortunadamente Billy, el padre de Jake no se encontraba, su hijo aseguraba que estaría pescando junto con su viejo amigo Harry. De modo que luego de preparar las palomitas, ambos nos sentamos en el sillón, Jake pasó su brazo por mis hombros y me recosté en su pecho como solía hacer. "Romeo y Julieta" dio comienzo, pero no sabría decir en qué parte ambos, nos quedamos dormidos.
Una luz cegadora me dio en medio de la cara y me obligó a abrir los ojos. Allí en el umbral de la puerta se encontraba Billy y un hombre, el cual supuse que sería Harry. Me safé del musculoso brazo de Jacob, y les di una sincera sonrisa a ambos hombres, pero de repente me percaté que afuera ya estaba oscuro y eso sólo podía significar que era ya muy tarde.
- Mi niña será mejor que te vayas – dijo Billy preocupado al ver mi cara. El padre de mi amigo conocía perfectamente la situación en la qué vivía pero al igual que todos, no podía hacer mucho para remediarla. Se podría decir que él era mi segundo padre, siempre andaba cuidando de mí y protegiéndome, además era muy amigo de mi padre.
- Es ya muy tarde, no queremos que tu madrastra se enoje – hizo una mueca de disgusto – anda, despierta a Jacob y váyanse – dijo su padre mientras se dirigía junto con el otro hombre a la cocina.
Comencé a zarandear a mi amigo, quién algunos segundos después se despertó con cara de dormido, pero al ver la preocupación tatuada en mi cara, lo comprendió al instante.
- Lo siento Bells, lo siento, lo siento – repetía una y mil veces mientras buscaba las llaves de la camioneta y ambos salíamos al exterior para entrar al vehículo y conducir hasta la casa.
- Lo siento Bells, no debí quedarme dormido – volvió a repetir mientras íbamos por la carretera a toda la velocidad que podía su camioneta.
- No importa Jake, yo también me quedé dormida – traté de tranquilizarlo.
- Lo siento, lo siento – volvió a decir – ahora ella te castigará por mi culpa – dijo apenado pero también pude ver que un tanto furioso, aunque no supe si con sí mismo o con Janet.
- Ya basta Jacob, tu no tienes la culpa ¿si? – lo corté enojada – ambos nos quedamos dormidos. Y lo que ella me haga, realmente no será nada nuevo ni nada que no pueda soportar, así que tranquilo.
- No soporto ver como te maltrata –sentenció para dar por terminada la conversación. Además no me apetecía repetir los mismos argumentos una y otra vez para escuchar los suyos, era una charla que teníamos a menudo.
- Cuídate – me dijo mientras me daba un beso en la frente. Ya estábamos en la puerta de la casa y nos estábamos despidiendo – si necesitas algo me llamas, no importa la hora ¿entendido?
- Entendido capitán – dije mientras bajaba de la camioneta y le guiñaba un ojo.
Ya sin Jacob y mientras me encaminaba hacia la puerta, la fuerza comenzaba a debilitarse, el coraje se filtraba de mis manos y volvía a ser la chica sumisa y frágil de siempre. Pero sabía que no podía dejarme vencer, sabía que debía defender la memoria de mi padre, sabía que él no querría esto. Lo sabía.
Al entrar en la casa pude ver que el trío estaba sentado en la sala, Janet esperaba por darme el castigo, y sus hijas para ver como lo recibía. Y desafortunadamente las tres traían una sonrisa macabra en el rostro. Lo único que atiné a hacer, fue disculparme.
- Janet yo lo siento, estaba en casa de Jacob y me quedé dormida. No fue mi intención llegar tan tarde, de verdad lo siento – dije realmente arrepentida, no me creía capaz de soportar insultos, ni mucho menos golpes, de modo que sólo podía tratar de enmendar el daño echo.
- El que las hace las paga, querida – dijo mi madrastra con inexistente sabiduría mientras se limaba las uñas.
- ¿Mm qué le haremos esta vez? – preguntó con malicia Hillary mientras en su cabeza pasaban varias formas de tortura para aplicarlas en mí.
- Hoy nada – dijo su madre con voz seria. Pero levantó la vista, me lanzó una mirada de odio dijo – queremos la cena.
- Enseguida, en un momento la tengo lista – dije apresurada mientras salía de la sala, pero su voz me interrumpió la huida.
- Recuerda querida, la que las hace las paga.
Mientras salía pude escuchar los reclamos de su hija mayor, ella realmente quería hacerme daño. Me pregunto porqué Janet no cedió esta vez, y sólo pude pensar que cuando se cobrara mi falta, sería a lo grande. Me dirigí inmediatamente a la cocina a preparar la comida, no tenía mucho tiempo así que opté por algo sencillo pero sabroso, pasta.
Mientras la pasta se hervía y la salsa se cocía, subí las escaleras para hacer los deberes de mis hermanas. Sabía que Pauline trataba de entender los ejercicios y los trabajos que le mandaban, en cambio su hermana directamente me los daba para que los hiciera y realmente comenzaba a sospechar que aprobaba sus exámenes porque extorsionaba a sus profesores. De verdad lo pensaba, es decir era imposible que en un examen hiciera todo lo que durante el semestre no hacía.
No podía decir que me gustaba hacer su tarea, pero de ese modo me nutría de diferentes materias, incrementaba mi capacidad de razonamiento y me embebía en intrincados acertijos, tanto matemáticos como políticos. Eso en definitiva, me ayudaba a ser más eficiente en mis materias y eso sólo podía provocar que tuviese más oportunidades de estar becada en la universidad.
Terminé sus deberes apenas en media hora y bajé a supervisar la comida, la cual apenas le faltaba un poco de cocción, así que aproveché el tiempo, puse la mesa y llamé a la "familia" para que se sentaran a la mesa.
Volví a la cocina y puse la comida en ostentosas bandejas para llevarlas a la mesa, en donde ya se encontraban sentadas las arpías que tenía como familia. Les serví su comida y fui a la cocina para comer la mía. Apenas había ingerido unos cuantos bocados, cuando escuché la estridente voz de Janet llamándome.
– ¡Bella! Quiero más. ¡Sírveme! – ordenó autoritaria. De modo que tuve que dejar mi comida a medio comer, ir hasta el comedor para servirle a la gran ama y señora de la casa. ¿Acaso no podía hacerlo ella? La comida estaba allí, junto también con la espumadera, tan difícil era servir un poco de pasta en el plato. Suspiré designada e hice lo que ella pidió, no estaba dispuesta a cobrar mi castigo en este momento.
- ¿Algo más Janet? – pregunté mientras dejaba la espumadera en la fuente.
- Vete – ordenó petulante mientras engullía más y más pasta en su enorme boca. Hice lo que ordenó y volví a la cocina para terminar de comer, pero al meter un bocado en mi boca descubrí que prácticamente ya estaba frío. Curiosamente sospechaba que la petición de Janet no era azarosa, sino que lo había echo a propósito para dejar enfriar mi comida. Respiré hondo varias veces para calmarme. Ya se me habían ido las ganas de comer, de modo que tiré lo que había en mi plato y lo lavé. Mientras tomaba un té de manzanilla, volví a escuchar la voz de Janet llamándome.
- Bellaaa! ¡Ven a retirar esto! – exclamó gritando desde el comedor. Dejé mi té a medio tomar y fui al comedor a retirar sus platos. Volví a la cocina para lavar la vajilla, aún seguía escuchando murmullos en el comedor pero para cuando hube terminado mi tarea allí, la casa estaba ya en silencio.
Cansada como yo sola podía estar a esta hora de la noche, me dirigí a mi habitación y comencé a hacer mi tarea. No fue realmente difícil, sobretodo porque era bastante parecida a la de Pauline, de modo que ya sabía como hacerla. Cuando hube terminado aquello, me dirigí al baño y me di una rápida ducha para luego sucumbir en los brazos de Morfeo. Seguramente, mañana sería otro día.
