Disclaimer: Pokémon Special no me pertenece, son propiedad de Hidenori Kusaka.
Advertencias: No shipping, temas fuertes.
Notas iniciales de capítulo: Este fic es una participación del reto de este mes "Otoño para salir de viaje", del foro DexHolders del Prof Oak, link en mi perfil.
¡Agradecimientos a Kamichi77, mic20sonic20, Nade91 y mi querida Ravie! (Sé que eres tú *sonrisa pícara que FF no deja hacer (?)*). ¡Muchas gracias por leer!
La Tennyo Perdida
Acto 04
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De alguna forma, Platinum logró entablar amistad con Haruka, ésta, en lugar de echarla como lo hizo los primeros días, terminó reclamándole por las pequeñas tardanzas que tenía de vez en cuando en sus encuentros. Cada día, Platinum traía algo nuevo para que Haruka lo viera, a veces podían ser libros, otras joyas, pero generalmente traía comida, que la chica comía feliz.
Sin embargo, a Crystal le preocupaba en sobremanera la amistad que la niña empezó a tener con la hanyō, aunque lo le comentaba nada a Haruka ni a Gold, la sensación de que algo iba mal era muy presente en ella.
—Es normal que te sientas así —le dijo un día Silver, que había decidido acompañarla mientras le preparaba el almuerzo a la niña—. Es una humana, es demasiado frágil.
La kitsune se limitó a sonreírle a su amigo, el único que tenía en todo el monte, sin contar a la niña que cuidaba, sabía que el ōkami le preocupaba más la debilidad de los humanos que la maldad de éstos mismos, para él, eran más peligrosos los queridos que los odiados. Pero Crystal jamás le reprochaba nada, ni buscaba defenderse, solamente se limitaba a escucharlo y sonreírle con algo de vergüenza, pues sabía que no estaba en posición de decir nada.
Ella misma sabía que Haruka era pasajera y que cuando muriese… le destrozaría por dentro y fuera.
—Solamente… me preocupa que se lleve tan bien con un extranjero —explicó cortando unas zanahorias—, no me agrada la idea de que una hanyō con olor humano esté cerca de ella.
Lo que Crystal no supo en ese momento, es que, fuera de la casa, sobre la rama de un árbol estaba Gold, escuchando toda la conversación con el ceño fruncido, una vez vio que la chica no iba a decir nada más y su amigo tampoco hacía el ademán de continuar la charla, saltó del árbol, dirigiéndose a la cima del monte.
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En el bosque bien se sabía que nadie confiaba en los humanos ni en los extranjeros, obviamente Haruka era la excepción a esa regla, puesto que ella había sido criada entre ellos, los yōkais la vieron florecer, dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras. A Platinum no.
Aunque la niña princesa fuera una hanyō y su sangre posiblemente fuese divina, nadie confiaba en ella, había sido criada por esos apestosos humanos, olía a ellos, era repugnante y más que su pequeña e inocente Haruka estuviese con aquella extranjera.
—Haru-chan, no te conviene —le dijo un kappa[1] de cabello verde, el día en que las dos niñas fueron al lago.
—¡Que te va a traicionar! —Se quejó otro de cabello rubio, de mal humor— ¡¿Por qué no atiendes a razones?!
—Ustedes son muy dramáticos —suspiró Haruka cruzada de brazos sobre una roca—, Platinum es demasiado ingenua como para pensar en lastimarme.
—Pues yo la veo demasiado lista, ¿no se la pasa enseñándote cosas nuevas y corrigiéndote? —Preguntó de nuevo el kappa rubio de ojos verdes.
—E-es solo que me enseña cosas de la aldea humana, nada más —contestó ella, los dos kappas se mostraron sorprendidos, el de ojos verdes se mostró preocupado y Haruka se arrepintió inmediatamente de lo que dijo—. Vamos Wally, es solo curiosidad, no me interesan los humanos en sí…
—Así empiezas —gruñó el rubio—, luego te veremos dejando el monte. ¡Vas a desertar…! ¡AUCH!
Haruka molesta, le había dado un golpe en la cabeza con su puño. —¡Basta ya, Rald! ¡Que no me iré! ¡Arg! —Se levantó de la roca y saltó hasta tierra firme, dándoles la espalda— Están demasiado dramáticos, solamente es una conocida y ya.
—¡Sapphire! —Platinum le llamó con una sonrisa mientras movía su mano— ¡Mira, esto es granito!
—¡Ya voy! —Respondió la castaña antes de ver a sus amigos con el ceño fruncido, después, sonrió buscando tranquilizarlos— No se preocupen, en serio, no me pasará nada.
Y se fue con la niña. Pero era más que obvio que ninguno de los dos kappa pensaban de la misma forma, es más, nadie en el monte pensaba de esa forma, ni siquiera los Oni, que a pesar de ser malignos, se preocupaban demasiado por la niña. Suspiraron y se sumergieron, dejándose llevar por la corriente del río. Debían solucionar ese problema rápidamente.
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Platinum recibió la manzana de manos de la chica que estaba sobre el árbol. Era verano, hacía demasiado calor y su elegante kimono no le ayudaba en eso, por esa razón, Haruka se había encargado de volver sus vestidos un yukata sencillo, que más tarde podría volver a arreglar.
—Sapphire… a ti te gusta mucho este monte, ¿no es así? —Preguntó la niña de cabello azabache de la nada.
Haruka sonrió confundida desde la rama. —Pues… claro, es mi hogar. Aquí está mi familia.
—Oh… ¿y cómo es tu familia? —Preguntó de nuevo, mirando la manzana fijamente.
—Todos son mi familia —respondió dándole un mordisco a su fruta, después de tragar, siguió hablando—. Todos, desde los kappa hasta el abuelo —sonrió.
—¿Y… cómo son tus padres?
La castaña parpadeó un par de veces, sin entender. —¿Qué son "padres"?
Platinum observó incrédula a Haruka, de todas las cosas que le había enseñado y que tendría por enseñarle, jamás pensó que entre esas cosas estaría la palabra "padres". —Pues… son… los que te cuidan siempre, todo el tiempo, te quieren y te aman, son: una mamá y un papá. Mamá es una mujer y papá es un hombre… bueno, eso me dice el profesor Birch.
—¡Oh! ¡Esos son…! —Haruka se detuvo un momento, luego miró a Platinum con una ceja enarcada— Espera, ¿por qué tantas preguntas de repente?
La niña de cabello azabache bajó la mirada algo avergonzada. —Bueno, es que quería saber si eras feliz en este bosque con tantos yōkais… pero… ¿a ti nunca te ha dado curiosidad saber qué es vivir con los humanos?
Haruka se detuvo por un momento y frunció el ceño, sintiéndose un indignada. —No juegues con eso, Platinum.
—No juego —respondió la niña levantándose—. Tú eres una humana, ¿no es así? ¿Jamás te has preguntado qué se siente vivir con los de tu misma especie? ¿No has ido jamás al pueblo o…?
—¡No! —Contestó irritada por las palabras de la niña— Jamás iré al pueblo y tampoco quiero vivir con un sucio humano. No sigas hablando de eso.
—¡Pero puedes venir conmigo! —Dijo Platinum buscando su mirada desde el suelo— Tú y yo somos amigas, ¿no es así? ¡Podríamos estar más tiempo juntas! Prometo que te divertirás, el palacio es grande y el jardín tiene muchísimas flores, además, hay criados dispuestos a obedecerte en todo y los cocineros hacen la comida más deliciosa que jamás podrás imaginar, incluso…
—Conque era eso… —Platinum se detuvo en cuanto vio a Haruka levantarse, con los puños apretados, había dejado caer la manzana y la miraba con indignación—. Tú quieres llevarme con los humanos… ¡Emerald tenía razón!
—¡No Sapphire, yo solo…!
—¡Jamás dejaré el monte, Platinum! —Le dijo la chica realmente enojada, luego se dio la vuelta— Vete a casa, no quiero pelear contigo hoy.
—¡Pero si eres humana, Sapphire, todos te aceptarán! —Insistió la niña.
Inmediatamente, Haruka saltó del árbol, a una altura que seguramente le quebraría los pies a alguien normal, mas ella, intacta, se acercó hasta la que era lo más cercano que tenía a una amiga y la agarró por el yukata, obligándola a verla a los ojos, aquellos fieros ojos azules chocaron con los suplicantes ojos platinos.
—Yo no soy una humana —le dijo palabra por palabra como si fuese una amenaza—. Métete eso en la cabeza.
Y la soltó, lo único que logró ver Platinum después fue cómo la mayor subía de nuevo al árbol con una agilidad envidiable, y de ahí, empezó a irse, saltando de árbol en árbol, balanceándose gracias a algunas lianas sueltas. La hanyō se quedó sola, y realmente triste.
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Una reunión de yōkai, todos los seres místicos del monte se habían reunido en una fogata, todos, sin excepción, aquello incluía a la kitsune de Inari que estaba en una parte apartada, junto con el ōkami de cabello rojo.
—Debemos hacer algo —dijo un tanuki de brazos cruzados, claramente molesto—. Esa hanyō se llevará a Haruka del monte.
—Haruka no nos dejaría jamás —espetó una Yuki-onna frunciendo el ceño.
—Eso no lo puedes asegurar, Inverna —le apuntó de nuevo el tanuki que tomaba vocería.
—Esa niña se quiere llevar a Haruka, no se deben confiar, saben cómo son los humanos —habló Emerald seguro de sí mismo.
Hubo silencio, nadie quería hablar del tema, porque se sentían ridículos al hacerlo, todos ellos, poderosas entidades que en un tiempo distante fueron los que sometieron a todos los demás seres… ahora sufrían porque una cachorra de hanyō iba a llevarse a su cachorra de humano. Era humillante, nadie tenía demasiado que decir, nadie se le podía acercar a esa princesita y tampoco querían controlar la vida de Haruka.
Crystal, la más reciente en el bosque no se atrevía a mirar a nadie, se abrazaba a sí misma y desviaba la mirada incómoda, ella era la que debería estar más preocupada que cualquier otro, para ella, Haruka era como su hija, ella fue la que le cambió los pañales, ella era la que la esperaba todas las noches en casa, ella era la que debería estar cuidando que la niña no se metiera en problemas. Silver la miró de reojo.
—Hablé con Mori-kami-sama.
Todos voltearon a ver a la persona que había hablado, se trataba de Gold, que estaba en las primeras filas de la fogata, no miraba a nadie en específico y por alguna razón parecía entre serio e irritado. Crystal lo miró sorprendida, Silver le imitó.
—¿Ahora qué hiciste? —Preguntó el pelirrojo enarcando una ceja.
—Hablé con él y llegamos a un acuerdo —dijo el azabache—. Todos estamos preocupados por ella, incluyendo al dios, así que hemos decidido sellar el monte —todos hicieron exclamaciones de asombro, los murmullos no se hicieron esperar—, ningún ser con sangre de humano podrá entrar… ni salir.
[1] Kappa, una especie de Yōkai, es un niño que vive en los lagos y ríos.
