Un ángel rebelde

Capítulo 4

Disclaimer: Yu-Gi-Oh y sus personajes no son de mi pertenencia, si así fuera no habría abstinencia, habría yaoi y cero clarividencia y quienes lo vieran tendrían que tener… umm, licencia? xD Pero la idea de este fic si es mia en toda su esencia! Es decir, de donde creen que salió tanta demencia?

Y ahora al fic para quienes agotaron su paciencia!

Y no olviden, digan 'no' a las drogas y delincuencia!!

(Ok, ya, oficialmente he perdido la decencia xDD)

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No podía creer que el solo hecho de abrir sus ojos le produciría tanto dolor. En realidad todo su cuerpo le dolía. Era como un ardor punzante… extraño de explicar.

-"maldito faraón"- se dijo con odio. Se sentía humillado. Se había rendido demasiado fácil la noche anterior. Pero no fue su culpa… que podía haber hecho si estaba encadenado? –"Cobarde!"- exclamó en su mente al pensar en el "rey" de Egipto.

-Vaya… no moriste… un verdadero milagro- escuchó que le decían. Miró confundido sus alrededores. En la oscuridad distinguió la figura de un joven de cabellos rubios. No había notado que no estaba solo…

-Qui…quien… eres?- preguntó con debilidad, Ra, hasta hablar le dolía!

-Me llamo Jono… jeje mira nada más como te dejó el faraón, Yami… jaja ni siquiera a mí me dejaba en esas condiciones- le dijo, en lo que parecía ser un tono de burla, el cual Yami no tomó muy a gusto.

-"Un minuto… como sabe mi nombre? Y por qué dijo que a él…"?-

-Ahh ya te confundí, verdad? Jaja siempre me pasa… a ver… pues cuando te trajeron aquí me dijeron tu nombre y además yo solía ser el esclavo del faraón- habló el joven, contestando la interrogante de Yami, quien solo lo miró en silencio… después de todo no quería decir nada; con el dolor en su cuerpo era suficiente.

-Qué te pasa? Te comió la lengua el faraón?- preguntó Jono, divertido.

-Me…… cuesta… hablar- contestó Yami, sin querer decir directamente que le dolía el solo pronunciar palabras. Nunca le había gustado mostrar debilidad ante los demás.

-Pues detesto ser el portador de malas noticias… pero lo más seguro es que vuelva por ti al anochecer… ya sabes para qué- susurró Jono. Yami solo lo miró sorprendido… otra vez? Ra, en esas condiciones de seguro moriría!

-"Bueno, tal vez eso sea lo mejor… después de todo no tengo ningún interés por vivir"- pensó. La tristeza lo inundó de pronto. Había sido esclavo toda su vida… solo eso había conocido.

-Y qué si los dioses me odian y por eso me dieron esta vida? En algún momento tendrá que acabar"- Bajó la mirada, encontrando solo oscuridad. La luz del día no llegaba hasta esa oscura celda… sus ojos apenas si lograban distinguir vagas figuras…

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-"Aburrido… aburrido… muy aburrido"- pensó el faraón. Por Set, no había nada más tedioso que estar escuchando a un montón de momias hablar de asuntos del Estado. Tenía mejores cosas que hacer que estar ahí fingiendo estar interesado. Sonrió con malicia, vaya si tenía cosas mucho más "interesantes" que hacer. Rió por lo bajo al recordar el estado en el que había quedado su esclavo la noche anterior. Tal vez había exagerado un poco, su intención no era matarlo en una sola noche. Lo haría sufrir por algún tiempo, y sí, luego simplemente lo dejaría morir.

Era un buen plan. De por sí, para que le podría servir ese esclavo estúpido? Sí, tenía que admitir que el joven era atractivo… pero nada más.

De pronto, lo asaltó una imagen. Esos ojos, esos malditos ojos.

Apretó sus puños con furia. Esas joyas púrpura… ya las había visto antes… ella tenía esos ojos…

En realidad por eso había perdido el control la noche anterior. Al mirar esos charcos púrpura… la había recordado… a ella… a esa maldita mujer…

-"Por tu culpa fui débil… pero ya no más… el amor es estúpido, no sirve de nada… jamás volveré a sentirlo… nunca más…"- Sintió su corazón endurecerse aún más. Su odio pareció crecer en solo segundos.

Se levantó de pronto, obteniendo en el proceso la atención de todos los presentes.

-Suficiente por hoy… continuaremos mañana- ordenó con autoridad.

-Con todo respeto mi Señor…- intentó hablar uno de los ancianos.

-Su Rey ha hablado- finalizó Atemu, logrando callar de inmediato al hombre, quien solo asintió, y abandonó la sala junto con los demás.

Al quedar solo, el faraón también salió del lugar, sabiendo donde iría luego.

Caminó por los pasillos del lujoso palacio, llegando pronto a su objetivo.

Abrió las puertas con seguridad. Las miradas sorprendidas de bellas mujeres lo recibieron. Sus concubinas no esperan verlo ahí a esa hora.

-Mi..mi Señor- dijo una de ellas, acercándose a su Rey.

Dejó escapar una exclamación de sorpresa al sentir su espalda contra la pared, y unos labios besando con deseo su cuello. Eso no lo había esperado.

El faraón solo sentía lujuria en ese momento… era lo único que lograba cubrir sus pensamientos… y esos malditos ojos que seguían atormentando su mente.

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El sonido metálico de la puerta alertó a ambos jóvenes, quienes miraron cómo una persona entraba en la celda. Esta traía una antorcha en su mano, logrando disipar un poco las sombras. Su rostro apenas si se veía. Pero Jono lo reconoció de inmediato.

-Mahado! Que sorpresa que vengas a visitarme!- exclamó. Este no respondió ante el comentario. Su única acción fue mirar a Yami. En su rostro se formó una mueca de desagrado al ver el estado el joven. Era sorprendente que el chico estuviera con vida. -"Shimon hizo un buen trabajo"- se dijo, sin entender como el anciano había curado tantas heridas.

-Oye, no me escuchaste?- preguntó Jono, fingiendo estar ofendido.

-No vine a verte a ti… - respondió el mago, acercándose a Yami, quien retrocedió hasta encontrar su espalda contra la pared.

-Tranquilo viejo, Mahado es un amigo- le dijo el rubio al ver la inseguridad de Yami.

-Jono tiene razón, Yami. De hecho vengo para ayudarte con esas heridas… te deben de doler mucho, verdad?- preguntó.

-Creo… que … eso es obvio- contestó entrecortadamente el joven. No quería ser irrespetuoso pero el dolor no lo ayudaba a recordar los modales. Ra, sino fuera por su orgullo, de seguro estaría hasta llorando en ese momento.

Esta respuesta no pareció molestar al mago, quien solo mostró en sus ojos un profundo entendimiento.

-Jaja entonces estarás muy agradecido cuando termine- le dijo, sonriendo luego. Yami lo miró con confusión.

Mahado se arrodilló hasta quedar a la altura del joven.

-Ahora no te muevas- susurró. La atención de Yami de inmediato se dirigió hasta la sortija que se encontraba en el pecho del mago. Esta emitía un brillo cegador. De pronto, un calor lo invadió. Cerró sus ojos al sentir un dolor insoportable en todo su cuerpo. Genial, y ahora qué más?

-Mmm…- dejó escapar un gemido. Al parecer esta vez el dolor le había ganado al orgullo.

Quería levantarse y salir de ahí. Tenía ganas de gritar. Pero recordó las palabras del mago. No sabía por qué pero su mente le decía que obedeciera esas palabras.

-Sorprendente!- Escuchó que el rubio decía, al momento que el calor desaparecía, junto con el dolor.

Se movió, esperando sentir aquel ardor. Pero no sintió nada.

Abrió sus ojos.

El mago estaba frente a él. Estaba sudando y parecía estar cansado.

Miró luego sus manos.

-Pero qué…!?- exclamó al verlas limpias. No había heridas. Miró sus piernas. Ninguna herida. Su pecho, tampoco!

No había una sola marca en su cuerpo. Era como si lo que había sucedido la noche anterior fuera solo una pesadilla.

-No puedo creerlo- susurró.

-Funcionó...- susurró el mago, notándose el cansancio en su voz. Yami lo miró con preocupación. El hombre estaba sudando.

-Se encuentra bien?- preguntó. Mahado le dirigió una leve sonrisa.

-Perdí mucha energía… solo necesito descansar- Intentó levantarse con debilidad. Yami lo ayudó. Jono se acercó y también lo ayudó a ponerse en pie.

-Eso fue increíble Mahado!- exclamó el rubio.

-No has visto ni la mitad de lo que puedo hacer- susurró el mago. Jono sonrió.

-Claro, señor ególatra… ahora, crees que puedes llegar a tus aposentos sin desmayarte?- le preguntó.

-Por supuesto. Tampoco estoy tan débil- respondió Mahado.

-Perfecto! Suerte con eso! Jaja- rió el rubio. –Eh? Que pasa?- Preguntó luego al ver la repentina seriedad del hombre.

-Yami- habló. El aludido lo miró. –Odias al faraón?-

-Claro que lo odio! Sobretodo después de lo que me hizo!- exclamó de inmediato Yami. No mentía, de hecho, jamás había sentido tanto rencor hacia alguien. La sola mención del faraón le daba asco.

El mago suspiró.

-Si, era de esperarse-susurró. –Yami, cuando vuelvas a estar frente al faraón, no es necesario que le muestres respeto- le dijo. Yami lo miró sorprendido.

-Entonces que debo mostrar? Sumisión? - preguntó con sarcasmo. Ja! Nunca mostraría sumisión, era casi lo mismo que respeto.

Mahado negó con la cabeza.

-Muéstrale… comprensión…-

Yami abrió sus ojos en impresión al escuchar esto… era la segunda vez que se lo decían…

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La noche había caído ya en tierras egipcias. Sin embargo, no todos descansaban.

-Aww mi señor!!- exclamó la mujer, levantando su mirada y dejando escapar un grito ahogado. Se quedó luego ahí por unos segundos, sentada en las caderas de su Rey, antes de caer rendida sobre él.

Atemu rodeó a la joven con sus brazos, sin embargo, aquel contacto no mostraba cariño alguno, al contrario, era frío y lejano, como un simple reflejo.

No había sentido nada especial. Solo un placer físico que terminaba pronto.

Y ahora que había terminado, volvió a su mente el recuerdo de su esclavo. Y con él, esos ojos que no dejaban de atormentarlo.

-"Prométemelo! Por favor!"- Aquella suave voz que recordaba bien apareció en sus pensamientos.

-"Jamás! Como me pides eso? Que simplemente olvide todo y ya!?"-

-"Por favor! Solo así podré descansar… prométeme que te enamorarás de alguien más. No te pido que me olvides… solo te pido que sigas adelante… por favor… por favor…"-

-"Nunca!… me escuchaste… nunca"-

-"Oh, mi adorado Atemu…"-

Sus ojos miraron la realidad de nuevo. De nuevo su corazón pareció endurecerse aún más.

De un solo empujón, se quitó de encima a la concubina, quien cayó al piso mirando con temor al faraón.

Este ni la miró, simplemente se puso nuevamente su faldellín y abandonó la habitación.

Caminó con furia hacia los calabozos. No iba a buscar un nuevo esclavo, ya tenía uno con el que podría divertirse por algún tiempo. Sonrió con malicia, y vaya si era verdad que tendría mucha 'diversión' con este esclavo.

Tomó una antorcha y bajó hacia el oscuro lugar.

Buscó en cada una de las celdas, hasta encontrar la que buscaba. Sonrió con maldad al ver a su esclavo, el cual estaba completamente curado de sus heridas. Al parecer había recibido algo de ayuda. Mejor, ahora podría tener aun más diversión.

Se acercó, con la intención de abrir la celda. Y al hacerlo notó algo que hizo que la furia en su interior creciera.

Su esclavo estaba durmiendo plácidamente en los brazos de Jono, quien lo tenía atrapado en un abrazo protector.

El rey apretó sus puños. Cómo se atrevía el joven estúpido ese a tocar a SU esclavo? Y sobretodo, como se atrevía a abrazarlo!?

Sin embargo, tan pronto comprendió este último pensamiento, sacudió su cabeza.

-Vaya… quien lo diría, estoy celoso jajaja- rió con sarcasmo. Pero a pesar de que el comentario había salido como solo una burla, el mismo faraón tenía que admitir que algo de verdad había en él…

Miró de nuevo a los dos esclavos, y otra vez una chispa de rabia lo invadió.

Nadie, absolutamente nadie podía tocar sus pertenencias.

Abrió la celda con rapidez, y entró en ella, acercándose a Yami, quien en ese momento ignoraba completamente lo que sucedería luego…

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Magi: POR FIN!! Actualice este fic! T.T Ya era hora… jeje pueden creerlo? Tenía la mitad de este capítulo escrita desde hace como medio año… y hasta ahora lo terminé O.o ejem, bueno al menos ya lo hice n.n

Y una nota importante, la persona que recordó Atemu no es Yugi! Solo para que lo sepan y no se hagan ideas falsas o.O Bueno es un poco obvio puesto que Atemu recuerda a una mujer y no a un hombre xD Aunque Yugi si va a aparecer, pero todavía nop xD

Wueno, no tengo mucho que decir, espero que les haya gustado este capítulo

Gracias por los reviews! nOn

Hasta la próxima!