Oh gosh...Vegeta está tan OOC oh gosh.


La exitosa empresaria regresó a su casa a la mañana siguiente, muy temprano, y golpeándose la frente todo el camino desde la entrada hasta la puerta de la casa mientras se repetía mentalmente "cálmate, cálmate, cálmate". Después de saludar a su padre, abrió la caja que había llegado hace poco y que contenía los condensadores por cambiar, se pusó un overall y con la caja bajo su brazo, se encaminó hacia la máquina de gravedad. Todo el camino hasta allá estuvo mirando de lado a lado, lo más disimulado posible, buscando a Vegeta, pero no lo vio. Sin perder tiempo, verificó que no hubiera nadie dentro de la máquina, se dirigió a la caja de breakers y apagó toda la alimentación del recinto, después de lo cual abrió el compartimiento donde se encontraba el circuito de encendido del sistema de enfriamiento, y tras haber retirado algunas tarjetas, encontró que ya su padre había retirado los condensadores dañados y colocó los nuevos. Puso todo en su lugar, levantó los breakers y entró a la máquina para encender el aire acondicionado. Dejándolo así, salió del recinto y se encontró a Vegeta de frente, dio un pequeño grito de sorpresa y él le sonrió levemente.

-Ya está arreglada su cámara de entrenamiento, su majestad. -Le anunció, y echándose hacia un lado le dio paso para que entrara. El saiyajin la miró un momento y luego entró y cerró la puerta tras de sí. Bulma no vio nada en sus ojos, vergüenza, aprecio, deseo, odio, nada, ¿cómo podía actuar como si nada mientras el estómago de ella se retorcía de solo verlo? Tomando la caja, la mujer de cabello turquesa se dirigió a la casa suspirando.

Los días siguieron como habían transcurrido en los últimos meses, el príncipe de los saiyajines entrenaba día y noche, Bulma se ocupaba en algunos proyectos pendientes, su madre hacía panecillos para todos y su padre había estado en la ciudad vigilando la producción de un importante pedido que habían recibido hace algunas semanas. Bulma no había visto a Vegeta, por lo que muy seguramente todo estaba bien con la máquina, por momentos recordaba a Yamcha, pero el dolor se hacía menor con cada día que pasaba, no dejaría que nadie la menospreciara, ni la hiciera sentir dañada o incompleta. La normalidad se rompió dos semanas después cuando Yamcha visitó la corporación Cápsula, su presencia no era bienvenida, pero la señora de la casa lo dejó pasar al no tener idea de lo que había ocurrido. No había pasado una hora cuando Bulma subió corriendo a su cuarto y no se sorprendió siquiera cuando se encontró con Vegeta en el pasillo, apretó el rostro intentando contener las lágrimas y siguió caminando, pero él la tomó por la muñeca, no permitiéndole avanzar.

-¿Quieres que lo mate? -Le preguntó con voz seria, Bulma volteó a verlo, su expresión no indicaba que se estaba burlando de ella.

-¡No! ¿Eso es todo lo que hay en tu cabeza? Yamcha no merece morir solo por esta tontería. -La mujer no pudo contener más las lágrimas y estas empezaron a brotar de sus ojos a borbotones, bajó el rostro tratando de huir de la mirada fija del saiyajin.

-Pero si él dejara de existir, ¿no se acabarían todos tus problemas?

-No, así no funcionan las cosas, cuando decides amar a alguien sabes que esa persona te puede lastimar tanto como tú la puedes lastimar a ella. Es natural y no implica que nadie deba morir por ello. -Respondió, su voz sonaba más nasal de lo normal. -Suéltame, por favor. -Le dijo ella sin mirarlo todavía y tratando con todas sus fuerzas de no seguir llorando. El saiyajin suspiró y la jaló hacía él. -Vegeta. -Se quejó ella con desesperación, él tomó el rostro de ella con su mano libre y la hizo mirarlo.

-Eres un humana débil y patética. -Bulma frunció el ceño. -Tan diferente de una saiyajin. -Bulma trató de liberarse del agarre en su muñeca, se sintió molesta de que justo en ese momento volviera él a traer el tema a colación.

-No me interesa ser una saiyajin.

-Pero ¿sabes? Las mujeres saiyajin tenían todas ojos y cabellos oscuros y facciones fuertes. -Vegeta acarició levemente el cabello de Bulma. -Este...cabello turquesa…- Luego secó las lágrimas de ella con el reverso de su mano. -Estos ojos azules…Esta...piel suave -Le dijo mientras tocaba sus hombros. -Nada de esto lo tenían ellas. Nadie en el Universo, de hecho. -Bulma dejó de llorar a causa de la impresión que le causaron las palabras de Vegeta. -Tú, debilucha y patética mujer, eres lo más irresistible que hay en el Universo entero. -Bulma tragó en seco. -Así que deja de amargarte la existencia por lo que pueda hacer o decir la basura con la que andas. ¿Me entiendes? -Bulma asintió sin decir palabra. -Cuando estás de mal humor no trabajas bien y aparte, a tus ojos no les queda el rojo. -La científica estaba anonadada, con el rostro hirviendo y no tenía idea de cómo reaccionar o qué decir. Vegeta la soltó finalmente, pero ella no se movió, lo vio acercar su cuerpo al de ella sin saber todavía qué hacer. El guerrero la abrazó con una suavidad de la cual ella no lo creía capaz y ella lo abrazó de vuelta, dejándose consolar por el calor de su musculoso cuerpo.

-No sé si dices todo esto para burlarte de mí, pero...gracias, Vegeta. -Bulma lo sintió gruñir con frustración sobre su cuello y luego sintió sus labios que le hablaban muy cerca.

-Esto es lo más estúpido que he hecho en mi vida y ¿crees que me burlo de ti? Insolente… -Bulma tembló cuando sintió que Vegeta le daba un beso en el cuello. -No sé qué puedo hacer para decírtelo más claramente. Cuando te olvides del imbécil con el que andabas, dímelo y estaré dispuesto a demostrarte cuánto me quiero burlar de ti.