Cap 4.
El comienzo.
-No, no, no. ¡Estás loca! Ginny, yo no voy a ponerme eso. Estás muy equivocada si creíste que yo...
-¡Basta! Hermione por favor cállate de una vez. Tú me llamaste para que te aconseje, así que lo menos que puedes hacer es aceptar lo que te propongo. Además, esto no es nada exagerado.
-¡Ash, por favor! ¿Estás viendo bien esa... cosa... que tienes entre tus manos?
-¡Por supuesto que sí! No me dirás ahora que estoy ciega o algo por el estilo...
-¡Pues si no estás ciega, Ginny, te lanzaron el hechizo confundus! Pero no te preocupes... yo... yo lo arreglaré.- dijo la castaña muy decidida y sin una pizca de gracia. Entonces tomó su varita que reposaba en la mesita de luz, y apuntó a la pelirroja.
-¡NO! Hermione baja tu varita ahora mismo. Dios mío, tú si que estás loca. ¿Qué fue lo que te dijo Ron para que tus nervios estén a flor de piel?
-Él no me dijo nada. Ahora quédate quieta, porque si no apunto bien, algo puede salir mal en el contrahechizo.
-Tú no me lanzarás nada. Deja tu varita ahora.- le dijo, acercándose cautelosamente a su amiga. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le arrebató el objeto de sus manos y lo dejó fuera de su alcance.
-¿Qué haces?- le preguntó Hermione. -¡Devuélveme mi varita ya mismo!
-No, ya basta. Tú no eres la Hermione que conozco.
La castaña la observó fijamente, su cuerpo temblaba ligeramente. De improviso, se lanzó a los brazos de la pelirroja, y comenzó a llorar escandalosamente. Su amiga, impresionada, reaccionó a tiempo para envolverla en un fuerte abrazo y susurrarle palabras tranquilizadoras. Estaba totalmente desconcertada, no entendía la actitud de Hermione.
Tras unos minutos sintió como se calmaba, y al poco tiempo oyó la voz entrecortada de su amiga:
-Yo... Ginny, lo siento. De verdad, lamento que tengas que verme en este estado. Es que yo... me siento tan insegura... Tengo un mal presentimiento de todo esto... Hay algo que no me da buena espina y... ¡Estoy tan nerviosa!- finalizó, rompiendo a llorar nuevamente.
-¡Oh, dios! Hermione... parece que no conocieras a mi hermano... ¿Crees que él sería capaz de dañarte?
-Yo... yo no lo sé. Hoy no se nada, todo me confunde.
-Ya veo. Ron sería incapaz de jugar contigo... Y en ese remoto caso, yo me encargaría de darle una buena lección. Pero, hablando en serio Herms, tú, en el fondo, sabes que todo saldrá bien. Lo único que te confunde son los terribles nervios. Pero se te pasarán pronto... Ya verás.
-¿Tú le darías su merecido si él llegara a dañarme?
-¡Claro que sí! Por ti todo, amiga.- afirmó Ginny. Hermione rió, aún sobre el hombro de la chica.
-¡No te imaginas cuánto te lo agradezco!
-Ahora lo importante es que tú actúes con calma, ¿de acuerdo?- le dijo, sentándola en la cama. -Serénate, intenta respirar con normalidad. Así, muy bien.- luego de verla con el rostro y la tranquilidad de siempre, Ginny no pudo evitar soltar una breve carcajada.
-¿Y qué es lo gracioso, si puedo saber?- inquirió Hermione intrigada. Y la pelirroja no pudo contenerse más y estalló en risas.
-Que... yo... no puedo... creer.- decía ella, sosteniéndose el estómago e intentando hacer llegar aire a sus pulmones. -Que tú... te hayas... puesto tan... histérica... solo por... esas prendas.- concluyó, y se lanzó a la cama riendo como nunca. -¡Tú, Hermione! ¡Quién lo hubiera pensado! Imagínate si más personas te hubieran visto...- y volvió a reír. -Tuviste que... haberte... observado... en el... espejo... ¡Hasta tú misma... te sorprenderías con la expresión que tenías!- los ojos le lloraban, la mandíbula y el estómago le dolían levemente, y hacía enormes esfuerzos por tomar aire.
-Oh, genial. Me encanta ser el objeto de las risas.- ironizó la castaña, aunque su amiga le estaba contagiando la diversión. -¡Ginny ya basta! Es demasiada humillación... ¡Detesto descontrolarme! ¿Qué fue lo que me pasó? ¿Sabes una cosa, Ginny?- dijo Hermione intentando desviar la atención de su amiga hacia otra cosa, para que parara de reír. Se le ocurrió lo único que podría distraerla en ese momento. -Parece que esa descarga de lágrimas me ayudó a controlar los nervios. Me siento bien, Ginny, ¡estoy perfectamente!- exclamó la castaña fingiendo alegría.
Repentinamente la compostura volvió a su amiga, la cual se sentó cómodamente en la cama, y observó a Hermione con una mezcla de orgullo, triunfo y satisfacción. ¿Por qué triunfo? Porque Ginny tenía todo planeado. Sabía exactamente cómo reaccionar frente a las distintas actitudes de una chica nerviosa ante una cita de importancia... Y los resultados eran exitosos. Ese ataque de risa que había tenido había sido un buen teatro. Divertido, claro está, pero al fin y al cabo estaba actuando, y tenía una muy buena razón. Tenía que calmar a Hermione, y el medio más efectivo era rozar su orgullo... ¿Pero cómo hacerlo sin dañarla? La respuesta había llegado a ella en cuanto soltó, sin querer, la primera carcajada. Lo demás, simplemente tuvo que improvisarlo, así de fácil. Y Hermione había recuperado su tranquilidad. ¡Qué sencillas eran las cosas, cuando se tenía experiencia en el terreno!
-Me hace muy feliz verte sonreír otra vez.- le dijo Ginny sinceramente, y tiró de su mano haciéndola caer a su lado, sobre la cama.
-Si... a mi también.- le respondió Hermione. Pero esa vez, la alegría iba en serio. Al confesar todo lo que sentía momentos antes, de verdad se había descargado. Y el alivio y confortación que experimentaba en ese instante eran incomparables. Había recuperado la serenidad de siempre, había vuelto la Hermione lógica y segura de sí misma, dejando atrás una buena parte de los nervios. -Ginny... ¿qué hora es?
-Las tres veinticinco.
-¡Las tres veinticinco!- exclamó Hermione, y giró su rostro para observar a su amiga. -Ginny, yo me voy a dar un baño bien caliente... Mientras tanto... ¿te molestaría esperarme? Tienes que ayudarme luego... Puedes ver lo que quieras.- le indicó la castaña mientras iba recogiendo la toalla, objetos de aseo personal, su shampoo de rosas, y esa clase de cosas. Entró al baño y abrió el grifo de la ducha, al tiempo que se desvestía, esperando que el agua se calentara al punto perfecto. -¡No tardo!- le gritó Hermione a su amiga, entrando en la tina.
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Ron se apareció cerca de la Madriguera, ya que los alrededores aún estaba protegidos por simple costumbre, y comenzó a caminar hacia la casa. Llevaba en las manos un paquete envuelto en brillante papel de regalo, y una bolsa que contenía dos medianas cajas cuadradas. Pasó por el umbral de la puerta con una ancha sonrisa en su rostro, y subió las escaleras tarareando una canción. Entró a su habitación, y descubrió a su mejor amigo esperándole allí dentro. Cerró la puerta con cuidado y dejó las cosas sobre su cama.
-¡Hola Harry! ¿Dónde está Ginny? Es extraño que no estés con ella...
-Ya sabes, está en su cuarto con Hermione. Estoy esperándote desde hace una hora, ¿lo sabías?
-Gracias por la molestia.- dijo Ron, encogiéndose de hombros al no saber qué más decirle.
-¿Y has conseguido todo?
-El fijador y la loción las conseguí enseguida... Pero el obsequio me costó encontrarlo... Y casi al final del Callejón Diagon, di con él.
-¿Me dirás cuál es el obsequio?
-No... No te lo diré. Lo verás con tus propios ojos.- dicho esto, Ron tomó la caja aplanada, forrada en papel satinado dorado y plateado, y abrió la tapa. Sacó lo que había dentro y se lo tendió a Harry. El moreno lo tomó y comenzó a mirarlo totalmente asombrado.
-No me digas que esto es... el Nirvana de Miriam Broke.
-Así es, Harry. ¿No es genial?
-Es... ¡Fantástico! ¿Cómo fue que te acordaste? ¡A comienzos de este año, cuando el Nirvana salió a la venta, fue cuando nos dijo que soñaba con uno de éstos!
-No lo sé... Me vino a la cabeza cuando nombraste la tercera regla. ¿Qué hora es? ¿No se me hizo tarde, verdad?
-No, no, tranquilo, son las tres cuarenta. Bueno, Ron, con este regalo has hecho un excelente trabajo. ¡Le encantará!
-¡Eso espero! Mmm...- Ron sacó del armario el traje que le había recomendado Harry, y fue frente al espejo. -¿Crees que me veré bien?
-Si, hay que admitir que en eso Fleur sí que es buena... "La gggrreina de la moda", según Ginny.
Ron sonrió.
-Tienes razón. Bien, entonces no tengo nada más que hacer, ¿cierto? Ya tengo todo lo necesario... Y tengo tiempo de sobra para bañarme y vestirme... Ya cambié en Gringotts el dinero mágico por el muggle... A propósito, Harry, estos billetes son muy extraños. ¿Podrías explicarme otra vez el valor de cada uno?- le dijo Ron lanzándole un grueso fajo de billetes. El moreno lo atrapó al aire, como el experto buscador que había sido durante sus años en Hogwarts, y comenzó a explicarle el sistema de dinero muggle por quinta vez en el día.
Así pasó el tiempo, hasta que se hicieron las cuatro y media, y Harry le recomendó al pelirrojo que se dispusiera a prepararse, por que el peor error que podía cometer en una cita era ser impuntual y hacer esperar a una chica.
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Punto de vista de Herms:
Ya casi no sentía nervios, estaba bastante segura de mí misma. Había llegado la hora de encontrarme con Ron en el jardín, y lo único que yo deseaba era que a él no le pareciera demasiado llamativo mi atuendo... Que simplemente se limitara a decirme "te ves muy bien" y todo transcurriera con toda normalidad. Ya me había despedido de Harry y Ginny, y en ese instante bajaba las escaleras con ansiedad. Al tocar el suelo de la pequeña sala de estar de la Madriguera, suspire con alivio, pues sabía de sobras que no era nada recomendable subir o bajar escaleras con tacos altos, y menos, cuando no se tenía práctica en ello, como era mi caso. Avancé con prisa hasta la puerta de salida, y al girar el picaporte sentí como mi mano temblaba ligeramente, haciendo algo titubeantes mis movimientos. Del otro lado estaba Ron esperándome, no tenía dudas, así que abriendo la puerta totalmente, salí a la cálida tarde. Divisé la figura de Ron, que se encontraba de pie bajo la sombra de un frondoso árbol. Caminé hasta él, esta vez disimulando con elegancia mis pasos rápidos, tal como me había indicado Ginny. Me mordí el labio inferior, impresionada, cuando pude verlo mejor... Estaba vestido con un pantalón azul oscuro de lino, una camisa blanca abotonada, y en su brazo izquierdo cargaba un saco a juego con el pantalón. Alrededor de su cuello estaba perfectamente anudada una corbata a rayas, con los colores gris, azul oscuro y blanco. Su cabello estaba húmedo gracias al fijador, que se notaba que se había puesto con mucho esmero, dejando caer sobre su frente algunos mechones pelirrojos que lo hacían ver más atractivo aún. Lo encontré tan... perfecto.
Cuando me vio, se acercó antes de que yo llegara, y fijándose en cada detalle de mi apariencia, con admiración, me atrajo hacia su cuerpo con suavidad tomándome de la cintura, y, rozando su mejilla contra la mía, me susurró al oído:
-Hermione, te ves más hermosa que nunca.
Yo tardé unos segundos en reaccionar ante esas dulces palabras, y le respondí:
-Y tú estás muy apuesto, Ron, ese traje se te ve estupendo.
Intenté sonreír con naturalidad, pero la cercanía de su rostro me ponía nerviosa. Sentí un estremecimiento cuando besó mi mejilla, luego pasó su brazo derecho alrededor de mi cintura, y mirándome intensamente con sus brillantes ojos azules, me preguntó:
-¿Nos vamos?
-De acuerdo.- acepté, y comenzamos a caminar, abrazados, hacia el límite de los terrenos protegidos.
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Punto de vista de Ron:
Me había preparado con ayuda de las indicaciones de Harry, y ahora yo estaba bajo un sauce, esperándola a ella. Había llegado al punto de encuentro diez minutos antes, ya que al conocer lo puntual que era Hermione, no quería arriesgarme a hacerla esperar. Me había sacado el saco por que el calor de la tarde se notaba demasiado, así que lo colgué de mi brazo, y, ansioso, observé el reloj, sólo se estaba demorando cinco minutos. Fue entonces que escuché, detrás de mi, el leve sonido de pasos en el pasto. Al verla, avancé sin pensarlo hacia ella. Estaba preciosa. Su natural elegancia, resaltaba mucho más con la ropa que vestía. Tenía puesta una blusa de seda color rojo oscuro, completamente ajustada a su cuerpo, con un insinuante escote en ve. Pude ver el detalle de un fino collar alrededor de su cuello. Llevaba una minifalda negra, que dejaba a la vista la mayor parte de sus piernas bronceadas y contorneadas, y su calzado de tacos altos y dorados, casi la hacían llegar a mi altura. Su rostro se veía tan puro y reluciente... Sus mejillas estaban levemente coloreadas con polvo rosado, sus ojos chocolate y sus largas pestañas, estaban delicadamente retocados con esos extraños maquillajes que usan las mujeres, pero que le quedan tan bien, y sus labios estaban perfectamente delineados con brillo transparente. Su cabello estaba recogido en un armonioso peinado que aumentaba mi atracción por ella. No pude resistirme, y luego de admirar hasta el más mínimo detalle de su belleza, rodeé su cintura y con la mayor suavidad posible, la atraje hacia mí. Estaba terriblemente tentado de besarla, pero logré contenerme, y, rozando su mejilla contra la mía, le susurré con mis labios muy cerca de su oído:
-Hermione, te ves más hermosa que nunca.
-Y tú estás muy apuesto, Ron, ese traje se te ve estupendo.- me respondió. Esas palabras me hicieron sonreír abiertamente, pero ella no podía verme, yo aún estaba abrazándola. Al tener que resistirme de besar sus labios, me conformé con besarle la mejilla, y al tiempo que la observaba con profundidad, intentando ver más allá de sus ojos, la sujeté por la cintura. Por concentrarme exclusivamente en los preciosos rasgos de su rostro, cuando le hablé lo hice con la voz algo lejana:
-¿Nos vamos?
-De acuerdo.- me contestó. Abrazándola, la guié hacia el límite de los alrededores de la casa. Yo la observaba de reojo, sin poder evitarlo. Toda mi atención estaba en ella. Cuando pasamos un enorme roble, nos detuvimos, pues ahí ya podíamos desaparecernos.
-¿Lista?- le pregunté. Ella tomó mi mano fuertemente, y asintió, sonriéndome cálidamente. Acerqué mi rostro al de ella, juntando nuestras frentes, y Hermione comenzó a contar.
-Uno...
-Dos...- continué yo, con una sonrisa divertida.
-¡Tres!- exclamó ella.
Yo la abracé con fuerza, para asegurarme de que no nos separaríamos en medio del corto viaje, y todo a nuestro alrededor comenzó a girar.
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