Muchas gracias por sus comentarios, me ayudan mucho


Cap.4 Orbes grises

El negro total y el silencio absoluto que había alrededor mío, se va desvaneciendo lentamente al abrir mis ojos, los párpados me pesan, conforme mis ojos se abren mi visión es borrosa, pero ésta mejora, hallando un techo, una larga cortina hacia arriba, es una cortina de cama, es blanca como las nubes, yo no la conozco, ninguna de nuestras camas en casa tiene este tipo de cortina, además el olor que emana alrededor no es el de mi casa, éste lugar no lo conozco, no es mi casa.

Sigo sintiéndome débil, no puedo tener los párpados abiertos por más tiempo.

-Candy.

Una mano tibia toca mi frente, no tengo siquiera fuerzas para mover la cabeza hacia esa persona aunque no lo necesito, sé que es mi hermana menor, su presencia me tranquiliza al tener consciencia de que no me encuentro en mi casa, es todo lo que necesito saber para cerrar los ojos nuevamente. Estoy de nuevo inmersa en esta obscuridad y silencio, me siento cansada, sin embargo este agotamiento no es tanto por lo físico, es de dentro, es de mi corazón, no sé cómo explicarlo, el corazón me pesa y me duele el doble de lo que mi cuerpo; estoy cansada... no veo ni escucho nada pero lo que viene a forma de torbellino en mi mente han sido mis últimos meses, aquellos en los que fui muy feliz, donde reía sinceramente, donde tomaba una mano más grande que la mía y la sensación de protección y cariño eran desbordantes, no veo ni oigo nada, pero lo que ocupa mi mente es la imagen que antes era para mí lo más bello, lo que más amaba, lo más grande para mí, una imagen que era pulcra y que al seguir mirando... a ese joven de cabellos castaños, caer en la cuenta de que fue un espejismo cruel, una obra de teatro que se saltó del escenario.

El dolor ahí está, no se irá, quisiera que mi nana estuviese viva para correr a ella y abrazarla llorando desahogadamente, como lo hacen las hijas con sus madres.

No tengo percepción del tiempo, no sé cuánto he permanecido así, tan sólo volví a la misma reacción de poder despertar, abrir lentamente los ojos encontrando la misma cortina de cama, el mismo techo de un cuarto que yo no conozco, sigo sintiéndome débil no obstante esta vez tengo un poco más de fuerzas para mover la cabeza despacio; si, esta habitación no la conozco, es muy grande, es más grande que la habitación de mi padre. Se escuchan pasos, abren la puerta y es mi hermana otra vez que corre hacia mí con semblante de preocupación.

-Candy... oh gracias a Dios, despertaste.

Su cara muestra dolor por su preocupación, sus ojos están un poco hinchados, estuvo llorando, toma mi mano entre las suyas acercándola a su mejilla, está llorando con una pequeña sonrisa en su cara, escucho sus lamentos sin moverme. No suelta mi mano mientras acaricia mi cabeza, sus lágrimas y sonrisa temblorosa ahí están, Annie está feliz de que haya despertado, la puerta se abre nuevamente apareciendo mi padre.

-¡Mira padre, Candy ya despertó! –Dice Annie con entusiasmo.

Él se acerca lentamente hasta nosotras mirándome desde su altura, mi padre es un hombre alto, de niña a mí me parecía enorme, al crecer seguía mirándolo de la misma manera, desde mi lugar lo veo más grande que nunca, desde mi lugar veo el contraste de sus rostros y expresiones, pues Annie toma mi mano y acaricia mi cabeza con una sonrisa temblorosa de felicidad porque estoy despierta, mi padre permanece quieto como los árboles fuertes que ni el viento más violento arranca del piso; su semblante se mantiene invariable, en calma, sus manos están atrás de él.

Mi hermana es la única que emite sonidos en esta habitación, porque mi padre y yo permanecemos callados, él mira fijamente, no hay expresión alguna en su rostro, casi es parecido al mío con la única diferencia de que el mío muestra cansancio. Nuevamente tocan la puerta entrando un señor que no conozco, pero por el maletín que trae asumo que es un doctor.

-Debemos irnos –Dice mi padre tomando del hombro a Annie.

-Quiero quedarme con ella.

-Debemos salir, hija.

-Pero...

Mi padre no acepta una negativa a sus órdenes, tomándola de la mano con la presión necesaria para que lo acompañe a la salida, me he quedado a solas con el doctor, es un hombre mayor que mi padre, tiene más canas que él, tiene barba y cabellos que están pintados de grises.

-Soy el doctor Homer Gates, soy el doctor de cabecera de la familia Ardley, lamento que no haya podido presentarme en mejores condiciones, pero no tema, está mal que yo lo diga, pero está en buenas manos -Habló él con gentileza, la de un tío muy querido o hasta la de un abuelo.

El doctor realiza su tarea sin poner yo menor resistencia, todo en el mayor silencio.

-Parece que no hay nada fuera de lugar, no tiene temperatura ni nada por el estilo, eso es alentador –Él lo dice sonriendo con tacto, yo simplemente lo miro -, señorita, debe saber que ha permanecido en este sitio desde hace un día, no había despertado hasta este momento, me avisaron que ayer abrió los ojos un instante y que volvió a dormir, es algo totalmente normal, el descanso es el necesario que la persona requiera.

El doctor me hace preguntas rutinarias por su trabajo, a todo respondo con la cabeza no con palabras, él anota en una libreta con detalle.

-Dejaré las indicaciones a su familia, un buen descanso y aire fresco le sentará mejor –Asiento con la cabeza -, si tiene alguna molestia por menor que sea, avíseme, estoy a sus órdenes.

El doctor sale de la habitación, pudiendo ver que al otro lado estaba mi padre y Annie quien entra apenas sale el doctor que habla con mi padre, cerrando la puerta. Annie se acerca a mí con el mismo semblante de hace un rato, sus ojos se llenan de lágrimas y su sonrisa temblorosa vuelve, su mano acaricia mi cabeza, escucho sus palabras mientras dirijo la mirada a la ventana, la cortina que evita que entre totalmente a la habitación el deslumbrante sol, con esa imagen, viene a mi mente los recuerdos que tenía, con lo dicho por el doctor y este cuarto, asimilo que no estoy en casa, si no en la mansión Ardley entonces, no he salido de aquí desde la fiesta y lo que viene a mi mente de la festividad es un sabor amargoso.

Ya recordé, celebrábamos en la mansión el compromiso de Annie, ella lucía feliz al lado de su prometido, yo quería celebrar con igual sonrisa, pero no pude, empezando por las palabras de mi padre, recordé que asistieron Terry y Susana, ella me encaró y me amenazó, él se acercó a mí insistiendo en volver, llegando de nuevo a mi mente esa mirada que no le conocía, una mirada de posesividad recordando sus palabras de advertencia, su tacto, el dolor que me causaba y la angustia agonizante que tenía porque mi padre no nos encontrase. Tengo conciencia de todo, pero lo de Terry es más claro que un día sin nubes, tenía el descaro de decir que le pertenecía, que no dejaría que estuviera con alguien más... es patético, después de lo que pasé, dudo que pueda acercarme a un joven de esa manera, sé que hay rumores por las calles, eso dañaría mi reputación, mi padre lo sabrá, se molestará como nunca, casi... casi siento su mano en mi cara.

-¿Hermana? -Annie me llama, yo miro la ventana pero mi mente está en otro lugar, la puerta se abre entrando mi padre que llega hasta donde nosotras –Candy –toca mi hombro.

Los cabellos cubrían mi rostro y al voltear con ellos, mi cara muestra tristeza y vergüenza, no hay lágrimas, mi boca no se abrió hasta este momento y es preciso que diga lo que es correcto.

-Perdón.

Mi tono fue al de un agonizante, mi hermana me mira contrariada, mi padre desde su altura me mira filosamente en silencio.

-Perdón... por... a-arruinar tu fiesta.

Annie me abraza con cariño diciendo algo así como, que no era mi culpa, que no me debo fijar en ello, que estaban todos preocupados por mí, eso le escucho hablar mientras miro a mi padre, quien no luce una expresión estándar de correr hacia su hija, abrazarla, besarla, acariciarla paternalmente después de haberse quedado inconsciente por un día entero; Annie parece el murmullo incesante de gente en ajetreo en comparación de nosotros dos que estamos callados como las piedras.

-¿Qué ocurrió?

Por fin habla y evidentemente no será para decir algo dulce, de hecho su mirada se ha endurecido.

-Candy nos lo dirá después...

-¿Por qué te desmayaste en el jardín?

-Padre no es momento...

-Habla –Dice demandantemente.

Annie aboga por paciencia, pero mi padre no la desea, por la puerta entra el doctor Homer y Archie, el primero pide que salgan del cuarto para dejarme descansar, Annie quiere quedarse, pero su novio se la lleva fuera del cuarto, miro como ella quiere que mi padre salga con ellos, el doctor da un paso más pidiendo que él se retire, mi padre dice que lo hará, su mirada color café me atraviesa agudamente y en un parpadeo él está con la misma cercanía que mi hermana pero no con el mismo cariño, me mira de manera instigadora, pesadamente mientras con sus manos descubre mi muñeca izquierda que estaba cobijada por un camisón blanco, al descubrir mi brazo se muestran marcas rojas, las marcas que Terry me dejó.

En un instante veo esas marcas y la mirada dura de mi padre.

-¿Creíste que no me daría cuenta?

La mirada de mi padre es tan gélida... tan negra, tan acusadora y filosa que partiría mi alma en dos. Él lo sabe.

-Señor Britter, por favor salga de la habitación.

Mis ojos caen en pena, mis ojos se llenaron de lágrimas, mi boca no dice nada.

-Señor, salga por favor.

-Qué vergüenza -Le oigo decir en un susurro que es un estallido de coraje, suelta mi mano cayendo ésta a la cama sin fuerza.

Los pasos pesados de mi padre los escucho aun cuando cierran la puerta y se alejan, la habitación se queda sola, se queda en silencio, en medio yo con la cabeza baja, mis manos en débiles puños temblando como todo mi cuerpo, lágrimas salen de mis ojos, gemidos agonizantes y leves salen de mi boca.

-L-lo siento... padre...

Mis párpados habían permanecido todo este tiempo cerrados, han vuelto a cerrarse, pero gotas cristalinas salen de ellos, afuera puede estar haciendo un día soleado y espléndido, en la habitación es un día gris lluvioso.

Tampoco tuve noción de cuánto permanecí en ese estado.

…...

El rojo atardecer se ve por la ventana, sus colores rojo, naranja y rosado se ven tan vivos, contrastan a mi mirada que es verde, pero sé que se ha vuelto opaca, que las cortinas que se mueven por el viento se ven más vivas que yo. Una sirvienta entra para llevarse la bandeja con los platos que contenían mi merienda.

-¿Necesita algo más, señorita?

-No gracias, se lo agradezco –Le digo sin mirarla, sólo veo la ventana, apenas tuve fuerzas para responderle y comer los alimentos, sin embargo... sería una grosería más de mi parte, ya había echado a perder las cosas a mi familia, cuando ella toca la perilla de la puerta, le pregunto –¿Sabe dónde se encuentra mi familia?

-El señor Britter y la señorita Annie salieron desde hace horas, regresarán por usted mañana.

Le agradezco, me deja sola, yo miro la ventana con el mismo ánimo, la habitación como yo hemos sido silenciosas, sólo pude ver a mi hermana y mi padre en ese momento, ya no volvieron, debe ser la calma antes de la tormenta, antes de que vuelva a ver a mi padre y me encare, acusándome, exigiendo respuestas que debo darle, suena algo sencillo de mencionar, pero cuando ocurra será lo más devastador, todas estas horas es en lo único que he pensado, en el castigo que me espera, no quería que esto pasara pero la verdad siempre sale a la luz de alguna manera, enfrentar a mi padre, darle una explicación de mi actuar era algo que debía ocurrir, le daré un motivo más para que me mire con pesadez y que ese semblante de cariño que daba a Annie, conmigo no aparezca.

Una fugitiva lágrima resbala de mis ojos, quisiera que mi nana estuviera conmigo.

Una vez más en el día, vuelven a tocar la puerta, no tengo ánimo para responder, escucho que la abren y miro de soslayo al señor Ardley. Que un alto caballero con porte majestuoso a cualquier hora del día, me vea tirada en cama, con el cabello revuelto, cara pálida, acostada de lado mirando con la fuerza de un moribundo la ventana... y que se alcancen a ver las marcas rojas de mis muñecas, porque ahora que mi padre las descubrió y encima de que el señor de esta casa me encontrara de peor manera con Terry... no me importa.

No voy a corregir mi postura ni acomodaré mi cabello para tener una mejor presentación, si él ya sabe la "Clase" de chica que soy, ¿Qué importa arreglarme para él?

El señor Ardley tiene una mirada seria pero denota preocupación, casi parecida a la de Annie, da unos pasos hacia mí.

-Lamento las molestias –Dije en tono débil mirándolo de la misma manera, él se detiene.

Él ladea la mirada un momento como confundido para después acortar la distancia hacia mí, sentándose en la silla que estaba cercana a la cama.

-Me alegra que haya despertado, me preocupé por usted...

-Lamento las molestias -Repetí, inclinando la mirada – di muchos problemas, por favor no piense mal de mi hermana, le aseguro que ella es una señorita educada, los señores Conrwell no tienen menor queja de ella, es muy correcta y sobre todo respeta su autoridad -Annie es feliz con Archie, si mi comportamiento afecta su relación nunca me lo perdonaría.

El señor Ardley sabe perfectamente a que "Molestias" me estoy refiriendo, él vio todo, con una escena que vislumbró es suficiente para que alguien inteligente sepa lo que está ocurriendo y él vio dos, no es agradable ver que, el amigo de sus sobrinos haya tenido que ver de manera clandestina con la hermana de la señorita que entrará a su familia por matrimonio, es algo vergonzoso, deshonroso, mi debilidad causó todo esto, yo arruiné una noche que debió ser memorable hermosamente para mi familia, yo misma dejé que todo pasara.

-Yo no dudo del buen comportamiento de su hermana Annie... ni tampoco dudo de usted.

Lo escucho, pero mi semblante débil, distante y cansado no cambia, tampoco le busco la mirada, entonces veo que su mano acerca a mí una rosa color rosado, es extraño, pero es la única forma en que lo miro, mi expresión no cambia, en él hay una sonrisa cálida, los rayos del atardecer tocan la figura del señor Ardley, lo hacen ver aún más resplandeciente que cuando lo conocí, mi emoción en ese momento era sólo querer llorar por haber descubierto el engaño de Terry así que no movió mi mundo, en esta ocasión que él y mi padre han descubierto mi relación oculta y que resulta penoso, sigue sin darme "Cosquillas" la estampa del señor Ardley. No muevo mi mano para tomar la rosa, mi cara tampoco pone una expresión dulce para agradecerle ese gesto, él entiende eso y deja la rosa en la cama.

-Quiero que sepa que yo en ningún momento dije una sola palabra al señor Britter, ninguna vez que nos vimos para hablar del negocio, yo asimilo la privacidad de las cosas entre las personas, no me correspondía decirlo.

Se escucha sincero, podría creerle.

-Quiero que también sepa, que yo no pensé mal de usted en ninguna de las ocasiones, Terrence es amigo de mis sobrinos y aunque respeto su amistad, hay detalles en su actitud que me hacían cuestionar las cosas, sin embargo no esperaba que él...

-Entiendo lo que dice -Concluí su diálogo.

Me cubro con la sábana igualmente blanca, mirando hacia el techo, pensar que hasta el señor Ardley había sospechado de Terry me hace hincapié de lo ilusa que soy, él se ve como un hombre inteligente, podía presentir las cosas, en cambio yo me dejé enamorar por Terry, unas cuantas palabras amorosas sirvieron para que me tuviera a sus pies, si hubiese tenido la mitad de percepción que el señor Ardley no habría pasado por esto.

-Lamento que haya visto todo eso, sé que debe sentir consternación porque mi familia se relacionará con la suya y lo que vio no es digno, sólo le pido que no dude de Annie.

-Ya le he dicho que no dudo de las dos.

Asiento con la cabeza, sin verle, mi mirada está en algún punto de la habitación, menos mal que no me quedaré aquí más tiempo, es algo incómodo. En dos parpadeos siento la mano del señor Ardley justo sobre la mía que está cubierta por la sábana, aunque ella evita un contacto directo, siento su calidez, es un acto que ocasiona llamar mi atención.

-Soy consciente que soy un desconocido total para usted, las escasas veces que hemos concordado no son motivos para que sea alguien de su confianza, pero créame que en esas pocas ocasiones en que la he visto, pude darme cuenta de muchas cosas.

-No sé de qué habla –Digo a modo confuso e incómodo, alejando mi mano de la suya -, me encontró con el joven Grandchester en situaciones nada decorosas, eso da para pensarse mal.

-Si, pero no en mi caso, he visto que usted es una señorita responsable y muy respetuosa, por las palabras de mis sobrinos es una confirmación más de que usted es una dama a la que hay que admirar.

-No entiendo lo que dice, no tiene que decir todo eso por mi estado en un acto caritativo, hice un escándalo en su noble casa, usted se dio cuenta de lo que pasó entre Terrence Grandchester y yo, no es el actuar admirable de alguien, entiendo que no tenga una buena impresión de mí, es algo vergonzoso y estoy preparada para las consecuencias con mi familia, lo único que yo le pido a usted, es que su familia no cuestione a Annie ni le miren mal por causa mía.

Roso las marcas rojas de mi muñeca izquierda, ésta es mi realidad, llegó el día en que las cosas se descubrieran y que deban caer en mí las consecuencias, no pensé en esto cuando estaba enamorada de Terry porque creía en un futuro juntos, pero ya me quedó muy claro que los cuentos de hadas, son cuentos de hadas, que los príncipes azules montados a caballo blanco, sólo están en dos lugares: los libros fantasiosos y en los teatros.

-No me endiente, yo creo en usted, Terrence actuó como un canalla, un hombre que actúa así no merece siquiera llamarse hombre, no es mi intención acusarla y mucho menos humillarla señorita Candice, no vea en mí a un acusador ni a un juez, deseo que vea en mi un amigo.

Volteo con él más contrariada que antes, su mirada azul es tan intensa como la de mi padre, pero la suya no es por atravesar mi alma para reprocharme, es de otro sentido, uno que va acorde con lo que sale de su boca, toma de nuevo la rosa para acercarla a mí.

-Yo veo mucho más allá de lo que se ve a primera vista, ¿Sabe quién me enseñó? Mi madre, ella decía que en este mundo de apariencias hay que mirar dos veces para comprender a las personas, porque una cosa es lo que dicen y otra lo que sienten, Terrence actuó por deslumbramiento y egoísmo, usted por amor ¿No es así? -No le miro, mi cabeza está inclinada, mis mejillas están rojas -, usted habla como las personas de firmes principios morales, siente vergüenza por el engaño de Terrence, su comportamiento es acorde al de una dama de alto respeto, usted no debe avergonzarse por lo que sintió por él, su sentimiento fue limpio, los de él fueron impíos.

Una de mis manos se había descubierto sin querer por la manta, el señor Ardley la tomó colocando en ella la rosa, al mismo tiempo que cubre mis manos con las suyas. Sólo así pude por fin mirarlo a la cara, no esperaba que hiciera eso, mis fuerzas siguen estando débiles y él sostiene mi mano con firmeza, no una dura, sino con... ¿Comprensión? No sé cómo describirlo, sólo podía acatar que no me intimidaba y que por el contrario me transmitía... fuerza.

-Su relación era algo que usted guardaba y yo no debía ser alguien que se enterara, pero las cosas sucedieron como pasó, no le echo en cara nada, es Terrence el que debe tener esto en mente y que sienta culpa por comportarse con irresponsabilidad, no debió actuar olvidándose de las consecuencias para los demás.

-Quizás tenga razón, pero mi padre se ha enterado y yo debo decirle la verdad, una chica que le oculta algo así a su padre, no es buena –Digo bajando la mirada.

-Son equivocaciones de la vida, su padre entenderá.

-No señor, no lo entiende... y no es algo que deba hablar con usted -Moví mi mano para alejarla de las suyas, sin embargo ellas volvieron a sostenerme de nuevo.

-Entiendo su recato y no quiero obligarla a pesar de ser testigo, su padre lucía molesto pero sepa que no dejaré que su enfado caiga inexorablemente sobre usted –Mi sonrojo aumentó.

-Por favor señor entienda mi vergüenza, si usted hablase...

-¿Le apena que la defiendan? ¿No están los abogados para defender a los inocentes?, Terrence no vendrá a dar la cara, créame que ni siquiera la daría frente a su padre, él lleva mucha parte de culpa y no va a estar delante del señor Britter para admitirlo.

No sé qué decirle al señor Ardley, tiene razón pero... que incluso él tenga que abogar por mí es... no sé, mi padre estallaría aún más de molestia al saber que el señor Ardley está enterado, lo llenaría de vergüenza que él sepa de las ridículas andanzas de su hija, para mí es igualmente de pena.

-Quisiera dejar esto a su elección, pero comprenda que no me siento tranquilo al ver que, por causa de un muchacho sumamente egoísta, sea usted quien se lleve toda la acusación, al menos dígame qué pensará mi proposición.

¿Qué tiene que hacer un hombre como el señor Ardley preocupándose por una chiquilla como yo?, Es un asunto ajeno a él, ni siquiera tendría que ver con Annie y él me habla de abogar por mí frente a mi padre, ¿Estará mintiendo? Pero... ¿Qué gana él con eso? Terry también decía hablar con mi padre sobre lo nuestro, muchas veces que yo en todas le creía, ésta puede ser la misma situación. Lo que me ocurrió con Terry me hace dudar ahora de las intenciones de los hombres, no puedo creerle a la primera, algo positivo salió de su engaño detestable... a no ser... que también sea producto, de que por tanto tiempo teniendo que discutir con mi padre y mi madre, que sólo mi nana y Annie estuvieran para consolarme y darme cariño, a raíz de que el sentimiento de protección familiar no fuese grande en mí, me haga dudar de alguien que sinceramente me ofrece su mano para protegerme, y después viene la misma pregunta a mi cabeza: ¿Por qué?

Lentamente muevo la cabeza afirmativamente, ella dice "Si" mientras que mis ojos dicen no creer, no obstante para el señor Ardley parece suficiente, mostrando una sonrisa, debería sentirme relajada por su ayuda, pero el temor y la confusión no se evaporan, él suelta despacio mi mano bajando ésta a la cama con todo y la rosa.

-Sólo tenga esto en mente, alguien que quiere limpiamente, no debe inclinar la cabeza.

Cuando Terry me hablaba sus palabras las escuchaba como verdad en cada sílaba, era producto de mi sueño enamorado, en la cruenta realidad, escuchar a esta persona casi podría asegurar que también se escucha como verdad.

-¿Porqué la molestia? -No puedo quedarme con la duda, sus palabras podrían hacerme sentir con mejor ánimo, mi tono de voz es bajo, no puedo creer en dulces sueños.

-¿Por qué no tomarlas?

Lo hizo sonar como lo más sencillo de entender pero yo no podía, el señor de la casa abandonó la habitación después de esta charla y lo hizo, de la misma manera, tomando mi mano para besarla, al encontrarme sola recostada en cama, con una rosa descansando en el buró, vuelvo a mirar el cielo que se está volviendo obscuro, cierro mis ojos para dormir. Tengo presente el momento de ver a mi padre, que él exija saber la verdad, ocultarle las cosas sería atroz, sus ojos denotaban una molestia enorme, tengo miedo... siento un peso en mis hombros que no se aliviana a pesar de descansar en cama, aun así, las palabras del señor Ardley no ocasionan aligerar ese peso, sólo tal vez que pueda respirar.

Al día siguiente, temprano después del desayuno había sido un día con actividad, recibiendo la visita de los chicos preocupados por mí, se sintieron más tranquilos al verme, ellos habían venido a verme junto a la señora Elroy quien charló poco pero lo justo, después se presentó el doctor Homer para revisarme, fue la señora quien se quedó en la habitación con nosotros; el doctor dijo que no tenía alguna complicación, dándome una receta con medicinas y algunos alimentos para darme energía.

-No creo que surja alguna complicación, iré a visitarla un día de la semana para una última revisión.

-Se lo agradezco.

-Gracias por venir tan pronto lo llamamos –Dijo la señora Elroy desde su lugar con propiedad.

-Es un placer servirles.

El doctor se retiró de la habitación, diciéndome la señora Elroy que estaban preparando el baño para mí.

-Gracias por sus atenciones, lamento las molestias que he causado.

La señora Elroy se quedó callada, su mirada era tal cual la recuerdo, ni un comentario salió de su boca ni cuando se retiró de la habitación, seguramente le molestó lo que pasó, denota ser una mujer que gusta de un perfecto orden en las cosas, más en su casa, no he quedado en buena imagen ante ella si sabe lo que ocurrió, que ella llegara a saberlo realmente no me afecta, no tengo que tratar tanto con ella. Después de un necesario baño donde pude relajarme momentáneamente, dos sirvientas me acompañaron a la habitación que me asignaron, encontrando un hermoso vestido blanco de mangas y cuello largos, al tacto sabía que era fino y que era de tela fresca para estos tiempos.

-¿Y esto?

-Su ropa señorita.

-Mi hermana debió dejar un cambio de ropa para mí y no creo que sea éste, ¿Dónde está?

-Nos mandaron devolverlo a su casa y prepararle éste.

-Pero... no puedo aceptarlo.

-No se apene, es un lindo vestido –Dijo una de ellas con una sonrisa.

-Además el señor Ardley dispuso traerle este vestido y la señora Elroy estuvo de acuerdo.

-...¿Cómo?

-Señorita debe darse prisa, su familia llegará pronto.

De no ser por ellas no me habría puesto nada hasta reaccionar o entender, ¿Cómo que lo habían dispuesto las dos personas más importantes de esta casa?, Las dos sirvientas me ayudaron a vestirme, además del vestido estaba también unas zapatillas del mismo color, igualmente me ayudaron a peinarme, yo les decía que podía hacerlo sola, en casa, aunque contábamos con servidumbre no tenían que hacer todo esto, pero ellas insistían que era su trabajo y que les habían encargado ayudarme, peinaron mi cabello en una media coleta, con un lazo turquesa, cuando me vi al espejo... creo que me veía mejor que con el vestido para la fiesta de Annie.

Al salir de la habitación para esperar a mi familia en la sala, me encontré nuevamente con la señora Elroy y los chicos, ellos me hicieron compañía hasta que llegara mi padre, charlamos un momento, la señora guardaba silencio, aunque debo decir que en todo momento no la vi rígida, más bien con serenidad mientras esperábamos, me agrada hablar con los muchachos pero no he olvidado lo que me espera, pienso en todo lo que me dirá mi padre, Annie querrá abogar por mí pero él ignorará sus peticiones, es muy probable que él me mande con la señora Pony a manera de esperar mientras el chisme se va haciendo débil, es una deshonra para él que una de sus hijas tenga ese tipo de relaciones, le da más bochorno por la familia que emparentará, por dentro sonrío con ironía, Terry decía hablar con él, pero las palabras del señor Ardley son más realistas, él no dirá nada de esto ni a su propio padre.

De repente llaman a la puerta, una sirvienta va a abrir, sé quién es como los demás pero yo sé lo que significa, a la entrada del salón de la sala llega mi padre, un escalofrío me recorre la espalda, tengo mis manos juntas tratando de evitar temblar evidentemente, quiero que esto ya termine.

-Buenas tardes, he venido por mi hija.

Sus ojos se van a mí, no mostrará su molestia delante de los Ardley, pero yo puedo sentirla, sin hacerlo esperar me pongo de pie avanzando a él, nuevamente di las gracias a la familia por sus atenciones, los chicos dijeron ir a visitarme pronto, la señora guardaba su recato al que ya veía como algo acostumbrado. Salimos para abordar el auto, mi padre abrió la puerta para mí, su mirada era tan pesada, el viaje de regreso sería un tormento, justo cuando cerró la puerta llegó un auto más, lo conocía, era del señor Ardley a quien no había visto en todo este rato.

-Señor Ardley le agradezco las atenciones para con mi hija, no sé de qué manera compensarlo –Mi padre hacía sonar su voz como un padre agradecido por el trato a su hija, más yo sé que por adentro él está irritado totalmente.

-Permítame unas palabras antes de que se marchen.

-¿Ahora?

-Por favor escúcheme -Mi padre accede.

-Candice espera en el auto.

Ambos señores se alejan unos metros de donde yo, pude ver a los chicos en la ventana curiosos, luego ver que la señora Elroy les llama la atención y se alejan de las ventanas, ella hace lo mismo después de correr las cortinas azules. Yo no puedo escuchar lo que hablan y lo hacen con el mayor sigilo a pesar de lo tranquilo que está el lugar, lo que diviso es el rostro pensativo y serio de mi padre, escucha lo que le esté diciendo el señor Ardley y no suaviza sus gestos, el escalofrío volvió a recorrer mi espalda cuando él miró un segundo hacia mí, ni siquiera pude guardarme mi asombro, fue lapso de un misero segundo, regresó su mirada al señor Ardley, continuaron hablando y luego mi padre regresaba al auto.

-Gracias señor, buenas tardes.

Es todo lo que dijo mi padre, vi al señor Ardley antes de que el auto se aleje de la mansión, su mirada no es a forma de sonrisa, sino reservada, pero igualmente había algo de "Seguridad", ¿Será para mí?

Justamente el trayecto a casa fue en silencio sepulcral, como lo pensé, no me atrevía a ver a mi padre, mucho menos dirigirle la palabra, él no hizo intento de decirme una sola sílaba, para más peso, en el camino veíamos postes con publicidad de la obra Macbeth, mis manos estaban cerradas en puño, me alegraba que el vestido tuviese mangas largas para ocultar las marcas rojas, se están desvaneciendo, Terry me sostuvo con demasiada fuerza, se sobre pasó, no sólo me lastimó por dentro, llegó a lo físico, el señor Ardley tiene razón, él no merece ser llamado hombre.

Cuando llegamos a la casa Annie me recibe con un abrazo, está feliz de que haya vuelto, le sonrío momentáneamente hasta que mi padre habla.

-Annie es hora de tus clases de piano, no debes llegar tarde.

-Preferiría quedarme con Candy.

-Dorothy –Llamó él apareciendo la chica que sirve en nuestra casa -, acompáñala.

Mi padre no accede a las peticiones de su hija menor, Annie con pesar se marcha, pero prometiendo pasar el resto del día conmigo, cuando se va y quedamos solos, hay un silencio pesado entre los dos, él me mira desde su altura y yo inclino la cabeza, lo escucho acercarse, levanto la mirada preparándome mentalmente para lo que venga.

-El señor Ardley me ha pedido que hablemos sobre lo que pasó en la fiesta, ha abogado por consideración a ti –No digo nada, pero me sorprendo por dentro -, para tranquilidad tuya, sólo los Ardley y nosotros supimos de tu desvanecimiento, el señor William fue cuidadoso al no exponerte ante todos, te llevó a una de las habitaciones que colindaban con el jardín trasero, así nadie se daría cuenta, nos avisó con el mayor recato.

En verdad... me alegra que haya sido de esa manera, entonces no arruiné del todo la celebración de Annie.

-Estas acciones tuyas no son las más satisfactorias, lo que tanto te pedí... no lo hiciste.

Asentí silenciosamente.

-Es... decepcionante, muy decepcionante, la comprensión de un alto señor como William Ardley es admirable, por consideración a él haré caso a sus palabras.

Asentí silenciosamente otra vez, sus pasos se acercan más a mí, levanto la cara... y una bofetada se estampa en mi rostro, cubriéndose mi rostro con el cabello por la fuerza del contacto, a los pocos segundos después mi padre me profesa una segunda bofetada, las dos sonoras, las dos para remover mi cabello, mis dos mejillas sentirlas arder, fue a mano extendida, sus manos son más grandes que las mías, el golpe sería más que doloroso, ambas se escucharon en el salón con eco.

-¡Y esto es por actuar de la misma manera que tu madre! Los chismes están corriendo por las calles, tomará unos días que se disipe como los demás, mañana irás con la señora Pony y te quedarás allá hasta que yo te diga que vuelvas.

-Si padre.

-Asumo que tu criterio te dirá que no puedes tener contacto con el bribón con el que salías furtivamente, ¿Estoy en lo correcto?

-Lo estás, padre.

-Sube a tu habitación y no salgas hasta la hora de cenar.

Asiento con la cabeza, doy media vuelta hacia mi habitación, cuando subo las escaleras lo escucho a él suspirar agotado y enfadado.

-Igual que ella.

Otra vez en el refugio de mi cuarto, lágrimas corren de mis ojos resbalando en mis mejillas rojas no por el calor, me deshago del vestido junto con las zapatillas blancas y el lazo, quedando en mi sencillo fondo, entro a la cama cobijándome hasta el cuello, mis almohadas han sido donde paso a regarlas con mis gotas saladas, mis gemidos tratar de que no estallen como deseo, no quiero que mi padre ni nadie más me escuche.

En mi cuerpo hay marcas rojas, unas por Terrence Grandchester y otras por mi padre, ambas arder, ambas doler, ambas de hombres que yo sentía en algún momento que me protegían, Terry fue un engaño desde el principio, a mi padre lo he decepcionado, el toque de los dos es tormentoso.

Con lágrimas emanando sin detenerse de mis ojos, el sueño viene a mí, me he hecho un ovillo en la cama, cierro mis ojos para dormir, cuando el sueño me está tocando, algo viene a mi mente, algo que es como un recuerdo, tengo marcas rojas en mi cuerpo y las dos son dolorosas, no obstante el sueño me hace recordar una sensación de pétalos de flor en mis labios y haber tenido el rostro del señor Ardley muy cerca.

¿Es un sueño producto del cansancio?... No, ¿Es un recuerdo producto del sueño?... Se siente como verdad.

Continuará...