Nota del autor: ¿Hola como andan?, sí, por fin nuevo capítulo. Esperen al siguiente que lo publicaré esta noche y terminaré el fanfic.


Era ya el otro día. Todos anoche durmieron bien y estaban sentados esperando a Raiden, en el salón principal del templo. El había ido a una misión en Estados Unidos desde ya temprano.

Eran las ocho de la mañana. El sol alumbraba desde atrás de los cerros y corría una agradable brisa veraniega.

—A que horas llegará Raiden— Liu Kang se quejaba.

—Hablemos del plan, sin él— Jax propuso eso y no perder tiempo esperándolo.

A esas horas deberían estar partiendo al mundo exterior. Cada minuto que pasaba a contar desde que Shao Kahn se robó a Kitana, era una pérdida de estos mismos y la esperanza de que estuviese aún con vida.

—Raiden sabía que tendríamos que hacer esto. Es la última vez que confío en él— Liu Kang seguía quejándose.

—Te lo repito, empecemos a contar el plan, no sigamos perdiendo más tiempo— Jax insistía.

Raiden apareció en ese instante por esas casualidades. Ya era la hora.

—Perdonen mi demora— Se disculpaba.

—Bien, acérquense todos— Liu Kang ordenó a que todos los combatientes se reunieran.

—Esto es un plano del castillo de Shao Kahn. Aquí está la entrada— Jax indicaba con su dedo en el pedazo de papel.

—Más de seguro dos guardias tarkatan estarán a la vigila.

—Se supone que Liu Kang los debería de eliminar para entrar, pero él estará con Raiden atrás del recinto junto con Sub Zero. Adelante Smoke se encargará de sofocar con su técnica de humo a esos tarkatan si los hubiera.

—Sektor y Cyrax estarán del otro lado del castillo a la par con Raiden ya que los que van a estar atrás van a ser las distracciones, así para que Jade, quien va a rescatar a Kitana pueda entrar fácilmente. Kung Lao va a entrar con ella y va ser el que cuide su espalda.

—Genial, esto me gustará— el Shaolin interrumpió.

—Silencio, Kung Lao— Raiden lo hizo callar.

—Nightwolf puede entrar previamente y así eliminar algunos tarkatan de adentro o ¿qué prefieres?

—Distraer a Shao Kahn, así alejarlo del castillo. Él es la fuerza mayor y mandará a todos a luchar y se quedará sentado en su trono. También lo son los shokan, que de por sí, vigilan a todos los prisioneros— el indio contestó.

—Tiene razón. Kabal y yo acompañaremos a Nightwolf— Stryker interfiere.

—¿Quieres que ese monstruo anaranjado me queme de nuevo?— Kabal se quejó y recordó un horrendo episodio.

—Sonya y Jax y el resto de las fuerzas atacaran vía aérea.

—Pero hay algo que falta— una voz femenina se hizo escuchar.

Entró una hermosa mujer de estatura normal. Cabellos morenos con algunos mechones blanco adelante. Sus labios también eran negros, así como su playera y sus pantalones.

En si era una especie de demonio, pero tenía un buen corazón. Algo destacable en ella más porque sentía esa cosa llamada amor y guardaba a alguien en lo más profundo de su corazón. Se llamaba Sareena.

Entró con muchos robots Lin Kuei, llegando a parecer que venían a atacar, pero lo dicho anteriormente, era un ser con un corazón maravilloso.

—No estarán peleando con Shao Kahn para siempre. El no descansa hasta que elimine a cualquier amenaza. Además, si se da cuenta de que Kitana no está, irá a Edenia por ella— explicaba.

—Tienes razón. Así no perdemos a ningún combatiente y defensor de la tierra— Raiden opinó.

—El plan creo que me parece bien. Espero que resulte— Jax interfería.

—Difícilmente va a resultar y más siendo Shao Kahn que de por sí, consigue lo que quiere. Como ya dije, si se da cuenta que Kitana no está, la buscará y todo lo que vamos hacer será en vano— Sareena respondió.

—¡Vaya! Entonces este rescate va a ser más difícil de lo que imaginé. Jade, creo que debes dar ya por perdida a Kitana— Smoke le susurró al oído.

—Lo mejor que podemos hacer es luchar. Yo haré el resto. Eso sí la persona que entre y rescate a la princesa deberá estar atenta a cualquier cosa que se le presente por sorpresa en el interior del castillo. Ahora ya no perdamos más tiempo vámonos.

Tras dicho eso, Sareena salió del lugar y los ciber Lin Kuei que traía abrieron un portal gigante para que todos pasarán por el y llegasen al mundo exterior.

Era grande para que también pasasen los helicópteros de las fuerzas estadounidenses.

El mundo exterior era un lugar un tan tétrico. Día y noche el ambiente era oscuro. Inhabitado, con mucho frío, había un mar que tenía pinta de contaminado ya por el color del agua habrá sido embrujado o parecido.

—Aquí no hay castillo— Sonya comentaba.

—Conozco el camino y llegar. No es mucho— Raiden decía y lo señalaba.

El castillo del malvado Kahn era una fortificación resistente hecha de piedras. Contaba con más de diez habitaciones más los sectores como uno llamado el Arsenal, un escenario con abundante lava y en que trabajaban los tarkatan para forjar armas y armaduras.

La comitiva de la tierra y Edenia se detuvieron en una colina grande repleta de rocas a observar y hallar la forma de comenzar el ataque, pero todo estaba claro.

—Bien Jade. Tienes que adelantarte y dirigirte a la entrada. Aquí no vale evitar sino luchar y si es necesario matar— Sareena le indicaba.

—Kung Lao, ve tras ella y vigila sus espaldas— Raiden instruyó.

— El resto, una vez que Jade y Kung Lao lleguen a la entrada del castillo, nos ganaremos detrás de este y empezaremos la masacre— Sareena decía.

—Tienes que permanecer atrás mío— Jade indicó al Shaolin.

Habían dos tarkatan vigilando la entrada. Estaban cada uno en cada lado del portón.

—Creo que esta noche cenaremos edeniana al carbón— uno le decía al otro.

—Yo solo quería una noche con ella— este otro respondió.

Jade y Lao se acercaron a ellos.

—Hola buenas tardes— la mujer fingiendo gentileza los saludó. En el fondo le repugnaba los tarkatanos.

—Se bien que eres una edeniana. ¿Que deseas?— el monstruo respondió.

—Supe que Shao Kahn se casaría con Kitana y venía a felicitarla.

Jade, eso no era parte del plan— Kung Lao susurró.

—El emperador jamás mencionó una boda. Lo único que sabemos es sobre una incineración…

El otro tarkatano lo interrumpió tapando su boca.

—En realidad es un asado, Kitana no tiene nada que ver. De hecho, se le envió de regreso a edenia— trató de corregir, aunque en realidad era mentira.

—¿Y en que tengo que basarme que ella está en edenia? — Jade aun así no creía.

—¿Qué tan fácil es hacer esto? — Kung Lao interfirió con un puñetazo en la cara al segundo tarkatan.

Esto provocó que el primero atacara a Jade directamente y comenzar una batalla.

—¿Por qué hiciste eso?— cuestionó al shaolin, mientras intentaba defenderse del tarkatano.

—Sareena dijo atacar y matar si es necesario— respondió.

El tarkatan que fue golpeado por Kung Lao, es decir el segundo que lo llamaremos Karbarak se puso de pie y corrio hacia el Shaolin para golpearlo.

Jade no le era dificil pelear contra el primero que lo llamaremos Durakaba. Como tenía mucha experiencia en el control de su bastón lo picoteaba con la punta de este en el pecho del monstruo, imposibilitándolo a que contratacara.

Kung Lao daba una serie de patadas voladoras, todas dando en el rostro de Karbarak y luego para noquearlo, remató con fuerza otra más en el pecho e impulsarlo en contra la dura pared del castillo.

—¿Te ayudo con ese? — le preguntó a la mujer.

—Intenta abrir el portón— respondió.

Mientras en la parte de atrás...

El ataque comenzó. Sub Zero inició creando una escarcha en la que congeló el muro y de un golpecito, rompió el hielo lo que hizo que el muro también rompiera en mil pedazos.

Algunos robots de Lin Kuei se treparon por las paredes del castillo.

Cyrax puso varias bombas en el suelo y las tapó con la tierra, así no fueran vistas por nadie.

Nightwolf logró subirse a lo más alto del castillo y se encontró con varios tarkatan lo cual se vio obligado a pelear con todos ellos. Tenía que entrar por la terraza y vigilar que Kung Lao y Jade estuviesen bien.

Raiden mientras noqueaba a tres tarkatan con electrocución recibió una interferencia de Sindel.

—Oye Raiden, te tengo buenas noticias o mejor dicho excelentes noticias; Kitana regresó sana y salva, aunque está un poco extraña. Dice que la soltaron— la mujer de cabellos blancos informaba desde un holograma de un amuleto que tenía Raiden en su mano.

—¡Qué bien! Es un alago oír eso, en unos momentos estaremos en Edenia— contestó.

El holograma de Sindel desapareció.

Sareena escuchó toda la conversación y se acercó a Raiden.

—Sea quién sea que haya llegado a Edenia no es Kitana. No te sugiero detener el ataque— Sareena suplicaba, ella sospechaba que era un plan de Shao Kahn.

El tipo este de los rayos le hizo caso.

En el interior del castillo Kung Lao y Jade tenían el camino libre. Todos estaban en la planta más alta luchando contra los kombatientes.

Los dos fácilmente y sin novedades se abrían paso por los cuartos.

—Debes mantenerte atrás de mí. Conozco todos los rincones de este castillo— ella indicaba al Shaolin.

Shao Kahn subía lentamente las escaleras y con su maso de acero. Kano lo seguía detrás.

—Emperador, los terrestres nos superan en número. Los tarkatanos son muy débiles contra ellos.

—De seguro vienen por Kitana. Ve a tu cuarto y usa la mini gun. Lo que no saben estos patéticos es que en unos minutos Kitana estará como el hombre de las llamas de los cuatro fantásticos, pero sin decir "llamas a mi" muajajajaja.

Kano hizo caso y se adelantó hasta su cuarto.

Jax piloteaba un helicóptero y ayudaba a Nightwolf con la tarea de los tarkatan en la terraza disparándoles.

El indio desde abajo le hacía la seña militar de la mano en la frente como muestra de agradecimiento.

Stryker y Kabal estaban al lado de Raiden disparando a otra multitud de tarkatan. Si, a pesar de lo que dijo Kano de que los superaban en número, los robots Lin Kuei eran mucho más y más fuertes también.

—Si salgo vivo de ésta, invitaré a Sonya a comer— Stryker comentaba. Deseaba tener una oportunidad con la mujer soldado de las fuerzas especiales.

—Te deseo toda la suerte si te dice que sí— su compañero, Kabal contestó.

Liu Kang combatía cuerpo a cuerpo contra un ninja oscuro llamado Noob Saibot del otro lado. El tipo era ágil, más sin embargo no era rival para Kang. Con su experiencia en artes marciales y el duro entrenamiento con los Shaolin durante toda su vida dieron sus frutos. Noob se despegó de Saibot para acorralar al chino.

Liu Kang de un salto y abriéndose de piernas en el aire, pateó los rostros de los dos ninjas negros. Se refregaron el rostro por el dolor.

El chino aprovechando de eso, da varios puñetazos de forma rápida en el pecho de Noob. Saibot, recuperándose del dolor se acercó a Liu Kang y al momento recibe otra patada de lado, porque el Shaolin da un giro con esa patada al estilo de "Ryu de Street Fighter" en una de las mejillas dejando al ninja desmayado en el suelo.

En cuanto a Noob se tocaba el pecho, pues le dolía mucho. Fue entonces en que Liu Kang aprovechó de levantarlo, empezar a girar como trompo y cada vez más fuerte hasta soltar al ninja y mandarlo bien lejos.

Se sacudió sus manos y fue a ayudar al resto. Una lucha sin oportunidad para el dúo oscuro.

Sektor logró entrar al interior del castillo. Rompió un pedazo de la pared de piedra y entró a las cocinas.

—¿No sé por qué estoy haciendo esto? Raiden no me va a pagar ni un peso. Shao Kahn sí que recompensa y si le ayudo a defender su imperio, capaz lo haga— pensaba.

El robot colorado no quiso seguir acatando las ordenes de Raiden. Salió de la cocina y ahí vio a Kung Lao y Jade corriendo, entonces lo que hizo fue seguirlos.

Afuera...

—Esto es por Edenia, por la futura reina— gritaba un ninja púrpura que lanzaba chorros de agua y era de gran eficacia. Su nombre era Rain.

—Espera, ¿no te parece que ya es hora de que Edenia debiera tener a un gobernante diferente? — cuestionó una muchacha atractiva de piel oscura y vestida de amarilla que estaba a su lado.

—¿Por qué lo dices? ¿Piensas tomar el relevo?

—Así es. Desde pequeña he soñado con ser reina, saber lo que se siente tener el mando.

—Entonces te ayudaré a hacer ese sueño realidad— el ninja le gustó la idea.

La muchacha con quién estaba se llamaba Tanya. A pesar de su belleza que enamoraba a cualquier hombre, era una rebelde que solo le parecía bien las cosas hechas a su manera.

Ambos edenianos se "retiraron" de lo que hacían. Se alejaron de la batalla a un lugar de desierto.

Smoke logró entrar al interior gracias al agujero que hizo Sektor.

—Todo está saliendo a pedir de boca. Nadie está aquí adentro— se decía a sí mismo.

Lao y Jade bajaban unas escaleras que daban a unas habitaciones sótanos un poco oscuros y poco iluminados con velas. El arsenal, en donde tenían a Kitana quedaba cerca, así que estaban a punto de llegar. Ellos no sabían que Kitana estaba allí.

—Oye Jade, si logramos rescatar a Kitana o más bien salimos con vida de esta, quiero... quisiera... emmm... se me olvidó— el Shaolin iba a decir algo, pero no tenía el valor para confesar sus sentimientos por la edeniana, no era que se le había olvidado realmente.

—Me lo dices después. Ahora estamos en una situación delicada. ¡Sígueme!

—¡Alto ahí! — Sektor se interpuso.

—¿No deberías estar afuera? — Kung Lao lo regañó por estar ahí y no donde debiera.

—Ahora voy a ayudar a Shao Kahn. Impediré que ustedes tomen a Kitana.

—¿Qué? — dijeron ambos sorprendidos.

—Sinceramente nunca me importó Kitana, no tengo porqué ayudarla, no me afecta en nada— Sektor dijo, mostrando el poco interés por ayudar.

—O sea nos traicionas. ¿Eso te enseñaron los Lin Kuei?, una vergüenza tu clan— Kung Lao comentó, decepcionado, así como la edeniana.

—Los Lin Kuei me enseñaron a tener sentimientos fríos, la robotización fue lo mejor que me pasó— confesaba el robot sin escrúpulos.

—Ya lo veo. De seguro Cyrax va por las mismas al igual que Sareena y sus monitos metálicos. Todos traicioneros. No importa, de todos modos, iré por mi amiga— Jade además de decepcionada, estaba sentida.

—No voy a dejar que te la lleves— Sektor reclama y liberó de uno de sus brazos una llama de fuego grande para dar miedo.

Por supuesto que los dos humanos no temieron a eso.

—Bien, en ese caso tendré que apagarte—Kung Lao le dijo haciendo sonar los huesos de sus dedos.

—El gran maestro nos entrenó para ser invencibles, algo que sin duda el maestro de los Shaolin no logrará jamás con sus alumnos— Sektor se burlaba de los maestros del templo Shaolin, y los trataba de debiluchos.

Eso fue lo que hizo que Kung Lao se enfureciera y diera de múltiples patadas voladoras al metálico pecho de Sektor.

—Buena tu jugada. Ahora me toca a mí mover el peón— burló Sektor.

Usó una técnica que desde pequeño aprendió. Una tele transportación en el que golpeaba a su oponente, saliendo del suelo. En este caso desapareció y luego de un par de segundos, salió del suelo y golpeteó la espalda de Kung lao levantandolo y cayó de espaldas.

Como es un guerrero lo suficientemente fuerte y entrenado, un golpe en su columna vertebral de ese grado no era nada y sin más se puso de pie.

—¿Te encuentras bien? — Jade se preocupó, pero no era nada.

—¿No crees que teniendo un cuerpo metálico da una cierta desventaja para mí? Aun así, podré derrotarte de todas maneras— Kung Lao no se andaba con pequeñas, no se rendiría tan fácilmente.

—Te ayudaré— Jade se interpuso en la lucha.

—Dos contra uno, ¿eh? Y así hablas de desventajas. Ya te dije que los Lin Kuei somos invencibles.

—Si eres tan metálico quiero ver si soportas un bastonazo— Jade intentó de pegarle con su bastón de madera y como el robot se agachó, le dio equivocadamente en la cabeza al Shaolin.

Lao se desmayó debido al golpe y le creció un chichón en la mitad de su cráneo.

—Ay no, perdóname, por favor— ella se disculpaba y trataba de despertarlo.

Sektor podría haberse reído, pero como era una máquina sin sentimientos, nada más miraba.

Kung Lao no despertaba de su desmayo.

—Creo que mataste a tu amigo — el Lin Kuei comentó.

—Kung por favor, reacciona. Tienes que ayudarme a rescatar a Kitana, no podré sola.

El Shaolin no movía ni una ceja y Jade se largó a llorar con su rostro en el pecho del hombre.

—Son muchas las cosas que agradezco la automatización y esta es una de ellas. No seguiré perdiendo el tiempo viéndote llorar como quinceañera.

Sektor dio la media vuelta y se marchó a otro lado.

—¡No! — Jade emputecida se levantó—. No te vas a ni un lado hojalata colorada.

Ella pensaba que Kung Lao había muerto o quedó inconsciente profundamente.

Fue tras Sektor y este al notar que lo seguía se detuvo.

—¿Quieres una lucha? No querrás que te golpee y te pongas a llorar como hace rato.

—No creí que traicionarías a tu propio mundo, a tu clan, no es de mi incumbencia eso sí. A Kung Lao lo amaba y no se lo dije de hecho nadie sabe de mis sentimientos por él.

—No seas ridícula. El chaval ese debe estar desmayado, ¿porque no te tomas la molestia en tomarle el pulso?

—No sin antes de acabar contigo por traidor.

—Bueno esto ya estuvo. Será hora de poner a la nena en su cuna.

Sektor no perdería más tiempo y ejerció nuevamente su técnica de tele transportación y golpe por atrás. Claro que Jade no cayó en eso y lo esperó sujetando desde un extremo su bastón. Sektor se golpeó la cabeza con él, mientras salía desde el suelo.

La mujer lo golpea con el bastón varias veces en el pecho y una en la parte genital de este que lo dejó con un dolor inmenso.

—Creí que tu clan te sacaría tus genitales al robotizarte— se burló.

Kung Lao ya despertó y con un dolor de cráneo que se lo sobó.

Escuchó repetidos golpes de metal.

—¿Dónde estará Jade? — se preguntó a si mismo al no ver a la edeniana por ningún lado de su alrededor.

Ese sonido de metal golpeado respondía a su pregunta y se le ocurrió la idea de averiguar de dónde provenía ese sonido.

Claro que era Jade golpeando a Sektor, solo que Kung siguió dichos sonidos para encontrarla y verla, dando de bastonazos en el metálico cuerpo del robot.

—¿Crees que me duelen esos bastonazos? Soy de metal.

En una de esas Sektor agarró del bastón y sin esfuerzo lo quebró en dos.

Jade en sí no se inmutó a eso y de repente le da con el tacón de su bota en uno de los azulados ojos del Lin Kuei, haciendo un corto circuito ahí y brotando muchas chispas.

Sektor se lo fregó y de pronto algo redondo paso por la altura de su cuello lo que hizo que se bajara los brazos y se quedara inmóvil.

—¿Qué fue eso? — Jade quedó sorprendida de lo que vio pasar por enfrente de sus narices.

Sektor cayó de espaldas al suelo y su metálica cabeza se desprendió del resto de su cuerpo. Se podía ver los cables cortados que conformaban su cuello y de ellos salpicando chispas.

El sombrero de Kung Lao que fue lo que rebanó el cuello de Sektor quedó incrustado en un pilar.

—Bueno el golpe que me diste en la cabeza— el shaolin se dio a ver.

—¡Que bien que no estás muerto! Perdóname por el bastonazo — Jade alegre de verlo con vida corrió hacia él y tomar de sus manos.

—No te preocupes, viniendo de ti es como si fuera una acaricia— el guerrero respondió con una sonrisa.

Los dos quedaron completamente inmóviles, mirándose uno a otro, olvidándose del alrededor, del tiempo y de la misión.

Despacito fueron acercando sus bocas para un tierno beso.

—Oye, tenemos que ir por Kitana— Jade cortó el buen momento, acordándose del rescate.

—Tienes razón. No tenemos mucho tiempo— Kung Lao respondió, un tan sonrojado y rascándose la nuca.

Tomó su sombrero y al colocárselo le dolió el chichón.

—Ten cuidado con ese chichón.

Mientras tanto con el resto, afuera...

Shao Kahn salió a la intemperie enojado y con su mazo al hombro.

—Los voy a aniquilar a todos ustedes por profanar mi reino. ¿Qué se han creído? — gritaba.

Se le podía ver el rostro lleno de ira con ganas de triturar a quién se interpusiera delante de él.

—Espero que Kitana esté sana y salva. La que te va a caer si me entero que le pasó algo— Liu Kang decidido a cualquier cosa, contestó y se puso en medio del paso de Kahn.

—¡Oye tranquilo viejo! — Shao Kahn le pidió que se calmara—. Tu querida princesita está viva y coleando.

—Más te vale— Liu Kang no dejaba de mirarlo con cara de asesino.

—Solo un poco calcinada, pero no es nada de otro universo— Durakaba sin querer se le escapó, lo que hizo que Liu Kang le viniera un ataque de ira, pensando que a Kitana ya la habían pasado por las llamas.

—¡Qué! ¡Qué!

—Sareena, voy a detenerlo— Raiden iba a interferir.

—Déjalo si lo mata nos ahorraremos muchas fuerzas— la mujer respondió, recomendando no hacer nada y seguir luchando con los tarkatan como lo ha hecho hasta ahora.

El "truenero" hizo caso, solo porque no los tarkatan oponían resistencia.

Una especie de humano-lagartija vestido de verde salió de una de las ventanas saltando desde allí que eran como cuatro metros al suelo. Abrió su boca para sacar una larga y pegajosa lengua.

—Terrestres, mi plato favorito antes de acostarme— dijo.

Le llamaban Reptile o reptil en español, como su nombre era, vestía de un traje verde de ninja. Tras él, salió un hombre con la cabeza vendada y vestimenta colorada. Bajó como una pluma sin problema.

Ambos dieron la batalla a los terrestres que estaban allí. Por ejemplo, el de rojo, más conocido como "Ermac" usaba una telekinesis para elevar a quién quisiera y voltearlo, cosa que lo hizo con Stryker y Kabal e hizo que se chocaran entre ellos sus cabezas.

En el caso de Reptile sacó su larga lengua para agarrar con ella el rostro de Sub Zero, más el ninja azul se la agarró y tironeó.

—Bonita lengua, ¿Te la regaló tu abuela? — bromeó.

—No te preocupes, nos encargaremos de ese Lin Kuei— dijo Ermac.

—Oye Ermac o "Erwindows" o como rayos es tu nombre, ¿Te acuerdas de mí? — Jax apareció a la espalda de los dos.

—Bien, Ermac resuelve tu indiferencia con el comandante— Sub Zero burló.

Ermac caminó hacia donde estaba Jax con ganas de matarlo. El general de las S.F. se quedó ahí quieto sin temerle.

—¿Sabes por qué llevo estos brazos metálicos? — se los enseñaba, haciendo chocar sus puños.

—Te los habíamos arrancado, ahora creo que haremos lo mismo con tus piernas— respondieron Ermac.

—De echo te lo agradezco porque ahora son biónicos.

—A ver si tus brazos esos pueden con mi poder.

El colorado quiso elevar a Jax, pero no pudo porque él se tiró encima de él antes que lo lograra.

Con esos brazos con una fuerza descomunal, tomó de los de Ermac y lo levantó.

Deseaba mandarlo bien lejos, más así no lo hizo y prefirió hacerlo hablar. Entonces, lo azotó contra la pared de piedra y sacó de su bolsillo una navaja.

—Si me dices la ubicación de Kitana te perdonaré lo que hiciste con mis brazos— lo amenazó, enseñándole la navaja en frente de sus narices.

—Traicionaríamos a nuestro emperador si te lo decimos— respondieron.

Jax acercó la navaja y enterró un poco la punta de esta en una de las mejillas de Ermac.

—No me hagas metértela más profunda. ¿Dónde está Kitana? — volvió a preguntar.

—¿Si te lo decimos, abandonarás este mundo?

—No habría más razones para estar aquí.

—Mira versión falsificada de "la momia" si intentas usar alguno de tus poderes mentales, te meto una bala en medio de esos sesos— Stryker apareció y apuntó con su arma.

—Kitana está en el arsenal, colgada de un mástil que está bajando lentamente hacia una piscina de lava— al fin Ermac confesó.

Stryker llamó a Kabal para que siguiera apuntando a Ermac con la pistola y así poder comunicarse con Raiden a través del radio.

Sub Zero ya tenía congelado a Reptile, luego de que por poco le arranca el rostro de un tirón de lengua, pero lo tenía colorado y una herida que se le abrió en la parte de sus patillas.

—No molestará más— dijo cubriendo al lagarto bien de agua congelada.

Stryker se contactó con Raiden por el radio.

—Rai, Ermac acaba de revelar la ubicación de Kitana. Ya podemos informar a Jade.

—Eso es bueno. Acá Liu Kang está peleandose con Shao Kahn, fue una buena idea de distracción. Nos vemos después, cambio.

Así era, Liu Kang tenía a Shao Kahn además de cansado con varias heridas en su cuerpo y con el casco roto, mostrándose parte de su verdadero rostro. Kahn no tenía energías para seguir combatiendo.

—Oye Liu Kang, ya encontramos a Kitana— Sareena le informó.

Jade y Kung Lao aún sin encontrar el arsenal recibieron la llamada de Raiden a través del amuleto que la edeniana llevaba consigo.

—Chicos, vayan al arsenal, Kitana debería estar allí.

—Está bien, Raiden. Cambio.

Se dirigieron hacia dicho lugar.

Cuando llegaron allí, estaban dos monstruos de cuatro brazos, más conocidos como "Shokan" vigilando a Kitana. Ellos eran Kintaro y Goro.

—Mira ahí está Kitana— Jade la señaló—. Tenemos demasiado poco tiempo, sus pies están a punto de tocar la lava.

—¿Qué podemos hacer con esos monstruos allí delante? — Kung Lao respondió.

—Pelear contra ellos, no hay de otra.

Entraron al lugar, ese cuarto lleno de lava ardiente que bajaba de las paredes al suelo y que si una carne humana a penas la tocase se quemaría en menos de lo que canta un gallo.

Kintaro y Goro se dieron cuenta y rugieron al observarlos.

Fueron directo hacia la pareja; sus pasos hacían temblar el lugar.

—Escoge— Jade pidió que el shaolin eligiera a alguno de esos "Shoakan"

—Al que parece tigre.

—Bien, yo rescataré a Kitana, mientras te lo acabas

—¿¡Qué!? Pensé que te enfrentarías al feo ese de la cola de caballo— Kung Lao reclamó.

—Por más guerrera y asesina que sea, soy una mujer. Somos más delicadas que ustedes los hombres. Vamos ve y dales pelea a esos gigantones— acarició con las yemas de sus dedos las mejillas del shaolin como forma de convencerlo que lo hiciera.

—Está bien— Lao agachó la mirada y no tuvo de otra que ir a enfrentarse a Kintaro.

Ellos ya los había visto a los dos. Hicieron sonar sus huesos de los dedos y cada paso que daban el suelo temblaba.

Kung Lao tragó saliva del miedo que tenía. Sí, era un shaolin poderoso, pero enfrentarse a esos seres que sobrepasaban los dos metros de estatura, bastante musculatura y con cuatro brazos, las cosas se tornarían complicadas.

En cuanto a Kitana, estaba inconsciente por eso no se había dado cuenta de la presencia de Jade. Y sus pies tan solo a menos de diez centímetros de tocar la lava, prácticamente en uno o dos minutos comenzaría a quemarse.

Jade corrió hacia ella lo más que pudo. Kung Lao con mucho temor distraía a los shoakan. Ellos se reían.

—Oye Goro, ¿Has comido shaolin al carbón? — Kintaro le preguntó a su compañero.

—No nunca. Debe ser delicioso— este otro siguiéndole la corriente respondió.

—¿Oye, pero donde está la chica?

—Está rescatando a Kitana— Goro se dio la vuelta a mirar a Jade junto a Kitana.

—Que bien, ahora nos vamos a... ¿¡Qué!?— Kintaro reaccionó a lo dicho por Goro.

Caminó rápidamente hacia donde la edeniana y detenerla.

—Kung Lao debías distraerlos. Ya sabía que era un miedoso— está un poco afligida por el monstruo tigre y a la vez decepcionada del chino.

El hombre observó a Jade unos pocos segundos. Luego desvió su vista a Goro y pensó en que debía hacerlo no tan solo por la misión, sino por salvar a Jade.

—Bien, llegó la hora de probarme a mí mismo— a pesar de su temor, cobró valentía y se preparó para la lucha contra el shokan.

—Serás la cena de esta noche y la del día siguiente— Goro decía.

—Kung Lao eres un miedoso. Pensé que eras alguien valiente y digno de mi amor...

—De mi amor— Fue lo último que dijo la edeniana y que en su cabeza repitió.

—Esto es por ti. Te amo— en voz baja replicó.

Sin perder más tiempo quieto y pensando, con una patada voladora, sacudió la cara de Goro, pero este con las dos manos de abajo lo agarró de la cintura y con las dos de arriba comenzó de darle múltiples puñetazos en el rostro y luego, lo azotó contra el suelo.

Jade estaba sin nada que hacer. Forcejeaba con Kintaro y le cansaba. El tigre tenía mucha fuerza.

—Estoy sola. Creo que es mi fin.

Kitana reccionó. Abrió los ojos y lo primero que vio fue a su amiga intentando de liberarse de Kintaro.

—¡Jade! Viniste por mí.

—Kitana. Toma... mi... radio. Comunícate... con... Raiden— le lanzó el radio.

Kitana lo agarró como pudo. Pese a que estaba amarrada sus manos las tenía libres y por esas casualidades el aparato fue a dar cerca de una de ellas.

Goro pateaba una y otra vez en cualquier parte del cuerpo de Kung Lao. Le pegaba con sus cuatro manos al mismo tiempo y lo aventaba a arriba como un muñeco.

—Ya fue suficiente. Soy un shaolin, he entrenado toda mi vida y me he enfrentado a tipos más fuertes— lo decía mientras en el aire y cayó bruscamente y una vez más de espaldas al suelo.

Se puso de pie rápidamente. Tenía su ropa rasgada.

—Me sorprende la dureza de tu cuerpo. Pero acabaré contigo y luego con la edeniana. Venderemos cada uno de sus órganos en la deep web sin antes poner tu cabeza junto a mi colección que tengo en mi estante.

—Pero que tonto soy— Kung Lao se venía acordando de una técnica que se sabía y era efectiva.

Y la ejerció. Era una tele transportación parecida a la de Sektor.

—¿A dónde fuiste?

—¡Atrás tuyo! — apareció justo detrás.

Agarró de sus hombros para darle de rodillas en la espalda, sobre todo en la columna vertebral.

Goro quedó de rodillas y ahí Kung Lao, enrolló con su antebrazo derecho el cuello del shokan y con el otro empujaba su cabeza hacia adelante.

—Esto lo aprendí de unos malandros españoles— seguía empujando la cabeza de Goro hasta dejarlo sin aliento.

Goro cayó desmayado y falto de aire.

Kintaro agarró de la cintura de Jade.

—Eres bastante hermosa. Creo que te voy a besar.

—Intentalo y verás lo que te pasa.

El shokan tigre acercó su boca y ahí fue cuando Jade le atiza un puñetazo fuerte que sus labios sangraron.

Kung Lao saltó al espinazo e hizo que Kintaro soltara a Jade. Forcejeó, pero el shaolin no lo soltaba. Bien afirmado estaba de él y con todas sus fuerzas.

—Jade, es todo tuyo. Te doy la dicha.

—Gracias bebé— respondió ella.

Lo golpeó en todo el abdomen. Le dio de patadas y más con los tacos de sus botas que le dejaba marcas.

Ella no tenía su bastón le hubiera sido más fácil, pero con sus manos y pies le bastaba. No dejaba de golpearlo y en una de esas, le dio un fuerte golpe con todo el taco de la bota en la parte íntima de Kintaro.

Para el remate, Jade se subió encima para darle varios golpes en la cara. Estuvo como treinta o un minuto de pegarle repetidamente puñetazos en el rostro y cayó el suelo.

—¿Se podrían dar prisa el par? Ya siento el calor de la lava en los dedos del pie— Kitana reclamó porque no la sacaban de ahí.

—Ahora te descuelgo— Kung Lao fue a ayudarla.

Con su sombrero cortó las cuerdas y la bajó.

Fue justamente en el momento en que el pilar en el que estaba atado tocó la letal lava y se incendió inmediatamente y en un santiamén se convirtió en carbón.

Y también fue justamente cuando llegaron todos los combatientes.

—Jade estás bien. Dime que lo estás— Smoke se preocupó por la edeniana guerrera.

—Buen trabajo, Jade— Raiden la felicitó.

Liu Kang venía corriendo y asustado, pero se tranquilizó al ver a Kitana sana y salva.

—Veo que estos les dieron que hacer. Nosotros que recibimos la info por el radio de Kitana y venimos a ayudarlos— decía Jax.

—Creo que será mejor irnos— Kung Lao se dio cuenta de que Kintaro y Goro estaban despertándose de sus desmayos.

Cuando salieron del castillo se veían rodeados de más de miles de Tarkatan. Todos ellos esperando las ordenes de uno igual a ellos y que parecía ser más inteligente.

Los robots Lin Kuei plateados abrieron un portal a la tierra.

—Regresen a la tierra— Sareena dijo.

—¿Y tú que vas hacer? ¿Te quedarás? — Raiden cuestionó.

—Claro que no, pero los Lin Kuei se quedarán a enfrentarles. Somos pocos para lidiar con todos ellos.

Todos pasaron por el portal y se cerró inmediatamente. Ahí se quedaron los robots haciéndoles frente a los tarkatanos. Ellos eran más de mil, y con sed de desbaratar.

Con sus filosas uñas los tarkatan comenzaron a cortar los metales de los robots y los cortos circuitos los electrocutaba. Esto era nada más que una manera de distracción, aunque Shao Kahn una vez que se recuperara iría nuevamente a Edenia a por Kitana, pero ahí estarían todos los combatientes terrestres y de ese mundo para impedirlo.


Una cosa porque o sino me saltarán al cuello porqué Kung Lao no usó su sombrero para eliminar a Goro y Kintaro y sí para liberar a Kitana, saben que no pongo gore en mis historias aunque de eso se trate el universo de MK.