Aquí estoy de nuevo con mi fic favorito de los que tengo en marcha. ¡A tan solo dos meses del día del sorato!, wao, y yo aún sin mi regalo hecho... bueno, tengo dos meses para hacer los deberes, pero mientras tanto os dejo con este fic y os animo a que vosotros hagáis también muchos regalitos a esta pareja. Por cierto, que no digo nada porque nada es seguro pero es probable que actualize más seguido este fic, de todos modos eso lo avisaré, como casi siempre, en mi profile.
Nada más, os dejo con la lectura y espero que os guste.
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Historia de una confesión
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Diciembre 2000
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No había pasado ni una semana desde el incidente en la excursión y yo aún seguía sin encontrarle una explicación a mi lamentable comportamiento. ¿Por qué me pareció tan fantástica idea perderme solo con ella? Otra vez esa inexplicable necesidad de hacer locuras por ella, o en este caso con ella. Me pone de los nervios esto que siento y sobre todo que cada vez me resulta más difícil controlarlo.
Al final todo acabó bien, pero ahora, pensándolo más fríamente me doy cuenta de que fue una soberana estupidez. Perderme en una carretera camino a Tokio en nada tenía que ver a perderse por el Digimundo. Podría habernos pasado cualquier cosa y Gabumon y Piyomon no habrían estado para protegernos y no nos engañemos, Sora tenía razón, yo no puedo protegerla por mucho que quiera, si ni siquiera pude proteger a Hikari cuando Myotismon la buscaba. Entonces, Sora también me tranquilizó, me dijo que no fue culpa mía, pero yo sentía que sí, que había fallado a Taichi. Ahora Sora también me tranquiliza, me dice que lo ocurrido no fue culpa mía, pero bien sé yo que sí.
Encima, desde que nos perdimos está encantadora conmigo, más de lo habitual y eso me mata por dentro, es totalmente desesperante porque siento que no merezco esa dulzura con la que me trata. Se me cae la cara de vergüenza cada vez que me habla, siento que debo contárselo, necesito contárselo, sino me estará atormentando para siempre. Pero me da miedo, ¿y si deja de hablarme?, ella es comprensiva pero mi acción no tiene disculpa, entendería que me dejara de hablar. Tal vez eso sea lo mejor, de esa forma no me sentiré culpable por cada vez que nuestras miradas se cruzan y ella me dedica una sonrisa cómplice, y si se aleja de mí, ya no podré arrastrarla más con mis tonterías.
Mientras reúno el valor suficiente, no se me ocurre otra cosa que hacerle un regalo, es que cuando me dijo que perdió el llavero me sentí más culpable todavía. Espero que le guste, este es rosa, como Piyomon y espero que no me lo tiré a la cara cuando sepa la verdad de nuestra excursión.
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Llevaba rato observando su llaverito rosa, sentado en una de las bancas del patio del colegio. Aunque continuaban las bajas temperaturas, al menos no hacía ese viento que penetra hasta los huesos, es más, el sol resplandecía inmenso en el cielo azul. Por eso, pese al frío, tampoco era del todo desagradable estar ahí dejando que los rayos de sol bañasen su rostro y que de esa forma le diesen suficiente valor para confesarse. Ya que, según Yamato, si el emblema del valor se representaba con un sol, el sol le daría valor, así como a Superman le daba sus poderes, aunque en estos momentos agradecería tener la supervelocidad de dicho kriptionano para podría huir lejos de la chica que le quitaba el sueño, Sora.
Sus sentimientos eran totalmente contradictorios, por una lado quería que la pelirroja ni le hablase, sentía que no se lo merecía, pero eso no evitaba que su corazón latiese con velocidad y la sonrisa se dibujase en el rostro cuando la veía acercarse hacia él.
Escondió con velocidad su llavero, mientras observaba como la chica tomaba asiento delante de él, desde que se perdieron juntos, parecía que Sora tuviese la necesidad de pasar la mayor parte de su tiempo con su amigo.
-¿Qué tal?.- saludó con su habitual sonrisa. Yamato emitió un sonido de conformidad con la boca cerrada que a Sora le hizo sonreír aún más.
Ya estaba abriendo su cajita de comida, dispuesta a degustarla cuando cayó en la cuenta de que Yamato no tenía comida, recién había empezado el recreo, ¿acaso ya se la había comido?
-¿Quieres?.- ofreció la muchacha con amabilidad.
Yamato, que permanecía con las manos bajo la mesa toqueteando el llaverito, negó sin decir palabra.
-Está buena.- habló la chica mientras comía.- venga prueba.- insistió poniendo la cajita delante de sus narices.
Olía increíblemente bien y tenía un aspecto de lo más apetecible. No pudo evitar relamerse, pero luego giró el rostro, no se sentía con derecho a probar esa comida, a parte de que tenía un fuerte nudo en el estómago debido a sus nervios por confesarle la verdad.
Al no escuchar más palabras por parte de Sora, volvió de nuevo la vista hacia ella. Esta le observaba con la cabeza apoyado en sus brazos, en una postura un tanto infantil, y simplemente dijo:
-Come.
Ishida no pudo resistirse más, no quería herir sus sentimientos, algo que ya estaba empezando a ser muy común por culpa de sus hirientes rechazos.
Cuidadosamente, tomó los palillos y cogió algunas de las pequeñas verduritas llevándoselas después a la boca. Solo entonces, Sora sonrió complacida.
-Está muy bueno, ¿lo has hecho tú?.- preguntó Ishida, por ser cortés.
-Mi madre.- contestó con un ápice de orgullo en sus palabras.
-Deberías decirle que te enseñe a cocinar.- dijo Yamato no resistiéndose a tomar otro bocado. Comer le había calmado un poco los nervios.
Ahora Sora lo miraba no tan complaciente, ¿Por qué Yamato daba por hecho que ella no sabía cocinar?, es más, ¿Por qué Yamato daba por hecho que ella debía aprender a cocinar? El rubio se percató de esa mirada y supo que una vez más había metido la pata. Sora resultaba una chica muy susceptible a veces, sobre todo cuando hablaban de ella misma y de cosas que según la presión de la sociedad y su madre, se daba por supuesto que debía saber hacer una chica.
-Bueno, que si no quieres no.- empezó a excusarse Yamato apurado.-… vamos que no es obligatorio que las mujeres cocinen y… tú… no… yo… sí… soy un chico y cocino.- finalizó bajando la vista incapaz de hacer más el ridículo.
Sora no sabía si estar más asustada por la palabrería absurda de su compañero o porque le había leído por completo la mente, cada vez se reafirmaba más su extraña teoría de que a través de sus ojos, Yamato podía ver todo lo que ella pensaba. Por si acaso, hizo una prueba:"Yamato devorado por Seadramon".
Observó si había algún cambio en la expresión del rubio, nada, seguía con la mirada en el suelo, no parece que se hubiese asustado. Entonces esto daba aún más miedo, Yamato adivinaba todos sus pensamientos por una especie de intuición, ¿acaso él la conocía tan bien y ella no se había dado cuenta?
Sacudió la cabeza con velocidad para despejarse, se estaba armando líos mentales que no correspondían y sobre todo porque Ishida con su comentario intentaba ser educado, no imponerle la doctrina de las cavernas de "mujeres cocinan lo que los hombres cazan".
De nuevo, Sora recuperó la sonrisa.
-Tienes razón, sería bastante útil aprender a cocinar, no quiero ni imaginar las calamidades que hubiésemos pasado en el Digimundo sino es por tus platos.
Una media sonrisa se dibujó en la cara de Yamato torciendo la cabeza sonrojado. No lo podía evitar, adoraba que Sora le hiciese esos piropos. Pasaron varios minutos compartiendo la comida, mientras el chico se aguantaba su sonrisa nerviosa y Sora no entendía muy bien lo que pasaba, daría todo lo que fuese por saber donde tenía ahora la mente su amigo para sonreír tan embobado, pero le hacía mucha gracia verlo así, parecía un niño pequeño feliz por haberle hecho un cumplido.
Después de un rato, el portador de la amistad ya se había recuperado de su ataque de vergüenza y de nuevo su expresión era seria consecuencia del dilema tan grande que tenía en la mente y también en las manos, donde aún conservaba el llaverito. Decidió que debía dárselo o de lo contrario estaba convencido que se lo acabaría guardando como hizo meses atrás con el colgante que le compró.
-Sora, tengo una cosa para ti.
La chica lo miró confundida.
-Eh… bueno como… ah… es rosa.- dijo enseñándoselo.- este sí que es Piyomon, ¿no?
Al verlo la muchacha dio una palmada ilusionada. Era increíble. Nunca se imaginó que Yamato fuese tan detallista.
-Es precioso, muchas gracias.- dijo tomándolo entre las manos, aún sin podérselo creer.
La verdad que el llavero en sí no se parecía en nada al ave digimon compañera de Sora. Parecía más bien un canario disecado de color rosa mucho más chillón que Piyomon, vamos un color que le encantaría a Mimi. Pero a Sora le daba igual, era un detalle precioso y el significado era lo que importaba, reemplazaba al llavero perdido de su padre.
En un primer momento Yamato quedó contemplándola como tantas veces había hecho, mirando cada gesto complaciente. La había hecho feliz y eso le llenaba a él de un sentimiento agradable, de nuevo todo había valido la pena, volvía a sentir esa caricia en el corazón que le proporcionaba la sonrisa sincera de Sora.
Pero sabía lo que tenía que hacer ahora, debía confesarse sino, no podría volver a disfrutar nunca más de su compañía porque siempre tendría ese peso en su pecho, apretándole y no dejándole respirar, ese maldito sentimiento de culpabilidad.
-Au, oh yo, quiero decirte algo.- empezó bajando el rostro apurado.
-¿Sí?
Yamato percibió el tono despistado de su amiga y levantó la vista. No le hacía ni caso, estaba entusiasmada contemplando su llavero.
-Eh… Sora es importante.- pidió el rubio, para que le tuviese en cuenta.
-¿Eh?
-¡Kyaaaaaaa!
Ambos se sobresaltaron por semejante grito. Al ver a la chica dueña de esa capacidad pulmonar, Sora sonrió y Yamato supo que su confesión tendría que esperar.
-¡Que Kawaii!, ese es mi color favorito.- siguió la recién aparecida agachándose para ver el llamativo llavero de Sora.
-Me lo ha regalado Yamato porque se me perdió el que me regaló mi padre, ¿a que es un bonito detalle?.- explicó Takenouchi emocionada.
-Waa… Yamato, que detallista, luego si quieres te digo mi talla para que me compres un vestido del mismo color.- dijo la alegre castaña, tomando asiento junto a su mejor amiga.
-Eh, sí claro Mimi-chan.- murmuró Yamato, apoyando la cabeza en la mano, sintiéndose de nuevo el chico más desgraciado y miserable sobre la faz de la tierra.
Duró 15 segundos de reloj aguantando la conversación de las féminas, por muy divertido que fuese presenciar los griteríos de Mimi, estaba demasiado abatido como para pensar que se merecía compartir la alegría de esas dos chicas.
...
En clase siguió igual, agradecía que no compartiese aula con ella, de lo contrario todavía se deprimiría más.
Su asiento estaba, como no podía ser menos, en la última fila, al lado del ventanal, por lo que se pasaba la mayor parte de las clases entre mirando por la ventana o componiendo canciones, pero hoy no estaba inspirado para esto último. Tenía un paisaje muy bonito, el muro del patio de la escuela, bueno este no era el paisaje bonito realmente, lo que le gustaba era el gran árbol que se asomaba por él, en el que todas las primaveras anidaban unos alegres pajarillos; observaba como ponían los huevos, como nacían, como crecían y como al final salían volando.
A punto de entrar en el invierno como estaban ahora, era más difícil observarlos, pero de vez en cuando se dejaba ver alguno. Yamato suponía que buscarían una ramita acogedora para crear su nido la primavera siguiente y así formar su propia familia y como diría el gran Mufasa, "que el ciclo de la vida continuase".
Pero el alegre pajarillo que logró vislumbrar no revoloteaba feliz, sino que caía de una rama a otra sin poder apoyarse correctamente, no lo pudo ver bien pero parecía que tuviese las patitas inútiles. Frunció el ceño inconscientemente, ese pajarillo fácilmente sería pasto de un pájaro más grande que él y aunque eso también formase parte del ciclo de la vida, le molestaba verlo, ese pajarillo estaría privado de hacer su nidito, de encontrar a una pajarita linda y tener huevitos en primavera, o tal vez, pudiese ayudarlo.
Ya había sonado el timbre, el compañero de Gabumon aguardó que los estudiantes que más jaleo formaban se fuesen largando, y asegurándose de que nadie le mirase, ya que moriría de vergüenza si le viesen rescatando a un feliz pajarillo, empezó su escalada por el muro.
Lo bueno del campamento de hace dos veranos fue el gran ejercicio que hizo y la agilidad que descubrió que tenía. Master en correr perseguido por Kuwagamon, diploma de honor en deslizarse por el interior de pozos para buscar emblemas, medalla de oro en natación con un Seadramon peligroso ahogándole, su carnet de piloto en calzoncillos de camas voladoras y mención honorífica a saltar de árbol en árbol por un bosque en el que el suelo se movía solo, por eso, escalar el muro y llegar a la cima, desde donde podía adentrarse por el desojado árbol, fue para Yamato un juego de niños.
El animalillo estaba medio tirado en una ramita, pero que tuviese las patitas indefensas no significaba que no pudiese volar y como buen pájaro silvestre no se dejaría capturar fácilmente. Empezó a revolotear por todo el árbol apurando cada vez más al pobre Yamato. Cuando le pareció que estaba acorralado, se la jugó y quitándose la cazadora para hacer de red, se tiró hacia él, lo de se tiró fue literal y la caída del muro fue de lo más real.
En dolorido, no se preocupó de los raspones que se había hecho, sino que levantó la cabeza para ver al dichoso pájaro, vislumbró su chaqueta en el suelo con un bulto intentando revolotear, pero era inútil, no tenía suficiente fuerza como para levantar la cazadora.
-Tranquilo pequeño, no te voy a hacer daño.- habló dulcemente, acercándose a su cazadora.
Con cuidado, metió la mano por dentro y al fin pudo atrapar al inquieto animal. Lo examinó con detenimiento, parecía asustado y sobre todo cabreado y eso se lo demostraba a su raptor picoteándole el dedo. Eran como cosquillitas para el rubio, que entonces descubrió a que debía su mal. Las pequeñas patitas estaban enganchadas con una alambre, parece ser que el pájaro había metido los pies donde no debía o peor, algún gamberro se había "divertido" a costa de ese inocente animalillo.
Furioso por esos pensamientos, liberó las patitas del pájaro con una delicadeza extrema.
-Ey, ya está, mira.
El pájaro ya movía las patitas y con cuidado, Yamato abrió la mano. No tardó ni un segundo en salir volando hacia su refugio en el árbol, ante la sonrisa de satisfacción de Ishida, ese pajarito tendría una oportunidad de encontrar a su pajarita esta primavera y ser feliz, era reconfortante. Por primer vez en el día de hoy, se sintió un poco menos miserable.
...
En el aula A, ya solo quedaban tres personas, las tres que esa semana estaban de grupo de limpieza y entre ellas se encontraba Sora Takenouchi. Con un gran bostezo denotando su cansancio, sacudía los borradores por la ventana, deseando acabar con su tarea lo más pronto posible. Había presenciado como todos sus compañeros salían y como algunos se quedaban jugando al futbol o intercambiando cromos, pero le sorprendió ver que cierto rubio no se había ido, era extraño, Yamato solía largarse de los primeros. Dejó de sacudir el borrador cuando lo vio escalar el muro, era impactante, al contrario de Taichi por ejemplo, que escalaba todo lo escalable, él solía ser más tranquilo para esas cosas. No tenía muy buena vista, por lo que no pudo ver que hacía, lo que sí vio y le hizo dar un grito de terror fue la caída que tuvo. No se lo pensó más, salió rápidamente de su aula.
Estuvo sin acercarse contemplando la escena con ternura, solo vio el final. Yamato soltando a un pájaro que revoloteaba feliz, ¿en serio se había dado semejante galletazo contra el suelo por rescatar un pajarito? Sabía que Yamato poseía sensibilidad, pero nunca pensó que llegase a estos extremos, fue un momento emotivo.
Mientras Ishida recuperaba su chaqueta ella se le acercó.
-¿Estás bien?
El rubio dio un respingo apurado. ¿Qué hacía Sora ahí?, y peor ¿cuanto rato llevaba ahí? Rezando porque no hubiese visto la escena dio la vuelta, lo último que quería era que Sora pensase que era un cursi.
-Eh Sora, ah…
-Estás sangrando.- interrumpió la joven al ver los rasguños en los brazos y la cara. Tenía un raspón fuerte en la mejilla y una pequeña incisión en la frente por la que salían gotas de sangre.- venga te acompaño a la enfermería.
Yamato puso cara de circunstancias y no se movió.
-Yamato tienes que curarte eso.- insistió la chica, tratando de que reaccionase, igual estaba en estado de shock.
-Es que…- empezó el chico estrujando su chaqueta con nerviosismo.- la enfermera no… es que, me tiene manía.
La pelirroja contuvo una carcajada, ¿el gran Yamato Ishida tenía miedo a la enfermera de la primaria?
-No te va a poner ninguna inyección, tranquilo.
-¡No es eso!.- espetó rápidamente.- es que, es… me tiene manía.- confirmó, Sora entendió que no quería hablar del tema.
-Bueno, pero tienes que curarte eso.- explicó la portadora del amor, señalando sus magulladuras.
El chico se miró los rasguños y quitándole importancia dijo:
-No es grave, ya me lo curaré en casa.
-No digas tonterías.- confirmó Sora jalándole del brazo.- venga, en mi taquilla tengo mi pequeño botiquín, yo te los curo.
Como de costumbre cuando Sora tiraba de él de esa forma, Yamato no pudo reaccionar, además sabía que dijese lo que dijese, a no ser que se pusiese en plan desagradable, lo cual no deseaba, ella insistiría en curarle.
Ambos ya estaban sentados en las bancas de en frente de las taquillas y ver a la pelirroja acercándose con su botiquín hizo sonreír a Ishida de manera nostálgica.
-Todavía lo conservas.
En efecto, era el mismo que llevó al Digimundo.
-Voy reponiendo las cosas, tranquilo.- explicó sonriente, tomando asiento a su lado.
Empapó un pequeño algodón con un poquito de agua oxigenada y sin más miramientos lo empezó a pasar por los raspones que Yamato tenía en los brazos.
-Lo siento…- dijo al ver la cara de dolor que puso el chico.
-No, si no escuece.- se hizo el duro Ishida, aunque sonaría más convincente si no estuviese al borde de las lágrimas.
En ese momento recordó la cantidad de veces que se rasguñó en el Digimundo y maldijo a Jyou por ser él quien le diese las curas. Si bien entonces no le daba importancia, ahora sabía que también hubiese preferido y le hubiese escocido mucho menos si hubiesen sido las dulces y cálidas manos de Sora las que le curasen en ese momento. Era lo que pensaba mirándola anonadado. La visión en sí era la de su pelo, ella estaba demasiado concentrada desinfectando cada rasguño, pero para Yamato era una visión preciosa. Sus mechones cayéndole por los ojos, le pareció que se estaba dejando el flequillo más largo y lo empezaba a peinar hacia la derecha, de nuevo respiró esa fragancia que le cautivaba.
Lo que ni se podía imaginar era que en este momento, Sora también maldecía a Jyou porque le hubiese encantado ser ella la que le desinfectase sus heridas también en el Digimundo.
Sentía un confuso barullo en su tripa cuando notaba los dedos de Takenouchi acariciándole el brazo, era una sensación tan placentera, que ya ni le escocia, es más, no podía contener la sonrisa.
Sus ojos se clavaron en los de ella cuando levantó la vista. Se podría decir que nunca habían estado tan cerca el uno del otro y por supuesto tan inmóviles. Por un momento la pelirroja pensó que estaba paralizada, que de nuevo le había hipnotizado esa penetrante mirada. Sin saber aún como, logró apartar la vista para llevarla a su algodón que volvía a impregnar de agua oxigenada.
Ella sintió el escozor como suyo propio, cuando Yamato emitió un leve quejido al pasarle el algodón por el raspón de la mejilla. Pero se tranquilizó al ver como en seguida volvía a sonreír.
-Esto te va a doler un poco más.- susurró, observando la herida un poco más profunda que tenía en la frente.
-Vale.- Yamato apenas tenía voz para decir nada.
Cerró los ojos, haciendo un gesto de dolor, ella tenía razón, esa era la que más escocía, pero le daba igual. En su interior agradecía al pajarillo por haberle tirado muro abajo y haberle hecho esa brecha, de lo contrario jamás podría haber tenido el rostro de Sora tan cerca del suyo.
-Dime.- empezó la pelirroja, por desviar el tema y que a Yamato no le doliese tanto.- ¿Qué es lo que te hizo la enfermera?
El rubio bajó el rostro con una risa contenida, le daba vergüenza.
-Levanta.- llamó Sora tomándole del mentón, mientras ya tenía el betadine preparado.
Yamato se sintió en el cielo al sentir sus dedos de esa forma y quiso hacérselo saber con la mirada, la miró como si fuese un ángel que había bajado a ayudarle.
-Dime, ¿que pasó?.- insistió Sora, definitivamente si Yamato continuaba mirándola así, se empezaría a poner muy nerviosa.
-Caramelos.- dijo sin más.
-¿Cómo?
-Caramelos, a todos los chicos les da caramelos menos a mí.
A Sora se le cayó el algodón manchando toda la cara de su paciente de antiséptico. Nerviosa, trató de disculparse.
-Perdona.- dijo, a la vez que le limpiaba.
-¿No te ríes?.- preguntó el rubio escéptico, era un argumento cuanto menos infantil.
-Eh… ah… Yamato he de confesarte algo.
"Confesión" retumbó en la cabeza de Ishida, había olvidado por completo que él también debía realizar una.
-Bueno, realmente, no te da caramelos porque se lo dije yo.- terminó apurada, mientras llevaba las manos a su botiquín, para evitar la mirada de su amigo.
-¿Qué?.- era una declaración sorprendente.
-Hace un montón de tiempo, ¿te acuerdas que una vez te ofrecí caramelos y me los rechazaste con esa bordería que tenías antes?, pues yo me enfadé un poco y le dije a todo el mundo que no te gustaban los caramelos y que nunca te diesen.- confesó la joven bajando la mirada con tristeza.
Por la expresión de Yamato, parecía que estuviese haciendo memoria.
-¡Sí me gustaban!.- exclamó.- lo que pasa es que no voy aceptando caramelos de extraños.
-¿Yo soy una extraña?.- Sora ya no suplicaba su perdón, ahora estaba ofendida.
-Pues con nueve años, cuya única conversación en toda nuestra vida había sido de dos frases, sí, eras una extraña.- confirmó Yamato ante la mirada de desaprobación de su amiga.
-Olvídalo entonces, no me arrepiento de lo que hice.- bufó la chica, tomando el paquete de tiritas.- ¿Cuál quieres?.- preguntó sin ningún rastro de amabilidad.
Ishida ni las miró y acercando sus labios a la oreja de su amiga susurró:
-Gracias, supongo que eres la responsable de mi dentadura perfecta, sin ninguna caries.- finalizó separándose y haciendo una exagerada sonrisa.
Takenouchi, que en un primer momento se había encogido debido a ese susurro en su oído ya reía, le gustaba esa fanfarronería de su amigo.
-Creo que te va Burbuja.- ya hablaba en su mundo sacando la tirita.
Evidentemente el rubio no entendió y al mirar dicha tirita no pudo contener la risa.
-¿Vas a ponerme una tirita de las supernenas?
-Sí, ¿algún problema?
-Eh… ah… bueno… uh.- empezó Yamato apurado, no le hacía gracia ir con una supernena en la frente, pero si no le quedaba otra al menos iría con su favorita.- quiero está.- dijo señalando otra tirita.
-¿Pétalo?.- preguntó Sora extrañada, había elegido Burbuja porque se parecía a él, rubia y de ojos azules.
-Sí, la pelirroja es mi favorita.- dijo de una forma que a Sora le pareció bastante coqueta. Desterró de su mente que le hubiese dicho con doble sentido, supuso que solo quería hacer el tonto.
-Pues ya estás.- terminó Sora colocándole a la supernena en la frente.
El compañero de Gabumon, que siguió sus movimientos con la mirada, dejó su vista fija en la de ella. Quería agradecer lo considerada que había sido de alguna forma pero entonces se le borró la sonrisa del rostro, ¿Qué demonios estaba haciendo?, ella seguía estando en un engaño y él se dejaba curar y se permitía el lujo de bromear y coquetear sin contarle la verdad, no podía mantener esto más.
-Fue culpa mía.- dijo de repente, ni él sabe como logró hacerlo, solo que mirándola así, a los ojos, algo en su interior le empujó a decirlo. No podía mirarla más sin decirle la verdad.
-¿De que hablas?.- preguntó Sora sin perder la sonrisa, para rato se imaginaba lo que atormentaba a su amigo.
-Dejé escapar el autobús.- dijo manteniéndole la mirada, lo que le permitió ver la reacción de ella. Como de confusión pasó a incredulidad y conforme fruncía el ceño su mirada se transformó en una de total enfado.- no sé, lo vi… volví a la tienda y… no les dije nada.- tartamudeó bajando por fin la vista, era incapaz de seguir manteniéndole la mirada.
Conforme iba asimilando la información, Sora iba apartándose de Yamato, hasta quedar de pie, mirándole como buscando una explicación lógica.
-No entiendo, ¿Por qué?.- logró preguntar con cierta calma, aunque solo era apariencia, se estaba fraguando un enfado monumental.
-Eh… ah… no sé.- prosiguió Ishida avergonzado.
-¡¿Qué no sabes?.- gritó la chica ya sin camuflar su enfurecimiento.- ¡¿En qué se supone que estabas pensando?
Yamato miró de soslayo a su amiga, para llevar con velocidad la mirada de nuevo al suelo. Como pronosticó, no le había sentado bien conocer la verdad, y lo peor era que le exigía una explicación y bien sabía él que no podía dársela.
-Eh… uh… lo siento.
-¡No lo entiendo!.- volvió a gritar Sora abriendo los brazos al máximo, a la vez que paseaba de un lado a otro, no se lo podía creer.- no me sirve que lo sientas, quiero saber por qué, ¿Por qué hiciste semejante tontería?
-No lo sé, simplemente, quería tener una aventura.- levantó el rostro y dibujando una media sonrisa para buscar la complicidad de Sora añadió.- como cuando estábamos en el Digimundo.
Se le borró la sonrisa y llevó la mirada a sus manos entrelazadas cuando vio la expresión de la pelirroja, estaba claro que con la explicación lo había empeorado más.
-¿Digimundo?, ¿se puede saber que tiene que ver perderse solos en medio de la nada con una aventura en el Digimundo?
-No sé, pensé que estaría bien.- contestó encogiendo los hombros, en un actitud que a Sora le pareció bastante pasota.
-¡Pues la próxima vez piérdete tú solo!.- gritó encarándose al chico.
Estaba completamente disgustada, no solo por el apuro que sintió al perderse, eso era lo de menos ya que todo terminó bien, sino porque se sentía totalmente defraudada por Yamato. Todo esa dulzura y ternura que le dio cuando estuvieron en esa situación, le parecía ahora una vil trama para no sabía muy bien que, porque no lograba entender que pretendía. Solo sabía que no le perdonaría que hubiese jugado así con ella.
Mientras recogía su botiquín sin ni siquiera dirigirle la mirada, sintió un bulto en el bolsillo del pantalón y recordó que era lo que llevaba ahí. Sin ningún miramiento lo sacó y se lo ofreció a Ishida de muy malas formas.
-Toma, no lo quiero.
-Es tuyo, te lo he regalado.- dijo el chico en un tono neutro, con la mirada al frente.
-No lo quiero, es una mierda, ¿lo oyes?, yo quería el que perdí por tu culpa.
-Pues tíralo.- dijo Yamato levantándose del banco, sin expresar sentimiento alguno.
Sora lo miró asqueada, porque encima ya hablaba como si nada, con su chulería y prepotencia característica. No quería verlo más, ni respirar su mismo aire, por lo que rápidamente abandonó el lugar no sin antes tirar el llavero a la papelera más cercana.
Yamato permanecía como una estatua de piedra, su cara no tenía expresión y volvía a tener la mirada fría como el hielo. Pero no podía hacer otra cosa, era su coraza, de no ponérsela no habría podido soportar esos gritos y esa mirada de decepción de Sora. Pensó que tal vez esto fuese lo mejor, si ella se mantenía alejada de él, él dejaría de hacer tonterías por ella. La distancia sería la mejor cura para poder borrar todos estos sentimientos que le invadían al pensar en ella y que tanto detestaba por lo vulnerable y frágil que le hacían sentir.
...
Con esta situación, el día pasó, seguido del siguiente y de otro más, hasta formar una semana y cuando se juntaron varias semanas, ya había pasado un mes, lo que significaba que ya estaban en un nuevo año. Pero el tiempo es imparable y los días siguen transcurriendo y de nuevo semanas, meses y sin apenas darse cuenta, Sora, Taichi y Yamato ya habían terminado la primaria.
-¡Parezco un empollón!.- se quejó un rubio, saliendo de su habitación.
Su padre lo miró con una sonrisa orgullosa.
-Estás muy bien, muy elegante.
El rubio se miró de nuevo y bufó asqueado, estaba claro que su padre y él no compartían el mismo gusto para la ropa.
Pero el señor Ishida tenía razón en algo, Yamato estaba de lo más elegante, con unos pantalones de pinza claros y un jersey de cuello de pico azul, que dejaba ver el cuello de la camisa blanca que llevaba debajo.
-No sé porque tengo que vestirme de esta forma ridícula, de hecho no sé porque tengo que ir a ese acto ridículo.- refunfuñó, cruzándose de brazos.
-Es tu graduación de primaria hijo, es importante, es un paso a la madurez estudiantil.- explicó el periodista, pasándole el brazo por el cuello.
-A mí me parece una tontería.- musitó Ishida, dejándose llevar por su padre.
No era la graduación en sí lo que le hacía estar de tan mal humor, ni siquiera su ropa de niño pijo, para saber la razón de su enfado había que remontarse varios meses atrás, o lo que es lo mismo, al día en que Sora dejó de hablarle definitivamente.
El acto en sí era bastante simple, el director de la primaría daba un emotivo discurso de despedida, entregaba a los alumnos unos diplomas más simbólicos que útiles y después tenían un pequeño picoteo para los chicos y las familias.
Los que sí hacía rato que ya habían llegado eran Sora y Taichi. El moreno aún no sabía porque estar más emocionado y sin palabras, por ver lo guapa y linda que estaba Sora con su encantador vestido o por la camisa que llevaba él mismo.
-Botones, Sora tiene botones.- seguía el moreno observando su camisa ilusionado, nunca se había puesto una de esas.
-Estás muy guapo.- confirmó la chica con una sonrisa.
Esta llevaba un vestido con una chaquetita a juego, ambos de color beis y unas florecitas, como no podía ser menos, adornando la chaqueta.
Taichi dejó por un momento de mirarse los botones de la camisa y fijó la vista en su amiga.
-Se te ve muy bien con ese vestido.- piropeó, haciendo que Sora diese una media vuelta para que lo contemplase mejor.
-Gracias, pero Taichi, creo que hoy deberías haberte quitado esto.- dijo la pelirroja, tirando un poco de las goggles de su amigo.
-¡No me las quitaré nunca!.- se revolvió Yagami sujetándoselas, haciendo que con esa acción Sora estallase a carcajadas.
Aún no había llegado toda la gente y faltaban algunos minutos para que empezase el acto, por lo que los chicos hacían tiempo por los pasillos, impregnándose de cada detalle, puesto que sería el último día que pisarían ese lugar como alumnos.
Cuando llegó Yamato, Taichi y Sora seguían bromeando entre ellos. El rubio vio a sus amigos pero no se acercó, hizo un saludo con la mano a Taichi y se fue para otro lado. Naturalmente que ese comportamiento se debió a la pelirroja con la que estaba el moreno y que ni siquiera se había molestado en saludarle, había bajado la cabeza en cuanto lo vio.
Yagami resopló molesto viendo la reacción de su amiga, esta situación resultaba bastante desesperante. Desde que Takenouchi le había retirado la palabra a Ishida, este ya no se juntaba con ellos, no quería molestar a Sora y por lo tanto también se había alejado de Yagami. El portador del valor, que era experto en enfados de esa pelirroja, estaba bastante desconcertado, y es que, aunque se enfadase con relativa facilidad, nunca la había visto tanto tiempo enfadada y mucho menos sin volver a hablar con uno de sus amigos. Y lo peor era que no soltaba prenda de lo sucedido y si ella no hablaba, obvio que Yamato tampoco lo hacía, y esa ignorancia total del problema era lo que no soportaba Taichi.
-¿Cuánto tiempo vas a estar así?.- preguntó el chico llevándose las manos a la nuca mientras suspiraba.
-¿De que hablas?.- trató de hacerse la despistada la joven.
-¡Oh, venga!.- perdió la paciencia le moreno, bajando los brazos bruscamente.- ¿Qué te hizo?, ¿te regalo una horquilla?.- preguntó irónicamente.
Sora no soportaba que le hablasen con ironía y mucho menos de temas que le enfadaron tanto como ese.
-¡Cállate!, no tienes ni idea.- bufó frunciendo el ceño.- mejor que no sepas lo que hizo.
-Venga, no será para tanto, reconoce que a veces te enfadas por tonterías.- dijo más calmado, apoyándose contra la pared, mientras cerraba los ojos en pose reflexiva.
Iba a responderle pero no pudo, tenía razón. No obstante ella consideraba que esta no era una de esas veces, aunque en su interior ya no estaba enfadada con Yamato, ni siquiera sentía ningún tipo de rencor hacia él, todos los sentimientos negativos que tenía se borraron a los cinco minutos de tener su última conversación con Ishida, lo malo era que fueron sustituidos por sentimientos mucho más dolorosos. Estaba defraudada, dolida, se sentía engañada, utilizada, sentía como si Yamato fuese un total extraño, había perdido la confianza en él.
Mientras meditaba, las puertas del auditorio al fin se abrieron.
-Venga, vamos.- empujó el moreno a la ida joven.- pero piensa en lo que he dicho, vamos a empezar la secundaria, ¿en serio vas a estar sin hablarle el resto de tu vida?
Esas palabras retumbaron en su cabeza y les estuvo dando vueltas durante todo el discurso de despedida de los alumnos.
En un momento, buscó a Yamato con la mirada, estaba a su izquierda un par de filas más atrás. No le vio el rostro, porque durante todo el acto mantuvo la mirada en el suelo, o aunque también podía ser que estuviese leyendo algo, o incluso jugando con un videojuego, desde su posición no diferenciaba muy bien lo que hacía, lo único de lo que estaba segura era de que no tuvo oportunidad de ver sus cautivadores ojos azules.
Miraba a un lado y a otro y empezó a ponerse muy nerviosa, cosa que demostró estrujando su falda y ya cuando el profesor pronunció las siguientes palabras:"Futuros estudiantes de secundaria", Sora empezó a sentir un inexplicable sentimiento de culpabilidad. Taichi tenía razón, iban a empezar la secundaria juntos, con todas las nuevas experiencias que eso conllevaba, ¿en serio quería vivirlas sin Yamato?, no deseaba hacerlo. Ella deseaba compartir el instituto con las personas que quería, sus dos mejores amigos y aunque llevase meses sin hablarle seguía considerando a Yamato como su gran amigo porque el lazo que le unía a él era mucho más fuerte que cualquier discusión del pasado.
Al finalizar el acto, todos los alumnos salieron al patio a degustar el aperitivo preparado y entre saludos, enhorabuenas de los familiares y fotos por un lado y por otro, Sora consiguió escaparse a donde se encontraba Yamato.
Como de costumbre, estaba alejado de todo el barullo. Sentado en un banco comiendo un canapé, que por el tiempo que había pasado en su mano ya podría haber creado vida propia, y es que se encontraba totalmente desganado, comiendo por comer, estando por estar.
Tampoco tenía a nadie con quien estar, su padre ya se había ido y tras saludar a Jyou, Koushiro y Mimi, que habían venido a ver la graduación, no encontraba a más gente con la que hablar y aunque alguien se acercase a hablarle seguramente lo espantaría. Eso era lo que pensaba cuando vio la figura que se había parado frente a él, al mirarla supo que no le sería fácil espantarla.
-Hola.- saludó tímidamente con las manos en la espalda.
Yamato la miró extrañado, para después girar la cara a un lado y a otro, al no ver a nadie más se volvió a girar hacia ella.
-¿Es a mí?
-Eh, sí.- confirmó Sora bajando el rostro. Esto iba a ser más difícil de lo que había pensado.
Takenouchi empezó a hacer gestos extraños como buscando las palabras correctas y también intentando desterrar su maldito orgullo que era lo que le había impedido realizar este acercamiento antes. El rubio en cambio optó por tomar una actitud chulesca, que reflejó apoyando el brazo contra el respaldo del banco mientras la miraba con expectación.
-Yamato, yo… eh.- se animó al fin la pelirroja.- bueno he estado pensando y… que, quiero que sepas que aún sigo sin entender porque hiciste lo que hiciste pero, no quiero seguir así, porque somos amigos, por lo menos yo te considero mi amigo y… así que te perdono, ¿vale?
No mostró cambio alguno en su rostro, además que el discurso de Sora le alucinó bastante, ¿ahora decidía perdonarle?, ya era tarde. Él ya había tomado una decisión, alejarse de ella lo máximo posible y ahora que lo estaba consiguiendo, venía ella y con un tono de perdonavidas decidía perdonarle. Esto era demasiado para Yamato, no estaba dispuesto a que ella manejase los tiempos de esta amistad a su antojo, ¿es que sus sentimientos no contaban nada?
Puso una expresión de semi desprecio y mirando para otro lado dijo:
-Vaya, me perdonas, que amable.
Una vez más ese chico volvía a dejar a Sora sin habla. Esta era la última reacción que esperaba, esa arrogancia y prepotencia en su tono de voz, podría decirse que nunca la había empleado con ella. Era inaudito, ¿Qué era lo que pasaba?, ¿ella era la única que le había echado de menos? Parecía que sí, dada la actitud de Yamato. Se mostraba indiferente hacia el hecho de reestablecer la relación con su mejor amiga.
-Es increíble.- murmuró para sí misma, tratando de salir de su parálisis mental.-. intento que volvamos a ser amigos, pon algo de tu parte, ¿no?.- exigió empezando a alterarse.
Ishida prosiguió con la más absoluta calma.
-Oye, fuiste tú la que dejaste de hablarme, yo no tengo ningún problema, te pedí disculpas en su momento, si tú eres tan rencorosa y susceptible, es tu problema.- concluyó, a la vez que se cruzaba de brazos.
El lenguaje gestual era claro, la estaba mandando a paseo.
-Bien, no sé para que me molesto.- bufó la chica, dándose la vuelta. Ahora sentía más dolor que antes, definitivamente había perdido a su amigo Yamato.
Viéndola alejarse, el rubio apretó los dientes con rabia, se detestaba por su actitud con ella, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? Era su coraza para protegerse, no quería volverla a poner en peligro la próxima vez que tuviese una "genial" idea. No deseaba sentir esto que sentía cuando estaba con ella, pero era inevitable, ya que lo había seguido sintiendo, incluso más fuerte y agónico, durante todos estos meses.
En un rápido movimiento en el que dejó de pensar se levantó del asiento. No deseaba verla sufrir y sabía que ahora le había hecho daño, además no podía seguir con esto, huir de ella de esa forma era la solución fácil. Debía hacer gala de su emblema de la amistad y ser su amigo, ya lo que sintiese después tendría que buscar otra forma de controlarlo, o lo que para él sería perfecto, de borrarlo para siempre.
-¡Te he echado de menos!.- gritó antes de que Sora se perdiese demasiado entre la gente.
Al oírlo la pelirroja se detuvo. Escuchó los pasos de Yamato acercándose, cuando dejó de escucharlos dio la vuelta con desconfianza.
-Lo siento.- se disculpó Ishida en el tono amable con el que de normal solía hablarle.- estaba un poco… estoy un poco, bueno, perdona, yo quiero que estés bien.- terminó bajando el rostro.
Sora no pudo contener una tímida sonrisa, se alegraba mucho de hacer las paces con Yamato y sobre todo de que ya no tuviese esa actitud altanera con ella.
-Yamato, tal vez mi comportamiento no ha sido el más correcto pero es que siento que nunca termino de conocerte.- él alzó la vista sorprendido, ahora parecía que Sora estaba agobiada.- a veces pienso que eres de una forma y luego eres de otra y todo lo bueno que veo en ti, de repente cambias, te pones tu coraza y veo todo lo contrario, no sé quien es el Yamato de verdad.
-Soy así, yo tampoco me gusto a veces.
-A mí me gustas cuando eres sincero.- dijo la chica, sin saber que esa frase volvería a atormentar a su amigo, que de nuevo se sentía despreciable, porque de todas las personas que conocía, era con la que más natural le salía ser sincero, pero también con la que más se cuidaba de serlo, por la razón de que era la que le hacía sentir sentimientos más confusos.
-A veces, no es fácil.
-Conmigo puedes serlo.- le habló ya con su ternura característica.
Compartieron una sonrisa amistosa, aunque a Ishida le seguía pareciendo que la engañaba, era reconfortante que Sora le volviese a dedicar sonrisas sinceras, una vez más, todo había valido la pena.
-Estás guapa.- dijo, con su habitual timidez, a la vez que andaban hacia donde se encontraban sus amigos.
Un leve rubor invadió las mejillas de Sora.
-Tú también, estás muy elegante.- comentó mirándole lo justo.
-¿Tú crees?, ¿no parezco Jyou?.- preguntó, tomando con las manos su jersey para mostrarlo.
Sora contuvo una pequeña risa, sobre todo porque el aludido estaba a escasos metros y efectivamente, por la vestimenta, parecía un clon de Yamato.
-Te faltan las gafas…
-Sí, creo que hasta me imita el peinado.- habló desde su mundo pasando la mano por su cabello, sin quitar la vista de Kido.- creo que me lo voy a empezar a dejar largo, seguro que así no me imita.
-¿En serio?.- preguntó la muchacha asombrada.
-Puede, no sé, tengo un pelo tan bonito que cada vez me da más pena cortarlo.- dijo con una fanfarrona sonrisa.
Escuchar eso, fue la confirmación para Takenouchi de que sí, efectivamente había echado mucho de menos a Yamato y esa naturalidad que mostraba solo con sus amigos más íntimos.
-Por cierto.- paró, justo antes de llegar donde estaban sus amigos sacándose fotos.- me alegro de haber hecho las paces porque pronto es mi cumpleaños y quería invitarte.
-Claro.- asintió el rubio.
-¿Vendrás?.- preguntó con una pizca de ilusión en su mirada.
-Sí, claro.- confirmó Yamato.
...
Tras aquel día de graduación, dieron comienzo las vacaciones de primavera de los escolares, lo que significaba que hasta el mes que viene no volverían a clase, al instituto más concretamente.
Sora y Yamato ya habían hecho las paces, aunque eso tampoco significase mucho cambio en su relación, vamos, que como estaban de vacaciones no es que se viesen demasiado. Pero por fin se reunirían todos en el décimo tercer cumpleaños de Sora Takenouchi.
Yamato se encontraba en un gran dilema, que se representaba con la cajita que tenía entre sus manos. Era la cajita del colgante que le compró un año atrás y la duda que tenía era simple: regalárselo o no regalárselo. Pensaba que era un buen momento para hacerlo, pero recordaba como acabó el llaverito que le dio tras el incidente en la excursión, y por nada del mundo deseaba que ese colgante sufriese el mismo destino. Pero claro si no le regalaba el colgante, no le regalaba nada, ya que no se había molestado en comprar nada más y por su habitación lo único digno de regalar era la nave a escala del Halcón Milenario en edición coleccionista, y cualquiera que conociese a Yamato sabía que cuando muriese sería incinerado con esa nave. Y de nuevo volvía a su debate interno: regalar ese colgante sin estar seguro de que fuese el momento especial para el que lo compró o quedar como un rácano regalándole un sugus de fresa que le apareció bajo la cama el otro día. Por lo visto, debajo de esa cama había un cargamento de sugus y Yamato aún no se había dado ni cuenta.
Se miró el digivice con nerviosismo, debía estar en casa de Sora dentro de media hora y aún no sabía que hacer. Entonces sonó el teléfono, quizás era la solución a todos sus problemas.
-¿Quién?.- contestó desganado.
-Eh… uh… ah.- se oía al otro lado una nerviosa voz femenina.
-¿Quién?.- repitió el rubio más fuertemente, no era la primera vez que una chica le llamaba, solo para reír, tartamudear o simplemente colgar.
-Ah… eh… Yamato Ishida, ¿eres tú?
-Sí, ¿Quién es?
-Eh- ah soy… Chi- Chidori, Chidori Takasaki.
-¿Eh?
Yamato no había reconocido ese nombre.
-Íbamos juntos a clase, me sentaba tres mesas delante de ti.- explicó la chica intentando camuflar su decepción.
Ishida hizo memoria y al fin cayó en la cuenta de quién era o hizo como si se acordase para no herir los sentimientos de la joven.
-Sí, ya sé, perdona Chidori-chan.
-Vale, te llamaba para, es que, no voy a ir a la secundaria de Odaiba y entonces no vamos a volver a coincidir más en clase y me preguntaba si podría despedirme de ti, en persona.
En un primer momento Yamato quedó sin habla, porque a pesar de su popularidad con las chicas, estas no se habían atrevido nunca a nada más. Simplemente le sonreían o se dedicaban a llamarle para colgar, esta era la primera vez que una chica le pedía una cita, de modo que, era su primera cita.
-¿Yamato-kun sigues ahí?, esto… si no puedes o no quieres no pasa nada.
-Sí.- interrumpió el rubio tras salir de su trance.
-¿De verdad?
-Sí, de verdad, me apetece mucho.- repitió Yamato con una sonrisa. Aún no recordaba a la chica, pero le daba igual, no quería herir sus sentimientos y parecía muy ilusionada en quedar con él.
-¡Genial! pues eh… no sé, ¿tienes algo que hacer esta tarde?
Yamato llevó la vista a la cajita que permanecía en su mano, ya no había lugar a más dilemas y dejándola en la mesa dijo:
-No, nada en absoluto, ¿a que hora quieres que quedemos?
De ese modo, Yamato consiguió su primera cita con una chica en toda su vida y ya de paso se libró de ir al cumpleaños de Sora y por lo tanto de hacerle un regalo.
De nuevo le invadieron sentimientos contradictorios, por un lado se sentía mal de no ir al cumpleaños de su mejor amiga, sobretodo después de lo que había pasado, sentía como que la traicionaba de nuevo, pero por otro lado era una gran liberación. Estaría alejado de ella, es más, estaría con otra chica, quizá era eso lo que necesitaba, relacionarse con más chicas. Pensó que tal vez sentía esas cosas extrañas con Sora porque era prácticamente con la única fémina con la que hablaba, si empezaba a salir con chicas, igual esos sentimientos empezaban a desaparecer.
Iba a llamarla para excusarse, pero se le notaria demasiado que mentía, por eso optó por mandarle un mensaje por el D-terminal, unas pequeñas minicomputadoras que habían adquirido hace poco para estar todos los digielegidos conectados entre ellos.
"Feliz cumpleaños Sora, lo lamento pero no voy a poder ir a tu fiesta, porque creo que tengo la varicela y no quiero contagiaros. Espero que lo pases muy bien.
Yamato"
Justo después de enviarlo, se sintió mal, pero pensó que era lo mejor para los dos.
Iba a ir al cuarto de baño a terminar de peinarse para su inminente cita, pero el sonido de mensaje del D-terminal le hizo detenerse. Sora había sido increíblemente rápida.
"Muchas gracias Yamato y no te preocupes por no poder venir, lo importante es tu salud y que te pongas bien. De todas formas te reservaré un trozo de tarta.
Cuídate mucho, por favor.
Sora"
Lo cerró y lo dejó en el escritorio, ¿Por qué demonios siempre tenía que ser tan encantadora? Así lo único que conseguía era sentirse culpable, tenía que desterrarla de su corazón de una vez por todas, conseguir que sus sentimientos por ella solo fuesen los que debían ser: de amistad.
...
...
El día que Sora cumplió 13 años, yo tuve mi primera cita con una chica. Por el nombre no recordaba quien era pero cuando la vi por fin me vino a la mente. Era guapa, y simpática y agradable que era lo importante, no entraba dentro del grupo de chicas descerebradas que me miran y me sonríen como idiotas. Estuvimos tomando un refresco y fuimos a jugar al centro de juegos, se puso muy contenta cuando le conseguí un peluche, me dijo que le iba a llamar Yamato para recordarme siempre y recordar ese día de ensueño.
Me sentí bien al escuchar eso, aunque a pesar de todas las sonrisas sinceras que me dedicó, no pude devolverla ninguna con esa sinceridad, lo que me hizo sentir despreciable. En realidad me sentí despreciable por varias cosas, por no estar en el cumpleaños de Sora y sobre todo porque esa chica no me hacía sentir ni una milésima parte de lo que me hacía sentir Sora. Cuando me sonreía no notaba esa caricia en el corazón, es ridículo que siga negándolo, Sora me gusta, no solo como amiga, me gusta como chica.
Durante todo el rato pensaba en como sería tener una cita así con ella, conseguirle un peluche a ella, tomar un batido de fresa con ella, pasear a su lado o… besarla. Porque así es como terminó mi cita, con un beso, Chidori me besó y yo me dejé besar, fue mi primer beso y aunque no estuvo mal no sentí lo que se supone que se debe sentir en un beso, porque doy por hecho que cuando se besa se sentirá algo y con ella no sentí nada. Es más, cuando finalizó me sentí peor que antes, ¿estaba dispuesto a besar a otras chicas por las que no sentía nada solo para olvidar a esa dichosa pelirroja? Igual ese era el camino que debía seguir.
De todas formas a Chidori no la voy a volver a ver, pero supongo que habrá otras dispuestas a salir conmigo, lo que haga falta con tal de no volverla a hacer daño con mis tonterías. Ella merece que sea su amigo y me comporte como tal, no debo volver a dejar que mis extraños sentimientos se metan de por medio.
Es fácil hablar, lo difícil es cumplirlo. Bueno, en cualquier caso, el mes que viene empezaremos la secundaria y en nada tendrá que ver con la primaria, con un poco de suerte encuentre algo ahí que haga que mis sentimientos por ella desaparezcan de una vez por todas.
...
Marzo 2001
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N/A: ay… estos chicos. Bueno, nada, solo que a Yamato se le va complicando un poco más la vida porque, al fin lo ha asumido, le gusta Sora como chica, pero también es verdad que no se relaciona con demasiadas chicas, ¿desaparecerán estos sentimientos en la secundaria o incrementaran aún más?, y lo más inquietante… ¿a cuantas chicas besará antes de admitir que solo desea los besos de esa dichosa pelirroja?
Bueno, este capi es uno de los puntos de inflexión del fic, ya que a partir del próximo los inocentes estudiantes de primaria ya serán estudiantes de secundaria y para nuestros protagonistas eso será una gran revolución en todo su ser.
Eso es todo de momento, nos vemos pronto, concretamente en el próximo capítulo… Historia de un primer día
Publicado: 24/10/2011
